¡Cómo suena en mi alma la idea
de una noche completa en tus brazos
diluyéndome toda en caricias
mientras tú te me das extasiado!

¡Qué infinito el temblor de miradas
que vendrá en la emoción del abrazo,
y qué tierno el coloquio de besos
que tendré estremecida en tus labios!

¡Cómo sueño las horas azules
que me esperan tendida a tu lado,
sin más luz que la luz de tus ojos,
sin más lecho que aquel de tu brazo!

¡Cómo siento mi amor floreciendo
en la mística voz de tu canto:
notas tristes y alegres y hondas
que unirán tu emoción a tu rapto!

¡Oh la noche regada de estrellas
que enviará desde todos sus astros
la más pura armonía de reflejos
como ofrenda nupcial a mi tálamo!

Noche de Amor en Tres Cantos: Ocaso

Por Julia de Burgos

. . .

Agitado. Inquieto. Fragmentos del pasado venían a atormentarlo –o quizás a despertarlo del sueño falso que había estado viviendo durante casi ocho años.

-Al fin despertaste.

Ojos verdes, helados, calando hasta lo más hondo de su alma.

-Así es. Bienvenido al mundo de los simples mortales.

Así que esto era ser normal, poder observar un bello rostro, simplemente admirarlo sin ningún tipo de distracción de la Fuerza…

-No te gusta, ¿verdad? No es fácil perder todo lo que te hace especial, ¿no es así?

El frio viento azotaba su rostro, alborotando toda su rubia melena; azules ojos con un brillo determinado. El simplemente amaba la velocidad. Su innata habilidad para maniobrar su speeder, apenas rozando los demás vehículos que transitaban en el concurrido tráfico de Coruscant, sólo alcanzaban a que se elevaran más sus niveles de adrenalina.

-Quiero que me prometas algo. Cueste lo que cueste, no permitas que me una a él. Incluso si tienes que matarme.

"¡No!" Quiso gritarle él. ¿Acaso no veía ella que eso sería como cercenar la mitad de su alma? Sin embargo, solo la tomo por los brazos y le dijo con firmeza, -Saldremos de esto juntos.

Y a pesar de haberlo sentido, de que la Fuerza lo estaba clamando a gritos, decidió ignorarlo. ¿Cómo pudo ser tan imbécil? ¿Tan ciego?

-La otra razón por la que vine en persona, es que ocasionalmente –por alguna extraña razón- me dan deseos de verte, Skywalker. No a menudo… pero hay veces que sí.

Apretó su puño sobre el acelerador del speeder, una peculiar urgencia apoderándose de su ser. Añoraba perderse en una mirada esmeralda, esconder su rostro en una cabellera rojiza-dorada.

- ¡Maldición, Skywalker! Mantente fuera de mi cabeza.

Había perdido la cuenta de las veces que había escuchado esa frasecita. No podía evitarlo. Su subconsciente reconocía lo que siempre intentó obviar, sus ansias de hallar ese enlace que latía como un ente vivo entre ambos. Por primera vez, desde que comenzó su desquiciada y a veces confusa vida como caballero Jedi, decidió ignorar una de las reglas de Yoda.

-Imprudente, es él.

Al Sith con la prudencia. En esos momentos le importaba una rata womp si un Jedi siempre en calma debía estar y no dejarse llevar por sus emociones. Mucho lo sentía por el maestro Yoda, se estaba ahogando en la cruda agitación que clamaba por una conclusión…

Detuvo el speeder justo en un determinado balcón y de un brinco, quedó de pie en la puerta del dormitorio. A través del transpariacero, la observó dormida, las almohadas cubiertas por una cabellera que le recordaba los atardeceres de Tatooine, blanca piel resplandeciendo bajo las luces nocturnas de la ciudad. Con un leve movimiento de su mano y el cerrojo de la puerta cedió. Sin embargo, no hubo apenas entrado que brincaron sobre él, pistola bláster en mano. Él cayó al suelo de espaldas y escuchó el "click" de un seguro cerca de su rostro.

Ella nunca estuvo preparada para su maniobra.

Jamás había experimentado nada similar, esa peculiar mezcla de excitación y deseo despertada por la cercanía femenina y su anhelo de sublevar ese aire indómito que la caracterizaba. En un rápido y ágil impulso, quedó sobre ella. Sin dificultad alguna –quizás porque la tomo de sorpresa- le retiró la pistola. Colocó ambas manos femeninas sobre la cabeza y sentado a horcajadas sobre ella, la miró con intensidad.

- ¿Luke?

Él no pudo contenerse al escuchar por primera vez su nombre en esa voz sensual y ronca. Gimiendo, clamó esos labios rosados en un beso que no solo exigían, sino que también le entregaba de sí. Tantos años perdidos, días solitarios que pudieron haber estado llenos de amor, de dulzura, de pasiones desenfrenadas…

- ¿Por qué te demoraste? – murmuró ella, labios apenas rozándose cuando Luke separó los suyos con renuencia de los femeninos.

- ¡Oh, Mara! – y el escondió su rostro en el cuello femenino, posando su boca en el preciso lugar que vibraba por el pulso femenino, -He sido un ciego. Un tonto. Lo siento…

-No. – le pidió ella, -Quizás era necesario esperar, tal vez no hubiésemos estado preparados.

Por varios segundos, Mara se mantuvo inmóvil, deleitándose con el contorno de ese cuerpo fornido al tiempo que el aliento masculino abanicaba su piel. ¿Cuántos sueños no había tenido ella así? Sólo esperaba que este no fuera otro y despertar a la cruel realidad…

...

- Unas horas antes -

...

Luke caminaba por el hangar de regreso a su apartamento, luego de tener una charla con su cuñado sobre los últimos arreglos al Falcon y de lo rápido que crecían sus sobrinos y ponderaba sobre la peculiar paz que había descendido sobre la galaxia. Sentía que había llegado a un punto muerto. Todo estaba en calma. Demasiada paz para su gusto personal.

Su presencia en la Academia no era necesaria –en ocasiones siendo solo una distracción para los nuevos estudiantes. Procurando llenar sus horas de ocio, decidió dedicarse a la rehabilitación del Templo Jedi en Coruscant lo cual no estaba ocupando mucho de su tiempo pues todo el proceso estaba transcurriendo sin complicación alguna. Y en realidad, Luke quería llenar sus días con tareas para no pensar en el vacío que le carcomía su interior.

Desde que Callista lo abandonó, él había intentado convencerse de que su destino era ser Maestro Jedi e instituir la nueva orden de caballeros Jedi. En todos esos años ignoró la vocecita que clamaba en su interior, exigiéndole una vida normal. Hallar alguien que compartiera su vida, formar una familia; nada de eso era para él. Su destino era dirigir los Jedi… y vivir en total soledad, como lo hizo Ben.

Y, de todas formas, su ser suplicaba por satisfacer ese anhelo suyo. Él movió su rostro de lado a lado, dándole énfasis a su rechazo. Él no debía entretener esos pensamientos. Ese no era su destino.

Se disponía entrar al turboascensor cuando se halló con la sorpresa -¿grata?- de estar ocupado por una muy volátil pelirroja.

-Hola, Mara.

-Skywalker.

Las puertas se cerraron y Luke entró el número de su piso que sólo se hallaba uno sobre el de Mara.

-¿Qué haces tan lejos de tu preciosa Academia?

Luke ignoró el tono hostil de Mara, -Desde hace un año que no resido en Yavin.

Mara arqueó una ceja, incrédula de lo que escuchaba. -¿Y no temes de que todo se hunda en desorden sin tu presencia? Eres un entusiasta del control.

Luke se irritó, su temperamento a punto de resurgir, mas una peculiar tristeza -¿y quizás nostalgia?- tomo posesión de sus sentidos.

-Mara, ¿qué nos ha sucedido? Míranos, ni tan siquiera podemos tener una conversación civilizada.

Mara apretó los labios y giró su rostro, evitando mirarlo. Deseó darse una patada a su trasero. Tantos días añorando verlo y en el primer instante que lo hacía, comenzaba a recriminarlo. Como si el granjero solo despertara en ella esta horrible ansia de contradecirlo.

-No lo sé. – admitió ella.

-Pensé que éramos buenos amigos.

-Y lo somos. –replicó ella con rapidez, los ojos esmeraldas buscando los turquesas.

-¿Entonces? ¿Qué ha sucedido? –y en voz baja, añadió, -¿Por qué siento que entre los dos ha crecido este abismo?

-Quizás nuestros destinos deben tomar distintos rumbos.

-¿De veras lo crees, Mara?

Los verdes ojos se entretuvieron con la punta de sus botas, -Tú debes ser el gran Maestro Jedi y yo… -ella se alzó de hombros, -ser una comerciante. Dos caminos muy apartados uno del otro.

Esa aseveración despertó el pánico en él.

-Pero, Mara, es tanto lo que tienes que ofrecer como Jedi…

-No comiences, granjero. –ella alzó su rostro abruptamente, ojos chispeante, -Estoy cansada de tu estribillo sobre mi posible carrera como caballero Jedi.

Luke resopló, frustrado. ¿Cómo hacerle entender todo el potencial que él había logrado atisbar mientras estuvo junto a ella en Wayland?

-Yo no soy material para Jedi. – y las puertas se abrieron, -No lo olvides, Skywalker.

Luke continuó a su apartamento, aun pasmado ante la peculiar despedida de Mara. No entendía porque ella estaba tan reacia a continuar con sus estudios en la Academia. No hubo entrado, que se dirigió a su balcón donde allí tenía aparcado su speeder. Necesitaba salir, despejar su mente. Ese último encuentro con Mara lo había inquietado. Le urgía precisar porque el desasosiego de las palabras de Mara.

"Quizás nuestros destinos deben tomar distintos rumbos."

Instintivamente, el esquivo otro speeder que había invadido su carril; ni tan siquiera se percató de ello, todo sus sentidos querían desmarañar lo que se escondía detrás de su preocupación. Perdido en sus desvaríos, siguió guiando, dándole la menor importancia al rumbo que tomaba.

La neblina en la que había andado por los últimos años pareció disiparse, de improviso, descubriendo lo que siempre había llevado en su interior. Mara era la causa de su inquietud. Se negaba a aceptar que ambos tenían que tomar distintos caminos; siempre había sentido –al menos la Fuerza se lo había hecho saber- que Mara era una parte primordial suya.

Dando un giro brusco, tomó, esta vez, un rumbo definido…

...

-Mientras, no muy lejos… -

...

Mara entró a su apartamento, tirando la alforja al suelo. Estaba furiosa no sólo con el granjero, sino también consigo misma. Era una gran tonta. Ilusa. ¿Qué esperaba ella? ¿Qué él la tomara en sus brazos y la besara hasta el punto de hacerla desfallecer? Ella dejó escapar un bufido nada refinado. Skywalker sólo vivía enamorado de su preciosa orden de caballeros Jedi. Jedi… Esa palabra logró desinflarla de toda su rabia reconociendo otro obstáculo entre ella y Skywalker.

Frotándose los brazos con sus manos, Mara caminó hacia el transpariacero de su sala. La noche estaba a punto de caer y con ella llegaban tantas añoranzas y anhelos… imposibles. Amaba a Luke. Había verdaderamente reconocido lo que sentía por Luke cuando lo vio yacer inerte sobre la mesa del templo de Yavin. Jamás había conocido un horror tan grande al ver el pequeño grupo de estudiantes alrededor de esa mesa observando su cuerpo… como si hubiese muerto. Todo pareció detenerse, la sangre zumbando en sus oídos, al tiempo que intentaba mover sus piernas para llegar hasta él. Su temple indómito le ayudo a sofocar el sollozo que subía por su garganta.

Por ese motivo no deseó regresar a la Academia. Vivía totalmente aterrorizada de lo que representaba la Fuerza.

Cerró sus ojos.

E irónicamente, la Fuerza lo era todo para Skywalker.

¿Cómo reconciliar dos mundos tan distantes uno del otro? Ella, la ex – mano del Emperador y comerciante y él, gran maestro Jedi y cabeza de la nueva orden de caballeros Jedi. Y, aun así, en ocasiones como esta, ella se deleitaba contemplando las posibilidades si se permitía entregarse a lo que sentía por Skywalker. No era difícil imaginarlo… dominante pero igualmente tierno…

Ella reclinó su frente del frío cristal procurando aliviar el calor que sentía en su interior. ¡Gran Fuerza! Lo amaba con cada onza de su ser. No podía negarlo aunque quisiese.

Como despertando de un ensueño, ella se recriminó a sí misma. Definitivamente era una tonta, recreándose de esa manera en sueños imposibles. Decidió que lo mejor sería darse un buen duchazo y retirarse a dormir. Mañana sería un largo día.

...

-Al siguiente día-

...

La obstinada claridad la forzó a abrir sus ojos, todo su ser luchando contra el peculiar letargo que se había apoderado de sus miembros. No quería despertar a la cruel realidad, prefería continuar con el delicioso sueño de la noche anterior. Nunca había tenido uno igual, tan real… tan maravilloso.

Mara se llevó la mano a su boca, rememorando lo que soñó.

Los labios de su granjero sobre la piel de su cuello, saboreándola. Ella se estremeció y tomando el rostro masculino en sus manos lo acercó al suyo para besar esa boca firme, tan firme como el resto de su cuerpo. Gimió en su boca y él gruñó en respuesta. Para Mara fue el sonido más seductor de toda su vida. Amaba todo en él: su olor, su sabor y la sensación de su piel caliente bajo sus dedos. Era tan fuerte que él podría lastimarla sin dificultad alguna y sin embargo era increíblemente gentil cuando la tocaba. Cada beso, cada caricia suya la hacía sentir como el tesoro más preciado. Lograba hacerla sentir deseable y lujuriosa. Poderosa, también. Alcanzaba a arrancarle gruñidos y quejidos con simplemente acariciar sus hombros o deslizar las yemas de sus dedos por toda esa amplia espalda.

Si, definitivamente tuvo que ser un sueño…

Una nariz caliente frotó su cuello y una rodilla se posó sobre su desnudo muslo.

Todo transcurrió en cuestión de segundos. Reaccionando instintivamente, Mara empujó el extraño cuerpo de su cama con un golpe directo al pecho.

Un atónito Luke cayó al suelo con un rotundo "tud" y lloriqueó, -iMara!

El rostro de Mara apareció sobre el borde de la cama, -¿Granjero?

Ojos verdes lo miraron desorbitados.

-¿A quién más esperabas? – y Luke se halló en la encrucijada de cual dolor debía aliviar primero: el de su nuca, trasero o el del golpe certero que le propinó Mara a su pecho.

Fue entonces que la realidad acaeció en ella, toda clase de sensaciones adueñándose de sus sentidos. Todo fue real. Dirigió su verde mirada hacia el chrono que se hallaba en la cómoda frente a su cama. Sólo habían dormido por dos horas. El rostro de Mara se enrojeció. Casi toda una noche haciendo el amor. Y ese era el gran problema de Mara. Ella sólo había tenido sexo casual, mas ésta era la primera vez que le hacían el amor.

¿Y podía ella acaso aseverar con certeza que ella no había sido otra noche más para él?

Luke comenzó a incorporarse del suelo cuando vio que Mara prácticamente volaba fuera de la cama para entrar al baño y encerrarse.

Ella dejó caer su frente sobre la puerta. Reconocía que estaba actuando con cobardía, pero todas sus emociones estaban a flote y quería tenerlas bajo control antes de enfrentar al Jedi. Unos leves toques a la puerta la sacaron de sus pensamientos.

-¿Mara? – y una breve pausa, -¿Estás bien?

-¿Por qué no habría de estarlo, granjero?

-Podrías, entonces, abrir la puerta…

-No. – fue su escueta respuesta.

-Mara, por favor, abre la puerta.

Luke esperó pacientemente, procurando acallar su desasosiego. Suspiro aliviado al verla salir. Ella alzo su rostro para mirarlo –procurando ignorar que ambos estaban completamente desnudos. Ojos verdes buscaron los azules con una muda pregunta. Por primera vez permitiendo que parte de sus murallas cedieran ante su escrutinio.

-Bueno, granjero, ¿qué sucedió anoche?

Una sonrisa torcida apareció en los labios masculinos –la que ella tanto adoraba porque le daba un aire de ingenua travesura transformando ese rostro en uno apuesto.

-¿No es obvio?

-Una pregunta no contesta a otra pregunta, Skywalker.

-¿Y qué pasó con Luke? ¿Acaso ya bajé de categoría? – y él subió su mano al bello rostro para acariciarlo.

Ella cerró sus ojos, estremecida ante ese despliegue de ternura absoluta.

-Anoche sucedió lo que debió haber sucedido hace varios años atrás.

Abrió sus ojos al escuchar esa voz ronca por la emoción, -Luke…

-Te amo, Mara.

Ojos esmeraldas se anegaron de lágrimas. ¿Cuántas veces no añoró escuchar esas palabras? Una lágrima solitaria resbaló por su mejilla.

-¿Mara?

Ella captó la ansiedad en la voz del Jedi. Permitió que la abrazara y escondió su rostro en ese pecho recio.

-No tienes idea, granjero, de lo mucho que espere para escucharlo. Había perdido las esperanzas…

-iMara, oh, Mara! Todo este tiempo…

-No importa. – y alejó el rostro de esa cálida piel que le proveía de todo el refugio necesario, -Solo importa que al fin nos hemos hallado el uno al otro.

Él volvió a sonreírle, -Sólo recuerda quien lo dijo primero.

Ella rio de buena gana, -Jedi, hazme el favor de callarte y bésame.

-Sí, mi capitán.

La intensidad del beso fue inesperada, logrando que se le enroscara los dedos de sus pies y que todo su interior se transformara en ardiente líquido. ¿Quién hubiese sospechado que el comedido y flemático maestro Jedi pudiese ser tan apasionado?

Estaba segura de que descubriría muchas facetas desconocidas del granjero, pero se deleitaría con cada nuevo hallazgo.