Renuncia: todo a AidaIro.

Notas: headcanon de Hanako conociendo a Nene pre-manga. Espero que guste ^-^


Selcouth


/selcouth/

(adjetivo): desconocido y extraño, pero maravilloso.


La primera vez que la ve, ella tiene el cabello constelado y corto, y las manos estrujándose entre su vestido negro manchado de tierra.

Hanako la encuentra en el jardín, rodeada de álamos y rosas que le dejan pequeños trazos rojos en su piel de muchacha lunar, y tiene el pelo corto cosquilleándole las mejillas sonrojadas con una sonrisa de niña enamorada; suelta carcajadas hacia sí misma mientras revuelve sus manos de leche entre las flores y el barro, la tierra manchándole el vestido negro impecable sin darle ninguna importancia.

(Hanako ignora entonces la nostalgia desconocida y antigua que lo golpeó repentinamente, llenándole los poros).

Es la primera vez en que se molesta mantener sus ojos puesto en algún ser humano vivo por solo un puñado de segundos, y lo último que hace es verle la sonrisa de pan dibujada en su rostro de niña eufórica/nefelibata, para luego flotar lejos y olvidarla.

Pero-

La primera vez que piensa en ella, dura simplemente seis segundos, la idea atrevida de pensar que, si acaso él estuviera vivo, ella sería totalmente su tipo (pero entonces agita la cabeza una y otra vez como si acaso borrara su imagen de niña bonita de su cabeza, olvidándola).

La segunda vez que piensa en ella, mira desde los ventanales viejos a los lirios arruinándose bajo la lluvia de verano, y recuerda al instante sus manos temblorosas y blancas hundiéndose entre la tierra, trabajando en ellas. Hanako observa fríamente cómo todo el trabajo de la niña bonita y estelar se arruina bajo la brisa congelada, y una parte suya, antes de volver a olvidarla, piensa que es una verdadera lástima que ella tendrá un rostro angustiado cuando vea el jardín arruinado.

La tercera vez que piensa en ella, dura una noche entera, preguntándose si ella también ama las estrellas, el cielo negro y polvoriento, las noches de luna amarillenta en que la luz se vuelve tierna y aterradora. Se pregunta una y otra vez si ella escucharía interesada a todos los relatos sobre el Universo que él tiene para decir, pero una vez que amanece, cuando la luz cruel del sol se asoma entre las ventanas del colegio, vuelve a quitarla de su mente.

Se convence de que la única razón por la que se mente de espectro joven dibuja su imagen de acuarela tibia una y otra vez, es por el simple y eterno aburrimiento, ese que lo asesina por segunda vez un poco más día a día.

(Excepto que es mentira).

La cuarta vez que piensa en ella, inconscientemente la encuentra, y está sentada sola en las aulas vacías (con los fantasmas y las sombras caminando entre los pasillos, con sus sonrisas maliciosas), con su cabello un poco más largo y sus ojitos empapados de lágrimas. Hanako ignora el impulso humano que le nace desde el fondo de su pecho, de secarle las lágrimas y buscarle la mirada reconfortante, pero su sentido común calla su intento de querer relacionarse con alguien luego de tantas décadas.

Alguien entra entonces, una muchacha bonita de pelo azul (aunque no más bonita que su chica desconocida estrellada), y hace el trabajo que él deseaba hacer, secarle las lágrimas y rodearla entre sus brazos, murmurando palabras tibias de consuelo. Antes de desaparecer nuevamente, Hanako escucha un poco más, y por fin aprende su nombre.

Se llama Yashiro Nene, y no necesita conocerla por más de unos minutos para saber que es una chica nefelibata y etérea, pero completamente extraña.

Lo que comienza como una costumbre que Hanako intenta alejar, se convierte en una rutina día a día, la imagen de ella floreciéndole entre las arterias vacías, su sonrisita empapada luego de soltar lágrimas y respirar profundamente enredándose en sus pensamientos de muchacho ingenuo. Siempre por algún puñado de segundos, minutos o horas, ya sea desde la distancia o desde las ventanas, por los pasillos o entre las flores, Hanako la busca y la observa.

La mira por momentos cortos y distintos: a veces riendo con otras chicas, otras veces pasándose horas en el jardín, o quedándose dormida en las aulas vacías, y otras en las que se encuentra completamente sola, observando el cielo cerúleo perdiéndose en el vacío de las sombras más allá de los pasillos. Hanako ha aprendido ahora su preferencia por los dulces, por su costumbre de tararear canciones improvisadas por ella misma al estar completamente sola, su obvia preferencia hacia los días soleados y su odio por los lluviosos y, más que nada, cómo incluso ella a veces prefiere unas horas solas para ella misma, apartada de las otras muchachas alegres.

Estos son los momentos favoritos de Hanako, porque le gusta atreverse a imaginarse que él está vivo también, y que se encuentra con ella. Cuando Nene suelta una risita alegre hacia sí misma, se imagina que es por algo que ha dicho él; cuando suspira mirando hacia algún punto indefinido, con su sonrisa de agua dulce sin borrarse de su rostro, Hanako imagina que podría estar mirándolo a él, o que estaría tomando tímidamente su mano, o que se inclinaría para apoyar su cabeza sobre su hombro tímido.

Hanako la observa y piensa en ella, más de lo que debería, y no hay tardes o noches en las que la imagen de Nene no se encuentre por lo menos unos minutos dentro suyo. Si alguien más pudiera verlo mientras la ve o piensa en ella, señalarían su sonrisa boba y sus mejillas sonrojadas, y Hanako lo negaría una y otra vez recordando que ella no puede verlo, que nunca ha notado sus ojos de luna amarillenta buscarla entre la multitud.

La sensación vacía lo golpea amablemente entonces: porque ella está viva, y él está muerto. El acercarse tanto a ella hizo que el deseo atrevido de que ella llegara a verlo, conocerlo, comenzara a nacer y lastimarlo. Comprende y recuerda entonces que algún día Yashiro Nene crecerá y se graduará, y se irá lejos, y Hanako seguramente se olvidará de ella lentamente, su imagen de chica primaveral desapareciendo de su mente, deshaciéndose como una acuarela. Ella se irá incluso sin conocerlo nunca, y él sabe que la olvidará con el pasar de las décadas, vagabundeando por los pasillos de la escuela.

La crudeza de la verdad amarga se enreda en su mente segundo a segundo, volviendo a su soledad llena de polvo y telarañas, observando únicamente desde las ventanas del baño, las sombras y los fantasmas riéndose crueles de su amargura infantil, pero entonces-

Knock knock knock.

"Hanako-san, Hanako-san, ¿estás ahí?"

Su corazón imaginario palpita tan fuerte que le resuena en el pecho hueco, el alma muerta llenándose de algo que no reconoce, pero responde:

"Estoy aquí."

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