La risa cantarina recorrió todo el lugar con calidez. Tom sonrió ante eso mientras bajaba al menor de su hombro para estar frente a frente, haciendo que Harry sonriera con cariño ante eso.

—¿Cómo se verá mi departamento con tus cosas en él? —cuestionó el mayor recargando su frente con la del ojiverde.

—Tú... ¿Quieres que me mude contigo? —susurró Harry casi sin voz, dejando que sus labios perdieran su sonrisa por la declaración del mayor.

—¿Muy directo? —contestó riendo por lo bajo— Eres mío, Harry, todos lo saben, ¿por qué no vivir juntos?

—Joder, es muy pronto y... Bueno, yo...

—¿No quieres? —La sonrisa que había abarcado la cara de Tom se empezaba a disolver, nunca se había esperado algo así.

—¡No! —respondió Harry con rapidez— Digo, no de no quiero, no, bueno, quiero, era una negación a tu pregunta, no pienses que...

Los labios del pelinegro callaron cualquier palabra que fuera a salir del contrario, haciendo sonreír a los dos. Por primera vez se sentía correcto hacer eso, se sentía libre... agradable. Tom podía jurar que, si no fuera por el oxígeno, nunca se separaría de los labios de su novio.

Un pequeño gemido salió de la boca del menor cuando Tom tomó dominio de su lengua, excitando a los dos amantes. El pelinegro adoraba oír cada uno de los gemidos, jadeos o balbuceos de su chico, por otro lado, Harry adoraba sentir tan cerca a Tom, acariciarlo y ser acariciado, le fascinaba la sensación que hacían el contacto de los dos cuerpos. Le encantaba ser dominado por Tom.

El ojiazul bajó con lentitud su mano hasta la pantorrilla del menor, quien no tomó más tiempo para dar un pequeño salto y abrazar la cintura de Tom como si de un koala se tratase. El mayor agarró a su chico con cariño empezado a caminar hacia su habitación, si el beso se había sentido tan bien, ¿cómo se sentiría fundirse en él?

Jadeó ante el pensamiento y se dejó caer en su cama con Harry bajo él una vez que entraron a la habitación, no se molestó ni en cerrar la puerta, ¿para qué? En ese lugar no había más que Tom y Harry... Como siempre debió haber sido.

Acomodó al menor en el centro de la cama matrimonial y se colocó entre sus piernas con facilidad, no que Harry no quisiera, recibir a Tom entre sus piernas era tan agradable y único... una forma de decirle que le amaba, no solo con su alma, sino también con cada fibra de su cuerpo.

—Tal vez mañana podamos ir por mis cosas al departamento —balbuceó Harry cuando Tom empezó a repartir los besos por su cuello, dejando marcas que, sin duda, se quitarían dentro de una semana—. Tom...

El nombrado gruñó y volvió a atacar los rosados labios con urgencia, adoraba el sabor de éstos, una combinación muy rara entre vainilla y fresas, tal vez sea una coincidencia que Harry adorara ese sabor de helado, pero a Tom no le molestaba en lo absoluto.

Quitó la camisa de Harry con desesperación, recibiendo la cooperación del profesor con entusiasmo. No tardaron ni dos segundos en quitar cada una de sus prendas, quedando admirando el cuerpo que éstas cubrían con tanto fervor, casi pareciera que fuera la primera vez que lo hacían, tanta devoción no podía caber en una sola habitación.

Tal vez era algo precipitado, no llevaban largo tiempo saliendo, ni que se diga de conocerse, pero aún así sus corazones latían con tanta rapidez que parecían correr un maratón... ¿Tal vez están jugando a quién late más rápido?

No tenía importancia, a decir verdad, lo único importante era que estaban ahí, uno frente al otro, entregando todo su ser en acciones carnales, demostrando tanto amor como la acción se lo permitía.

—Joder, no sabes cuánto te amo —gruñó Tom volviéndose a acercar a los labios de Harry, comiéndolos como si de eso dependiera su vida.

—Tom —Harry gimió cuando sintió las manos del magnate recorrer su cuerpo con delicadeza, deteniéndose en sus piernas, acercándolo más a sí.

La fricción que hizo el choque entre sus miembros hizo que los dos soltaran un jadeo impaciente. Tom no tardó ni un segundo más en sacar un pequeño frasco de su mesa de noche. Él no solía tener frascos de lubricante entre sus cajones, ni se diga de los pocos condones que se distribuían en algún punto estratégico de su casa, no, nunca había llegado a comprar uno, no había necesidad... hasta que llegó Harry.

Tomó una buena proporción del frasco con sus dedos para luego llevarlo a la parte baja del menor, quien lo miraba fijamente en todo el proceso.

—Tom —llamó cuando el dedo índice comenzaba a hacer presión. El nombrado chasqueó un poco la lengua para que continuara—, ¿por qué siempre lo hacemos en esta posición?

El mayor miró sin entender la pregunta, hasta que una sonrisa pícara se instaló entre sus labios. Harry se retorció de placer con tan solo la mirada que le mandaba, casi ignorando el dolor que los dedos causaban, ¿cómo era posible que una simple mirada causará tal fuego en su interior?

—¿Y perderme... —presionó su dedo hasta dejarlo adentro del pequeño infierno caliente que conformaban las paredes de su chico— de tus hermosas facciones? —Harry gimió sin aire ante la sensación, pero en ningún momento cerró sus ojos, mirando cualquier acción que hiciera su pareja.

El mayor se acercó al cuello del ojiverde y lo besó con suavidad, dejando toda brusquedad en los movimientos que hacía su dedo dentro de aquel delicioso orificio.

Toms —susurró Harry cuando sintió el segundo dedo colarse dentro de su cavidad anal. Tom sintió una corriente eléctrica pasar por su espalda al oír el apodo que el azabache reservaba para esos momentos.

—¿Sabes? —el aliento chocó entra el oído del menor, quien se retorció ante eso y subió aún más una de sus piernas a su amante, sintiendo cómo sólo dos dedos causaban estragos en su interior, golpeando el dichoso punto que hacía a la habitación girar a su alrededor— Me encanta verte así, tan húmedo y dispuesto; bajo mío, gimiendo sólo mi nombre —siseó dejando un beso en la clavícula—. Todo mío.

Harry asintió, más al sentir los dos dedos lo abrían una y otra vez, acostumbrándolo a lo que vendría más adelante.

—Por favor...

Tom bajó a su cuello nuevamente, besando y mordisqueando casi perezosamente ese lugar, pero tan excitante que, en algún momento de la acción, Harry no logró sentir el vacío que los dedos hacían en su interior.

El ojiazul se movió rápido al poner un poco más de lubricante en su miembro necesitado, nunca sabría cuándo se iba a precisar un poco más de eso, más cuando los dos estaban en medio éxtasis moviéndose como dos gatos en celo.

—Oh, joder —gruñó el menor al sentir que algo más grande se iba colando en su interior.

Se aferró a los hombros de Tom cuando sintió el miembro del mayor tras la fuerte embestida.

Tom repartía suaves besos por toda su cara tratando de que se acostumbrara con mayor facilidad, cosa que no tardó en dar resultados, dejando más fácil la tarea de entrar y salir.

—Tom...

El pelinegro miró al chico bajo él -su chico- y casi jadea al perderse en el profundo placer que denotaban en las dos preciadas esmeraldas.

Y es que ésa era una de las cosas que más amaba de Harry, que en todo momento lo mirara cuando lo hacían, cada penetración, cada suspiro y cada gemido siempre eran acompañados con la mejor mirada de amor que pudiera recibir.

—Harry —susurró saliendo un poco para volver a entrar con más fuerza.

Así empezó el vaivén entre sus cuerpos. Afuera, adentro, afuera, adentro. Los gemidos no tardaron en llenar la habitación, recorriendo cada lugar con éxtasis.

—Tom... Yo... Joder —el gruñido/gemido hizo reír al nombrado. Harry tenía la mala costumbre de balbucear en medio de la acción, pero eso era una de las cosas que él amaba: oír la hermosa voz de Harry mientras se hundía en él con ferocidad—. Oh, , así, Tom... Más rápido.

Tom no fue quién para negarle esa petición a su perfecto chico, embistiendo con más fuerza su interior, golpeando una y otra vez el punto suave que custodiaban las piernas de éste.

—Tom... —susurró el menor buscando los labios del más alto.

El beso fue rudo y necesitado, casi como las embestidas que daba.

No supo hasta que momento perdió el ritmo, pero ya no podía aguantar más. El nudo dentro de él se iba haciendo más grande, estaba a punto de llegar.

—Oh, joderjoderjoder —gruñó el menor arqueado su espalda—. Tom...

—Hazlo, no esperes más —susurró besando la punta de su nariz—, nunca esperes...

Y, en ese momento, se dejó ir, no porque Tom se lo hubiera pedido, sino porque ya no podía aguantar más, pero, para ser sinceros, ¿quién lo haría teniendo a alguien como su Tom encima suyo?

Cuatro embestidas más y el ojiazul siguió el mismo camino que su amante, llenando el interior de Harry, quien se volvió a aferrar a él cuando sintió que Tom había llegado.

Tom se dejó caer a su lado, llevándose a Harry con él gracias a la aferrada pierna que se encontraba en su cadera. El menor se acurrucó en el cálido pecho del magnate, oyendo cada latido que daba el corazón de éste, pensando cómo era posible que no tuvieran un paro cardíaco en ese momento.

—Mañana no iremos por tus cosas —declaró Tom llevando su mano al cabello azabache.

—Pero...

—Nos quedaremos aquí —sentenció dirigiendo una mirada al ojiverde—, no creo que te puedas mover después de todo lo que te quiero hacer esta noche.

Harry rió ante eso, pero no le dio mucha importancia, acurrucándose en el pecho del mayor para poder dormir un poco antes de que su querida pareja recobrara su entusiasta energía y cumpliera su promesa.