Derechos de autor: EL MANGA, EL ANIME Y LOS PERSONAJES DE ESTA SON DE RUMIKO TAKAHASHI.
La última conversación
El cielo estaba maravillosamente despejado, parecía que el firmamento abandonaría su oscuridad para transformarse de un tono claro gracias a todas las estrellas visibles en él. Las constelaciones brillaban como si alguien las hubiera pulido, haciendo gala de sus hermosas formas que permitían al viajero visualizarlas como si alguien trazara una línea uniendo cada una. Y en lo más alto, reluciente, bella, blanca e impoluta se encontraba la reina de la noche, mostrando en todo su esplendor porqué es ella quien gobierna esa oscuridad… y es que solo ella puede dar luz entre tanta negrura.
Parecía que solo el viento era el autorizado para emitir ruidos entre todos los seres vivientes que conformaban aquella montaña bañada en un frondoso bosque, el cual, convenientemente, tenía un pequeño claro para que él pudiera armar su campamento y así asistir a la reunión previamente acordada para esa noche. Cuando los colores naranjo y rojo comenzaron a adueñarse de su pequeño entorno, fue que las maderas previamente elegidas empezaron a crepitar rompiendo con la tranquilidad instaurada hasta ese momento.
Colocó suavemente una tetera llena de agua sobre una de las piedras que rodeaban la fogata para luego dirigirse dentro de su carpa y sacar de su mochila una taza junto a un poco de té para prepararse tan cálido líquido esperando que éste le entregara el calor que sentía haber perdido ese día. No, no tenía hambre; a pesar de haber caminado hasta que sus pies no dieron más, no tenía hambre. Su estómago lo acompañó en esta carrera de alejarse sin rechistar ni reclamar, parecía que todo su cuerpo comprendía el dolor que estaba viviendo y empatizaban con él para no darle mayores problemas.
Cuando escuchó el pitido del recipiente informando que el agua ya estaba hervida, tomó su toalla para agarrar el mango, ya había aprendido la lección luego de varios intentos en viajes pasados resultando con su palma quemada por no considerar la influencia del fuego en el metal. Se sirvió lentamente, mientras que las hojas del té comenzaban a danzar dentro de la taza luchando por mantenerse a flote. Suspiró, no quería hacerlo, aún se negaba a aceptar todo lo que había vivido, pero ya era momento… no podía aplazarlo más o el dolor sería más intenso, si es que acaso pudiese eso ocurrir, pues para él todo su ser estaba destruido por dentro.
- Bien, estamos juntos de nuevo – comenzó tratando sonar lo más tranquilo posible – sé que quedamos en que dejaría de huir, que por fin me atrevería a decirle todo lo que he callado por tanto tiempo, pero… - suspiró – debes escuchar primero cómo fueron las cosas para que me puedas entender – tomó aire… soltó una pequeña risa, hasta ese pequeño acto tan natural le dolía, ¿cómo soportaría relatarle todo?
- Me la topé camino a su casa – sus ojos brillaron tras recordar aquella imagen – sigue siendo hermosa, aunque cada día siento que lo está más y más… ¿es acaso eso posible?. Quizás me vas a responder que no, que hay un límite. Pero ella no es alguien común, puede romper los esquemas sin siquiera proponérselo… sí, ella está más preciosa y te puedo apostar que en un tiempo más será aún más bella – otro suspiro, otra vez inhalar y exhalar para calmar a su dañado y atolondrado corazón que, a pesar de saber la verdad, se aceleraba cada vez que la recordaba – ¿Te he dicho lo bien que le queda esa falda roja con la polera amarilla? – se quedó un rato en silencio – sí, creo que sí lo he hecho… - suspiró – bueno, hoy nuevamente estaba vestida así -
Tomó un sorbo de su té, si pensaba hacer esto, tenía que relatar cada segundo de ese día. El silencio de su acompañante lo incitaba a continuar, aunque no quería hacerlo, tenía qué… no le quedaba de otra.
- La invité al parque, ese en el que tantas veces nos sentamos a conversar, a reír y, por qué negarlo, a verla llorar. ¿Cuántas veces la seguí escondido hasta ese lugar cuando huía para dejar salir sus lágrimas?... terminé perdiendo la cuenta, pero créeme que siempre me dolió verla así. La impotencia y la rabia se apoderaban de mí, era capaz de matar a quién se cruzara por mi camino, pero ella lograba calmarme… ¡es que sus hermosos ojos de miel solo te transmiten paz! – dio otro sorbo a su té – Nos sentamos en aquella banca en donde muchas veces conversamos de todo, en algunas tratábamos de arreglar el mundo, en otras me confesaba sus más profundos deseos y sueños, algunas veces prefería callar la rabia y dolor que le provocaban las autoproclamadas y en unas pocas solo me abrazaba para poder calmar la tormenta dentro de su corazón – dirigió su mirada hacia la fogata, las llamas parecían reproducir lo que su mente recordaba.
- Tienes razón, estoy desviándome – comentó luego de un momento que permaneció en silencio-
FLASHBACK
- Creí que jamás volverías – me dijo con sus ojos brillantes y un tanto acuosos, podría jurar que se estaba aguantando de que lágrimas se formaran en ellos.
- Lo siento – fue toda la respuesta que pude darle, es que ella aún tenía ese poder de ponerme nervioso y dejar en blanco mi cerebro ante su bella mirada.
- ¿Por qué te fuiste? – me preguntó luego de serenarse – solo me dejaste una mísera nota – su voz demostró el reproche ante mi infantil acto – Akane, debo irme, prometo volver – replicó palabra a palabra lo que le escribí ese día.
- Yo… - ¿cómo le explicaba?, ¿cómo le decía que me fui en búsqueda de mi cura para poder ser todo un hombre para ella? – lo siento – fue todo lo que volvió a salir de mis labios.
- Al principio traté de dejarlo pasar – me confesó dirigiendo su vista hacia el frente, como perdiéndose en sus recuerdos – pero a medida que pasó el tiempo comencé a preocuparme. Todos me decían que me quedara tranquila, que pronto volverías – se quedó callada por un momento, pero luego continuó – Después me enojé, estaba tan enojada contigo… ¡no fuiste capaz de escribirme una sola carta! – me reclamó con justa razón – Pensé lo peor… - la escuché sollozar, bajé la mirada por el dolor que le había causado, jamás fue mi intención – Fueron dos años y medio, ¿te das cuenta?, ¡DOS AÑOS Y MEDIO SIN SABER NADA DE TI! – sus lágrimas caían por sus mejillas, ¡maldita sea que fui un idiota en haberme apartado de ella!-
- Akane… - otra vez mi garganta no estaba dispuesta a formular lo que mi cerebro quería expresar
- En un momento decidí ir a buscarte – abrí mis ojos a más no poder, ¿era en serio lo que me decía? – no sé por qué me miras así, es obvio que lo hice – ¿ya te dije que se ve aún más bella de como la recordaba? – Tenía mi mochila lista, ya me había despedido de mi familia. Congelé mi universidad por 3 meses para poder tener el tiempo suficiente para buscarte y saber qué te había pasado – me sentí el hombre más estúpido del planeta, la hice sufrir y ella aún así decidió salir en mi búsqueda. ¡De verdad que soy un idiota!.
- No debiste haberlo hecho, te pudo haber pasado algo – lo sé, en vez de agradecerle o simplemente besarla por su infinita bondad y buen corazón, a mí se me ocurre decirle algo que suena como reproche.
- No te preocupes, no fui sola – bajó su vista, ¿es que acaso se sonrojó? – En la estación de trenes lo encontré esperándome – no hacía falta que lo nombrara, sabía a qué idiota se refería – Le había escrito una carta contándole de tu desaparición y mis planes en buscarte. Jamás pensé que dejaría todo por acompañarme – claro, el muy estúpido se aprovechó de la situación – Creí que trataría de convencerme en que desistiera, pero… él solo me abrazó y me dijo que todo estaría bien - ¡por supuesto!, ¿cómo no haría eso?, todo para quedar bien con ella, ¿cierto?... ¡maldito aprovechado! – Nuestro viaje finalmente duró casi 5 meses, pero no pudimos dar con ningún rastro de tu paradero – terminó de contarme. Te apuesto que el muy maldito hizo todo para no hacerlo.
- Lo siento - ¿otra vez?, ¡¿qué acaso no puedo formular otra frase?! – No era mi intención hacerte sufrir todo este tiempo – al fin algo de sinceridad sale de mi boca.
- Hay algo que debo confesarte – me dijo en un tono cómplice que provocó que mi corazón se acelerara, pero de miedo… ¿qué es lo que planeaba decirme?.
- Gracias a que te fuimos a buscar… bueno – bajó su cabeza, siempre lo hace cuando algo le daba vergüenza… ¿qué es este temor que siento? – Debo agradecerte – me miró con esas orbes tan profundas y radiantes que me dejaron sin aire – Como salimos a buscarte, bueno… ese viaje permitió que nos acercáramos - ¿qué me está diciendo?. Todo mi mundo se detuvo cuando me di cuenta que estaba acariciando algo en su mano izquierda… ¡era una argolla!, te aseguro que dejé de respirar en ese instante… ¡¿cómo fui tan estúpido en marcharme y dejarla a su merced?!
- Te casaste – lo dije con todo el tono de reproche posible, es que me dolía como ella jamás se lo podría llegar a imaginar.
- Por favor, no te enojes. Quise esperarte, él me apoyó en aplazar por unos meses la boda – me explica como si fuera por eso que estoy molesto… bufo, no puedo evitarlo – Pero ya llevabas desaparecido por casi dos años, no me quedó de otra de aceptar que… que… - una lágrima rebelde se escapó de su ojo – que estabas muerto – dijo por fin con todo el dolor que su voz podía expresar. Con mi tosca mano se la sequé, no quiero hacerla sufrir más… por lo que ella me relata, ya lo hice lo suficiente por todo este tiempo…
- Te entiendo – pude decir después de guardar silencio por un momento. Estaba meditando seriamente cumplir con el motivo de mi visita, decirle cuánto la amo, que ella fue mi motor para seguir mi viaje, que lamentaba haberme ido así, pero que si quería estar a su lado tenía que ser sin mi maldición… ¡maldita sea que quería gritarle cuánta falta me había hecho!, pero un gesto… un solo gesto de ella detuvo todos mis planes.
- Se supone que no debo angustiarme – me dice mientras se acaricia su bajo vientre… ahora entiendo, he perdido la batalla de la manera más estúpida posible. La dejé sola, le dejé en bandeja a ese idiota la posibilidad de conquistarla… ¡y yo que pensaba que al irme era una forma de luchar por ella!. Y los dos sabemos que fue para nada, porque jamás encontré la maldita cura y volví resignado a pedirle que me aceptara así, tal y como me conoció el primer día.
- ¡Vaya! – exclamo entre sorprendido y dolido… ¡como duele no ser yo el dueño de su corazón! – felicitaciones, ¿cuántos meses tienes? – trato de aparentar calma, aunque solo quiero alejarme para llorar por haberla perdido. Porque sí, ese hijo que crece en su vientre es la reafirmación más potente de que lo ama y que yo ya no tengo nada que hacer para evitar eso.
- Tres meses y medio – me sonríe y ahora entiendo ese hermoso brillo que la acompaña desde que me la topé en la calle. ¡Te dije que se podría ver más hermosa!
- Akane yo… - estuve a punto de decir todo lo que acordamos los dos, pero no… ya no vale la pena, para ella ahora solo soy un amigo y será mejor que empiece a aceptar esta cruel realidad que yo mismo provoqué, porque estoy seguro que si no me hubiese ido, él jamás se hubiera acercado. ¡Maldición! – Solo vine a despedirme – le miento, pero es mejor así.
- ¿Otra vez? – veo la pena en sus ojos, ¡por favor no me mires así que muero por besarte!
- Me voy a vivir a China, ya no hay nada para mí acá – musito con dolor.
- Ah – exclama bajando su mirada – ya veo – su voz denota tristeza
- Por favor entiéndeme – le suplico a la vez que la abrazo, si debo resignarme con su amistad necesito este último contacto, la última vez que sienta su aroma, la calidez de su cuerpo, su respiración tan cerca que quisiera robarle el aliento a besos. Me calmo, debo mantenerme sereno… sin soltarla levanto la mirada y ahí está él, observándonos a lo lejos. Sé que está molesto, distingo su mandíbula apretada que podría jurar que la escucho rechinar. Pero no me importa, deberá aguantar y respetar este momento, ya me declaré perdedor en esta batalla entre los dos, que me permita este premio de consuelo antes de partir. Parece no estar de acuerdo con mi pensamiento, porque se viene acercando parsimoniosamente sin quitarme la vista de encima – Me han ofrecido un entrenamiento que dura años y no creo que vuelva – sigo mintiendo, pero es lo primero que se ocurre decir para que no vea la verdad tras mis ojos. Lentamente nos separamos, la ausencia de su cuerpo contra el mío comienza a dejar un vacío en mí.
- ¿Pero no fue por eso que te fuiste todo este tiempo? – maldita sea que es inteligente, nada se le pasa.
- No – acompaño la negación con un movimiento de mi cabeza de un lado para otro – Eso fue por motivos personales, prometo algún día contarte – vuelvo a mentir, pero sé que es la única forma en que me deje partir.
- Akane – la llama suavemente, aunque sus ojos me están fulminando con la mirada. Lo sabe, sabe que yo fui un fuerte contrincante en su momento, aunque no sé cómo se sigue sintiendo inseguro si ya la hizo su esposa y su mujer, además de que lleva su hijo en su vientre, ¡¿qué más prueba de que ella lo eligió quiere?!... Idiota inseguro, te dije que era así.
- Lo siento, tendremos visitas en la casa – me informa ella dulcemente - ¿quieres venir a cenar? – me invita con una cálida sonrisa en su rostro.
- Gracias, pero no puedo – vuelvo a engañarla – Mi tren sale en un rato más – ahora soy yo el que lo mira tratando de matarlo, quizás es la única esperanza que me queda, aunque sé que es irreal.
Ambos nos levantamos de aquella banca que fue testigo de tantas situaciones y emociones, aunque creo que es la primera vez que me voy sintiéndome realmente derrotado, asumiendo mi calidad de vencido en esta batalla que fue capturar su corazón. Ella vuelve a mirarme con esos ojos llenos de cariño, sé que soy importante para ella, pero no como yo desearía que fuera. Vuelvo a darle un abrazo, él quiere separarnos, pero se contiene, ya se dio cuenta de que me he rendido, que esta es mi despedida y, a pesar de todo, me lo permite.
Cuando separo mi cuerpo del de ella, lo miro con todo el odio que puedo sentir por arrebatármela, por haberme ganado, por haber aprovechado mi partida. Estiro mi brazo para estrecharle la mano, él responde el gesto, nos mantenemos la mirada desafiante, él tratando de aclararme que ahora ella es parte de su vida y no la dejará partir, yo exigiéndole que la haga feliz y no la haga sufrir.
- Más te vale que la cuides – le digo frío y cortante, suena más a una exigencia cargada de obligación – O yo mismo vendré y te patearé el trasero – declaro seguro
- No necesitas decirlo, yo los protegeré siempre – me restriega en la cara que ahora ella carga en su vientre a su hijo, ¡malnacido y bendita sea su suerte!, ¡esa alegría debería ser mía!.
Los veo partir caminando tomados de la mano por la calle, ella le dirige una mirada cargada de amor y yo vuelvo a maldecir a mi yo del pasado por las decisiones que elegí en su momento. Me recrimino mentalmente por jamás haber podido traspasar esa barrera de la amistad, a pesar de que la amaba mucho antes de que siquiera lo asumiera. Ahora jamás lo sabrá, no soy capaz de escuchar su rechazo… esa argolla y ese bebé son la respuesta negativa a mis sentimientos, no me queda nada más que partir para no volver, no hasta que la haya olvidado… aunque dude que ese día llegue.
FIN FLASHBACK
- Como ves – continuó su relato – no pude llevar a cabo el plan que habíamos pensado para decirle cuánto la amo – un nudo en su garganta se forma dificultándole hablar – Pero no hay nada que pueda hacer, él ya ganó su corazón y yo solo soy un perdedor – baja la cabeza a la par que las lágrimas escapan de sus ojos como un caudal.
Llora, llora desconsolado, sus hombros tiemblan, sus manos tapan su rostro con la intención de detener ese río que sale por sus orbes, pues le duele… le duele perderla y para siempre. Esta no fue una batalla perdida, sino que fue la guerra. Sabe que debe alejarse, pero su rebelde corazón no se quiere resignar ante la cruda realidad, por eso llora… por lo que pudo haber sido, por la familia que pudieron haber creado juntos… por el amor que le pudo haber entregado. Poco a poco se va calmando, reconoce que esto es necesario, por lo que continúa.
- Como verás, seguiremos siendo solo tú y yo… - guardó silencio - Bien, tal como habíamos acordado esta será nuestra última conversación sobre ella, pero… déjame contarte una vez más amiga Luna cómo fue que la conocí – sonrió ante aquel recuerdo – Tenía el pelo largo, más de como lo tenía ahora. Para ese tiempo ya estaba comprometida con Ranma, aunque eso fue impuesto por sus padres. Sé que ya te lo he dicho, pero que me adoptara como P-chan fue lo mejor que me pudo pasar… -
El crepitar del fuego acompañaba cada palabra, parecía proyectar entre sus llamas los recuerdos que iban siendo contados una vez más. Esa noche sería la última que él hablaría de ella, que expresaría a la gran reina del firmamento lo que esa mujer provocaba en él, por lo que no se contuvo… y como siempre, ella lo escuchó atenta y en silencio.
FIN
Hola! La verdad es primera vez que escribo un one-shot… sé que es cortito, pero es que mi fuente de inspiración fue una canción llamada "Hoy me retiro" de Lazcano Malo. Una amiga me hizo escucharla hace un par de semanas y esta idea no me ha dejado tranquila. Como la canción me encantó, la agregué a mi playlist y de tanto escucharla hoy por fin me decidí a traspasar esta mini historia que me ha acompañado desde el momento uno.
¿Les gustó?, les recomiendo escuchar la canción para que entiendan el trasfondo de todo (o releer la historia con la canción de fondo, eso hice yo para escribirla). Espero no haberlos defraudado. Les agradeceré si me dejan sus reviews para conocer sus opiniones.
Saludos a todos y que tengan buenas fiestas!
