Resumen: Después de perder a sus padres, Katsuki se siente completamente solo, así que deja de hablar con los demás y se encierra en su dolor. Debido a que ahora nadie puede hacerse cargo de sus estudios, Katsuki es adoptado por Enji Todoroki, por lo que se ve obligado a pasar su verano en la casa de esa familia. Sin embargo, los cuidados de Shoto lo ayudarán a comprender que, tal vez, no estaba tan solo como creía. Mientras tanto, una mujer manipula el destino para lograr que Katsuki se una a los villanos.
Advertencias: OoC, ligero drama. No hay lemon.
Pareja: TodoBaku — Seme(activo)/Seme(pasivo)
Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Horikoshi Kohei.
La historia es completamente mía. No acepto que sea utilizada sin mi permiso por otras personas ni resubida en otras páginas. No acepto las adaptaciones.
|Di no al plagio, haz trabajar tu imaginación y crea tus propias historias. Las felicitaciones y votos por algo que no hiciste, ¿en realidad son para ti?|
.
.
No estás solo
Capítulo 4 — Sentimientos desbordados que fueron incapaces de suprimirse
Shoto terminó de limpiar el piso de la sala y se limpió el sudor de la cara; Endeavor les había impuesto el limpiar la casa todos los días, por eso ellos estaban acostumbrados a limpiar cada lugar de la enorme casa. Shoto se encargaba del área de entrenamiento, aunque estaba sin usarse.
Se levantó y estiró los músculos, luego recogió los trapos y salió de ese lugar. En su camino pudo observar como el cielo estaba más oscuro de lo normal; seguramente llovería. Le gustaba cuando eso sucedía, porque el clima estaba más fresco y el sonido de la lluvia lo ayudaba a dormir. Esperaba que Bakugo también pudiera descansar bien esa noche.
Su padre había salido a cumplir con sus deberes de héroe y a visitar su agencia por si tenían algún problema. Shoto se sentía más a gusto de esa manera, porque no necesitaba estar molesto cada vez que lo veía.
Entró a la sala y encontró a su hermana limpiando el librero.
—¿Ya terminaste Shoto? —preguntó ella, volteando a verlo.
Él asintió —¿Hoy llamó Natsuo?
—Si, dijo que en unos días vendrá a visitarte. ¿Estás feliz de poder verlo?
Shoto asintió nuevamente; su hermana se ponía feliz al pensar que había una buena relación entre hermanos, así que, tanto él como su hermano intentaban llevarse como muy buenos hermanos cuando estaban frente a ella. No era que se llevaran mal, pero ninguno de los dos era tan animado como lo era ella. Aun así, estaba feliz de poder ver a su hermano, ya que cuando era niño no podía verlos.
Recordó lo triste que se sentía cuando estaba solo y eso lo hizo pensar en Bakugo, en lo solitario que estaba todo el tiempo. ¿Qué clase de pensamientos ocuparían su mente durante esos momentos? Probablemente pensaba en la muerte de sus padres.
—¿Shoto? ¿Escuchaste lo que te dije? —preguntó su hermana.
Él salió de sus pensamientos y volteó a verla —Lo siento, ¿qué decías?
La chica sonrió y repitió la pregunta —Tú conoces al joven Bakugo, ¿no es así? ¿Crees que vaya a ponerse mejor? No me gusta verlo encerrado en su cuarto durante todo el día. Hay muchas cosas divertidas que podría hacer fuera de ese lugar. Debería aprovechar sus vacaciones.
Shoto pensó durante un momento —Estoy seguro de que pronto estará bien. Él no es una persona débil, es el más valiente de toda la clase y nunca se rinde, aunque la situación sea la más horrible. Definitivamente superará esto y se convertirá en un gran héroe que competirá en el top de héroes más poderosos.
Fuyumi sonrió con alegría —Le deseo lo mejor. Espero que tenga un gran futuro.
Shoto asintió. Podría asegurar que lo tendría.
Katsuki cerró la puerta de su habitación y se recargó contra la puerta. Había escuchado la conversación entre los hermanos Todoroki. Se sorprendió demasiado al descubrir la preocupación que tenían hacia él y los buenos deseos de la hermana mayor; pero lo que más le sorprendió, fue la manera en que Todoroki habló de él.
Una vez más se encontró recordando que no eran buenos amigos, ni siquiera eran cercanos; además, él se la pasaba insultando a ese que ahora trataba de ayudarlo a mejorarse y que tenía fe en él. Todoroki aseguraba que él, Katsuki, era una persona capaz de superar sus problemas y llegar a ser un héroe.
¿Cómo podía creer en él? Ni siquiera Katsuki mismo sabía si iba a poder continuar con sus estudios para héroe. ¿De verdad podría hacerlo? Eso era lo que se preguntaba todo el tiempo.
Sabía que necesitaba ayuda pero, simplemente, tenía miedo de pedirla.
Se recostó en la cama por fin y, después de varios minutos, se quedó dormido.
Unos golpes en la puerta lo despertaron después de un rato. Se levantó con cansancio y abrió. Todoroki lo esperaba al otro lado con la taza de té.
—Te traje el té —ofreció el otro.
Katsuki se le quedó mirando en silencio durante varios segundos, sin tomar la taza, solo pensando en la situación actual.
—¿Por qué haces esto? —preguntó, escuchando como la voz le salía un poco rasposa debido a la falta de uso.
Todoroki pareció sorprenderse un poco, pero luego respondió —Porque este té te ayuda a descansar.
Bakugo se sintió frustrado por no haberse hecho comprender —Me refiero a… ¿por qué me traes este té todos los días? ¿Por qué me ayudas, si no tienes ninguna obligación?
Todoroki se tardó unos segundos en responder —Lo hago porque es lo correcto. Y me preocupa que no seas el mismo que siempre anima a los demás. Si este té te ayuda a relajarte, yo no tengo ningún problema en prepararlo para ti.
Katsuki se quedó en silencio, luego respiró profundamente, sintiendo la frustración crecer en su interior.
—No necesitas ayudarme, yo... —comenzó a decir, pero se quedó en silencio, notando que iba a deshacerse de la única persona en esa casa en quien podía confiar.
Todoroki se agachó y colocó la taza en el suelo, luego se levantó, mirándolo con preocupación —Tal vez deberías sentarte —sugirió.
Katsuki negó. No quería sentarse, solo quería... no sabía lo que quería. Comenzó a respirar fuertemente. Se sentía mal, tenía esa enorme bola en el pecho que lo había estado asfixiando todo este tiempo.
—¡Bakugo! —llamó Todoroki.
Katsuki cerró los ojos. Esa era la razón por la que no quería hablar con nadie, no quería hacerlo y, aun así, lo había hecho. Sus ojos ardían demasiado. Apretó los puños con fuerza, para intentar detener sus sentimientos.
De pronto sintió como tiraron de él y, en un instante, unos cálidos brazos lo rodearon.
Katsuki abrió los ojos y sintió las lágrimas escurrir por sus mejillas.
Las palabras salieron de su boca como si nada pudiera detenerlas —Mis padres murieron… y yo los amaba. Yo los amaba mucho, pero nunca se los dije —sollozó Bakugo—. ¡Quiero que vuelvan! ¡Quiero que estén conmigo!
Los brazos lo apretaron más fuerte y Katsuki ya no pudo contenerse más. Comenzó a sollozar con fuerza mientras se aferraba al cuerpo que lo sostenía. En esos momentos no tenía conciencia de quién era, ni por qué estaba allí, solo sabía que no podía aguantar más ese dolor.
—¿Por qué tuvieron que morir? ¿Por qué no estuve allí para ayudarlos? —balbuceó entre lágrimas—. Mis papás, ya no están —sollozó con la voz quebrada—. Quiero que vuelvan.
Los brazos lo sostuvieron todo el tiempo, mientras él dejaba salir todo lo que se había estado aguantando. En algún momento, se encontró sentado en la cama y escondido entre el pecho de esa persona que le permitía su desahogo.
—Mis papás —sollozó nuevamente.
Katsuki no supo en qué momento dejó de llorar, ni cuándo se quedó dormido; tal vez nunca había dejado de llorar y solo había perdido la conciencia, no lo sabía. Lo que si sabía era que, por primera vez, había dejado de sentirse tan solo.
Shoto acomodó a su compañero en la cama y lo arropó con suavidad. Había llorado hasta que se había quedado dormido.
Mientras lo sostenía entre sus brazos, Shoto había pensado en lo frágil que era Bakugo en su interior. Siempre demostraba su lado más fuerte, pero en realidad, su corazón no era tan duro como todos creían.
Ahora, al verlo recostado, después haber caído rendido a causa de la fatiga que le habían provocado todas sus emociones, Shoto no pudo evitar limpiar con suavidad una lágrima que escurría por la mejilla de Bakugo.
Un extraño sentimiento se encontraba presionando su pecho. No podía distinguir que era. Lo único que podía comprender era que necesitaba proteger a Bakugo; necesitaba ayudarlo a sobreponerse. Quería que Bakugo estuviera mejor y que volviera a burlarse al vencer.
Suspiró y apagó la luz de la habitación, luego salió y cerró la puerta con lentitud. Shoto recogió la taza abandonada y la llevó a la cocina. Se preguntó cuándo fue la última vez que le dijo a su madre, o a sus hermanos, que los amaba. Se preguntó si... su padre regresaría un día más a casa. Todo este tiempo se portó mal con su padre porque no podía perdonarlo, pero... ¿qué tal si esa mañana se convertía en la última vez que lo vio con vida? ¿Estaba listo para dejarlo ir, aun cuando nunca le dijo que, en realidad, no estaba tan molesto? ¿Estaba listo para dejarlo ir sin haberle dicho una última vez que siempre lo había amado, aun cuando sufrió en su infancia, porque era su padre y nadie podría reemplazarlo?
Una lágrima escurrió por la mejilla de Shoto y comprendió que la vida era más corta de lo que las personas creían y, en cualquier momento, podía acortarse más hasta desaparecer.
Tal vez, ya era momento de perdonar y comenzar de nuevo.
Katsuki se despertó en la mañana, sintiendo como si su cuerpo hubiera sido apaleado por cientos de personas con la fuerza de All Might. Sus ojos ardían por haber llorado tanto.
Extrañamente, su pecho se sentía más ligero. Ya no sentía la presión que había sentido antes. Ahora, solo quedaba el vacío.
Se quedó sentado en la orilla de su cama, tratando de descifrar qué debía hacer a partir de ahora. Estaba sólo y sus papás no iban a regresar.
Alguien tocó la puerta con suavidad y luego esta se abrió. Todoroki entró y cerró la puerta tras él —¿Te sientes... mejor? —preguntó con indecisión.
Katsuki lo miró fijamente. Ya recordaba el suceso de anoche. Había llorado entre sus brazos. ¿Qué más daba? En esos momentos, ni siquiera el sentimiento de vergüenza estaba presente en él.
—Vacío —respondió.
—Probablemente ahora te sientas así, pero ese vacío puede ser reemplazado con buenos recuerdos al lado de tus amigos y buenos sentimientos.
Katsuki lo dudaba, aunque también había dudado que alguna vez hablara de esa manera con Todoroki, pero allí estaba.
—...Gracias —dijo Katsuki con vacilación.
—No necesitas agradecerme, lo único importante es que estés bien. ¿Ya sabes que vas a hacer de ahora en adelante?
Katsuki se quedó en silencio nuevamente. No tenía idea de lo que iba a hacer, ni quería pensar en eso; aún se sentía demasiado triste.
—Tengo... miedo de continuar con mi vida —confesó en voz baja—, porque si soy feliz, mis padres creerán que me olvidé de ellos y que ya no los necesito.
—Ellos jamás pensarían algo así —contradijo Todoroki—. Yo no puedo hablar por ellos, pero tú, que los conoces a la perfección, debes saber si ellos pensarían de esa manera.
Katsuki negó con la cabeza.
—Tienes que hacer que se sientan orgullosos —continuó Todoroki—, llegando a convertirte en el mejor héroe. De esa manera puedes agradecerles por haberte dado la vida y rendirles homenaje con cada una de tus victorias.
Katsuki pensó que probablemente tenía razón, pero... ¿qué sentido tenía lograr todas esas victorias, si nadie estaría allí para verlo?
—Aun así, ahora estoy solo —suspiró Katsuki.
—No estás solo —dijo Todoroki—, yo estoy contigo y lo seguiré estando. También mi familia está aquí para ti; y Midoriya, Kirishima y nuestros compañeros de escuela.
¿No estaba solo? se preguntó Katsuki.
Desde lejos escucharon el llamado de la hermana mayor, quien los llamaba para desayunar.
—Vamos, Bakugo. Por ahora, come y deja tus preocupaciones atrás —invitó Todoroki, luego salió de la habitación.
Katsuki se preguntó si era verdad que debía dejar de sufrir por sus padres. ¿Acaso podía hacerlo? Él los amaba. ¿Cómo podría dejar de llorarlos? ¿Pero era correcto llorar por ellos toda su vida y encerrase en su dolor?
Sacudió la cabeza y decidió dejar esos pensamientos para después de desayunar, aunque llevaba días que no le encontraba un buen sabor a la comida.
Al día siguiente, después de desayunar, Shoto se sorprendió al notar que Bakugo no huyó hacia su habitación. Normalmente salía a comer, lavaba sus trastes y después regresaba a su escondite, pero hoy estaba sentado en la sala, con la cabeza agachada.
Shoto no dijo nada mientras lavaba sus propios utensilios, luego fue a sentarse a un lado de su compañero.
En la televisión pasaban las noticias del día. Una mujer anunciaba el ataque de un villano.
|...al parecer, el villano tenía la intención de robar la gasolina que la empresa tenía almacenada. El héroe número uno: Endeavor, no pudo acercarse debido al alto riesgo que representan sus llamas frente a un almacenamiento de gasolina. Por suerte, un grupo de héroes pudo detenerlo antes de que hubiera pérdidas humanas y dejando solo algunos heridos. Este día, todos resentimos el retiro del gran héroe, All Might, quien hubiera impedido este accidente sin demasiados problemas. Todos nos preguntamos si llegará algún héroe que pueda representar un nuevo pilar de esperanza para todos nosotros. El villano fue detenido y llevado...|
Shoto volteó hacia Bakugo, quien observaba fijamente la pantalla. Se preguntó qué estaría pensando.
—¿Aun quieres ser un héroe? —preguntó sin embargo.
Bakugo volteó a verlo con seriedad y luego miró hacia sus manos —Mis papás me heredaron sus kosei, y gracias a que eran compatibles, yo pude desarrollar el kosei explosivo. Cada uno de ellos, individualmente, no podían convertirse en héroes porque sus kosei no eran poderosos, pero yo soy la mezcla de los dos.
—Y tú si puedes convertirte en un héroe —completó Shoto lo que creía que estaba en la mente de Bakugo.
—Yo sí puedo —repitió su compañero.
—Deberías hacerlo. Deberías cumplir tu sueño. Era lo que querías hacer antes del accidente.
Bakugo asintió y continuó mirando sus manos.
—Si te conviertes en héroe podrás impedir que, lo que te pasó a ti, les pase a otras personas. Podrás detener a los villanos por ti mismo —animó Shoto.
No quería que Bakugo abandonara lo que tanto tiempo había peleado por conseguir. Siempre estaba retando a los demás para ser el número uno, y ahora, había perdido su camino. Por eso, Shoto estaba allí para recordárselo.
Bakugo no respondió, pero tampoco se retiró a su habitación. Shoto tomó eso como una respuesta neutra y comprendió que necesitaba pensarlo.
Cuando se llegó la noche, Shoto nuevamente le llevó el té a Bakugo.
Después de ese día, Bakugo comenzó salir más de su habitación y a quedarse más tiempo cerca de los demás. Incluso le había respondido a su hermana cuando esta le preguntó cómo se encontraba. Shoto se sintió feliz al ver que estaba mejorando.
Enji llegó a su casa cuando el cielo estaba oscuro, después de un largo día de trabajo protegiendo a los ciudadanos. Lo primero que notó a su entrada fue a los dos chicos sentados frente a la televisión.
Se sorprendió gratamente al ver que el chico Bakugo había decidido salir de su habitación por fin. Notó como Shoto intentaba hacerle plática y eso lo hizo feliz.
Se alegraba de que ambos fueran capaces de llevarse bien y de que su hijo estuviera ayudando al otro chico a salir de su encierro. Ahora, solo faltaba que él se acercara a ambos. Necesitaba lograr que confiaran en él y poder demostrarles que podía ser un buen padre.
De pronto, Shoto volteó y le sonrió levemente.
—Bienvenido a casa —dijo su hijo.
Enji sintió una enorme emoción llenar su pecho y casi se lanza a abrazar a su hijo menor, pero se controló y respondió como era adecuado.
—Estoy en casa.
—La comida está caliente, por si quieres comer —volvió a decir Shoto.
Enji asintió y se dirigió hacia ese lugar.
Estaba muy emocionado. Esperaba que pronto su relación con su hijo pudiera estrecharse y él tuviera la confianza de contarle sus problemas. Esperaba lograr eso también con el chico Bakugo. Ambos eran unos jóvenes que necesitaban el cariño de un adulto y Enji necesitaba aprender a ser ese apoyo.
.
.
.
Nota: Incluso a mí se me salió una lágrima con este capítulo. Perdón si las o los hice llorar. Estaba un poco reflexiva y nostálgica el día en que escribí esto.
