FIONNA
La mañana por fin había llegado y la inquietante pelinegra fue recibida por las negras nubes del cielo, oscureciendo al ambiente de manera tranquila. Sentía como el sudor de sus palmas producían unas exageradas gotas del líquido y como su aroma está un poco más agrio que lo normal, pues todo era producido por la posible mala noticia que tenía que decir el rey Bubblegum. Sea mala o buena, ella no podía dejar de pensar en los escenarios futuros.
Mientras sus pies la guiaban de manera automática hasta lo que denominaban el "despacho" del rey, fue delirando en silencio, soltando de vez en cuando silenciosas penas que, aunque ella no se daba cuenta, las personas que pasaban a su lado la escuchaban y miraban confundidos a la alfa. ¿Qué problema tendrá para dejar a un alfa de esa manera? Murmuraban mirándose entre ellos.
Sus delgada y huesuda mano se empuñó y golpeó la puerta, haciendo que ese ruido hiciera un desagradable eco dentro de su cabeza. Intentó calmarse pensando en cosas lindas, flores, perritos o Bonnibel. Su Bonnibel.
—Adelante —Habló la gruesa y fuerte voz del hombre allí adentro, rompiendo la línea de pensamiento que estaba teniendo Marceline.
Sin esperar algo más, se enderezó y empujó la puerta con una seguridad débil, comenzando a expulsar un aroma trivial y hasta podría ser retador. El despacho era grande; mucho más que su propia casa a las afueras del reino -cerca de los cultivos y agricultores-, decorada en todos sus rincones con una estatua de algo poderoso como un dios o como un semental de animal, también había una pequeña estantería con algunos libros. Detrás del escritorio -donde se encontraba el rey sentado absorto en los papeles que yacían sobre la mesa- estaba un hermoso y grande ventanal que daba al jardín secreto de su hija.
—Entra y cierra la puerta, Marceline —Espetó sin levantar la mirada.
Lo hizo sin replicar nada, y cuando su culo se acomodó en el suave asiento se permitió admirar las pequeñas bellezas que habían en el escritorio, pequeños adornos con forma de animalitos tiernos y a la vez feroces.
—¿Cómo están tus padres, Marceline? —Preguntó dejando la birome a un lado.
—Umh… bien, siguen trabajando… la tierra
—¿Estas nerviosa? —Se burló mirándola por primera vez.- ¿Por qué estarías nerviosa?
—¿Q-qué? N-no… no lo estoy —Jugueteó con sus dedos evitando la mirada del alfa más grande. El mismo sonrió cuando el aroma incontrolado de Marceline azotó su nariz, claro que estaba nerviosa.
—Bien, como la incomodidad no se irá comenzaré hablar… —Y antes de hacerlo, el rey junto las hojas y las guardó junto con la birome en un cajón de su escritorio.- como tenemos a otra omega aquí en el castillo, tenemos que deshacernos de ella… ósea comprometerla a alguien… ¿Lo estas captando Marceline?
—Umh… ¿Pan de canela? —Habló inocente y el rey entrecerró los ojos confundido por la respuesta para nada deseada.
—¿Qué? ¿De qué hablas?
—¿Él no es un alfa soltero y disponible para la omega nueva?... ¿Estamos hablando de ello, verdad?
—Eres algo lenta, Abadeer… —Balbuceó descompuesto por la despistes de la chica.- estaba diciendo… ella necesita un alfa a su altura para que después del anudamiento puedan gobernar el reino de Lich… necesitamos a un alfa limpio… —Dijo sugerente.- ¿Estás entendiendo?
—La verdad no
—¡Bien! —Bramó.- ¡Tú serás ese maldito alfa, Marceline Abadeer! ¡¿Ahora lo entiendes maldita retardada?!
Y esa nueva y aterradora noticia la golpeó duramente. Fue como si alguien le hubiera tirado un balde de agua fría, directamente a su espalda. Y pronto el silencio del ambiente la sofocó violentamente haciendo que se levantara violentamente del asiento, siendo observado detenidamente por el rey calmado. Y ni la mezcla de emociones que largaba Marceline lo inmutó.
Fue entonces, luego de tres largos minutos, un gruñido molesto del rey se escuchó y la alteró por completo, queriendo saltar a la yugular del rey para matarlo y luego reclamar como suya a Bonnie.
—Cálmate ahora mismo —Rugió respirando las alteradas feromonas de la chica.- eres una alfa, no puedes dejarte llevar por tus emociones, ¿Qué eres sino?
Asintió pero en su mente sólo daba vuelta la sola idea de matarlo y raptar a la princesa, y de paso matar también a Fionna -omega que hacia sentir incómoda a su omega-. Soltó un bufido para volverse a sentar en la misma silla aunque un poco más alejada del escritorio y del altivo rey.
—Eres una puta vergüenza, Marceline —Escupió.- ¡¿Qué clase de alfa eres, demostrando todas las emociones débiles de las omegas y de alfas aún más débiles?! —Gritó inclinando su cuerpo casi sobre la mesa, imponiendo poder y respeto.- ¡Harás todo lo que yo diga!
Sólo recibió la mirada recta de la pálida, conteniendo sus impulsos y tragando el fuerte aroma del rey.
—¡¿Acaso creíste que dejaría que una simple hija de campesinos se anudara con mi hija?! —Bramó otra vez y las palabras hicieron un doloroso eco dentro suyo. Porque al fin y al cabo el rey tenía razón.- ¡Cielo que eres estúpida, Marceline Abadeer! ¡Esa maldita zorra recibirá hoy mismo tu maldito nudo bajo mi techo! ¡Y si no lo haces juro por dios que a Bonnibel la venderé al más desagradable alfa!
Gritó histérico y después con un movimiento de manos exigió que la chica, desorientada y enferma, saliese del cuarto. Pero no lo hizo, aún tenía tantas cosas para decir o mejor dicho gruñir y gritar a la cara sombría de su monarca.
—¡Me niego a salir de aquí sin recibir noticias sobre lo que pasará con su hija! —Exclamó molesta encarando al rey que se había sentado cómodamente sobre su pequeño trono.- ¡Aborrezco la idea que está expresando, mi rey!
—¡Te lo vuelvo a repetir, Abadeer. No te metas en mis asuntos! —Escupió no tan seguro porque el aroma pesado y agrio de la paliducha lo estaba sofocando.- espera…
Se desplomó otra vez sobre el respaldo y respiró profundamente esperando que la oleada de tranquilidad llegara a su cuerpo con esas inaladas y expulsadas de aire caliente. Marceline, por otro lado, estaba aún parada sobre sus delgadas y largas piernas lista para saltar si eso era lo mejor, y expulsando aún su orgulloso aroma de alfa molesto y atacado.
—Bien, hablaremos calmadamente como adultos… ¿It is okay? —Esperando que esas feromonas densas de Marceline se alejen, el rey llevó su mano derecha a la barbilla, posiblemente frustrado por tener a una alfa molesta.
Porque era verdadero el hecho de que las alfas mujeres son mucho más insistentes y suelen explotar con facilidad, algo muy ventajoso durante las guerras. ¿Pero qué pasaba cuando tenías a la alfa delante tuyo? A unos cuantos pasos y con cara de saltar en cualquier momento.
—Escucha atentamente… —Comenzó hablando y esperando que la misma alfa se sentara como anteriormente estaba.- creo que sería un buen negocio esa unión con la omega..., el rey Martín estaba muy sorprendido con tu presencia y tal vez eres la única alfa que ha visto durante su vida, además, con la unión ambos podemos unir nuestros reinos y dominar otros de la manera más fácil posible. ¿Lo entiendes? —Pausó.- y cuando llegue tu primer primogénito haces lo que quieras con ese matrimonio…
—¿Y que pasará con Bonnibel…?
—Al parecer no eres la única alfa del siglo… cerca del antiguo Roma había una pobre familia y un día los guardias robaron a esa alfa y la llevaron al castillo para convertirla en parte de la familia real. Creo que tienen la misma edad, o ella es más vieja por unos dos años… no lo sé
—¿Cómo se llama?
—Eres tan rara Marceline —Ente cerró los ojos por un momento.- pero no puedo matar al mejor soltado que he tenido, ella se llama Phoebe. Según los rumores, ella tiene el cabello tan rojo como el fuego y que nació con el carácter más bravo que las llamas de una fogata… Aunque creo que sólo son rumores…
Y si el rey fuera un buen observador, o aunque sea hubiera prestado un poco de atención, notaría como los celos comían viva a la pobre pelinegra. Su rostro estaba mucho más pálido y sus nudillos estaban mucho más blancos por la presión que hacia para contener su ira.
—¿C-cuando… sucederá eso? —Habló por fin después de unos minutos incómodos en silencio. El rey mostró una mueca de asombro y su mano volvió otra vez a su barbilla.
—Según mis cálculos, ella estará llegando dentro de unas horas. Luego de que las presente entre ellas las llevaré al salón de trámites para que firmen el papel y luego está misma noche, tanto tú como Bonnibel copularan con sus respectivas parejas… que
Y si el rey hubiera puesto un poco de atención en su alfa, notaría que una vena resaltaba en su pálida frente -produciendo un efecto de grosor en la misma pequeña protuberancia-. Ahora mismo volvían las gotas de sudor a sus palmas e incluso una gota rodaba por todo el largo de su espalda, sus celos estaban explotando en cuestión de segundos, ni siquiera le llevó tanto esfuerzo expulsar un fuerte hedor representando el estado de ánimo herido y tembloroso que estaba ahogando a la pálida.
—¿Q-qué…? —Balbuceó.
—Por tu fuerte olor puedo deducir que acabo de romper tu corazón y esperanza —Dijo tapando con su mano la nariz, así evitando aspirar el agrio aroma de la alfa asustadiza.- pero si, hace cuatro semanas recibí su nota de aceptación y eso que la nota llega unos diez días después de ser escritas…
Habló entusiasmado con el nuevo sistema de mensajería que implementó para que las cartas se enviarán y sean entregadas de la manera más rápida posible. Y todo por medio de barcos pequeños impulsados por unos enormes motores que eran pocos eficientes -motores que pesaban una tonelada y reducían al mismo barco-.
—Ya es hora para que Bonnibel me de los nietos que necesito, sólo espero que sean todos alfas… —Murmuró a la ausente pelinegra.
—V-vale… creo que está bien…
—Para mi es todo un milagro, pero creo que para ti es toda una desgracia —Se burló.- pero todo cambiará cuando anudes a tu propia omega, ella satisfará tus deseos que sólo lo tienes cuando sueñas... y ni te cuento como te sentirás cuando tengas a tu primer primogénito, te aseguro que será puro gozo.
Marceline quería gritar y demostrar su gran descontento ante las nuevas dos noticias, pero el rey sin decir más; sacó los mismo papeles que guardó para evitar otro comienzo de plática con la alfa chica.
Se permitió respirar profundamente cuando su cuerpo estuvo afuera de esa sala, lejos y fuera de la vista del rey. E inconscientemente comenzó a caminar con paso rápido hasta donde seguramente se encontraría su Bonnibel. Esquivando a personas, chocando con algunos muebles o evitando los pasillos y escaleras infinitas, pero llegó a la alcoba de su omega y entró sin tocar, deseando internamente que Fionna no estuviese presente.
—¡Bonnie! —Bramó furiosa cuando entró y cerró tras su espalda la entrada. Obtuvo la atención al instante de la chica sentada en un cómodo sillón individual, aparentemente leyendo.- ¡¿Acaso sabías sobre esto?!
La respuesta que recibió fue un chillido asustado por su entrada y por la oleada de feromonas que entró directamente a sus pulmones.
—¿D-de que hablas…? ¿P-por qué entras de esa manera? —Masculló saltando del sofá para acercarse hasta la pelinegra. Su instinto le estaba pidiendo a gritos que calmara a su alfa.
—¡¿Acaso no lo sabías?! —Gritó alterando a la omega de Bonnie.- ¡Ya estás vendida! ¡Y yo también lo estoy! ¡Mataré a cualquiera que toque tu cuerpo, omega!
—M-marcie… c-cálmate por favor… —Rogó acariciando el brazo flacucho y poco musculoso de su amiga, para adelantar ese momento calmado, la princesa comenzó a producir su característico aroma arisco de las omegas cuando el alfa ruge a los cuatro vientos.
—¡¿Sabéis lo que me dijo esa maldita bolsa de mierda?! ¡Qué voy a ser feliz preñando a una cualquiera! —Su brazo quedó estático ante las suaves caricias de esa omega, pero no evitó que su otro brazo se alzara frustrante por la situación.- ¡Y que tu recibirás el puto nudo de otra bastarda alfa! ¡Alfa, Bonnibel! ¡Es probable que sea mejor que yo en todo lo que haga!
Y otra nube de feromonas molestas golpeó a la sumisa omega, refugiada ahora en los brazos y pecho de la alfa, emitiendo su propio aroma como respuesta.
—¡Hoy será el puto día! ¡Hoy! —Gruñó.- ¡Yo debería ser la primera que te monte! —Y sin ser consciente, sus manos sujetaron los costados de la más joven. Quien hacia una mueca de disgusto por las vulgares palabras.
Y mientras la alfa seguía en su burbuja de groserías, su cuerpo comenzó a cerrar la distancia entre ambos cuerpos; y mientras eso pasaba, la princesa se alejaba lo más que podía. Inútilmente alejándose hasta que la parte posterior de su pierna chocó con su cama.
Ella perdió el equilibrio cuando el cuerpo de Marceline buscaba más contacto, estando aún desconectada del mundo, exclamando palabras como; 'eres mía' 'omega' 'mía' 'alfa', fue entonces cuando el cuerpo más delgado cayó por fin sobre el suave colchón pomposo. Y la pálida la siguió, se inclinó y se mantuvo gracias a sus manos que se posaban en los hombros de la omega. Intercambiando una mirada fija y fulminante, pues por fin había dejado de hablar.
—¿E-eh… M-marcy… p-puedes correrte…? —Balbuceó padeciendo aún los efectos de su omega sumisa.
—¿Sabes qué?
—¿M-mhm?
—Puedo anudarte ahora mismo… —Dijo probablemente sin tener en cuenta la opinión de la otra.- así el rey no molestará más… nuestros cachorros serían el doble de lindos que tu o que yo… —Vaciló con la vista perdida en los pechos de la omega, que por la posición Marceline tenía una buena vista desde arriba.
Bonnibel no expresó su disgusto con palabras hirientes tan comunes en ella, groserías que a Marceline no le molestaban, claro que no, en cuestión de segundos la rosa observó como el rostro de la alfa se deformó en una mueca dolorosa y como su cuerpo caía sobre ella, adolorida. Las manos que estaban en su hombro también desaparecieron para esconderse en sus partes nobles, sólo había bastado un rodillazo en todo lo bueno que tenía esa alfa.
—Mira Marceline Abadeer, tú no decidirás sobre mi jodida vida y tampoco lo hará el estúpido de mi padre. —Escupió directamente a su oído. Recibiendo por lo bajo los lloriqueos y balbuceos llenos de dolor y arrepentimiento.- Pero tú, si el malnacido de mi padre te emparejó con Fionna lamento decirte las consecuencias que tendrás si la tocas, Marcy —Esas últimas palabras salieron de su boca advirtiendo su posible muerte.
Recibió los acallados lamentos de Marceline, sosteniendo aún su muerto miembro. Espero que el dolor de la pelinegra se aliviara para empujarla al otro lado de la cama, pues en la posición en que habían quedado era muy incómoda para la princesa que aguantaba todo el cuerpo de la otra alfa.
—Escucha, tal vez suene raro… pero tengo un plan —Habló cuando se levantó y alejó de Marceline.- tenemos que comportarnos naturalmente… como siempre. Yo rechazaré, como siempre, al alfa y tú soporta a Fionna hasta que yo piense en la otra parte del plan
—¿Uh… soportar? ¿Cómo hago eso? —Susurró temblorosa desde la cama, sus ojos seguían a la inquieta omega que caminaba en círculos buscando una solución a sus problemas.- y tú qué, tu padre dijo que este será el último alfa que te presenta, si no lo aceptas él te emparejará con cualquier otro...
—Lo sé, pero mi plan es cien porciento infalible —Alardeó.
Marceline calló para seguir viendo a su omega hablar sola sobre las salidas del problema y calculaba distintos puntos de vista -de manera fría y calculadora-, y todo eso mientras su mano masajeaba su paquete, siendo los testículos que recibían la mejor atención por ser el blanco de esa rodilla.
—Pero quiero que te vayas, tengo que hacerlo sin distracciones y no lo puedo hacer mientras te estás tocando tan descaradamente en mi cama —Dijo sin prestar atención, seguía interesada en el cuaderno que sostenía una de sus manos.
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Y volvemos otra vez a la pálida. El día estaba por terminar y con eso llegaba el terror de la misma, pues los planes de Bonnibel se cancelaron cuando la nueva alfa, Phoebe, llegó y el rey la obligó a pasear con ella para mostrarles innecesariamente el reino. Ella no pudo hacer el seguimiento con su omega porque el rey las había separado apenas esa alfa tocó el suelo, gruñendo a Marceline cuando esta se dirigía hacia las chicas.
Pero no sólo cayó la noche, la hora fijada del rey estaba por cumplirse y sólo faltaban cuatro minutos, los que ella tendría para correr hasta su alcoba asignada y así desposar a la omega. Sus esperanzas se destruyeron cuando sólo faltaban unos treinta minutos y ni siquiera pudo ver a su omega, su Bonnibel.
Omega que estaba platicando trivialmente con la que sería su alfa, aunque pareciera raro, ambas mujeres se entendieron de inmediato gracias a los múltiples gustos que compartían, pero no lo suficiente para fornicar ese mismo día. Palabras expresadas por la misma alfa, un alivio para una omega.
—Es un gusto conocerte, Marceline. —Ese ronco y sensual timbre voz fue la causa de todo esto. Habló Fionna cuando la alfa entró y cerró la puerta, manteniendo una exagerada distancia entre ellas.- el rey me habló de todo esto, no te sientas asustada… se que es tu primera vez. También se que tu serás mi alfa… —Sus regordetes labios se separaron para mostrar sus blancos dientes.
—N-no, no soy tu alfa… —Tartamudeó cuando el aroma sugerente de Fionna comenzó a ser denso y atrayente.
—Lo serás Marceline, yo seré tuya y haré todo lo que me pidas —Caminó lenta y serena hasta ella.- viviré para cumplir con tus deseos, alfa…
La pálida bufó intranquila por la cercanía de la rubia, quería dejar de respirar ese jodido aroma a sexo que desprendía la omega, pero también quería montarla sin piedad alguna; enterrar su ancho nudo en ella y expulsar toda su esencia. Pero sabía que toda esa pajarera de pensamiento era por las feromonas que expulsaba, y su cuerpo no se negaría a los estímulos naturales que debía corresponder.
—Puedo hacerte muy feliz… Marceline —Susurró lasciva. La pelinegra largó un suspiro cuando una mano delgada se posaba suavemente en su entrepierna, sin intentar algún otro movimiento.- eres libre de tocar, Marceline.
Cerró fuertemente los ojos por el manoseo que estaba recibiendo en su parte baja, y en ese mismo momento su alfa rugió y comenzó a liberar el dominante aroma -disgustada por no llevar ella el control de las caricias-. Se permitió dejar una de sus manos sobre el seno firme de la omega y al instante sus dedos encontraron y apretaron el pezón.
Fionna, sin dejar de mirar la cara rojiza de la alfa, comenzó a desabrochar el pantalón de la alfa, yendo directamente adentro de su ropa interior. Con su mano abrazo todo el grueso palpitante de la chica, escuchando como un rugido alegre se creaba en su garganta. Ahora no sólo suspiraba, gruñía cuando esa mano apretaba el agarre, lloriqueó cuando su miembro y testículos fueron sacados de su ropa interior y gimió el nombre de Bonnibel cuando los labios de la omega tocaban su rosada y sensible cabeza.
Y luego lloró de dolor cuando un libro se estrelló contra su animado miembro. Moribunda en el suelo, la pelinegra escuchó los fuertes y enojados gritos de su omega, también escuchaba la gruesa y tosca voz del rey enfurecido por lo que acababa de pasar, y ni hablar del denso ambiente que se formó en cuestión de minutos. Abrió, desconcertada, un ojo para buscar el causante de su terrible mal, había sido un libro lanzado por su amada omega, Bonnie -aunque ahora no la amaba tanto-. También notó que Fionna estaba inconsciente en el suelo siendo auxiliada por una desconocida chica de cabello rojo. Y después de eso todo se volvió negro.
《Siento que este fue el capítulo más estúpido que escribíxD. Lamento la demora 7u7 no tengo más excusas para usarxdxdxd.
Lamento las faltas de todo tipo durante el capítulo.
Y la mayoría descubrieron el trama de este capítulosxD creo que era bastante obvio, pero gracias por leer este intento de historia:v.
Nos vemos y muuuuuchas gracias por leer esto.*corazón* no puedo poner corazoncitos:'v》
