AGILIDAD
—¿Segura que no quieres acompañarnos? —Preguntó otra vez la rosa chica, mirando con cautela a la otra joven rubia que yacía sentada al borde de una cama. Y recibió otra vez la negación de su cabeza.
La sacudida de su cabeza producía que su hermosa melena, atada en una prolija trenza, se moviera de un manera fascinante… hermosa… y muchos adjetivos positivos que según Bonnibel lo quedaban… perfecto. Claro que aquella omega era la sensualidad hecha persona, solamente sus curvas hacían que el alfa más duro cayese ante sus pies y ni hablar de algunas mujeres betas y omegas, porque claro, el pecado de la lujuria no distinguía ni olvidaba a nadie.
Pero estaría mintiendo sobre sus encantos, no todos caían ante su; aroma cosquilloso cuando se colaba en su nariz, su fino rostro blanco pero sin ser demasiada pálida, ese correcto andar de sus caderas que naturalmente danzaban cuando caminaba y ni hablar de los demás complementos de su cuerpo bien formado. Había una excepción, Marceline Abadeer, única en su siglo que pudo contenerse ante sus deseos más bajos. Algo que ni Bonnibel podía, aunque sólo fueran miradas furtivas o toques "por accidente".
Otra vez, aquella ronca y lenta voz se oyó y retumbó entre las altas paredes de su cuarto, haciendo que otra vez la princesa temblara estúpidamente.
—Me encantaría, pero no me apetece salir, de todas maneras… ¿A dónde irán? —Su voz salió de aquellos regordetes labios rosados, en un movimiento lento y seductor que Bonnibel captó y quedó colgada por unos instantes.
—E-eh… padre tiene que inaugurar un nuevo campo de entrenamiento… t-tiene que estar para abrir las puertas… —Soltó, sintiéndose vulnerable bajo los ojos de Fionna. Cuando Bonnibel dejó salir las últimas palabras, la rubia le dedicó una suave sonrisa, una diferente a las otras muecas.
—Eres tan amable, Bonnibel. Siento no poder asistir porque al parecer su padre me asignó una doncella para aprender sobre la vida de casada, ya sabes —Dijo sutilmente mientras cruzaba sus piernas y apoyaba sus manos en las rodillas.
—¿Umh… clases, dices? —Soltó y su mano dejó de sostener el picaporte.- ¿E-estas comprometida a alguien… o l-lo estabas…?
—Ajam, o esa es su idea —Contestó.- de otra manera no se hubiera tomado las molestias… mi princesa, creo que estas llegando tarde a la apertura del campo —Dijo finalmente y la despidió con una hermosa sonrisa; mostrando sus blancos dientes acomodados y alineados.
Bonnibel aún se quedó quieta en su lugar y no se movió hasta que la rubia le regaló otra sonrisa esperando que la más joven entendiera y se fuera de la alcoba. Tambaleó un poco en su lugar antes de girar y enfrentar a la puerta, sacudiendo el picaporte cuando los vellos de su cuello se erizaron sin razón aparente. Y soltó la bocanada de aire que se detenía en sus pulmones, inquietamente.
—Princesa, el rey la está esperando ya para salir —Habló una doncella rompiendo el ambiente que Bonnibel había formado mientras caminaba silenciosa por el extenso pasillo.
—C-claro… iré enseguida, muchas gracias…
Cuando sus pasos la llevaron a bajar la enorme escalera en espiral que tenía el castillo, Bonnibel levantó la cabeza cuando pisó el último escalón y vio a su padre parado recto delante de la puerta del salón. Portador de un fino y elegante traje de rey, color bordo e innecesariamente había una capa posada en sus marcados hombros, imponiendo un respeto inútil ante sus empleados y campesinos.
—Espero que no hayas estado con esa omega… —Dijo cuando su hija caminaba a la par suyo y ambos comenzaron a andar acompañados con aquellos fieles seguidores del rey.- es tan… rara
—Es así porque tal vez vivió la mayoría de su vida complaciendo los instintos más repulsivos de su naturaleza, padre —Contestó molesta.
—¿Siempre fuiste así de molesta, Bonnibel? Nuestra naturaleza no tiene la culpa que esa muchacha sea como… ya sabes, además está comprobado que un alfa necesita descargarse para mantenerse cuerdo…
—¿Quién lo dice? Acaso son tus libros sobre la vida que "extrañamente" incita al alfa para que fornique con omegas y luego las mate —Bramó.
El rey no contesto, tensó su mandíbula enojado por no poder responder o golpear a la descarada de su hija -que también era la viva imagen de la mujer que en algún momento en su vida amo-. Sus fosas nasales se dilataron e inconscientemente comenzó a aumentar su andar.
Y siguieron caminando en silencio, molestos con la presencia del otro, y escuchando como las personas que los acompañaban platicaban sobre lo que sería un nuevo avance para el reino o pueblo en general. La princesa saludaba con una hermosa sonrisa a las bellas omegas que pasaban por su lado, omegas que trabajan en el castillo o simplemente eran paisanas bien portadas; como lo era Irsa, o arcoíris como Jake la llamaba, una alta y hermosa omega panadera que tenía una extraña mezcla de colores en su dorada melena, y todo por jugar con raros tintes para la ropa.
—¡Estoy súper emocionada por los juegos! —Exclamó excitada la más alta al mismo tiempo que se pegaba al brazo de la princesa.- ¡Ya quiero ver a Jake!
—Cálmate un poco Irsa… —Rio mostrando su perfecta dentadura. La chica estaba fascinada por la energética personalidad de la rubia, que con caminaba con un graciosa andar; saltando cada dos pasos normales y detenerse para volver a empezar de nuevo.- ¿Quién crees que gane?
—¡Jake! ¡Jake es súper fuerte! —Ronroneó abrazando a la rosa chica.
Bonnibel no respondió pero si frunció el ceño cuando la omega anticipaba al ganador, claro que Jake tenía la posibilidad de ganar, pero Marceline, su Marceline, era mucho más astuta que el alfa y mucho más ágil para los combate de cuerpo a cuerpo; algo que probablemente Jake no controlaba tan bien. O eso pensaba la princesa que defendía a la que sería su alfa.
Y algo parecido pasó.
Cuando los monarcas llegaron, el rey, como era lo lógico, soltó unas cuantas palabras orgullosas sobre el nuevo campo de entrenamiento -donde se haría una serie de exámenes físicos-, alardeando que el nuevo recinto les ayudaría para los combates duros y difíciles que de vez en cuando se presentan. Y mientras todos los espectadores eligieron su lugar para sentarse, los alfas-soldados comenzaron a entrar a la vista del público, sin camisa para mostrarles a las omegas la clase de macho que son y también demostrarles a los alfas lo mismo.
Y Marceline no era la excepción, entrando con una venda cubriendo sus pechos y unos ajustados pantalones negros que usaba de combate, la pálida chica hizo suspirar de libido a casi todas las omegas presentes, aunque Bonnibel diría lo contrario. Pero no era sólo eso, antes de las pruebas, hubo un momento de "descanso" por lo que los alfas-soldados estaban conversando o practicando con sus nuevas armas y la alfa tomó con su delgada mano una hermosa y filosa espada. Aparentando estar distraída, Marceline comenzó a mover la espada con experiencia, dando un hermoso espectáculo para las omegas y los alfas que miraban con asombro a la chica que ni se esforzaba en hacerlo, pero sólo le importaba llamar la atención de cierta omega sentada al lado del rey.
Omega que durante toda la semana la estuvo evitando, y eso la ponía como un toro embravecido.
Y cuando la mirada insistente de la pelinegra chocó por fin con la de la princesa, el golpeteó doloroso y alegre de su corazón la desconcentró y su mano comenzó con un temblar nervioso haciendo que el arma cayese y ella quedará unos momentos quieta, en silencio. Pero no fue por mucho, porque luego sintió un mareo; producto de el golpe que recibió por accidente en su cabeza. Al parecer Jake tampoco era tan bueno en lanzar cosas, o eso quería pensar la pálida cuando se agachó para levantar la pequeña pelota de tela que chocó en su cabeza.
—Ahg Marcy… creo que nunca mejoraré con el tiro al blanco —Se quejó avergonzado deseando que su omega no lo haya visto. Algo difícil porque la misma omega lo miraba como gata enjaulada.
—¡Me hiciste quedar mal ante Bonnibel, Jake! —Lloriqueó y a lo lejos, por el rabillo de su ojo, notaba donde estaba sentada su omega.
—¡Hey! El mayor insistió en que practique puntería, yo le dije que era malísimo en eso pero siguió dele y dele…
—Como sea… ¿Crees que sea bueno que vaya a hablarle? —Preguntó con miedo y hasta su aroma comenzó a disminuir la densidad normal en ella.
—¿Qué? Si quieres ve a hablarle, es tu amiga desde… ¿Cuánto? ¿Los diez años?
Y esa era la motivación que necesitaba la chica, ella asintió con fuerza y giró comenzando a caminar hasta la madre de sus cachorros. Mientras la brisa otoñal del año la llenaba de valor notó, aquella hermosa chica de los más raros cabellos rosas, como estaba vestida; un hermoso y sencillo vestido amarillo, moldeando delicadamente su figura y como no mostraba más de las rodillas. Y otra vez, su mirada chocó con la suya, ahora podía observar un leve sonrojo adornó su fino rostro.
Y cuando estaba a unos cinco pasos de distancia -semi desnuda- habló con un tono más ronco.
—Bonnibel… ¿T-te gusta…
—Vete ahora mismo, Marceline Abadeer —Bramó el rey desde su lugar sin siquiera mirarla.
Y se alejó con la risa burlona de la misma omega que tanto adora, devastada y bateada en cuestión de segundos. ¡Ni siquiera pudo terminar la frase! Aunque se había ganado aquella risilla de su Bonnie.
—Bien… eso fue muy rápido, quede asombrado por lo rápido que te rechazaron —Se burló una vez que la pelinegra volvió.— Luego te enseñaré algunos trucos que a las omegas les encantan…
Luego de eso, el ruido de las trompetas llenó el campo anunciando el comienzo de los juegos y juegos. Los alfas entraban al "rectángulo" y comenzaban con la serie de actividades físicas, mover las grandes rocas para demostrar fuerza, mantenerse en equilibrio en una soga que estaba a más de cuatro metros de altura, escalar una torre con tan sólo sus piernas y brazos y combatir cuerpo a cuerpo con algún campesino o con otro soldado.
Y todas esas pruebas Marceline insistía en ser la primera, queriendo llamar la atención de su omega y ganar su propio orgullo que le arrebató el mismo rey. Pero lógicamente en algunas pruebas no pudo pasarlas, por ejemplo; no pudo ni mover la roca para sacarla de la línea de inicio, tampoco pudo mantenerse en equilibrio en la soga y cayó a cuerpo limpio desde cuatro metro de altura.
Pero obtuvo puntaje excelente en; arquería, lucha con espadas, escalar y, por supuesto, agilidad y velocidad. Y cuando la noche presentaba sus primeros signos, o más bien cuando el sol comenzó a ocultarse, la chica alfa -ya vestida con ropa de civil- comenzó a caminar hasta la princesa que estaba sin el cuidado del rey o de algún otro alfa. Algo que Marceline aprovechó para caminar más rápido.
—¿Bonnie? —Habló temblorosa y conscientemente comenzó a producir más feromonas. Algo muy común en los alfas para atraer a la omega o para demostrar que querían otras "cosas".
Ella volteó, al parecer miraba ausente a sus dos mejores amigos que estaban tonteando a unos metros de ella. Sacó a relucir una hermosa sonrisa, una tranquila y feliz por la presencia de su alfa. O tal vez Marceline dejó expulsar más aroma de la cuenta y eso la noqueó por unos instantes.
—¡Marcy! ¡Estuviste fantástica! —Chilló emocionada mientras saltaba y la abrasaba.- ¡Eres fantástica! Aunque casi te matas por la prueba del equilibrio…
—S-si… ya sabes… la cuerda tenía algo y me resbalé —Mintió roja de la vergüenza.- entonces… ¿Y tú padre?
—Oh… él dijo que tenía que hacer algo y que me tenía que ir cuando el caballero principal viniera por mi… pero no lo veo por ningún lado…
—¡Bien! ¿Qué dices si yo te llevo hasta la entrada del Castillo? —Preguntó emocionada.- y podríamos hablar y…
—¿Quieres acompañarme hasta mi castillo para que te aproveches de mi, Marceline Abadeer? —Inquirió y con su dedo comenzó a picotear burlista las costillas de la más alta.
—¡¿Q-qué?! ¡¿D-de que h-hablas?! —Balbuceó explotando en color rojizo. Claro que la omega que eligió tenía que ser tan molesta y descarada.- ¡B-bonnie deja de m-molestarme!
—Vaya, ¿Quién diría que la alfa de esta generación era tan arisca? —Mofó encantada mirando las mejillas coloradas de la más alta.
—N-no lo soy… sólo tengo respeto por ti…
—Claro, claro lo que tu digas —Rio estando aún abrazada a Marceline.- pero como decías, me parece perfecto que me acompañes… el caballero posiblemente se fue a la parranda
—Tienes razón…
—¿Por qué no vas tú?
—¿A dónde?
—A la fiesta y celebración… estoy comenzando a dudar de tus intenciones, Marceline —Respondió con una pizca burlesca aunque más irónica.
—¡B-bonnie!
ESPACIODETIEMPOESPACIODETIEMPO
—¿Entonces tu padre piensa vender como su hija a la omega que trajimos de Lich? —Habló la más alta mientras caminaba lentamente al lado de Bonnibel, tomadas de la mano y disfrutando la escasa luz que les brindaba la luna.
—Ella me dijo que mi padre le dio una señora de modales o algo así…, sólo sucede cuando la omega está por ser comprometida o vendida —Respondió soltando la mano de Marceline para colgarse de su brazo.
—¿Sabes quién puede ser?
—¿El viejo gordo ese… él que administra el dinero del reino está casado o algo?
—Umh… no, todas sus omegas murieron al parir… ¿Crees que sea para él? —Indagó un tanto nerviosa.
Nerviosa porque ella sabía que clase de alfa era ese, uno gordo y con cara de muerto vivo. Lo llamaban "pan de canela", apodado así por su extraño vicio a esos panecillos del mismo nombre, aunque también se lo llamaba de otra manera menos agradable. En total, tenía ocho hijos reconocidos, hijos de las omegas muertas por negligencia de él mismo.
—Si llegara a ser así, siento mucha lástima por Fionna… es muy hermosa para él —Y por accidente había dejado salir su pequeño "enamoramiento exprés" por la rubia.- Umh… d-digo, creo que es hermosa…
—Si… —Entrecerró sus ojos molesta.- ¿No duermen en la misma habitación, verdad?
—Nope… —Negó alegrando a la pelinegra.- mira ya falta poco, allá está el castillo…
La alfa no contesto pero si asintió con su cabeza, mueca que paso desapercibida por la más baja. Y como lo había dicho la princesa, a unos pocos pasos ya estaban frente a la escalera de piedra que las llevaría al enorme portón. Y Marceline deseó con todos sus fuerzas que la misma rosa le pidiera que entrara, o por lo menos que la despidiera con un tierno beso sobre sus labios, algo casi imposible por la atenta mirada de los guardias del portón.
—¿Quieres subir? —Preguntó trivial la princesa mientras subía por las pocas escaleras, girando para verle la cara.
—Umh… —Aunque deseaba gritar al mundo una afirmación, la cara y negación del guardia le dejó en claro de quien se trataba.- t-tal vez luego…
—Bien —Para despedirse, la rosa bajó los escalones para besar la mejilla de Marceline y volvió corriendo para entrar al castillo.
La pálida largó un gruñido dirigido al guardia que ahora carcajeaba por lo bajo, burlándose de la suerte de Marceline.
Cuando giró para irse, la voz profunda y altiva del rey hizo que levantara su cabeza para mirarlo directo a los ojos azulados, fríos como siempre.
—Marceline, que suerte encontrarte por aquí… y sin Bonnibel —Escupió. Relamió sus labios para continuar.- estas soltera y en la edad para perfecta para dar descendencia…
—¿Si…?
—Tengo entendido que no has dado tu primer nudo… ¿Eso es verdad? —Preguntó sugerente.
—S-si, n-no lo he dado aún… ¿Adónde quiere llegar, su Alteza?
—Hablaremos mañana, a primera hora. No acepto tardanzas —Y como llegó, el rey de Ooo se retiró sin decir absolutamente nada más. Dejando a la pelinegra inquieta en su lugar.
¿Indirectamente le estaba ofreciendo a Bonnibel Bubblegum?
《¡Holaaa! Lamento la tardanza de casi tres o cuatro semanas:'v comencé las clases hace dos semanas y tuve prueba con muchos profesores t.t.Espero que el capítulo sea de su agrado, soy responsable de cualquier error en el capítulo y demás.Me gustaría que comenten si estoy haciendo la historia entretenida o sugerir algo para el capítulo próximo -todo será bienvenido:3-¡Nooooos veeeemoosss》
