¡Hola! :D
Esta será mi primera historia en el Fandom de BSD y estoy tan emocionada!
Espero que la disfruten tanto como yo disfruté escribiéndola :3
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Aquel camino, bordeado en su totalidad por un amplio bosque de frondosos y verdes abetos, figuraba no tener final frente a sus curiosos ojos heterocromáticos. Atsushi miró atentamente por la ventanilla de cristal del automóvil en el cual se encontraba viajando junto a Dazai y el tutor legal de ambos, Yukichi Fukuzawa; era verano, se podía notar en el calor que se hacía presente en el aire a su alrededor cada que respiraba, además de que el clima de montaña, usualmente cubierto por la neblina, solo encerraba aún más aquella pesada sensación térmica. El joven Alfa suspiró, dejando que el vaho de su aliento empañara un poco el vidrio.
La temporada de vacaciones acababa de comenzar en todo el país y a Fukuzawa no se le ocurrió mejor idea para pasar el verano con sus queridos protegidos que llevarlos a ambos a un resort estilo japonés perdido entre las montañas y alejado de la civilización, al menos así lo había descrito Dazai y él simplemente prefirió no seguir preguntando más; ambos Alfas ya habían cumplido la mayoría de edad, Dazai incluso ya se había independizado de la casa familiar, pero todos seguían siendo tan unidos como el primer día y aquello era algo que el joven albino agradecía, después de todo él siempre vio a Fukuzawa más como a una figura paterna antes que como a un tutor.
—Ya verán como nos divertiremos estas dos semanas los tres juntos. —Fukuzawa conducía con una ligera sonrisa en los labios, Atsushi agradecía que no fuera su característico rostro estoico que solía usar cuando les tenía preparada alguna sorpresa no tan agradable. Al parecer el periodo de vacaciones también sería un periodo de tregua. —El lugar es increíblemente hermoso.
—También se encuentra increíblemente lejos, seguramente es increíblemente viejo y ¿Por qué no? Increíblemente aburrido. —Dazai se movió inconforme a su lado, haciendo uno de sus tan característicos berrinches. —Pudimos simplemente quedarnos en casa o escoger un lugar menos aislado del mundo ¡Ni siquiera hay señal en los teléfonos!
—Estar dos semanas "desconectado" del mundo no va a matarte Osamu. —El Alfa mayor reprimió el impulso de apretar el puente de su nariz, después de tantos años viviendo con el joven de cabellos castaños no era sorpresa que hubiese desarrollado un increíble nivel de paciencia. — Tu que dices, pequeño Atsushi ¿Algo que agregar a esta amena conversación?
El nombrado se sobresaltó un poco ante el tono hastiado que empleó su tutor, enderezándose en su asiento para fijar la mirada en el hombre de cabellos plateados quien lo observaba curioso desde el espejo retrovisor. El joven albino negó ligeramente tratando de no inmiscuirse en el pequeño desacuerdo entre los mayores, por su parte a él no le molestaba pasar sus vacaciones ya sea en casa, en la mejor ciudad turística del mundo o en aquel lugar perdido en medio de la nada, después de todo tampoco es que tuviera muchos amigos con los cuales salir en sus días libres.
Escuchó a Dazai quejarse quedito por última vez antes de que el silencio quedara cortado por la música de la radio que Fukuzawa encendió tratando de aliviar el tenso ambiente. Atsushi volvió a mirar por la ventana, perdiéndose entre los árboles, tratando de imaginar cómo sería el lugar hacía donde se dirigían y quienes estarían ahí para recibirlos, pensó en el tiempo que les tomaría llegar ahí e incluso trató de hacer una lista mental de las posibles actividades en familia que podrían realizar una vez estuvieran ahí.
Por un instante pensó en Rampo, su otro hermano mayor, quien no había podido acompañarlos debido a que estaba en su último mes de gestación y como el Omega mimado que era, prefirió quedarse en su hogar junto a su esposo Edgar. Sin darse cuenta el joven Alfa se había quedado completamente dormido, recargando su cabeza sobre el cristal en una incómoda posición que más adelante seguramente pasaría factura a las pobres vertebras de su cuello.
Abrió sus ojos al momento de sentir un fuerte apretón en su hombro cortesía de Dazai, el automóvil había dejado de moverse y se encontraba perfectamente estacionado enfrente de un enorme palacio de madera que se asemejaba a los antiguos castillos de los Shōgun. Atsushi se talló los ojos con fuerza, despejando mejor su campo de visión para poder apreciar el monumento que tenía enfrente.
Era gigantesco y extenso; los tres pisos tenían un techo en terminación estilo pagoda con oscuras tejas sobrepuestas una sobre la otra creando un efecto de olas. A los lados de la construcción se encontraban gruesos pilares sosteniendo la estructura, bordeando el perímetro del lugar y dándole un aspecto bastante tradicional, sobre todo por la paleta de colores empleada en las paredes que le añadía ese toque de clásica sobriedad.
Las ventanas eran enormes y con marcos de madera pulida, al igual que la puerta principal que además mostraba detalles de relieve tallados a mano. Como arreglo final se encontraba el bosque de abetos, cubriendo todo a su alrededor y envolviendo todo en un aura de misticismo, como si aquello fuera el escenario de alguna leyenda fantástica.
—Bien niños, ya hemos llegado. —Fukuzawa los miró a ambos por el retrovisor con una sonrisa burlona en sus labios al ver que no decían una sola palabra frente a la maravilla arquitectónica que se mostraba ante sus incrédulos ojos, realmente parecían niños de nuevo. —Es hermoso, ¿verdad?
—¿Estás seguro que podemos pagar la estancia aquí? —Dazai fue el primero en abrir la boca mientras los tres salían del automóvil y comenzaban a acarrear sus maletas. —Sería una verdadera lástima tener que dejar a Atsushi como pago en trueque por unos días aquí, sobre todo porque no es un lindo Omega.
—¡Yo no quiero quedarme como pago en trueque! —Se quejó el menor, resistiendo las ganas de golpear al castaño con su pesada maleta. —¿Qué tienes en contra de que los Alfas puedan ser lindos también?
—No, no, no pequeño Atsushi. —Dazai movió los dedos y la cabeza con gesto burlón. —Eso es ir en contra de la naturaleza.
—Niños, no es momento de peleas, Atsushi no va a quedarse como trueque o transacción de nada, Dazai ¿Cuantas veces te he dicho que no debes expresarte de esa manera? —Fukuzawa iba delante de ellos, subiendo las ligeramente empinadas escaleras de piedra con dos maletas bastante grandes, una en cada mano. Realmente la fuerza de ese hombre no estaba para menospreciarse. —Conozco al dueño del lugar desde hace años, simplemente me han hecho un descuento de cortesía.
—¡Oh pues vaya descuento! Me pregunto que habrán acordado ¿No lo crees, Atsushi? —Dazai codeó al menor para que éste captara la indirecta y le siguiera la burla hacia su tutor pero el joven estaba más concentrado admirando todo a su alrededor que apenas y prestó atención. —¡Hazme caso Atsushi!
—¿Qué? ¡Ah claro, el descuento! me alegra mucho que el señor Fukuzawa tenga tan buenos amigos. —Sonrió sinceramente haciendo resaltar la ingenuidad en sus ojos dorados mientras Dazai simplemente se palmeó la frente con ligera frustración. —¿Qué ocurre?
—Nada, nada pequeño Atsushi, aún eres muy joven e inocente como para entenderlo. —Le restó importancia mientras los tres se abrían paso hacia la recepción.
Si el exterior era precioso el interior lo sobrepasaba y con creces. Los tres Alfas quedaron bastante sorprendidos frente a la deslumbrante elegancia del recibidor principal; el piso era de solida madera pulida de roble pero no por ello resbaladizo, las paredes estaban tapizadas al estilo japonés, con varios cuadros de gran tamaño como decoración y largos papiros con caligrafía tradicional en tinta de pincel.
Del techo colgaban varios candelabros de cristal de los cuales emergía una cálida luz bastante tenue, en el centro de la estancia se encontraba una pequeña fuente iluminada que estaba siendo bordeada por sillones oscuros con acabado en piel. En las esquinas estaban estratégicamente colocadas varias macetas con plantas de ornamenta, que además desprendían un sutil y agradable aroma. Eso sin contar con los arreglos y demás adornos bañados en pintura dorada.
—¡Yukichi! ¡Bienvenidos! ¡Bienvenidos! —Aquel sorpresivo recibimiento los sacó a los tres de su estupor inicial, centrando sus miradas en aquel hombre que parecía haber salido repentinamente de la nada y que se dirigía a toda velocidad hacia ellos.
Atsushi observó con curiosidad al recién llegado; vestía de manera bastante peculiar, como si tratara de emular alguna extraña moda vintage o europea del siglo XVI con aquella larga gabardina que llevaba encima del traje negro, algo bastante raro sobre todo considerando que aquel lugar estaba más enfocado a lo japonés. Su cabello negro estaba pulcramente peinado hacia atrás pero aun así dos largos mechones rebeldes le caían a cada lado del rostro, enmarcando sus extravagantes ojos amatistas.
El albino agudizó su sentido del olfato pero no logró percibir aroma alguno proveniente del hombre por lo que supuso se trataba de un Beta. A simple vista parecía tener la misma edad que Fukuzawa y debía conocerlo bastante pues en un par de largas zancadas logró llegar hasta el hombre de plateados cabellos mientras se colgaba de su cuello aún y con la mirada de muerte que su tutor le estaba dedicando intensamente para que lo soltara.
—Esta imagen me dará pesadillas en la noche. —Dramatizó Dazai mientras se abrazaba a sí mismo mientras fingía escalofríos. Atsushi simplemente sonrió ligeramente nervioso, no quería causar problemas con el amigo de su padre que muy amablemente los había invitado a tan hermoso lugar.
—Suéltame Rintarō. —Fukuzawa aún tenía ambas manos ocupadas y el peso extra de Mori no ayudaba en nada a sus cansados y tensos músculos. —Dazai, Atsushi, les presento a mi ex compañero y amigo cercano Rintarō Mori.
—Me alegra que al final te decidieras en aceptar mi invitación Yukichi, es un gusto conocer por fin a tan adorables niños, su padre me ha contado mucho sobre ustedes. —"No somos unos niños" Fue lo que pensaron Dazai y Atsushi al mismo tiempo con ligera molestia. El hombre pasó de aferrarse del cuello de Fukuzawa a aferrarse a uno de sus brazos, tirando levemente para obligarlo a caminar hacia el interior del lugar. —Te aseguro que no vas a arrepentirte, y como el buen anfitrión que soy permítanme darles un recorrido especial por mi propiedad. Pueden dejar sus pertenencias aquí con tranquilidad, les prometo que las tendrán en sus habitaciones correspondientes en cuanto termine nuestro pequeño tour.
Los tres se miraron indecisos, pero al final aceptaron la sugerencia del dueño del lugar. Atsushi caminaba al lado de Dazai, ambos jóvenes iban detrás de la pareja de adultos que parecían mantener entre ellos una charla bastante amena. Caminaron por un largo y extenso pasillo, pasando varias habitaciones en el trayecto, hasta llegar a un amplio e iluminado salón que al parecer era utilizado como el restaurante principal pues había varias mesas de manteles blancos y utilería de plata alineadas pulcramente en todo el lugar, en algunas incluso se encontraban comensales siendo atendidos por el personal.
Mori les explicó rápidamente que el resort contaba con tres restaurantes, uno por cada piso, en el cual manejaban distintos tipos de comida de la región y que prácticamente estaban abiertos y funcionando las veinticuatro horas, contando también con servicio a la habitación para mayor comodidad de sus huéspedes. También, como huéspedes especiales, podían hacer uso de todas las instalaciones o podían solicitar cualquier servicio que desearan.
Siguieron caminando, admirando las costosas instalaciones del lugar. Pasaron por el enorme jardín repleto de arbustos bien cuidados con diferentes tipos de flores de varias tonalidades, más a lo lejos se encontraba un amplio terreno de fresco pasto reciénpodado donde podían observarse a varias personas practicando golf, otras tantas se hallaban pescando en un lago cristalino de mediano tamaño aledaño al campo; continuaron su recorrido por un amplio sendero de piedra, atravesando varias secciones del inmenso terreno y adentrándose de nueva cuenta en el enorme edificio.
Se detuvieron a admirar la pequeña y cómoda casa de té donde se llevaba a cabo una reunión privada, pasaron de largo y siguieron hasta detenerse a las puertas del spa, que además contaba con aguas termales. Atsushi no cabía en sí de asombro, el lugar era increíblemente hermoso, las personas parecían genuinamente felices de estar ahí disfrutando de sus vacaciones, los empleados eran amables y bastante serviciales. Dazai parecía menos impresionado que el menor, después de todo no era la primera vez que pasaba la noche en un establecimiento de lujo y todo gracias a su trabajo.
—Todavía quedan muchas cosas que ver y seguramente todos están cansados por el largo viaje. Permítanme llevarlos a sus habitaciones y más tarde enviaré a alguien a buscarlos para que me acompañen en la cena. —El tono condescendiente de Mori captó la atención de los tres Alfas. La verdad era que sí lucían y se encontraban bastante cansados, sobre todo Fukuzawa quien había manejado todo el camino sin descanso.
Nadie objetó nada y el de cabellos negros redirigió sus pasos hacia las habitaciones del tercer piso, donde se encontraban las suites especiales. Antes de irse le entregó a cada uno una pequeña tarjeta que servía como llave de acceso a la habitación correspondiente; una vez acomodado en su habitación, Atsushi no se paró a inspeccionar siquiera la decoración del cuarto, simplemente fue directo hacia la enorme cama tamaño King Size y dejó caer su cuerpo en el mullido colchón.
Era la primera vez que dormiría en una cama tan grande y sobre todo en una habitación únicamente para él, puesto que en casa siempre había compartido cuarto, con Dazai al principio, y con Rampo antes de que se casara y se fuera a vivir con su esposo. Cerró los ojos dispuesto a tomar una pequeña siesta pero no duró más de quince minutos antes de que Dazai comenzara a golpear la puerta de su habitación para que lo dejara pasar. El albino se levantó de mala gana, notando también que sus maletas se encontraban en una de las esquinas del cuarto, tal y como Mori se los había prometido.
—¡Atsushi! ¡Ábreme! —Dazai seguía golpeando la puerta sin importarle si hacia un escándalo que molestara a los demás huéspedes. —Ábreme, ábreme, ábreme, ¡Abremeabremeabreme…!
—¡Te escuche a la primera! —Rugió molesto mientras abría la puerta y jalaba a su hermano mayor al interior de la habitación. —Recuerda lo que el señor Fukuzawa dijo sobre comportarnos, estamos como invitados especiales pero eso no nos da el derecho de perturbar la estancia de los demás huéspedes.
—Que aburrido eres… —Dazai se acostó en la cama, extendiendo su cuerpo y sacando su teléfono para entretenerse. —Oye, ¿crees que haya lindas Omegas por aquí? Cuando caminábamos por el jardín creo haber visto a una hermosa pelirroja.
—No recuerdo haber visto a nadie. —Atsushi rodó los ojos, a veces le molestaba un poco que el mayor solo pensara con la cabeza de abajo y no con la que tenía sobre los hombros. —Además estamos aquí para pasar unas vacaciones en familia, F-A-M-I-L-I-A, no para buscar pareja.
—¿Quién dijo algo sobre una pareja? —Se burló el castaño. —Dije que quiero pasar mis vacaciones en compañía de una linda señorita solo para divertirme, no que quiero echarme la soga al cuello buscando una molesta pareja. Eres ridículamente romántico pequeño Atsushi.
—¿Qué tiene de malo querer un amor especial, como en los cuentos de hadas? —Nunca terminaría de entender a Dazai, o tal vez era demasiado joven aun para comprenderlo. —Jugar con los sentimientos de los demás no es algo que haría un Alfa de verdad, al menos es lo que el señor Fukuzawa siempre nos ha dicho.
—Eso es porque el viejo esta chapado a la antigua. —Dazai bostezo, restándole importancia al tema. —Es de estúpidos pensar que "el amor de tu vida" aparecerá repentinamente frente a ti un día, peor aún, que tú puedas saber con seguridad que esa persona es la indicada, eso solo ocurre en los cuentos para niñas preadolescentes.
—Pues yo creo que si es posible. —Habló con seguridad, mirando al castaño con sus dorados ojos llenos de convicción.
—¿De verdad? Entonces dime, Romeo ¿Serias capaz de identificar al futuro amor de tu vida con tan solo una mirada?
—Definitivamente lo haría. —No titubeó al decirlo, aquello sorprendió bastante al mayor pues el menor era alguien más bien tímido y algo inseguro siempre a la hora de expresar su opinión. Realmente había madurado desde la última vez que estuvieron juntos.
—Pues suerte con eso, pequeño Atsushi. —Y con eso Dazai dio por terminada la plática, centrando su atención de nuevo en algún juego de su teléfono.
El joven Alfa suspiró al ver frustrados sus intentos de tener una siesta decente por lo que decidió comenzar a desempacar algunas cosas y preparase un baño caliente para relajar su cuerpo antes de que tuvieran que bajar a cenar con el señor Mori. Se entretuvo bastante tiempo en la enorme bañera del cuarto de baño, jugando con las burbujas y las sales limpiadoras cortesía del hotel. Cuando salió, notó que Dazai ya se había ido por lo que prefirió encender el televisor mientras comenzaba a arreglarse. El albino se quedó en trance viendo un documental de vida salvaje sobre los tigres cuando unos suaves golpes en la puerta lo regresaron a la realidad.
—Atsushi ¿Estás listo? —Esa era la voz de Fukuzawa.
El albino salió rápidamente de su habitación, llevando consigo solo lo necesario, mientras se encontraba con su familia en aquel enorme pasillo. Estaban siendo escoltados por uno de los empleados personales del señor Mori, quien se había presentado como Hirotsu, un Alfa de más edad incluso que Fukuzawa y que al parecer era como una especie de mayordomo especial puesto que les había explicado que cualquier necesidad o duda que tuvieran, él se encargaría personalmente de resolverlas ya que el señor Mori así lo había estipulado. Todos caminaban en silencio, simplemente siguiendo a Hirotsu, hasta que estuvieron frente a unas enormes puertas de cristal.
—Es el restaurante favorito del señor Mori, solo para los clientes que se hospedan en las suites especiales. —Explicó el hombre mayor, abriendo una de las puertas y sujetándola con firmeza para que los tres Alfas pudieran pasar al interior del lugar. —El señor Mori los está esperando en la mesa de la esquina derecha, cerca del gran ventanal. Con su permiso, paso a retirarme.
Atsushi se quedó plantado en el suelo, observando a su alrededor a las personas conviviendo y a los meseros corriendo de un lado al otro sirviendo los elaborados platillos. Dazai lo empujo despacio, animándolo a caminar y seguir a Fukuzawa quien ya se les había adelantado. Al llegar a la mesa correspondiente notaron como había otras dos personas más acompañando al dueño del lugar, dos jóvenes Omegas ataviados en tradicionales yukatas, un guapo pelirrojo y un hermoso azabache, sentados a cada lado de Mori mientras miraban a los recién llegados, aunque ciertamente solo el pelirrojo los escaneaba con sus ojos, el azabache parecía más entretenido observando el paisaje que se mostraba tras el enorme cristal de la ventana.
—Lamentamos la tardanza, Rintarō. —Fukuzawa fue el primero en hablar para romper un poco el hielo entre todos los presentes.
—No te preocupes por eso Yukichi, mis niños y yo también acabamos de llegar. —Señalo a los jóvenes a su lado, sonriendo despreocupadamente. —¡Oh! Pero que grosero de mi parte, no les he presentado a mis pequeños como es debido. Este hermoso pelirrojo a mi derecha es Chuuya, y a mi izquierda mi pequeña muñequita, Ryuunosuke.
El azabache les regalo por fin una mirada, una preciosa mezcla de tonos grises en sus irises, conectándola fugazmente con los dorados ojos de Atsushi. El albino sintió un latigazo eléctrico activarle todas las terminaciones nerviosas que habían en su cuerpo y fue entonces, perdiéndose en ese cielo de tormenta que eran los ojos del hermoso Omega, que quiso reafirmarle a Dazai que el amor a primera vista sí existía y que él, a sus recién cumplidos dieciocho años, lo estaba sintiendo en aquellos momentos.
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Se aceptan criticas, comentarios, sugerencias, de todo! :D
Nos leemos en el siguiente capítulo.
