19 de Diciembre.19:47 AM
Hermione recorría pasillos y bajaba a toda prisa por las escaleras de Hogwarts con una montaña de libros sobre sus brazos en dirección a la biblioteca.
Los adornos ya brillaban en todo su esplendor por cada rincón del colegio, el árbol del gran comedor lucía imponente con sus cinco metros y medio de altura bajo el falso cielo nevado que acogía a los pocos alumnos que se mantenían en calma esos días allí, o bien por que ya tenían todo listo para abandonar temporalmente Hogwarts dentro de dos dias, o por que ese año no se marcharían.
Los últimos días, como cada curso, eran una locura. Entre las trombas de alumnos de llenaban los pasillos del colegio, te podías encontrar a varios tipos.
Estaban lo que corrían de un lado a otro para terminar su equipaje, los que comenzaban a despedirse a pesar de verse al día siguiente, y los que pillabas en cualquier escondrijo besuqueándose como si no hubiera un mañana y no se fuesen a reencontrar en unos días, como Ron y Lavender.
Y luego estaban los que disfrutaban de la angustia ajena, y aprovechaban su poder para quitar puntos a las casas con escusas como el correr, o chillar demasiado, como era el caso del insufrible de Draco Malfoy y sus matones.
El rubio desvió la vista hacía ella cuando pasó por su lado, haciendo que se la cortase la respiración al evocar lo sucedido hacía unas noches. Aun podía sentir su mano sobre la piel de su pierna, y el extraño cosquilleo que le había producido aquel acto. Aceleró el paso inconscientemente incomoda al sentir como sus ojos se clavaban en su espalda.
Tendría que pedirle su libreta en algún momento antes de la reunión de perfectos de McGonagall, pero lo haría en otro momento.
Respiró aliviada cuando por fin atravesó la puerta de la biblioteca y todo el ruido del exterior fue acallado al reencontrarse con su amado silencio.
-Buenas noches Sra. Pince.- La mujer devolvió el saludo con una leve inclinación de cabeza.
Dejó suavemente la montaña de libros sobre su mesa favorita. La sorprendió no encontrar a nadie mas que a un alumno de Ravenclaw allí. Como podían estar tan tranquilos y relajados ante la cantidad de trabajos, y exámenes que tenían que preparar para la vuelta.
Esa navidad Hermione viajaría con sus padres a Australia, a casa de sus tíos. Y aunque no era algo que la apeteciese mucho, por lo menos la serviría para distraerse, sobre todo de cierta pareja cabeza hueca de labios agrietados de tanto beso.
En primera estancia, Molly la había invitado a pasar las navidades con ellos, y hubiese aceptado encantada, pero se había visto obligada a declinar la idea cuando se enteró de que de Ronald había invitado a Lavender a pasar la navidad en la Madriguera. Rodó los ojos con desagrado automáticamente.
Harry se había ofrecido para pasar la navidad con ella, pero sabia que él estaba tan entusiasmado como Ginny por pasar juntos su primera navidad como novios.
Así que fue entonces cuando aceptó el viaje con sus padres, así su amigo se quedaría más tranquilo.
Fue dejando todos los libros en su sitio antes de volver a coger otro montón nuevo. Tenía que darse prisa, ya había perdido demasiado tiempo revisando su equipaje y ayudando a Ginny con el suyo. Tenían que tener todo preparado ya que mañana era la salida a Hogsmeade, y pasarían el día allí.
Durante esos días había estado hiendo y viniendo sin parar intentando coger todo lo necesario para esas semanas, así que tampoco le quedaba mucho por recoger. Pero aun así, le parecía insuficiente, eso al menos le habían dicho cuando llegaba cada vez con más libros y pergaminos llenos de letras.
Tenía muchos trabajos que hacer esas navidades, y no había podido sacar tiempo para adelantar nada de su tarea, ya que había estado totalmente volcada en ayudar a Harry. Por suerte tanto sacrificio había valido la pena, y su amigo había podido entregar todo lo que Snape le había pedido esa misma mañana.
Por un momento se arrepintió de haber cogido casi el doble de asignaturas que el resto de sus compañeros.
No se permitía llevar mas de dos libros de la biblioteca, así que su pluma recogía datos, fechas, y resúmenes enteros de lo que ella apreciaba mas importante y necesario para todo lo que tendría que hacer.
Y allí sumergida entre libros, pergaminos y tinta las horas fueron pasando como si nada a su alrededor, y no fue consciente del tiempo que llevaba hasta que la Sra. Pince se acercó a ella.
-Es la hora .- La mujer la miró por encima de sus gafas.
Estuvo tentada de pedir la llave como tantas noches, en las que ella cerraba, y al día siguiente se las dejaba sobre su mesa, pero al observar el reloj de reojo y ver que la mujer había alargado la hora del cierre por ella, decidió sonreírle antes de levantarse para devolver los libros a sus estanterías.
-Puede llevarse uno más.- La escuchó decir desde su mesa. Hermione observó los ejemplares y se decidió por el de Traducción de Runas Avanzadas.
-Gracias Sra. Pince.- Hermione salió con el libro en brazos y tras recoger sus cosas con ayuda de se varita, salió tras la mujer, dejando a esta cerrar la puerta tras ellas. Tras desearla una feliz navidad, la castaña emprendió su viaje hacía su torre.
Debido a la hora que era, el castillo estaba vació, y ella sabía por que. Era por todos conocido que cada casa organizaba una fiesta privada de navidad en su sala común a modo de despedida, la que seguro los Griffindor ya habían empezado.
Siempre se lo pasaba bien en esas fiestas, pero la sola idea de que Ron y Lavender estuvieran allí hacía que se le quitasen las ganas. ¿Cómo podía alguien mantener una relación en la que no había mas comunicación que la de ambas bocas succionándose?
Estaba apunto de doblar la esquina para salir por el arco que la llevaría a las escaleras de su torre, cuando escuchó un ruido que llamó su atención. Hermione agudizó el oído y volvió a escucharlo.
Era una especie de quejido.
La castaña dudo por un momento, pero su curiosidad Griffindor siempre ganaba.
Retrocedió varios pasos intentando identificar de donde procedía. El sonido parecía proceder de una de las aulas del final del pasillo. Según se fue acercando sacó la varita y la mantuvo en alto por si la necesitaba. Una de las puertas estaba entreabierta, por que la luz de la luna se colaba por una pequeña rendija entre la madera proyectándose en el suelo. Cuando le quedaban unos centímetros para poder ver lo que ocurría dentro, se detuvo y volvió a agudizar el oído. No quería encontrarse con otra pareja que estuviese haciendo cosas comprometidas, así que prefirió asegurarse de ello antes de irrumpir.
Volvió a escuchar el quejido, y estaba casi segura de que no se trataba precisamente de placer. Afirmando la varita entre los dedos dejó el libro y sus cosas con delicadeza sobre el suelo, y puso con cuidado la mano sobre el picaporte.
Cogió una bocanada de aire lista para enfrentarse a lo que fuese que estuviese allí dentro. Abrió la puerta y se internó de un salto dentro del aula.
Abrió los ojos sorprendida por la imagen que captaban sus ojos.
Había un cuerpo tendido sobre el suelo siendo envuelto por un montón de raíces que salían desde la planta colgada en el techo, y se enrollaban unas sobre otras sobre el chico al que reconoció enseguida al encontrarse con una cabellera rubia.
-¡Malfoy!.- Ese fue el único sonido que fue capaz de salir de su garganta antes de verse atrapada por otro par de ellas que se enredaron en sus piernas haciéndola perder el equilibrio perdiendo la varita por el golpe. Intentó amortiguar el impacto con las manos, pero no pudo evitar golpearse la frente contra el suelo, sintiéndose levemente mareada. Sin darla tiempo a recuperarse, la planta tiró de ella arrastrándola hasta que se sintió chocar con su otra victima.
-¿Malfoy estas bien?.- Intentó detener a las raíces que empezaban a subir lentamente por sus piernas entrelazándose con las que apresaban el cuerpo de Malfoy. Cuando no obtuvo respuesta por parte de su compañero, fijó toda su atención en el.
No se movía y tenía la poca piel que podía ver de su cara tan roja, que enseguida se dio cuenta de que estaba inconsciente por la falta de aire que la planta le robaba.
-Joder.- Empezó a forcejear con con las lianas que tenía enrolladas sobre el cuello, y parte de la cara. Las que logró retirar se fueron enrollando en sus manos intentando detenerla haciéndola entrar en pánico cuando también las sintió rodear su cadera.
El rubio estaba no muy lejos de abandonar este mundo y ella iría por el mismo camino si no hacía algo pronto.
No la resultó fácil librarse de ellas, pero por lo menos logró que se aflojaran lo suficiente para que Malfoy recobrase le conocimiento y su rostro recuperase un poco de su tono normal.
Suspiró aliviada cuando el Slytherin tomó una gran bocanada de aire y acto seguido empezó a toser con dificultad.
-Gracias a Merlín, Malfoy.- El rubio la miró con pánico cuando se dio cuenta de lo que estaba sucediendo.-¿Estas bien?
-Tu que crees.- Le observó forcejear inútilmente moviéndose con lo que supuso la intención de liberar algo mas que su cabeza. Pero tenía todo el cuerpo cubierto de ellas, por lo que se rindió a los pocos segundos.
-¿Que hacías aquí?
-¿En serio? ¿Quieres hablar de eso ahora?.- Jamás reconocería que la estaba esperando a ella.
Había estado varios días observando su rutina, y había elegido el día de las fiestas de las casa para llevar a cabo su plan. Sabía que ella pasaba por ahí para volver a su torre después de abandonar la biblioteca, y que mejor oportunidad que el muérdago para conseguir lo que llevaba tanto tiempo deseando.
Él mismo había comprado a los gemelos, y colgado esa planta ahí para que cuando llegase la hora, pudiese atraerla hasta ahí con alguna excusa, y lograr que le besase. Obviamente no entraba en su plan terminar estrangulado, y mucho menos ponerla en peligro también.
-Lo siento. Cuando me pongo nerviosa me da por hablar.- Se disculpó intentando evitar que las raíces se enrollasen mas en sus manos.
-¡Haz algo Granger!.
-¿Que te crees que estoy haciendo?.- Dijo molesta ante el grito del chico.- Pero no se...
Miró a su alrededor con la esperanza de encontrar algo que los ayudase, pero dudaba mucho que un pañuelo usado, o un pergamino arrugado en forma de bola le fuesen de ayuda.
La presión que ejercía la planta comenzó a dormir sus piernas y a apretarse sobre su estomago.
-¿Y tu eres considerada la bruja mas inteligente de Hogwarts?.- Hermione le fulminó con la mirada mientras empezaba de nuevo a tirar de las dichosas raíces que volvían a intentar rodear el cuello del rubio, mientras el lo único que podía hacer para ayudarla, era estirar todo lo que pudiese la cabeza para facilitarle el trabajo de salvarlo de un prematura muerte por asfixia.- Tienes que besarme.
-¿Que?.- La castaña se quedó momentáneamente paralizada, momento que aprovechó la maldita planta para conseguir su objetivo. Un ruido estrangulado por parte del chico la hizo reaccionar.
Hermione que estaba completamente paralizada por el miedo no podía pensar con claridad.
-Es muérdago ¿Qué crees que hay que hacer?.- La dijo de nuevo al sentir como su garganta era levemente presionada.- Bésame.
-N... No.- Intentó moverse pero estas ya avanzaban por su clavícula, y subían por sus muñecas inmovilizándola haciendo que la entrada de aire en su organismo fuese cada vez mas reducida.
-¡Bésame!.- Gritó casi sin voz el chico volviendo a teñirse de rojo.
La castaña cerró los ojos y obedeció sin pensárselo.
Acortó la poca distancia que los separaba y junto sus labios a los de él presionándolos.
Y al principio fue solo eso, una leve presión que sin darse cuenta se fue transformando en algo mas suave y placentero cuando sintió sus labios moverse bajo los suyos.
Se sintió mas aliviada de repente, pero su cabeza ahora estaba mas pendiente de las reacciones que desencadenaba ese beso, que de lo que fuese que hubiese ocurrido antes de esa unión.
Hermione comenzó a responder tímidamente, una timidez que desapareció cuando sintió de pronto unas manos colarse entre su pelo y presionarla mas contra él. Abrió la boca despacio rindiéndose a lo que el reclamaba y ella cedía sin resistencia.
Sus lenguas se encontraron y se enredaron en un estimulante baile de caricias húmedas que terminó por acabar con la poca cordura que la quedaba. Se agarró al brazo de su camisa al sentir como una de sus manos agarraba su cintura para girarla y tenderla sobre el frio suelo cambiando las posiciones anteriores. Dejó que el se tendiese sobre ella seducida por las atenciones que el rubio la prestaba. Alargó unos de sus brazos deseosa de participar en el reconocimiento manual, y la subió por su hombro hasta enredarla en los suaves cabellos de su nuca ejerciendo una leve presión sobre ella en una silenciosa petición de que no se detuviese. El gruñó complacido por su reclamo y ella respondió con un leve gemido que escapó de su garganta cuando la besó con mas intensidad, si es que era posible.
Pero la falta de aire comenzaba a hacer estragos en ambos, y solo cuando se vieron escasos de ello, fueron capaces de separarse. El fue bajando el ritmo y acarició su nariz con la suya cuando abandonó sus labios. Mantuvieron los ojos cerrados unos segundos mas degustando aun el sabor del otro en sus propias bocas. Ambos respiraban con dificultad y sus latidos golpeaban igual de desbocados su cavidad torácica.
Ella fue la primera en abrirlos, y como si el lo hubiese sentido la imitó haciendo que ambas miradas se enfrentasen. Gris y castaño trasmitiendo todo lo que con palabras no podían.
Se quedaron no supieron por cuanto tiempo en esa postura que les permitía observarse sin barreras aun enlazados y sin intención alguna de poner distancia entre un cuerpo y el otro.
Ella sumergida en su océano gris de matices plateados y pupilas dilatadas, y el observando el maravilloso rubor de sus mejillas y la huella de sus labios sobre los de ella.
-¿Hola?.- Ambos se sobresaltaron y giraron la cabeza en dirección a la puerta.-¿Hay alguien ahí?
Hermione se tensó. Se sorprendió al encontrarse molesta por la interrupción, y no por lo que acababa de suceder y con quien.
Tras cruzar una fugaz mirada con el rubio, y que este le diese un casto beso. Le observó levantarse y tenderla una mano para ayudarla. Ambos se acercaron a la puerta, y fue el quien salió después de llevarse un dedo a los labios y hacerla un gesto para que se mantuviera en silencio.
Escuchó atentamente como Malfoy hacía uso de su buen apellido y se libraba de manera bastante desagradable de lo supuso era un alumno, ya que el Slytherin le amenazó con quitarle 30 puntos a su casa si no desaparecía de su vista.
Hermione respiró con tranquilidad cuando escuchó pasos empezar a alejarse de allí, y entonces cuando sus ojos se fijaron en el frente y se encontraron con la maldita planta que había desencadenado todo eso, seca, sobre donde minutos antes habían estado ellos besándose, se dio cuenta de lo que todo lo sucedido conllevaba, y antes de que Malfoy volviese a por ella, como sabía que iba hacer, se largó por la puerta de atrás del aula y corrió por el pasillo huyendo de una verdad que le azotaba la mente duramente.
Había besado a Draco Malfoy, y le había gustado.
