La sosegada armonía que se podía sentir con facilidad en aquel hermoso jardín, engalanado de un bello arcoíris floral, lograba apaciguar los crispados nervios del albino, o al menos conseguía mantenerlo quieto en su lugar, reteniéndolo de comenzar a caminar en círculos como si fuera un animal enjaulado. Había llegado diez minutos antes de lo previsto al punto de encuentro especificado en la misiva que Mori le entregó; mirando ansiosamente la hora en su celular, contando mentalmente los segundos y tratando de distraer los pensamientos que corrían desbocados en su cabeza, aguardando paciente a la persona que lo había citado en aquel lugar, soñando despierto con la inverosímil idea de que se tratara de aquel Omega que tantos suspiros le provocaba.

—Me complace tu puntualidad. —La inconfundible voz de Chuuya llegó a sus oídos, derrumbando poco a poco sus ilusiones de poder ver de nuevo al azabache. Atsushi volteó desanimado a encarar al pelirrojo, sorprendiéndose al notar que era más alto que el Omega, por lo menos por diez centímetros. —No pareces muy contento de verme ¿Te decepciona que no se trate de Ryuu? Eres bastante predecible, mocoso.

—Y-Yo… —Realmente no sabía si debía decir algo o simplemente mantenerse callado y esperar a que el pelirrojo iniciara el dialogo, tenía curiosidad de saber por qué lo había citado ahí.

—Seré breve, niño. —El tono despectivo que utilizó no fue nada sutil, pero Atsushi decidió dejarlo pasar, guardando silencio y escuchando al Omega con atención. —No me agradas, así como tampoco me agrada tu estúpido hermano mayor.

Atsushi asintió, maldiciendo a Dazai en su interior. Chuuya prosiguió:

—Es bastante evidente que estas interesado en Ryuunosuke. —El albino volvió a asentir, desviando la mirada mientras sonreía con un adorable sonrojo tintándole las mejillas. Chuuya, por el contrario, no parecía complacido con aquella reacción. —Aléjate de él.

—¿Cómo? —Dos pares de ojos se encontraron, azul contra dorado. La mirada azulada de Chuuya mostraba seriedad y decisión, la dorada de Atsushi, desconcierto.

—¿Eres sordo, retrasado o qué? —Atsushi ladeó el rostro, confundido y repentinamente intimidado por la fiera expresión del pelirrojo. —Aléjate de Ryuunosuke, no quiero que te acerques a él, ni siquiera pienses en que voy a darte el permiso para que puedas cortejarlo. Pierdes tu tiempo, solo ríndete y sigue con tus vacaciones como si nada hubiera pasado, ten por seguro que en un par de días te olvidaras de todo.

—No quisiera sonar grosero, mucho menos ofenderte, pero creo que lo que yo decida hacer con mi vida, sobre todo con mi vida amorosa, no te concierne. —Chuuya enarcó una ceja, escéptico. La mueca de creciente molestia comenzaba a opacar lo atractivo de su rosto.

—Me concierne y mucho. —El tono de su voz comenzó a subir en decibeles, era fácil concluir que el carácter del pelirrojo era bastante volátil. —Ryuunosuke es como un hermano menor para mí, es mi responsabilidad mantenerlo seguro y alejarlo de mocosos que creen que pueden divertirse con él y conseguir su afecto solo con unas cuantas palabras vacías disfrazadas de falsas promesas de amor.

—¡Eso no es verdad! ¡Yo no…!

—Déjame adivinar, tú no eres como los otros Alfas y tus sentimientos son tan sinceros y puros aunque solo hayas visto a mi hermano una sola vez. —Se burló amargamente el pelirrojo, chistando molesto ante la fastidiosa insistencia del albino de querer mostrarse como una persona digna de su pequeño Ryuunosuke. Atsushi bajó la mirada, sintiendo las palabras de Chuuya como un golpe a sus emociones. —¡No seas ridículo, mocoso! ¡Esta es la vida real, no un estúpido cuento de Disney! ¡Las cosas no son como tú piensas y el amor verdadero no es real! ¡Madura de una buena vez por todas y déjanos en paz!

Y con aquella última frase cargada de cruel reproche y evidentes intenciones de hacer daño, el pelirrojo dio media vuelta, satisfecho y dispuesto a irse de ahí. Pero entonces sucedió, una sola palabra de apenas dos letras, dicha con aquel tono lleno de convicción que salió de los labios del menor y que dejó a Chuuya plantado en su sitio sin poder creer que ese impertinente niño se hubiera atrevido a responderle de aquella manera. El Omega se negaba a aceptar aquel seco y contundente:

NO.

—¿Qué has dicho? —Volteó, retando al albino con la mirada. —Atrévete a repetirlo, mocoso.

—He dicho que NO. —Los ojos dorados del menor brillaban de una manera indescriptible, como los de un tigre en medio de una cacería. —No voy a desistir en expresarle mis sentimientos a Ryuunosuke, así como tampoco voy a permitir que tus palabras me detengan.

—¡Mocoso de…!

—¡Lo que yo elija hacer con mi vida es solo decisión mía! —Chuuya retrocedió un paso, bastante asombrado de aquel repentino arranque de valentía en el albino. —¡Si yo elijo enamorarme de Ryuunosuke, ese es mi problema y de nadie más! ¡No voy a permitir que te entrometas en algo que no te importa…!

Las palabras murieron en su boca al sentir el férreo agarre del pelirrojo en el cuello de su camisa, cortándole la respiración de improvisto y haciendo que bajara la cabeza para que pudiera estar al mismo nivel que el rostro de Chuuya. Si las miradas mataran, Atsushi podía asegurar sin duda alguna que para esas alturas él ya debía de encontrarse irremediablemente muerto y además enterrado varios metros en la tierra sirviendo de abono para las plantas, todo cortesía de aquel agresivo Omega.

—Escúchame con atención, pequeño imbécil. —Chuuya puso énfasis en cada palabra, sobre todo en el insulto, para darle más dramatismo a la situación. —Si llego a verte cerca de Ryuunosuke, así sea a seis metros de distancia, puedes apostar lo que quieras a que en ese mismo instante voy y te castro con mis propias manos ¿Te ha quedado claro, niñato?

Atsushi asintió, Chuuya aflojó el agarre que mantenía aprisionado al albino y en cuanto el menor se sintió más libre salió corriendo de ahí, escuchando a sus espaldas los gritos molestos e histéricos del pelirrojo arruinar el apacible ambiente del jardín. Concienzudamente no iba a quedarse ahí a seguir recibiendo amenazas de muerte contra su persona, estaba claro que Chuuya realmente iba a terminar golpeándolo si seguía haciéndolo enojar. Para ser un Omega, el pelirrojo tenía bastante fuerza; corrió entre los pasillos, doblando en las esquinas de los corredores sin fijarse realmente hacia donde se dirigía hasta que ocurrió lo inevitable, chocó de frente con alguien.

—¡Lo lamento! ¡Lo lamento muchísimo! ¡Perdóneme, fue mi culpa! —Atsushi aún seguía aturdido por el impacto, así que solo atino a comenzar a disculparse a diestra y siniestra con el pobre incauto con el que había chocado, levantándose y haciendo una profunda reverencia. —¡Realmente lo siento…!

—Silencio, eres bastante escandaloso. —El tono de voz era grave y serio, sin embargo se mantenía bastante suave y constante, como si aquella persona hablara en susurros. Atsushi sintió un agradable escalofrió recorrerle el cuerpo, por lo que levantó la cabeza solo para observar como Ryuunosuke aún permanecía en el suelo, con una mano cubriendo su boca para tratar de retener un repentino ataque de tos.

—¡Déjame ayudarte! —Acercó su mano hacia el azabache para tratar de ayudarlo a levantarse, pero el Omega la apartó de un manotazo, levantándose por su cuenta. —¡L-Lo lamento…!

—Guarda silencio. —El azabache lo miraba molesto, sujetándose la muñeca izquierda. El albino pensó que tal vez se había hecho daño al caer y eso solo lo hizo sentirse peor. —No puedes correr en los pasillos ¿Estas ciego o simplemente ignoraste las indicaciones en las paredes?

—¿Eh?

—Lo reitero, eres un idiota. —¿Debería sentirme ofendido? pensó el joven Alfa sintiéndose repentinamente ofuscado, pero la mueca de sutil molestia en el usualmente estoico rostro del Omega, haciéndolo ver aún más lindo de lo que ya de por si era, atontaba cualquier pensamiento elocuente que pudiera tener. —Solo ten más cuidado, podrías lastimar a alguien.

—Lo lamento…

—Deja de disculparte, es molesto. —El azabache lo miró seriamente, completamente centrado en las facciones del albino. Atsushi se sintió un poco cohibido por aquel intenso escrutinio. —Tú… Tú eres el hermano de aquel Alfa de cabello castaño ¿Verdad? Al que golpeaste como salvaje hace dos noches.

Atsushi comenzó a sudar frio.

—Algo así…

—Su ridícula pelea solo les causó molestias a los demás huéspedes, además hicieron que el señor Mori tuviera problemas para explicar la situación a todo el personal del restaurante. —Atsushi sintió como su oportunidad de lograr acercarse al Omega y poder mostrarle sus sentimientos poco a poco iba muriendo, lo último que necesitaba era que todos en el resort terminaran detestándolo. —Pero…

—¿Pero…? —¡Un rayo de esperanza! Gritó internamente el de ojos dorados, una indescriptible emoción comenzaba a bullir en su pecho.

—Pero… —El Omega giró el rostro tratando de encontrar las palabras adecuadas, su piel de blanca porcelana comenzaba a adquirir un adorable tono rojizo en las mejillas. Atsushi lo miraba embelesado, agradeciéndole al destino haberle permitido tener aquel encuentro con el azabache. —Yo quería…

Por desgracia Atsushi siempre se ha caracterizado por ser un joven con una suerte bastante terrible, por lo que justo en esos momentos su pequeño momento "romántico" se vio abruptamente interrumpido por la iracunda voz de Chuuya que resonaba en la distancia, cada vez acercándose un poco más hacia donde se encontraban ambos jóvenes. El albino dio un brinco en su lugar, mirando con horror como el pelirrojo se acercaba más rápido a cada paso que daba, al mismo tiempo buscaba con desespero una potencial ruta de escape. Ryuunosuke lo observaba como si se tratara de algún bicho raro no descubierto por la ciencia.

—¡Lo siento, debo irme! —Atsushi esquivó, gracias a sus buenos reflejos, un pesado florero que iba directo a su cabeza. Chuuya estaba a tan solo unos metros de ambos jóvenes y el albino sabía que era hora de irse de ahí, al menos si quería seguir viviendo. —¡Espero poder hablar contigo más tarde! ¡Que tengas un hermoso día!

—¡Espera…! —Ryuunosuke intentó detenerlo pero Atsushi simplemente siguió corriendo como desquiciado.

—¡Vuelve aquí! ¡Maldito mocoso atrevido! —Chuuya llegó al lado del azabache, sujetando al joven Omega de su antebrazo y acercándolo a su cuerpo a modo de protección. —¡¿Ryuunosuke, te encuentras bien?!

—¿Por qué no habría de estarlo? —Con algo de molestia se deshizo del hostigoso agarre de su hermano, aún le dolía la muñeca por el golpe que se había llevado minutos antes, pero eso era algo que definitivamente no iba a comentarle al alterado pelirrojo.

Con sutileza escondió con sus pies el objeto que se le cayó a aquel despistado Alfa, probablemente se le escapó de los bolsillos de su pantalón en el momento en que ambos colisionaron sin querer. Ryuunosuke intentó devolvérselo pero el albino simplemente huyó despavorido en cuanto vio a Chuuya acercarse, aunque el azabache intuía que el proyectil con forma de florero lanzado por su hermano mayor también podía ser una de las principales razones de su pavorosa huida. En realidad al azabache no le sorprendía el actuar de Chuuya, tampoco era la primera vez que algo así ocurría, solo que ahora se sentía diferente y Ryuunosuke no entendía el porqué.

—¡¿Por qué estabas solo en este pasillo poco transitado con ese mocoso?! —El azabache suspiró cansado. —¡¿Se te ha olvidado que tienes totalmente prohibido quedarte a solas con un Alfa?! ¡¿Y si trataba de aprovecharse de ti y yo no estaba para cuidarte?! ¡Para protegerte!

—Solo coincidimos, tranquilízate.

—¡Coincidencia y una mierda! ¡¿Crees que yo nací ayer?! De ahora en adelante no me voy a despegar de tu lado, al menos hasta que esos Alfas intrusos se larguen de nuestro hogar.

Ryuunosuke simplemente guardó silencio, conociendo de sobra las drásticas actitudes del mayor. Agradecía que Chuuya se preocupara por él y apreciaba inmensamente al pelirrojo, después de todo era su amado hermano mayor, sin embargo había ocasiones en que lo único que quería era reclamarle sus actitudes paranoicas y aquella agobiante sobreprotección, él ya no era un pobre niño indefenso y Chuuya debía aceptarlo de una buena vez. El pelirrojo comenzó a caminar en dirección a sus aposentos, insultando sin parar a los invitados de Mori, sin prestar atención a su pequeño hermano quien iba detrás de él curioseando entre las credenciales e identificaciones del albino.

Debo devolverle su cartera a ese idiota. Pensó con fastidio y una extraña sensación de cosquilleo en el estómago acompañada de una pequeña opresión en el pecho, Ryuunosuke sacudió la cabeza, adjudicándole aquellos peculiares síntomas a su molesto problema de asma. Tal vez más tarde pasaría a ver a su padre para un rápido chequeo médico, pero primero debía buscar la manera de despistar a Chuuya para poder escabullirse hacia las habitaciones del tercer piso.

—0—

Cuando Atsushi llegó a su habitación, con las piernas temblando como si fuesen de gelatina, solo tenía un par de cosas en mente: Recostarse en su cómoda cama, tal vez solicitar al restaurante que le enviasen un servicio a su cuarto y no salir en lo que restara del día. No era ni mediodía y él ya estaba deseando que la noche llegara para poder dormir y olvidarse de todo; su padre y su hermano no se encontraban en sus habitaciones correspondientes, durante todo el día de ayer el señor Mori los había llevado a todos a un exclusivo evento de golf que se estaba celebrando en el gigantesco campo aledaño al lago, mismo lago donde también se celebraría un concurso de pesca entre los adinerados huéspedes del resort.

Su padre quedó tan emocionado con la idea de un día de pesca con sus niños que decidió que todos irían al lago por la mañana a divertirse un rato. Y ahora que se ponía a pensar las cosas más detenidamente… ¡Era el peor hijo y hermano menor del mundo! ¡Había rechazado pasar tiempo con su amada familia! ¡Incluso había faltado a la actividad familiar que Fukuzawa organizó para todos en el lago! ¿Y todo para qué? Para ser insultado, perseguido y casi asesinado por un psicópata Omega pelirrojo con un insano complejo de hermano mayor sobreprotector, al menos pudo ver a Ryuunosuke por un par de minutos, esa fue la única cosa buena que le sucedió en toda la mañana.

Con desgano comenzó a buscar su cartera en el bolsillo de su pantalón para poder sacar la tarjeta de acceso a su habitación. Bolsillo derecho, absolutamente nada. Bolsillo izquierdo, nada de nada. Atsushi comenzó a desesperarse mientras trataba de llegar hasta el fondo de su pantalón, una sutil capa de sudor comenzó a cubrirle el rostro y a humedecerle las palmas de las manos. Los segundos corrían y él seguía parado enfrente de la puerta de la habitación, removiendo sus bolsillos como un desesperado y con una mueca de profunda angustia en el rostro, parecía que en cualquier momento iba a comenzar a llorar.

Oh no…

No, no, no, no…

¡Dios, por favor no…!

¡¿Por qué a mí?! ¡¿Por qué?!

¡Maldita sea…!

—Mi cartera, mi cartera… —Susurraba apesadumbrado mientras miraba al suelo a su alrededor, palpando todo su pantalón, con la pequeña esperanza de encontrar su cartera. —¡¿Por qué siempre me pasa esto a mí?!

Golpeó con algo de fuerza su cabeza contra la dura madera de la puerta, tratando de aliviar la frustración que sentía consigo mismo en esos momentos. Su padre iba a molestarse con él, Dazai se iba a burlar sin duda alguna, pero lo peor de todo es que tendría que explicarle al señor Mori que necesitaba una nueva tarjeta de acceso porque él es tan torpe y despistado que había perdido la que le entregó en un principio. Atsushi podía sentir la vergüenza acumulándose en su rostro de solo imaginar lo que el señor Mori le diría. Volvió a golpear su cabeza contra la puerta, auto castigándose por ser tan rematadamente inútil y no haber sido capaz de cuidar ni siquiera de sus propias cosas, ahora solo le quedaba esperar a que todos regresaran.

¿Y si Fukuzawa y Dazai tardaban más de lo debido…?

¿Realmente iba a quedarse parado en el pasillo esperando como un tonto…?

¿Y si algún desconocido encontraba su cartera…?

¡¿Y si se trataba de algún psicópata que pudiera robarle la información de sus credenciales?!

O peor aún… ¡¿Y si Chuuya encontraba su cartera?! ¡Se enteraría de donde vivía y podría ir a matarlo si intentaba acercarse a Ryuunosuke de nuevo!

Atsushi volvió a estampar su cabeza contra la puerta.

—Corrígeme si me equivoco pero, estoy casi seguro que así no se tocan las puertas, pequeño Sushi. —Esa voz tan molesta y burlona…

—¡Dazai! —Atsushi podía jurar que jamás había sentido tanto alivio de ver a su hermano mayor. Sin pensarlo se lanzó a abrazar al más alto. —¡Me alegro tanto de verte!

—¡Suéltame! ¡Suéltame! —El mayor se zafó del agarre del albino, acomodando sus ropas. —¿Cuántas veces te he dicho que no me gusta el contacto físico en público? Yo no abrazo Alfas, Sushi.

—Lo siento…

Ambos se quedaron en silencio, parados inamovibles frente a la puerta de la habitación del joven Alfa.

—¿Y bien? —Habló el mayor, rompiendo el mutismo y bastante cansado de estar parado ahí sin hacer nada.

—¿Y bien…que? —El menor se hizo el desentendido.

—¿No vas a abrir la puerta? —Dazai arqueó una ceja con suspicacia. Atsushi comenzó a sudar de nuevo.

—B-Bueno… es que estaba pensando… ¿Y si mejor vamos a tu habitación? —Sonrisita nerviosa de parte del albino, Dazai lo miró serio por unos segundos.

—Perdiste tu tarjeta de acceso. —No era una pregunta, era una afirmación. El castaño retomó su mueca burlona. —Eres tan torpe, pequeño Sushi.

—¡¿Qué?! ¡Claro que no! —Trató de hacerse el ofendido pero la voz le temblaba por los nervios. Dazai comenzó a reírse en su cara.

—Por suerte para ti, tu increíblemente guapo y carismático hermano mayor está aquí para salvarte. —El castaño buscó en sus bolsillos hasta encontrar la tarjeta de acceso general que seguía en su poder.

—¡¿No se suponía que ibas a devolvérsela al señor Hirotsu?! —Le regañó el albino, pero como ya era costumbre, Dazai no lo escuchaba o fingía no hacerlo. —¡Dazai, no me ignores!

—Tranquilo, tranquilo, se la devolveré a su debido tiempo. —La puerta se abrió y ambos Alfas entraron a la habitación. —Además, deberías estar agradecido de que aún la conserve, gracias a mí estas aquí adentro en lugar de quedarte afuera golpeando tu cabeza patéticamente contra la puerta.

Atsushi le arrojó una de las almohadas de la cama, Dazai esquivó el suave proyectil con facilidad para después arrojarse sin cuidado sobre el colchón como si fuera un niño pequeño. El albino prefirió quedarse parado en uno de los extremos de la cama, esperando pacientemente el momento indicado para comentarle de manera sutil a su hermano que por ahora lo único que deseaba era estar completamente solo para poder pedir su ansiado servicio a la habitación y pasar sus penas atragantándose con comida chatarra mientras maldecía su paupérrima suerte y sus patéticos intentos de cortejo.

—¿No se suponía que estarías con papá disfrutando de un día de pesca en el lago? —El menor quiso desviar el tema, no tenía ánimos de soportar las burlas de Dazai, más bien, no tenía ánimos de soportar a Dazai, punto.

—Me escapé. Al parecer el señor Mori y nuestro respetadísimo padre estaban tratando de recordar sus buenos tiempos de juventud en medio de aquel lago y yo no tenía intención de seguir quedándome ahí para que me dieran otra razón para intentar suicidarme o en su defecto, arrancarme los ojos y reventarme los oídos. —Levantó los hombros sin importancia, suprimiendo una corta carcajada al ver la cara de asombro del albino. —No me mires así, tú hiciste lo mismo.

—¡Claro que no! Mis motivos fueron completamente diferentes…

—¡Lo sabía! —Dazai lo acusó señalándolo con un dedo, Atsushi se contuvo de apretar el puente de su nariz para tratar de serenarse. —Te fuiste a ver al Omega sin cejas.

—¡Dazai!

—Me decepcionas, Sushi. —El mayor negaba dramáticamente con la cabeza, Atsushi palmeó su frente con frustración. —¡Has bajado la guardia por un par de ojos coquetos! ¡Ojos coquetos y sin cejas! ¿Qué puede ser peor que eso?

—Dazai, te lo advierto… —Y era una advertencia que claramente podía verse en sus afilados ojos dorados.

—Bueno, bueno, ya me calmo.

—Gracias. —Tengo que sacarlo de la habitación. Era el único pensamiento del joven Alfa, no quería seguir dándole más motivos a Dazai para seguir abriendo la boca.

—Al menos uno de los dos se divirtió. —El albino bajó la mirada, recordando su catastrófico encuentro con Chuuya en la mañana y de cómo el pelirrojo casi lo asesina con un florero. Dazai notó enseguida el cambio de ánimo en su pequeño hermano. —Ven aquí, siéntate en la cama y cuéntale a tu genial hermano mayor lo que ocurrió.

Atsushi no tuvo otra opción más que hacer lo que el castaño pedía. Al final terminó contándole a Dazai todo lo que le había ocurrido en la mañana, desde la discusión que había tenido con el pelirrojo, como lo habían insultado y casi golpeado, hasta su inesperado encuentro con el azabache, también le mencionó que posiblemente su cartera había quedado tirada en el pasillo de alguno de los pisos del enorme resort. Para su sorpresa el castaño lo estaba escuchando atentamente, sin ninguna expresión burlona o maliciosa, simplemente un rostro sereno, casi rozando en lo paternal.

—De acuerdo, tú ganas. —Dazai tomó al menor por los hombros, sacudiéndolo un poco para tratar de animar su decaído semblante. —A ti te fue peor.

—¡Gracias! Si no me lo dices no me doy cuenta. —Ahora sí iba a sacar al mayor de su habitación, lo sacaría a patadas de ser necesario.

—De nada, para eso estamos los hermanos mayores. —Ignoró el mordaz sarcasmo en la voz del albino para acto seguido levantarse de la cama y jalar al menor del brazo, llevándoselo consigo y haciendo oídos sordos ante las quejas de Atsushi. —Pero primero lo primero, vamos a buscar tu cartera.

Ambos salieron de nuevo al pasillo, dirigiéndose hacia el elevador. Atsushi caminaba mirando hacia el suelo, atento a cualquier cosa que se pareciera mínimamente a su cartera extraviada, pero al llegar a las puertas del elevador y no encontrar nada desistió de seguir buscando. Las puertas metálicas se abrieron de improvisto frente a ellos, dejándoles ver la delgada silueta del azabache parado en el centro del ascensor. Ryuunosuke bajó sumisamente la mirada al reconocer a Dazai, aún tenía grabadas en su mente las crueles palabras del castaño. El mayor empujó sin un ápice de discreción a Atsushi para que entrara en el elevador junto al Omega, su pequeño hermano parecía haberse vuelto de piedra en cuanto vio al azabache frente suyo.

—¡Te veré más tarde, Sushi! —Se despidió alegre, presionando el botón y encerrando a ambos jóvenes dentro del ascensor. —Bueno, mi trabajo aquí está hecho.

Ambos jóvenes se quedaron quietos en su lugar, sintiendo como el elevador comenzaba a descender lentamente. El albino estaba nervioso, estaba tan nervioso como jamás lo había estado antes en toda su corta vida, quería romper aquel incomodo silencio que se había formado alrededor de ellos, pero no tenía la más mínima idea de que decir o cómo actuar. Ryuunosuke por el contrario se veía bastante calmado, hasta cierto punto parecía cómodo con la situación. De pronto las puertas volvieron a abrirse, ambos habían llegado al primer piso del resort, fue entonces que el de ojos dorados sintió como algo impactaba contra su rostro con algo de fuerza.

—¿Qué…? —Lo tomó del suelo, reconociendo al instante su objeto extraviado.

—Más te vale no volver a perderla porque no pienso ir a entregártela de nuevo. —El azabache avanzó un paso, con la clara intención de salir del ascensor, pero antes de lograr su cometido una firme y fuerte mano lo retuvo sujetándolo por la delgada muñeca. —¿Qué diablos…?

—¡Por favor, ten una cita conmigo! —Ryuunosuke tuvo que girar un poco el rostro, aquel grito casi lo deja sordo debido a la incómoda cercanía de sus cuerpos. Sentía la dorada mirada del albino sobre él, como aquella noche en la que se habían conocido, y realmente no tuvo que pensarlo mucho para saber lo que iba a responderle.

—No. —Intentó ignorar la desolada expresión en el rostro del Alfa pero aquel fastidioso malestar en su pecho le impedía continuar con su careta de burda indiferencia. —Suéltame o juro que vas a lamentarlo, idiota.

—Por favor, ten una cita conmigo. —Atsushi habló de nuevo, esta vez de manera más controlada, negándose a soltar al azabache, su dorada mirada brillando con decisión y esperanza. —Solo una… por favor…

Ryuunosuke forcejeó un poco antes de rendirse y suspirar derrotado.

—Te espero mañana al mediodía frente al Spa. —El Alfa sonrió cándidamente, con el rostro brillando de genuina y pura alegría. El Omega achinó los ojos, sintiendo como si estuviera mirando directamente al Sol, demasiado cálido y deslumbrante. —¡Te mataré si llegas tarde! ¡¿Me oíste?!

—¡Fuerte y claro! —El albino imitó una pose militar pero sin perder la enorme sonrisa en su rostro.

Cuando el ascensor volvió a cerrar sus puertas, Atsushi fue el único que se quedó ahí adentro, sintiendo miles de mariposas volar alocadas en su estómago y su corazón latir desbocado en su pecho, deseando con todas sus fuerzas que el tiempo pasara deprisa para volver a estar cerca de Ryuunosuke y embriagar sus sentidos con aquel suave aroma a sándalo con sutiles toques de canela que emanaba el delicado cuerpo del Omega.

...

Hola! Lo sé me tomó años, pero prometo que de ahora en adelante serán actualizaciones continuas! Nuevo año, nuevas metas XD