Notas: Hola! Me disculpo por no publicar el capítulo antes xD Como mencioné anteriormente, estaba embarazada y mi bebé nació hace poco, así que... me tomó un tiempo acostumbrarme a la nueva rutina, pero aquí estoy con un nuevo capítulo. Y espero actualizar más rápido el próximo. Agradezco de todo corazón sus comentarios xD Todas unidas por el ship tóxico (si supieran las peleas tontas que tengo con un amigo por mi ship favorito de Kimetsu... Que no tiene nada de malo que ella lo odie y que él se la comiera...).

Capítulo 4

Shinobu entró a su casa, tratando de controlarse un poco. Sabía que sentido, no tenía el odio que empezaba a dirigir hacia su hermana, que era la misma frustración y en parte, la culpa que le carcomía por dentro; al desear de una forma tan desesperada a Douma. Tampoco, entendía porque era tan cruel cada vez que entablaba una conversación con Kanae.

Giyuu estaba en lo cierto, se pasaba de la raya con el tema y dejaba al descubierto un resentimiento que parecía ridículo, cuando ni la misma afectada lo sentía. Es decir, Kanae lo perdonó y siguió su vida con él, a ella personalmente, no le inmiscuía más el tema, no después de haber dejado claro un par de veces que estaba cometiendo una idiotez. Sin embargo, Shinobu no dejaba de recordarle su estupidez una y otra vez con tanta saña que parecía que odiaba a su pobre hermana.

Pensó en disculparse, hasta que se encontró con un Douma semidesnudo cocinando tostadas francesas junto a una taza de café. Para empezar, ¿qué diablos hacía despierto a las malditas cuatro de la mañana? Ella no logró conciliar el sueño, y estuvo molestando a Tomioka todo lo que pudo, hasta que él, histérico, llamó un Uber y la envió directo a su casa, con la excusa de que era justo y necesario que fuese a salvaguardar su intimidad a como diese lugar.

—¿Qué diablos estás haciendo? —su tono fue un poco más fuerte y grosero de lo que pretendía. Su hermana apareció con el rostro pálido y una clara expresión de pánico.

—Shinobu, ¿qué haces aquí? —Kanae estaba a medio vestir, ese día tenía una sesión de fotos.

—¡Aquí vivo¡—cruzó los brazos sobre su pecho. —La pregunta es: ¿qué hace él aquí? —lo señaló.

—Pensé que te quedarías con tu novio. —dijo muy nerviosa. Esta última parte llamó la atención de Douma, quien la veía confundido y ciertamente curioso.

—Giyuu no es mi novio. —aclaró sintiendo que debería dejarle claro a Douma que no había nadie, aunque, de verdad no importaba si ella tenía o no un novio, teniendo en cuenta que Douma si tenía pareja y era su hermana.

Kanae puso los ojos en blanco. —Es ridículo que sigas negándolo.

—Tomioka no es importante ahora, por favor. —respiro profundamente para luego soltar el aire despacio tratando de calmarse. —Sabes que, no me interesa. Me voy a dormir.

Fue a su habitación seguida por Kanae. ¿Qué diablos quería? Acaso su hermana no era feliz sin una reprimenda de su parte. Acaso quería oír la retahíla de siempre, quejándose de lo idiota que era al perdonar y seguir con ese infiel de mierda. —¿Qué quieres, Kanae?

—Solo no te enojes, ¿sí? —sonaba asustada.

Shinobu sintió mucha culpa. —No me voy a enojar. Siento mucho ser tan mala, estoy demasiado estresada y me he estado desquitando contigo. ¿Me perdonas?

—Sé que estás muy ocupada con todo. No tienes que darme explicaciones, está bien. —Kanae era tan amable, que de verdad la sacaba de quicio. Siempre veía la vida de una forma tan sencilla que le provocaban ganas de darle un par de cachetadas a ver si reaccionaba. —Te perdono.

Se dieron un abrazo que la hizo olvidar todos los problemas y le recordó la razón por la que daría la vida por su hermana. Al fin y al cabo, solo se tenían la una a la otra, bueno y más tarde se unió Kanao a la ecuación. Lo que quería decir era que el apoyo de su hermana lo tendría siempre sin importa cuanta mierda pasara en su vida.

Douma apareció en la puerta, arruinando el momento intimo entre hermanas. —Cariño, el desayuno está listo.

—Ya casi voy, amor. —le respondió echándole una mirada que él pareció entender muy bien porque desapareció con la misma rapidez con la que llegó.

—¿Me vas a explicar algo? —preguntó Shinobu sin dejar de mirar el lugar donde hacía tan solo unos segundos estuvo su dolor de cabeza.

—No, no quiero hacerlo. —le dijo. Tomó una bocanada de aire. —Es mi relación y no quiero que te metas en ella. —en este punto, Kanae tenía toda la razón.

—¿Al menos él sabe que tienen una relación? —respondió, con ganas de enseñarle la conversación de la noche anterior, del vídeo que le envió y de decirle que buscara entre sus cosas, para que encontrara sus bragas secuestradas. Quería hacerlo, pero no lo hizo.

—¿Puedes irte a casa de Tomioka por todo el fin de semana? —luego de escuchar las palabras de su hermana. Shinobu se dio la vuelta para encararla. ¿Qué carajos? Si quería desviar la atención del tema anterior lo había logrado.

—¿Me estás echando de mi propia casa? —ahora sí tenía ganas de pelear.

—No, no. ¡Claro que no! ¿Por qué todo lo tomas a mal? —le dijo luciendo tan frágil. Esa característica de su hermana era la que más atraía a los hombres. Aunque, definitivamente era engañosa. Kanae era una mujer fuerte y decidida, por eso mismo, era que Shinobu no comprendía su comportamiento con Douma. Ella era todo lo opuesto que siempre fue cuando se trataba de él.

—¿Entonces? —sentada sobre su cama, con una expresión de no muy buenos amigos, y con los brazos cruzados sobre su pecho. Shinobu esperaba una respuesta.

—Douma se quedará el fin de semana aquí. No sabía que volverías entonces no vi ningún problema. Sé que lo odias, pero por favor, no le digas nada. Akaza no quiere verlo. Amenazó con matarlo, te lo juro. Douma me enseñó los audios.

—Mientras no me moleste, me da igual. —dijo. Douma definitivamente le hizo algo al auto de Akaza, y el muy cobarde corrió a refugiarse en las faldas de Kanae. No podía creerlo.

—Mira, yo tengo que irme. Él se quedará aquí, por favor, por lo que más quieras, mantente alejada de él, ¿sí? —le pidió, y pudo notar algo de inseguridad y celos detrás de su petición.

—Eso deberías decírselo a él. A mí me da igual su existencia. —respondió, pero en el fondo, sintió deseos de correr a casa de Tomioka, porque no se creía capaz de soportar la tentación de estar encerrada en las mismas cuatro paredes que él sin sucumbir ante sus jodidos encantos.

—No pelees. —fue lo último que dijo antes de desaparecer.

Shinobu no era ninguna idiota y se daba cuenta que Douma le tendió una trampa. Estaba segura que la noche anterior, él hizo todo para que regresara a casa y tener una posibilidad de quedarse a solas con ella y tratar de seducirla nuevamente. Tenía que irse. En definitiva, no era seguro permanecer en su hogar, pero no se engañaba a sí misma, ella quería hacerlo. Se pensaba quedar en casa para ver de lo que Douma era capaz, incluso, muy en el fondo, quería seguir ese jueguito de seducción.

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No se dio cuenta en qué momento se quedó dormida. Abrió los ojos, parpadeó un par de veces, sintiéndose cómoda entre los brazos que la sostenían, el pecho de su compañero subía y bajaba acompasadamente, tranquilo, estaba dormido. Se acomodó mejor, volvió a cerrar los ojos y disfrutó del calor del cuerpo de Tomioka…. ¡Un momento! ¡Ella no estaba en casa de Tomioka! Se sobresaltó.

—¿QUÉ PUTAS HACES AQUÍ? —gritó al encontrarse con Douma. Sin dudarlo, lo agarró a patadas hasta que lo tiró de la cama.

—¡Maldita sea, Mariposa! ¿ACASO ESTÁS LOCA?

—¡MALDITO ENFERMO! ¡SAL DE MI CUARTO!

—¿Por qué te pones así? ¡Te pedí permiso para dormir contigo y me dijiste que sí!

—¿Qué?

—Incluso te grabé. —dijo con una sonrisa pícara. Seguía en el suelo, medio sentado medio acostado. Shinobu cayó en cuenta. ¡Por supuesto! Kanao era una jodida boca floja. Tuvo que decírselo. —¿Quieres verlo?

—¡No, no quiero! ¡Y borra ese maldito vídeo! —se suponía que era un secreto y su hermana le contó a la peor persona del mundo, ahora, él tenía una ventaja sobre ella. En realidad, ni siquiera sabía que tanto sabía Douma. —No puedo creer que te lo dijera.

—¿De verdad? Lo que yo no puedo creer es que fuera verdad. —empezó a reírse. —¿En serio, en serio cuando duermes le dices sí a todo?

—¡Cierra la boca!

—También me dijo que decías la verdad sobre todo lo que te preguntara.

—¡Hazme el favor y vete ahora mismo! —Kanae era una maldita traidora. Jamás la perdonaría por abrir su boca más de la cuenta.

—¿No sientes curiosidad de saber qué te pregunte?

—No. —sonó tajante, pero por la mirada pícara y su sonrisa burlesca, esto no terminaría así de fácil.

—Siempre supe que te parecía guapo. —le dijo poniéndose de pie. Ella no pudo contestar. ¿Qué tanto le preguntó? ¿Cuántas verdades le soltó? Se estaba poniendo colorada, la sabía. Esperó un comentario referente a su sonrojo, pero este no llegó en cambio, solo dijo: —Te espero en la cocina. Hoy te preparo el desayuno.

—No tengo hambre, gracias. —pero como si se tratase de una novela, su estómago rugió dejándolo como una vil mentirosa.

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Una hora después, mientras ojeaba el inicio de Facebook y comía una tostada francesa, esperaba que Tomioka diera señales de vida para poder irse, no sin antes hacerlo fingir que era él quien la necesitaba desesperadamente y no al revés. Douma preparó el desayuno haciendo un comentario de vez en cuando, este día parecía comportase con bastante respeto a su relación. ¿Acaso se aburrió de molestarla? Tal vez se dio cuenta que ella jamás cedería a la tentación.

—¿Qué haces? —lo escuchó hablar. Ella no lo miró.

—Veo memes.

—No sabía que te quedabas varios días con Giyuu. —comentó, esto le llamó la atención y no pudo evitar verlo. Grandísimo error. Estaba de pie frente a ella. Mirándola fijamente. Usando únicamente la toalla rodeándole la cadera. —No voy a mentir, estoy muy celoso de ese imbécil.

—¿Bromeas, verdad?

—Para nada. Hacen bonita pareja, en realidad. —le dio un mordisco a su tostada. Shinobu miró momentáneamente el plato en el que segundos antes estuvo su comida.

—No somos pareja.

—Pues bien, tiene algo. —le dijo. —Algo que de verdad envidio.

—Douma…

—Él solo necesita llamar para tenerte, en cambio yo, solo puedo quedarme con las ganas de probarte.