CUADROS

—Bien Bonnibel, por tu culpa ahora tenemos que hospedarnos en este mugroso lugar… —Escupió entandando en lo que sería su dormitorio.

Luego de que Martín encontrara todas las hierbas para aliviar el celo de la princesa, él mismo había elegido el lugar en que pasarían la noche. Un pequeño recinto, por así llamarlo, improvisado que por las opiniones del alfa decían que era el mejor en la colonia. Agradable y decorado con numerosos adornos hechos de madera y a mano, el beta que distribuía las habitaciones -encargado sólo por esa noche- había quedado embobado mirando a la princesa. Misma que sólo se disponía a caminar en silencio.

Y cuando Marceline notó aquellas descaradas y duraderas miradas, le arrebató tajante las llaves que sostenían sus manos. Mirándolo fijamente mientras subía por las escaleras oscuras para llegar a su habitación, seguida por los demás sujetos.

Como Bonnibel aún estaba bajo su ciclo -porque ese conjunto de flores solo aliviaban un poco su acelerado ritmo- no podía dormir sola, de ser así algún alfa podría aprovecharse y le quitaría su valiosa virginidad. Es por eso que el rey compartirá el cuarto con su hija para que ninguno se pase de listo.

—Iba a ser lo mismo, teníamos que parar para descansar… —Replicó caminando por el pequeño cuarto.

Este, como en el "vestíbulo", también estaba adornado por numerosos adornos de animales tallados con madera de calidad, en sus paredes colgaban unos cuadros de paisajes y en su mayoría los cuadros contenían divinas flores enmarcadas. Equipado con dos armarios para usarlos como quieras, una cama matrimonial hermosa, suave y cómoda a plena vista y una puerta que daba al único baño que tenía el cuarto. Un capricho del rey.

Y ni hablar del hermoso ventanal que daba a la calle más transitada del pueblito, la sedosa cortina fue muy bien recibida por una gran sonrisa del rey. Encantado con esa mezcla de colores alegres que hacían un hermoso contraste en el color oscuro de las paredes y el suelo, provocado por las ya mencionadas maderas.

—Me gusta la alfombra… —Comentó vacilante mientras sus pies desnudos admiraban de la textura.- tomaré un baño

—¿Sabes como hacerlo? —Mofó virando hacia ella.- ten cuidado, acá no tenemos a las doncellas

La princesa gruñó por lo bajo cuando sintió la risa burlesca del rey, y aunque tenía algo de razón, ella no lo demostrará. Porque quería lavarse lo antes posible para quitarse el aroma que expulsaba su cuerpo en celo, aunque ni siquiera sabía como abrir un grifo.

—Le pediré a alguien ayuda, no a ti, porque de seguro tampoco sabes como hacerlo —Rio.

—Buen jugado Bonnibel, buen jugado —Dijo después de unos segundos de intenso intercambio de miradas.- llama a Marceline, ella debe de saber. No creo que Finn sepa cómo hacerlo…

La princesa asintió y caminó apresurada a la puerta, sólo caminó unos cuantos metros antes de estar frente a la puerta de Marceline, puerta que ella había elegido recelosa para velar el estado de su omega. Suspiró agitada y alzó su puño para golpear, pero la pálida abrió antes de que eso sucediera. Al parecer alguien estaba atenta.

Salió vistiendo tan sólo con unos pantalones holgados que usaba para dormir y la parte de arriba -zona de los pequeños pechos- era cubierto por unas vendas blancas, dejando sus abdominales a la vista del público. Público que se sentiría orgulloso de tocar aquella obra de arte.

—¡Bonnie! ¿Sucede algo? —Escupió alterada mientras se acercaba aún más a la más joven. Joven que tambaleó sobre sus pies cuando una oleada de Marceline chocó contra su fina nariz.

—Ugh Marceline… apesta —Apretó su nariz para evitar ese intruso que se colaba en su nariz sin menor esfuerzo.- umm… Marcy… n-necesito que enseñes a bañarme

—¡¿Qué?! —Explotó completamente roja de la vergüenza.

—¡N-no! ¡Espera así no era! —Se calló unos instantes para recomponer su postura y respiró profundamente para hablar.- papá no sabe cómo se usan los grifos… y necesito una ducha

—A-ah… c-claro, tienes razón —Murmuró desilusionada. Pero rápidamente sonrió y miró a la rosa chica.- con gusto te enseñaré a usar el grifo de baño —Rio y extendió su mano para que la otra la tomase.

Cuando llegaron al baño, la pelinegra se arrodilló y se acercó a la hermosa bañadera de color blanco brillante -al igual que todos los otros instrumentos para la higiene y necesidades-, Bonnie atenta a los movimientos de su amiga se acerca y queda sentada prolijamente sobre el suelo, muy cerca de Marceline. Quien se mantenía en todos sus sentidos por una fuerza mística.

—Presta atención, —Comenzó.- primero tienes que girar está cosa —Dijo y con su mano tomaba la perilla para darla vuelta.- ahora sale agua, pero no caliente y tienes que girar está otra cosa hasta que quede la temperatura adecuada para ti… —Giró otra perilla que estaba a la izquierda. Bonnie sólo miraba atenta a la nula explicación que hacia su amiga.

—¿Cómo se llaman las cosas?

—Sólo soy un soldado, no tengo idea de cómo se llaman —Carcajeó mirándola. La princesa chilló divertida y se asustó por el golpe sonoro que dio la puerta de baño al estrellarse contra la pared.

—Listo Marceline, gracias por ayudar a la inútil de mi hija, pero te voy a pedir que te vayas —Dijo calmado esperando a un lado de la puerta para que la chica saliese.

—Claro Alteza… Bonnie —Se despidió y antes de alejarse le obsequió otra hermosa sonrisa.

Marceline salió con unos tambaleos nerviosos, había estado muy cerca de su chica y se resistió como todo un dios, claro, eso repercutió en su zona pélvica. Con su natural bulto entre las piernas entró a su habitación que compartía con Jake, quien estaba tratando de robar un cuadro pegado a la pared.

—¡Hey Marcy! Cierra la puerta y ven a ayudarme… —Susurró lo más bajo posible pero con un tono dramático y exagerado. La chica lo hizo y caminó hasta quedar detrás de él.

—¿Qué estás haciendo ahí, bastardo? —Se burló cruzándose de brazos. Mientras estaba allí recibió la mirada indignada de su compañero.

—¿Bastardo? ¡¿Bastardo yo?! —Lloriqueó pero rápidamente las lágrimas cambiaron por una mirada alterada.- ayúdame rápido a sacar está estúpida pintura… esto le va a encantar a arcoíris…

—¿A Irsa le gustan estas burradas? —Preguntó asombrada quitando con sus ágiles dedos algunas trabas de alambre viejo.

—¡Claro que le gustan! ¡Es la mujer más culta que existe!

Durante el robo del cuadro, Marceline replicó su comentario, diciendo que la mujer más culta sólo podía ser su Bonnibel y que nadie más podía serlo, claro que recibió una mirada entre asombrada y furiosa de Jake quien se unió a lo que era una nueva pelea acerca de las merecidas habilidades de sus omegas. Y la discusión hizo que el robo se atrasara mucho más de lo planeado, algo que Jake tenía en mente apenas había pisado el cuarto y había visto el cuadro.

—¡Listo! ¡Gracias Marcie! —Dijo alegre observando a su nuevo cuadro.- hey, ¿Quién había toca…? ¿Tienes una erección por mi? —Carcajeó.- mira, soy un hombre comprometido…

—¡Cállate! —Gritó y con su mano trató de esconderse tremendo bulto que parecía no ceder.- nunca sería por ti…

—¿Es por la princesa? —Inquirió jugando con la barba que yacía en su mentón.- ¿Por qué no le dices que estas enamorada de ella? Que tú eres su alfa…

—¿Será porque ya está comprometida con el idiota ese? —Ironizó enojada. Se sentó en su cama y apoyó su cabeza con sus manos, avergonzada.

—No se lo digas a nadie pero…, ¿Tú crees eso?... para mí es algo, umm, no sé… tonto —Dijo y la imitó para sentarse junto a ella.

—¿Por qué lo dices?

—Mira, yo soy un rey y tengo una hija… ahora, ¿Qué elegirías tu?, a un campesino o a un alfa que tiene para mantener a tu hija…

—Jake, soy el término medio de esos dos ejemplos. No tengo suficiente dinero pero tampoco soy pobre…

—Cállate, bueno. ¿Qué pasa cuando tienes a un alfa y a una alfa mujer? ¿Elegirías al alfa sabiendo que una mujer alfa es mucho más eficiente en todos los campos que toque?

—¿A qué quieres llegar con eso? —Murmuró contra las palmas de sus manos.

—Que eres la persona más bruta del mundo. No eso no era, mira. O el rey es más ciego que tu o simplemente está haciendo algunas de las suyas. ¿Te acuerdas cuando engañó a ese rey del sur diciendo que no habría enfrentamiento y al final si lo hubo? Ganamos, Marcie… Quiere obtener algo de este rey, no quiere vender a su hija…

Marceline quedó unos momentos en silencio, analizando la situación que se presentó de la boca de su amigo, tal vez tenía razón y esto sólo era un engaño. Con una sonrisa pegada en su pálida cara, salió de su escondite para mirarlo con determinación en sus ojos.

—¡Se lo diré mañana! —Gritó-susurró levantándose de la cama entusiasmada con la nueva teoría.

—¡Así se hace…! —Paró de hablar por una oleada particular que expulsaba su amiga, mirando hacia abajo para burlarse.- pero primero hazte cargo de ese amiguito

Y con un ambiente guasón en el cuarto, la pálida se hizo cargo de lo suyo y Jake volvió a lo que se propuso desde que entró por la puerta, encontrar lindas pinturas y objetos para su omega, escondiéndolo todo en un maldito cofre que se le ocurrió traer.

Por otro lado, Bonnie estaba ya acostada en la cama matrimonial viendo a su padre luchar con las pintorescas cortinas, porque pareciera que no se cerraban del todo y dejaba una gran apertura en el medio. Abertura por donde se filtraría el sol matutino.

—Malditas cortinas que me despertaran por el maldito sol… —Refunfuñó moviendo de un lado para otro a la hermosa cortina, buscando cerrarla por completo.- ¿Sabes que Bonnie? Por culpa de esta maldita cortina haré toda una masacre en este estúpido pueblo… maldita cortina de segunda… —Se quejó otra vez.

Lloriqueos que eran escuchados aburridamente por su hija. Luego de lo que parecía una eternidad para la chica, su padre dejó a la cortina en paz para acompañarla en la cama, quedando ella al lado de la pared y él a la derecha.

—Buenas noches —Se dijeron y ambos se dieron la espalda para comenzar a dormir.

La noche fue bastante larga para algunos, más precisamente para dos alfas jóvenes que querían hacer de las suyas. Marceline cada dos horas se levantaba y salía de su cuarto para averiguar el estado de su omega, pegando su oreja a la puerta de los Bubblegum para buscar lo que quería y cuando terminaba de espiar, caminaba derrotada hasta su cuarto. El otro alfa era el muy querido Finn, quien también salía de ves en cuando de su estancia para caminar "distraídamente" hacia el cuarto de la omega, esperando oír una señal para entrar y reclamar a su próxima esposa.

Y en una de esas furtivas salidas, ambos se toparon de frente. Sorprendidos y al instante ambos estaban más que enfurecidos con el otro, sabiendo a creces el porque estaban parados frente a esa puerta. Marceline fue la primera en reaccionar con sus instintos, expulsando un aroma denso y punzante reclamando el espacio que ella creía suyo.

Finn pareció reaccionar de la misma manera, sus ojos se encontraban más brillantes que de lo normal, pero con el brillo mordaz de lo arcaico, de todo un alfa que pretende defender lo suyo de otros.

No hablaban, porque sabían que sus voces sólo despertarían a los demás, y era algo que ellos no querían. No hacían más que intercambiar unas duras miradas y los aromas comenzaban a ser aún más tensos, lo que provocaría que los mismos despertaran a alguien, o a los mismos Bubblegum del otro lado.

Finalmente fue Finn quien cedió ante el enfrentamiento de miradas, indignado se aleja de la chica por la sola idea de que él, por más que Marceline se entrometiera entre ellos, se casará con la princesa y no esa maleducada chica. Sonriéndole arrogante gira su cuerpo para alejarse y volver a su habitación. Ya llegará el momento en que él le dará una lección, pensó el rubio empujando la puerta.

La chica en el pasillo suspiró cansada, aún se sentía molesta e incómoda por el inquietante momento que pasó con el idiota. Arrojó sus cabellos delanteros hacía atrás con su mano derecha suspirando otra vez y debatiéndose entre volver a su cama o quedarse para cuidar suspicazmente ese pasillo, temiendo que otra vez el chico apareciera.

Decidió finalmente cuando su trasero se sentó en el suelo y su espalda se apoyó delicadamente contra la pared para sostenerse y acomodarse en lo que quedaba de la noche.

Se quedaría toda la noche en vela cuidando de su omega, aunque para eso estaba su padre durmiendo con ella. Recién cuando ojeó por la pequeña ventana que estaba al final del pasillo se levantó y volvió a su cuarto, aparentando haber dormido como normalmente, pues ya estaban presentes los débiles rayos del sol matinal.

Volviendo al carruaje, todos frescos y desayunados como corresponde, iniciaron otra vez el andar por ya el corto recorrido que quedaba por terminar, pues la colonia donde tomarían el barco estaba a sólo unos cuantos kilómetros.

Aunque el penetrante aroma de Bonnibel era un poco más soportable, aún captaban suficientes miradas para intimidarla y hacer que la pelinegra explotara en celos, y más por los acercamientos "accidentados" que Finn hacia a ella. Desde roces con sus rodillas hasta tocar lascivamente su rodilla, acciones que eran observadas por ambos Reyes. Uno más furioso que el otro.

《¡Hello! ¿como andan?. Espero que el capítulo sea de su agrado, y muuuuchas gracias por sus comentarios (En especial a una Lucy;v). Nos vemos la próxima!》