Resumen: Después de perder a sus padres, Katsuki se siente completamente solo, así que deja de hablar con los demás y se encierra en su dolor. Debido a que ahora nadie puede hacerse cargo de sus estudios, Katsuki es adoptado por Enji Todoroki, por lo que se ve obligado a pasar su verano en la casa de esa familia. Sin embargo, los cuidados de Shoto lo ayudarán a comprender que, tal vez, no estaba tan solo como creía. Mientras tanto, una mujer manipula el destino para lograr que Katsuki se una a los villanos.
Advertencias: OoC, ligero drama. No hay lemon.
Pareja: TodoBaku — Seme(activo)/Seme(pasivo)
Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Horikoshi Kohei.
La historia es completamente mía. No acepto que sea utilizada sin mi permiso por otras personas ni resubida en otras páginas. No acepto las adaptaciones.
|Di no al plagio, haz trabajar tu imaginación y crea tus propias historias. Las felicitaciones y votos por algo que no hiciste, ¿en realidad son para ti?|
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No estás solo
Capítulo 3 — Una nueva casa a la que no se le puede llamar hogar
Cuando llegaron a la enorme casa de los Todoroki, Enji bajó las maletas de los chicos. Fuyumi salió a recibirlos con una sonrisa. Enji le había hablado sobre la situación del nuevo chico y ella había prometido cuidar de él.
Él pensaba que su hija era demasiado buena como para merecerla.
Enji suspiró y observó al chico Bakugo, quien parecía tan perdido como la vez en que lo observó durante la conmemoración. No sabía qué iba a hacer para lograr que recuperara su vida. El director le había hablado sobre el descuido que le estaba dando a sus estudios, y él no podía permitir eso, porque era un requisito más para ser héroe.
—Hola Shoto —saludó Fuyumi—, bienvenido a casa.
—Hola hermana —respondió Shoto con una pequeña sonrisa.
Fuyumi le sonrió de vuelta y luego se volteó hacia Bakugo —Tu debes ser Katsuki Bakugo. Bienvenido. ¿Puedo llamarte Katsuki o debería llamarte Bakugo? —preguntó, sintiéndose un poco tímida al final.
Bakugo se encogió de hombros.
Fuyumi sonrió con pena.
—Voy a enseñarte tu habitación —llamó Enji—, trae tu equipaje —cuando comenzó a caminar, fue detenido por el llamado de su hijo menor.
—Padre, hay algo de lo que quiero hablarte.
Enji volteó hacia él y decidió que era un asunto más importante para atender.
—Yo puedo mostrarle su habitación al joven Bakugo. No te preocupes padre —intervino Fuyumi.
—Está bien, muchas gracias hija.
Fuyumi sonrió en respuesta y comenzó a guiar a Bakugo hacia su habitación. Esa linda niña definitivamente se merecía un padre mejor que él.
—Tomemos un té mientras hablamos —decidió Enji. Su hijo lo siguió hasta la sala tradicional y ambos se sentaron en un tatami mientras Enji servía el té para ambos.
Cuando cada uno tuvo una taza al frente, Shoto decidió hablar.
—¿Qué pretendes hacer con Bakugo? —preguntó con seriedad.
Enji lo miró con curiosidad —¿Por qué planearía hacer algo con él?
—Tu sueño de hacer que uno de tus hijos sea el más fuerte, quedó truncado, y es probable que estés planeando utilizar a Bakugo del mismo modo en que lo hiciste conmigo y con Toya, pero no voy a permitírtelo.
Endeavor se quedó sorprendido. ¿Eso pensaba su hijo de él?
—No recibí a ese chico por esa razón. Yo quiero que tú seas el mejor, pero ese chico necesitaba ayuda.
—No voy a dejar que me engañes —interrumpió Shoto—, tú no vas a cambiar. Ya nos hiciste suficiente daño a mis hermanos y a mí, no voy a dejar que le hagas lo mismo a Bakugo.
Shoto se puso de pie y salió de la sala.
Enji se lamentó una vez más el haberse comportado tan mal en el pasado. Lo que había hecho no tenía perdón, lo sabía. No quería borrar el pasado, simplemente quería que las cosas fueran distintas.
Iba a encontrar la forma de demostrarle a sus hijos que ya no era el mismo hombre.
Shoto caminó en dirección a su habitación pensando en el propósito por el que su padre podría haber traído a Bakugo. Definitivamente no era nada bueno. En ese momento vio a su hermana caminar hacia él con pena en el rostro.
—¿Sucede algo? —preguntó en cuanto estuvo frente a ella.
Fuyumi lo miró sorprendida y luego se acercó más a él, para hablarle en voz baja.
—Bakugo-kun ha pasado por algo horrible. Ahora mismo nosotros somos lo único que tiene así que trátalo bien, ¿de acuerdo? Nosotros tenemos la suerte de aun tener a nuestros padres, pero él ya no los tiene, así que ayúdalo en todo lo que necesite.
Shoto asintió al pedido de su hermana. Por supuesto que iba a ayudar a Bakugo, era su misión de ahora en adelante.
—Eres un buen chico, Shoto.
Cuando su hermana se fue, él continuó su camino hacia su habitación en donde dejó sus cosas, luego se sentó, pensando si debía hablar con Bakugo para advertirle las intenciones de su padre y que tuviera cuidado. Después de pensarlo un poco decidió dejarlo descansar, así que comenzó a acomodar sus cosas tan pulcras como a él le gustaban.
Cuando terminó, se quedó recostado en su cama un momento hasta que se dio cuenta que ya era hora de cenar, así que salió para ayudar a su hermana a preparar todo.
Shoto se despertó sediento. Talló un poco sus ojos y luego tomó su teléfono celular para revisar la hora; eran las dos de la madrugada. Sintió la garganta seca, así que decidió ir por un vaso de agua. Se levantó de la cama y salió al pasillo, dispuesto a ir a la cocina.
Bostezó mientras caminaba con pereza, y entonces, cuando pasaba frente al cuarto de Bakugo, pudo ver una luz brillando bajo la puerta. Su compañero estaba despierto.
Se preguntó si debía decir o hacer algo. Con lentitud, se acercó a la puerta y tocó levemente. No escuchó nada, hasta que la puerta se abrió. Pudo ver a Bakugo, con el rostro empapado de sudor y una expresión exhausta.
—¿Estás bien? —preguntó Shoto, preocupado por la apariencia de su compañero.
Bakugo negó con la cabeza e hizo el amago de cerrar la puerta.
—¿Quieres agua? —preguntó nuevamente, impidiendo que Bakugo cerrara.
Cuando la situación de su compañero se puso de esa manera, él nunca había tenido la oportunidad de verlo tan cerca, pero ahora, podía sentir lo que sus compañeros sentían por Bakugo. Midoriya estaba todo el tiempo preocupado; Kirishima, quien antes había sido cercano a Bakugo, ahora no encontraba la manera de acercarse a él. La razón era que, el solo ver a Bakugo, provocaba que una enorme preocupación por él apareciera. Shoto sintió esas enormes ganas de ayudarlo porque, el antes valiente chico, ahora era triste, solitario y parecía tan enfermo.
Pero Bakugo no quería ayuda de nadie. Shoto solo obtuvo una negación y luego, la puerta se cerró.
Con un extraño sentimiento en su pecho, siguió su camino para buscar el agua.
Una vez que estuvo en la cocina, recordó lo que su hermana le decía cuando estaba enfermo: "Un buen té de manzanilla ayuda a relajar la mente y el cuerpo". Todoroki suspiró y puso la tetera en el fuego. Un rato después, tocó nuevamente la puerta de la habitación de Bakugo. El chico tardó en abrir y Shoto pensó que ya estaba dormido, pero la luz seguía encendida. Un rostro serio lo recibió al otro lado de la puerta; como actualmente hacía, se quedó en silencio.
—Te traje un té —dijo Shoto, ofreciéndole la taza—. Si te lo tomas, tal vez te sientas mejor.
Bakugo lo miró durante varios segundos, luego tomó la taza y sujetó la puerta para cerrarla, pero Shoto la sostuvo y observó fijamente a su compañero.
—Deberías tomarte ese té ahora —sugirió.
Shoto observó un destello de molestia en los ojos carmesí, pero desapareció en unos segundos, luego observó como Bakugo se tomaba el té. Shoto recibió la taza de regreso y permitió que Bakugo cerrara la puerta; creía que ese té iba a ayudarlo, así que regresó la taza a la cocina y luego se fue a dormir.
Cuando amaneció, Shoto se levantó a ayudar a su hermana con el desayuno. Su padre ya se encontraba en la cocina, así que Shoto lo ignoró. Puso la mesa y se sentó en su sitio, alejado de Endeavor lo más posible.
Bakugo apareció unos minutos después. Escogió el sitio junto a Shoto.
—¿Durmieron bien? —preguntó Endeavor, intentando romper el silencio.
Pero nadie le respondió.
Fuyumi se sintió un poco mal, así que inició una conversación con su padre sobre su trabajo como profesora y los pequeños estudiantes con los que trataba.
En cuanto Bakugo terminó de comer, se levantó y lavó los trastes que había utilizado, luego salió de la habitación.
Shoto se apresuró a lavar sus utensilios y luego salió tras su compañero. Lo alcanzó en el pasillo exterior que se utilizaba para llegar a los dormitorios.
—Bakugo —llamó.
Este se detuvo, pero no volteó a verlo.
—¿Pudiste dormir anoche? —preguntó Shoto, interesado en la eficacia del té y el bienestar de su compañero.
Bakugo permaneció en silencio durante varios segundos, pero luego asintió.
Shoto se sintió complacido —Entonces lo prepararé para ti todas las noches —decidió.
Bakugo volteó a verlo con sorpresa, pero luego regresó su vista al frente y continuó con su camino.
—¡Chicos, esperen! —llamó Endeavor.
Esta vez, Bakugo no se detuvo.
Endeavor suspiró y observó a Shoto con duda.
—¿Quieres venir a entrenar conmigo? —preguntó el mayor.
Shoto lo observó por unos segundos antes de responder con simpleza.
—No —luego siguió el camino que su compañero había tomado.
El resto del día lo pasó revisando las notas de fin de curso. Bakugo no salió de su habitación en lo que restaba del día. Shoto se preguntó si debía invitarlo a ver la televisión o intentar hablar con él, pero el profesor Aizawa había dicho que no lo presionaran a hablar. Nuevamente, se encontró extrañando al chico que se la pasaba insultando a todo el mundo. A veces, una personalidad así era necesaria para animar a los demás. A muchos les parecían molestos sus gritos, pero Shoto pensaba que eran una enorme motivación para los que rodeaban a Bakugo ya que, los gritos eran para animarse a sí mismo, pero Shoto sabía que todos pensaban como él. Cada que Bakugo se emocionaba, los demás sentían sus deseos de ganar y se esforzaban para no perder contra su compañero.
Shoto sonrió al recordar cuando Bakugo lo insultaba, a pesar de que luego lo apoyaba en el combate. Una notificación en el teléfono celular llamó su atención.
"Todoroki-kun, ¿cómo estás? ¿cómo se encuentra Kacchan?" preguntaba Midoriya.
Shoto les había contado que Bakugo se iba a quedar en su casa durante esas vacaciones. Sabía que Midoriya siempre se preocupaba por su amigo de la infancia, así que no se le hacía raro que le preguntara por él. Le contestó que seguía igual, pero que iba a intentar ayudarlo. Midoriya le agradeció y Shoto dio por finalizada la conversación.
En la noche, Shoto se dirigió a la cocina y preparó el té, luego fue a la habitación de Bakugo y tocó la puerta. Este abrió y lo observó fijamente.
—Te traje el té —explicó Shoto.
Bakugo tomó la taza y se bebió el contenido, luego se la devolvió y lo observó por varios segundos, antes de cerrar la puerta lentamente.
—Que descanses, Bakugo —dijo Shoto, antes de que el otro chico desapareciera tras la puerta.
Shoto llevó la taza a la cocina y se detuvo a pensar. Nunca había cuidado de otra persona, pero ahora sabía que podía obtener un sentimiento tan cálido. Se sentía feliz al ayudar a Bakugo. Esperaba poder ayudarlo a recuperarse. Observó a su alrededor durante un momento. Esa casa solo le traía malos recuerdos, pero si Bakugo se recuperaba, tal vez pudiera hacer que la casa se hiciera un poco más alegre. Decidió detener sus pensamientos y dirigirse a su habitación.
Dos días pasaron con rapidez. Todoroki seguía llevándole el té a Katsuki y este seguía recibiéndolo sin quejarse. En realidad, el primer día, Katsuki lo había recibido para que dejara de molestarlo, pero ese lo había ayudado a relajarse, así que los siguientes días siguió tomándolo. Prefería relajarse y dormir bien, a tener pesadillas toda la noche.
Sin embargo, Katsuki se preguntaba por qué el mitad-mitad estaba haciendo eso. ¿Por qué le llevaba té todos los días? ¿Por qué se tomaba esa molestia? No tenía por qué ser bueno con él.
Katsuki no lo entendía, pero agradecía el gesto.
Aún no se atrevía a hablar con las otras personas de esa casa. Todoroki era una persona que normalmente estaba en su vida, pero las otras personas no. Verlos a ellos, salir de esa habitación y conocer la nueva casa en la que iba a vivir, sería aceptar que sus padres habían muerto y que jamás volvería a la casa de su infancia. No quería eso. Tenía miedo.
Se acomodó nuevamente en la cama y se colocó los audífonos, dispuesto a olvidarse de su situación actual.
Enji tomó aire y valor. Lo iba a necesitar, después de todo, hablar con un adolescente que acababa de perder a sus padres no era una tarea fácil. Sin embargo, ya habían pasado varios días desde que el chico Bakugo llegó a su casa y no había tenido oportunidad de hablar con él, además, se encerraba todo el tiempo en su habitación y eso no estaba para nada bien. Su hija Fuyumi le había dicho que a ella tampoco le hablaba, así que, Enji había tomado la decisión de hablar con el chico para ver si podía ayudarlo un poco.
Tocó la puerta de la habitación y esperó a que este le abriera. Después de varios segundos, la puerta se abrió por fin y un chico despeinado se asomó.
—¿Puedo hablar contigo? —preguntó Enji, esperando no obtener otra negativa.
El menor lo observó fijamente durante varios segundos, luego asintió y lo miró en silencio. Al parecer no iba dejarlo pasar.
—Escucha... —inició Enji—... sé que tuviste una pérdida dolorosa y que es muy difícil para ti continuar sin ellos. No te pido que los olvides, porque eso jamás va a suceder, yo lo sé mejor que nadie, pero tienes que continuar con tu vida. Cumplir las metas que te habías propuesto y seguir viviendo —Enji volteó hacia el chico, quien tenía la cabeza agachada y se preguntó si realmente lo estaba escuchando—. Estoy seguro que ellos querrían que seas feliz y tengas una buena vida... Es lo que yo querría como padre. Recuerda que aún hay gente que se preocupa por ti; a cualquiera de esas personas puedes pedirles ayuda cuando lo necesites y por supuesto que te ayudarán.
Cuando terminó de hablar, dudó un momento, pero luego colocó una mano en la cabeza del chico Bakugo y la acarició levemente.
Enji se fue por fin, decidiendo dejar tranquilo al chico para que pensara en lo que le había dicho. Esperaba que decidiera seguir aprovechando la vida que no todos tenían la suerte de mantener. Niños, jóvenes y demás personas deseosas de vivir, morían constantemente sin la oportunidad de lograr sus metas. No iba a permitir que el chico Bakugo desperdiciara el tiempo que le quedaba y que otros tanto deseaban.
Bakugo cerró la puerta y se lanzó hacia su cama. Se quedó recostado varios minutos sin pensar en nada, simplemente mirando el techo de la habitación que ahora le pertenecía.
¿Sería cierto? ¿De verdad debería seguir con su vida, aun cuando sus padres ya no estaban? ¿No sería un mal hijo?
Tenía miedo. No sabía cómo continuar. Además, se sentía solo.
En ese momento, recordó que Endeavor le había dicho que había personas que se preocupaban por él. Recordó a Kirishima, intentando animarlo, a Deku preocupado... incluso Todoroki le llevaba ese té todas las noches para ayudarlo a dormir mejor. No tenía por qué hacerlo, nunca habían sido cercanos, y aun así, seguía... preocupándose por él.
¿Todoroki sería capaz de comprenderlo?
Bakugo agitó la cabeza y cerró los ojos. Lo mejor era dormir y olvidarse de todo.
