Ranma 1/2 y sus personajes pertenecen a Rumiko Takahashi.


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-MANIC PIXIE DREAM AKANE-

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Fuck!, pensó Ryu, al ver el suelo acercarse hacia él de manera vertiginosa.

Quiso meter las manos para evitar el golpe, pero la tremenda cantidad de alcohol que se había dedicado a ingerir durante toda la tarde, le impidió manejar su cuerpo como estaba acostumbrado; con la destreza y agilidad de un artista marcial.

El golpe fue brutal, oyó algo tronar dentro de su cabeza y de inmediato sintió el dolor desde su nariz extenderse por todas partes. ¡Fuck!, volvió a pensar. Odiaba romperse la nariz, con esta era la que, ¿quinta vez?

Se recompuso entre carcajadas vulgares de sus compañeros de juerga y los pedazos del árbol de Navidad sobre el que había caído. Observó las ramas desperdigadas. No era una gran pérdida. Al entrar y haberlo visto por primera vez, le pareció el árbol de Navidad menos festivo del mundo. Era pequeño y sus ramas carecían de casi todo el follaje artificial que seguro un día había tenido. Un par de esferas rojas colgaban tristes de unas ramas. La decoración del local daba la misma sensación desolada, un par de series de focos colgaban desganadas sin orden ni concierto. Ese local, con su clientela que parecía que se había rendido a la vida, el ambiente frío de Diciembre y la decoración, hacían palpable ese lado de la Navidad que hablaba de la desesperanza, tristeza y soledad.

Ryu odiaba la Navidad.

Escuchó gritos de alguien que le recriminaba el desastre que había causado, seguro el dueño de la taberna, pero ignoró a quien sea que estuviera gritando, se tomó la nariz que chorreaba sangre y con un chasquido la regresó a su lugar.

—¡Maldita mierda! —gritó tratando por todos los medios que los ojos no le lloraran al sentir el agudo dolor en el tabique. Ya suficiente tenía con la vergüenza de no haber esquivado aquel golpe tan insignificante.

Con un movimiento rápido se limpió la sangre, aventando un coágulo sobre lo que quedaba de pie del árbol, aunque un nuevo hilillo, menos profuso, comenzó a bajar de inmediato por su fosa izquierda. Comenzó a tratar de levantarse, el suelo se movía bajo sus pies y tropezó con otros muebles más. Las carcajadas arreciaron y él les hizo un gesto obsceno en respuesta. Entonces sintió como un par de manos lo tomaban de las axilas y lo levantaban con trabajos. Eran el par de sacaborrachos del local; Ryu sonrió de medio lado tentado a dejarse caer nuevamente, y ver que hacían aquellos dos inútiles con todo su peso. Él era un hombre grande, era mucho más grande que la mayoría de la población masculina de Japón, aunado a su altura, sus músculos trabajados hasta el extremo, lo hacían parecer un gigante a comparación de otros hombres.

Sin embargo, estaba cansado y no hizo nada de eso; dejó que aquellos dos sujetos lo arrastraran por todo el local hacia una puerta en la parte de atrás y terminaran empujándolo, de manera agresiva, hacia un oscuro callejón.

—¡No vuelvas más, pedazo de mierda!

Ryu cayó al suelo levantando una ligera cortinilla de agua helada. Los tipos se habían tomado la molestia de aventarlo sobre un amplio y hondo charco de agua derretida de la nieve que caía.

Entre maldiciones se levantó con trabajos, resbalando una y otra vez. El suelo pegajoso de nieve sucia de sabrá dios que, el agua encharcada y el licor, hicieron que su estampa fuera totalmente lamentable. Se levantó por fin y con pasos vacilantes se dirigió hacia la puerta del local nuevamente, con la intención de entrar y darles su merecido.

Él era Ryu-elmalditoDragóndelasArtesMarciales-Kumon. ¡Nadie le hacía eso a él!

Sin embargo, sus pies no cooperaron y Ryu cayó nuevamente golpeándose la cabeza, nunca estuvo seguro del todo, pero le pareció que incluso había perdido el conocimiento unos minutos. La nieve cayendo implacable se le metió por la boca abierta, haciéndolo toser. Comenzó nuevamente a levantarse. Cuando lo logró, observó la puerta tentado a entrar y tomar revancha, pero al final cambió de opinión, salió caminando penosamente hacia la avenida.

La gente se hacía a un lado a su paso. Por su apariencia y modo de ser, cualquiera diría que Ryu era un delincuente, aquella persona de la que las madres temían que sus hijos se juntaran; aquel que, si ven en la calle por las noches, sales huyendo en dirección contraria; aquel que es un ejemplo para todo lo decadente e incorrecto de la sociedad. Ryu disfrutaba de aquella deferencia, casi temor, que inspiraba en otros. Le hacía sentirse imponente y poderoso. Toda su vida había buscado ser el mejor. El más alto, el más musculoso, el más fuerte, el más poderoso.

Su padre había sido dueño de un pequeño dojo en Bifuka, en la región más al norte de Hokkaido, que no dejaba mucho a la familia Kumon. Un día, cuando él tenía catorce años, un hombre calvo había llegado a hablar con su padre. Ya lo había visto un par de meses atrás, cuando Ryu había competido en el torneo de Hokkaido en Sapporo, donde había resultado vencedor por cuarto año consecutivo. Se le había acercado y felicitado por su victoria, Ryu se había visto demasiado impresionado por el hombre que se veía a todas luces rico y poseía el porte y aura de un artista marcial.

Muerto de curiosidad, Ryu había querido escuchar la conversación, pero su padre, con el semblante serio y contraído, no lo dejó, pero él se escabulló por el techo y se descolgó hacia un pequeño ático que usaban para guardar material. Ryu sabía que, desde un pequeño agujero en las maderas, podía ver hacia abajo y tener una vista parcial de la oficina de su padre. Mientras ellos hablaran a voz normal él no tendría problemas para escuchar lo que decían.

Toda la plática estuvo casi inmóvil, atento a todo lo que hablaron, con el corazón martilleándole en el pecho, con la emoción cada más imposible de detener. El hombre quería llevarse a Ryu a Tokyo y entrenarlo. Resultaba que el hombre calvo era un gran maestro del arte, de la Escuela Todo Vale, para ser precisos. La misma que ellos.

Fue un momento de Revelación para Ryu. Su padre siempre le había inculcado que un artista marcial tenía que ser pobre, desprendido, casi unos monjes, que su vida estaba prácticamente dedicada al bien común a defender a los débiles a cambio de nada.

Como era de esperarse el temperamento de Ryu no pintaba nada con eso. Más de una vez había tenido problemas con su padre por aquella filosofía de vida que trataba de inculcar en él. Por eso, el saber que un artista marcial podía volverse así de rico e importante, había sido un parteaguas en la vida de Ryu.

El hombre se había ido, con la promesa de que volvería por su respuesta.

Los días pasaron y Ryu esperaba que su padre le diera la noticia, pero nada sucedió. Finalmente, harto de esperar, un día antes de Navidad, Ryu lo encaró. Primero rogó a su padre que se fueran ambos a la ciudad, para que él pudiera entrenar, ese pequeño dojo sin alumnos no valía la pena. Cuando los ruegos no surtieron efecto apeló a su crecimiento como artista marcial, y lo bien que le haría a la escuela Kumon el tener un campeón como representante. Sin embargo, el padre se mantuvo inflexible. Ryu no iría con Saotome bajo ningún concepto. Entonces el adolescente, empecinado en hacer su voluntad, perdió la paciencia. Le gritó a su padre que no tenía derecho a escoger el destino de su vida. Ryu le comunicó que, con o sin su aprobación, con o sin él, se marcharía al día siguiente.

Ese día de Navidad amaneció súper frío, ventoso y con nieve. Ryu salió de su casa muy temprano de mañana, con la promesa de la vida de un famoso artista marcial ante él, había tomado los pocos ahorros que tenía para enfrentar el primer día de su nueva vida. Durante gran parte del camino Ryu estuvo mirando sobre su hombro, esperando ver a su padre tras él, pero eso no sucedió. Cuando llegó a la terminal para tomar el autobús con destino a Sapporo, aún mientras compraba su boleto, cuando hacía fila para abordar y cuando se sentó y miró por la ventana, esperaba ver a su padre. Pero no sucedió.

El viaje fue toda una osadía, se dio cuenta que sus pequeños ahorros no alcanzarían para viajar en autobús, ni mucho menos en avión. Así que se dedicó a hacer autostop, llegó a la ciudad, casi dos días después. Adolorido de cruzar casi medio país sentado o mal acomodado y haber dormido mal, observó aturdido el mar de gente, el ruido, los colores neón, los olores. Aquello le gustó.

Todo rastro de remordimiento por haber abandonado su casa se disipaba un poco más cada que daba un paso. Afortunadamente, el dojo Saotome era muy famoso y pudo dar con él cuando el dinero estaba a punto de agotársele. Nunca habría creído que todo ese dinero que logró juntar desde los doce años serviría para poder sobrevivir solo tres días en la ciudad.

Genma Saotome lo recibió con entusiasmo, aunque un poco sorprendido de verlo allí. Ryu mintió diciendo que su padre lo había enviado. Si Genma Saotome sospechó algo, nunca lo dijo. El muchacho estuvo temeroso de que su padre se apareciera cualquier día de esos y lo llevara a rastras a la vida aburrida y monótona de la que había escapado. Eso nunca pasó. Su padre nunca fue por él. Nunca habló, y nunca escribió.

Ryu se sintió molesto y aliviado a partes iguales. Después de todo aquello era lo que quería, ¿no es cierto?

Los años pasaron y Ryu se convirtió en uno de los mejores alumnos del dojo Saotome. Pero su temperamento no mejoró esos años, la molestia y frustración poco a poco empezó a amargarle la vida. Se convirtió en un gigantón enojado consigo mismo, y con el recuerdo de su padre que nunca más volvió a interesarse por él.

Por eso odiaba la Navidad. Para él era el recuerdo del padre que lo abandonó.

Ryu caminaba errático, totalmente empapado, con su mente dando vueltas. Recordaba aquella caminata el día de Navidad, lo solo que se sintió y lo solo que se sentía ahora. También pensaba en el torneo en América en el que tendría que estar participando en ese momento.

Él pudo haber participado, pero en las preliminares lo habían descalificado por conducta innecesariamente violenta.

¡Conducta violenta mis huevos! Pensó Ryu pateando un bote de basura con rabia.

Ese torneo era el torneo, el torneo que finalmente lo catapultaría a las glorias. Mujeres a montón, bebida a montón, dinero a montón. En su lugar había ido el estúpido de Saotome y Ryu no podía con aquello. Por eso llevaba bebiendo desde hacía tres días al hilo.

Llegó a su departamento, después de pelear quince minutos con la cerradura de la puerta, entró y se fue directo a la ducha. Se metió a la tina, dispuesto a darse un baño. El olor de algo podrido y nauseabundo lo despertó al día siguiente. Sin saber cómo, se había quedado dormido sobre la bañera.

Se desvistió sintiendo la cabeza el triple de su tamaño, la ropa estaba hecha un asco y la tiró a la basura. Se puso sus pantalones cargo de estampado militar favoritos, una cazadora oscura encima de una camiseta sin mangas negra, y con la mochila al hombro estaba a punto de salir al dojo cuando se dio cuenta que su teléfono estaba descargado. Decidió dejarlo así, no quería que Genma lo llamara a media noche para gritarle por qué no había ido al dojo estos días. Estaba seguro que ya se había enterado.

Iba caminando a paso lento, con cara de pocos amigos por el dolor de cabeza cuando casi choca con una mujer que dio la vuelta al mismo tiempo que él en una esquina. Ella iba distraída observando atentamente un papel que tenía en las manos. Apenada por su torpeza, la chica musitó unas apagadas disculpas y se quitó de su camino rápidamente antes de que Ryu pudiera hacer otra cosa.

Volteó el rostro para observarla, la chica siguió observando el papel y los nombres de las calles repetidamente, como si estuviera perdida. Por un momento pensó en ayudarla, pero luego se dijo que él no era un maldito samaritano. Esperando la luz del semáforo para que pudiera pasar la calle, aprovechó para mirarla nuevamente. Tenía el pelo corto, la luz del sol le daba unos tenues reflejos azules, cintura de avispa que terminaba en unas caderas anchas y féminas, su vista bajó de inmediato observando su redondo y respingado trasero, justo como le gustaban. Siguió admirando aquel cuerpo con descaro. La corta falda que usaba dejaba ver sus piernas que se veían fuertes y torneadas, como si fuera deportista. En otra ocasión él hubiera aprovechado la oportunidad para abordarla. Él tenía mucha suerte con las mujeres, pues muchas se sentían atraídas por su facha de chico malo y a casi todas lograba llevárselas a la cama. Sin embargo, el fuerte dolor de cabeza le recordó que cualquier movimiento vigoroso sería una tortura para él. Tras una última mirada a las tetas de la mujer, que ya estaba pidiendo ayuda a alguien que pasaba por ahí, siguió su camino al dojo.

—¿Pufff, alguien te ha dicho que apestas a licor? — le dijo una voz apenas había pasado la puerta del vestidor, pocos minutos después— licor barato, por cierto.

—No me toques los huevos, Daisuke, no estoy humor —respondió apático.

Un rostro alegre, tan alegre que le dieron ganas de darle un puñetazo se puso en su campo de visión.

—Wow—dijo moviendo los ojos, revisando cada parte de su cara, analizando todo el daño que parecía haber recibido.

—¡Quítate de mí vista, maricón de mierda! —gritó, pero enseguida se arrepintió, su voz había reverberado por todos los rincones de su cabeza como una maldita ópera.

—¿Te peleaste con todos en el bar anoche? Este es ¿que?, ¿el tercero al hilo?

Ryu se quitó la camisa y sacó el dogui de su mochila y comenzó a ponérselo sin hacerle caso.

—No pensamos que vendrías hoy, los chicos hicimos apuestas. La mayoría pensó que llamarías para sacarte de la cárcel. Me has hecho perder quinientos yenes.

—Ajá —respondió Ryu, con el martilleó de la cabeza en su máximo apogeo. No necesitaba saber que un grupo de idiotas estaba haciendo apuestas sobre su vida a su espalda.

—Te los cobraré más adelante, no lo dudes— le replicó Daisuke sin perder su buen humor, siguiendo a Ryu hacia la puerta, éste, por toda respuesta, se volteó y le enseñó el dedo medio. Daisuke se rió con ganas y Ryu maldijo a toda su futura descendencia.

Se dirigió hacia la pequeña cocina en la que había garrafones con agua, una pequeña nevera y un kit de primeros auxilios. Tomó el frasco de aspirinas y se echó unas cuantas pastillas a la mano y las tomó, así sin más.

Salió de nuevo y escuchó una voz que le pareció familiar en recepción, volteó curioso y, con cierta sorpresa, se dio cuenta que era la misma chica con la que casi había chocado antes. Estaba en recepción donde el imbécil de Daisuke la miraba con su sonrisa de casanova. A su vez, Ryu sonrió, disfrutando por anticipado el joderle la conquista, se acercó.

—¿Ranma Saotome? —escuchó que Daisuke decía.

—Sí —respondió la chica— Me dijeron que este es el dojo Saotome.

—Este es el dojo Saotome —dijo Ryu llegando junto a ella, observó de reojo como Daisuke se ponía rojo de inmediato, todo mundo sabía que no había mujer que se resistiera a Ryu. La chica volteó hacia él y lo miró abriendo mucho los ojos, olvidándose por completo del otro pobre joven. La expresión desolada de Daisuke fue una infusión de energía para Ryu y lo observó abiertamente sonriéndole casi malignamente. Derrotado, Daisuke salió de recepción.

—Tu eres…—dijo la chica mirándolo intensamente, tanto que Ryu se sintió incómodo, por un momento temió que aquella fuera una de tantas mujeres locas que se solía topar— Soy Tendo, Tendo Akane —dijo ella, como si con solo decir su nombre fuera una revelación.

—¿Ok? —dijo Ryu mirando a la joven. Antes no se había fijado en su cara, era bonita, bastante bonita, tenía que reconocerlo. Pero no era su tipo. Normalmente el no ligaría a una mujer como ella, que parecía dulce, tierna, casi angelical. Puaj, aquellas chicas siempre querían ser tratadas como princesas y eso al no le iba. Ese era más al estilo del teto de Saotome, pensó. La chica se acercó un poco más a él y le sorprendió lo alta que era, mucho más que la mayoría de las mujeres en Japón, mediría tal vez un metro con setenta centímetros. Se dedicó a observarla, la forma de sus ojos, café oscuro, la manera en que movía los labios; bajó de nuevo los ojos hacia sus pechos, y volvió a pensar que no eran tan grandes, pero maldición, esa cinturita, esas caderas y esas piernas que enredadas alrededor de él se verían aún mejor. Princesa o no, esa chica sí que tenía un cuerpo bastante pecaminoso. Fue entonces que se dio cuenta que la chica estaba hablando, y el movía su cabeza en forma afirmativa pero no por lo que ella decía, sino por la aprobación que le daba a su cuerpo.

—…que no me reconozcas, después de todo solo nos hemos visto una vez cuando éramos niños.

—Espera, ¿qué? —preguntó confundido, ¿se conocían? Ryu hizo memoria tratando de recordar a todas las chicas que había conocido allá en su pueblo, pero ningún rostro le sonaba.

—¡No, no importa! ¡De verdad que no importa, sabía que no había modo de que me reconocieras! De hecho, pensé en no decir nada para no incomodarte, pero la verdad es que estoy un poco nerviosa, y — la chica cerró fuerte los labios, casi obligándose a dejar de hablar —… no importa. Por cierto, perdona lo de hace rato por ir distraída, casi choco contigo, Ranma.

Ryu, que registró la mitad de lo que salió de sus labios, escuchó lo último, acaso lo llamó…

—¿Ranma?

Akane se puso roja y escondió la cara en las manos. Después hizo varias reverencias hacia él.

—¡Disculpa, disculpa mi atrevimiento! Debí preguntarte si podía llamarte así, de niños nos llamábamos por nuestro nombre y pensé, ¡oh, dios, soy tan torpe!

—¡Para, para! —dijo Ryu tomándola por los hombros, azorado por que la chica no paraba de hacer reverencias. Muchos alumnos que se encontraban entrenando a esa hora comenzaron a mirar hacia donde estaban ellos. La tomó de los hombros y prácticamente la empujó hacia la primera puerta que encontró y resultó ser la pequeña cocina. Si para una persona era estrecha, con dos adentro era imposible moverse sin evitar rozarse. Ryu cerró la puerta tras de él, mientras Akane se dio cuenta de lo cerca que estaba de él. Lo miró de reojo y no pudo evitar sonrojarse levemente. Se alejó un par de pasos.

Mientras el que creía que era Ranma cerraba la puerta aprovechó para mirarlo. Ciertamente lo recordaba un poco diferente, había jurado que Ranma tenía ojos azules, tal vez era recuerdo de su enamoramiento de la niñez. También recordaba que Ranma usaba una pequeña coleta. Por alguna razón había pensado que el Ranma adulto la usaría también.

Ryu se dio la vuelta, la chica lo observaba con ojos tan brillantes, que le quitaron el habla momentáneamente. Se dio cuenta que sus ojos no eran totalmente oscuros, tenían unas vetas curiosas de dorado, le recordaron los ojos de un perro.

Él no era un tipo romántico ni detallista, que se fijara en cosas como la piel, los ojos y que los comparara con diamantes, estrellas o idioteces de ese tipo. Él era más bien básico: un hombre de nalgas. Y esta chica que tenía enfrente de él, ciertamente era una mujer con un buen trasero.

—Escucha — le dijo ya un poco harto de la situación, el dolor de cabeza rampante comenzaba a ponerlo de malas. Las pastillas claramente no habían ayudado en nada —, estás confundida, yo no…

—Oh, no, no —dijo Akane interrumpiéndolo —. Éramos muy niños, lo más probable es que no te acuerdes de mí. Lamento haber venido, es que sorprendentemente no hay muchas fotos de ti. Encontré un par donde estas con otro chico, pero mi editor ha pensado que podríamos hacerte una sesión de fotos para acompañar el artículo.

—¿Artículo? —atinó a decir Ryu, confundiéndose cada vez más.

En ese momento tocaron a la puerta y Akane se apresuró a abrir. Unos chicos se asomaron, uno de ellos sangraba de un corte en la ceja izquierda y necesitaban entrar por el botiquín.

Akane salió rápidamente bajo la curiosa mirada que le dieron los chicos y luego observaron a Ryu. Uno de ellos sonrió, y el que llevaba la ceja rota levantó el pulgar en señal de aprobación y camaradería masculina.

Ryu hizo una mueca de fastidio y salió tras Akane, dispuesto a terminar de una vez por todas con ese sinsentido.

—¡Escucha…! —intentó por segunda vez, subiendo la voz.

—Lamento haber venido de esta forma sin avisar, Ranma, perdóname —volvió a interrumpirlo la chica —. Tienes razón en estar molesto y puedo entender si quieres cancelar la entrevista. Sin embargo, espero que puedas darme una oportunidad. A los lectores de nuestra revista les encantará leer sobre el dojo Saotome y sus campeones.

—Oye no, pero...

—Puedes pensarlo un par de días. Te dejo mi tarjeta —La chica le extendió un papelito cuadrado y Ryu extendió la mano mecánicamente —¡De nuevo lo siento mucho!

Y luego, tras una rápida y torpe reverencia aquella chica salió, así como había entrado. Ryu se quedó un momento con la mano extendida sosteniendo la tarjeta preguntándose qué rayos había pasado.

Luego reaccionó.

—¡Que idiotez! —masculló y se acercó al bote de basura y echó la tarjetita sin más.

El resto del día se olvidó de aquella chica, y desplegó su frustración y mal humor sobre los alumnos del dojo. Cuando hubo un descanso entre clase y clase se acercó a la cocina por un poco de agua y más analgésicos, su vista vagó mientras tomaba el agua y observó el bote de basura donde había arrojado la tarjetita, por pura curiosidad se acercó y se dio cuenta que el bote estaba limpio. Se subió de hombros mientras se decía que era mejor así.

Las clases de la tarde terminaron y Ryu se fue directo a su casa. En el camino pasó a comprar unas bolas de arroz. El dolor de cabeza había bajado considerablemente, ahora solo era una pequeña molestia en la parte de atrás de su cráneo, si lograba distraerse con algo el dolor desaparecía. Sin embargo, las luces de la ciudad y la música estridente de Navidad, lo pusieron de malas. ¿Cómo podía la gente enloquecer de esa manera, con una celebración tan tonta?, pensó viendo con desprecio a un grupo de adolescentes que iban vestidos de elfos, tan alegres y risueños que Ryu tuvo ganas de darles una paliza. Se echó la última bola de arroz a la boca casi completa y escondió las manos en las bolsas de su abrigo y bajó los ojos, no quería ver más. Poco a poco el ruido del centro de la ciudad fue bajando mientras se acercaba a la zona suburbana. Aun así, algunas casas y edificios tenían adornos navideños, pero eran los menos.

Entró a su departamento y fue directamente al refrigerador donde sacó un six de cerveza que se bebió en la primera media hora de un tonto programa de televisión. Aquella cantidad de alcohol solo era suficiente para marearlo un poco, estuvo tentado a salir nuevamente a un bar, pero cuando estaba tomando sus llaves se fijó que había empezado a nevar nuevamente. Hizo una mueca de disgusto, odiaba la nieve sucia. Al parecer este año iba a ser un invierno helado en Tokyo. No quería regresar de nuevo mojado y con frío como la noche pasada. Solo bajó al combini que había en la parte de abajo de su edificio y se compró dos six más.

Al día siguiente lo despertó el ruido de las latas de cerveza cayendo alrededor de él. Se levantó entre maldiciones. Buscó algo de desayunar, pero no tenía ni un mendrugo de pan, compraría un café o té camino al dojo. Cuando estaba por salir de su departamento, nuevamente mochila al hombro, vio el celular y lo prendió. Al instante le saltaron docenas de notificaciones, muchas llamadas perdidas de Genma y algunas de Ranma. Bufó sabiendo que tarde o temprano tendría que responderles. Dejó el celular dentro de la mochila y salió nuevamente al dojo.

Parecía que el dolor de cabeza ya estaba de visita permanente en su cabeza, por eso entró a un local que solo vendía pastel de queso japonés y café a unas cuantas calles del dojo, pidió su café, negro sin azúcar por supuesto, y una rebanada de pastel cuando escuchó una alegre voz a su derecha.

—Creo que me estás siguiendo.

Akane lo observaba risueña, sentada en la mesa más cerca de él. Tenía un café latte y una dona azucarada a medio comer. Su primer pensamiento fue de dónde había sacado esa dona si solo vendían pasteles de queso, pero luego la dona pasó a segundo término y alzó una ceja observándola atentamente. Llevaba un suéter negro cuello de tortuga y una pequeña falda rosa que se le subía a medio muslo. Ryu lamentó que llevara mallas negras térmicas debajo de la falda, aunque la chica le resultara un incordio le hubiera caído bien mirar de nuevo aquellas piernas.

Akane se dio cuenta de la intensidad de la mirada de Ryu y bajó la vista con una leve sonrisa tímida.

—¿Quieres sentarte? —dijo señalando la silla vacía frente a ella.

Ryu percibió que aquello era una invitación para algo más, sentía una fuerte atracción sexual por aquella chica, pero le seguía pareciendo demasiado peculiar para él. Tal vez era del tipo que se enamora a primera vista y él no quería lidiar con eso. Era una lástima desperdiciar ese cuerpo, pensó suspirando.

—Tengo que irme —respondió de manera seca, pero luego añadió—Tengo clase.

—Ah, claro, por supuesto —contestó Akane un poco turbada—Lo siento, lo sé. Otro día será entonces.

Ryu le dio una breve inclinación de cabeza a modo de despedida.

—Adiós, Ranma —Ryu estuvo a punto de decirle que él no era Ranma pero se encogió de hombros. Daba igual. Lo más seguro es que no volviera a tratar con ella.

El día transcurrió entre patadas y puñetazos. Ese día las clases terminaban temprano, a las siete ya habían despedido a los últimos alumnos. Estaba en el vestidor recién bañado, terminando de cambiarse, listo para irse cuando Daisuke asomó medio cuerpo.

—Teléfono, Ryu — le indicó con una sonrisa maliciosa.

Ryu lo siguió a la recepción donde le tendió el teléfono.

—Diga.

—¡Tienes idea de cuantas veces he tratado de llamarte a tu celular!—vociferó Genma al teléfono ni bien había terminado de hablar —¡He tenido que despertarme a las cinco de la mañana para que me tomes una jodida llamada!

—He estado ocupado.

—¡Ya me imagino! Más te vale no estar apestando a alcohol cuando llegue. ¡Vas a tener el peor entrenamiento de tu vida por haberte perdido este torneo, muchacho! ¡Y tomarás ese curso de control de ira de mierda! —Genma vocifero al teléfono, Ryu estaba seguro que medio hotel ya se había despertado a causa de sus gritos.

—Ya.

—¡Lo digo en serio! — luego carraspeó —De cualquier manera, no hablaba para eso.

—¿No?

—¡No! —volvió a levantar la voz, parecía que las madrugadas no era su mejor momento—Estos días va a ir una reportera de la Black Belt Magazine Japan, teníamos una entrevista con ella estos días, pero el maestro se metió en problemas y lo tienen preso, saldrá en unos días, pero tenemos que quedarnos aquí hasta que todo se aclare.

Ryu subió los ojos al cielo. Cuando no. Happosai era un viejo rabo verde pervertido, que se aprovechaba de su condición de anciano para hacer de las suyas. Era un viejo asqueroso.

—¿Y qué quieres que haga?

—Que le des tiempo a Ranma para llegar a la entrevista, necesitamos esa publicidad gratis, muchacho. Sé de buena fuente que, si Ranma no está disponible para su entrevista, lo harán los del dojo Hibiki, ¡no podemos permitir que esos cerdos se aprovechen aún más! ¡Es demasiado importante chico! ¡Empieza por hablarle de la historia de nuestro dojo y las medallas que tenemos, no lo sé! ¡Pero hazla que se interese!

Ryu se quedó un momento pensativo y su vista vagó hasta el bote de basura donde había arrojado la tarjeta de esa mujer. Se maldijo.

—¿Conocen a esa reportera?

Genma suspiró pesadamente al teléfono.

—Es…una larga historia.

Ryu alzó las cejas, entonces era cierto que se conocían de niños.

—Haré lo que pueda.

—¡No, no vas a hacer lo que puedas, vas a hacer las cosas bien y punto!

Ryu colgó el teléfono con más fuerza de la necesaria.

—¿Malas noticias? — preguntó malicioso Daisuke que no se había perdido detalle de la conversación.

Ryu no contestó y le enseñó el dedo de en medio y salió. Se dirigió al callejón donde estaba el contenedor de la basura, pero estaba casi vacío. El camión había pasado hacía poco.

—¡Maldita mierda! —masculló por lo bajo. Maldijo a Genma, maldijo a Ranma y maldijo a aquella chica por complicarle la vida.

—Dame tu jodido celular —ordenó a Daisuke cuando regresó al dojo, este lo revisaba en ese momento, alzó la vista, observó la mano extendida de Ryu y luego su rostro se descompuso en una mueca de absoluta incredulidad y horror.

—El celular es algo personal e intransferible, ¡por el bien de nuestra amistad no vuelvas a pedirme eso nuevamente! — se llevó el celular al pecho, como si lo protegiera y salió casi corriendo del lugar.

Ryu lo observó desaparecer y pateó el bote de basura que estaba por allí, totalmente fuera de sí. Odiaba cuando las cosas no salían como él quería.

Luego miró la mesa de centro de la recepción y se acordó que Genma tenía suscripción a la revista y rebuscó entre las cosas un número atrasado de la Black Belt Magazine Japan, sabía que tenían unos por allí, por fin encontró un número atrasado de un par de años y marcó desde el teléfono de la recepción a uno de los números que venían. Observó el reloj, ya eran las ocho de la noche, esperaba que alguien le contestara. Por fortuna si le respondió alguien, pero no le quisieron dar el teléfono de Akane, era política de la empresa para proteger a sus reporteros de acoso. Colgó el teléfono con fuerza.

Salió azotando la puerta y caminó a paso rápido, se encaminó a la cafetería en la que la había visto por la mañana. No perdía nada, además de que fue lo único que se le ocurrió. El cafecito estaba lleno de turistas y comensales, estiró el cuello, pero no vio rastro de ella por ningún lugar. Se metió entre empujones y codazos, algunas personas se quejaron, algunos otros quisieron reclamar, pero al alzar la vista y ver aquel gigantón musculoso optaron por no decir nada. Llegó al mostrador y llamó la atención de unos de los trabajadores ganándose de nuevo miradas reprobatorias, pero a él no le importó. Preguntó por la chica que había estado comiendo donas, pero nadie supo decirle nada. Frustrado salió nuevamente, pero esta vez, todos se hicieron a un lado para dejarlo pasar. Caminó sin rumbo fijo cerca de una hora, luego empezó a nevar. Ryu maldijo su mala suerte y subió la vista, estaba frente a un bar, se subió de hombros y se metió sin más. Se dedicó las siguientes dos horas a embriagarse. Cuando salió, nevaba todavía y el frío le caló los huesos. Por un momento no supo dónde estaba así que comenzó a caminar sin rumbo, dando tras pies de vez en cuando, en una esquina vomitó.

Llegó por fin a una zona que reconoció, el frío y haber vomitado le había ayudado a aclarar su mente. Estaba dando vuelta por una esquina para llegar a una avenida principal cuando observó un par de sujetos que pasaron junto a él de manera sospechosa. Algo dentro de él, que se parecía mucho a la voz de su papá, lo obligó a no quitarles la vista de encima, se dio cuenta que estaban siguiendo a una figura menuda que caminaba confiada al otro lado de la calle solitaria, sin darse cuenta del peligro que corría. Seguro que era una chica.

Sin pensarlo, Ryu giró sobre sus talones y comenzó a seguir a los sujetos que, a su vez pendientes de la chica como estaban, no se percataron que Ryu iba tras ellos. Llegó justo a tiempo cuando uno de ellos alargaba la mano y tomaba a la chica del brazo obligándola a darse la vuelta, la chica gritó por la sorpresa y comenzaron a jalonearla. Uno de ellos se colocó detrás de ella inmediatamente y le tapó la boca con la mano, como si hubieran hecho aquellos muchas veces más.

—Vamos preciosa, no hagas más difícil esto —escuchó a un sujeto decirle a la mujer, mientras la amenazaba mostrándole una navaja vieja.

—Hey —Ryu llamó la atención de los hombres, ambos voltearon, lo observaron unos segundos con una expresión estúpida en su rostro. Los dos tenían los ojos inyectados en sangre, claramente estaban drogados. El que tenía la navaja reaccionó primero y mal, pues se fue hacia él con el arma por delante, buscando hacerle daño.

—¡Piérdete, imbécil!

Fue lo último que dijo con sus dientes completos. Ryu esquivó sin problemas el navajazo y lanzó un jab a su mandíbula tan potente que el hombre cayó mientras dos de sus dientes volaban a su lado.

El hombre que tenía a la chica sujeta, observó a su compañero caer y sacó una pistola que tenía escondida entre sus ropas.

—¡Vas a morir pedazo de mierda! — sentenció.

Sin embargo, la chica hizo un movimiento habilidoso y estudiado, se zafó del agarre del hombre, haciendo que la atención del drogadicto se dividiera entre los dos, luego ella alzó el brazo y de un movimiento magistral impactó el codo en plena nariz del hombre quien aulló de dolor. Ryu observó todo esto estupefacto, debido a su postura, su pelo en la cara y la penumbra de la noche apenas contenida por las farolas de la calle, no la podía ver. Tan ensimismado estaba que no se dio cuenta que el primer hombre, el de la navaja, se estaba levantando ya, y de nuevo cargaba hacia él, esta vez Ryu no fue tan veloz y el hombre le hizo un corte en el brazo. Ryu apretó los dientes del dolor y de manera salvaje tomó al hombre de la cabeza, que lo veía con la boca sangrante, y lo estampó con un grito de furia en el poste que estaba a un lado, haciendo que perdiera irremediablemente el resto de sus dientes frontales. El hombre cayó casi sin sentido al suelo. Volteó hacia el otro sujeto y observó como la chica daba un tremendo salto, abría su compás en el aire y daba una fuerte, certera y rapidísima patada combinada, impactando su pie en el pecho y rostro del hombre, haciéndolo caer hacia atrás sin que este pudiera hacer nada por evitar la caída. Ryu estaba atónito. La chica cayó al suelo, Ryu la observó como si ella aterrizara en cámara lenta, de espaldas a él. Los dos drogadictos se arrastraban por el suelo entre gemidos, dejando nieve ensangrentada a su paso, alejándose de ellos. Cuando la chica volteó, Ryu quedó aún más anonadado. Era Akane. Ella lo observaba con una sonrisa alegre, como si nada hubiera pasado.

—Tú —balbuceó.

—¡Hola! —contestó acercándose a él, corriendo, saludándolo como si estuvieran en un parque a medio día.

Ryu nunca había conocido a una chica que supiera defenderse de esa manera y entendió que ella misma hubiera podido liberarse de aquellos dos hombres sin problemas, su ayuda no había sido necesaria, pero ella lo veía con ojos chispeantes y agradecidos, como si de verdad hubiera sido una damisela en peligro. La seguía mirando boquiabierto, entonces Akane se percató de la herida que tenía en el brazo.

—¡Te hirieron! —gritó llevándose las manos a la boca.

Ryu bajó la vista e hizo mueca de disgusto al ver la cortada en su cazadora favorita.

—No es nada —dijo, sin embargo, Akane lo tomó de la mano y lo arrastró, sin hacerle caso.

—Mi departamento está aquí cerca.

Akane caminó a paso rápido y Ryu la siguió sin rechistar.

Unos cuantos pasos más y llegaron a un edificio y entraron luego de que Akane ingresara un código rápidamente. Subieron un par de pisos y llegaron a una puerta. Akane sacó su llavero y Ryu observó que tenía varios colguijes en forma de dona. Seguía demasiado impresionado como para pasar por alto aquello que se le hacía muy infantil.

Akane lo hizo pasar y Ryu observó un departamento relativamente pequeño, que estaba bastante desordenado. Había cajas amontonadas por todas partes, a todas luces parecía que apenas se había mudado. Sin embargo, junto a la ventana en el lugar principal de atención se alzaba un pino de Navidad, profusamente adornado. Brillaba con luces alegres y esperanzadoras, incluso el desastre del cuarto en general parecía ser inmune a su alrededor. Ryu rodó los ojos y dejó de mirar el ofensivo arreglo. Akane desapareció por una pequeña puerta dejándolo en medio del caos sin saber muy bien que hacer. Observó la herida de nuevo, no era gran cosa. Incluso la sangre ya había dejado de brotar.

Akane reapareció con un enorme botiquín y lo llevó hasta un sillón, quitó un montón de revistas que tenía encima y le indicó que se sentara. Mientras la observaba, agradecía que por fin había tenido un poco de suerte al encontrarla. Había recibido un navajazo y se había echado a perder su cazadora favorita, pero por alguna razón, el haberla encontrado, hacía que se detalle no tuviera importancia. Nunca había hecho algo como eso, ayudar a su prójimo. A pesar de que su padre lo había educado bajo esos preceptos, él siempre había luchado por y para sí mismo.

Ryu sacudió la cabeza, lo más seguro es que estuviera muy borracho todavía.

Observó los dedos delgados y finos de Akane sobre su brazo, después de que lo obligara a quedarse en camiseta. Estudió su perfil, mientras ella analizaba y comenzaba a limpiar la herida, parecía una chica que no rompía un plato, pero aún tenía fresco en su memoria aquella patada y sus gráciles movimientos.

—Parece que sabes lo que haces.

Akane sonrió sin quitar la vista de la herida y el brazo de Ryu.

—Estoy acostumbrada, Tofú es doctor y estuve ayudándolo un tiempo en su clínica.

—No me refería a eso.

Akane subió esta vez la vista y lo miró con una interrogante en la cara, Ryu le devolvió la mirada y ella pareció entender lo que quería decir.

—Oh, te refieres a lo de hace un rato —dijo sin darle importancia, volviendo a su trabajo —Bueno, como sabes papá es artista marcial, se defenderme de sujetos como esos desde que tenía diez años.

—¿Por eso eres reportera de una revista de artes marciales?

—En realidad soy reportera deportiva. Este es mi primer trabajo, me acabo de graduar.

Ryu observó a su alrededor, entendiendo por que parecía que apenas se había mudado.

Akane seguía observando el brazo de Ryu con ojos clínico, había terminado de limpiar, pero ella tenía el ceño fruncido.

—Voy a tener que suturar, está un poco profunda y me temo que no va a poder cerrar sola —Akane abrió su maletín de nuevo y comenzó a trabajar rápidamente, sacando una aguja curva, y poniéndolo en alcohol que había puesto previamente en un recipiente.

—¿Sabes suturar? — preguntó Ryu con creciente interés. ¿Es que acaso esta chica sabía hacer de todo?

—Soy muy curiosa, y tengo un cuñado doctor, ¿recuerdas? —respondió colocándose un cubre bocas quirúrgico. Así que ese tal Tofú era su cuñado, entendió. De pronto quiso saber si tenía una sola hermana o tenía más parientes y quiso saber más del dojo de su padre. Era el momento ideal para decirle que lo había estado confundiendo todo este tiempo y que él no era Ranma.

—Tengo algo que decirte.

—No te preocupes, recuerdo que le tenías miedo a las agujas, pero te prometo que sé lo que hago.

—¡Yo no le tengo miedo a las agujas! — exclamó herido en su orgullo, Saotome sí que le tenía miedo a las agujas y a los gatos. Pero él no.

—¡Perfecto! —dijo Akane y sujetó su brazo con una fuerza que a Ryu le pareció monstruosa y antes de que él se diera cuenta le hundió la aguja en el brazo. Dio un ligero salto al sentir el dolor.

—¡No te muevas! Te pondría un poco de anestesia local, pero el frasco se me rompió en la mudanza —comentó haciendo un ligero mohín con la boca —Con el trabajo que me costó robarle ese frasco a Tofú.

—¿Lo robaste? —exclamó Ryu, observándola como si fuera una delincuente. Akane, por toda respuesta lo miró y le guiño el ojo, traviesa, y volvió a hundir la aguja. Ryu hizo el rostro a un lado y apretó la mandíbula, dispuesto a no dejar escapar ni un solo sonido de dolor.

A Ryu le habían hecho muchas suturas a lo largo de su vida, incluso de heridas mucho más graves, pero esta se le antojó la peor. La chica que tenía delante de él cosiéndolo como si fuera un carnicero, sin anestesia ni cuidado alguno, era una bruta. ¿Cómo podía una simple mujer ser tantas cosas al mismo tiempo?

Tener un cuerpo de tentación, aparentar ser linda y femenina, pero pelear como una profesional, robar medicamentos controlados y suturar heridas como una bárbara. Además de ser amante de las donas. Observó una fotografía en blanco y negro enmarcada de una dona sostenida por una mano, del pan escurría el glaseado blanco, goteando. Él sabía que esa imagen era de un gif que se usaba para connotar un mensaje erótico. Y ella lo tenía enmarcado como si fuera una jodida fotografía artística. Escuchó la risita de Akane y la miró.

—Fue un regalo de mi mejor amiga, es una historia muy divertida— explicó mientras seguía cosiendo su carne con aquel instrumento de tortura. Él no había tenido miedo de las agujas hasta ahora —Tal vez un día te la cuente.

Ryu no contestó. Observó cómo Akane movía de forma diestra el instrumento con el que sostenía la aguja y daba vueltas al hilo para hacer los pequeños nudos. La observó de nuevo y ella alzó los ojos hacia él, deteniendo lo que estaba haciendo. Lo observó casi sin parpadear y Ryu comenzó a ponerse nervioso de solo ver aquellos gigantes ojos.

—¡Qué! —preguntó cuándo ya no pudo soportar ese escrutinio.

—Muchas gracias —dijo ella de pronto, descolocándolo.

—¿Porqué?

—Por haberme ayudado.

Ryu chasqueó la lengua, entendiendo a qué se refería y rompió el contacto visual.

—No sabía que eras tú, si eso quieres decir. Además, no me necesitabas, tú sola podías haber salido del problema.

—Pero aun así me ayudaste, aunque no sabías que era yo. Eres una buena persona.

—No lo soy.

—¡Claro que sí lo eres! ¡Ay, disculpa! —Exclamó cuando por su vehemencia había jalado el hilo con más fuerza de la necesaria haciendo que Ryu se tensara del dolor —Eres del tipo callado, y que va por la vida gruñéndole a la gente. Pero estoy segura que es una fachada. Es curioso…

—¿Qué?

Akane volvió a su labor, negando con la cabeza. Poniendo toda su atención en terminar de coser esa herida.

—Mi padre me enseñó que las artes marciales son para ayudar gente —dijo Ryu pensativo, poco después. Akane ya estaba terminando.

—Lo son —contestó contenta — Me alegra que pienses así.

Ryu no respondió, él no pensaba así, pero por alguna razón, no quiso contradecirla. Casi de inmediato entendió que le había dado vergüenza sacarla de su error y decirle que él no era ese tipo de persona que ayuda a los demás.

Akane cortó el hilo de forma cuidadosa. Ryu observó la herida suturada, habían sido cerca de cinco puntos. Ahora esa parte de su brazo se alzaba de forma irregular. Ryu supo que le quedaría una cicatriz de esas bultosas el resto de su vida. Sin embargo, ella con aspecto satisfecho, colocó una gasa encima para protegerla, se quitó el cubre bocas y observó contenta el resultado. A Ryu le pareció que aquello había sido como un juego para ella. Tuvo la idea que iba por el mundo divirtiéndose mal cosiendo gente y aquel pensamiento le dio un poco de buen humor.

—Gracias.

Akane sonrió y se observaron por unos instantes. Si estaba buscando un momento para decirle que él no era Ranma, no había mejor momento que ese. Pero ella lo observaba con esa mirada tan grande y transparente. Nuevamente le pareció que estaba mirando a un cachorrito. ¿Cachorrito? Se maldijo por haber pensado en diminutivo aquella palabra. Abrió la boca para decir aquellas palabras, pero por alguna razón se negaron a salir. ¿Cómo reaccionaría Akane?

¿Le daría patadas hasta que muriera? ¿Le gritaría o lloraría por haberla engañado, aunque ella era la que había causado esa confusión? ¿le cosería la boca? Había invitado a un extraño que solo había visto un par de veces a su departamento, si aquello no lo hacía que lo matara a golpes no sabía que lo haría.

Tenía que salir de aquel lugar.

—Es tarde —dijo Ryu parándose y tomando su cazadora —Tengo que irme.

—Oh, claro —contestó ella levantándose también, a Ryu le pareció que se veía un poquito desilusionada.

Caminó con zancadas grandes hacia la puerta y la abrió, estaba por salir cuando se detuvo dudando un poco y volteó hacia dentro.

—¿Te gustaría ir al dojo mañana para que veas una clase? —Akane abrió los ojos un poco al escucharlo y Ryu se apresuró a añadir: — Ya sabes, para el reportaje.

—Oh, seguro, ¿a qué hora?

—¿A las ocho de la mañana te parece bien? Es la clase de los estudiantes avanzados.

—Perfecto.

Volvió a darse la vuelta para salir, pero se detuvo por segunda vez. La observó un par de segundos más y habló atropelladamente.

—Ve con más cuidado por la calle.

Akane sonrió lentamente y pasó las manos detrás de ella mientras asentía con la cabeza de manera adorable.

Ryu cerró la puerta tras él.


*o0o*


—Bueno, si esto no es un maldito milagro de Navidad, no sé qué es —dijo Daisuke observando a Ryu que ya se encontraba en el dojo practicando una kata, había llegado desde las siete de la mañana.

Ryu no hizo caso y terminó el movimiento que estaba haciendo, después saludó hacia el altar y tomó su botella y toalla facial y salió hacia recepción.

—Hoy daré yo la clase.

—Sospechoso —dijo Daisuke entrecerrando los ojos. Ryu lo ignoró nuevamente. Afortunadamente poco a poco empezaron a llegar los alumnos que se miraron unos a otros, también extrañados al darse cuenta quien impartiría la sesión de ese día.

Ryu empezó con un calentamiento fuerte. Mientras caminaba entre ellos observándolos, volteaba hacia la puerta esperando ver entrar a Akane. Daisuke se dio cuenta, obviamente y cuando vio entrar a Akane pasados quince minutos, observó que Ryu sacó pecho y envaró su postura un poco más. Su voz la hizo más grave y pensó que aquello era un regalo de los dioses.

Akane sacó su cámara y Ryu se acercó a ella cuando dio unos momentos a la clase para tomar aire.

—¿Crees que pueda tomar unas fotos?

—Claro —dijo serio y grave, en su papel de sensei.

Akane anduvo entre ellos tomando fotos y notas. Ryu la observaba por el rabillo del ojo y no pudo evitar sonreír en una ocasión al verla tan seria escribiendo.

La clase acabó y Akane se acercó a él, exudando entusiasmo.

—¡Estuvo genial esa clase! Hubo un momento en que definitivamente quise entrar.

—Puedes entrar la próxima.

—Me encantaría y, ¿cómo está tu brazo?

—Bien, casi ya no me due…— comenzó a decir Ryu, pero en ese momento se acercó a ellos Daisuke y Ryu no pudo hacer nada para evitarlo.

—¡Hola! ¿Te acuerdas de mí? Soy Daisuke, el mejor amigo de Ryu.

—¡Hola! — contestó Akane y luego cayó en cuenta — ¿Quién es Ry..?

—Oye, ¿podemos hablar de la entrevista? —la interrumpió tomándola de los hombros y caminando con ella hacia la entrada, alejándola de Daisuke.

—Ah, sí claro. Por cierto, me preguntaba dónde está el tío Genma. Creí que lo vería hoy aquí para la entrevista.

—Él está de viaje, llegará mañana y precisamente de eso quería hablarte, ¿crees que la entrevista puede hacerse mañana por la tarde?

Akane lo miró mordiéndose el labio.

—No lo sé, es que mi editor quiere que saque esta nota lo más pronto posible, pasado mañana es Navidad y quiere que todo esté listo.

—Habla con él, por favor, ¿no te podrían servir esas fotografías mientras tanto?

—Pues es algo, pero…—Akane se mordió de nuevo los labios pensando —De acuerdo. Hablaré con él, mientras adelantaré otro artículo que tengo pendiente, pero no creo que pueda darles tiempo.

—Perfecto, hablaré entonces con el sensei Sao…con pa…pá.

—¡Genial! Bueno, tengo que volver al trabajo—contestó Akane y comenzó a caminar para salir. Ryu observó hacia atrás donde habían dejado a Daisuke, él hablaba con un alumno, pero miraba y caminaba hacia ellos. Ryu comenzó a ponerse nervioso, y caminó con más prisa hacia la puerta, casi empujando a Akane.

—Oye —dijo Akane de repente, deteniéndose en la entrada. Unos alumnos salieron y ella se hizo a un lado, luego lo miró—, ¿te gustaría ir a cenar al rato a mi casa?

—¿Qué? —Ryu miraba como Daisuke ya había dejado de hablar con el alumno y caminaba hacia ellos lleno de resolución.

Akane parpadeó, un poco confusa y se pasó un mechón de pelo tras la oreja.

—Cenar en mi casa. No soy la mejor chef, pero me defiendo un poco.

Daisuke se acercaba cada vez más

—Ah, claro, sí.

—¡Genial! —repitió —, ¿te parece bien a las ocho?

—Genial —dijo Ryu a su vez. Akane sonrió luminosamente y Ryu por primera vez pensó que era guapa, tan guapa que pensó que Ranma era un cabrón con suerte.

—¿Quién es Ryu? Ella iba a decir quién es Ryu, ¿no es cierto? — dijo Daisuke en cuanto llegó a su lado, los dos observaban como Akane caminaba por la calle perdiéndose entre la gente.

Ryu le gruño y le dio un leve empujón para separarlo de él.

—Metete en tus asuntos, Daisuke. ¡Y no andes diciendo que eres mi mejor amigo! ¡Qué clase de mierda sentimental es esa!

—No tiene por qué darte vergüenza. Hoy en día los hombres ya no tienen que aparentar ser duros y machos todo el tiempo. ¿No te llegó el memo?

Ryu masculló fuertes ofensas en voz lo suficientemente alta para que lo oyera. Caminó hacia la sala de espera en la que había mesas y máquinas expendedoras de dulces y galletas.

—No me hieren tus palabras, sé que son vacías y no las dices en serio, es obvio que, tras esa dura fachada de macho alfa, se esconde un sujeto que añora sentir un poco de amor.

—No digas idioteces—dijo metiendo una moneda a una máquina, sacando un Snickers al que le quitó la envoltura y se acabó media barra de una mordida. Se sentó en una de las mesas. Daisuke también se sentó junto a él.

—Cualquier otro día diría que tienes razón, que eres el epítome de la masculinidad y una montaña de testosterona andante, pero hoy me quedó claro que eso no es cierto. En realidad, eres un pequeño cachorrito que busca cariño.

—Vuelve a llamarme cachorrito, pedazo de idiota y te reviento toda la cara.

—¡Vi como la mirabas! ¡Y esas sonrisitas que intercambiaron! ¡Toda la clase lo vio! No me extrañaría que hicieran un chat exclusivo para hablar de ti.

—Tienen demasiada imaginación, todos ustedes, para la próxima les quitaré esa imaginación a base de flexiones, hasta que revienten.

—De acuerdo, niégalo. Pero sólo dime porque ella no sabe tu nombre.

Ryu lo miró con gesto adusto y se echó el resto de la barra a la boca.

—Ella cree que soy Ranma — masculló nuevamente.

Daisuke lo escuchó y conforme las palabras entraban a su entendimiento abría y abría más los ojos.

—¡¿Cree que eres Ranma?! —gritó levantándose de la silla.

—¡Cállate idiota! —lo jaló del dogui y lo volvió a sentar.

—Lo siento, pero ¿cómo pasó eso?

Ryu procedió de mala gana a contar cómo habían llegado a ese mal entendido. Él no era muy dado a hablar, así que a grandes rasgos le contó de todas las veces que se habían visto. Daisuke iba haciendo gestos conforme Ryu avanzaba en su relato, se levantó y comenzó a caminar por la sala.

Cuando Ryu finalmente terminó, Daisuke lo miraba con admiración.

—Esto es irreal, ¡irreal! ¡Ella tiene todas las características!

Ryu resopló pensando que parecían un par de mujeres hablando de sentimientos. Daisuke lo vio y se acercó a él.

—¡Acaso no lo ves? Ella es tu MPDG.

—¿Mi qué?

—"Manic Pixie Dream Girl"—explicó emocionado —Una criatura mágica, burbujeante, casi mítica que se cruza una vez en la vida de los hombres para enseñar a las jóvenes almas depresivas a abrazar la vida y sus infinitos misterios y aventuras —explicó como si estuviera leyendo la descripción en Wikipedia.

A veces se preguntaba porque era amigo de semejante pedazo de nerd sentimentalista. Ryu se recargó sobre la silla, cruzó los brazos sobre el pecho e hizo un manspreading glorioso.

—Eres el nerd más asqueroso de todos, sabes. Me das asco.

—Escucha, solo escucha —dijo el otro emocionado sin tomarse a pecho la ofensa — No todos los hombres tienen esta oportunidad. Solo unos cuantos elegidos son los que se cruzan con una MPDG.

—¿Si? —Ryu tomó un palillo y comenzó a hurgar en sus dientes un pedazo de almendra atorado.

—Agggghh ¿acaso no lo entiendes? ¡Eres uno de los elegidos! — exclamó Daisuke, con frustración. Ryu se encogió de hombros. —¡No sabes lo que daría por estar en tu lugar, maldito bastardo con suerte!

Ryu observó a Daisuke, viendo como hacía aspavientos con la mano mientras seguía hablando, pero él ya no lo escuchaba. No quería que el problema se hiciera más grande, ya se estaba arrepintiendo de haberle contado a ese inútil. Así que se estiró en la silla y pasó los brazos tras de la cabeza.

—Yo solo podría tirármela. No tiene mucha teta, pero esas nalgas y piernas lo compensan todo.

Daisuke dejó de hablar y lo miró con asco.

—Eres tan desagradable, ¿solo piensas en sexo?

—En que más, si no.

Rodó los ojos y negó con la cabeza.

—De todas maneras, en cuanto se entere que la has estado engañando todo este tiempo, no va a dejar que te acerques a ella ni a un metro.

Por más que Ryu despreciara todo lo que salía por la boca de Daisuke, sabía que esta vez tenía razón.

Tenía que dejar todo en claro de una vez por todas, aprovecharía la cena para hablar con ella y dejarle bien en claro que él no era Ranma y que todo era un tonto malentendido.

Genma habló un poco más tarde ese día. Nuevamente por culpa del maestro habían perdido su vuelo. La única opción que les quedaba era tomar uno con escala en Rusia. En lugar de ser un viaje de trece horas serian diecinueve, de otro modo tendrían que esperar dos días completos porque todos los vuelos a Tokyo estaba vendidos. El maestro era una persona de estatura pequeña, y cuando lo conocían, la gente no podía creer que había tanta maldad en alguien de ese tamaño y anciano. Ranma y Ryu habían hablado varias veces acerca de eso y creían que de alguna manera él viejo obtenía energía o vitalidad de las mujeres que tocaba o la ropa interior que robaba. Habían tenido muchos problemas por culpa del anciano, pero afortunadamente, la cultura general de respetar a los mayores, los había sacado de muchos de esos problemas. La realidad era que sólo estaban contando los días para que muriera y poder ser libres de su yugo de depravación. Mientras tanto, para poder salir de ese país sin más problemas, Genma y Ranma habían sedado al maestro y lo habían puesto en una caja transportadora de mascotas. Sería una locura de desfases de horarios, pero tenían que estar en el dojo a las dos de la tarde para la entrevista. Akane había hablado con Ryu y le había confirmado lo que Genma ya sabía, que si no hacía la entrevista al día siguiente se irían al dojo Hibiki. Genma vociferó y maldijo, pero se despidió pronto pues el avión estaba por ser abordado.

Ryu encargó la última clase del día a Daisuke. Quien se encontraba bastante desanimado tras la plática que habían tenido. Lo cierto es que Daisuke estaba bastante resentido de que Ryu tuviera esa oportunidad "única en la vida" y no él. Ryu volteó los ojos al cielo, le dijo que lo que le hacía falta era embriagarse de vez en cuando, y dejar de ver tantas películas de mujeres. Con un golpe en la mesa, lo señaló y le dijo que irían el fin de semana a un bar, disfrutarían de una buena cerveza y de una mujer real. Daisuke enrojeció al pensarse con alguien.

Ryu salió bastante complacido consigo mismo. Pensó en pasar por su departamento para cambiarse, se había duchado en el dojo, pero llevaba unos pantalones cargo y una sudadera negra. No era exactamente el modo de vestir para una cita. ¿Cita?

No, no, aquello no era una cita de ninguna manera. Es más, ni entraría al departamento.

Tocó la puerta del departamento con toda la convicción del mundo en él. Esperó unos instantes, después escuchó unas pisadas apresuradas y la puerta se abrió, Akane asomó la cabeza, tenía las mejillas rojas.

—¡Entra! ¡Se me pega la pasta! —y volvió a desaparecer.

Ryu se quedó en la puerta indeciso. Finalmente dio un paso y entró al departamento. Observó que en general estaba un poco más ordenado, pero seguía habiendo cajas de mudanzas por todas partes y los adornos navideños se habían multiplicado en el árbol y en el departamento. A Ryu le botó en la mente la palabra radioactivo para describir la decoración exagerada del árbol, parecía que cada rama tenía un adorno, todos distintos uno del otro y más exagerados. La televisión estaba puesta y Ryu reconoció el rostro del chiquillo ese que se había quedado sólo en su casa en Navidad.

Cerró la puerta. Bueno, su intención de no entrar al departamento se había ido ya. Pero diría lo que había venido a decir y se iría.

—Espero que te guste el espagueti —reapareció Akane trayendo consigo una enorme fuente repleta de espagueti con albóndigas —Cómo te decía la verdad es que no soy buena cocinera, antes sólo podía cocinar el curry, me la pasaba comiendo eso, pero ahora ya conseguí finalmente cocinar todo tipo de pasta y hacer unas albóndigas decentes. Mi próxima meta es el Pato a la Naranja.

—¿Es decir que antes comías sólo curry?

—Sí —contestó Akane sin dudar —es una suerte que sea mi comida favorita.

—Disculpa que venga así — se excusó para su sorpresa —la verdad es que acabo de salir del dojo.

—Oh, no hay ningún problema. Espero no te moleste comer frente al televisor, están pasando "Home Alone" y es mi película navideña favorita. ¿Sabes? siempre he querido decirle a alguien "Feliz navidad inmundo animal". Sírvete lo que gustes.

Akane acomodó la fuente y la salsa en el centro de la mesita y se sentó en el suelo frente al televisor. Ryu dudó, pero finalmente tomó asiento del otro lado. Aceptó el plato que Akane le tendía y se sirvió una porción de pasta.

—¿Y porque no lo has dicho?

—¿Qué cosa? —Akane le tendió el recipiente con la salsa.

—Decirle a alguien inmundo animal.

—Oh, mis hermanas no celebran la Navidad. Kasumi, mi hermana mayor es demasiado tradicionalista, igual que mi papá. A Nabiki le daría igual pero no le gusta decorar, ella es demasiado práctica y un poco fría. ¡Oh, mira, mira, es una de mis partes favoritas!

Ryu observó la televisión donde el niño se daba cuenta que estaba solo en aquella enorme casa.

—Recuerdo que tu mamá adornaba tan precioso su árbol de navidad —comentó Akane de pronto, observando su árbol, orgullosa —Es mi primer árbol, me he gastado la mitad de mi sueldo comprando adornos, creo que he exagerado un poco, ¿no?

—Pienso que te ha quedado muy bien —mintió descaradamente, no queriendo herir sus sentimientos.

Akane lo observó sonriendo agradecida. El rubor en sus mejillas por haber estado cocinando aún persistía y Ryu pensó por segunda vez que se veía muy linda, cuando se dio cuenta de aquel pensamiento volvió su vista hacia la televisión, de inmediato. ¡¿Qué demonios estaba haciendo?! Se supone que había venido a terminar con esta farsa de una vez por todas y en lugar de eso estaba comiendo pasta con albóndigas viendo Home Alone. Observó a Akane de reojo y la vio murmurando los diálogos, pero miraba la televisión como si fuera la primera vez que veía esa película. Muy a su pesar sonrió. De pronto recordó una noticia que había visto un día que hojeaba una revista. Lo recordaba porque en ese momento había detestado que una revista dirigida a hombres adultos sacara semejante artículo.

—Sabes que sacaran el remake el próximo año, ¿no?

Akane lo miró conmocionada, mientras sorbía el espagueti como una profesional.

—¡Lo sé! Tengo sentimientos encontrados, pero me reservaré mis opiniones para cuando la vea. No puedo esperar a que sea el próximo año—luego lo observó curiosa—. Me sorprende que sepas eso, no pareces un hombre que ame especialmente la navidad.

Ryu se encogió de hombros, siendo misterioso. No podía decirle que se había hecho una paja mientras observaba las tetas de la chica que estaba al otro lado de la página.

—No tengo nada contra la Navidad, sólo no es para mí.

—Creo que lo especial de la Navidad es que para todos significa algo diferente —contestó Akane volviendo a ver la televisión —por ejemplo, para Kevin significa que, a pesar de ser molestos, se da cuenta que él quiere y extraña a su familia.

Ryu observó la televisión, el niño estaba en plena faena de defender su casa del torpe par de invasores y pensó en su papá, tragó fuerte el nudo que se le había formado repentinamente en la garganta y parpadeó rápidamente para detener lo que sea que estuviera pasando en sus ojos.

—Yo también extrañaré a mi familia esta Navidad. Aunque a Kasumi no le gustaba, horneaba un pastel para comerlo esa noche sólo porque para mí era importante, Nabiki me daba un pequeño regalo y mi papá dejaba que viera películas navideñas ese día a pesar de que él las consideraba tontas y predecibles. Además—Akane se acercó hacia él y lo tomó de la mano. Ryu se echó un poco hacia atrás, sorprendido —…ahora también significará para mí que te encontré. Mi viejo amigo de la infancia, y estoy feliz por ello. Tal vez, todavía no encuentras lo que de verdad significa para ti. Pero lo encontrarás. Ya verás.

Permanecieron en silencio mientras terminaba la película y Kevin finalmente se reunía con su familia.

Akane tomó el control y apagó la tele, luego lo observó y Ryu le devolvió la mirada, entonces sorpresivamente, la chica lo besó.

Siendo un hombre increíblemente sexual como era él, necesitaba pocos estímulos para exaltar su lívido, por ello fue que al sentir los pechos de Akane sobre su torso se excitó de inmediato. Sus manos se movieron, la tomó de la cintura y la sentó en su regazo mientras seguían profundizando el beso. Akane sabía a jitomate y albahaca. Pasó las manos por toda su espalda hasta bajar a las nalgas y las apretó haciendo finalmente realidad su fantasía. Akane gimió al sentir el miembro erecto de Ryu y se despegó de él. Lo observó respirando agitadamente.

—Creo que debemos parar.

—¿Debemos?

Akane sonrió y se bajó de él, se ajustó la ropa discretamente. Ryu parpadeó cayendo en cuenta de lo que acababa de pasar. Observó el rubor de Akane, su mirada huidiza. Algo que había aprendido de ella es que no se quedaba callada, y aquel silencio le comenzó a crispar los nervios y entendió lo que estaba pasando. Esa chica se estaba enamorando de él y eso a él le estaba comenzando a gustar. Sintió que le empezaba a faltar el aire y se levantó.

—Creo que tengo que irme.

Akane asintió, serena y pensativa. El camino de la pequeña sala hacia la puerta se le antojó eterno, mientras sentía la mirada de la chica sobre su espalda.

—¿Te veo mañana para la entrevista?

—Claro, si, mañana —contestó Ryu, casi escapando del lugar.

Recordó la plática de Daisuke. ¿Podría ser que ese imbécil por fin hubiera dicho algo que tuviera sentido? Luego, de inmediato pensó de nuevo en su papá.

El camino de regreso lo ocupó para meditar largo y tendido.


*o0o*


—No puedo creer lo imbécil que eres. Akane te despellejará vivo, ya te lo digo —le dijo Daisuke al otro día.

—¡Cierra tu estúpida boca! —vociferó Ryu.

Las vacaciones de invierno habían comenzado y el dojo se encontraba vacío a esas horas. Ryu y Daisuke estaban con ropa de calle sentados en la recepción, esperando que llegaran todos para esa mentada entrevista.

—Tienes que saber que no me perderé, cuando finalmente le digas, que has dejado todo este tiempo que ella creyera que eras alguien que no eres.

—Que parte que no fue mi culpa no entiendes, pedazo de imbécil.

—Sí, sí sigue diciéndotelo a ti mismo. O mejor, díselo a ella.

Daisuke señaló con la cabeza hacia la puerta y observaron a Akane entrar. ¡Fuck! Pensó Ryu. Se adelantó hacia ella con pasos rápidos, ignorando la molesta risa de Daisuke.

No podía creer cómo había dejado que todo escalara de esta forma tan estúpida. Era tan ridícula la situación, que incluso daba risa. Akane tenía que ver también el lado gracioso de todo esto, ¿no? Cierto la había besado cuando ella pensaba que era alguien más. Lo había llevado a su departamento para curarlo cuando pensaba que era un viejo amigo de la infancia. Le había hecho fotos dejándola creer que estaba fotografiando a alguien más.

—Hola —la chica lo observaba serena, manteniendo a raya aquella chispeante energía que la caracterizaba. Ryu temió que algo iba mal. Es decir, iba peor.

—Escucha, antes que digas nada, he querido decirte esto desde la primera vez, hay un ligero malentendido…

Akane suspiró, bajó la vista.

—Lo sé.

Ryu parpadeó, desconcertado.

—¿Lo sabes?

—Sí. Me costó trabajo entenderlo, pero ahora finalmente sé perfectamente cuáles son mis sentimientos. ¿Puedo ser honesta contigo?

Ryu asintió.

—Todos estos días he estado pensando mucho en esto— continuó entonces Akane — y supongo que lo sabía desde el principio y había estado forzándome a sentir algo más, por aquel viejo recuerdo, pero simplemente no pude.

Ryu no podía creer su suerte. Akane había resultado ser una chica súper comprensiva. Pensaba que lo golpearía o incluso tal vez lloraría y tardaría años para que lo perdonara, pero nunca había esperado esta reacción. Aunque no estaba entendiendo la mitad de lo que decía, lo peor había pasado ya.

—Pienso que eres súper fuerte y musculoso y eso me gusta mucho. Eres muy guapo y vas con ese aire de chico malo que vuelve locas a todas las chicas. Les he enseñado tus fotos a mis compañeras de trabajo y todas se han vuelto locas por ti. Sin embargo…

—¿Sin embargo? —dijo Ryu, pensando que algo se le estaba escapando de la conversación.

—Después del beso de ayer, llegué a la conclusión de que no puede haber nada entre nosotros. Es decir, es obvio que entre los dos hay atracción sexual, pero no sentí algo más, lo que sentí cuando nos besamos por primera vez, ¿recuerdas? Lo que sea que hayamos tenido en ese momento de nuestras vidas, se acabó.

Ryu se quedó quieto en su lugar, observándola. Finalmente entendía a qué se refería. Le estaba dando calabazas por partida doble, a él siendo Ranma y su verdadero yo, siendo Ryu. Auch. Su ego resentido no podía creer que había malinterpretado todas las reacciones y señales de Akane. La chica se restregó las manos una con otra, nerviosa y continuó.

—Espero que no me odies y podamos ser buenos amigos como hemos sido hasta ahora. No me gustaría perder tu amistad.

—No soy Ranma —dijo Ryu finalmente, y se sintió mucho mejor de inmediato. Akane parpadeó y ladeó la cabeza, como si no lo hubiera escuchado correctamente.

—¿Qué?

—¡Que no soy Ranma!

Akane siguió parpadeando, sin entender lo que estaba pasando.

—¡Akane Tendo!

Ambos voltearon al oír la voz. Genma entraba por la puerta del dojo y la saludaba con el brazo en el aire, casi corriendo. Llegó junto a ellos un poco sudoroso. Llevaba el caro traje blanco extremadamente arrugado bajo el abrigo negro. Dejó caer las maletas ruidosamente y se inclinó poniendo las palmas de las manos sobre las rodillas, tomando aire.

—Menos mal que hemos llegado a tiempo. Espero que este bruto te haya tratado bien.

—¿Tío Genma? —musitó Akane.

—¿No me recuerdas? Bueno eras una niña la última vez que nos vimos, pero Ranma si te recuerda muy bien, está pagando el taxi, enseguida vendrá.

—¿Qué? ¿Ranma, pero? —Akane volteó a ver a Ryu, seguía sin entender todavía lo que pasaba, miró de nuevo a Genma que puso una expresión rara en el rostro, al ver la confusión de la chica.

—Hola Akane —escucharon decir, y detrás de Genma salió un chico alto, no tan alto como Ryu, y no tan musculoso, pero de intensos ojos azules, con pelo negro trenzado. Akane abrió los ojos sorprendida y lo miró como si alguien mirara por primera vez los colores. El chico de la trenza la miraba también como si alguien sintiera los rayos del sol por primera vez. Akane avanzó un poco hacia él, el verdadero Ranma hizo lo mismo y ambos se olvidaron del resto del mundo.

El resto del mundo, que en ese momento eran Genma, quien subió los ojos al cielo y se fue hacia su oficina, y Ryu que bufó de hastío al ver semejante cliché frente a él.

—Oh, sí. Olvidé decirte esto de la MPDG —dijo de pronto Daisuke llegando a su lado, observando como Akane y Ranma estaban en su propio mundo color rosa e improbable de los amores a primera vista —casi nunca se quedan con el protagonista. Lo siento, hermano.

Ryu volteó lentamente a ver a Daisuke y luego se sacudió violentamente la mano que estaba sobre su hombro y le dio la espalda, comenzando a caminar.

—¡Ey! ¿A dónde vas?

Ryu por toda respuesta, y sin dignarse a voltear le enseñó el dedo medio. Fue hacia el vestidor y tomó su mochila y salió sin despedirse de nadie más.

—¡Oye, tú!

Ryu había avanzado un par de metros del dojo y cerró los ojos sin poder creer su suerte. Volteó, Akane se acercaba hacia él, azotando sus pies sobre el pavimento. Ella se detuvo un par de pasos ante él y lo miró con las manos en la cadera, molesta. Ryu le devolvió la mirada, esperando cualquiera que sea su castigo.

—¡Te perdono! —le soltó de pronto, casi gritándolo, un par de personas que pasaban por ahí los voltearon a ver, curiosas.

—¿Qué?

—Ya oíste, te perdono.

—No seas ridícula. Si quieres pegarme lo aceptaré con honor — Ryu se inclinó un poco hacia ella, como facilitándole el acceso a su mejilla para una buena cachetada.

—No lo haré, es casi Navidad y Navidad es tiempo de perdonar.

—No puedes estar diciendo eso en serio —contestó incrédulo.

—Lo digo muy en serio. Además, tengo parte de culpa. Tengo esa molesta costumbre de dar las cosas por sentado y no esperar explicaciones.

—Tienes mucha parte de la culpa, por lo menos lo sabes.

Akane gruñó.

—No tientes tu suerte, Ryu Kumón.

Y Ryu sonrió.

—¿De qué te ríes?

—Es agradable que digas mi nombre correcto.

Akane dejó de fruncir el ceño y poco a poco sonrió ella también. Se acercó un paso más a él.

—¿Te veré de nuevo?

—Depende —dijo Ryu comenzando a caminar hacia atrás, sin dejar de verla.

—¿De qué depende?

—Si Saotome no la caga. Avísame si hace algo estúpido, con gusto le pondré una paliza —le guiñó el ojo y Akane sonrió moviendo la cabeza. Luego lo despidió con la mano y se dio la vuelta.

—¡Oye Akane! —gritó Ryu de nuevo y Akane volvió a verlo —"Feliz Navidad, inmundo animal."

Akane sonrió de oreja a oreja al escucharlo.

¡Feliz Navidad inmundo animal a ti también!

Ryu se dio la vuelta, metió las manos en la chamarra y caminó. Vagó por mucho tiempo, observando la alegría y locura de la ciudad por la Navidad con nuevos ojos. Era obvio que no se había obrado un milagro con él, seguía detestando la alegría exacerbada de la gente, simplemente ese nivel de entusiasmo no iba con él, sin embargo, si había sacado una enseñanza de Akane. Por lo menos en algo había tenido razón el estúpido de Daisuke. Siguió caminando. Era noche cuando llegó a la estación de autobuses. Luego de esperar unas horas, abordó un camión con destino a Sapporo. Luego bajó y miró a su alrededor, aquella ciudad estaba casi como la recordaba, algunos sutiles cambios, pero nada fuera de lo normal. Recordando aquella caminata hacía tantísimo tiempo siguió caminando bajo la blanca nieve, disfrutando de la sensación y del momento. Caminó y caminó.

Era Navidad cuando llegó, como cumpliendo un ciclo. Fue Navidad cuando se fue, era Navidad a su regreso. Observó el dojo de su padre que no había cambiado nada en todo este tiempo. Una figura salió entonces de adentro del edificio, comenzando a abrir las puertas, pues aquí no había vacaciones de invierno. El hombre, más pequeño de lo que Ryu lo recordaba, por fin lo miró y se quedó quieto esperando.

Ryu sonrió, caminando a casa.

FIN

20 de diciembre de 2020


*o0o*

*Notas y aclaraciones*

—El término de Manic Pixie Dream Girl, fue acuñado por Nathan Rabin en 2007.

—Algunas películas donde salen chicas Manic Pixie Dream Girl: Claire de Elizabeth Town, Summer de 500 Day of Summer, Ramona Flowers de Scott Pilgrim (en los comics Ramona no se queda con Scott, incluso rodaron ese final, pero no lo pusieron), Sam de Garden State entre muuuchas otras.

—La definición de Manic Pixie Dream Girl es tal cual la dice Daisuke en el fic.

—Hay test en línea para saber qué tipo Manic Pixie Dream Girl eres, yo soy tipo Summer.

— "Home Alone" fue estrenada en 1990, "Home Alone 2: Lost in New York" fue estrenada en 1992.

*o0o*


¡Hola!

Esta historia la hice para el reto navideño de Fanfics y Fanarts de Ranma Latino, aunque tenía mucho tiempo que tenía estaba girando por mi cabeza y en mis notas. Nació porque quería usar el término Manic Pixie Dream Girl en algo y aparte hacer un fic largo sobre Ryu robando la identidad de Ranma de alguna manera, pero siendo sinceros a cómo voy con mis fics en curso lo iba a estar publicando en el 2030 jajajaja. Así que me puse a pensar y combiné aquellas dos ideas y salió este one shot que estuve a nada de dividir en dos partes, pero no lo pude terminar a tiempo pues quería publicar el primer capítulo la semana pasada y el segundo estos días, pero como siempre, todo se complicó.

Espero que le hayan dado oportunidad de leer hasta el final. Tenía muchas, más bien tengo muchísimas dudas, ya que soy cien por cien Rankane, al igual que muchos, pero tengo un guilty ship (todo hay que decirlo) sobre Ryu y Akane jajajaja. Sin embargo, no lo quise llevar más allá de ese beso. Espero que no las asuste y estoy lista para recibir solo un review por ello jajaja. Pero la grandiosa DanisitaM ha estado ahí conmigo siendo la mejor de las betas propagandistas que uno pudiera tener, al pie del cañón, dándome sus certeras opiniones, sus rápidas investigaciones, implacables correcciones y grandiosos ánimos para seguir escribiendo. Por cierto, ¿han leído el threadfic que sacó en twitter? Lo ha publicado aquí en F.F hace poco, si no lo han leído háganlo, su ánimo mejorara de inmediato, es la mejor para la comedia, ¡porque un solo chiste sobre masturbación nunca es suficiente!

Y bueno, solo para terminar, no soy la persona más entusiasta de la Navidad, principalmente porque soy un poco haragana para guardar y limpiar todo después, así que, si puedo evitarlo, evito poner demasiados adornos, pero, en contraparte, adoro a la gente que ama la navidad y amo ver casas y calles brillantes y coloridas. Espero que mi pequeño tributo a esta festividad les haya gustado. Yo también pienso igual que Akane, que para todos significa algo diferente, para mi significa comida rica y me doy por bien servida con eso, aunque luego este llorando por los kilos de más jajajaja. ¿Para ustedes que significa?

Sé que son tiempos difíciles, pero ¡arriba corazones! Cuídense y cuiden a sus seres queridos. Les mando un abrazo fuerte y nos estamos leyendo.

¡Merry Christmas ya filthy animal!