Disclaimer: Los personajes y el universo donde se desarrolla esta historia no me pertenecen ni son creaciones mías, todo es obra del gran Masashi Kishimoto.
La imagen que aparece en la portada tampoco me pertenece, es obra de una una maravillosa artista que lleva por nombre de usuario ni23ku. Tiene un sinfín de fanarts dedicados a la pareja, todos ellos bastante hermosos.
Ikigai
Capítulo 5: Relámpago y flor de cerezo
Cuando Naruto sugirió con vehemente insistencia una reunión del equipo siete, Sasuke jamás vislumbró que se llevaría a cabo en una de las bulliciosas tabernas de la aldea.
Aunque el sitio era el punto de confluencia predilecto para los shinobis de la Hoja, nunca puso un pie dentro del establecimiento. Era la primera vez que acudía a ese lugar. No iba admitirlo en voz alta, Naruto se aprovecharía de la confesión y no dudaría en utilizarla como un arma para molestarlo durante el resto de la velada.
Sasuke ingresó. El local estaba lleno, demasiado ruidoso para su gusto. Escuchó el rumor de las risas brotar al otro extremo de la sala, el alcohol fluía turbulento y la música sonaba fuerte. Arrugó la nariz al detectar el inconfundible aroma del tabaco, notando como sus entrañas se removían ante el nauseabundo estimulo. Detestaba aquel olor. Achicó los ojos con la bruma gris se aglutinó con las escandalosas luces multicolores, entorpeciendo momentáneamente su privilegiada visión. Fue capaz de localizar a su molesto amigo y su estoico mentor postrados en una mesa situada en la esquina del paraje, lejos de las miradas curiosas y los oídos indiscretos.
Con más pesar que motivación, cruzó la estancia, por el rabillo del ojo detectó la presencia del contingente ANBU que seguía a Kakashi como su misma sombra. No era de extrañarse que aquellos hombres resguardaran al Rokudaime, sin embargo, todos en la sala sabían que, el antes llamado Ninja copia, era capaz de cuidar su propio trasero.
— ¡Teme!— rumió el escandaloso rubio, señalándolo acusadoramente con el dedo índice al mismo tiempo que inclinaba el cuerpo sobre la mesa, provocando que los utensilios de cerámica se desperdigaran por la arcaica superficie de roble—. Llegas tarde.
Lejos de molestarse, ignoró su comentario. La impuntualidad no era lo suyo, aquel mal hábito le correspondía a su antiguo sensei por excelencia. No obstante, después de la letárgica reunión con los ancianos y el Hokage celebrada esa misma tarde, decidió visitar el sector de la aldea donde alguna vez se congregó su clan. Tras el ataque de Pain, todo rastro de los Uchiha se había desvanecido, convirtiéndolo en el único vestigio viviente de la que alguna vez fue catalogada como la estirpe de la guerra.
—Dale un respiro, Naruto— murmuró Kakashi, vertiendo sake en el único tokkuri que había sobrevivido al arrebato del Uzumaki.
Contempló durante un segundo o más el contenedor de terracota, sopesando si debía engullir de un golpe o no el licor de arroz. Detestaba el escozor que dejaba al pasar por su garganta y, odiaba aún más, los efectos secundarios.
— ¿Dónde está Sakura-chan?— preguntó Naruto, escaneando la habitación con la mirada cerúlea, tratando de encontrar una ínfima estela de la pelirosa.
—No podrá acompañarnos— replicó el Rokudaime, recargando la espalda contra el respaldo de la silla al mismo tiempo que cruzaba los brazos a la altura del pecho—.Asi que me temo que esta noche solo seremos nosotros.
— ¿Qué?, pero lo prometió— profirió el rubio, intentando no sonar tan abatido.
Se mentiría a si mismo si negaba que la ausencia de Sakura le parecía decepcionante. Había acudido ahí con intención de contemplarla, pasar tiempo a lado de ella antes de que arribara el momento de su partida.
—Lo sé, lo sé— Kakashi lucia tan cansado como de costumbre, su voz sonaba apagada, monótona—. Sin embargo, Tsunade-sama solicitó su presencia.
Desilusionado, engulló de golpe el trago, arrugando la nariz al sentir el fuego liquido descender por toda la longitud de su garganta, dejando una estela de quemazón asestada en su tracto digestivo. Esperaba que el licor se transformara en el aliciente perfecto que lo ayudara a amainar sus pensamientos.
—Tsunade-baachan es muy dura— dijo Naruto, asegurándose de rellenar los tokkuri de todos los ahí presentes, incluyendo el del estoico y compuesto Hokage—, debería darle un respiro. A este paso, Sakura-chan terminara como ella.
— ¿Qué hay de malo con eso?— preguntó Kakashi, disponiendo su propio trago con discreción. Sasuke había detectado la forma en la que el peliblanco desechaba todos y cada uno de los tragos que Naruto le extendía. Sin lugar a dudas, su excéntrico compañero era demasiado ingenuo para notarlo, o tal vez, estaba lo suficientemente ebrio para molestarse con nimiedades.
— ¿Acaso no lo ves, Kakashi-sensei?, Sakura-chan no merece esa suerte, es demasiado hermosa e inteligente para acabar absorta en apuestas y alcohol—ratificó el rubio, colocando ambas manos sobre la mesa.
—No creo que sea el caso de Sakura— espetó Kakashi, oteando de soslayo a un abstraído Sasuke Uchiha—. Si ella quisiera estar con alguien ya lo habría hecho. Se ha vuelto popular entre los chicos, no sería una sorpresa si pronto nos sustituye por un novio.
Los músculos de la espalda del azabache se tensaron como la cuerda de un arco al escuchar las palabras del peliblanco.
Al meditar sobre su relación con Sakura, llegó a la conclusión de que la piedra angular de su relación era nada más y nada menos que el apoyo incondicional y la empatía, el mismo que le brindaba a todos, sin excepción alguna.
Le tomó más de una semana admitir que detestaba recibir el mismo trato que los demás. No fue capaz de justificar la decepción que sintió al pensar que el amor de la pelirosa ya no estaba disponible para él.
—Tal vez correspondió los sentimientos de aquel shinobi de Kumogakure que la pretendía— conjeturó el ojiazul, encogiéndose de hombros.
Sasuke se atragantó.
— ¿Qué?— cuestionó, sintiéndose como un completo idiota al mismo tiempo que se aclaraba la garganta.
—Naruto— lo llamó Kakashi en tono censurador, dedicándole una mirada adusta.
— ¿Qué hay de malo con eso?, estuvo trabajando con ese Jounin durante mucho tiempo. Ella misma mencionó que dejaba obsequios sobre su escritorio— espetó Naruto sin percatarse del todo de la animosidad del ambiente.
— ¿Estás hablando en serio, Usuratonkachi?— se apresuró a preguntar, disipando la fachada de estoicismo para revelarse inquieto, asustado.
—No seas tan engreído, teme— espetó el Uzumaki— ¿Acaso no consideras a Sakura lo suficientemente bonita para tener novio?
El azabache dejó escapar un bufido, una mezcla entre un suspiro contenido y un gruñido. Como era de esperarse, el limitado raciocino de su mejor amigo lo llevaba a tergiversar sus palabras, en especial cuando consumía alcohol. Recurriendo a toda su humanidad posible, contuvo el deseo de voltearle el rostro de un golpe.
—No me refería a eso— rebatió el Uchiha, poniendo los ojos en blanco ante la absurda conclusión que acababa de escuchar.
—Ciertamente, Sakura se ha convertido en una mujer hermosa— señaló Kakashi, atrayendo el par de miradas asesinas hacia su persona.
—Viejo pervertido— señaló el rubio entre dientes.
—No soy ciego, solamente estoy remarcando lo que queda a la vista. Todos saben que Sakura es una de las mejores Kunoichis de la aldea— explicó el peliblanco, no muy seguro de que su aportación lograra apaciguar la inquina de sus antiguos estudiantes.
—Solamente lo dices porque Sakura-chan es tu alumna favorita— volvió a acusarlo el Uzumaki.
—Y sostengo mi palabra— dijo el Rokudaime—. Asi como sostengo que lo que atormenta a Sasuke-kun en este momento es nada más y nada menos que los celos.
—Oh, con que de eso se trata— los ojos de Naruto se achicaron con sospecha mientras esbozaba una sonrisa socarrona.
—No lo estoy— pronunció, procurando emular la seriedad plasmada en su faz—. Y deja de mirarme de esa forma.
—Realmente te gusta Sakura-chan— dijo Naruto.
Las palabras del rubio no estaban ni cerca de convertirse en un cuestionamiento o sugerencia, el tono que había empleado era tan categórico que, no tuvo el valor de contradecirlo.
Haruno Sakura le gustaba y no estaba seguro de cómo decírselo.
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Avizoró con disimulado recelo la escena frente a él: una sonrisa estiraba las mejillas de Sakura mientras C, el atento shinobi de Kumogakure que los había recibido la tarde anterior, rondaba alrededor de ella como una abeja rechoncha de felicidad.
Aquella mañana, el insistente llamado a la puerta interrumpió su descanso y, consecuentemente, el contacto entre los dos. Habían dormido acurrucados, uno muy cerca del otro. Sasuke inhalaba el dulce aroma que emanaba de su cabello, al mismo tiempo que la punta de sus dedos se deslizaba por la piel tersa de sus brazos. El calor que irradiaba su cuerpo era intoxicante. No supo precisar que transformación sufrió su cuerpo, pero cuando ella lo tocaba, sus mejillas ardían y su corazón se aceleraba, orillándolo a los confines del suplicio.
Durante el viaje de redención, evocaba la efigie de la pelirosa en lo profundo de su mente. Se sentía solo, especialmente cuando había comprendido la importancia de los lazos. A pesar de todos los crímenes cometidos, Sakura lo perdonó. Tal acto de bondad suponía una expiación de la que no era merecedor. Aun asi, pensaba constantemente en ella, en lo mucho que deseaba tocarla y escuchar su voz, aun cuando estuviera lejos y las circunstancias les impidieran estar juntos.
Sin embargo, su buen ánimo desapareció l contemplar al fiel lacayo del Raikage, clamando la absoluta e indivisible atención de Sakura. Sabía que gran parte de todo lo que estaba sucediendo en ese momento no era más que una excusa para estar cerca de ella. Procuró ignorar el tema, pero estaba cada vez más enojado por el hecho de que C rondara alrededor de su compañera con esas ideas.
Al cabo de unos minutos, la ojiverde esbozó una sonrisa, inclinó su cuerpo ligeramente hacia el frente en una reverencia y se despidió del rubio.
—Ya podemos irnos, Sasuke-kun— anunció Sakura sonriente, situándose a su costado.
— ¿Estás segura?— preguntó, volviendo el rostro en dirección a la sala donde C había ingresado.
—Todo está bajo control, no creo que me necesiten más por aquí— replicó con calma; el pelinegro frunció sutilmente el entrecejo a la par que un rictus de tensión le decoraba los labios— ¿Sucede algo malo?
—Parece que te ganaste unos cuantos admiradores— le contestó su lengua sin pedirle permiso.
El corazón le golpeo las costillas al percatarse de lo que acababa de decir. El hecho de que él y Sakura estuvieran recorriendo el mundo no significaba que fuesen algo más que compañeros ¿cierto?, la pelirosa era una mujer fuerte y hermosa, no le extrañaría que en cualquier momento ella fijara su atención en otra persona. Sin embargo, aquella idea lo hacía sentir sumamente extraño, enfermo, avivando la opresión en su pecho.
— ¿Te refieres a C?— preguntó, levantando una ceja mientras una sonrisa particularmente ladina se hilvana en sus labios—. Solamente es un colega, no estoy particularmente interesada en él.
Sus miradas colisionaron en un encuentro particular. Durante años, había contemplado el mundo atravesó de un manto de oscuridad, cegado por la neblina del odio y la venganza, pero hoy se encontraba cautivado por el intenso fulgor de esos diáfanos ojos grises, que lo observaban como si fuera el único hombre que existiera en el mundo.
—Sakura…yo— masculló, inseguro de como proseguir. Estaba hecho un manojo de nervios aunque su ecuánime faz no lo proyectara. Quería hablar con ella sobre sus sentimientos, pero no sabía cómo hacerlo.
— ¿Si?— preguntó ella, intrigada. Un sonrojo decoraba sus mejillas, confiriéndole un toque de inocencia arrebatador, acentuando su etérea belleza.
Cualquier cosa que el Uchiha se hubiera planteado decir se vio interrumpida cuando los pasos resonaron por el pasillo. Una joven pelirroja apareció frente a ellos, se trataba de la asistente y secretaria del Raikage; bajo su brazo izquierdo llevaba un pequeño cuadernillo revestido de cuero, tal vez la agenda del líder de la aldea. Paseó una venturosa mirada de Sasuke a Sakura y esbozó una sonrisa.
—El Raikage los está esperando— comunicó.
La chica se encargó de guiarlos a través de los laberintos de pasillos hasta el ascensor principal que los conduciría abajo, a la Base de Inteligencia y Rastreo de Kumogakure.
El despacho estaba en la planta cero, bajo tierra, pero por encima del sótano; paredes de cemento sin ventanas, pintadas un agradable color hueso, revestidas por estantes atiborrados de libros bien ordenados y pergaminos. Al fondo se oía el murmullo de los dos ordenadores situados en una esquina, incluido un superordenador de rastreo, similar como el que tenían en Konohagakure.
—Por fin llegan— vociferó el Raikage, haciendo acto de presencia en la sala—.Espero que su estancia en la aldea haya sido agradable.
—Lo fue— le aseguró la afamada Kunoichi de la Hoja.
—De no haber sido por ustedes, ahora mismo estaríamos metidos en muchos problemas— prosiguió el Raikage, inclinando su cuerpo ligeramente hacia el frente en forma de reverencia.
—Todo fue gracias a Sakura—concordó el Uchiha, contemplando de reojo a su compañera.
La sangre se le precipitó al rostro y, en un abrir y cerrar de ojos, un leve sonrojo coloreaba las mejillas de la pelirosa, el cual le otorgaba un aire de doncellez indescriptible, acentuando su arrebatadora belleza.
—Aun asi, el esfuerzo de ambos no pasara desapercibido para Kumogakure— le aseguró Darui, intercalando la mirada entre los estudiantes de los Legendarios Sannin—.Gracias a la información proporcionada por los ninjas involucrados en el ataque, el equipo de inteligencia logró crear un perfil y dar con la identidad de nuestro enemigo.
Sasuke estudió el timbrado del sobre con cautela. Había subestimado a los shinobis del País del Rayo al creer que nunca darían con la información adecuada del ninja adverso. Al parecer, trabajaban con diligencia, sobrepasando sus expectativas.
El Raikage se limitó a cerrar los ojos, acentuando el imperceptible mutismo instalado en la sala. Al cabo de unos segundos, uno de los subordinados optó por intervenir.
—Se trata del ninja rengado clase S, Sagao— dijo el hombre de complexión delgada y lentes de pasta, situando una foto del implicado encima de la mesa—. Pertenece al clan Tokunaga del País de la Tierra. Su estirpe fue masacrada años atrás, durante la Tercera Gran Guerra Ninja, dejándolo como el único sobreviviente.
— ¿Fue eliminado por un motivo en específico?— cuestionó la pelirosa, manteniendo la mirada verdosa fija en la efigie del criminal.
—Al igual que el clan Uzumaki, los Tokunaga fueron un prominente clan de Iwagakure. Poseían un poderoso Kekkei Genkai llamado Karasu no me, el cual le confiere al usuario el poder de desintegrar todo lo que toca. Esto eventualmente los llevó a la destrucción de su propia estirpe y a ser temidos por Iwagakure y el resto de las grandes aldeas ninjas.
Sasuke intentó concentrarse, aunque aquello fuese una acción sobrehumana. Realizó un escrutinio a la imagen del hombre proyectada en la fotografía y se sintió ligeramente identificado con él.
— ¿Descubrieron la razón por cual atacó a los ninjas de Kumogakure?— resonó la voz de la pelirosa en la sala.
—Al parecer ha formado una organización terrorista, no es nada cercano a lo que fue Akatsuki hace algunos años. Su plan es destruir las grandes aldeas y acabar con la era de los ninjas.
La tensión se instaló en la sala. Si los informes de la Base de Inteligencia de Kumogakure eran acertados, estarían enfrentándose a un enemigo más poderoso que Akatsuki. Aun en tiempos de paz, existían individuos dispuestos a causar cualquier mal con tal de alcanzar sus propias ambiciones, poniendo en peligro la vida e integridad de miles de inocentes. Sasuke llegó a comprenderlo después de escuchar toda la verdad respecto al fatídico destino de su hermano mayor, quien decidió sacrificar su propia felicidad con tal de proteger a la aldea de las pérfidas aspiraciones de su familia.
—Enviamos un grupo capacitado de rastreadores para seguirles el paso— explicó otra joven de piel cobriza mientras extendía un amplio mapa sobre la superficie lisa de madera. En el papel se apreciaban algunas marcas, todas dispersas en diferentes territorios, cerca de puntos estratégicos—.Según el reporte que recibimos esta mañana, el grupo cuenta con una serie de bases situadas en asentamientos de vital importancia, el más cercano se ubica a trescientos kilómetros de aquí, en la Isla Mokuzu. Este sitio es utilizado por los viajeros para reabastecer armas y otras necesidades.
El pelinegro observó el mapa y examinó el plano con un sencillo escrutinio. Mokuzu era el lugar perfecto para resguardar criminales, una isla paradisiaca para las mentes más retorcidas. Había visitado la seca una o dos ocasiones durante su viaje, las suficientes para no regresar jamás.
— ¿Qué hay sobre sus puntos débiles?— cuestionó el Uchiha tras unos minutos de silenciosa meditación.
—El Kekkei Genkai de los Tokunaga precisa de una enorme cantidad de chakra, algunas veces el usuario fallece antes de ejecutar el Jutsu— dijo la chica, cruzando los brazos a la altura del pecho. Su voz sonaba calmada y antipática, como si estuviese hablando de jardinería o alguna otra trivialidad—.Sagao recurrió a los poderes prohibidos de su familia hace tres días, le tomara una semana más recuperarse. Si queremos atacar este es el momento.
Tanto Sakura como Sasuke dejaron escapar un suspiro cansado. Ninguno de los dos esperaba verse inmerso en una problemática misión durante su viaje, sin embargo, el deber llamaba, y por más que desearan rechazarlo su posición como shinobis se los impedía.
—Notificare al Hokage en cuanto antes— profirió el azabache con voz neutra y balanceada—.Revisaremos la Isla Mokuzu antes de regresar a nuestro trayecto principal.
—Uchiha Sasuke, tu mejor que nadie comprendes la magnitud del problema— recitó Darui.
Los ojos del Raikage lo avizoraban de lleno cuando esté le echó un vistazo por el rabillo del ojo.
—Contamos con ustedes— agregó la fémina.
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La niebla a su alrededor se disipó dejando al descubierto un estrecho sendero que los llevaría a los recovecos del bosque espeso. El pecho le abrumaba mientras se desplazaban por el angosto camino. El cielo sobre la Isla Mokuzu se convulsionaba y enfurecía; la tormenta se avecinaba de modo súbito y amenazador.
—Debemos buscar un refugio— espetó Sasuke con tono meditativo.
Los relámpagos trepidaban dentro de las nubes, desprendiendo un fulgor rapos; los truenos batientes hacían cimbrar la tierra húmeda bajo sus pies.
—Esto nos retrasara— indicó Sakura en voz baja. Un relámpago aterrador atrajo sus ojos al cielo.
—Probablemente, pero no podemos arriesgarnos— su poncho ondulaba al compás del viento al igual que los mechones azabaches que caían sobre su frente, desvelando el centelleo liliáceo de su ojo izquierdo—. Si la tormenta no claudica, tal vez pasaremos la noche en este sitio.
Se ocultaron bajo los pies de una estatua; la figurilla de granito estaba ruinas, pero lograría protegerlos de las destemplanzas climatológicas. Contaba con un espacio pequeño, lo suficiente para resguardar a dos cuerpos.
La proximidad que el refugio les brindaba hizo posible que Sasuke advirtiera la figura de la pelirosa con lujo de detalle; los labios carnosos ligeramente entreabiertos, su pecho subía y bajaba al ritmo de la respiración acompasada; la mirada esmeralda era tan traslucida que podía dejar fluir sus más pérfidos y oscuros sentimientos. Deseaba tocarla. Su nívea piel lucía absurdamente suave. Aferró los dedos a la tela de su desgastada capa como una forma de controlar el impulso de acariciar aquel radiante lienzo, ¿Qué pasaría si él se aventuraba a palparla más de lo acostumbrado?, tal vez ella lo rechazaría. A pesar de su carácter, se había percatado que detrás de esa imponente fachada se ocultaba una joven tímida e irresoluta, temía que en el momento que osara posar un dedo sobre alguna extensión de piel que no fuese la mano, su compañera terminaría por derrumbarse entre sonrojos y espasmos. Acudiendo al último atisbo de raciocino, logró imponer el buen juicio por encima de sus instintos.
Desde el colosal nubarrón gris, un rayo palpitó como el ardiente corazón de alguna deidad, percutiendo en diferentes ocasiones hasta asestar en el tronco de un árbol, partiéndolo por la mitad. Sakura dio un respingo asustado y situó, en un acto reflejo, la mano derecha sobre su pecho a la par que sus manos enguantadas se aferraban a la tela deslustrada del albornoz del azabache.
—Lo lamento— balbuceó avergonzada, clavando la brillante ojeada esmeralda sobre su mirada adversa. Las mejillas comenzaban a teñirse de un tenue pigmento carmín.
—Descuida— arguyó.
Realizó un esfuerzo sobrehumano para desviar los ojos de ella. La pelirosa contaba con el poder de doblegarlo a su voluntad, solo precisaba de una mirada para dominarlo.
Al exterior, la lluvia caía impetuosa.
—Has estado muy callado desde que salimos de Kumogakure— señaló Sakura, aflojando el agarre hasta desprenderse por completo de la capa, emplazando una oprimente sensación de inquietud en el pecho del azabache. Quería retenerla más tiempo, sostenerla mientras la tormenta pasaba, tal como lo había hecho aquella noche que las pesadillas brotaron del fondo de su mente, o la anterior, cuando descansó a su lado mientras escuchaba su calmada respiración.
—La situación de Sagao trajo malos recuerdos— frunció el entrecejo.
En el tiempo que llevaban juntos había aprendido a depositar confianza en Sakura. Durante esas siete semanas de convivencia, hablaron de temas que jamás les habían mencionado a otras personas ni siquiera a Naruto o Ino. Con veintiún años en la cuenta, Sasuke solo conoció la mentira. Tal vez por esa nimia razón la pelirosada era como un bálsamo para el alma, podía contarle lo que pensaba sin miedo a ser juzgado.
—Yo, en verdad lo lamento— dijo Sakura, intentado ocultar el temblor en su voz.
El pelinegro cerró los ojos y negó con la cabeza, soltando el aire contenido en sus pulmones. Cuando elevó los párpados, contempló la expresión consternada trazada en la hermosa faz de la chica.
—Se lo que es permitir que el odio te consuma y vagar por un sendero de oscuridad—a pesar del dolor tangible en cada silaba mencionada, su voz sonaba tan calmada como el rumor de un río—.Después de la pelea con Naruto, logre redimir mis malas acciones.
—Sasuke-kun…
—No todos conocen la dicha de contar con personas como Naruto o tú— confesó. Sus miradas se mantuvieron fijas, contemplándose uno al otro—. Sin ustedes estaría perdido. En especial, de no ser por ti, yo…
La voz del Uchiha se perdió en el fragor del siguiente trueno, la tormenta aun caía como un manto de agua, violento y vehemente.
Aunque sus palabras habían perdido el orden y la claridad, Sakura entendió lo que quería decir.
Ambos recayeron en un apacible silencio, tal vez en reconocimiento de sus sentimientos. Con aquella declaración, el peso que cargaba sobre sus hombros se tornó más liviano. Disfrutaba de la facilidad con la que era capaz de expresarse ante ella. Lejos de juzgarlo, Sakura siempre estuvo para ayudarlo, aun cuando no lo mereciera, aun cuando ella tuviese todo el derecho de odiarlo.
Mediante aquel genuino gesto de amor y cariño que compartía con Itachi, le transmitió a Sakura todo su agradecimiento por amarlo. Le había prometido que cuando regresara a la aldea lo haría como un hombre dispuesto a otorgar y aceptar el amor.
— ¿Crees que esto terminara algún día?—cuestionó Sakura, apartando la mirada de la faz de Sasuke para clavarla en la caótica escena frente a ellos.
—No lo sé— replicó en un susurro—. Esto es un bucle.
Los dedos cubiertos de Sakura se asieron a sus brazos, estrechándose a sí misma en un abrazo que pretendía protegerla de la brisa gélida y húmeda.
—Demasiado odio y dolor— la pelirosa batió las pestañas cuando sus ojos verdes se posaron una vez más sobre la imperturbable faz del azabache—. Eres el único que puede proteger al mundo shinobi de un mal mayor. Todos cumplimos un papel, el mío es velar por la salud de las personas de la aldea, el de Kakashi-sensei es resguardar a la Hoja, y el tuyo es suprimir cualquier amenaza.
La mirada dispar de Sasuke se desvió de los fanales lemanita de la pelirosa, encontrándose de nuevo con la densa neblina.
Aquella anciana tenía razón; no podía dejarla marchar. Lo que los ojos de Sakura reflejaban era el verdadero amor.
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La tierra bajo la planta de sus pies se había convertido en una mezcla lodosa de greda y hierbas, transfigurando el sendero en un intrincado terreno resbaloso.
Los rayos del sol desaparecieron con la tormenta. Al tiempo que la tempestad se detuvo, los nubarrones grises desvelaron la luz pálida de la luna menguante. Un color exangüe teñía los montes. Era una noche cruda.
A medida que se desplazaban por el follaje la inquietud de Sasuke aumentaba. Todos sabían que los caminos de la Isla estaban repletos de peligros, nadie en su sano juicio se atrevería a deambular por la enramada en medio de la noche. Sin embargo, el pelinegro tenía un presentimiento. Algo entre sus agudizados sentidos le decía que se aproximaban al punto que deseaban, si lo dejaba pasar perderían el ultimo rastro de su enemigo.
Era medianoche. El cielo estaba despejado y terso, cuajado de estrellas. La tierra dormía húmeda, los arroyos corrían violentos. A la luz mortecina de la luna menguante, aquella tierra despendía un fulgor pálido y sombrío.
Atravesaron el profundo hueco que formaban las raíces de un árbol, descendieron por un profundo despeñadero hasta la espesura de arbustos espinosos. Debido a la complejidad del terreno, Sakura perdió el equilibrio, impactando de bruces en el suelo; un colchón de musgo amortiguó la caída, pero no la había salvado de manchar su ropa de légamo.
— ¿Estas bien?— cuestionó Sasuke en un susurro, extendiéndole una mano para ayudarla a ponerse de pie.
—Sí, debo ser más cautelosa— respondió con voz fría, entrelazando sus dedos entorno a la fuerte mano del azabache.
Sasuke asintió. Llevaban inmersos en el silencio desde que abandonaron la calidez del refugio tres kilómetros atrás. Como shinobis de alto rango comprendían que la magnitud de su delicada situación los obligaba a permanecer alertas y, por lo tanto, debían prestar atención hasta en el más ínfimo detalle de su entorno.
— ¿Escuchas eso?— preguntó Sasuke, frenando el paso en seco.
Agudizaron el oído como si estuviesen ocultos en un matorral a dos pasos de sus enemigos; escuchaban con la esperanza de que el repentino silencio señalara la ubicación de sus adversos. En la quietud que dominaba las húmedas dependencias oyeron el sonido áspero de la trabajosa respiración de un individuo, hasta que en un momento, solo por un instante, se oyó un gemido y patético.
—Voces— susurró Sakura, contemplándolo de reojo.
—Mantente alerta— indicó el azabache mientras reanudaba la marcha.
Conservando el mutismo, los dos se arrodillaron hasta que sus cuerpos se vieron ocultos por la hojarasca del monte bajo. Los gritos empezaron de nuevo. Sasuke contempló entre las ramas, divisando al grupo de personas congregado en la intimidad del bosque. El fulgor que desprendían sus antorchas les iluminaba el rostro. Se trataba de un grupo de cuatro sujetos, todos amontonados alrededor de un trémulo cuerpo que colgaba del estolón de un árbol.
— ¡Por favor! ¡No hagan esto!— suplicó el hombre con voz estrangulada. Sus piernas se movían desesperadamente en el aire, quizás buscaba una base para mantenerse de piel. La cuerda que rodeaba su cuello todavía le permitía hablar—. Todo fue un plan de Masuyo, se los contare todo.
— ¿Son ellos?— masculló Sakura, arrastrándose por el costado de Sasuke y arrancándose de los cabellos las hojas de rúcula que se le habían adherido segundos atrás.
—Tal vez, desde este punto es difícil contemplarlos.
—Solo, deténganse— pidió el hombre con voz aguda.
—Nos traicionaron— vociferó otro figura, aproximándose hacia el sujeto con un kunai en mano. Su rostro permanecía oculto de la vista de Sasuke y Sakura gracias a la capucha de su impermeable negro—. Ahora pagaran las consecuencias.
— ¡Por favor!— suplicó la otra persona con un hilo de voz.
Haciendo oídos sordos a las imploras del varón, un grito estrangulador rasgó el aire. La afilada hoja del kunai atravesaba la piel y músculos del abdomen; la línea era recta y, tan pronto termino de desgarrar, la mezcolanza de sangre y vísceras emergieron de la dentellada.
—Mierda— chilló Sakura, llevando una mano hasta su boca para contener los gemidos asustados.
—Sakura— la llamó el azabache, poniéndose serio.
—Busquen a su compañero, no debe estar muy lejos— ordenó el sujeto de capa oscura—.Cuando lo hayan encontrado, ya saben qué hacer.
El sonido de sus pasos retumbó. Sasuke y Sakura permanecieron inmóviles en su escondite, sopesando si debían atacar o no. Alguien gritó, llamó, le ordenó a una de las figuras que volviera. Sakura agudizó el oído.
—Es él— murmuró.
— ¿Estas segura?— cuestionó el Uchiha. Desde ese punto era incapaz de reconocer el rostro de su enemigo. A pesar de contar con memoria fotográfica, el hombre que se encontraba de pie a escasos metros de ellos no se parecía en nada al que atisbaron en la fotografía.
—Sí— aseguró, al tiempo que fruncía el ceño—. La marca en su cuello es idéntica a la que tenía aquel hombre en la foto.
El cuerpo moribundo del caballero que acababan de asesinar continuaba retorciéndose. Hasta ese momento, Sasuke no se había percatado que los músculos de su cuerpo estaban tensos.
—No tenemos mucho tiempo, debemos actuar rápido— espetó Sasuke atisbando de reojo a la pelirosa y de vuelta a sus enemigos.
—Sasuke.
El aludido atendió al llamado de su compañera con una mirada. En su hermosa faz se contemplaban los trazos de la preocupación. No era la primera vez que luchaban juntos, tampoco sería la última. Tanto ella como Sasuke establecían una sincronía perfecta. Con sus habilidades combinadas, los dos formaban una dupla mortal, tan temible como la de los Legendarios Sannin.
—Nos mantendremos cerca, ¿está bien?— la apremió con un tono conciliador—.Yo te cubriré la espalda y tu cubrirás la mía, no es nada que no hayamos hecho antes.
Sakura asintió.
Tan rápido como abandonaron el escondite, desde detrás de los robles salieron los shinobis enemigos. Ambos reaccionaron tan deprisa y en forma tan concertada como si lo hubiesen estado practicando durante semanas.
— ¡Sagao, por aquí!— gritó una mujer, atrayendo la atención del líder hacia ellos.
Las flechas cargadas con chakra silbaron por encima de sus cabezas, se alzaron los gritos, tintineos, trápala de pasos.
Cada uno se refugió detrás de la gruesa corteza de un árbol. Las tres aspas del sharingan se arremolinaron alrededor del iris hasta conferirle la forma de estrella de seis puntas, desvelando el Mangekyō Sharingan Eterno, una representación del poder ocular de los Uchiha. Llevó la mano hasta la empuñadura de la katana, sacando el arma.
— ¡Shannaro!
La pelirosa emergió de la oscuridad, asestando un golpe en el abdomen de su primer oponente. El cuerpo de la chica salió proyectado hasta el otro extremo. Escuchó el alarido el fuerte alarido de dolor antes de que impactara con el tronco de un roble y lo partiera a la mitad.
Sasuke la miró a los ojos con una sonrisa extraña. Siempre era un deleite atisbar a Sakura en la batalla.
Realizando un esfuerzo sobrehumano, apartó la atención de su compañera y saltó en dirección al muchacho que se aproximaba peligrosamente hacia él. Movió la espada, pero el chico paró el tajo hábilmente.
—Shakuton: Kajōsatsu
Las esferas de fuego comenzaron a rodearlo. Sin dilaciones, el fulgor violáceo del Susanoo lo protegió del ataque. En definitiva, sus oponentes eran más fuertes y peligrosos de lo que imaginaba.
Por el rabillo del ojo escaneó la zona intentando localizar a Sakura. La idea de separarse no era de su agrado, sin embargo, aquel era el plan de sus adversarios.
No muy lejos de ahí ubicó a su compañera. El hombre de cabello rojizo se dio la vuelta con intenciones de atravesar y clavar a la pelirosa contra el suelo. Sakura reacciono de manera autómata como un rayo, dela misma forma que durante la lucha contra Kaguya, de la misma manera que él, todos los movimientos que había aprendido a lo largo de su entrenamiento de ejecutaban solos de pronto, casi sin pensarlo. Saltó de la rama del árbol, giró en una pirueta, cayó sobre el pelirrojo, golpeándolo con fuerza en el rostro, entorpeciendo el ritmo de su movimiento. Al volver su atención sobre ella, llevó una mano hasta la zona afectada y al apartarla, notó las puntas de sus dedos teñidas por el pigmento carmesí de la sangre.
— ¡Maldita ramera!— gruñó.
Dispuesto a ayudarla, la corriente eléctrica fluyó por toda la extensión de la hoja de su katana. Con agilidad, el azabache cargó hacia ellos, pero antes de lanzar un tajo, aquel hombre al que llamaban Sagao se plantó frente a él.
—Dejémoslos solos, ¿quieres?— espetó con tono burlón.
Sasuke echó un vistazo por encima del hombro de Sagao. Cegado por la furia, el contrincante de la pelirosa acudió a la fuerza de su Kekkei Genkai, lanzándole varios haces de luz. La energía luminosa brotaba de las manos del usuario, no obstante, parecía que el joven presentaba algunas dificultades al manejarlo.
Sakura saltó ágil, aterrizando con seguridad en el pie izquierdo. Su oponente cargó otra vez, pero no consiguió alcanzarla.
El Uchiha retornó la atención a su propio adversario. La esclerótica que segundos atrás se veía blanca había adquirido un color oscuro, acentuando el verde olivo de sus irises. Dedo por dedo, Sagao apartó los guantes de cuero que cubrían sus manos. Si los informes de la base de inteligencia de Kumogakure eran correctos, aquel hombre podría desaparecerlo con un simple roce.
Consciente de las habilidades de su enemigo, Sasuke se dirigió al ataque, embistiéndolo con la carga eléctrica que rodeaba su katana. Con facilidad, Sagao evadió el golpe.
Intercambiaron y conectaron ramalazos con la agilidad esperada de un shinobi de alto rango. Sagao bufaba rabioso, se arrojó sobre él, apretando la mano en un puño que sin duda lo desaparecería de la faz de la tierra. La mirada dispar del azabache se mantuvo fija en su adversario, tan álgido como un tempano de hielo y tan firme como el hierro. En un parpadeo, intercambio su posición, utilizando uno de los cuerpos que yacía inerte en el suelo como escudo.
Al entrar en contacto con la coraza humana, la carne, tendones y hueso se pulverizaron, convirtiéndose en cenizas. Sasuke oteó a su enemigo, aterrado. De no haber sido por el Amenotejikara, su suerte seria la misma.
—Vaya, vaya, asi que tú eres Uchiha Sasuke—sonrió Sagao de forma extraña, atisbando con disimulado deleite las habilidades de su nueva presa.
— ¡Mierda!— maldijo Sakura.
Una flecha había asestado en su hombro, precisamente donde la articulación unía el húmero y la escápula. Con un gruñido, rompió la mitad del astil de la saeta. Tan rápido como sus piernas se lo permitieron, la pelirosa se puso de pie.
Cuando los pies de Sasuke estuvieron listos para acudir a ayudarla, la voz de Sagao hizo eco en el bosque hasta colarse en su columna vertebral, enviándole un escalofrió.
—No debes preocuparte por tu compañera, te aseguro que pronto dejara de ser una molestia, Toru se encargara de ella.
El pelinegro trago en seco cuando las palabras de Sagao resonaron en lo más profundo de su mente. Intentó responder algo en concreto, pero se encontraba paralizado por el miedo.
—Estaré bien, Sasuke-kun— le aseguró Sakura—.Volveré en un momento.
El aludido frunció el ceño. Desde su posición lo único que alcanzaba a vislumbrar era la espalda de la pelirosa.
—Ya la escuchaste— profirió Sagao—. Acabemos con esto de una vez.
Si bien, el corazón le golpeaba las costillas debido a la inquietud, Sasuke mejor que nadie sabía de lo que Sakura era capaz. Cuando la pelirosa fue secuestrada por ese grupo terrorista y él se lanzó a su rescate, encontró a la banda derrotada. Aquella flor de cerezo no necesitaba protección. Tenía la certeza de que la pelirosa era una mujer fuerte.
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A pesar de la oscuridad que reinaba en el bosque, Sakura saltaba con habilidad de rama en rama, intentando evadir los ataques de su enemigo.
El hombre detrás de ella estaba furioso, lanzaba maldiciones al aire, expresando sin tapujos todo lo que le haría si llegaba a alcanzarla.
La herida en su hombro palpitaba; el dolor se diseminaba por todo su brazo hasta la espalda como un latigazo; la punta de la flecha había atravesado el músculo subescapular, limitando los movimientos de la extremidad superior derecha. Decidida, se ocultó detrás de un árbol, recargando la espalda contra el tronco. Asió los dedos al tubo y jaló. Mordió sus labios al sentir como la afilada hoja cortaba la carne; el suplicio comenzaba a entumecerle el brazo. Con un quedo gruñido, extrajo la saeta ensangrentada.
El líquido escarlata descendía por su nívea piel como un rio, era cálida, con un olor cargado a hierro.
— ¡Sera mejor que salgas de tu escondite!— gritó el ninja renegado, deteniéndose en el centro de la geografía del lugar.
Si Sakura era cautelosa, tal vez podría deshacerse de él sin enfrentarlo directamente.
—Joder— masculló, llevando una mano hasta la zona afectada. La punta de sus dedos se tiño con el brillante color bermellón de la sangre.
Escuchó una explosión no muy lejos de donde estaba, justo en el lugar donde el azabache luchaba. Debía acabar con su enemigo en ipso facto para sufragar a Sasuke.
—¡Shanarooooooo!
El grito de guerra brotó por encima de la cabeza de aquel hombre. La tierra bajo sus pies se resquebrajó y rugió. Una nube de polvo se alzó, creando una pantalla que dificultaba la visión de la misma Sakura y su oponente.
—Por fin te encuentro.
La pelirosa abrió los ojos como platos cuando su contrincante le propinó un fuerte golpe en el abdomen que la mandó volando directo al tocón de un roble. El ángulo de la caída la hizo caer de costado sobre su propio cuerpo.
—Lo que pasó allá atrás solo fue un golpe de suerte— espetó el joven, colocándose de cuclillas frente a ella.
Tosió una, dos, tres veces en busca de aire. Sus dedos se aferraron a la tierra húmeda mientras intentaba ponerse de pie.
— ¿A dónde crees que vas?— cuestionó el chico con voz burlona. Colocó la planta del pie sobre su abdomen y presionó con fuerza, obligándola a detener cualquier tentativa de escape.
— ¡Suéltame!— ordenó Sakura estrujando la mandíbula.
—La diversión apenas comienza— canturreó el ninja renegado.
Lejos de crear una estrategia, la afamada aprendiz de Tsunade aprovechó la distracción, asestando un golpe en la nariz de su adverso. El pelirrojo salió volando una corta distancia, lo suficiente para otorgarle tiempo de recomponerse.
La pelirosa le dedicó una mirada enfurruñada atestada de desprecio, evaluando su siguiente movimiento.
— ¡Eres una maldita zorra!— exclamó entrecortado.
Observó con cautela como de uno de los bolsillos extraía un pergamino; después de la pequeña nube de humo, apareció en las manos de aquel hombre un enorme y pesado mazo.
Mientras se aproximaba a ella, el macillo aulló en el aire. Haciendo caso a sus afinados sentidos, el cuerpo de Sakura ejecuto un parco quiebro, avivando la furia de su enemigo. Blasfemando terriblemente, tajo otra vez, dándole a los pedazos de tierra desprendidos.
La pelirosa evitó los golpes mediante rápidas fintas y medias vueltas. Su rival estaba cansado, lo cual facilitaba su trabajo. Quizás recurría a las últimas reservas de chakra.
No obstante, su seguridad comenzó a diluirse cuando el chico le propinó un golpe con el mango del arma directamente en la boca, reventándole el labio. Notó el sabor metálico de la sangre mezclarse con su saliva hasta embriagar sus papilas gustativas. Todo a su alrededor daba vueltas.
Aun mareada, Sakura evitó la siguiente embestida con una corta finta, giró. Rebuscó entre sus pertenencias los kunai extra que resguardaba por si se presentaba alguna emergencia. Se consideraba una chica precavida, aunque en muchas ocasiones Naruto y Kakashi llegaron a juzgarla por eso, siempre terminaba teniendo la razón.
Lanzó el kunai: el primero se clavó en el muslo, el segundo en el hombro y, el tercero, por debajo de la clavícula. Tembloroso, resbaló hasta quedar de rodillas en el suelo.
Sakura sintió en la mano la empuñadura de un sable. Decidida, lo rodeó con sus dedos. Ignoró olímpicamente las palabras entrecortadas que brotaban de los labios de su enemigo y, sin pensarlo dos veces, clavó la hoja en el punto exacto donde se ubicaba la yugular.
El hombre se derrumbó a sus pies, salpicándola de sangre. La pelirosa echó un vistazo a su alrededor, notando que solo quedaban los estragos de la batalla.
Un silbido llegó a sus oídos y, pocos segundos después, se convirtió en otra explosión.
—Sasuke-kun— espetó.
Realizando un esfuerzo sobrehumano para evitar que la preocupación entorpeciera su buen juicio, reanudó la marcha de regreso al sitio donde se encontraba Sasuke.
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El pelinegro rehuyó otro peligroso golpe, aterrizando con gracia sobre la rama de un árbol.
Su cuerpo comenzaba a resentir los estragos del uso excesivo del Rinnegan y el Mangekyō Sharingan. Le dolía hasta la última célula disponible en su organismo. Sabía que si continuaba de esa manera, la extenuación se convertiría en su perdición.
—No intentes aplazar lo inevitable— gritó Sagao bajo sus pies. Al igual que él, su enemigo iba debilitándose a medida que recurría a su Kekkei Genkai.
— ¿Y qué es eso?— preguntó Sasuke, canalizando otra corriente eléctrica por la hoja de su katana.
—Tu muerte.
Una vez más, el pelinegro se lanzó a la carga, sin embargo, cualquier cosa que se hubiese propuesto hacer se vio interrumpida por la violenta sacudida bajo sus pies.
El aire se llenó con el sonido de la tierra resquebrajándose. Algunos de los árboles, que a duras penas se mantenían en pie, colapsaron en un rugido, derrumbando todo consigo.
— ¿Sakura?— la llamó mientras sus ojos se acostumbraban a la pantalla de polvo.
— ¿Te encuentras bien?— cuestionó ella entre preocupada y aliviada.
—Si— resopló. El caos les brindaría el tiempo necesario para formar una estrategia—, ¿y tú?, estas herida— señaló, extendiendo el brazo hacia la zona donde la sangre emanaba.
—No te preocupes por mí, puedo curarme después— masculló, minimizando el problema—, lamento arribar tan tarde.
Sasuke dejó escapar un suspiro. Deseaba que la pelirosa dejara de ser tan dura consigo misma, de no ser por su intervención, tal vez habría sucumbido ante el pérfido poder de Sagao.
—Mis reservas de chakra se están agotando— explicó suavemente—, no podré utilizar el Rinnegan por mucho tiempo, asi que nuestro siguiente ataque será el definitivo.
Un rictus de tensión apareció en los labios de Sakura hasta formar una delgada línea recta. Miró de reojo el terreno, quizás analizando las pocas opciones que estaban al alcance de ambos.
El Uchiha la oteó por un minuto entero o más, tratando de descifrar lo que escondía su mirada severa.
—Ya lo tengo— dijo situándose cerca de él—. Voy a darte mi chakra, tal como lo hice con Obito aquella vez que nos enfrentamos a Kaguya.
La remembranza estaba grabada en su mente como el fuego; Sakura había acudido a su rescate. Atravesó distintas dimensiones hasta dar con su paradero. En su último ápice de aliento, él logró abandonar el mundo donde se encontraba.
—Está bien— concedió Sasuke, llevando la mano hasta la empuñadura de su katana.
— ¡Vamos!
Los finos y largos dedos de la pelirosa se hundieron en la piel de sus hombros delicadamente. Su tacto era grácil y dúctil, todo lo contrario a la fuerza descomunal con la que se enfrentaba a sus enemigos.
—Pero mira que tenemos aquí— Sagao habló mirándolos a ambos—, los compañeros se han reunidos para sufrir el mismo destino juntos.
—No creas que podrás derrotarnos tan fácilmente— le dijo Sakura, esbozando una sonrisa airosa al mismo tiempo que las líneas negras se desprendían del sello que relucía en su frente hasta rodear todo su cuerpo—. Sasuke-kun, ¡ahora!
El referido notó como el flujo de chakra fluía en armonía con el suyo. La energía de Sakura era cálida y reconfortante. Poco a poco recobraba la fuerza, sintiéndose renovado.
— ¡Sí!— exclamó.
Una vez más, los dos coordinaron sus movimientos. Mientras Sagao se aproximaba hacia ellos, el azabache convocó a Susanoo; El cuerpo del ente violáceo los protegería de los erráticos embates del terrorista.
El humanoide espiritual lanzó un proyectil matagama de llamas negras en dirección a su oponente. El fuego oscuro comenzó a extenderse alrededor de ellos, formando una barrera de la que difícilmente Sagao podría escapar.
—Sakura— le aclamó con voz neutra; la mirada dispar permanecía fija en su adversario—. Intercambiaremos posiciones con el Amenotejikara. A mi señal, correrás en dirección contraria, aparecerás frente a Sagao, ese será el momento adecuado para contratacar.
—Entendido— asintió ligeramente emocionada.
Tan pronto como la pelirosa apartó las manos de sus hombros, la armadura proporcionada por el Samurái comenzó a desvanecerse.
Sagao se abalanzó hacia ellos cuando el Susanoo desapareció.
— ¡Ahora!
Sakura corrió tan rápido como sus piernas se lo permitieron. En un abrir y cerrar de ojos, Sasuke intercambió su posición con la de un árbol quedando frente a frente con su contrincante.
— ¡Shannaro!— gritó furiosa.
El mortífero golpe fue certero. El rostro del hombre giró un poco hacia su costado en respuesta al abrupto choque. Probablemente los huesos de su faz estarían destrozados.
Cuando el cuerpo del terrorista impactó en el suelo, Sasuke se aproximó a él. Solo bastó el embiste de Sakura para derrotarlo.
La sangre resbalaba por la comisura de sus labios.
—Yo…ustedes, van a pagar muy caro— masculló débilmente Sagao. El líquido carmesí se había acumulado en su garganta, asfixiándolo.
—Eso será imposible— rebatió el Uchiha.
—Tal vez deba atender sus heridas hasta que pueda hablar, probablemente pueda otorgarnos información sobre la organización— susurró Sakura, más para sí misma que para Sasuke.
—Acabaron con ella— rebatió el hombre con voz entrecortada.
—No tiene caso— coincidió el azabache, luciendo más serio y sombrío que de costumbre—, a fin y al cabo hemos cumplido con nuestra misión.
La pelirosa tensó los labios.
En silencio, el azabache disipó las llamas del Amaterasu. Un escalofrió recorrió su cuerpo como un violento Tsunami. Se sentía cansado.
Debía admitir que ambos habían realizado un buen trabajo. Sus habilidades e ingenio encajaban a la perfección. Sin lugar a dudas, cualquiera que se atreviera a ir en su contra sufriría terribles consecuencias.
Un inadvertido silbido cortó el aire cargado de humo. Sasuke giró la vista hacia atrás para contemplar como Sagao les dedicaba una mirada colmada de desdén. Estaba malherido, postrado en el suelo en el destrozado campo de batalla. Sus sentidos se activaron al momento que la daga se dirigía en dirección a Sakura, apuntando directamente al pecho de la pelirosa.
— ¡SAKURA!
Intentó sustituir el cuerpo de su compañera con el Amenotejikara, pero sus ojos ya no respondían. Cuando elevó la vista, atisbó la hoja del arma atrapada en el cuerpo de la pelirosa.
El no ser capaz de ayudarla lo empujó al borde de la locura. Su mente quedó en blanco.
—Mierda…— masculló, mientras se aproximaba a ella.
Contuvo la respiración. Al acercarse, Sakura se desplomó sobre él. Fue en ese preciso instante que supo que era demasiado tarde.
Intentó pensar, pero su fuero interno estaba consumido por la frustración. Las únicas emociones que deambulaban por su mente eran la desesperación e impaciencia.
—Sakura, resiste— suplicó con un hilo de voz.
Recurriendo al último ápice de fuerzas que le restaban, abrió un portal. El corazón palpitaba dolorosamente contra su caja torácica, zumbaba detrás de sus oídos, como si estuviese atrapado en una pesadilla.
El miedo de perderla era tan grande e impetuoso que su cuerpo se paralizó.
Continuará
N/A: Que cierre tan caótico y dramático.
Nuevamente estoy de vuelta y que mejor que con una actualización de esta historia :D Lamento la demora, este capítulo ha sido uno de los más problemáticos en el mi repertorio, jamás había realizado una narración taaaaan extensa sobre una batalla, mucho menos ambientada en el maravilloso mundo ninja OwO
Me pareció apropiado añadir este fragmento de lucha (aunque tal vez nunca haya pasado jeje), para explorar la faceta de Sasuke y Sakura no solo como amigos y amantes, sino también como compañeros. Durante la pelea contra Shin es maravilloso como ambos se entienden sin necesidad de decir una palabra, con una mirada basta para que los dos entren en acción :D
Para no marearlos con tanta verborrea, como siempre, agradezco infinitamente el apoyo que me brindan, ya sea añadiéndolo a sus favoritos, dando follow o dejando un hermoso review 3 en verdad, gracias por estas muestras tan lindas.
Sin nada más que añadir, les mando un fuerte abrazo, ¡cuídense mucho!, nos leemos pronto.
¡Bye!
