Nota: Qué feliz fui con el final sisi. No sé cómo quedó si bien o mal, pero, fue entretenido de hacer.


I.

Shouko siempre creyó que Satoru estaba enamorado de Utahime.

Lo creía, pero no porque él se portara cariñoso con ella o porque le coqueteara. Sino por la forma en la que Gojō buscaba sacarla de sus casillas y hacerla rabiar; y también, porque una de las formas en las que una persona buscaba llamar la atención de la persona que le gustaba era esa: Molestarla.

Además de que Iori, era bonita. No de forma deslumbrante, pero fea, no era.

Así que, se hizo la idea de que Gojō buscaba la atención de Utahime porque ella era la chica que le gustaba.

Y estaba bien, pues nadie pide enamorarse de nadie. Sólo pasa; así como lo que estaba comenzando a sentir por Gojō, luego de hacerse un poco más cercana a él, luego de que Suguru los dejara.

Aunque se hizo la idea de que sus sentimientos por su amigo eran meramente algo pasajero, y decidió no decir nada.

Porque ser rechazada y perder una amistad, no estaba en sus planes. Y sería molestamente innecesario pasar por un desamor.

Por lo que, Shouko se calló para sí, lo que comenzaba a sentir. Cuando era adolescente.

II.

La primera vez que se dio cuenta de que tal vez y, Shouko le gustaba, más allá de ser una amiga. Se negó a creerlo.

Porque, ¿Por qué le iba a gustar ella en primer lugar? Era su mejor amiga, luego de Getō. Y pues... No es que Ieiri hiciera algo para llamar su atención de esa manera.

Simplemente... Ella siempre fue ella. Indiferente, un poco rara, descuidada en su aspecto, fumadora y bebedora, pero, un apoyo cuando Suguru los dejó.

La verdad era que si seguía buscando razones por las cuáles se vino a enamorar de Shouko Ieiri, sólo perdería tiempo y simplemente estaría aplazando lo inevitable.

Por lo que terminó aceptando que la alcohólica y fumadora de su mejor amiga le gustaba.

Aunque ahora se preguntaba cómo iba a hacerle para decirle que, se había enamorado de ella.

El gran Satoru Gojō… Por primera vez, no sabía cómo hacerle frente a algo tan sencillo como una confesión.

III.

¿Quién dijo que beber con Satoru Gojō y Utahime Iori era una buena idea?

Era lo que se preguntaba Shouko con el ceño fruncido, mientras terminaba su quinto barril de cerveza, con Utahime a su derecha y Satoru a su izquierda; ambos recostados en la barra.

Siendo que Gojō cayese con los primeros dos barriles, y pues, Utahime estaba más borracha que ella. Aunque estaba durmiendo en estos momentos; por un momento se preguntó si debía pagar su cuenta o cargársela a Gojō e irse de ahí y hacerse la desentendida respecto a ellos.

Y estaba por hacerlo, cuando Satoru decidió tomar su muñeca –no tan fuerte, estaba borracho–. Ieiri quería golpearse la frente por olvidar que él tenía seis ojos, claramente él vería cómo ella se escapaba y los dejaba solos y borrachos en el bar.

El alcohol comenzaba a afectarle, tal vez.

IV.

- Ieiri~, te ibas a ir…

-… Tal vez.

- Eres mala, Ieiri-chan~.

- Y tú estás borracho… Con sólo dos cervezas, Gojō.

Él se rió, enderezándose levemente de la barra, con una sonrisa (tonta). Shouko arqueó una ceja, desconfiada de lo que él quería hacer o también, de lo que cruzaba por su mente.

…Pero, era su imaginación o, ¿Gojō estaba más guapo que antes?

-…Te odio, Satoru.

- ¿Eh~? ¿Por qué, Shou…?

V.

Tal vez fue demasiado imprudente. Posiblemente fue demasiado pronto. O tal vez, ya venía siendo tiempo que decirlo y dejar de callarse.

Sea cual sea el caso, lo hecho, hecho estaba.

Y aunque siempre podía hacerse la desentendida y fingir haber estado muy borracha, tal vez, ser honesta, no estaba mal.

Sólo tal vez.

VI.

El cómo terminaron al final, las cosas fue… Un poco gracioso.

Porque Shouko al final tuvo que llevarse a Utahime y a Satoru a su apartamento. Dejando al albino en el sofá de su pequeña sala de estar y a Iori en su cama; y cuando dejó a la pelinegra, regresó a donde dejó a Gojō y rendida, se sentó en el piso, recargando su espalda en el sofá.

Hoy estaba muy amable y de buena samaritana, porque los hubiera dejado solos. Aunque, bueno, al menos había hecho que Gojō pagara todo –porque él casi se pudría en dinero–.

Suspiró, cubriéndose el rostro un momento, rememorando los hechos de apenas, unas horas atrás; es decir, besó a Satoru cuando le había dicho que lo odiaba –aunque esto era mentira–, pero lo peor fue cuando Gojō se durmió luego del beso.

¿Pero no era mejor así?

Volvió a suspirar, recostando su cabeza por donde estaba el rostro de su amigo (¿Aunque él seguía siendo eso?). Y una pequeña sonrisa sarcástica apareció en su rostro.

Tal vez cuando él despertase, le diría con más claridad y calma, que le gustaba.

Sí, sonaba bien.

(Aunque todavía quedaba decirle a Utahime la verdad, pensó, antes de quedarse dormida.

Por un momento).

VII.

¿Qué pasó al final?

Fue lo que Utahime se pregunta, confundida y con resaca. Siendo lo último que recuerde era haber estado en el bar con Shouko y el molesto de Gojō, además de beber cerveza –bastante–.

- ¿Estás bien? – pregunta Ieiri, entrando a la habitación con un analgésico y un vaso de agua.

- Muchas gracias, Shouko – agradece con una pequeña sonrisa, recibiendo la pastilla y el vaso con agua, para pasar la pastilla y tomar el agua.

Ieiri se sienta a su lado, en su cama más bien, esperando a que Utahime termine su vaso con agua para después hablar. Porque siente que, es importante.

-… Utahime, hay algo que, necesito decirte.

- ¿Qué es? – pregunta, con curiosidad, sosteniendo el vaso entre sus manos y mirándola atenta.

Es entonces que Shouko suspira, y dice sin tapujos –: Estoy enamorada de Gojō.

VIII.

-… Entonces, ¿Utahime nunca te gustó? – estaba realmente impresionada, casi tanto como cuando Itadori resucitó.

Y Gojō estaba con la misma cara, cuando conoció a Megumi de pequeño y dijo que era muy parecido a Toji. Con la misma cara de desagrado.

- No, nunca… Me gusta molestarla, pero de esa manera no.

- Oh – tal vez sí debió haber preguntado y no suponer nada.

-… De hecho, quien me gusta… – apretó los labios, como si estuviese reacio a decir la verdad. Aunque en realidad era la timidez, y eso era raro en él.

- Satoru, me gustas – le interrumpió, dejándolo estático un segundo, donde la miró con sorpresa (o así parecía más bien, porque sus ojos no podía verlos por la cinta que siempre llevaba) –. Y antes de que preguntes, sólo diré que ni yo sé… Sólo sé que me gustas.

-… ¿Entonces te gusto yo? – preguntó señalándose, a lo que Shouko asintió. Tuvo el impulso de rascarse la nuca y reírse para ocultar su timidez, pero en cambio, la abrazó y como pudo, ocultó su rostro en el hueco de su cuello.

- ¿…Significa que me aceptas, Gojō?

Él se rió y con una sonrisa, confirmó –: Tú también me gustas, desde hace tiempo, Ieiri.