20 de Diciembre.08:47 AM

Hermione esperaba junto a Harry y Ginny a que Neville y los demás llegasen para irse. Era la ultima visita a Hogsmeade antes de las vacaciones así que todos los alumnos estaban especialmente ilusionados. Muchos aprovechaban ese viaje para comprar los regalos a su amigos, o novios.

Cuando vio caminar hacía ellos a Ron con Lavender colgado de su brazo, estuvo apunto de disculparse y volver a internarse en el castillo, pero sin saber muy bien por que desvió la vista hacía cierto rubio que la observaba y negaba casi de manera imperceptible como si hubiese adivinado sus intenciones.

Recordó entonces eso que la tenía tan nerviosa.

Esa misma mañana, después de pasar la noche en vela, por una lado sintiéndose una estúpida por haber salido huyendo de esa manera, olvidando incluso sus cosas fuera del aula, y por otro, sin poder evitar evocar una y otra vez lo sucedido intentando analizar por que sentía el deseo de que volviese a suceder...

Nada mas bajar por las escaleras de los dormitorios de chicas, se había topado con Harry que llevaba en su regazo su mochila y el resto de sus cosas. Al preguntarle, su amigo le había dicho que se las había encontrado al salir por la puerta de su sala común.

Hermione supo de inmediato que Malfoy era quien las había dejado allí.

Cuando subió de nuevo a su habitación para dejarlas, se sorprendió no solo al cerciorarse que no faltaba nada, si no que entre sus pertenencias se encontraba su libreta de perfecta. La cogió con la intención de asegurarse de que el Slytherin no se hubiese atrevido a modificar sus puntos, pero solo se quedó en eso, intención. Ya que cuando abrió la portada, un papel cayó a sus pies.

Era una nota.

Se agachó en seguida a por ella y la desdobló expectante sabiendo de quien sería.

Junto a la casa de los gritos a las 11.

D.M

Ese era el escueto mensaje que Malfoy le había dejado con su perfecta y curvada caligrafía. El motivo de su citación lo desconocía, imaginó que tal vez sería para amenazarla para que no abriese la boca, o tal vez... para repetirlo.

Aun seguía rondando por su cabeza cual podía ser la razón, y si debía acudir o no. Y en caso de hacerlo, cual sería la excusa que pondría para separarse de sus amigos.

-¡Voy a comprarte el mejor regalo del mundo!.- La voz de Lavender hizo que saliese de sus cavilaciones y volviese a la realidad.

Resopló y Harry la dio un pequeño apretón en la mano en señal de apoyo. A él tampoco le caía demasiado bien la chica, por no mencionar lo mal que le sentaba cuando se entrometía en cada conversación para dejar claro que todo lo que podían hacer ellos, su Ron-Ro lo hacía mil veces mejor.

Después de ir a HoneyDukes, y visitar ciertas tiendas donde algunos de ellos compraron las ultimas cosas para los demás, todos fueron a las Tres Escobas como era la tradición, a beber cerveza de mantequilla mientras se entregaban los regalos que no iban a poder entregarse por navidad.

Todos habían acertado en mayor o menos medida con sus compras. A ella le habían regalado varios libros, una bufanda tejida por las arañas tejedoras escocesas, según Luna, y un set nuevo de pluma y tinta, que al parecer cambiaba de color dependiendo de su estado de animo.

Y ella había regalado:

A su peculiar amiga, unos cordones mágicos que avisaban de la presencia de Nargles, o así se lo habían vendido en esa extraña tienda que la chica solía visitar en sus viajes al pueblo.

A Harry y Ron, un par de ejemplares nuevos de Las Nuevas Maniobras del Quidditch Moderno. Sabía que llevaban tiempo hablando de ello, así que ambos se lo agradecieron enormemente.

A Ginny le había comprado unos guantes nuevos para sus partidos y a Neville, que aun tenía el ojo morado, el nuevo diccionario de Herbología silvestre.

Todos quedaron satisfechos con sus regalos y se respiraba un ambiente feliz y tranquilo hasta que Lavender la tendió un pequeño paquete envuelto.

La mesa se quedó en silencio observando el pequeño obsequio a la espera de ver si ella lo aceptaba. Hermione miró nerviosa a Harry y Ginny, los cuales con un gesto de cabeza la indicaron que lo cogiese.

-Gra...gracias.- Dijo tomándolo de las manos de ella, la cual sonreía de oreja a oreja incomodándola aún más.

-Es un pequeño detalle para agradecerte que estés tan pendiente de mi Ron-Ro.- Notó el cambio en su tono. Sin saber muy bien si era imaginación suya la indirecta que acababa de lanzarle o no, observó el paquete intentando encontrar algo que delatase si era una especie de explosivo o algo así.

Hermione lo abrió ante la atenta mirada de todos sus amigos, hasta Ron parecía confuso por el gesto de su novia.

Cuando el papel quedó tendido sobre la mesa revelando el contenido de lo que ocultaba, todos mantuvieron la respiración al ver de que se trataba. La castaña cogió atónita la caja y releyó lo que ponía como si su primera vista hubiese estado tal vez equivocada.

-Remedios Milagrosos Para Melenas Indomables.- Leyó en voz alta notando como se la formaba un nudo en la garganta según cada palabra calaba en su mente. Subió la mirada atónita hacía Ginny que arrugaba el entrecejo molesta.

-No me des las gracias. Ojala puedas doblegar... .- Señaló despectivamente su cabeza.- … eso.

-¿Disculpa?.- Fue lo único que le salió decir, aun sin terminar de creerse lo que estaba pasando.

Lavender sonrió mostrando toda la maldad que antes había intentado camuflar bajo su falsa sonrisa de inocencia.

-Hasta mi Ron-Ro se ha quejado de que cuando le toca detrás de ti en las clases, tu mata de pelo tapa tod...

Hermione golpeó la mesa al dejar la caja bruscamente sobre esta sobresaltando a todos y acallando a la chica.

-Herm no la hagas caso.- Le dijo Harry acariciando su espalda rogando por que su amiga no entrase en el estúpido juego de la gilipollas de Lavender. Pero de poco sirvió el intentó, por que solo bastó un pequeña risa de la chica, para que Hermione afilase la mirada sobre ella y se despachase a gusto.

-¿Sabes qué?.- La castaña levantó un dedo apuntándola amenazadoramente con el. -Prefiero mil veces tener esta mata de pelo, de la que por cierto no sabía que fuera la culpable de tus fracasos académicos.- Le dijo desviando por un momento la mirada hacía un Ron, que observaba paralizado el conflicto.- Que tener la capacidad cerebral que tienes tu.- Lavender se irguió sobre su silla llevándose las manos al pecho ofendida.- Aunque he de decirte Brown. Que me alegra saber que por lo menos Ron, ha encontrado a la chica perfecta.- Subió el tono, según el todo el rencor acumulado durante tanto tiempo se fue apoderado de su auto-control, sin importarla la presencia del resto de personas que observaban sorprendidos la discusión.- ¡Enhorabuena! Entre los dos hacéis un cerebro entero.

Ron fue a abrir la boca con la intención de defenderse, pero solo le hizo falta que la castaña fijase los ojos en el para que la cerrara de nuevo.

Hermione cogió la caja y se la guardó en el bolso.- Muchas gracias por el regalo Lavender.- Dijo en un tono más calmado pero no menos duro. -Te devolvería el favor regalándote un libro de auto-ayuda para no parecer una celosa compulsiva además de excesivamente ñoña.- Se levantó con toda la dignidad del mundo.- Pero dudo mucho que tu cerebro no se derritiese al intentar hacer dos cosas a la vez, lo digo mas que nada por que te tiras 23 horas al día sorbiéndole las babas a este...

Y sin nada más que añadir levantó la barbilla y salió por la puerta ignorando las llamadas de sus amigos. Caminó todo lo rápido que sus piernas se lo permitieron hacía algún punto donde se dejó llevar inconscientemente. En cuanto se sintió lo suficientemente lejos, se permitió parar y dejar que el bajón de adrenalina dejase aflorar la ansiedad que sentía de verdad.

Se le humedecieron los ojos, y comenzó a sollozar descargando toda la frustración que la oprimía el pecho.

Cuando consiguió calmarse un poco, pudo reconocer donde estaba. Era el sendero que llevaba a la linde de la casa de los gritos, donde había quedado con Malfoy. Caminó por el mientras se limpiaba los restos de lagrimas y utilizaba un pañuelo para sonarse la nariz.

Pronto divisó la verja que protegía la casa, con ella a lo lejos.

Vio la piedra donde había encontrado a Harry en tercer año, después de descubrir lo de Sirius, y le pareció un buen lugar para esperar.

No tenía reloj, pero sabía perfectamente que había llegado mucho antes de la hora acordaba, por eso cuando sintió una mano posarse sobre su hombro, se sobresaltó de tal forma que resbaló por la piedra y calló al suelo de culo.

Cuando subió la vista para saber de que, o quien se trataba, se encontró con Draco Malfoy sonriendo ante su caída.

-Casi me matas del susto Malfoy.- El chico rodeó la piedra y la tendió la mano para ayudarla a levantarse. Hermione volvió a sorprenderse por el gesto.

¿Desde cuando Malfoy ayudaba a alguien?

-No era mi intención te lo aseguro.- La respondió divertido mientras ella se sacudía la nieve del abrigo y los pantalones. Menos mal que hechizaba su ropa para que la nieve no calase.- He visto lo que a pasado en Las Tres Escobas.

Ella paró en seco al escucharle. No tenía bastante con el espectáculo que se había formado por la idiota de Lavender, que encima Malfoy había tenido que presenciarlo.

-Si vienes a terminar de humillarme, ya te puedes dar media vuelta por que precisamente ahora no dispongo de mucha paciencia para eso.

-¿Crees que vengo a eso?.- Le vio endurecer levemente sus facciones molesto por su suposición.

-¿No?.- Dijo la castaña sin estar muy segura de si era algún tipo de truco por su parte.

-Pues no.- El chico guardó sus manos en los bolsillos y se apoyó sobre el tronco mas cercano de los arboles que los rodeaban.- Te vi salir de esa forma de allí que deduje que tal vez necesitabas a alguien con quien desahogarte.- El rubio fijó su penetrante mirada en ella.- Aunque déjame decirte que no planeo que sea de la misma forma con la que lo hiciste con esos dos.- Sus mejillas se tiñeron levemente de un tono rosado al imaginar la manera a la que se podía referir.

-Malfoy...

-Antes de nada déjame decirte tres cosas.- La chica asintió y esperó a que el hablase.- La primera, es que tu pelo no tiene nada de malo, y que tu forma de devolvérsela, fue digna de admirar. Podrías ser una buena Slytherin, de no ser, bueno... ya sabes.- Hermione rodó los ojos al darse cuenta del tono de broma que el utilizaba.- La segunda... .- Se incorporó del árbol y comenzó a andar lentamente hacía ella.- …es avisarte de que después de que Weasel tuviese que sacar a su novia a toda prisa de la taberna para salvarla de que su hermana, que por cierto es la única pasable de toda esa familia, no la arrancase la cabellera... tuvieron un pequeño percance.

La castaña que había dibujado una sonrisa al escuchar como su amiga Ginny la defendía, la borró en cuanto escuchó la ultima declaración del rubio, el cual cada vez estaba más cerca.

-¿Que les has hecho?.- Le preguntó cruzándose de brazos.

Si, ahora mismo los odiaba, pero tampoco quería que les pasara nada malo, y con Malfoy en el juego no estaba muy segura de ello.

-Nada.- Le vio encogerse inocente de hombros.- Digamos que van a pasar un par de horas haciendo eso que tanto les gusta...

Eso fue lo único que dijo al respecto justo antes de llegar frente a ella, donde sus ganas de ahondar mas en el tema, se desvanecieron en cuanto sintió el aroma de su colonia colarse por su nariz.

Hermione dejó de respirar con normalidad y sintió como su corazón volvía desbocarse al reconocer su cercanía. Ella se mantuvo en su sitio mientras el se tomaba su tiempo para observar cada rasgo, señal y perfecta imperfección de su rostro.

Cerró los ojos cuando sintió el calor de su mano sobre su mejilla acariciándola suavemente con el pulgar. El inclinó hacía arriba levemente su rostro y ella se dejó hacer guiada por su mano.

Sintió su cálido aliento sobre su piel, y el roce de su nariz sobre la suya en una caricia que avecinaba lo que iba a suceder. Y Hermione se preparó para recibir lo que llevaba toda la noche anhelando.

El besó primero su labio inferior calentándolo.

Sintió una corriente cruzar toda su espina dorsal cuando el rodeó su cintura y la apretó contra su cuerpo.

-¿Y la tercera?.- Susurró sobre su boca acariciando en cada pronunciación sus labios. Abrió los ojos encontrándose con los grises de él, le sintió sonreír antes de besarla fugazmente.

-La tercera... es que si Weasley no es capaz de ver el valor de lo que tiene delante, otros si somos capaces de hacerlo.- Se quedó paralizada unos segundos ante sus palabras, intentando analizar el significado de cada una ellas. Algo explotó en su pecho y se sintió por primera vez en mucho tiempo con la necesidad de dejar de pensar, y dejarse llevar por el ahora.

Subió tímidamente las manos hasta rodear su cuello y enlazarla en su nuca antes de usarlas de apoyo para ponerse de puntillas y ser ella ahora quien le besase.

El respondió inmediatamente abriendo sus labios para ella, en un beso lento y profundo que los dejó a ambos sin respiración.

Solo al oír unas voces caminando hacía ellos, fueron capaces de separarse.

Hermione reconoció la voz de Ginny, y Harry llamándola. La estaban buscando.

-Tengo que irme.- Susurró ella aun entre sus brazos y con ambas frentes apoyadas la una sobre la otra.

-Si.- Respondió él con voz ronca cerrando los ojos y aspirando su aroma.

El aflojó su agarre y ella se separó unos centímetros, que fue la distancia que el rubio la permitió antes de agarrar su muñeca y detenerla.

-Malfoy...

-No te vayas.- Hermione le observó confusa.

-Harry esta cerca.- Contestó pensando que se refería a eso.

-No. No te vayas mañana.- La castaña abrió los ojos sorprendida al entender a que se refería.- Quédate en Hogwarts estas navidades.

-Yo... no se, Malfoy...

-¿Hermione estas ahí?.- Las voces de sus amigos cada vez estaban mas cerca. Giró la cabeza hacía el sendero por donde no tardarían mucho en aparecer antes de volver a mirarle a él.

-Piénsalo.- Soltó su mano, y se giró para desaparecer por el bosque justo a tiempo para no ser visto.

-¡Hermione!.- Ginny corrió hacía ella seguida de cerca por Harry.- Llevamos un buen rato buscándote.

La castaña sonrió a su amiga cuando esta la abrazó.

-¿Estas bien?.- Le preguntó el moreno preocupado.

Ella asintió sincera.

-Mi hermano es idiota.- Dijo la pelirroja agarrándola del brazo y tirando de ella para empezar a andar de vuelta al pueblo.- Y Lavender...

-Tenias que haberlos visto Herms.- Le dijo Harry riéndose cómplice con su novia.- A alguien se le ocurrió la genial idea de pegarles las boca.

Ginny se rio a carcajadas, y Hermione sonrió complacida.

Aun con su propuesta retumbando en la cabeza, dio un ultimo vistazo al bosque a su espalda donde el autor de tal elocuente hechizo había desaparecido.


21 de Diciembre.9:25 AM

El anden estaba abarrotado de alumnos que apuraban al ultimo momento para subir al tren, y de amigos que se despedían de ellos a través de las ventanas.

Hermione, Harry y Ginny hablaban en el anden ya con sus maletas en sus compartimentos, únicamente esperando a que la locomotora diese el ultimo pitido de aviso para subir.

-Prométeme que escribirás Harry.- Su amigo rodó los ojos ganándose un golpe en el brazo de su amiga.

-¡Auch! ¿Para que quieres que te lo prometa si sabes que luego se me olvida?.- Ginny rio y Hermione cruzó los brazos sobre su pecho con falsa molestia.- Vaaaale.- Terminó diciendo este, finalizando con la discusión de cada periodo de vacaciones.

-Herms... .- Justo en ese momento el ultimo avisó los sobresaltó a los tres. Harry tiró de Ginny mientras esta de despedía de su amiga en voz alta.- Te queremos.

Sus amigos desaparecieron por la puerta de su vagón, y unos segundos después se asomaron por la ventana para despedirse con la mano de ella.

Hermione levantó la mano y la agitó en el aire con cierta pena por no acompañarles.

De pronto cuando las ruedas empezaban a girar y las chimeneas a humear por el arranque, vio como los rostros antes sonrientes de sus amigos, cambiaron su rictus a uno serio y preocupado.

-Muy emocionante la despedida.- Alguien habló muy cerca de su espalda, y no la hizo falta girarse para saber de quien se trataba. -¿Australia?

-Otro año será.- Dejó de mover la mano y bajó el brazo cuando el tren ya estaba abandonado la estación. Aunque aun podía ver como una cabeza morena y otra pelirroja se mantenían asomadas mirando en su dirección a pesar de la lejanía.

-Vaya.- Lo sintió pegarse a su cuerpo, y como su respiración se colaba por su pelo al inclinarse sobre ella para susurrarla rozando la piel de su oreja en una provocadora caricia. -Parece que estas navidades no serán tan aburridas.

La castaña giró levemente su cabeza para observar como el desaparecía entre los demás alumnos que volvían al colegio.

Sonrió mordiéndose el labio inferior.

-Nada aburridas...


N/A: Pues nada... ¡Aquí lo tenéis!

Espero que os haya gustado y hayáis disfrutado leyendo la historia, tanto como yo escribiéndola.

¡FELIZ NAVIDAD!