Disclaimer: Los personajes y el universo donde se desarrolla esta historia no me pertenecen ni son creaciones mías, todo es obra del gran Masashi Kishimoto.
Ikigai
Capítulo 7: Quédate mil años
Konohagakure
15 años atrás
Arrugó la nariz con disgusto al escuchar los escandalosos cuchicheos a su espalda.
El salón estaba casi vacío, la mayoría de sus compañeros se habían marchado en el momento en que Iruka-sensei dio por finalizada la clase. Sasuke era de las últimas personas en abandonar en el aula y, por ende, también lo era su grupo de molestas admiradoras.
Intentó no prestar atención a las risitas nerviosas, resguardó los últimos rastros de sus pertenencias y llevó la talega azul hasta su hombro. Esperaba llegar a casa tan rápido como le fuera posible; la tarde era larga, asi que realizaría sus deberes, y si tenía un poco de suerte, quizá su madre le permitiría ir al campo de entrenamiento para practicar el lanzamiento de kunais, empezaba a notar mejoras en su técnica.
Giró sobre sus tobillos, haciendo oídos sordos a las risitas tímidas de las niñas, descendió uno a uno los peldaños hasta alcanzar la puerta principal.
«Molestas», rumió para sus adentros mientras cruzaba el umbral. No comprendía porqué se había convertido en el centro de atención de sus compañeras, consideraba que todas eran demasiado ruidosas para su gusto, siempre estaban encima de él, peleando por estar cerca, buscaban desesperadamente capturar su deferencia, aun cuando en muchas ocasiones había dejado en claro que no estaba interesado en ellas. Lo que ocupaba su mente en ese momento eran su familia, el entrenamiento y darle una paliza al exasperante Uzumaki, todo en ese orden en específico.
Un desmedido barullo lo recibió al poner un pie fuera de la academia; algunos de sus compañeros corrían de un lado a otro, se encontraban demasiado absortos en su juego para prestarle atención.
No pudo evitar sorprenderse cuando contempló a su madre no muy lejos de la puerta de entrada. Llevaba una pesada bolsa en la mano derecha y charlaba amigablemente con otra mujer mientras aguardaba por él. Sin más dilaciones, apresuró el paso.
Le parecía extraño que ella hubiese acudido a recogerlo, la mayor parte del tiempo regresaba a casa por su cuenta, la casa no estaba lejos y sabía el camino de memoria. En ocasiones, cuando las misiones no mantenían a su hermano alejado de la aldea, Itachi pasaba por él, a veces solo y otras en compañía de Shisui o Izumi.
—Okasan— habló cuando estuvo lo suficientemente cerca para que su madre pudiese escucharlo.
—Sasuke-kun— lo saludó sonriente. Los largos mechones azabaches se mecían al compás del viento; una cálida sonrisa estiraba sus mejillas— ¿Cómo estuvo tu día?
—Bien— resopló—.Sobresalí en la práctica de lanzamiento de Shurikens, los consejos de Nii-san fueron de gran ayuda.
—A tu padre le alegrara saber eso— dijo la pelinegra, pasando una mano por la desordenada melena de Sasuke.
Su corazón latió con fuerza al escuchar las palabras de su madre. Se esforzaba demasiado para hacer sentir orgulloso a su padre.
—Encontré tomates frescos— indicó Mikoto, alzando la abultada bolsa—.Cuando lleguemos a casa puedo preparar unos cuantos para ti.
—Eso me gustaría— respondió con una tímida sonrisa.
—Bien, en ese caso, vayamos a casa.
Antes de hacer amago de marcharse, Mikoto detuvo el paso. Confundido, Sasuke arrugó el entrecejo y dirigió la mirada hacia el punto que su madre vislumbraba con disimulado interés.
— ¿Qué sucede?— quiso saber, tan impaciente como de costumbre.
—Creo que tienes una nueva amiga— señaló Mikoto.
Sus fanales ónix otearon con detenimiento la pequeña figura oculta tras el tronco de un árbol. No necesitaba ser un arduo observador para reconocer a la niña que rehuía su mirada, sonrojada, sus rasgos eran demasiado llamativos para pasar desapercibidos; el cabello rosa chicle, los grandes ojos color esmeralda.
— ¿Quién?, ¿Sakura?— inquirió él, a media voz.
—Asi es.
—No es mi amiga— dijo, apartando la mirada del rostro sonrojado de la pelirosa.
Mikoto suspiró, amparada en aquella sonrisa media que la perseguía como una sombra.
Sakura también pertenecía al fastidioso grupo de admiradoras liderado por Yamanaka Ino. La reconocía porque siempre paseaba de un lado a otro tomada del brazo de la rubia. Los otros niños se burlaban de ella por su peculiar aspecto, decían que su frente era enorme y el color de su cabello horrible. Constantemente rompía en llanto, era tímida y asustadiza, totalmente diferente a las otras niñas.
No iba a admitirlo en voz alta, pero se sentía raro cuando ella lo miraba. Jamás realizaba amago por aproximarse a él y, cuando la contemplaba o se acercaba, sus mejillas regordetas adquirían el color de los tomates que tanto le gustaban.
—Recuerda que debes ser amable con los demás, Sasuke— lo reprimió Mikoto, dejando escapar un largo suspiro—. Anda, vayamos a casa, tu padre e Itachi no demoraran en llegar.
Caminaron por el largo sendero bajo la arboleda. Konoha estaba atrapada por los cielos de ceniza y el sol de vapor que se derramaba como una guirnalda de oro líquido sobre las serenas calles.
Curioso, echó un vistazo por encima de su hombro para cerciorarse si Sakura continuaba en su escondite o había cambiado de posición. Se llevó una sorpresa cuando ella le dedicó una sonrisa tímida, trémula. La sangre se le precipitó al rostro y sus mejillas se encendieron en un abrumante sonrojo.
—Asi que, Sakura, ¿es tu compañera de clase?
Estaba sumido en el sobresalto que le había provocado la sonrisa de la pelirosa asi como en la variedad de emociones contradictorias que lo embargaban. Boquiabierto, lidió, como si estuviera en clase, con una pregunta sumamente complicada.
—Lo es— respondió con un suspiro imperioso.
—Le queda a la perfección— reconoció Mikoto.
Él puso los ojos en blanco.
—Es una niña muy linda, ¿no lo crees?— ella lo observaba atentamente.
En respuesta, arrugó la nariz. Poco le importaba si Sakura era linda o no.
—Disculpa— rió Mikoto, maravillada por las respuestas lacónicas e infantiles de su pequeño hijo—, solo estaba jugando.
El niño paseó la mirada por la calle, con el agravio brillando en sus ojos negros.
—No me gustan esas bromas— dijo, cruzándose de brazos.
—En verdad eres el hijo de tu padre— masculló ella.
No entendía el significado de aquellas palabras, pero un sentimiento de orgullo le infló el pecho al ser comparado con el hombre al que admiraba y respetaba.
— ¿Por qué no es tu amiga?
Madre e hijo prosiguieron con su camino colina arriba. El sendero descendía en una suave pendiente salpicada de espigas. La hierba crecía por todas partes a causa de las constantes lluvias, otorgándole el pasto y cualquier atisbo de vegetación un color verde vibrante.
—Es rara— respondió sin pensarlo.
—Lo raro no es malo— dijo Mikoto—.La belleza recae en la particularidad de las cosas.
Sasuke arrugó el entrecejo.
—Ella es inteligente, tiene una mente brillante, pero no es buena lanzado kunais o shurikens. Los demás chicos la molestan porque es bastante tímida— explicó Sasuke, manteniendo los fanales azabaches fijos en algún punto al frente.
—Quizá puedas ayudarla a mejorar sus lanzamientos— sugirió la hermosa mujer—, e inclusive, podrías defenderla de vez en cuando. Estoy segura que a ella le agradaría ayudarte con tus deberes.
—No— rebatió en ipso facto—, Nii-san puede hacerlo. Itachi es genial en todo.
—Tu hermano debe encargarse de sus propias obligaciones— le recordó.
Fue cosa de un momento. Su rostro se ensombreció.
—Sasuke, recuerda lo que hablamos hace algunos días, debes ser más amable con los demás.
Los techos de las primeras casas del sector Uchiha comenzaban a vislumbrarse en la lejanía.
—Itachi me dijo lo mismo hace poco— masculló, hastiado; sus labios formaban un puchero—.Pero las niñas no dejan de molestarme, siempre van detrás de mí.
Mikoto volvió a reír y dijo
—Si las chicas te siguen es porque les pareces lindo.
—Yo no quiero ser lindo— se negó el menor de los chica, batiendo la guedeja negra en un firme movimiento de cabeza—, quiero ser fuerte, como papá e Itachi. Me uniré a la policía de Konoha cuando llegue el momento.
—Estoy segura que lo harás— adujo la pelinegra—.Sin embargo, no todo se trata de poder, también debes hacer amigos.
Él permaneció en silencio. Sabía que era una barrera para la amistad. En aquellos meses, pensaba que la única relación que había entablado era con su hermano y Shisui. Su estado de ánimo dependía en gran medida de la opinión que sobre ella tuviese en cada instante su hermano mayor y su padre.
—Dentro de algunos años, Sakura se convertirá en una chica hermosa y los papeles se invertirán. Llegará un momento en el que tú querrás su atención— Mikoto sonrió, guiñándole un ojo.
—Eso nunca sucederá— dijo categóricamente.
Su madre negó con la cabeza. Abatida, dejo escapar un suspiró y dijo:
—Anda, hay que darnos prisa.
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—Disfrute su pedido— indicó la chica detrás de la barra con una amplia sonrisa.
Sasuke tomó la pequeña bandeja y agradeció las atenciones de la afable joven con un adusto movimiento de cabeza. Contuvo las ganas de rodar los ojos al escuchar los cuchicheos de las demás féminas, todas ellas envidiaban la suerte de Takara, puesto que, según las opiniones de todas, había atendido al hombre más guapo del lugar.
Haciendo caso omiso a los comentarios efusivos del público femenino, se desplazó por el pequeño lugar hasta llegar a la puerta principal. Detuvo sus pasos bajo el umbral, desde ese punto podía apreciar la figura de Sakura, su espalda pequeña y el cabello rosado acariciándole los hombros.
Aquella mañana hacia frio. Un color mortecino teñía los montes y campeaban nubes grises por el cielo. Se dijo a si mismo que tendrían nieve antes de que la noche arribara. La tierra de Shimogakure era gélida, en especial durante la primavera.
Una corriente fría de aire matutino llegaba desde el oeste, más allá de las montañas. Las hojas de los arboles susurraban.
Habían encontrado refugio en un discreto restaurante. El cartel de la entrada delantera declaraba que servían los mejores dangos, por lo que Sakura lo arrastró ahí sin pensarlo.
—Hey— lo saludó ella con una enorme sonrisa. Tenía las mejillas y la punta de la nariz enrojecidas por el frio. Sus pequeñas manos se aferraban a la taza humeante, mientras su aliento se mezclaba con el vaho.
Tomó asiento a su lado. La madera estaba fría, podía sentir la gélidas filtrarse entre las distintas capas de ropa que llevaba, mas no le prestó atención.
—Aquí tienes— masculló, al mismo tiempo que le extendía la bandeja con tres pinchos de dangos.
—Gracias, Sasuke-kun— respondió sincera. Esta vez, sus mejillas se encendieron a causa de un tímido sonrojo.
Él apartó la mirada. Sakura estaba dotada de una vivacidad que agradecía como los rayos del sol en un día de invierno.
Sin lugar a dudas, la interaccion entre los dos había cambiado a raíz de la conversación que mantuvieron no hace más de tres días en aquella cueva. Contarle a la pelirosa la parte oscura de su pasado supuso despojarse del dolor, fragmentar su alma para que ella lo contemplara en su faceta más vulnerable. Temía que huyera, sin embargo, los horrores se disiparon cuando lo envolvió en sus brazos y derramó las lágrimas que él no había derramado, abrazando el suplicio, transformándolo en una parte de su ser.
Gracias a esto se había percatado de que sus sentimientos hacia Sakura eran verdaderos, tan puros e inocentes y más fuertes de lo que pensaba. Estaba enamorado de ella, aunque se negará a admitirlo en voz alta.
Sakura observaba atentamente el paisaje frente a ellos mientras degustaba el primero de tres dangos.
— ¿Aun está caliente tu té?— cuestionó, apartando la mirada verdosa de la inmaculada escena para postrarla en el rostro estoico e imperturbable del azabache.
Tomó la taza para darle un sorbo. El té caliente dejó una agradable sensación en su boca. Sus ojos dispares fueron a parar en ella, sentada de perfil, con un mechón de cabello atrapado detrás de su oreja, permitiéndole apreciar su delicado rostro. Lucía realmente como un ser irreal.
—Si— dijo en voz baja.
Sasuke rehuía su mirada y contemplaba a los clientes que les rodeaban, todos dedicados con decisión a conseguir un poco de calor en medio del inclemente clima. Las parejas de más edad permanecían en silencio; un hombre solitario dejó un libre sobre la mesa, junto a la taza de café negro; tres chicas adolescentes se sentaban en la barra bebiendo té mientras les dedicaban avistamientos furtivos. El personal era joven y amable, las camareras habían quedado prendadas a él como si fuesen polillas dirigiéndose a la luz.
—Recuerdo que solías comer dangos cuando íbamos a tomar té después de alguna misión— dijo Sasuke en voz baja, contemplando el líquido humeante que tenía en delante.
Un aspaviento asombrado surcó las suaves facciones de la pelirosa al escuchar el comentario.
—Sí, solía hacerlo— respondió, abrumada por el lindo recuerdo—.Cuando rechazaste un dango, imaginé que se debía a que me detestabas, sin embargo, después de un tiempo comprendí que no era a mí a quien repelías, sino a las comidas dulces.
—Odio el sabor— admitió sin remordimientos, llevando la taza de té hasta la altura de sus labios para propinarle un pequeño sorbo.
El agua nieve caía en pequeños goterones, cubriendo las calles y los techos de las casas con un manto blanco.
— ¿Regresaras a la aldea?— preguntó sin mirarla.
Sakura exhaló con fuerza. El suspiro estaba acompañado por una bruma de vaho.
—Tu… ¿quieres que lo haga?— cuestiono en voz baja, como si estuviesen compartiendo un secreto.
Con un ligero temblor en sus dedos entumecidos, colocó la taza sobre la banca y avistó a Sakura como si de una criatura exótica se tratara. El corazón le dio un vuelco al toparse con su rostro intranquilo.
—No— respondió con un leve suspiro de resolución.
Aquella noche había actuado como un idiota gracias al miedo. No quería perderla, asi que se aferraría a ella, tan fuerte como sus sentimientos se lo permitieran.
Una irresoluta sonrisa decoró sus labios enrojecidos e hinchados.
Los dos contemplaron el cielo gris, disfrutando del cómodo lapso de mutismo instalado entre ellos. Al cabo de unos segundos, Sasuke carraspeó, atrayendo la atención de la pelirosa.
—Probablemente sea hora de elegir nuestro próximo destino— recitó con parsimonia. Rebuscó bajo su capa el maltratado mapa que lo acompañaba desde el comienzo de sus viajes— ¿Tienes algún lugar en mente?
Situó el desgastado ejemplar sobre la banca; los colores lucían desteñidos y comenzaba a romperse en los bordes. Sin embargo, todavía cumplía su función.
Sakura enmarcó una delgada ceja rosada y llevó el dedo índice a su barbilla, pensativa.
—Ahora mismo nos encontramos aquí— señaló con la punta del dedo, trazando una línea recta sobre Shimogakure.
—Podríamos dar un paseo por la aldea y después dirigirnos al castillo de Ama no Uzume— sugirió.
Sasuke la contempló con una expresión divertida.
—Jamás imagine que creyeras en esas historias— comentó. Una sonrisa media estiraba la comisura de sus labios.
—Por supuesto que no es un cuento— rebatió Sakura, cruzando los brazos a la altura de su pecho—.Estoy segura de que el castillo de Ama no Uzume es real.
Ahora fue momento del azabache para soltar un suspiro. Le gustaba la determinación de la pelirosa, la manera en que defendía sus ideales a capa de espada, sin permitir que nadie la amedrentara.
— ¿No sientes curiosidad?— cuestionó, inclinando ligeramente su cuerpo hacia el frente, mientras le dedicaba una mirada inquisitiva.
—Solo iremos para corroborar que se trata de un mito y nada más.
—Como sea— asintió Sakura—. Sé que has escuchado la historia.
—Mi madre solía contármela antes de dormir— recordó.
Sus manos se encontraron accidentalmente. Sakura tenía los dedos fríos y le castañeaban los dientes.
Por una fracción de segundó pensó que ella se alejaría, mas no lo hizo. Comenzaban a sentirse cómodos con las caricias y roces fortuitos. Él disfrutaba de su tacto, aun cuando Sakura parecía que iba a desvanecerse entre espasmos y sonrojos.
—Me gustaría escuchar más acerca de tus padres— dijo tímidamente.
Aquel ya no era un tema prohibido. Sasuke se sentía en completa libertad de evocar los recuerdos que resguardaba sobre la afable Mikoto y el determinado Fugaku Uchiha.
—Para ser sincero contigo, me toma más tiempo recordarlos, evocar sus rostros— prosiguió, manteniendo los fanales fijos en el paisaje—. Aún tengo presente la sonrisa amable de mi madre, su mirada cálida y las manos suaves. Era intimidante en ocasiones, pero siempre irradiaba paz. En cuanto a mi padre, era un hombre serio y orgulloso. Pasaba la mayor parte del tiempo absorto en su trabajo, sin embargo, cuando estaba en casa, siempre procuraba convivir conmigo o Itachi.
Lo cierto era que ya no recordaba sus rostros. Conservaba un decorado sin personajes.
—Realmente lo admiraba, quería que se sintiera orgulloso de mí— admitió con nostalgia.
Temerosa, Sakura entrelazó sus dedos con los de él para sujetar su mano. La sangre se le precipitó al rostro, acalorándole las mejillas. Su corazón latía desbocado; el pulso retumbaba frenético detrás de sus globos oculares.
—Puedo asegurarte que ambos lo están, incluso Itachi— dijo ella con voz dulce.
A pesar de que sus dedos estaban temblorosos y entumecidos por el frio, una extraña calidez se expandió en su pecho. Echó un vistazo al sitio donde sus manos se entrelazaban y después al rostro sonrojado de la chica. Sentía como si su corazón estuviese a punto de estallar.
—Me habría encantado conocerlos— añadió Sakura.
El aire parecía muy ligero en el lugar en el que se encontraban ahora mismo.
—Estoy seguro que a ellos también les habría gustado conocerte— dijo, permitiendo que su mente proyectara un escenario distinto a su fatídico pasado.
El dulce aroma de la pelirosa llenaba su nariz, su cerebro, hasta que se sintió como si flotase en un cálido y protector océano. Le gustaba pasar tiempo con ella, abrumado por su compañía. Por primera vez en mucho tiempo, aquella opresiva sensación de soledad abandonaba su cuerpo, brindándole calma.
El contacto duró muy poco. La mirada de Sakura se apartó de su rostro al darse cuenta que una niña pequeña reclamaba su atención.
La ninfa tiró de su capa, determinada. La pelirosa la contempló con detenimiento, con una expresión de genuina curiosidad. Resuelta a lograr su cometido, le extendió un ramillete de flores blancas y lilas.
— ¿Para mí?— cuestionó extasiada. La niña asintió con un movimiento de cabeza—.Es hermoso, gracias.
Desde la comodidad de su asiento, Sasuke vislumbró la escena con disimulado entretenimiento.
— ¿Puedo saber a qué se debe tan lindo obsequio?
—Eres muy linda, luces como una princesa— respondió la pequeña, sonriente. Intentó ocultar el rostro bajo la enorme bufanda.
Sakura rió.
—Eres un encanto, ¿lo sabes?— dijo, acariciando su mejilla—, pero me temo que no soy una princesa. En realidad soy una kunoichi de la hoja.
El rostro de la niña se iluminó. A lo lejos, la madre clamaba su nombre a los cuatro vientos. Sin decir una palabra ella se alejó.
Cuando viró para encararlo, un temblor se abrió paso por sus lindos labios rosados, al mismo tiempo que su cabello era sacudido por una ligera corriente de aire gélido.
— ¿Qué pasa?— preguntó intrigada. Se acercó a él con el entrecejo fruncido— ¿Te encuentras bien?, ¿Por qué me miras de esa forma?, ¿sucede algo malo?
Sasuke sacudió la cabeza, poniendo un alto al incesante balbuceo de la pelirosa.
—Tranquilízate, Sakura, estoy bien— le aseguró—.Es solo que la niña tenía razón.
Notó el brillo irónico en sus pupilas esmeraldas, a la par que un sonrojo coloreaba sus mejillas.
Aquel gesto era prueba suficiente de que Sakura comprendía a lo que se refería.
Complacido y sin decir nada más se puso de pie. La lluvia había escampado, dejando a su pasó una inclemente helada. Tal vez se verían obligados a posponer su viaje durante un día, aunque eso no le molestaba en lo absoluto.
—Andando, Sakura— dijo, lanzándole una mirada por encima del hombro—, hay un largo camino que recorrer.
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La gente transitaba bajo un manto blanco a la exigua luz que expedían los rayos del sol.
El cielo estaba despejado y terso; la tierra helada y dura como el hierro. Los campos despedían un fulgor pálido y frio. Todo estaba blanco a excepción de algunos árboles a los que el viento había despojado de la nieve.
Aguardaba pacientemente al otro lado de la acera. Esperaba que Sakura no demorara demasiado porque al paso que iba terminaría congelado. Hacía frio en verdad, un frio desgarrador y mortal. La desgastada capa solo le brindaba el calor necesario para enfrentarse al gélido aire de las montañas, pero no para el aterido clima del País Helado.
Exhaló con fuerza. El aliento se condensaba en el aire, más no se alejaba, no había viento que lo arrastrara esa tarde serena.
Recargó la espalda contra la pared de ladrillos, al mismo tiempo que seguía con la mirada el calmado andar de los transeúntes, demasiado absortos en sus problemas para prestarle atención.
Nunca más le diría a Sakura que se marchara. Le hacía sentirse bien. Junto a ella, su mente se calmaba, sus miedos y preocupaciones eran menos apremiantes. Tenía aspecto de saber que estaba haciendo, y tal vez lo supiese. Su viaje apenas comenzaba y, aunque el futuro era incierto parecía menos aterrador desde que la admitió nuevamente en su vida. Quizá fuese el mundo retorcido, el que tendía trampas y emboscadas, y obligaba a las personas a tomar malas elecciones.
La contempló a través del cristal, charlaba alegremente con la dueña de la tienda. Esbozó una pequeña sonrisa. Sakura tenía la capacidad de encantar a todos los que se cruzaban en su camino, pasa a menudo, incluso cuando eran niños, ¿Quién en su sano juicio se resistiría a su sonrisa y hermosa mirada?
Sus pensamientos flotaron un instante, perdiéndose en alguna parte de su mente justo en el momento que aquella sensación opresiva estrujaba su pecho.
Llevó la mano al pomo de la katana al instante. Todos sus sentidos despertaron como si una violenta onda expansiva inundara por completo su sistema nervioso. Aquella señal no debió tomarlo desprevenido. Dirigió la mirada al punto donde provenía la fuente chakra, maldijo entre dientes mientras estrujaba el arma, sopesando si era necesario desenvainarla o acudir a otra estrategia.
Arrugó el entrecejo al notar como la presencia se desvanecía. Tal vez la otra persona también se había percatado de que él estaba ahí.
— ¿Asi es como saludas a tus viejos amigos?, esperaba más cortesía después de todo lo que pasamos juntos.
La voz brotó a sus espaldas. No le tomó ni un segundo descubrir la identidad de aquel hombre, en especial si se trataba de un antiguo conocido como Suigetsu.
Dubitativo, apartó la mano del arma y giró sobre sus tobillos para encararlo. Aun cuando ya lo había reconocido, su cuerpo continuaba tan tenso como la cuerda de un arco.
—Suigetsu.
El peliblanco esbozó una de sus características sonrisas socarronas.
—En verdad es una casualidad que ambos coincidiéramos en este lugar—dijo—. Definitivamente el mundo es un pañuelo.
Sasuke arrugó el entrecejo.
— ¿Qué haces aquí?
Suigetsu exhaló con fuerza, cerró los ojos un momento y disipó cualquier atisbo de falsa algarabía; la expresión alegre se había diluido en una de completo estoicismo.
—Solo acompaño a Karin a reabastecerse— explicó encogiéndose de hombros, a la par que rascaba su nuca—. Ya sabes cómo se pone cuando las provisiones escasean.
— ¿Dónde está ella?— cuestionó de inmediato. Echó un vistazo en ambas direcciones, asegurándose de que la chica en cuestión no estuviera cerca.
—Tranquilo, no hay nada de qué preocuparse, estaba ocupada discutiendo con uno de los proveedores— dijo el espadachín—. No le diré que nos encontramos, se guardar secretos.
Inquietó, Sasuke corroboró que Sakura continuara en la tienda. Lo último que deseaba era inmiscuirla con su antiguo equipo.
— ¿Qué haces en este lugar?— preguntó el peliblanco alzando una ceja—, pensé que habías regresado a tu aldea.
—Lo hice— respondió sin ánimos de agregar más información.
Sabía que aquello no bastaría para zanjarse de la conversación. Suigetsu podía ser muy persistente cuando se lo proponía, no le permitiría marcharse sin conocer los verdaderos motivos de su visita.
—Lamento la tardanza, Sasuke-kun…la encargada de la tienda intentaba persuadirme a…— sus palabras se entrecortaron al percatarse de que el azabache no estaba solo.
—Ahora lo entiendo todo— masculló Suigetsu, lanzándole una mirada sugestiva al Uchiha.
—Sakura— su voz sonó más áspera de lo que esperaba—.Él es Suigetsu— los presentó. El momento que tanto había deseado evitar se desarrollaba sin complicaciones frente a sus ojos.
—Tú eres su antigua compañera de equipo— dijo Suigetsu.
—Creo que ambos lo somos— respondió ella.
El peliblanco guardó silencio cuando los hermosos fanales esmeraldas lo traspasaron como la afilada hoja de una katana.
—Mierda, detesto este clima— susurró el espadachín, frotando las manos contra sus brazos para generar calor.
—Me gusta el frio— dijo Sakura, sabiendo que al peliblanco no le gustaba.
Sasuke ocultó una sonrisa tras una expresión divertida.
— ¿Hacia dónde se dirigen?— cuestionó urdido.
—Al Noroeste— respondió Sasuke, tan raudo como de costumbre.
—No me gustaría ser portador de malas noticias, pero caerá una helada esta noche. El clima suele ser un dolor en el trasero, tal vez deberían esperar hasta mañana.
Sasuke arrugó el entrecejo. No le gustaba admitirlo, pero Suigetsu tenía razón. La inclemente ventisca y el frio complicarían su viaje.
—Nuestro refugio no se encuentra lejos de aquí— comenzó a hablar nuevamente el peliblanco, rascando la parte posterior de su cabeza—. Estoy seguro que Jūgo estará feliz de verte, al igual que Karin, asi Sakura podrá conocerlos. Sería como una reunión de ex compañeros, ¿Qué dices?
El pelinegro le dedicó una mirada aprensiva a Sakura.
—No lo sé, yo— espetó con vaguedad.
La pelirosa inspiró con fuerza.
—Tal vez sea lo más apropiado— coincidió, insegura.
—Podemos pasar la noche en la posada— sugirió el azabache, olvidando por completo la presencia del peliblanco.
—Ellos eran tus compañeros de equipo, ¿Qué tan malo podría ser?
Sasuke tragó grueso. No quería tentar a la suerte.
— ¡Genial!, en ese caso, síganme— indicó sonriente.
Tan pronto como él y la pelirosa se quedaron solos, Sasuke expulsó de sus pulmones una cantidad de aire que no se había percatado estaba reteniendo.
—Lo lamento— dijo Sakura, encogiéndose de hombros.
—Está bien.
—Por supuesto que no lo está— respondió, contemplándolo por el rabillo del ojo con cierta vergüenza— ¿Son tus compañeros de Taka?
—Asi es— reconoció Sasuke.
—Realmente lo siento, Sasuke-kun. Podemos quedarnos en la posada, contemplé una mientras nos dirigíamos a la tienda.
—No te preocupes, Sakura— intentó tranquilizarla—, todo estará bien.
Era incapaz de continuar evitando lo inevitable. Debía enfrentar sus problemas, y la mejor manera de hacerlo era encarándolos.
— ¿Hay algo más que deba saber antes de que arribemos a ese lugar?
—No son malas personas— echó un vistazo al frente y cuando estuvo seguro de que Suigetsu no los oía, continuó—.Sin embargo, no fui muy bueno con ellos.
—Entiendo— respondió Sakura, prestándole toda la atención, como si cada palabra pudiese contener una respuesta esencial para resolver el enigma que la desconcertaba.
— ¡Dense prisa, tortolos!, ¡A este paso moriremos congelados!— gritó Suigetsu a la lejanía.
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La guarida de Orochimaru ubicada en Shimogakure se situaba en una zona de arbustos bajos y bosques cerca de la aldea, al final de un largo camino rodeado de pinos.
Sasuke dejó escapar un suspiro al cruzar el umbral de la puerta. El sitio continuaba tal y como lo recordaba, con las paredes grises y la decoración austera. Los refugios de su antiguo maestro contaban con los objetos suficientes para saciar las necesidades básicas, nada de lujos o distracciones, lo que le confería al lugar un toque deprimente.
—Sakura— la llamó Sasuke antes de ingresar a la cocina. Sus largos dedos se hundieron en la piel de su brazo, sin causarle daño.
— ¿Qué sucede?— preguntó con calma.
—No tenemos porqué quedarnos aquí— masculló. Las paredes eran delgadas, Suigetsu y Jūgo podrían escuchar de lo que estaban hablando, asi que actuaba cauteloso—.Podemos marcharnos si lo deseas.
—Todo estará bien, Sasuke— le dijo con tono apremiante, al tiempo que con timidez, apartaba la mano del aludido de su hombro para entrelazar sus dedos con los de él.
Su corazón dio un vuelco. Le parecía increíble como con una simple sonrisa lograba apaciguarlo; bastaba con avizorar sus hermosos fanales esmeraldas para reencontrarse con la tranquilidad.
—Jūgo, mira a quien encontré en el camino— anunció Suigetsu al adentrarse en la diminuta estancia.
Sasuke dio un respingo asustado y desenlazó, en un mero acto reflejo, la mano derecha de la de Sakura. Determinado a zanjar el asunto de una vez, siguió los pasos del peliblanco hasta la pequeña habitación. El ambiente era cálido, pero pesado.
Su antiguo compañero de equipo apartó la mirada de sus tareas y la situó sobre los recién llegados, estudiándolos. Si Jūgo estaba entusiasmado su rostro estoico no lo relucía.
—Sasuke-sama, ha pasado mucho tiempo— lo saludó con respeto.
Un escalofrió pasó por toda su espina dorsal. Jūgo y Aoda eran los únicos seres en esa tierra que se dirigían a él con sumo rendibú.
—Jūgo— recitó en respuesta.
El azabache notó como los ojos áureos del pelinaranja vislumbraban con insondable sorpresa a Sakura.
—Jūgo— volvió a citarlo—, ella es Haruno Sakura— explicó, situando la mano sobre la espalda baja de la pelirosa; se percató como sus músculos se tensaban.
Sakura abrió y cerró la boca como un pez, sin poder articular palabra hasta que la expresión implacable del muchacho transmutó en una de calidez.
—Encantada de conocerte, Jūgo-san— resopló, llevando un mechón de cabello detrás de su oreja.
—El gusto es mío, Sakura-san, puedes llamarme solo Jūgo— indicó con una imperceptible sonrisa.
—Pónganse cómodos, no es tan lujoso como la posada, pero estoy seguro que es mejor que pasar la noche acampando en el bosque— espetó el peliblanco—.Esto es para la estufa de leña— le dijo a Jūgo, dejando una bolsa oscura sobre la mesa.
Observó con detenimiento la dinámica entre sus antiguos compañeros y no pudo evitar pensar en los motivos por los cuales los había reclutado. Todos y cada uno de ellos poseían habilidades peculiares que lo ayudarían a cumplir su propósito. Conjeturó que las bases de la relación se cimentaron en el poder, sin embargo, tanto Jūgo como Karin y Suigetsu arriesgaron su vida en más de una ocasión para salvarlo, ¿de qué forma les había pagado?, abandonándolos cuando sus designios cambiaron, dejándolos a su suerte.
Tragó grueso, intentando disipar el nudo atestado en su garganta. Sin lugar a dudas, no merecía eso.
— ¿Quieren un poco de sake?— preguntó el vivaz chico de ojos violetas. Él negó con un ligero movimiento de cabeza.
Alarmado, se percató que la pelirosa se había apartado de su lado para dirigirse con Jūgo. Sus inquietudes acrecentaron al recordar el abrupto cambio de personalidad que sufría el pelinaranja en las situaciones menos esperadas.
— ¿Qué estas preparando?, huele delicioso— recitó Sakura sonriente.
—Trucha asalmonada— respondió.
— ¿Puedo ayudar?
—Por supuesto.
Suigetsu y Sasuke se miraron como niños asustados. A Sakura no parecía preocuparle, pero el azabache no sabía que decir.
Sin más opción, tomó asiento en una silla desocupada, mostrándose más cauteloso de lo habitual.
Se escuchó un leve suspiro proveniente de Suigetsu.
—No tuvimos noticias de ti durante mucho tiempo— comentó con suma trivialidad, como si estuviese hablando de jardinería o el clima.
—Lo sé.
—Asi que…regresaste a la Hoja— agregó, vertiendo más licor en el tokkuri.
La mirada de Sasuke se perdió en la figura de Sakura. Dejó escapar un suspiro cansado, y se percató de que mostrarse a la defensiva no ayudaría a calmar la inquietud de su compañero.
—No podía permanecer lejos de la aldea— dijo con voz sibilante.
El verdadero motivo de su regreso se encontraba frente a ellos: una verdadera molestia de cabello rosado y ojos verdes.
Suigetsu pareció comprenderlo. Lejos de molestarlo, hilvanó una sonrisa media y bebió de golpe el licor de arroz.
—No puedo culparte— masculló—.Al fin y al cabo es tu hogar.
—No solo se trata de eso— sacudió la guedeja azabache—, sino de las personas que están ahí.
Sasuke desvió la mirada y Suigetsu se mantuvo en silencio.
—Mierda— susurró al cabo de un rato—. Definitivamente dejaste atrás ese lado áspero y pérfido, lo sustituiste por uno más suave, ¿acaso fue la pelirosa?
Ignoró el comentario burlón.
Después de una pausa larguísima, la afonía se disipó al escuchar la puerta abrirse. En un gesto casi reflejo, Sasuke se removió en su asiento y clavó la disímil mirada en la recién llegada.
—Mierda, ese maldito bastardo me las va a pagar— gruñó entre dientes, sin prestarle atención a él o a Sakura. Colocó el impermeable empapado sobre el perchero y sacudió la melena rojiza.
La pelirroja no advirtió la presencia de ambos hasta que levantó la mirada del suelo y contempló a Sakura. Inmediatamente su cuerpo se paralizó. Tal vez a su mente llegaban los recuerdos de su primer encuentro, cuando él la lastimó cruelmente, dejando su vida en manos de la ojiverde.
—Karin— la saludó con voz áspera, captando su atención.
—Sa-Sasuke-kun— profirió pasmada.
Entreveró el avistamiento entre la faz inalterable del Uchiha y el rostro sonriente de Sakura. Su pecho efectuó un extraño movimiento de apnea. Recurriendo al último ápice de humanidad restante en ella, retomó la compostura.
—Los encontré en el camino— dijo Suigetsu, sintiéndose en la necesidad de intervenir para disipar la tensión palpable en el ambiente—.Se aproxima una fuerte nevada, asi que los invité a pasar la noche.
—Tal vez la posada habría sido mejor opción. Ya sabes cómo son estos lugares— gesticuló con frialdad.
—Vamos, no seas tan descortés con nuestros invitados— increpó el chico de ojos violetas—.Contamos con una habitación de sobra, estoy seguro que a ninguno de los dos les molestara compartirla, ¿cierto, Sasuke?
Un ligero sonrojo apareció en las mejillas de la pelirosa, al mismo tiempo que él se tensaba.
—Si ambos están de acuerdo con eso, no tengo motivos para intervenir— concluyó ella, irritada.
El pesado silencio perforó los tímpanos de los ahí presentes. Su mano tembló frente a él y ocultó los ojos tras los largos mechones negros que caían al costado de su rostro. Al frente, Sakura se encogió de hombros. Ambos se sentían incomodos; las circunstancias en las que se habían cruzado sus caminos eran sin duda desastrosas.
Sin embargo, el agudo raciocinio que poseía desde pequeño lo llevó a deducir que la desazón de Karin trascendía a la fatídica coyuntura suscitada en la cumbre de los Kages, estaba ligada a los sentimientos, aquellos que nunca pudo corresponder.
—La comida estará lista dentro de unos minutos— anunció Jūgo sin tintes de emoción en su voz.
—Debo almacenar esto en cuanto antes— dijo Karin haciendo ademan de marcharse.
—Karin.
La aludida no aminoró el paso, lejos de detenerse, cruzó el umbral de la puerta hasta precipitarse en la oscuridad del pasillo.
Sasuke miró un instante a Sakura; era la única persona que comprendería la complejidad de la situación.
Aquel encuentro se había tornado más complexo de lo que esperaba.
Al caer la noche, el salón se convirtió en una tienda de acampar con largas sombras. Debido a la impetuosa nevada, la electricidad había desaparecido.
No obstante, aquello no fue impedimento para que Suigetsu enfrascara a Sakura en un intrincado juego de cartas.
Desde la comodidad del sofá, Sasuke avizoraba con detenimiento la escena, divertido. De las cinco partidas consecutivas, Sakura las había ganado todas sin dificultad, llevando al impaciente peliblanco a acusarla de hacer trampa. Como era de esperarse, la pelirosa mantuvo una mueca de estoicismo y aseguró que no lo estaba haciendo, simplemente era muy malo para eso y, tal vez, la próxima ronda tendría más suerte.
—Ese bastardo— siseó Karin.
Con gracia, dejo caer su cuerpo a un costado de Sasuke. Llevaba un pequeño contenedor de sake en la mano izquierda; sus ojos fijos al frente, lejos del rostro del Uchiha.
—Imagine que proseguirías por tu cuenta— dijo él, oteándola por el rabillo del ojo—, detestas a Suigetsu y Jūgo…
—Odio a Suigetsu— corrigió—, Jūgo es un buen compañero. Los tres formamos un buen equipo y ahora que estamos bajo el mando de Orochimaru, todo es distinto.
Sasuke desvió la atención al suelo, sumergiéndose en otro prolongado y exasperante mutismo.
—Asi que, regresaste a Konoha— espetó Karin levantando el tokkuri. Entrecerró los ojos frente al brillo seseante de la vela.
—No del todo. La mayor parte del tiempo estoy fuera.
—Ya veo.
Los dos marcaron otro agobiante silencio que solo era destruido por el rumor de las voces de Sakura y Suigetsu. Sasuke tragó la saliva cuando la mirada de Karin se posó sobre él.
—Karin, yo…— nunca fue bueno con las palabras. Era difícil expresar sus sentimientos, puesto que desde pequeño se vio obligado a reprimirlos, resguardarlos en lo más profundo de su pecho e ignorarlos, porque los shinobis que sentían eran débiles y él no podía permitirse la debilidad—.Sobre lo que sucedió en la cumbre, yo…
Karin suspiró.
—Pensé que ya te habías disculpado— un destelló de dolorosa sorpresa surcó sus ojos carmín.
—Las palabras no borraran la magnitud de mis actos— replicó Sasuke.
—Por supuesto que no— susurró incrédula—.Ya te había perdonado desde hace mucho tiempo, todos lo hicimos.
El corazón le golpeó las costillas.
Ahora fue el turno de ella en desviar la mirada. Sus escarlatas se posaron en Sakura. La diligente ninja medico reía al atisbar el rostro contrariado de Suigetsu.
—Estás enamorado de ella, ¿no?
Incapaz de contener la impresión, abrió los ojos de par en par.
—No necesitas explicarlo— dijo con cierta decepción, abatida—, puedo ver que babeas por ella. Es una elección peculiar, ¿sabes?, pero es una buena chica.
La risa de Sakura reverbero por la habitación.
«Enamorado», repitió. Tal sentimiento era un camino difícil, una forma de entenderse a sí mismo. Al verla con las mejillas coloradas y riendo, se juró que ella lo amaba de la forma en que anhelaba ser querido.
—Sakura me salvó— mascullo sin pensarlo. Sus palabras eran una declaración absoluta de amor.
Al atisbar a Karin de reojo, se percató de su sonrisa, una extraña mezcla de felicidad y nostalgia, de aceptación y resignación.
—Bueno, claramente has elegido tu camino— dijo en un suspiro—, no sé si es una chica afortunada o desgraciada, tal vez sea ambas.
Sasuke asintió en silencio.
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Al adentrarse en la habitación, el azabache no puede evitar percatarse que todo sigue igual. Las paredes son las mismas, la cama amplia situada en el medio; la cómoda y las mesitas de noche, impersonales. Todo seguía tal cual como lo recordaba.
Insegura, Sakura penetra en la estancia; sus pasos son pausados y premeditados, reticente, como si no quisiera estar ahí. El lugar era sombrío y deprimente. Además, pertenecía a uno de sus más grandes enemigos, asi que no era de extrañarse que sintiera animadversión por todo lo que estuviera relacionado con Orochimaru.
—Todos se mostraron bastante agradables— dijo. Tomó asiento al borde de la cama y situó las manos sobre su regazo.
—Intenta pasar más de dos meses con ellos y cambiaras de opinión— cerró la puerta detrás de él. Sakura dejó escapar una risa queda.
— ¿Hablaste con Karin?— cuestionó, arqueando una ceja.
—Lo hice.
— ¿Y?, ¿Qué fue lo que sucedió?— quiso saber, dedicándole una mirada atestada de expectación.
—Creo que arreglamos nuestras diferencias— respondió.
—Eso es maravilloso— dijo Sakura, sonriendo—.Eres importante para ellos.
Guardó silencio.
Paseó la mirada por la habitación. Karin no bromeaba cuando dijo que era pequeña y gélida.
Sumidos en las tinieblas, Sakura se encargó de encender las consumidas velas que Suigetsu les había entregado minutos atrás; la luz tintineante iluminó precariamente la estancia.
—Oh— masculló como si un recuerdo se le viniera a la mente de repente—.Tengo un obsequio para ti. Creo que acerté con la talla, sin embargo, tuve que arreglar algunos detalles, por eso demore tanto.
Él se sobresaltó. Siguió todos y cada uno de sus movientes con sus ojos vigilantes; comenzaba a habituarse a la penumbra.
—No debiste hacerlo— espetó.
Sakura puso los ojos en blanco y sonrió, dejando pasar su comentario.
—Es un pequeño presente, nada extravagante o lujoso— explicó al mismo tiempo que situaba la tela oscura sobre su mano.
Tras analizar superficialmente la textura, tamaño y forma, se percató que era una capa nueva, mucho más gruesa y nueva. El color azabache de la tela se mezclaba con la oscuridad de la habitación. Era pesada, pero práctica. Sin lugar a dudas, aquella pieza lo protegería del clima impetuoso de las montañas.
—No pude evitar percatarme que la tuya estaba rota, asi que decidí comprarte una nueva. Habría hecho los arreglos por mi cuenta, se suturar, supongo que es similar— balbuceó. Estaba nerviosa—.Hace tiempo intenté tejer una bufanda y fracasé, mis manos son un desastre para eso.
Decidido a frenar la ofuscación de la pelirosa, colocó la capa sobre la cama y dirigió la atención a ella. Aprovechando que tenía la guardia baja, tomó su mano; sus dedos estaban fríos, tal vez un poco entumecidos.
Sakura dio un respingo. Sus ojos brillaban como dos luceros en la bruma del firmamento.
—Sakura, gracias— dijo. El sonrojo alcanzó sus mejillas. Había encontrado la fórmula para dejarla sin habla. —Tus manos son perfectas.
El rubor ascendió por su níveo cuello hasta la raíz de su cabello.
Sasuke realizó un esfuerzo sobrehumano para no reír. Su madre había acertado al conjeturar que Sakura se convertiría en una mujer hermosa. Detrás de la finta de chica ruda, se escondía una joven tímida, inocente, que enrojecía con cada ínfimo roce, y parecía que iba a derrumbarse como una casa de naipes cada vez que la miraba.
Gracias a la cercanía, permitió que sus ojos dispares viajaran desde los brillantes fanales esmeraldas hasta sus labios ligeramente entreabiertos por la impresión. Deslizó los dedos por la tersa piel de su antebrazo, al mismo tiempo que acortaba la distancia entre sus cuerpos.
Instintivamente, Sakura llevó una mano hasta su pecho. Estrujó la tela de la camisa bajo sus dedos, notando como el calor comenzaba a filtrarse por la fina barrera.
No tenía la menor idea de lo que estaba haciendo, era como si cuerpo cobrara vida propia y actuara por su cuenta, sin pedirle permiso.
La proximidad no era extraña entre ellos, pero esta vez, había algo distinto. El impetuoso deseo de tocarla entorpecía sus procesos neuronales; la falta de oxígeno impedía que las células de su cerebro realizaran sus labores apropiadamente. Se sentía atraído a ella como un adolescente, a pesar de que la proximidad sumió a Sakura en un sonrojo incontrolable.
Deseaba besarla, degustarla. Anhelaba probar el dulce néctar de sus labios.
Cualquier acción que se hubiese propuesto realizar se vio interrumpida cuando alguien llamó a la puerta. Ella se apartó de inmediato, como si los hubiesen descubierto haciendo algo malo. Sasuke maldijo internamente.
Resignado, dirigió el andar hacia la portezuela.
—Espero que no sea un mal momento— dijo Suigetsu mientras lanzaba una mirada sobre su hombro.
El pelinegro estrujó los parpados. Un ínfimo atisbo de raciocinio logró imponerse a sus instintos asesinos. Apuñó la mano al costado de su cuerpo como una forma de controlar el impulso de borrar a golpes la sonrisa socarrona del peliblanco.
— ¿Qué sucede?— cuestionó, impaciente.
—Tenemos algunos problemas con el generador. Jūgo ya está encargándose de eso, pero nos vendría bien tu ayuda, ¿sabes?, puedes acudir a tus asombrosas técnicas rayo para agilizar el trabajo.
Dubitativo, Sasuke contempló a Sakura por encima de su hombro. No deseaba dejarla sola en ese lugar.
—Estaré bien— profirió perentoria, acentuando el rubor en sus mejillas.
—No tardaremos, te lo aseguro— insistió en un susurro—.Lo traeré tan pronto como termines de decir pastel de moras— agregó, dirigiéndose a Sakura.
Sin poder evitarlo, ella bosquejó una sonrisa particularmente incauta. Acto seguido, él abandonó la habitación.
…
En la atmosfera gélida de la alcoba, Sasuke clavó la mirada en el techo; le gustaría descansar, dormir, pero estaba demasiado fatigado y su lecho era incómodo.
La temperatura había descendido en las últimas horas; por más que aferrara las cobijas a su cuerpo, continuaba temblando; los dientes le castañeaban y sentía los dedos entumecidos por el frio.
—Sasuke-kun.
La voz de Sakura brotó en medio de la penumbra; tímida y lejana.
— ¿Hmp?— cuestionó. De nada servía dirigir la mirada hacia la cama. El sitio estaba completamente oscuro.
Al cabo de un par de segundos de cavilación, la escuchó suspirar.
Ninguno de los dos lograba conciliar el sueño. El frio invernal se filtraba a través de las paredes de piedra. Sasuke estaba helado, pequeños escalofríos recorrían su piel cada par de minutos, como si hubiese un agujero en su saco de dormir, permitiendo que la corriente de aire gélido se filtrara por debajo de su espalda.
—La cama es enorme, podemos compartirla— espetó; un pequeño temblor se filtró en su voz.
Él se congeló, no muy seguro de haber escuchado bien. Tal vez se encontraba inmerso en un sueño. La idea de estar cerca de ella envió cálidas vibraciones por todo su sistema nervioso.
Durante todo el viaje, ambos habían dormido en la misma habitación, incluso, antes de comenzar la travesía, los dos estaban habituados a su presencia. Sin embargo, estaba consciente de la propuesta; una cosa era dormir en la misma alcoba, y otra compartir la cama.
De solo imaginar la proximidad de sus cuerpos, enrojeció como un niño pequeño.
—Sakura, yo, ¿estas segura?— cuestionó desconcertado.
—S-si— replicó.
—No quiero incomodarte.
—No lo harás— rebatió, sonando más segura y determinada—.Nos conocemos desde pequeños, además, solo es una cama.
Lo que su brillante compañera pelirosada ignoraba era que la deseaba con intensidad injustificada. Anhelaba mucho más que su cuerpo, pretendía apoderarse de esa figura imprecisa y luminosa que había en su interior.
Realizó un esfuerzo sobrehumano para reunir el coraje y la madurez necesaria para ponerse de pie. Envuelto en el saco de dormir, se acercó a la cama. Sakura se removió entre las cobijas para darle el espacio suficiente. Dubitativo, se deslizó entre las mandas, bajo el calor agradable. Intentó no suspirar muy fuerte. Sin lugar a dudas, aquel espacio era mil veces mejor que morir congelado en el suelo.
Sintiéndose un poco incómodo para dormir, reclinó la parte superior del cuerpo contra la cabecera, situando el brazo sobre su abdomen. Contempló de reojo a Sakura; yacía recostada sobre el colchón, con la mirada fija en el techo, sus dedos se entrecruzaban a causa del nerviosismo al mismo tiempo que mordía su labio inferior.
— ¿Mejor?— cuestionó débilmente; su voz perdiéndose en el eco de la habitación.
—Si— resopló.
Mientras yacía en la bruma de la habitación, se dijo a si mismo que estar ahí con ella era estar a salvo. Le gustaría que hubiera alguna luz encendida, asi que debía conformarse con el resplandor de la vela que llegaba desde abajo, permitiéndole contemplar la mitad de su delicado y aristocrático rostro.
Su corazón dio un vuelco, la respiración se le solidifico en los pulmones al sentir la ardorosa mano de Sakura posarse sobre la suya. En respuesta, él enrojeció hasta la raíz del pelo.
—Estas temblando— sentenció con esa categórica inflexión que era capaz de persuadir a cualquiera a cumplir sus deseos.
—Pronto pasara— intentó asegurarle; la voz gutural.
El silencio que se instaló alrededor de ellos distaba de ser incomodo, aun cuando las palabras quedaron suspendidas en el aire, condensadas en su aliento.
— ¿Te molesta si me acerco un poco?— preguntó, irresoluta. Sus ojos verdes brillaban.
Sasuke reflexionó un momento, su cabeza permanecía ligeramente inclinada hacia un costado, boicoteando la mirada inquisitiva de la pelirosa. No era un hombre de dejarse amedrentar por la belleza arrebatadora de las chicas, por las sonrisas tímidas o las miradas sugestivas, sin embargo, con Sakura todo era distinto. Se sentía paulatinamente seducido por la kunoichi. No recordaba haber estado interesado en alguien en el lapso de su vida, hasta que apareció ella, con su estrafalario cabello rosado y sus brillantes y redondos ojos esmeraldas.
—Olvidado, fue imprudente de mi parte— Sakura lo miró con una pequeña sugerencia de que estaba esforzándose para no lucir decepcionada.
—No— respondió de inmediato, más rápido de lo que pretendía. La negativa era un ruego quedo—.Quiero que lo hagas, pero, ¿te sentirías cómoda con eso?
—Si— respondió, boicoteando su mirada.
Fue entonces que ella se acercó instintivamente; el tiempo retomó su curso vertiginosamente. Se detuvo a lado de él, a escasos centímetros de su figura bien trabajada. La duda surcó sus facciones, pero tan rápido como la imprecisión se instaló en su mente, recostó la cabeza sobre su pecho, a la vez que el delgado brazo se escurría alrededor de su cintura.
Sasuke contuvo la respiración. Poseído por la mortal necesidad de tocarla, dejó caer la mano encima del antebrazo, trazando patrones inteligibles sobre el terso lienzo con la punta de sus dedos.
Estaba seguro de que Sakura podía escuchar el errático palpitar de su corazón desbocado, mas no dijo nada al respecto. El exquisito aroma que emanaba de su cuerpo embriagaba sus sentidos. Aquella chica le hacía palpitar la cabeza.
—Esto es extraño— sus labios se curvaron lentamente en una sonrisa sincera—, pero no de una mala manera— agregó, notando como su cuerpo comenzaba a relajarse— ¿Habías hecho esto antes?
Sasuke giró la cabeza y se encontró con su mirada. Soltó el aire atrapado en su pecho; el corazón le fallaba entre los pulmones y, por un momento, pensó que iba a desfallecer. Los fanales esmeraldas centelleaban en la oscuridad con la misma intensidad de mil soles.
—No— contestó.
— ¿Hablas en serio?— preguntó incrédula, arqueando una delgada ceja a causa de la conmoción.
— ¿Por qué no lo haría?
Sakura parpadeó sin entender; apenada, se encogió de hombros al mismo tiempo que aprisionaba el labio inferior entre sus dientes.
—Bueno, siempre fuiste el centro de atención de todas las chicas de la academia, asi que pensé que tal vez tu…— la frase quedó incompleta y las palabras flotaron en el aire.
No necesitaba ser un genio para comprender lo que estaba diciendo, sin embargo, la conjetura de Sakura era más que errada. Jamás prestó atención a los encantos femeninos, aun cuando algunas chicas se lanzaban a sus brazos descaradamente, buscando cautivarlo. No.
—Vaya prejuicio— suspiró.
—Solamente estoy mencionando lo obvio— rió Sakura, removiéndose bajo las frazadas.
—Entonces, ¿crees que soy apuesto?— cuestionó, enarcando una delgada ceja azabache, contemplándola con genuino interés.
La sangre se le precipitó al rostro y las mejillas de Sakura se encendieron en un abrupto sonrojo. La mueca ofuscada desapareció cuando ella golpeó ligeramente su hombro.
—Eres bueno para apreciar los detalles, las grietas, pero un tonto para contemplar lo que es obvio.
El silencio se prolongó durante un momento; sus ojos eran suaves, pero penetrantes. Una cálida sonrisa llegó a sus labios.
Cuando ninguno de los dos dijo nada es durante casi un minuto, Sasuke preguntó:
— ¿Tu lo hiciste?— quiso saber, temeroso de conocer la respuesta.
Ella elevó la mirada para encontrarse con la del azabache.
—Solo una vez— admitió abatida—.Fue durante una misión. Kakashi nos envió a mí y a Nauta al país del Hierro, la única posada del lugar no contaba con cuartos disponibles, asi que decidimos acampar en el bosque. Afuera hacia viene y nevaba, nos vimos obligados a dormir en la misma tienda.
Sasuke observaba atentamente a Sakura. Prestaba atención a cada una de sus palabras, como si pudiesen contener un significado oculto.
«Ese bastardo», rumió para sus adentros.
—No creo que el pobre haya dormido esa noche en lo absoluto, estaba demasiado asustado para acercarse a mí— dijo divertida.
La habitación volvió a quedar en mutismo. La cuestión era que ya no quería apartarse de su lado, ni escapar. Deseaba quedarse ahí, con Sakura, donde pudiera estar con ella.
—Podría acostumbrarme a esto—susurró Sakura por lo bajo. El cansancio se apoderaba de ella, disipando el insomnio.
—Yo también— murmuró el Uchiha.
«Me quedaría mil años a tu lado», reconocía aquella confesión como una especie de alarde. Había en ella algo de orgullo, puesto que demostraba lo extremo de su situación, la intensidad de sus sentimientos.
Consiente de su respiración casi silenciosa, notó el débil pulso de chakra que resonaba como el de él, interconectados, como si la naturaleza dijera que ambos iban a estar juntos durante mucho tiempo.
Quería que fuera cierto.
Continuara
N/A: Lamento la demora: 3, desaparecí más tiempo de lo planeado, pero estoy de regreso con un capitulo nuevo :D
Una de las razones por las que tardé tanto fue porque realicé algunas modificaciones a la historia, nada extravagante como un plot-twist o algo por el estilo, solo la corrección y adición de algunas escenas, ya verán de lo que hablo.
Sobre los acontecimientos de este capítulo, siempre me ha parecido fascinante el hecho de que Karin hubiese ayudado a Sakura a dar a luz, es increíble como su relación progresó, tomando en cuenta la forma en la que comenzó, es algo como started from the bottom now we here, asi que opté por plasmar la interaccion entre Taka y Sakura.
Mientras leía Sasuke Retsuden, me percaté de que gran parte de la interaccion romántica o al menos del contacto, es propiciada por Sasuke y eso me encanta. Asi que, puede parecer extraño, pero tengo la certeza de que en esta relación Sakura es la tímida :3
Les pido disculpas si esperaban un beso… estoy tomándome mi tiempo para hacerlo perfecto, asi que espero que estén preparadas para todo el romanticismo que se viene :D
Como siempre, mil gracias por leer, en verdad, espero de todo corazón que el tiempo que dedican a esta historia sea bien recompensado 3, también, muchísimas gracias por sus reviews, tomo en cuenta todos y cada uno de sus bonitos comentarios que, sin duda alguna, me ayudan a continuar con este fic.
Sin nada más que añadir, les envió un fuerte abrazo donde quiera que se encuentren, ¡cuídense mucho!, espero leerlos pronto.
¡Hasta la próxima! ¡Besos!
Shekb ma Shieraki anni
