Disclaimer: Los personajes y el universo donde se desarrolla esta historia no me pertenecen ni son creaciones mías, todo es obra del gran Masashi Kishimoto.

Ikigai

Capítulo 6: La gracia que se desvanece

Estaba adormilado cuando agudizó el oído al escuchar los pasos firmes retumbar por el pasillo. El tintineo de las llaves resonó de forma tan dolorosa e irritante.

Oyó el rumor de las conversaciones y las firmes pisadas de los guardias al otro lado de la celda. Reconocía sus voces. Había aprendido a identificar con facilidad a los dos agentes ANBU que los ancianos le designaron para protegerlo o, mejor dicho, mantenerlo vigilado.

Podía oler el suelo de cemento, la orina contenida en el cubo y el esmalte de las paredes. Aun no sabía cómo lograba sobrellevar la estupidez cotidiana. Pasaba noches en vela y los días alerta, aunque con aquella venda en los ojos, era difícil diferenciar si la luna brillaba en lo más alto del firmamento o si el sol salía por el este al amanecer.

Se removió inquieto entre las incomodas ataduras. Su cuerpo aun no terminaba de sanar y la presión de la camisa de fuerza no lo ayudaba a solventar el dolor que le ocasionaba la piel rasgada y los huesos rotos.

No sabía cuánto tiempo llevaba ahí. Cerraba los ojos y los abría sin notar alguna diferencia. Dormía, despertaba y volvía dormir. Era incapaz precisar que le resultaba más doloroso; el sueño o despertar. Cuando lograba descansar, pesadillas inquietantes se proyectaban en su mente, soñaba con la sangre, con sus padres y su hermano, con las promesas rotas y todos los acontecimientos del pasado. Al despertar no podía hacer otra cosa más que pensar y, sus cavilaciones eran peores que las pesadillas. El solo pensar en Sakura le resultaba tan doloroso como si estuviese postrado en un lecho de brasas incandescentes: ¿Dónde estaría ella en ese momento, que estaría haciendo? ¿Sería capaz de volverla a ver?

Cada vez que la tela rozaba la zona donde alguna vez se situó su brazo izquierdo, sentía la carne arder, acompañado de un dolor sordo que se esparcía como un latigazo desde el muñón hasta la espalda. Durante el tiempo de encierro, las únicas personas autorizadas para visitarle eran Kakashi, Ibiki y el ninja médico de la prisión. Debía admitir que las habilidades de aquel hombre no se comparaban en lo absoluto con las de Sakura. Sin embargo, cuando solicitó la atención de alguien más versado, su carcelero se negó, recordándole que un traidor como él no estaba en posición de exigir.

Las pisadas se detuvieron cerca de la puerta, afuera del pasillo. Pensó que tal vez era producto de su imaginación; hacia mucho que no escuchaba nada que no fuera el sonido de su voz o la sonata monótona de llaves y pisadas. Estaba febril, tenía los labios resecos y agrietados, el dolor en su hombro izquierdo era un suplicio. Cuando la pesada puerta de metal se abrió con un chirrido, elevó la cabeza, clavando la mirada en el punto donde brotaba la conversación.

—Estoy segura que el Hokage no se mostrara complacido cuando le hable de esta situación.

Sasuke sintió que su corazón latía al doble de la velocidad normal cuando escuchó la voz de Sakura rebotar entre las cuatro paredes. La respiración se le congeló en los pulmones, obligándolo a tragar en seco.

—Las ordenes de los ancianos fueron claras, Uchiha Sasuke es un criminal de rango S, no tiene permitidas las visitas— rebatió uno de los guardias, haciendo frente a la furia implacable de la pelirosa.

—No estoy aquí para visitarlo— aclaró Sakura—.Tsunade-sama y el Rokudaime k desean mantenerse al tanto del estado físico del prisionero, esa es la misión que se me ha encomendado.

Permanecieron en silencio durante un minuto o más. El guardia dejo escapar un suspiro y, sin más remedio, espetó:

—Bien, pero uno de nosotros se quedara dentro de la celda.

—Está bien— concedió Sakura con voz queda—, espero que no le moleste, pero necesito remover la camisa de fuerza y la venda de sellado, asi como la ropa.

Sasuke tragó grueso.

—No voy a remover la venda de sellado— se negó el apático ANBU.

—Por supuesto que lo hará— espetó su compañera en tono condescendiente, como si estuviese dirigiéndose a un niño pequeño—.Las órdenes del Rokudaime fueron claras, ¿o acaso no lo leyó en el pergamino?

Escuchó al hombre tragar saliva. Incapaz de contenerse, esbozó una sonrisa. Sin lugar a dudas, en el pasado había quedado la insegura y tímida Sakura. Ahora, ante él, se mostraba una mujer fuerte, decidida e implacable. Mataría por contemplar el rostro asustado y ofendido del lacayo.

—Kazuhiro, Yudai— llamó Ibiki—. Permitan que la chica haga su trabajo.

—Pero, Morino-sama…— bisbisó uno de ellos, poniendo en tela de juicio las ordenes de su superior.

—Haruno Sakura fue alumna de Hatake Kakashi y la discípula y protegida de Lady Tsunade— remarcó el jefe del departamento de Investigación y Tortura de Konohagakure.

—Morino-sama— alegó el shinobi que hasta hace algunos segundos había permanecido en total y absoluto silencio—. Uchiha Sasuke es un criminal peligroso.

—Y Haruno Sakura una kunoichi capaz de detenerlo. Si Sasuke intenta pasarse de listo, ella puede apañárselas sola— dijo Ibiki con voz áspera, alabando las magníficas habilidades de la pelirosa—. Además, ambos fueron compañeros de equipo, dudo que él intente lastimarla.

Sin más dilaciones, los agentes se aproximaron hacia él. Escuchó algunas quejas respecto a las órdenes poco ortodoxas de Ibiki, pero cumplieron con el trabajo. Les tomó cerca de quince minutos despojarlo de la indumentaria que mantenía su chakra a raya. Dejo escapar un suspiro cuando su torso se liberó de las ataduras de la camisa de fuerza. Sentía los músculos atrofiados entumecidos y, una vez que la venda cayó, el brillo de la incandescente luz blanca del techo le hizo cerrar los ojos.

Abrumado por la arrebatadora presencia de Sakura en aquella pequeña celda, deseoso de conserva la cordura por ella, estaba, por supuesto, prendado de su apariencia.

Su corazón dio un vuelco, golpeándole las costillas dolorosamente. La pelirosa era lo más hermoso que había contemplado en su vida después de permanecer tanto tiempo absorto en las tinieblas. El cabello le rozaba los hombros y en su frente se contemplaba el rombo que constataba su poderío como ninja medico; las mejillas estaban encendidas. Ya no portaba el holgado uniforme táctico de aldea; sustituyó el jersey holgado y los pantalones sueltos por una blusa roja sin mangas y una diminuta falda gris que se ajustaba perfectamente a sus caderas. Su tez nívea se apreciaba absurdamente suave.

Sus ojos dispar se prendieron a los de ella; bajo las largas pestañas, el fulgor de su mirada cristalina, era tan límpida que podría dejar fluir sus tormentosas emociones y, tan oscura para ocultar el suplicio que lo aquejaba.

Atendiendo al último ápice de juicio, intentó ponerse de pie, notando como el ardor en los músculos le había conferido a sus piernas la misma sostenibilidad de un algodón de azúcar.

Tenía el corazón acelerado y no podía respirar. Tenía el estómago enroscado sobre sí mismo y un dolor atroz en la mandíbula de tanto apretar los dientes durante cinco horas seguidas.

—Por un momento imaginé que nunca se marcharían— espetó Sakura, echando un vistazo por la pequeña rendida de la puerta para cerciorarse que los ANBUS no estuvieran cerca.

—Sakura— la llamó con voz ronca, gutural; las cuerdas vocales inutilizadas—, ¿Qué haces aquí?

—Estoy atendiendo una misión— respondió la aludida con tristeza—.Tsunade-sama desea llevar un meticuloso registro sobre tu estado físico, además necesitaba verte— admitió, encogiéndose de hombros.

—No deberías ponerte en riesgo por mí— masculló débilmente. Apoyó la cabeza contra la gélida pared, y cerró los ojos. La herida del brazo le palpitaba.

—No lo estoy haciendo, Tsunade-sama y Kakashi-sensei fueron indulgentes conmigo— explicó con calma, postrándose a lado con la misma gracia de una princesa.

— ¿Qué fue lo que hiciste?— cuestionó el azabache, enmarcando una ceja—.Sé que ninguno de los dos cedería fácilmente.

Sakura expulsó un suspiro, notando como su cálido aliento rozaba la piel expuesta de su hombro izquierdo. Con la punta de los dedos, acariciaba con ternura el pálido lienzo mientras deshacía el meticuloso vendaje para poder examinar la herida.

—Tal vez tuve que recurrir a unos cuantos favores— replicó con una pequeña sonrisa—. Aposté con Tsunade-shishou en un juego de cartas, si yo ganaba, se aseguraría que yo realizara la revisión de esta semana. En cuanto a Kakashi-sensei, prometí ayudarlo a clasificar los documentos disponibles en el archivo.

Sasuke sonrió para sus adentros. Sakura era una chica extraordinariamente inteligente. Había utilizado la debilidad de su maestra a su favor.

—Aun asi, es peligroso— Sasuke alzó los ojos, despacio—.Las personas de la aldea no te verán con buenos ojos si saben que estas ayudando a un traidor.

Al pensar en eso, sintió una vergüenza profunda y un dolor más allá de las palabras.

—En realidad, no me importa la opinión de los aldeanos. Todos sabemos que sin tu ayuda, Kaguya habría concretado su plan— respondió con firmeza, estudiando la alforza que dejo la amputación transradial—. Mi deber como ninja médico es salvar vidas.

— ¿Aunque se trate de un desertor como yo?— pregunto el Uchiha, notando como Sakura se tensaba al escuchar sus palabras.

—No eres un traidor— resopló, mordiendo su labio inferior.

—Lo soy, Sakura, y probablemente me condenen por ello— su voz detonaba el desconsuelo del mundo. El dolor le recorrió el hombro, pasó a través del cuello y bajó por toda la columna vertebral. Estrujó los ojos y arrugó la nariz. Todavía no conseguía habituarse a la intromisión del chakra de la pelirosa. Sabía que aquel paso era parte del tratamiento, pero no dejaba de ser doloroso.

—Naruto, Kakashi-sensei y yo hemos intercedido por ti— confesó ella, arrugando el entrecejo—, en especial Kakashi. Es injusto que los ancianos pretendan condenarte después de tu contribución en la guerra.

—Intenté matar a los Kages, conspire con Akatsuki para destruir la aldea y asesiné a uno de los altos mandos de la hoja, ¿no son razones suficientes para condenarme a muerte?— rebatió, con la voz rota.

Notó como las lágrimas comenzaron a resbalar por las mejillas de la pelirosa, bajo la resplandeciente luz verde del chakra que emanaba de sus delicadas manos.

—Por supuesto que no, Sasuke-kun— negó con la cabeza, respirando profundo en un intento por contener el incipiente llanto—.Dentro de ti hay bondad, lo sé, lo he visto— se detuvo un momento mientras elegía las siguientes palabras—. Desconozco los motivos que te orillaron a tomar esas decisiones, no me corresponde hurgar entre tus secretos hasta hacerte confesar.

Ella se alejó al encontrarse con la negrura de su mirada disímil. Contempló como aferraba los dedos al borde de la falda, y estrujaba la tela, impotente.

—No eres un mal hombre— dijo Sakura en un susurro, tomando una honda bocanada de aire al tiempo que hacia desaparecer cualquier rastro de lágrimas visible en su linda faz.

Esa nimia declaración resguardaba connotación más profunda; era una forma de expiarlo; un silencioso indulto a sus pecados. Era la manera en la que Sakura lo perdonaba sin reservas, Sasuke temió, con más estremecimiento del que había experimentado en su vida, acabar con todo lo que la pelirosa desvelaba con esa confesión. Aceptaba lo que realmente era, toda la oscuridad y el tormento que lo rodeaban.

Sakura esbozó una sonrisa con algo de congoja. Incapaz de descifrar el cambio que había sufrido su cuerpo al verla hilvanar ese bizantino gesto, su estomagó vibro cuando la nostalgia desapareció hasta diluirse una expresión de genuina algarabía.

El abrupto llamado a la puerta ocasionó que ambos dieran un respingo asustado. Obligada, Sakura apartó la mirada lemanita, clavándola en la ventanilla de la puerta para apreciar como el guardia le indicaba que solo le restaban diez minutos en la celda.

—La herida esta sanando bien— confirmó Sakura, retomando la expresión estoica que solía trazarse en su faz cuando estaba concentrada—.Tsunade-sama está trabajando duro para crear la prótesis funcional de tu antebrazo izquierdo— comenzó a colocar un nuevo vendaje—.Las fracturas han sanado y pronto dejaras de sentir dolor, supongo que no es nada reconfortante llevar esa camisa de fuerza todo el día.

Gracias a las atenciones de Sakura, no solo el suplicio muscular había desaparecido, sino también el del alma.

Un nuevo llamado resonó en la pequeña estancia.

—Mierda— suspiró la kunoichi.

—Debes partir— indicó Sasuke. Reacomodó la parte superior de la camisa, ocultando la ausencia de la extremidad izquierda bajo la manga oscura.

—Lo sé, ¿estarás bien?— quiso saber ella. Sus ojos brillaban como dos estrellas en el oscuro firmamento.

Sasuke asintió con un ligero movimiento de cabeza y contestó:

— ¿Volveré a verte?— cuestionó sin querer sonar tan abatido por la repentina partida de la pelirosa.

Los ojos de Sakura se abrieron como platos. La pregunta la tomó por sorpresa. Sasuke sonrió de medio lado al ver como un sonrojo coloreaba sus mejillas.

—Intentare regresar— contestó sonriente—. Lo prometo.

«Estaré esperándote» recitó para sus adentros, resguardando un ínfimo atisbo de esperanza.

: : : : : : : :

El caos pulsante y centelleante de la batalla desapareció al cerrarse el portal.

Por su mente revoloteaba una cascada de imágenes, un torbellino, una espiral lleno de sonidos y voces. Las piernas le temblaban tanto que estuvo a punto de trastabillar, sin embargo, se las empañó para mantener el equilibrio.

Afianzó el agarre al esbelto cuerpo de la pelirosa. Los jadeos incesantes y el sonido de la respiración entrecortada de Sakura se ahogaron entre el rumor de las olas. No tenía idea de donde se encontraban. El impacto de ver a la pelirosa herida fue tan dramático como encontrarse en el centro de una explosión, desorientándolo por un minuto o más.

Sin fuerzas para continuar, cayó de rodillas en la arena húmeda. Situó cuidadosamente a Sakura bajo su cuerpo. El uso indiscriminado del Rinnegan había agotado hasta la última gota de chakra disponible en su sistema.

—Sa-su-ke-kun— masculló Sakura, enfocando los irises esmeralda en su rostro distorsionado por el dolor y el cansancio.

Bajo la luz nocturna, ignoró la mirada inquisitiva de su compañera. Ahora mismo, la única prioridad que tenía en mente era evitar el choque hipovolémico que ocasionaría la pérdida de sangre. Aferrándose al ínfimo atisbo de cordura remanente en su interior, analizó la zona afectada, donde aún yacía clavado el afilado sable que había atravesado los músculos y la piel nívea de la pelirosa.

—Sakura, debo sacar esto— le advirtió, enredando los dedos alrededor de la empuñadura—, va a doler un poco.

La aludida se limitó a asentir con un letárgico movimiento de cabeza. Su tez había adquirido un tinte fantasmal, tan pálido como el fulgor de la luna. El sudor aperlaba el níveo lienzo, mientras la sangre dejaba un rastro carmín por la extensión de su brazo.

Tan rápido como le fue posible, extrajo la hoja, desgarrando algunos fragmentos de musculo a su paso. Colocó la mano sobre el corte, tratando de contener la incipiente hemorragia.

—Mierda— gruñó ella. Su pecho se alzaba al compás de la errática respiración, a medida que el tiempo pasaba, la arruga visible en el entrecejo comenzaba a acentuarse.

Si bien sus conocimientos en Ninjutsu médico no eran ni la quinta parte en comparación a los de Sakura, tenía la certeza de que era capaz de curar la herida. Durante su estadía en el hospital, pasó demasiado tiempo estudiando el meticuloso adiestramiento de los doctores, aprendiendo una cosa a dos.

Con los dedos temblorosos, desabotonó el cuello de la blusa de Sakura, descubriendo la piel teñida por un tenebroso pigmento escarlata. Cuidadosamente, la incorporó, apoyándola por los hombros, permitiendo que su cabeza reposara contra su pecho.

—Sa-su-ke-kun yo…p-puedo curarme sola— gesticuló en un susurro a duras penas audible para los dos.

—No hables— ordenó.

La herida había trazado una profunda línea recta. La hoja del sable atravesó la zona de la escapula hasta el pecho, por debajo de la clavícula. Frunció el ceño al darse cuenta que era más profunda de lo que imaginaba y, más grave de lo que esperaba. El pronóstico vital de su compañera dependía plenamente de él.

Colocó la punta de sus dedos sobre el húmedo corte, enviando el chakra acumulado en la palma de su mano hasta dejarlo fluir dentro del cuerpo de Sakura como un golpe cálido.

El nudo en su garganta se hizo más estrecho de solo imaginar que podría perderla. Su mente estaba plagada de pensamientos negativos, ideas tan pérfidas que solo lograban alimentar la imponente sensación de miedo que entumecía sus músculos. Debía salvarla a como diera lugar.

Al cabo de unos minutos, la respiración de Sakura se tornó apacible y la sangre dejo de brotar de la herida. Poco a poco, el calor retornó a su gélido y trémulo cuerpo.

Fue hasta que un latigazo de dolor severo lo atravesó que reconoció que había perdido casi todo su chakra tratando de salvar a la pelirosa.

Ahora era él quien realizaba un esfuerzo sobrehumano por acompasar su respiración. Se apartó de ella entre espasmos, notando los calambres punzantes y sudorosos esparcirse por su cuerpo como un violento latigazo.

— ¿Te sientes bien?— preguntó en un susurro, sonando entre aliviado y preocupado. La observó, inquieto. Su piel había adquirido un tono mortecino, confiriéndole un aspecto enfermizo.

—S-si— una mueca de dolor surcó su hermosa faz al tiempo que reacomodaba la parte superior de su atuendo.

— ¿Puedes moverte?— Sasuke suavizó su expresión. La calma regresaba lentamente a su interior.

—Un poco— dijo, contemplándolo verdaderamente inquieta— ¿Qué hay de ti? ¿Estas herido?— cuestionó preocupada, acercándose a él con la intensión de realizar un meticuloso escrutinio medico aun en su delicado estado.

—Estoy bien, Sakura— resopló. La cabeza le daba vueltas. Cansado, apoyó la frente sobre sus rodillas y cerró los ojos.

—Debemos encontrar un lugar para descansar— sugirió. Al echar un vistazo a su alrededor se percató que estaban en una playa, a orillas del mar. La gélida brisa de la madrugada resopló, cargada con un pesado olor a sal.

—Dudo que en nuestro estado seamos capaces de dar tres pasos— Sasuke alzó los parpados, despacio. Poco le importaba si pasaban el resto de la noche en ese lugar, si sus cálculos no le fallaban el amanecer se aproximaba. Dentro de algunas horas, los primeros rayos del sol se vislumbrarían por el este.

—Tienes razón— murmuró Sakura, apartando la mirada lemanita para clavarla en la imponente oscuridad que se alzaba frente a ellos, ahí donde el oleaje brotaba violento, inquieto—. Gracias por ayudarme, Sasuke-kun.

Las palabras de Sakura rebotaron dolorosamente en su interior. Luego de que los últimos rastros de adrenalina abandonaran su sistema, Sasuke se percató que no temía morir durante la batalla, tenía en claro que como shinobi, algún día se vería obligado a perecer en el cumplimiento de su deber. Por más dura y cruel que pareciera, esa era la realidad.

No obstante, mientras yacía postrado en la arena, contemplando las brillantes estrellas que resplandecían en el oscuro firmamento, se dio cuenta que su mayor miedo era no ver nunca más a Sakura.

Ya lo había perdido todos doce años atrás, cuando su hermano aniquiló a todo su clan por orden de los ancianos. En aquel entonces, no se permitió admitir los sentimientos de Sakura. Quizás era difícil imaginarlo, pero la había querido desde hace mucho tiempo; más de lo que podía soportar. Aun asi, sus sentimientos, emociones y pensamientos eran distintos. Siempre supo que terminaría rompiendo su corazón, no solo una vez, sino tres.

Se sentía como un cobarde. La había apartado antes de que ella descubriera que no había nada que esperar. Estaba vacío, roto, agonizante. No tenía nada más que mostrar. Y Sakura no merecía un recipiente hueco.

Incapaz de hacerle frente a sus aciagos pensamientos que quería evitar, se levantó, tambaleante. Estaba mareado de cansancio, pero no iba a conciliar el sueño. Necesitaba alejarse un momento para imponer un orden en su cabeza.

— ¿Sasuke-kun?— la voz de Sakura se alzó por encima de la melodía del océano— ¿A dónde vas?— cuestionó, intentando ponerse de pie.

Los dos estaban exhaustos, pero eran orgullosos y testarudos, no iban a permitir que la fatiga acabara con ellos.

—Regresare en un par de minutos— soltó exasperado. Sentía como la arena comenzaba a filtrarse entre las aberturas de sus sandalias a medida que se desplazaba hacia un destino desconocido.

—Iré contigo— dijo, esforzándose por ocultar el temblor en su voz.

—No— bramó entre dientes, aun con la mirada fija en un punto impreciso.

Su corazón retumbaba dolorosamente entre los confines de la caja torácica. Los oídos le zumbaban como si estuviese absorto en una pérfida pesadilla. Sentía como sus piernas temblaban cada que daba un paso al frente, mas no aminoró la marcha.

No iba a permitir que Sakura supiese la verdad oculta tras sus pecados. Lo último que deseaba era que su alma tan pura se viera afectada por el odio. Había jurado que se llevaría a la tumba ese secreto, al igual que Hiruzen, Danzo, los ancianos y, sobre todo, su hermano, Itachi.

—Sasuke— volvió a llamarlo en tono estridente.

Esta vez, el aludido frenó el paso, mas no fue capaz de contemplarla. Tensó los músculos, apretó el puño y exhalo con fuerza.

—Sasuke…háblame— solicitó, reconociendo aquel tono tan íntimo que decoraba su voz cuando algo la atormentaba.

Permaneció en silencio, con la mirada fija en el bosque sombrío. Por un instante pareció olvidarse de todo a su alrededor y está cavilando en algo que solo le concernía a él. «Eres un cobarde», pensó, como si acabase de caer en la cuenta.

A medida que la ominosa afonía se instalaba entre los dos, sus temores aumentaban.

—Sasuke— la escuchó aproximarse, cautelosa—, no me cuentas nada…— se detuvo, tal vez meditando si era prudente proseguir o no—, no sé nada sobre ti, asi que no sé qué pasa contigo— estaba temblando, las palabras salían balbuceantes de su boca.

Si algo había aprendido a lo largo de esos años era que cuantas más personas amaba, más débil era. Atrás quedó el sueño de formar una familia, reencontrar el amor en los brazos de Sakura o el cariño en la sonrisa de un amigo. No era merecedor de tanta bondad.

—Es una tontería— dijo Sasuke, ofreciéndole su perfil

— ¿De que estas hablando?— preguntó Sakura, confundida. Sus delgadas cejas rosadas se alzaron, tratando de comprender el significado en cada palabra pronunciada por el azabache.

—El que vinieras conmigo— ocultaba sus miedos tras un rostro sereno e inexpresivo, pero ahí estaban, y crecían con cada minuto que pasaba—. Es peligroso.

Sagao no era el primer y último disidente que enfrentarían durante su travesía. Aun cuando la paz reinaba entre las grandes naciones, Sasuke sabía que la efímera tranquilidad duraría poco. Al igual que con los enemigos que habían enfrentado en el pasado, solo era cuestión de tiempo para que otro adversario resurgiera de las sombras, amenazando con lastimar todo lo que era importante para él y, entre esas cosas, Sakura ocupaba el primer lugar de la lista.

— ¿Estás hablando en serio?— la tristeza se había transformado en furia en algún punto entre la salida cinco y la dos— ¿Acaso me subestimas?

El corazón le golpeó las costillas al darse cuenta de lo que acababa de recitar.

—Tal vez deberías regresar a Konohagakure—la voz sonaba inerte y apagada como metal de desguace.

Mientras sus roles fuesen diferentes, el estar juntos era un sueño inviable.

—Solamente dices eso porque estas asustado—recitó en un susurro, conteniendo las ganas de cruzar los brazos para brindarse a sí misma consuelo—.Haces esto cada vez que intento aproximarme a ti.

—Sakura…yo— por fin se giró hacia ella.

Apreció con detalle el rostro húmedo por la mezcla de sudor y lágrimas; su cuello aún estaba manchado de sangre, al igual que las puntas de su cabello. Contuvo la necesidad de abrazarla, después de todo, acababa de decepcionarla una vez más.

—No, no hables— ordenó sin poder regresarle la mirada. Estrujó los puños a lado de ella a la vez que las lágrimas rodaban por sus mejillas— ¿Por qué no me dejas amarte?— preguntó, exponiendo en cada silaba pronunciada la sinceridad de sus pensamientos

Su corazón se estrujó dolorosamente hasta reducirse a latidos dolorosos. Bajo la luz tenue, atisbo el rostro que deseaba besar.

Dubitativo dio un paso al frente. El deseo de abrazarla y tenerla cerca era tan grande que se había convertido en una necesidad tan vital como respirar. Estiró la mano para hacerlo, rompiendo con cualquiera barrera de autocontrol que se imponía entre ellos, pero no lo hizo, contuvo el impulso.

La mezcla de un suspiro y un sollozo ahogado se filtró en la voz de Sakura justo en el momento que agregó:

— ¿Por qué el amor no es suficiente para ti, Sasuke-kun?

Quería decirle que él también la amaba y había odiado lastimarla, mas no lo hizo; la declaración quedó atrapada en sus labios.

Se maldijo por ser tan cobarde; paralizado, al cabo de unos instantes, percibió el silencio del bosque roto apenas por el rumor del oleaje. Contempló el camino vacío por donde había desaparecido lo que más amaba, tratando de encontrar la manera de negar lo que su mente le gritaba que había ocurrido.

: : : : : : : :

Buscó un sitio vacío y lo encontró a unos cien metros de la playa. El camino era estrecho y serpenteaba entre la arboleda. La luz del amanecer comenzaba a vislumbrarse en el horizonte, los tintes lóbregos del firmamento se diluían entre los tonos liliáceos y rosados del alba.

Tambaleando en la orilla del vértigo, cayó de rodillas en el suelo. El dolor se había trocado en una fría estupefacción, en un espasmo. Buceaba en el fondo de la soledad, buscando los rostros que tuvo en vida aparecieran vacilantes en la oscura superficie. Las mismas caras que empezaban a desvanecerse entre recuerdos distorsionados y abstractos.

Estrujó la tierra húmeda bajo sus dedos. Su cuerpo temblaba violentamente mientras realizaba un esfuerzo sobrehumano para regular su respiración.

El nudo en su garganta se hizo más estrecho, impidiendo que el aire pasara a sus pulmones, obligándolo a hiperventilar.

«La única razón es que te quiere tanto que duele», las palabras de Kakashi reverberaron dolorosamente entre sus pensamientos. Inclinó su cuerpo hacia el frente, notando como las lágrimas brotaban de las esquinas de sus ojos y resbalaban por sus mejillas.

« ¿Con que a esto se refería?», pensó. En cuanto vertió la primera lágrima el llanto fue imparable. Lloraba encorvado hacia delante, con la mano clavada en el suelo y los dedos hundidos en la tierra, como si estuviera vomitando. Sollozaba desesperadamente. Se agitaba sacudido por pequeñas convulsiones

Lloró de forma purificadora y acompasada, hasta que su alma estuvo completamente la calma y la cara se le hubiera hinchado.

«Un shinobi nunca muestra sus sentimientos sin importar las circunstancias. Los sentimientos son debilidad que nublan el juicio y debilitan el sentido del deber».

Sonrió con amargura. Las reglas podían irse a la mierda. Su cuerpo mostraba una ligereza anormal y una resonancia hueca.

Quizá no tendría que haber hecho eso. Pero no podía actuar de otro modo. La intimidad y el cariño que sentía hacia Sakura no los había experimentado nunca antes.

La amaba tanto que dolía.

: : : : : : : :

Pasaron el resto del día recluidos en una cueva, lejos de los molestos rayos del sol y la incandescente luz que irradiaba la arena blanca.

Despertó al anochecer, mareado y acalorado. Débil, logro reincorporarse en el suelo. Odiaba los efectos secundarios del Rinnegan.

El aire cálido de la noche se coló en el interior, pegando a Sakura en el rostro, meciendo los mechones rosados con delicadeza, mientras la tela de su camiseta ondeaba al viento. Las tenues llamas de la fogata danzaron al compás de la brisa, la cual, amenazaba con extinguirla única fuente de luz entre la bruma de la oscuridad.

El lugar era pequeño y anticlimático. Contaba con el espacio suficiente para resguardar a dos personas, sin embargo, Sasuke tenía la impresión de que era un sitio diminuto; la presencia de Sakura era abrumadora.

— ¿Cuánto tiempo pase dormido?— preguntó con voz ronca, restregando la mano contra su rostro en un afán de disipar el cansancio.

—Cerca de doce horas— respondió Sakura sin mirarlo, tajante.

— ¿Tanto?— procuró no sonar tan sorprendido.

Habían perdido un día de viaje gracias a la extenuación de la batalla. Quizá los ninjas de Kumogakure se preguntarían dónde estarían, no obstante, le importaba un carajo lo que pensaran, de no ser por ellos y su ineptitud, nada de eso habría ocurrido, jamás habría perdido la cabeza ante el miedo de perder a Sakura y tampoco la habría herido gracias a sus estúpidas inseguridades. De poco le serviría lamentarse. Si seguía realizando suposiciones terminaría por torturarse.

— ¿Cómo te sientes?— cuestionó, evidentemente ignorando su pregunta anterior.

—Bien.

Consciente del reflejo de las llamas sobre la cara de Sakura, se percató que a pesar de la extenuación y la falta de sueño, estaba tersa y lisa como un pétalo.

—Eso es una buena señal— recitó con voz neutra sin tintes de emoción. Apartó la mirada de su faz y el clavo al frente, donde la oscuridad se alzaba entre los árboles y el rumor de las olas se perdía—. Podrás proseguir con el viaje a primera hora por la maña.

Las palabras de Sakura cayeron sobre él como un balde de agua fría, ¿de qué demonios estaba hablando?, ¿acaso no iba a acompañarlo?

— ¿Disculpa?— preguntó en un susurro.

—Regresare a Konoha— anunció.

Esta vez la miró a los ojos, creyendo que si no depositaba su atención en la penumbra de la cueva o el bosque, terminaría por extraviarse en la bruma de los irises esmeraldas de Sakura.

—No puedes hacerlo— su voz se transformó en una orden, regia y destemplada.

— ¿Qué dices?— cuestionó en un tono estridente, próximo al alarido.

—Todavía no te recuperas del todo de los efectos del Byakugō, al igual que yo, sé que atraviesas un suplicio interno, asi que no intentes hacerte la fuerte frente a mí— espetó en tono seco.

La pelirosa abrió la boca para rebatir, pero nada brotó; en su lugar, arrugó el entrecejo y le ofreció su perfil, condenándolos a un profundo silencio.

Aquellas trivialidades inermes, le permitieron esconderse tras una máscara de estoicismo. Sakura tenía la mano izquierda plantada encima de la mejilla, presuntamente para excluirle de la visión periférica. Sasuke podía contemplar el brazo y hombros desnudos.

Se maldijo a sí mismo en voz baja. Había arruinado toda la noche anterior. Una vez más, su estúpido y errado instinto de autoprotección le decía que debía alejarla antes de que le causara más daño, o mejor dicho, antes de que Sakura lo lastimara. No obstante, su sano juicio clamaba a gritos que si lo hacía terminaría por arrepentirse el resto de su vida.

Al cabo de algunos minutos de vacilación, llegó a una conclusión: encarar la cólera y repugnancia de la pelirosa, darle una explicación que sería desechada y, lo más probable, que le rechazaran; o bien, continuar sin decir una palabra, atormentarse rumiando toda la noche y los días consiguientes, sin saber nada de ella. Una idea intolerable, pusilánime.

Abatido, reconoció que no existía otra respuesta, asi que tendría que hablar con ella.

—Sobre lo que sucedió anoche…— comenzó. Estaba desesperado por rendirse a ella, hacerla sentir mejor, conseguir volver a gustarle. La noche anterior estaba asustado, paralizado por el miedo, ver a Sakura en ese estado hizo añicos lo que quedaba de remante calma—.Realmente lo siento.

Durante todo ese tiempo, Sasuke había olvidado como respirar, tal como sucedía cada vez que Sakura estaba cerca.

Ella debió percatarse del temblor en sus palabras, puesto que apartó los ojos verdes de la espesura del follaje y los clavó en su rostro, contemplándolo con absoluta curiosidad.

—Ha sido un error.

— ¿Un error?

—No era mi intención lastimarte.

—No.

—Hable sin pensarlo.

—Si.

Era incapaz de evaluar la situación con aquellas respuestas lacónicas. Debía esforzarse un poco más si su intención era obtener un indulto.

—Estaba asustado— reconoció. Quizá era por el pasado que ambos compartían, o tal vez por la cercanía, pero Sasuke sentía una monstruosa necesidad de hablarle con la verdad. Había pasado gran parte de su vida absorto en una mentira y, a lo mejor, por esa misma razón, la idea de confesarse ante Sakura disipaba la opresión en su pecho. Era como un lenitivo.

Ella apartó la mano del rostro, abrazó sus rodillas y las apego al pecho. Gracias a la tenue luz se dio cuenta que tenía lágrimas en los ojos y se esforzaba en hablar. Movió la cabeza para indicarle que debía esperar un segundo más. Escuchó el sonido húmedo, como el que resuena cuando alguien se dispone a hablar y la lengua se despega del velo del paladar. Mas no dijo nada.

—Viví en una mentira—dijo en susurro, manteniendo el ininterrumpido contacto visual—. Durante muchos años pensé que mi hermano había aniquilado al clan con tal de hacerse más fuerte y poner a prueba mis habilidades— una pequeña nota de desesperación decoró su palabra-

—Sasuke, no tienes que hacerlo— le interrumpió en un quedo ruego—, no debes sentirte obligado a contármelo, lo entenderé si no deseas proseguir.

—Quiero hacerlo, Sakura— confirmó. Se le estrechó la garganta y tuvo que hacer una pausa. Repisó hondo y continuo, más reflexivo—.Es necesario que tu también sepas la verdad.

Sakura acató el mutismo, limitándose a contemplarlo. Afuera, las estrellas brillaban sobre el manto azul oscuro, apagado y sin vida.

—Luego del incidente del Kyuubi, los ancianos señalaron a los Uchiha como los principales sospechosos del ataque, asi que el Hokage y los ancianos, creyeron que la mejor forma de mantenernos vigilados en un sitio alejado de la aldea, bajo el meticuloso escrutinio de los ANBU. La falta de confianza dio lugar a los resentimientos y, después, todo se volvió realidad— volvió a enmudecer un instante mientras mantenía la mirada en sus dedos—. Mi padre y los ancianos comenzaron a planear un golpe de estado para tomar el control de la aldea, asi que Hiruzen, Danzo y los consejeros se vieron obligados a tomar medidas drásticas.

»Itachi se convirtió en ANBU por órdenes de mi padre. Fue de esa forma que comenzó a cumplir un rol como espía doble. Lo único que pretendía era ganar tiempo, sabía que si el plan de concretaba, muchas personas morirían y eso abriría paso a que las demás aldeas atacaran. Es ahí donde inicio el infierno para mi hermano mayor.

Observó de reojo a Sakura, notando como sus pálidos y delgados brazos se envolvían a si misma mientras otra cálida ráfaga de viento acariciaba su piel y ondeaba las hebras de cabello rosado que caían a los costados de su rostro.

»El tercero intentó razonar con mi padre, pero él se rehusó a escucharlo. Sin más opción, Itachi se vio obligado a acatar las órdenes de Danzo y asesinar a todo nuestro clan, con la única condición de que yo permaneciera con vida— prosiguió Sasuke.

— ¿Cómo es posible que los ancianos y el Tercero accedieran a hacerte eso?— intervino Sakura. Su voz se alzaba por encima de las olas del mar.

—Me tomó algo de tiempo comprenderlo. Era incapaz de entender el amor incondicional de Itachi hacia la aldea, el porqué de todas sus acciones. Pase noches en vela intentando encontrar una explicación, pero solo terminaba adentrándome en la oscuridad, alimentando ese odio que yacía en mi interior— contempló el cielo desde la comodidad de su asiento. Estaba plagado de brillantes estrellas—.Al final llegue a la conclusión de que Itachi solo intentaba protegerme de la verdad. Era solo un niño cuando todo eso sucedió.

Avizoró a Sakura por el rabillo del ojo. No sabía que era lo que estaba pasando por su cabeza en ese momento, pero si era capaz de apreciar como el desconsuelo se trazaba en sus hermosas y delicadas facciones.

—Mi padre solía decirnos que, en la vida de todo shinobi llegaba un día en el que se vería obligado a decidir entre lo que era correcto y el deber— prosiguió con voz baja. La calma se instalaba en su alma—.Itachi no tuvo más opción que poner las necesidades la aldea por encima de su felicidad.

—Sasuke-kun— recitó, trémula. Los ojos le brillaban a causa de las lágrimas. Aferró los dedos a la tela de su camisa, meditando si debía aproximarse o mantenerse alejada.

—Sakura— de la nada, atendió a sus impetuosas necesidades, asi que se aproximó tanto a ella que el aroma a lavanda inundo sus fosas nasales. La sostuvo del brazo y la atrajo hacia su cuerpo. Sus miradas estaban ahí, tan empalmadas como las piezas de un rompecabezas—.Quiero mostrarte algo.

El color azabache de su iris derecho, pronto se diluyo en el característico tono carmín del sharingan. Sakura tragó grueso, sin apartar sus fanales de él.

—Sakura, tranquila— su rostro permaneció impertérrito, intentaba brindarle algo de calma a la pelirosa, quien lo oteaba aterrada— ¿Confías en mí?

Ella asintió con un letárgico movimiento de cabeza. Fue en ese preciso instante que proyectó los recuerdos remanentes de sus padres e Itachi, todos y cada uno de ellos. Sakura aferró los dedos al cuello de su camisa, y después, descendieron hasta su pecho, buscando algo en lo que pudiese sostenerse, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.

Cuando el genjutsu llegó a su fin, ella permaneció unos instantes en silencio y luego rompió a llorar, con el cuerpo sacudido por violentos espasmos. Sepultó la cabeza entre las manos y lloró con desgarro. Los vehementes sollozos, atiborrados de dolor, eran tan intensos que lucían como un tormento.

Convertida en un ovillo de temblores y vibraciones, Sakura recostó la mitad del cuerpo sobre su regazo. Impulsado por la vulnerabilidad de los dos, colocó una mano sobre su cabeza, hundiendo los dedos en su cabello.

«Si pudiese haber llevado todo tu dolor, yo podría consolarte». Las palabras hicieron eco en su memoria. Se lo había dicho en el campo de batalla, antes de marcharse al Valle del Fin.

Ahora mismo, mientras yacían en esa oscura cueva en una isla desconocida, bajo el firmamento estrellado. Sakura lloraba por su dolor, porque acababa de hacerlo suyo y por fin comprendía a todo. Derramaba las lágrimas que él jamás se permitió liberar.

Escuchó con sumo cuidado cada sollozo, atento a cada sonido que reverberaba de la boca de Sakura. El silencio recaía doloroso sobre ellos como si se tratase de una tortura. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que finalizó el relato, pero los dos precisaban de un momento para reflexionar, aun si el mutismo tornara el aire difícil de respirar.

—Eras tan pequeño, y tu hermano…— intentó hablar, sin embargo, sus palabras fueron interrumpidas por un hipeo.

—Todo lo que hizo Itachi fue en orden para evitar una guerra— sonaba equilibrado, aunque por dentro se derrumbaba—.Nadie sabe del peso que tuvo que acarrear sobre su espalda durante todos esos años.

Sakura se estremeció. Bajo la mirada atónita del azabache, volvió a retomar asiento sobre sus piernas. Su rostro lucia enrojecido e hinchado por el llanto. Restregó el dorso de su mano contra la piel de su faz, borrando el incipiente rastro húmedo de las lágrimas.

—Desearía cambiarlo todo— balbuceó a duras penas al mismo tiempo que le acunaba el rostro con las manos trémulas y gélidas—.Desearía que todo fuera distinto.

Intentó esbozar una sonrisa, pero solo fue capaz de formar una mueca lastimera.

—De haberse concretado el plan de mi padre, todo sería diferente— respondió, colocando una mano sobre la de Sakura, permitiéndose disfrutar el tacto que tanto anhelaba.

Un nuevo estremecimiento invadió el cuerpo de Sasuke cuando ella apartó las manos de su faz para rodear su cintura en un fuerte y desesperado abrazo. Él, permaneció callado. Era cálida y suave, tal como lo recordaba.

Instintivamente, la atrajo más hacia él, abriéndole espacio entre sus muslos mientras ella ocultaba el rostro entre su cuello.

—Lo siento…lo siento, lo siento tanto— se disculpó, su aliento cálido chocó contra la extensión de su nívea columna.

Presa del bizantino gesto, pasó una mano por su cabello y después por su espalda. Acaricio esa larga extensión con detenimiento, delicadeza y absoluta dulzura.

—Está bien— dijo tratando de calmarla.

—Por supuesto que no— negó ella.

Sasuke dejó escapar un largo suspiro. Contuvo las ganas de reír, era increíble como aun en los momentos más delicados, Sakura se empeñaba en contradecirlo.

—Sakura, lo está— apremió. Tomó su barbilla con delicadeza y la obligó a contemplarle. Intercaló la mirada entre los ojos verdes que brillaban tras la nube que opacaba sus pupilas y, después, a sus labios ligeramente entreabiertos—. Todo forma parte de i pasado. Estoy aprendiendo a vivir con eso, sobrellevando un día a la vez.

Llevó un mechón detrás de su oreja. Sakura se percató de la cercanía de los dos; la sangre se le precipito al rostro encendiendo sus mejillas en un impetuoso sonoro. Su corazón dio un vuelco. Era interesante contemplar como aquella fiera mujer se convertía en un ovillo de espasmos y sonrojos cada vez que había contacto entre los dos.

—Sakura, mírame— solicitó en una postula queda.

Los labios de la aludida temblaron a la par que sus ojos brillaban como luceros en la oscuridad.

— ¿No lo sabes?— cuestionó. La comisura de sus labios se elevó hasta formar una sonrisa media, tan inocente como la de un niño pequeño—. Tenerte a mi lado es una de las mejores cosas en la vida y te agradezco por ello.

Una lágrima solitaria resbaló por su mejilla.

Para sellar aquella confesión, le dio un beso casto en la mejilla. Sakura enrojeció hasta la raíz del pelo. Incapaz de soportarlo un minuto más, volvió a ocultar el rostro en el cuello del azabache.

Mientras se rendía ante la complejidad de sus pensamientos, se dijo a si mismo que aquello era el comienzo de algo nuevo y bueno.

Continuará

N/A: Y con este bonito momento, llegamos al final del capítulo y alcanzamos el intermedio de la historia :3

Sé que a la mayoría le parecerá lenta la interaccion y el avance entre nuestros protagonistas (me disculpo por ello, he visto muchos doramas durante esta cuarentena :v), pero tengan por seguro que esto marca una pauta. Siempre me he cuestionado si Sakura estará al tanto del doloroso pasado de Sasuke, asi que me decidí a plasmarlo.

Asi que sobre aviso no hay engaño y pronto comenzaremos a apreciar una interaccion más romántica entre los dos, prepárense para los momentos cursis xD

Como siempre, mil gracias por apoyarme, ya sea leyendo, añadiendo a favoritos o alertas de follow, o dejando un bonito review, todo esto es motivación para mí, como un combustible que me impulsa a seguir escribiendo.

Quiero agradecer especialmente a mi querida Anttomercury, Merak Saudade, DULCECITO311, Karina Gallardo, Maricel, Malu y a todas ustedes que se toman un momento para expresarme su opinión en un lindo review. Gracias infinitas, en verdad. De todo corazón les envió un fuerte abrazo.

Sin nada más que añadir, esto es todo por el momento. Espero que el capítulo haya sido de su agrado, por ahora, me retiro a descansar.

¡Cuídense mucho! Nos leemos pronto

Bye, bye :3