ANIMAL
Su mano estaba un poco temblorosa mientras sostenía la pluma con la que escribía su nombre en el papel. Pero contenta al fin y al cabo, su cara dolía por sostener desde el alba una gran sonrisa brillante y sofocadora, hasta se permitió redondear su vocal como si fuera un escrito de poesía clásica.
Y cuando terminó de escribir su nombre completo, se enderezó del escritorio para mirar desde la altura su logro, el papel de "matrimonio" estaba ya firmado por el alfa, -aunque era sólo un contrato de compra de omega- pero Marceline lo disfrutó a su manera. Giró su vista hasta toparse con la brillante mirada de Bonnibel, lloriqueando felizmente, aunque la apartó rápidamente porque no quería sentirse débil ante su alfa, pero mantuvo una sonrisa tierna y modesta que la alfa disfrutó y soltó una risa nerviosa que Bonnibel escuchó claramente a pesar de la lejanía que las separaba.
Los alfas presentes golpeaban orgullosamente su espalda; y soltaban frases alentadoras para su virilidad. Se enrolló en los brazos de su corpulento y viejo padre, donde dejó caer su cabeza en su hombro para tararear felizmente y escuchando la alegría propia de su padre que lo expresaba mediante su agradable aroma.
—Legalmente, Marceline Abadeer, eres dueña de la omega limpia del reino. Felicidades —Dijo el rey caminando hacia ella con una sonrisa, salió de los brazos de su padre sólo para mirar al que tiene contadas sus horas en el trono.- espero que seas rápida de ahora en adelante, ya hemos perdido bastante tiempo… —Insinuó.
Sólo respondió con una risilla acallada por su mano derecha, un tanto avergonzada por pensar en la copulación que tendrá está noche con su omega. Escuchó por un tiempo todos los comentarios que los alfas tenían para ella, pero distraída en todo menos en las palabras que salían de sus bocas y con un variado tono grueso y grave.
Lo único en que pensaba era en la hermosa omega de colores rosas, que en estos momentos no se encontraba en la sala; pues había sido llevada para ser arreglada y convertida en un objeto tal y como las tradiciones lo imponían. Algo que Marceline amaba, muy dentro suyo -cerca de su naturaleza alfa y dominante-, era el hecho de tener a la rosa bajo su dominio. Amaba la idea de ser ella quien tomara el control de todo y más, pero eso sólo sería en la cama, pues la misma omega la golpearía antes de formular una orden.
Esos delirios crecieron de tal forma como el bulto entre sus piernas, dotada en todos sus aspectos; los demás alfas expresaban eufóricos y divertidos comentarios con doble sentido ante los impulsos naturales que tenía la alfa.
—¡Dejen salir a la alfa! —Chilló uno entre la multitud.- ¡Antes de que exploten sus pelotas!
La pálida chica salió del salón junto con el estallido de risas exageradas y entretenidas.
Sintiendo su propio celo tomando control de sus pasos, notándose cuando estos se convirtieron en pasos largos y erráticos, también captando la acumulación de sangre solamente en una zona. Prácticamente gruñendo cuando alguien pasaba a su lado, la chica estaba ya corriendo hasta la torre, -alejada para la privacidad de las parejas- aunque estaba odiando la ubicación alejada de ese dormitorio donde Bonnibel estaba ya esperándola.
Subiendo la escalera como un animal, Marceline estaba delante de esa ansiada puerta, gruesa y firme que evitaría la filtración de cualquier sonido, y no dudo ni un segundo en empujarla y entrar. Su nariz captó violentamente el aroma de celo perteneciente a la única omega en el cuarto.
Olía a sexo, a lujuria y a dependencia junto con lo sumiso. Olía a la versión más cavernícola de Bonnibel Bubblegum, y Marceline estaba lista para joderla.
En esa torre sólo habían dos ventanas rectangulares con terraza, ventanas que a Marceline Abadeer no le interesó que estuvieran abiertas, dejando que la luz tenue de la luna iluminara el cuerpo desnudo de la omega acostada en su lecho -esperando deseosa ser tocada por la alfa-. Cerró la puerta y el chillido de la puerta cerrándose captó la atención de la omega distraída, haciendo que sus ojos se clavaran ardientemente en la alfa.
No se movió, Marceline quería hacerla sufrir todo lo posible a la omega en celo. Primero se quitó la chaqueta de cuero que llevaba encima y luego fueron las botas junto con los pantalones, no usaba calzoncillos o telas para cubrir su pene orgulloso esperando ser atendido. Comenzó a caminar hasta la cama cuando los lloriqueos de la rosa se volvieron insoportables -casi podían confundirse con aullidos agudos-. Y se despojó de su última prenda, una camisa blanca arrugada, cuando sus rodillas tocaron la cama.
Bonnibel jadeó contenta cuando el alfa se trepó en la cama y se estiraba hasta que su delgado cuerpo quedó atrapado bajo la anatomía de la más huesuda. Quedó débil ante el gruñido furioso de la alfa cuando tocó el pene de su dueña sin permiso y sólo se dedicó a brindar leves caricias al rostro y nuca de Marceline. Esperando ser penetrada, Marceline la beso sin piedad alguna, mordiendo y dominando esa parte de su cuerpo, y sin esperar algo; la alfa tomó las piernas de la omega y las subió hasta su cintura, acomodando su pene por la base para entrar fácilmente y la rosa sólo le quedaba enrollar sus piernas en Marceline.
Entró rápidamente, lo hizo gracias a la abundante lubricación que había en Bonnibel, y soltó un gruñido cavernícola cuando ese estrecho y nuevo agujero la abrazó con una terrible sensación cálida. Y continuó embistiéndola como un animal, haciendo que el choque de sus pieles llenarán sus oídos juntos con los lloriqueos felices de la omega.
No hacía falta horas para que la omega gritara por segunda vez, anunciando un nuevo omega. Mientras Marceline, se mantenía de la misma manera; a una velocidad más rápida y con salidas y entradas mucho más pronunciadas y dolorosas para sus pelotas que se golpeaban contra en sudoroso trasero de la otra chica.
Respiró profundamente el aroma de la omega, sus pulmones se llenaron del ambiente denso y fogoso de sus dos aromas mezclados y con un rugido más largo y fuerte, anunció a la omega su tan ansiado nudo.
Esperando su otro orgasmo, Bonnibel alargó su cuello en señal de sumisión y obediencia total a la alfa que debía marcarla. La pálida respondió ante esa señal y se desplazó hasta su cuello y lo mordió, sin dejar de mover violentamente sus caderas -a este punto su nudo estaba iniciando y quedaban algunas penetraciones ante de cerrarse por completo dentro de Bonnibel-.
La rosa chilló adolorida cuando los dientes de su alfa se clavaron en su cuello; y ese dolor no se comparó en nada con el dolor de recibir el nudo de un alfa virgen. Gritó sofocada cuando el nudo la lleno por completo y se clavó en ella sin posibilidad de sacarlo.
—S-shh… t-tranquila… ah… falta poc…o —Gimió la alfa sintiendo la explosión de emociones fuertes y se desplomó sobre su cuerpo y comenzó a lamer la herida.
La princesa se abrazó al cuerpo cansado de la alfa encima suyo, sintiendo como los chorros de espermas salían de Marceline y la llenaban abrumadoramente; soltó su último quejido cuando Marceline dejó de besar su cuello para mimar su mejilla y acariciar con una mano su cabello.
ESPACIODETIEMPOESPACIODETIEMPO
La omega se sintió un poco vacía por la mañana, cuando a el alfa se le asignó un trabajo mañanero y no tuvo más opción que aceptar y despedirse de su omega.
Habían pasado unas semanas desde la primera vez de ambas, ya que las dos chicas entraron en celo y Marceline se encargó de entretener a la omega y así no dejarla salir. Pero disfrutaron de esas dos semanas.
—Bonnibel, no esperaba verte aquí —Se oyó una voz. La princesa rápidamente la identificó por su aroma particular, una perfecta mezcla de Fionna con Phoebe.
Algunas veces ella se preguntaba si su aroma había cambiado, si los demás podían oler a Marceline en su piel y si los otros alfas ya no la consideraban una omega "libre". Ella, muy en el fondo, soñaba con oler un poco a Marceline, le gustaba la idea de hacer pareja con la otra.
—Estuve caminando, lo cierto es que llegue aquí por el aburrimiento… —Bromeó e invitando a la rubia para que se sentará en la banca junto a ella.- ¿Qué cuenta, su Alteza?
—No puedes hablarme tan informalmente y terminar con algo como "su Alteza" —Se rio acariciando su rellena panza.- estoy bien, mejor que hace unas horas
—¿Incomodidad del embarazo?
—Me temo que si —Sonrió con ternura mirándola.- tuve unos pequeños dolores por la mañana y Phoebe no hizo más que asustarse, lo que provocó mi alteración al momento
—Problemas de la marca —Razonó la rosa.
Con las marcas, el alfa podía sentir todo lo que el omega sentía y viceversa, el alfa podría transmitir sus emociones y alteraciones al omega, sin importar la distancia que los separe.
—Esa es una opción, yo creo que es por el embarazo… todo lo que se mueve me produce vómito o enojo —Se quejó burlista pensando en lo de esta mañana. De como Phoebe entró a la habitación con una espada en mano para enfrentarse a cualquiera que estuviese molestando a su omega.
—Tal vez…
Se quedaron en silencio por unos momentos, cada una en sus propios pensamientos, absorbidas por las cosas que pasaron en esos 6 meses. Phoebe había regresado y no había tardado más de dos semanas en hacerlo, y lo primero que hizo fue abrazar a su omega, para impregnarla con su propio aroma -algo que hacían los alfas a menudo cuando se separaban por periodos-.
—¿Cómo está Marceline? —Preguntó inocentemente, y Bonnibel respondió con un gruñido celoso.- tranquila, ya no estoy interesada —Se rio divertida ante la idea de una Bonnibel celosa y cascarrabias.
—Son los celos pos nudo —Se unió a la burla.
Y otra vez, el silencio reinó y sólo se escuchaba el golpeteo de la brisa en las flores y hojas del suelo. La princesa se permitió recordar las aventuras que vivió en esas dos semanas; la presencia de Marceline se volvió un tipo de droga y sin mencionar los efectos que tenía la rosa sobre la alfa.
Soltó una leve risa cuando recordó el momento en que el rey entró a la habitación sin permiso, preguntando el porque no habían salido. La alfa había saltado de la cama cuando sintió la presencia de otro alfa invadiendo su espacio y gruñó furiosamente mientras se alistaba para pelear, pero el rey era un hombre duro y fuerte, por lo que no se inmutó ante esa nube densa de sexo y dominio; y no respondió a la invitación de pelea de Marceline.
Pero antes de irse soltó una sonora carcajada cuando vio todo el entorno; su alfa favorita en el estado más bajo del celo y su hija en su lecho lloriqueando por la falta de su alfa. Algo bastante común en personas vírgenes; tan común como el golpe que lanzó Marceline al rey, cuando este se tardó en salir del cuarto.
—¿Cómo sigue el rey? —Preguntó otra vez Fionna, captando la atención de la ida princesa. Se refería a esa breve pelea.
—Umh… sigue adolorido, aún tiene sus cortes frescos y no quiere curarlos —Mencionó.
—¿Por qué?
—Cosas de alfas, creo que es para enseñar sus marcas de guerras…
—Son tan raros… —Finalizó teniendo el apoyo de su amiga.
—Así es, por cierto… ¿Dónde se encuentra Phoebe?
—Bueno, ahora estoy sintiendo el pulso un poco acelerado así que deduzco que ella estará corriendo hacia mi —Dijo comiendo una manzana. ¿De dónde sacó la manzana? Se preguntó la rosa.- creo que estará aquí en dos minutos…
Le sonrió tiernamente como respuesta, no pudo evitarlo; Fionna expulsaba una fragancia tan tranquila y tan dulce por el embarazo, que era casi imposible no cumplir todos sus caprichos. ¿Ella también olería así cuando este en cinta?
Y tal como había dicho la rubia, desde lejos se acercaba la pelirroja hacia ellas, caminando acelerada por el camino de piedras.
Vestida con un traje negro pegado a su delgado cuerpo, la chica se acercó con una espada en mano, lista para atacar si era posible. Y siempre llevaba la espada para asustar a posibles alfas pretendiendo coquetear con su chica.
—Bonnibel, es un gusto verte aquí —Dijo formalmente mientras ayudaba a Fionna a levantarse del asiento.- desde hace unas semanas que no te he visto
—Buenos días, su Alteza. También es un gusto volverla a ver —Sonrió.
Fue entonces que sintió a alguien olfateando su cabello, frunció el ceño cuando alzó la cara para mirar a la pelinegra que no parpadeaba, sino; miraba directamente a la chica pelirroja -quien estaba centrada en su omega, mirándola atentamente mientras ella hablaba con entusiasmo-.
—¿Qué diablos, Marceline? ¿Qué haces? —Preguntó alejándose de ella. Recibió la frente arrugada de la alfa, molesta por ser separada.
—Apestas a Fionna —Dijo.
—¿Y que tiene? —Se levantó sólo para enfrentar a la alfa.- y tú h hueles a… Ugh… Marceline, toma un baño —Sus dedos atraparon la nariz para evitar ese olor.
—¿De qué hablas? Huelo como todo un alfa que trabaja —Respondió con una sonrisa arrogante.
—Hueles como la mugre de los cerdos, Marcie…
Se rio cuando la pálida respondió con una mueca graciosa.
—¿Por qué eres tan mala? —Sonrió. Y disimuladamente caminó hasta invadir el espacio de la otra.- ¿Quieres un abrazo?
La cara horrorizada de la princesa no se comparó con nada en el mundo cuando sus largos brazos enrollaron y atrajeron a la princesa a su cuerpo. Escuchando sus insultos y comentarios en contra, se permitió jugar con el cuerpo menudo de la princesa, dando vueltas y la alzó del suelo, pero después se detuvo para besarla suavemente, mientras la rosa se acomodaba en ese abrazo.
—¿Cómo has estado? —Preguntó el alfa.
—Bien, pero tuviste que aparecer —Se burló. Picoteó unas veces más los labios de la otra chica.
—Según tu aroma, —Se detuvo para inhalar profundamente el cuello y cabello de su omega.- estuviste con el rey por unos momentos y… caminaste por la cocina, luego hablaste con los panaderos… y finalmente estuviste aquí con la naturaleza o hasta que llegó Fionna… —Dijo sorprendiendo a Bonnibel.- ¿Dónde están ellas?
Preguntó y la rosa giró un poco para buscar a la pareja amiga. Ella se habían ido tan silenciosamente como pudieron, no queriendo interrumpir a las amantes.
—Tal vez se fueron por tu olor a mugre, Marcie —Sugirió sonriente.
—Tal vez, o se fueron porque eres muy molesta
—¿A quién le dices molesta, idiota? —Herida, se bajó de Marceline e hizo frente, alzando un poco su cabeza para mirarla directamente.
—Además, eres mal hablada… —Se burló pero luego chilló divertida cuando la otra caminó amenazadoramente hacia ella.
Tontearon por unos minutos más hasta que el grito del rey se escuchó adentro del Castillo, exigiendo la presencia de Bonnibel.
—Maldición. ¿Ves lo que haces, Marcy? —Se quejaba caminando hasta las grandes puertas del Castillo.
—Dije que lo sentía, Bonnibel —Murmuró siguiéndola de cerca.- él obviamente no tuvo que entrar…
—¡Casi le arrancas una oreja!
—¡Ya le dije que lo sentía! —Se burló.
《Lamento los errores que encontrarán a lo largo del capítulo (ortográficos, narrativos o gramática).
Holaaaaa! Siento la tardanza, pero creo que los capítulos se subirán en este ritmo -domingo si, domingo no, domingo si y así- :v.
Aquí les traigo el intento de rikura que faltaba en la historia, un intento pobre de escribir cosas rikasxdxdxdxd lamento también eso.
Muuuchas gracias por sus comentarios y por seguir la historia*-* estoy muy agradecida. Hasta la próxima!》
