Miró con interés al otro lado de la barra, analizando a la pareja que se encontraba justo del otro lado. Una pareja muy peculiar si le preguntaban. Un rubio y un azabache sentados con un vaso en sus manos, aunque el azabache parecía estar más de adorno que de otra cosa.

El rubio reía a carcajada abierta dándole la espalda al hermoso joven que había entrado con él, quien se empeñaba en jugar con los hielos que se encontraban enfriando su refresco. Conocía al rubio, Draco Malfoy, hijo del frívolo Lucius Malfoy, uno de sus compañeros de negocios, quien también era uno de sus mejores amigos. Conocía a Draco desde hace mucho tiempo, pero nunca le ha tomado importancia, no hasta ese momento.

¿Cómo se atrevía a ignorar a la hermosura que tenía a su lado? Negó con la cabeza. Eso debía ser uno de los más grandes pecados que alguien pudo haber cometido. Sonrió de lado, ¿por qué el ojiverde estaba con él? Era obvio que el chico ni le entendía.

El joven ignorado se giró levemente y le comentó algo a su novio, quien sólo movió su mano restándole importancia y asintiendo con la cabeza, para, segundos después, seguir platicando con sus dos amigos. Los ojos verdes rodaron por algunos segundos antes de fijar su atención en él. Tom sonrió de lado, nunca pensó que esa mirada fuera del verde más puro que se podría encontrar en toda la Tierra.

El joven respondió la sonrisa con cortesía y miró hacia otro lugar, bufando molesto. Tom se discutió consigo mismo si realmente esos dos eran una pareja, ¿quién sabe? Podrían ser sólo amigos.

Los ojos verdes se volvieron a posar en él con deje distraído, como si realmente no importara a dónde mirara, su atención estaba dentro de su mente. En ese momento Tom se preguntó si el joven sería igual de inteligente que de hermoso, cosa que dudó. Por Dios, estaban en un bar, la mayoría de las personas que van ahí no tienen muchas neuronas en su cabeza y, si las tenían, las perdieron ahogándose en alcohol.

Ladeó la cabeza cuando vio que el azabache casi se cae por un empujón inconsciente del rubio, quien sólo le dirigió un "perdón" distraído. El joven simplemente negó con la cabeza, más para sí mismo que para el rubio.

Levantó una ceja cuando el moreno volvió a dirigir su mirada hacia él.

"¿Aburrido?" formuló con sus labios.

El joven sonrió de verdad y asintió con desgana. En ese momento Tom decidió arriesgarse, ¿qué más da ser agradable con alguien una vez en su vida?

Señaló el pequeño balcón que se encontraba a su izquierda con su cabeza, dando una invitación muda a su amigo de miradas, quien asintió sonriendo agradecido para luego tocar el hombro de su acompañante y decirle algo en el oído.

Tom no pudo ver la respuesta del rubio cuando ya se encontraba caminando hacia el lugar antes señalado. Pocos minutos después el azabache salió algo nervioso, tapando el aire fresco del exterior con una chamarra negra.

—¿Siempre es así? —preguntó Tom sin esperar un momento más, sacando su cajetilla de cigarros y ofreciéndole uno al joven, quien negó con suavidad.

—No fumo, gracias —comentó sonriendo—. Volviendo, sí, siempre es así.

—¿Y por qué vienes con él?

—Cuando le niego algo hace un gran berrinche —respondió encogiéndose de hombros y recargando su cadera en el barandal negro que los separaba de una caída segura—. Un día no fui con él a una reunión importante y se negó a hablarme por una semana.

—¿Y hay algo de malo en eso?

—Cuando vives con él, sí, mucho —dijo mirando la calle que se encontraba a unos metros abajo de ellos.

Tom analizó a su nuevo acompañante y le dio una calada a su cigarro, soltando el humo una vez que se sintió satisfecho.

—¿Vives con él?

El ojiverde rió ante eso.

—Llevamos cinco años saliendo, pensamos que sería una estupenda idea —volvió a encoger sus hombros, ahora dirigiendo su mirada a él. Tom se sintió inquieto al verse envuelto en una bruma verde—. ¿Sabes? No sé porqué le cuento esto a un desconocido.

—Tom Riddle —se presentó sin darle importancia.

—Harry Potter.

—Bien, ahora no somos desconocidos.

Harry soltó una ligera carcajada, tan limpia y pura que le hizo darse cuenta de cuánta hipocresía rodeaba su vida.

—Sí, parece que ya no lo somos —afirmó mirándolo fijamente a los ojos. El ojiazul juró que podía ver su alma, y no le importó en absoluto. Se dejó ver, admirar y observar por los ojos verdosos, haciendo lo mismo con ellos, logrando ver la amabilidad y gentileza en la persona contraria—. Bien, señor no-desconocido, ¿cómo se gana la vida?

Tom se encogió de hombros, dejando que una sonrisa picara se colocara en sus labios.

—Soy dueño y director de Slytherin's Company —declaró como si fuera la poca cosa.

Harry simplemente asintió.

—El padre de Draco es director de Ravenclaw's industry.

—Lucius Malfoy —dijo el mayor. El azabache asintió—. ¿Y tú? ¿Cómo te ganas la vida?

—Soy profesor de Letras en Hogwarts —contestó sonriendo—, aunque también estoy terminando mi tesis para poder graduarme en Ciencias Genómicas.

Levantó una ceja. Tal parece que no estaba tratando con un estúpido.

—Suena interesante...

—Créeme, lo es —declaró sonriendo—. Más que Economía, Administración o todo lo que le quieras poner —se burló.

—Realmente estudié Ciencias Políticas y Sociología —corrigió colocándose a un lado de él con tranquilidad—. No pude ejercer gracias a la muerte de mi abuelo, quien decidió que era muy agradable heredarme su compañía.

—¿No te gusta tu trabajo?

—No podría decir eso, ya que estamos en una de mis franquicias y gracias a ella te estoy conociendo.

Harry soltó una pequeña risa y volvió a mirar los ojos de Tom, sin dejar que la sonrisa desapareciera. El mayor estuvo a tentado de probar esos divinos labios, pero -para desgracia de Tom y todos los Dioses- el azabache dirigió una mirada dentro del lugar y suspiró con pesadez.

—Lamento decirle, señor Riddle, que mi novio me está buscando —dijo mientras se paraba correctamente y se disponía a irse de ahí—. Fue un placer conocerlo, me gustaría poder quedarme un poco más, pero...

—¿Pero tienes que cumplir con el papel de buen novio e ir con el rubio?

—Exactamente —contestó sonriendo, empezando a entrar al lugar.

No podía dejar que se fuera, algo dentro de él le decía que sería el peor error de su vida si no lo detenía, si no lo tenía. Agarró la mano ajena con urgencia y lo jaló hacia sí delicadamente. Harry volvió levantando su ceja con curiosidad.

—¿Cuál es tu número? —preguntó Tom sin siquiera haber pensado bien la pregunta.

El joven simplemente rió y sacó un pequeño papel de su bolsillo, para luego sacarle la pluma que colgaba con tranquilidad en la bolsa del saco de Tom, empezando a escribir.

A los minutos se fue diciendo un ligero "Adiós, señor Riddle", dejando el papel y la pluma en la bolsa antes violada y -¿para qué negarlo?- unas enormes ganas de conocer más al maestro.