SU HISTORIA.

Para comenzar a contar la historia de estas dos, primero tendré que explicar sobre un tema no tan conocido. El mundo Omegaverse es de lo cual hablamos.

Si tenemos que entenderlo sin muchas explicaciones o palabras inútiles, comenzaré con lo básico. Estos tipos de personas comienzan a surgir por la aparición de un inquilino en el momento de la evolución humana. Como sabrán, la evolución surge a partir de la modificación y desarrollo de los genes de los monos (Término general).

Dicho inquilino del cual estamos hablando fue el surgimiento de un híbrido. La cruza, en este caso, entre un mono y un lobo. Lo más raro que la naturaleza produjo, pues claro está. En ese instante, nació el primer alfa, posteriormente aparecerían los primeros alfas y omegas.

Así se encaminó el resto de los años, los seres humanos estaban ya evolucionados en términos generales. Los genes dominantes que poseía el mono fue el causante del aspecto y físico, más bien, de las características principales, mientras que los genes recesivos que tenía el lobo produjo cambios en el metabolismo, olfato y vista. Desarrollando por completo a las nombradas. También, las características secundarias, hicieron la aparición de todo lo relacionado a la posesión egoísta que tenía el lobo líder con su manada y hembra.

Aparecieron así, la distribución de las minorías humanas.

Las personas "Limpias" pronto desaparecerían, puesto que en su mayoría todos eran entre Alfas y Omegas y no sentían atracción hacia las personas "Limpias", ya que carecían de un aroma en especifico. No obstante, todo el miedo terminó cuando otro híbrido nació. En este caso fue entre un hombre Omega y una mujer común "Limpia".

Así surgieron los Betas. No poseían ninguna habilidad o "Aroma" como sus hermanos, pero aún así, tenían posibilidades de engendrar tanto a Alfas como a Omegas.

Como en las sociedades, existen desigualdades monumentales que se hacen notar todos los siglos. Los Alfas eran los dominantes, los duros y con palabra, su aroma era desafiante y embriagador solo para los Omegas. Los Omegas, todo lo contrario, ellos poseían un aroma bastante más tranquilo que el de los Alfas, sumisos y sin derecho a opinar, eran los que brindarán herederos al Alfa de la casa. Su pareja.

También existen las "Marcas". Esto se refiere al momento en el que un Alfa toma por completo a su Omega. Evitando que el Omega se acerque a algún otro Alfa. Y el aroma que posee el alfa queda impregnado en el omega mordido.

¿Pero que pasaba si alguna persona no era como lo predeterminado?

¿Una mujer Alfa? Considerada la siguiente líder de la manada.

¿Un hombre Omega? Posiblemente el juguete sexual de todos los Alfas en la tribu.

Porque un hombre hecho y derecho no debía tener un aroma débil y sumiso. Para eso estaban las mujeres.

Que una mujer fuera Alfa era considerada un regalo divino. La inteligencia y astucia de la mujer era un punto a favor, pero que fuera Alfa, dominante y egoísta, la hacia la siguiente líder. Sea cual sea la idea.

Como todo Alfa, sin importar el hecho de ser mujer, poseían una protuberancia en la zona de su miembro, la cual se hinchaba a la hora de su orgasmo, servía para dar ventaja a la descendencia. Porque no se podían separar antes, ya que quedan anudados por un tiempo.

La lógica de todo esto, es que las mujeres Alfas tenían pene y los hombres Omegas podían embarazarse.

-Quiero creer que solo estas acá por el aire... -Una alta y carismática pelinegra entró sin aviso por las hermosas puertas de ese pintoresco jardín de rosas, interrumpiendo por completo a la bella princesa.

-Ugh Marceline -Gruñó por lo bajo sentada sobre el suave césped, cuidando de algunas flores Qué habían cerca suyo.- ¿Qué quieres?

- Tu padre me ordenó a buscarte -Miró detenidamente el perfil de la Omega y aun con su mirada en ella, se tumba despreocupada sobre el césped. Quedando con la vista ahora en su perfecta y recta espalda.- ¿Cómo van con los pretendientes, Princesa?

-¿Acaso estas celosa? -Se burló. La solo idea de casarse con algún viejo la incomodaba.- pero creo que ya no habrán más pretendientes... O por lo menos durante algún periodo.

-¿Celosa? ¿Yo? -Carcajeo de la peor manera pues había dado en el clavo.- ¿Por qué estaría con una Omega virgen e inexperta...?

-Claro, para eso están tus perras del burdel...

La pelinegra se felicitó mentalmente por haberse tumbado en el césped, pues así la pelirosa no vería sus mejillas sonrojadas. Río para aliviar el tenso ambiente que se formó con su silencio. No iría a mentir a la Princesa, pero no visitaba al burdel para eso. Algunos practican sus coqueteos con las Omegas de allí, en el caso de Marceline.

-Oh Dios, la Princesa está celosa -Comentó con burla.- quien diría que la hija de papi diría esas palabrotas...

-En ese caso, creo que la teniente tiene que irse -Se burló.- creo que en estas horas comienza el descuento en el burdel...

-¿Cómo sabes eso?

-¿De verdad sigues con eso? -Indignada acomodó su cabello.- Me haces quedar como una estúpida Marceline, se que mi padre organiza y desarrolla todo eso... No es nada que no haya visto con sus movimientos corruptos dentro del reino...

-Eh... B-bueno... En ese caso, tu padre no tendrá que darte las explicaciones -Lejos de estar orgullosa, trató de sonreír despreocupada y hablar con sorna. Pero no pudo.

Ella sabía que el Rey era uno de los peores, toda la familia real lo era. Menos Bonnibel, ella era un ángel caído del cielo. No se merecía nada de aquello.

Odiaba con su alma todas las movidas que hacía el Rey entorno al siguiente Alfa de su Bonni. Quería gritar, golpear y matar al Rey por todo eso.

Había matado a todos y cada uno de los pretendientes que viajaron de tan lejos para poseerla. No se arrepiente. Es lo mismo cuando está en una guerra. Las personas mueren, pero ella no.

Sádica y a sangre fría, había degollado a todos esos malditos alfas que se creían mejores que su Bonnibel, que la miraban por sobre su hombro y la subestimaban demasiado. A todos ellos, ella les dio una dulce tortura.

-Si... Tendré que irme, espero que no tenga otra noticia sobre los pretendientes...

-¿Tiene algo de malo? -Cortó una por una las pequeñas flores blancas que rodeaban a la Princesa.

Una pequeña brisa las azotó a ambas, el aroma inconfundible que tenía Marceline enloqueció por largos minutos a Bonnibel, y viceversa. Marceline casi muere por ese aroma en especifico de la Princesa.

Marceline agradecía a la naturaleza por aquella inoportuna ventisca que le permitió enloquecerse una vez más con el aroma de su próxima omega. Aunque ella no lo sabía aún.

-N-no tanto, al fin y al cabo tengo que dar hijos a alguien... -Confesó con amargura.

-Te puedes casar conmigo, seríamos una buena pareja -Bonnibel giró su cabeza para mirar con incredulidad a la pálida chica.- ¿Qué?

-No me digas que te enamoraste de mi -Se río. Sonriendo con picardía volteando para que no la viese.

-C-claro que no Princesita

-Ya que, probablemente mi padre me de en bandeja para ti -Sus brazos se acomodaron detrás de su espalda para apoyarse e inclinando su torso elevó su rostro para que la luz del sol sea exclusivo solo para su cara.

Marceline miró todo aquello, rezó en voz baja agradeciendo al mundo por traerla al mundo. Gimió al sentir una notoria presión en la ingle de sus pantalones.

Al parecer alguien se había entusiasmado demasiado pensando en la joven princesa, al punto que ahora tenía un notorio bulto entre sus partes. Y jadeó cuando inconscientemente comenzó a expulsar el "aroma de alfa que sirve para atraer a las omegas para la copulación".

-E-eh bueno... T-tengo que... hacer pipi -Se excusó.

Con ágiles pasos, se levantó y salió casi corriendo del jardín. La Princesa, desinteresada de todo lo relacionado a Marceline, siguió con los ojos cerrados, sintiendo todos los sonidos provenientes de los pájaros.

Se quedó perdida entre los sonoros cantos de las lindas aves que con sus alas iban de aquí para allá. Habían pasado ya algunos pocos minutos de la desaparición cómica que representó la pálida chica, y sonrió burlesca cuando escuchó pasos.

-¡Bonnibel! -Una voz grave y autoritaria irrumpió en el paraíso de Bonnibel.- ¿Se puede saber que haces acá perdiendo el tiempo?

Torpemente Bonnibel se levanta del suelo para mirar a su padre. Con algo de miedo en sus ojos, se había equivocado y eso era inaceptable para la misma princesa, había obviado los diferentes aromas que tienen Marceline y su padre.

-Me alegro que sepas respetar a un Alfa como se debe... -Arrogante y sin gracia ríe burlón.- quiero que te vistas porque apareció un nuevo pretendiente... -Habló.- es de un reino grande y necesito que lo atrapes, será un buen negocio y los herederos serán unos hermosos Alfas Bonnibel.

Era alto, estaba cerca de un metro noventa y tenía rasgos duros y fuertes, marcados y en algunas zonas de su rostro también había alguna que otra herida profunda. Poseía unos hermosos cabellos dorados, que hacían que todas las omegas del Reino y de otros cayeran a sus pies, pues tenía fama de mujeriego aún en servicio, y por esta reputación es que también recibía más y más cuchicheos sobre los llamados "bastardos" del rey.

-U-umh padre... Y... Si no quiero esto... -Tragó saliva pesadamente.- s-soy joven... Y...

-Cállate Bonnibel, estas más bonita callada. Además... ¿Quién le haría caso a una Omega como tu? -Duro y firme, así fueron las hirientes palabras de ese hombre.- como dije quiero que estés presentable... ¿Marceline estuvo acá?

Su mirada y voz cambiaron, ahora eran de asombro y una alegría no registrada para la joven de cabellos color chicle. Marceline era el tesoro de ese Rey.

-E-ella tenía que ir al baño, Padre... -Dijo y señaló rodando los ojos a la zona más abundantes con arbustos. No pasó mucho tiempo cuando el aroma de Marceline se hizo mucho más fuerte.

-Rey ¿Listo para la noche? -Saludó una vez cerca de ellos. Con un egoísmo disimulado se queda al lado de la Princesa, manteniendo una distancia considerable entre ellas.

-¡Marceline! Lamento esto... Pero tendré que cancelarlo. Puesto que llega otro pretendiente de mi niña -Una mirada "Orgullosa" y "Tierna" posó sobre Bonni.- ya está en su mejor edad para... Bueno ya sabes -Se burló.

Ganas de matarlo no le faltaban, se dijo así misma Marceline. No podía creer que ese hombre vendiera a su propia hija. Pero claro, ella estaba mal.

Es una Omega, solo sirven para complacer al Alfa. Una mueca de disgusto salió de su rostro al pensar en sus futuras hijas, si alguna era Omega no la trataría como el resto. Otro pensamiento salió de sus más bajos deseos, los únicos hijos que tendría Bonnibel serían los suyos. De nadie más.

-He he he -Trató de burlarse, pero lo único que tenía en mente era lo último que pensó. Hijos con Bonnibel.

-Umh, creo que iré a cambiarme padre... -Ni lerda ni perezosa comenzó a caminar hasta desaparecer lo antes posible de la vista de su asqueroso padre. Dejando a una enojada Alfa con otro calmado Alfa.

-¿Qué hay de ti Marceline? -Comenzó la conversación.- ¿Alguna Omega?

-No señor.

-¿Entonces no diste tu primer nudo...? ¿...Verdad? -Era pausado en esos momentos. Tenía que asegurarse que aquel trofeo seguía limpio.

-Así es señor.

-Mis hombres me dijeron que pasabas a visitar algunas veces al burdel... -Dijo.

Con mirada sería y orgulloso, su vista posaba en ella como si fuera alguna clase de Dios místico, soltando de vez en cuando una que otra risilla sugerente.

-Si señor, más no he estado haciendo nada indecente, mi señor. -Contestó seria y tranquila.

-¿Y por qué no hacerlo?

Esa pregunta la desagrado por completo, pero no mostró seña alguna. Las mujeres, y algunos muy pocos hombres, Omegas eran tocados por todos. Todos los Omegas de allí tenían una mezcla de aromas. Y eso la repugnaba.

Soltó una leve risa la cual captó el Rey. Feliz con su cometido, sonríe entorno a ella y se marcha con un asentamiento de cabeza hacia la gran entrada del castillo.

Una vez sola, gruñe por todo lo expresado, como esperaba que Bonnibel la aligera. Un pensamiento absurdo cruzó por su mente, para que después apareciera una sonrisa sincera, mostrando todo sentimiento positivo.

Entró al enorme castillo por una puerta de roble gruesa y dura. La decoración era digna de pasar toda una tarde detallando todo lo que rodea a las paredes de piedra. Se guiaba por la interminable alfombra que conectaba con los cuartos principales y restos.

Con zancadas se detiene frente a una puerta un poco más elegante y femenina. Otra sonrisa azotó su rostro.

Con sus nudillos golpea tres veces en la puerta. Era un sonido en seco que se escuchó hasta en el pasillo un poco más alejado.

-Marceline si eres tu no quiero nada... Estoy probando los vestidos... -Su voz se escuchaba lejos, probablemente estaría en el tocador.

-Solo venía a decirte que cuando termine esto del pretendiente tendremos nuestra salida -Informó aliviando a la otra chica. Algo bueno salía de todo esto.

-Esta bien -Contestó del otro lado.- más te vale que llegues a tiempo

-Claro que si Princesa -Respondió con burla.

Se retiró con seguridad, pues sabía que tenía asegurado su momento a solas, donde sólo estaban ellas y la naturaleza.

Pronto se preocuparía por el paisano que quiere tomar la mano de su chica. Otro nuevo asesinato que nadie podrá solucionar. Una sonrisa siniestra brotó de su rostro.

Aun recordaba al primer pretendiente que llegó al reino de Ooo. Se llamaba Braco y era verdaderamente asqueroso, flacucho, y con un horrible peinado.

Apenas pisó la entrada ya quiso marcar a Bonnie. Lástima que se perdió cuando fue al baño.

Pensó la pálida chica aún con esa extraña sonrisa.

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Gracias por los comentarios espero que les guste.