Disclaimer: Los personajes y el universo donde se desarrolla esta historia no me pertenecen ni son creaciones mías, todo es obra del gran Masashi Kishimoto.
Ikigai
Capítulo 9: El ultimo secreto
Tras desplazarse durante horas por los intrincados senderos rocosos de la frontera entre Iwagakure y Amegakure, Sasuke tenía la cabellera empapada; los mechones se pegaban a su frente, e imaginaba el aspecto descuidado que debía tener, pero eso nunca le había importado en lo absoluto. La lluvia que caía a medida que se adentraban en la aldea era suave y cálida.
—Estoy empapado– se quejó Naruto a sus espaldas –. Calado hasta los huesos. – Los rodeaba un prado despejado, el golpeteo constante de la lluvia en la tierra se acompasaba con el chapoteo de sus sandalias en el lodo del camino–. Dudo que encontremos un lugar apropiado para hacer una fogata y calentar la cena.
–Nos quedaremos en una posada, hay una en la próxima encrucijada– le dijo él, esperando acallar durante un minuto o más los incesantes lamentos de su estrambótico compañero.
Había dormido en ese lugar más de una vez, mientras deambulaba por esa zona en su viaje de redención. Recordaba a la perfección aquella taberna, y a una mujer regordeta llamada Hiraoka, que fumaba tabaco de una pipa día y noche, y parecía tener una provisión inagotable de sonrisas.
–Nos vendría bien un lecho cómodo y una cena caliente, estoy cansado de dormir en el suelo y comer bayas – dijo el rubio.
Incapaz de contenerse, el azabache puso los ojos en blanco, sin lugar a dudas, Uzumaki Naruto era un caso perdido.
El diluvio oscurecía los campos más allá de la encrucijada, pero Sasuke veía en sus recuerdos los valles fértiles y bosques frondosos, cerca de las Villas prosperas. Anhelaba deambula en silencio una vez más. Encontrarse con su mejor amigo después de un año era, en cierta, forma, agradable. No iba a admitirlo en voz alta, la nostalgia que sentía era un secreto que jamás revelaría. En sus noches de soledad, proyectaba como seria todo cuando llegara el momento de retornar a la aldea, su hogar, el sitio donde se encontraba la única razón por la cual la luchar: Haruno Sakura.
–¡Ahí esta! – exclamó el rubio en un tono casi estridente, acabando con las erráticas cavilaciones del Uchiha.
La posada frente a ellos era un gran edificio de piedra clara, tenía dos plantas, contaba con el espacio suficiente para albergar a los viajeros que transitaban por el desolado camino a las faldas de las montañas.
–Naruto, no bajes la guardia– le recordó en voz baja asegurándose que nadie a su alrededor les prestaba atención–. Recuerda que la misión finaliza hasta que el reporte este en las manos de Kakashi-sensei.
–Tranquilo, Sasuke, solo verán a un par de viajeros manchados de barro, empapados y cansados. Si hay un enemigo cerca ni se les pasaría por la cabeza que alguno de nosotros es un ninja de elite. No pasara nada si entramos a la posada.
Era de noche cuando arribaron a la posada, situada en la frontera al norte de la gran confluencia del país del fuego. La dueña del lugar estaba más gruesa y arcaica de como la recordaba Sasuke, y continuaba lanzando grandes bocanadas de humo, como si se tratase de una chimenea. Cuando los contempló a duras penas les dedico una sonrisa somera, sin rastros de efusiva amabilidad.
–Solo me quedan dos habitaciones en la planta de arriba– dijo con la pipa entre los labios.
Lejos de solicitar lujos u otras amenidades, optaron por las habitaciones; un par de aposentos polvorientos en la cima de una escalera estrecha y destartalada.
La sala común era alargada y estaba llena de comensales. En el extremo derecho se ubicaba una hilera de toneles de madera y en el otro una chimenea. Un joven mozo corría de un lado a otro con bandejas atestadas de comida y bebidas, mientras que la anfitriona sacaba cerveza de los barriles sin dejar de fumar.
Los bancos estaban abarrotados; aldeanos, granjeros y comerciantes se mezclaban sin problema con todo tipo de viajeros. Sin embargo, entre los comensales había demasiados shinobis para el gusto de Sasuke. Junto a la chimenea se sentaban tres que lucían el hitae ate de Kumogakure.
Naruto localizó un par de lugares vacíos en el banco más cercano a la cocina. Al llegar a los asientos, se sacó la lóbrega capa y luego de guindarla en el respaldo de la silla dejo caer su cuerpo cansado y magullado.
–Estoy agotado– recitó Naruto a la par que expulsaba un suspiro–, ojalá Sakura-chan estuviera aquí para curarnos.
Los músculos de la espalda del pelinegro se tensaron ante la sencilla mención del nombre de su antigua compañera. Había transcurrido más de un año desde que comenzó su viaje de redención, trecientos sesenta y cinco días desde que él le prometió que regresaría, cuando sus heridas hubiesen sanado y él estuviera preparado para recibir el amor que claramente no merecía.
Sasuke permaneció en silencio. El rumor de las risas y el bisbiseo de las conversaciones retumbaban entre las paredes hasta componer una cacofonía ensordecedora. El camarero, un adolescente sudoroso que no parecía lo suficientemente mayor como para trabajar ahí, se acercó a la mesa para tomar la orden de los recién llegados.
–Tomaremos el menú del día, por favor. Y sake caliente.
El Uchiha por fin rompió el silencio.
–Pensé que no bebías– arqueó una ceja.
–No lo hago, pero la ocasión lo amerita, ¿no lo crees?
El joven regresó al cabo de unos minutos con dos cuencos de suimono y un par de platos de tonkatsu. Tan pronto como el joven mozo estuvo a distancia del oído, Sasuke preguntó:
–¿Cómo se encuentra ella?, me refiero a Sakura.
El aspaviento rebuscado de Naruto estuvo secundado por una mueca de innegable estupor. El chico no podía dar crédito a lo que sus oídos percibían, sin embargo, no era tan descabellado que Sasuke se interesara por Sakura, a final de cuentas también eran compañeros.
–Estupenda– declaró, tragando grueso para pasar el bolo alimenticio atascado en su garganta–. Ella es magnifica, ¿sabes?, Tsunade-sama va a retirarse pronto, así que probablemente tome las riendas del hospital.
Pese a que la alegría no se vio reflejada en sus facciones, Naruto detectó, gracias a la tenue luz de la lámpara, la imperceptible curvatura en la comisura de sus labios, hilvanando una sonrisa media.
Ambos estaban orgullosos de los triunfos de Sakura. En contraposición a ellos, la pelirosa contaba con todas las cualidades que se precisaban para catalogarse como una genio. Tanto él como Naruto solo eran dos idiotas que sabían luchar, pero su compañera los sobrepasaba en otras esferas.
–No para de trabajar, es como una abeja atareada, pasa todo el día en el hospital y rara vez puedo charlar con ella– continuó el rubio con deje de congoja.
–Definitivamente suena como Sakura– resopló.
Los dos aprovecharon el mutismo momentáneo para degustar la cena.
–Sakura-chan esta esperando por ti– dijo el Uzumaki con naturalidad–, aunque no lo admita en voz alta, muy en el fondo se que aguarda tu regreso.
–No la merezco– admitió con amargura.
–Definitivamente no– se encogió de hombros–. Sin embargo, el amor no se trata de merecer.
Sasuke hizo una pausa por un momento, tratando de decidir que responder.
–Siempre sentiste algo por ella, ¿no es así? – cuestionó, cauteloso, estaba adentrándose en un terreno delicado.
Los sentimientos de Naruto hacia Sakura nunca fueron un secreto para el perceptivo Uchiha, sabía al dedillo que su mejor amigo estaba perdidamente enamorado de ella.
—¿Acaso tu no? – murmuró achicando los ojos en señal de sospecha.
–No estamos hablando de mi.
Sasuke no mostró ninguna expresión. No estaba de ánimos para charlar sobre un tema que todavía intentaba entender.
–Siempre estuve enamorado de Sakura-chan, la quiero– admitió Naruto, tardíamente. Su replica parecía precedida por una remembranza–. La he amado desde el momento que la conocí, no pude evitarlo– su rostro se ensombreció–, sin embargo, comprendí que ella no podía amarme de la forma en que yo lo quería, no como te ama a ti. Supongo que en esta batalla no fui el vencedor.
Sasuke tragó grueso, nervioso. Contemplar a Naruto en esa situación era doloroso. Su madre solía decirle que, en las cuestiones del corazón, el buen juicio importaba poco.
Por más que le costara admitirlo, tenia la certeza de que el chico postrado frente él era mil veces mejor para Sakura. Naruto se había convertido en un joven respetado, admirado por los aldeanos que alguna vez lo despreciaron, un héroe de guerra bondadoso, afable, devoto a sus ideales, persistente. En cuanto a él, su vida estaba llena de dolor. Durante mucho tiempo transitó por el sendero equivocado, realizó actos imperdonables tal como lo haría un criminal de guerra de su calaña. No era nada más que un traidor, no solo hacia con su villa, sino también hacia los ideales de su hermano…a sus amigos. Lo rodeaba un velo que solo traía dolor; no dejaría que Sakura sufriera.
–¿Por qué te diste por vencido? – se atrevió a preguntar.
Una expresión desazonada enfiló el talente del Uzumaki.
–No tienes que aparentar conmigo, teme. Se que tu también la quieres, solamente estas demasiado asustado y confundido para admitirlo, pero siempre lo has hecho. Ustedes están destinados a estar juntos. Lo supe desde aquella vez que los vi en el hospital, después de que Itachi apareciera en la aldea . – Incapaz de proseguir la charla sin un poco de alcohol, alcanzó la botella de cerámica y sirvió dos tragos, uno para él y otro para el azabache –. Cuando despertaste, Sakura no dejaba de llorar…la forma en la que corrió a abrazarte fue suficiente aliciente para darme cuenta de lo mucho que ella te amaba y que jamás lograria corresponderme.
Naruto contempló la luna al otro lado de la ventana. Era más grande y brillante a medida que se adentraba la noche.
–En ese momento te odie tanto– confesó, bebiendo de un trago el sake que había demorado más en servir que en ingerir. Arrugó la nariz en señal de disgusto.
–Tuve la esperanza de que, en algún momento, durante tu ausencia, sus sentimientos cambiaran– volvió a verter otra generosa cantidad de sake en su tokkuri–. Sucedió en el País del Hierro… ella me dijo que me amaba y, por un momento, sentí que era cierto. No obstante, sabia que estaba engañándose a si misma y eso fue doloroso, solo decía eso con tal de detenerme, hacerme desistir en mi lucha de ir tras de ti para traerte de regreso a la aldea.
El corazón le golpeó las costillas a Sasuke. Sentía como la herida a su costado latía al compas del errático y convulso palpitar contenido en su caja torácica, tirando desde lo más profundo de su garganta hasta la punta de los dedos de los pies. Naruto enmudeció y nuevamente clavó la mirada cerúlea en la ventana. Él, sin saber que decir, tomó un sorbo de sake.
–Su confesión era falsa, lo sabia, sus sentimientos no podían cambiar de la noche a la mañana. – Naruto aspiró una bocanada de aire y lo expulsó. Flexionó varias veces el cuello y pasó una mano por su cabellera corta y alborotada–. Ella solo quería evitar que ambos termináramos destruyéndonos, liberarme de la promesa que le hice sobre llevarte de regreso a la aldea.
–Naruto, yo…– intentó hablar; la garganta seca y extrañamente estrecha, permitiéndole a duras penas recitar palabra.
–No me interrumpas, aun no he finalizado– le ordenó, bebiendo de golpe el ultimo rastro de licor. Sus mejillas comenzaban a enrojecerse y arrastraba la lengua a medida que hablaba, el alcohol estaba haciendo de las suyas –. Al inicio me sentí herido, pero después de un tiempo me percaté que el amor que sienten el uno por el otro es genuino. Sakura-chan jamás iba a contemplarle de la forma en que te contempla ti…jamás iba a amarme de la manera en que te ama a ti.
Había escuchado a Naruto con sumo cuidado, atento a cada silaba que surgía de su boca. Mas no fueron las oraciones lo que sus agudos sentidos captaron. De una forma inexplicable, Sasuke notó como el desconsuelo de apoderaba de él, la manera en la que el resentimiento oculto en lo más profundo de su ser brotara como la sangre de una herida abierta.
–Naruto, yo, realmente lo siento– se disculpó. No había forma de remedirlo, la situación estaba fuera de sus manos, pero por alguna extraña razón sentía la impetuosa necesidad de solicitar su perdón, o tal vez su permiso; esa pequeña bendición que lo ayudaría a admitir todo lo que sentía por Sakura sin que la culpa se apoderara de él.
El aludido negó con la cabeza y esbozó una sonrisa.
–No lo hagas, eres un bastardo con suerte– espetó–. Espero que pronto acudas a visitarla, quizá deberías intercambiar correspondencia con ella o pasar más tiempo en la aldea.
Naruto rió. Sasuke se sintió aliviado; era una señal de que las nubes de congoja se habían disipado.
–Así que, no tienes problemas con el hecho de que yo este con Sakura, ¿cierto?
–¿Acaso no escuchaste todo lo que dije, teme? – preguntó Naruto mientras terminaba su ultima porción de cerdo empanizado–¿Tu quieres estar con ella? – quiso saber.
El azabache asintió con un ligero movimiento de cabeza.
–En ese caso, no tengo ningún problema– Naruto negó–. Pero déjame advertirte una cosa– amenazó, señalándolo con los palillos de madera a la par que achichaba los ojos en un gesto acusatorio–. Si la lastimas o la haces llorar llamándola molestia o tratándola mal, no dudare en patearte el trasero otra vez, o puede que ella lo haga, eso seria divertido de ver.
Sasuke puso los ojos en blanco.
–Eso quisieras, usuratonkachi– murmuró, retornando la atención a su cena.
–Te lo digo en serio, deberías escuchar mis consejos y actuar rápido, Sakura-chan no esperara por ti toda la vida.
–Le prometí que regresaría con ella– dijo Sasuke. Hablar de esas cosas, incluso con su mejor amigo, lo hacia sentir incomodo.
Naruto continuó.
–Nada me gustaría más que velos felices a los dos, juntos.
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El mundo estaba sumido en absoluto silencio en una bruma que olía a sauce, tierra y polvo. Sasuke se llenó los pulmones de vivificante aire, intentando acompasar la respiración agitada. Su corazón convulsionaba errático entre los confines de la caja torácica y el pulso retumbaba detrás de sus globos oculares. Se encontraba involucrado en el combate de entrenamiento más difícil de su vida.
Enervado por el gasto de chakra y jadeante por el constante movimiento, echó un vistazo por encima de su hombro tratando de localizar a su oponente bajo la capa de polvo y tierra que horadaba la superficie. No había rastro de Sakura, lo cual era una buena señal. Debía aprovechar ese momento para reestructurar su plan de ataque si pretendía ganar.
En medio del respiro momentáneo, el Uchiha salió de su escondite con la mano en la empuñadura de la katana, buscando con sus agudos sentidos cualquier ínfimo atisbo que revelara la ubicación de su acérrima contrincante.
Estaban entrenando el bosque, Sasuke creía que aquella estrategia iría en contra de la paciencia de Sakura. Sabia al dedillo que la pelirosa prefería los combates cara a cara, nada de improvisaciones o elementos sorpresa, todo se basaba en la rapidez de los movimientos y la fuerza de los golpes. Ambos habían acordado no involucrar ninjutsus, o cualquier truco de academia, los dos eran considerados shinobis de elite, legítimos herederos del legado de sus maestros, por lo que concluyeron que eran lo suficientemente capaces para defenderse con verdaderas técnicas de combate.
Fue así que, pese a la reticencia del pelinegro, iniciaron un juego de persecución que parecía interminable. Subestimar a Sakura era una de las cosas más ingenuas que podía hacer, la pelirosa era demasiado rápida y silenciosa; una verdadera asesina. Había decidido no jugar limpio, salir de los parámetros hasta llevarlo a conocer sus limites y darle a probar una cucharada de su propia medicina. Tenía la certeza de que no dudaría en asestarle un golpe cuando la oportunidad llegara, aun si eso implicaba dejarlo al borde de la muerte.
Esa mañana logró hacerlo sudar. Incluso, en un parpadeó, consiguió arañarle el pómulo con un mortífero combo de taijutsu, el cual, logró detener gracias a las habilidades que le conferían sus poderosos ojos. En ese instante no había cabida para los sentimentalismos.
Dio un respingo asustado al escuchar el leve crujido del follaje a sus espaldas. Empuñó la mano al arma, probablemente se trataba de un animal, pero no era seguro quedarse más tiempo, necesitaba encontrar un escondite para emboscar a Sakura con facilidad.
Dispuesto a continuar con su plan, apartó el brazo de la empuñadura y dio un paso hacia el frente; las hojas secas y la tierra crepitaron bajo la planta de sus pies.
En un parpadeó, la kunoichi abandonó su escondite y se lanzó a la carga. Acudiendo al poderoso dojustsu de su clan, detuvo de milagro la patada que iba directamente a su torso; el golpe estaba ligeramente cargado de chakra, no del suficiente para romperle un hueso o matarlo, pero si el necesario para causarle dolor e incomodidad.
Resuelto, aprovechó la ligera distracción de su compañera para tomarla del cuello y empujarla contra el tronco del árbol, de su boca escapó un quejido indignado, podía ver la furia reflejada en su mirada, tan clara y transparente como las aguas de un rio cristalino. Se retorcía entre su agarre; lejos de darse por vencida, intentó propinarle un codazo en la cara, pero el estrujó con más fuerza, manteniéndola aprisionada entre la corteza áspera y su cálido cuerpo.
–Eres muy lenta, Sakura– paladeó con suavidad. La comisura de sus labios se alzó hasta formar una sonrisa sardónica.
–Engreído– masculló. La punta de sus dedos se clavó dolorosamente en la carne de su antebrazo.
Antes de que tuviera el tiempo suficiente para responder, Sakura lo apartó con un violento empujón, haciéndolo trastabillar.
Cuando ella se colocó sobre su cuerpo, aprisionándolo entre sus muslos, Sasuke se le quedó mirando con los ojos dispar llenos de incredulidad. Al percatarse de su sorpresa, sonrió victoriosa.
Incapaz de darse por vencido, intentó darse la vuelta, pero ella lo retuvo apoyando una mano sobre su pecho. A Sasuke se le cortó la respiración como si el aire estuviese atascado en sus pulmones. Mientras boqueaba, el pánico de encontrarse en esa comprometedora posición enturbió sus procesos mentales, decreciendo su capacidad neuronal a valores realmente mediocres.
El mundo de Sasuke era un lugar diferente desde su primer beso con Sakura. Jamás pensó que esas muestras de afecto podrían cambiar algo en su interior, no obstante, una vez más, la vida se encargaba de demostrarle que estaba equivocado.
Durante sus años de entrenamiento con Orochimaru, nunca permitió que los arrebatos hormonales dominaran su buen juicio. El romance y las relaciones tenían un lugar insignificante en su plan de vida, por lo que jamás prestó atención a los atributos del cuerpo femenino. Suigetsu solía reprocharle tal falta de interés, asegurando que era un asexuado y que algo realmente malo ocurría con él. Lejos de molestarse, optaba por ignorar los tediosos sermones de su compañero y enfocarse en lo que verdaderamente importaba: la venganza.
Sin embargo, aquellas coyunturas formaban parte de su pasado y no tenían cabida en el presente.
En la vida concibió que se sentiría de esa forma; aquel ínfimo tacto era estimulo suficiente para despertar en él aquel instinto primitivo, el cual se había encargado de reprimir al igual que sus sentimientos y emociones. A sus veinte años, empezaba a descubrir partes de su humanidad que consideraba inexistentes.
En las ultimas semanas, el Uchiha se percató de los innegables estragos que Sakura causaba en su psique y fisiología; las largas horas que ambos pasaban leyendo, charlando o transitando por el camino ahora las dedicaban a explorarse. Cruzar esa delgada línea fue liberador. Si quería afecto, lo buscaba sin dudarlo. Si Sakura lo quería, solo tenia que acallar sus miedos con un beso.
Por primera vez en su corta existencia, estaba consciente de ella, no solo de su presencia, sino de todos los cambios que había experimentado a lo largo de los años; Haruno Sakura ya no era una niña pequeña. Se había transformado en una mujer aun más hermosa y encantadora de lo que ya era. Todas las noches compartían el lecho, se quedaba dormido con la cabeza de la kunoichi sobre el pecho y la melena rosada haciéndole cosquillas en la barbilla. Su olor era ya parte de él. Su sonrisa, la suavidad de su piel cuando la acariciaba, el sabor de su boca…Todo aquello era su alegría y desesperación a la vez.
No obstante, Sasuke nunca se consideró a si mismo un hombre paciente. Más de una noche se había tumbado con la calidez de la pelirosa a su lado, deliberando que cuanto más le permitía explorar Sakura, la necesidad de sumergirse en ella y ahogarse en sus encantos se tornaba insoportable.
–Tus instintos te han traicionado, Sasuke-kun.
El aludido la miró a los ojos y se quedo quieto. Atendiendo el único rastro de cordura que consiguió amedrentar a sus primales instintos, hundió los dedos en la tierra húmeda como una forma de controlar el impulso de pasar su mano por la tersa piel de sus muslos. Se suponía que ambos mantenían un combate, de haberse tratado de un enemigo, habría acabado con él en un instante. Desechó la calina de concepciones impúdicas que se aglomeraron, pertinaces, en su mente durante ese fugaz instante y mientras intentaba liberarse de su férreo agarre, la calidez de su aliento lo golpeó. Sus rostros separados por ínfimos centímetros, acercándose peligrosamente.
–Esto es jugar sucio, Sakura, y lo sabes– arguyó, procurando ocultar el temblor que comenzaba a asomarse en su voz.
La ninja medico rodó los ojos. Lo apretó con más fuerza para que entendiera bien.
–Lo dice la persona que activó su Dojutsu para ganar ventaja.
–No tuve más opción – lo admitió.
Sakura hizo ademan de alejarse, pero el pelinegro la agarró por la muñeca e invirtió las posiciones, quedando él situado sobre ella.
–Te distraes con facilidad– su voz sonó gutural, cerril.
No era estúpido, estaba al tanto de lo que Sakura pretendía con eso, pero dos podían jugar ese juego. Ella se retorció como una anguila debajo de él, presionando el pecho contra su torso, intentando escapar.
Mantenerse concentrado seria más enredado de lo que esperaba, en especial cuando todas las partes suaves y tentadoras de la anatomía de la pelirosa se frotaban íntimamente contra él. Sakura poseía el poder de distraerlo, mas eso no lo molestaba. Sus ojos se oscurecieron y acercó su boca hasta que sus labios se rozaron ínfimamente.
–Estas disfrutando de este juego, ¿verdad? – le preguntó, desafiante.
Procuró liberarse de la aprehenda, pero Sasuke la mantenía inmovilizada entre la tierra y su cuerpo. Ella le lanzó una mirada tan furiosa que pensó que iba a abofetearlo.
–Lo encuentro interesante – le dijo en voz baja.
Le parecía fascinante atestiguar como la incauta pelirosa se transformaba en un ovillo de espasmos y sonrojos cada vez que él la tocaba.
Deseoso de acabar con esa pretensión de entrenamiento, contempló los labios entreabiertos y después sus ojos. El aliento cálido le acarició el rostro, al mismo tiempo que el aroma que emanaba de su cuerpo conseguía embriagar sus sentidos.
–Sasuke-kun– masculló.
Sin más preámbulos, acalló su llamado con un beso. Pese a la momentánea sorpresa, Sakura respondió con igual o mayor ímpetu. El sonido de sorpresa se convirtió rápidamente en un suspiro; enredó los dedos en su cabello, apegándolo aun más a su cuerpo.
Poco a poco, como sucedía cada vez que se besaban, se despojaron de la mutua vacilación, tornando el contacto mas apasionado. cuando Sakura pasó la punta de la lengua contra la de él, respondió de la misma manera. Algo cálido se agitó en su vientre, y un pequeño sonido de placer escapó de las profundidades de su garganta. Habían descubierto el placer de estar juntos, pero Sasuke sentía algo más: un profundo sentimiento de cercanía y confianza.
Sus labios ahuecaron la dulce boca de la ojiverde en profundos y suaves movimientos, rompiendo con avidez la barrera del pudor que se alzaba entre los dos.
Succiono con exuberante y genuino placer, Sakura solo pudo jadear a causa de la intensidad. El fuego de la incontrolable pasión traspasó las fosas de su vientre, pasando por cada terminación nerviosa hasta filtrarse por cada poro de su intoxicado cuerpo.
Su mano derecha recorrió la mandíbula de la chica, acunó su mejilla y la obligó a arquear más el cuello para tener mejor acceso, Sakura alzó los brazos y envolvió los dedos en las finas hebras ónix que resbalaban por su nuca, aferrándose a él. Sasuke se tensó. Aquella caricia era una invitación. Otro gemido ahogado brotó de las profundidades de su garganta cuando sus delgados y callosos dedos se filtraron bajo la blusa de la pelirosa, acariciando la tersidad de su cuerpo, subiendo por la curvatura de la cintura hasta posarse en su espalda. El tacto demandante de Sakura era como una sensación febril que recaía en cada centímetro de su piel. Precisaba más de ese deseo hambriento que lo obligaba a actuar de forma errática. La quería más cerca. Deseaba más…
Su corazón dio un vuelco cuando un grito rasgó el aire. Con un movimiento más brusco de lo que esperaba, se apartó de ella. En un acto reflejo, llevó la mano hasta la empuñadura de la katana, jadeaba con desesperación como si el aire que llegaba a sus pulmones fuese insuficiente.
La sonata del bosque regresó de nuevo a los oídos de Sasuke, pero lo único que podía escuchar de su compañera era el errático palpitar de su corazón. Tenia las mejillas ruborizadas y el cabello alborotado.
–¿Escuchaste eso? – preguntó en un susurro; la voz entrecortada.
Al oírlo, Sakura intercaló la mirada en ambas direcciones.
–Sonó como un grito– respondió, tratando de maquillar la decepción proyectada en su rostro.
Le extendió una mano para ayudarle a ponerse de pie; acarició la longitud de su antebrazo al mismo tiempo que vislumbró sus labios enrojecidos e hinchados por el violento contacto.
–Tal vez deberíamos echar un vistazo– sugirió.
–Dame un segundo, tomare mis cosas e iremos– susurró por lo bajo.
Sasuke permaneció de pie, sin saber muy bien que decir luego de haber besado a Sakura de la forma que lo hizo, sintiéndose culpable, estúpido, una mezcolanza que se arremolinaba en su pecho, todo al mismo tiempo. Su cuerpo se movió de manera instintiva cuando ella se detuvo a su lado, preparada para inmiscuirse en una nueva misión.
–En marcha– espetó con determinación.
Él no le respondió, y ella no espero que lo hiciera. Absortos en una vorágine de sentimientos apasionados que poco a poco iba desvaneciéndose.
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Detuvieron el paso entre el follaje. Ambos se arrodillaron hasta que sus cuerpo se vieron ocultos entre los arbustos y la hierba. Sasuke miró entre las hojas, alcanzando a divisar que en ambos lados del arroyo había hombres armados, quizá ninjas renegados. La presencia de forajidos era común en los caminos poco transitados. Contó a cinco individuos, todos ataviados con el mismo uniforme.
–Sasuke-kun, ahí– le indicó Sakura en un susurro, señalando con el dedo a las cuatro jóvenes restantes.
No era difícil comprender lo que estaba pasando. Las chicas ahí presentes, protegían con sus cuerpos la carreta cargada con pertenencias personales. Seguramente los ninjas infractores las habían interceptado para despojarlas de su mercancía.
En la posición que se encontraban, Sasuke era incapaz de hacer oído a la conversación. Intentó agudizar sus sentidos para comprender lo que el hombre de voz recia y fuerte decía.
–¿Quiénes son? – cuestionó Sakura a su lado, forzándolo a salir del estado de concentración absoluta.
–Se hacen llamar la Compañía audaz. Son un grupo de criminales, forajidos– respondió en voz muy baja. Sakura aguardó a que continuara, sintiéndose poco complacida con la explicación renuente–. Ninjas renegados, mercenarios. Deambulan por los caminos menos transitados, atacan pequeños poblados con tal de saquearlos.
–¿Por qué no se le ha notificado a los Kages sobre esto? – sondeó Sakura tensando los labios.
–Oh, por supuesto que se les ha notificado, simplemente no son una amenaza potencial como Akatsuki o Kaguya– respondió el pelinegro estudiando a los mercenarios con cautela.
–Tengo un par de venados…– comenzó a suplicar un hombre tembloroso, al cual, tanto el Uchiha como Sakura no fueron capaces de vislumbrar puesto que el cuerpo de uno de los bandidos lo ocultaba con facilidad.
–Nos lo quedaremos para empezar– lo interrumpió, mirándolo fijamente, un hombre de aspecto famélico con la capa desteñida hecha jirones.
–Luego nos quedaremos con sus hijas– agregó el que tenia el rostro desfigurado.
El individuo de aspecto cadavérico escupió al suelo. A su seña, dos de sus compañeros agarraron al pobre hombre por los brazos, y uno más le asestó un puñetazo en el vientre. Mientras se doblaba hacia el frente con un gruñido, las protestas de las jóvenes resonaron estridentes entre los rincones del bosque.
Los ojos de Sakura se encontraron con los de él en un prolongado silencio que pudo interpretar a la perfección.
Un objeto plateado pasó silbando justo delante de los ojos de uno de los bandidos; sonrió airoso al ver que el kunai no había asestado en su objetivo.
Alarmado, Sasuke contempló por encima de su hombro a la pelirosa. La mueca airosa de su enemigo se esfumó cuando la sangre comenzó a brotar de la herida en su mejilla.
«No lo falló a propósito. El kunai estaba envenenado…bien pensado, Sakura».
Anonadado, el shinobi dio unos pasos hacia aras y aterrizó como un fardo en el suelo. El objeto que el bandido llevaba en la mano hizo un ruido metálico al golpear contra la grava.
Aquello fue señal suficiente para que ambos salieran de la arboleda y se lanzaran al ataque.
Familiarizado con el estilo de lucha de la pelirosa, no demoraron en iniciar una danza conocida. El individuo de aspecto famélico se abalanzo contra él con un gruñido, blandiendo su propia arma. Con ensayada familiaridad, Sasuke evitó que el acero le besara la piel. La punta de la katana salvó su guardia y termino hiriéndolo en la parte superior del muslo; la sangre fluyó como una flor roja.
A sus espaldas, escuchó el ruido metálico que se produjo cuando Sakura paró el golpe que le lanzó otro de los forajidos. El contrincante se cambió el hacha de mano, pero antes de que pudiera lanzar otra estocada a la pelirosa, esta le asestó un fuerte golpe debajo de la mandíbula, dejándolo inconsciente.
Su enemigo intentó darle otro golpe; fue lento, pero consiguió rozar el lado derecho de la cabeza del azabache. Se desprendieron algunos cabellos color ébano por encima de la oreja derecha, un afilado rasguño le hirió el lóbulo de la oreja. No le dolió en lo absoluto.
–¡Shannarooooo! – exclamó Sakura al clavar el puño en el suelo.
La tierra bajo la planta de sus pies retumbó, y en un parpadeo, el terreno se resquebrajo; alaridos asustados brotaron por encima del estruendo, pero eso no fue suficiente aliciente para detenerlos. Decidido a zanjar el asunto de una buena vez, acumuló chakra en la palma de su mano, generando destellos blancos y azules que envió a por toda la longitud de las gritas, acabando con la dupla de enemigos restantes.
–Estas herido– dijo Sakura, arrugando el entrecejo en un gesto preocupado.
–Estoy bien– le aseguró. La sangre resbalaba por el costado de su cuello, empapándole el cuello de la capa y la camisa.
Poco convencida con la respuesta lacónica del Uchiha, la ninja medico dirigió su atención a la aterrada familia escondida en un rincón.
–Todo esta bajo control, pueden salir.
Reticentes, el hombre regordete en compañía de sus hijas, abandonaron su resguardo, manteniéndose alejados de ellos. Sasuke no iba a culparlos, estaban demasiado asustados para aproximarse como si nada de eso hubiese pasado.
–¿Se encuentran bien? – preguntó la ojiverde genuinamente consternada. A simple vista era imposible determinar si alguno de ellos había sufrido heridas considerables.
–Al parecer si– respondió el hombre. Secó el sudor que aperlaba su frente con el dorso de la mano. Dos de sus hijas lo seguían de cerca, tal vez para asegurarse que su padre no se desplomara a causa del golpe recibido minutos atrás.
–Gracias– masculló la mayor de las chicas; tenia el cabello largo y lacio, tan brillante como la seda–, de no haber sido por ustedes, mi padre y hermanas estarían…– las palabras quedaron atascadas en su garganta a la par que sus hermosos ojos ámbar se nublaban por las lagrimas.
–Oh, no tienen nada que agradecer– la kunoichi hizo un mohín con las manos, avergonzada.
–Claro que no. Estamos en deuda con ustedes– espetó otra joven a su costado.
Cansado por el forcejeo, enfundó la katana. Necesitaba reposar un momento. Resoplando y jadeando, Sasuke sintió una nausea inaplazable.
–Podemos invitarlos a cenar esta noche como muestra de nuestro agradecimiento– sugirió el patriarca. La preocupación que minutos atrás surcaba sus facciones se diluyó en un gesto de algarabía–. Nuestra casa no es muy grande, pero podemos conseguir un cuarto cómodo para que ambos pasen la noche.
El rumor de las risas rompió con la afonía momentánea. Dos de las chicas no dejaban de apreciar la innegable belleza del estoico pelinegro. La idea de llevarlo a casa era tentadora, inclusive para la mayor de ellas, quien intentaba permanecer templada, aun cuando dirigía su discreto escrutinio hacia el Uchiha.
Sin embargo, Sasuke no mostró interés particular en ninguna de las jóvenes. Para ser justo, ninguna de ellas era lo suficientemente hermosa como para tentarlo, no en comparación de Sakura.
Al cabo de unos segundos, se sintió increíblemente mareado y con ganas de vomitar. Pero tragó saliva y consiguió mitigar el reflejo nauseoso que estrujaba su garganta.
–No queremos causar molestias– rebatió la pelirosa, rascando la parte posterior de su cabeza.
–¡Por supuesto que no es una molestia, niña! Después de lo que tu compañero y tu hicieron por nosotros, es lo mínimo que puedo ofrecerles para agradecerles– insistió el hombre.
El rostro de Sakura se giró hasta él dejando entrever cierto aire de soflama que lo hizo hincharse de preocupación.
–Supongo que podemos aplazar nuestro viaje una noche, ¿no lo crees, Sasuke-kun?
El aludido parpadeó, confundido; se sentía como si estuviera saliendo de un profundo sueño.
–¿Sasuke-kun? – volvió a llamarlo, enarcando una ceja–¿En verdad te encuentras bien?, luces increíblemente pálido– remarcó. Colocó una mano sobre su frente–. Estas ardiendo en fiebre.
Abrió la boca para decir algo, pero antes de que pudiera responder, sus piernas temblorosas lo delegaron al suelo.
–Mierda– gruñó la kunoichi al situarse a su lado. Su hermoso rostro se contorsionó en un arremuesco de mortificación.
Con el cielo y la tierra rotando noventa grados a su alrededor, observó a Sakura inclinarse ligeramente hacia el frente. Notó su cálido flujo de chakra entremezclarse con el suyo, sintiéndose repentinamente ardoroso.
–¿Qué le sucede? ¿Morirá? – quiso saber la más pequeña de las integrantes de la familia.
Sakura sacudió la cabeza.
–No, claro que no– replicó con un hilo de voz–. Aquel hombre debió atacarlo con el kunai que lance al inicio.
De nada servía autoconvencerse de que aquel hecho era un accidente.
–Estoy bien, Sakura…– resopló entrecortado. Los efectos del veneno comenzaban a manifestarse en su sistema.
–¿Estas segura de que no sucederá nada malo? – indagó la hermosa joven de guedeja castaña.
La pelirosa le dirigió una mirada enfurruñada. Si había algo que verdaderamente la molestaba, era que alguien osara cuestionar sus habilidades como ninja medico. Tanto él como Naruto sabían que Sakura distaba de ser una mujer débil, dentro de su generación, ella logró convertirse en una de las kunoichis más respetadas y afamadas del mundo.
–Lo estará– profirió, tajante–. Me tomará algunos minutos neutralizar el veneno, pero todo estará bien. Después de esto necesita descansar.
–Podemos llevarlo en la parte trasera de la carreta– propuso el caballero–. Tenemos suficiente espacio para ambos.
–Se lo agradezco– dijo Sakura con un ligera sonrisa.
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El mundo estaba sumido en una penumbra gris cuando la tormenta se desencadenó.
La lluvia azotaba las paredes, el goteo constante en el tejado hacia entrever una gotera.
El refugio donde se encontraban distaba de ser tan cómodo como la habitación de una posada, pero era mil veces mejor que pasar el resto de la noche protegiéndose de las destemplanzas del clima.
Después de la cena, la esposa del mercader los dirigió hasta el otro extremo de la propiedad a un pequeño granero situado a las orillas de un hermoso lago. Apenada, se disculpó con ambos por no contar con espacio suficiente para albergarlos en la casa, el lugar era pequeño y solo disponía de dos habitaciones en las cuales dormían ellos y sus hijas. Les proporcionó un par de mantas y dos almohadas, unas cuantas velas y una pequeña linterna, lo suficiente para pasar la noche.
La luz titilante de la veda alargaba la sombra de los objetos y dejaba en la pared unas pálidas y borrosas pinceladas de tintas desleídas. Yacía tumbado de espaldas en el catre, con la mirada fija en el techo. Todavía podía sentir los efectos del veneno danzando en su sistema nervioso, aquel bastardo de las había apañado para causarle daño sin que él llegara a notarlo. Con solo recordarlo, volvió a sentir un dolor en el estomago y deseos de vomitar.
A parte de las nauseas, los pensamientos de Sasuke, que hasta entonces habían permanecido nublados por la toxina y la adrenalina de la pelea, finalmente comenzaron a esclarecerse. Estaba recuperando el juicio.
–Sasuke-kun, estás pálido. ¿Te encuentras bien? – pregunto Sakura, pero este no podía contestar. Un escalofrió recorrió todo su cuerpo, y comenzó a temblar.
—Realmente lamento lo que sucedió– Sakura situó ambas manos sobre su cuello. La luz verdosa de su chakra danzaba en sus ojos–. Nunca imagine que el enemigo tomaría el kunai y lograría herirte.
–No fue tu culpa– consiguió responder. Giró el cuello hacia la izquierda y miró a Sakura. Ella le devolvió la mirada con un gesto de preocupación–. Me distraje un momento, todo pasó tan rápido.
La kunoichi arrugó el entrecejo en señal de concentración. Cautivado, vislumbró con detenimiento la forma en la que ella mordió su labio inferior. Tal vez eran los efectos de la fiebre o el instinto carnal que permanecía en su interior, pero deseaba besarla de la misma manera en que lo había hecho esa mañana durante su entrenamiento.
–No quedan rastros del veneno– comenzó a decir–. Espero que esto consiga mitigar las molestias. Si persisten, buscare la manera de solucionarlo.
El pelinegro se reincorporó en el lecho improvisado y Sakura tomó asiento a su lado, apoyando el cuerpo contra el suyo.
–Estoy bien, Sakura, solo me encuentro un poco cansado– resopló. Era momento de permitirse degustar la presencia de la hermosa chica sin interrupciones.
Disuadida, formó un puchero con los labios.
–No puedo evitar preocuparme por ti. Inclusive le diste un susto de muerte a esas chicas– le repuso con firmeza.
–No volverá a suceder– le prometió–, ya te dije que estaba distraído.
–Eso no es propio de ti.
El ceño de Sasuke no demoró en fruncirse.
–Hmp.
–¿Acaso yo fui la causa de tal distracción? – le sostuvo la mirada con la misma sensación retadora que él le devolvía.
–Ahora estas poniendo palabras en mi boca.
–¿Eso es un sí? – preguntó divertida.
Sasuke esbozó una sonrisa media. Era increíble como esa mujer tenia el poder de doblegarlo a su merced. Sus enemigos se llevarían una enorme sorpresa al saber que la debilidad del ultimo Uchiha era nada más y nada menos que una chica de cabello rosado y ojos verdes.
–No voy a responder esa pregunta– determinó. Reposó la cabeza contra la pared, el malestar empezaba a diluirse.
La sonata de la tormenta llenó el silencio. Sakura dio un respingo asustado cuando un relámpago ilumino el cielo, obligándola a aferrar sus dedos a la tela de su camisa.
Sakura le escrutó el rostro durante un buen rato y luego, con sumo cuidado, se apartó de su lado y se sentó frente a él con las rodillas dobladas. Cariñosamente abrió los brazos y lo arropó tomándolo por los hombros. Sasuke sintió su calor, y su nariz, que estaba colmada con el olor de la lluvia, notó un ligero perfume o algo que podía ser colonia a champú.
La mano de Sasuke pronto se encontró con la curvatura de su cintura, tirando de ella con gentileza, permitiendo que sus cuerpos se amoldaran hasta ser uno solo, como dos piezas de rompecabezas.
La respiración húmeda y cálida danzó por su faz, enviando un escalofrió por toda la longitud de su cuerpo que consiguió despertar sus sentidos adormilados.
Sakura apartó el rostro un segundo para vislumbrarlo mejor; la luz de la vela le confería a su piel un brillo dorado, tan divino que la hacia ver como un ser irreal, etéreo.
Había una belleza indefinida en la manera con la que lo contemplaba, como si consiguiera desnudar su alma, incluso con todas esas capas de ropa encima. Sus miradas permanecieron fijas entre si. Incapaz de resistirse un segundo más, besó su mejilla suavemente, ahí donde un violento sonrojo coloreo sus pómulos.
Siempre consideró a Sakura una chica con suficiente confianza en si misma, alguien valiente sin temor a nada, consciente de sus capacidades, pero en momentos como ese, ella se transformaba en una joven insegura, tímida. Los ojos vacilantes evitaron encontrarse con los suyos; desde esa inexistente distancia escuchaba el latido de su corazón: fuerte y rápido, generando un eco en la habitación silenciosa, por encima del implacable rumor de la lluvia.
Entonces besa sus labios, suave y tímidamente, nada temerario, todo en Sasuke permanecía en absoluta y tortuosa calma. Instintivamente, Sakura enredó sus dedos en la guedeja ébano, sosteniéndolo con fuerza a la mismo tiempo que lo atraía hacia ella con la impetuosa necesidad de besarlo quemándole los labios. Él correspondió complacido y victorioso.
Sakura desprendió sus labios de Sasuke, lo suficiente para apreciarle el rostro; sus ojos tímidos levitaron un instante hasta colisionar con los orbes ónix, ensombrecidos por una bruma de deseo contenido. La calidez atestada en su pecho se esparció por todo su cuerpo. Bajo la tenue luz que iluminaba la estancia, acarició la mandíbula con la punta de pulgar antes de inclinarse para besarla una vez mas, con amor y suavidad.
Jamás imaginó que estar con ella fuese tan hermoso. La forma en la que ambos encajaban solo le permitían conjeturar que el universo los había fabricado para estar juntos. Todo en Sakura lo hacia enloquecer, desde su linda sonrisa hasta la actitud renuente y exasperante. Ella era todo lo que amaba en ese mundo.
Cuidadosamente, inclinó la cabeza para profundizar el contacto. Podía sentir el pulso frenético palpitar contra su cuello, bajo la yema de sus dedos. Estaba nerviosa, pero lo recibía gustosa. Con aquel gesto de absoluta devoción profesaba todas las palabras no dichas de afecto ensordecedor.
Los mechones rosados caían por encima de su frente, obstruyéndole la visión; sus fanales verdianos brillaban a través del carnaval de hilos rosados. Dubitativo, apartó las sedosas hebras, revelando la hermosura de su rostro sonrojado; apenada, apartó la mirada, atrapando su labio inferior entre la implacable prisión de sus dientes. Sasuke todavía no comprendía por que ella se mostraba tan insegura, aun cuando poseía una belleza sin igual. Recordaba que en los tiempos de academia los demás niños solían burlarse de ella, argumentando que su frente era tan amplia como un muro. Todos ellos no podían estar más errados, puesto que la muestra de su poderío adornaba lo que tanto detestaba, haciéndola lucir más perfecta.
Impulsado por la abrumadora necesidad de lavar sus penas e inseguridades, colocó los labios sobre su frente, permaneciendo así por un minuto o más. Sakura expulsó el aire contenido en sus pulmones, mientras se abrazaban íntimamente.
Le gustaba admirar la expresión en su rostro cada vez que tocaba su frente: lo miraba con los ojos muy abiertos, como si ella supiera exactamente todo lo que pretendía expresar con esas castas muestras de afecto. La sangre se le precipitó al rostro, ruborizándola hasta las orejas.
Una vez más se dispuso a devorar amorosamente sus labios. Era difícil respirar cuando el corazón latía tan rápido, golpeándole las costillas. Gimió contra Sasuke con deseo. El Uchiha sabia que no eso no le bastaría, necesitaba degustarla, absorberla, memorizarla. Era un hombre hambriento, ansioso de amor y calidez.
Se apartaron un instante buscando aire entre jadeos agitados mientras él ocultaba el rostro en la curva de su cuello. Apreció con deleite el dulce aroma de su sudor, hierbas y tierra, tan embriagante y seductor.
–Hueles bien.
Sakura sonrió con timidez.
–Oh por dios, si ayer ni siquiera me bañé.
–No, de verdad, hueles muy bien.
Una sonrisa ilumino de nuevo de rostro de la pelirosa. Nuevamente, Sasuke hundió la faz en el recoveco de su cuello, obligándola a cerrar los ojos ante el contacto repentino. El cuello de su blusa dificultaba el acceso, así que, atreviéndose a ir más allá de los limites interpuestos entre ambos, desabrochó la cremallera, descubriendo la columna nívea y tersa.
Enfervorizado por la vista, presionó los labios en la piel de su cuello, sobre el punto de pulso. Su piel sabia a sal, tan exquisita como la había imaginado. Un jadeo ronco rasgó el aire. Contempló fijamente la superficie de marfil, marcada con algunos rasguños frescos y cicatrices longevas que dejaban al descubierto los años de entrenamiento.
–Espera– solicitó con la voz entrecortada, frenando sus impulsos al colocar una mano sobre su pecho.
Antes de que pudiese gesticular una replica coherente, Sakura apartó la blusa, desvelando la divinidad de la parte superior de su cuerpo.
Las palabras murieron en sus labios y sintió como su corazón dio un agonizante tumbo entre sus costillas. Era la primera vez que Sakura le permitía apreciar más de lo que había visto de ella durante todo el viaje. Inepto a gesticular una respuesta supuso que debía lucir como un idiota con la boca entreabierta a causa de la conmoción.
–Sakura…– masculló.
Su mente estaba perdida entre la conmoción. Nunca habría vislumbrado que bajo la linda blusa magenta se ocultara una ornamenta de red que dejaba muy poco a la imaginación.
Presa del pudor, buscó cruzarse de brazos y cubrir su pecho mientras mordía sus labios como vestigio de la incipiente frustración, antes de que consiguiera hacerlo, Sasuke la sostuvo delicadamente por la muñeca, impidiéndole ocultar lo que tanto anhelaba contemplar.
–No lo hagas– le dijo con la voz ronca y los ojos ónix resplandeciendo como dos luceros en el firmemente a causa del éxtasis que trataba de mantener bajo control–. Por favor, no.
Sin más dilaciones, y rompiendo con la inexistente barrera de autocontrol, Sasuke la atrajo hacia su cuerpo con una necesidad desenfrenada, más vehemente que la anterior, buscando sus labios con desespero hasta disolverse con ansia que rayaba en lo inaudito.
Indeliberadamente, cautiva de la energía que la empujaba a hacer lo que su buen juicio le impedía, enredó los dedos en el borde de la camisa, la alzó por su abdomen hasta retirarla por encima de su cabeza.
Sasuke creyó que sus miramientos habían ido demasiado lejos, no sabia exactamente en donde situar su atención. No obstante, cualquier mecanismo de autocontrol se esfumó cuando ella trazó un camino de besos por su hombro, ahí donde las vendas cubrían la cicatriz pálida que había dejado la falta de extremidad. Su tacto era gentil, como si estuviese hecho de vidrio.
Bajo sus pieles persistían las marcas que estaban alejadas del ojo humano, inclusive de su Sharingan. Eran cicatrices de trabajo arduo, de noches sin dormir, marcas de sus propias batallas internas y de todo el dolor que arrastraban. Aquellas heridas no necesitaban un ninjutsu medico, la única forma en la que podían sanar era con amor incondicional.
Atraído hacia ella en un acto reflejo, desperdigó besos por su nuca hasta la mandíbula.
–Sakura– murmuró con voz gutural–. No te escondas.
Ella asintió con timidez; el palpitar de su corazón resonaba en los oídos de Sasuke mientras exhalaba suavemente. Quería ver todo lo que pudiera de ella, abarcarla, memorizarla, guardarla en su memoria para poder vivir después de su imagen: las curvas de su cuerpo, la textura de su piel, el brillo del sudor sobre su níveo lienzo, su bello y expresivo rostro.
La pelirosa tomo asiento a horcajadas encima de él, y acalló cualquier replica con un beso avasallador. Si antes pensaba que nunca desearía una mujer, la respuesta contenida en sus pantalones lo obligó a meditar ese punto. El fuego ardía en su vientre.
Sin apartarse de ella, tanteó la piel de su abdomen, trazando patrones ilegibles con la punta de los dedos hasta ascender a su pecho, acunando uno de sus senos. Sakura arqueó la espalda, Sasuke continuaba acariciando lugares que nunca antes había tocado, bajando por su vientre hasta detenerse al borde de sus shorts de licra.
Aquel contacto hizo estremecer a Sakura, de tal manera que el azabache, consciente de las barreras que habían cruzado esa noche, se alejó.
Aun envuelto en la calina de impetuosa avidez, Sasuke apreció la efigie etérea frente a él: los labios de Sakura estaban hinchados a causa de los besos, tenia la vestimenta descompuesta y el cabello enmarañado. Previsora de su aspecto, sonrió tímidamente consumiéndose en la vergüenza.
Agitado, carraspeó un poco. Era la quita ocasión en la que ambos se dejaban llevar por la magnitud del momento, comenzaban con un casto beso y terminaban tendidos uno encima del otro, acariciando tímidamente los tramos de piel expuestos.
Estaba claro que como parte del descubrimiento de sus sentimientos también estaban implícitas otras cosas. Era la primera vez que se sentía tan atraído a una mujer, y que más allá del cariño y el amor, despertaba otras sensaciones, demasiado nuevas y abrumantes.
–Yo…lo lamento – susurró Sakura sin apartar la mirada de Sasuke.
–No debes disculparte– llevó un mechón de cabello detrás de su oreja.
–Creo que nos dejamos llevar.
–Ciertamente– reconoció–. No volverá a pasar.
La pelirosa acunó su rostro.
–Quiero que suceda otra vez– su aliento chocó con gentileza en el rostro del azabache–. Sin embargo, siento que cuando estoy a tu lado no puedo contenerme y temo arruinarlo todo.
–No vas a arruinarlo, Sakura. Esto es lo correcto, solo que no es el momento apropiado– dijo.
Sakura relamió sus labios enrojecidos sin poder disipar la sonrisa de genuina felicidad.
–Todo esto es nuevo para mi– se encogió de hombros–, jamás había estado en una relación.
–Tampoco yo– susurró con suavidad.
La tormenta había amainado. El cielo comenzaba a despejarse.
Entre las grietas del techo era posible vislumbrar lo brillante que estaba la luna esa noche.
Arropado por la presencia de Sakura, y reflexionando en sus palabras, colocó dos dedos sobre su frente, tal como solía hacerlo su hermano mayor antes de sellar una promesa.
–Sera la próxima vez.
Sonrojada, Sakura asintió con un ligero movimiento de cabeza.
Cuando se recostaron en el suelo, Sasuke se limitó a abrazar en silencio en cuerpo de Sakura, tal como lo hacia todas las noches.
En aquel refugio impregnado de su presencia, durmió profundamente, sintiéndose el hombre más dichoso en la faz de la tierra.
Continuara
N/A: ¡Estoy viva! *inserte escena donde Mushu se levanta*, regrese a tiempo para poster un nuevo capitulo. Las ultimas dos semanas fueron una locura, primero porque cambie de ordenar y estuve sin laptop cerca de una semana :c y después comenzó un nueve semestre, así que estuve nadando en tareas.
Centrándonos en el capitulo :3, puede que este no nos lleve a nada en la historia y parezca relleno, pero consideré justo y necesario plasmar la conversación entre Naruto y Sasuke sobre los sentimientos de ambos hacia Sakura. Me molestó que en The last, Naruto dijera que todo lo que sentía por Sakura solo se basaba en su rivalidad con Sasuke, cuando a lo largo del manga contemplamos que todo lo que sentía nuestro protagonista era genuino.
En segunda, podemos apreciar como ambos se adentran en la exploración, impulsados por sus sentimientos y deseos, fue lo que más disfrute escribir :3
Sin nada más que añadir, mil gracias por su paciencia y su apoyo incondicional, espero no decepcionarlxs 3
Esto es todo por el momento, espero regresar pronto con una nueva actualización, ¡Saludos! Les mando un fuerte abrazo, ¡cuídense! ¡nos leemos pronto!
Bye, bye
Shekb ma Shieraki anni
