Resumen: Después de perder a sus padres, Katsuki se siente completamente solo, así que deja de hablar con los demás y se encierra en su dolor. Debido a que ahora nadie puede hacerse cargo de sus estudios, Katsuki es adoptado por Enji Todoroki, por lo que se ve obligado a pasar su verano en la casa de esa familia. Sin embargo, los cuidados de Shoto lo ayudarán a comprender que, tal vez, no estaba tan solo como creía. Mientras tanto, una mujer manipula el destino para lograr que Katsuki se una a los villanos.
Advertencias: OoC, ligero drama. No hay lemon.
Pareja: TodoBaku — Seme(activo)/Seme(pasivo)
Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Horikoshi Kohei.
La historia es completamente mía. No acepto que sea utilizada sin mi permiso por otras personas ni resubida en otras páginas. No acepto las adaptaciones.
|Di no al plagio, haz trabajar tu imaginación y crea tus propias historias. Las felicitaciones y votos por algo que no hiciste, ¿en realidad son para ti?|
.
.
No estás solo
Capítulo 5 — Visitas problemáticas y dolorosas
Los días en la casa de la familia Todoroki se habían hecho más alegres. Bakugo había comenzado a salir más y a convivir con Shoto. Ambos eran los únicos que se quedaban en casa, por lo que tenían todo el día para hablar. Aunque el que más hablaba era Shoto, aunque sonara impresionante; pero esas palabras lograron que, poco a poco, Bakugo fuera animándose a hablar más. Ahora, Bakugo parecía más animado, e incluso se había animado a insultarlo de vez en cuando. Extrañamente, eso hacía sentir mejor a Shoto. Ahora mismo, se encontraban sentados uno al lado del otro en el pasillo exterior, disfrutando del fresco viento que soplaba en el patio de su casa.
—Bakugo —atrajo su atención—, ¿quieres acompañarme a la tienda? Necesito comprar algunas cosas para llenar el refrigerador.
Bakugo volteó a verlo. Últimamente Shoto había notado que sus ojos eran tan rojos como un atardecer, pero sus pequeñas pupilas dificultaban el notarlo.
—Está bien —respondió el chico.
Shoto sonrió un poco y se puso de pie para recoger el dinero y buscar sus zapatos. Bakugo lo siguió y ambos salieron de la casa.
Se sentía bien tener alguien con quien salir. Shoto siempre había sido hijo único y nunca había tenido oportunidad de salir con sus hermanos, así que no sabía lo que se sentía pasear con alguien. Pero... se sentía bien.
Katsuki observó de reojo a Todoroki; tenía la misma expresión de siempre. Miró al alrededor con curiosidad. Nunca había estado en ese distrito, así que no lo conocía, por lo que iba mirando hacia todos lados con curiosidad. Procuró no alejarse de Todoroki para no perderse. Cuando llegaron a la tienda, se limitó a observar como éste escogía los productos y los metía al carrito.
—¿Quieres algo, Bakugo? —preguntó Todoroki.
—No —respondió Katsuki.
Aun así, el otro chico escogió dos bolsas de papas fritas y las agregó a sus compras.
Cuando salieron de la tienda, cargando cada uno una bolsa de plástico, Katsuki escuchó a un niño hablar animado. Normalmente no le gustaban los niños pero, lo que ese niño decía, llamó su atención.
—¡Cuando crezca quiero ser un héroe! ¡Voy a derrotar a todos los villanos! ¡Ya lo verás!
La mamá del niño rio y lo cargó, fingiendo que el niño volaba.
—Tú serás el mejor héroe, cariño —declaró la mujer.
Katsuki sintió una enorme nostalgia y recordó el tiempo en que él también era pequeño. En ese entonces, se creía el más fuerte del mundo debido a los halagos de sus maestros. Le había prometido a su madre que él iba a convertirse en un gran héroe capaz de superar a All Might. Su mamá se había burlado y le había dicho que, si no era capaz de tener limpia su habitación, menos sería capaz de convertirse en héroe. Desde entonces, Katsuki nunca dejaba su habitación desordenada, porque creía que eso también era parte del trabajo de un héroe.
—Bakugo —escuchó que lo llamaban.
Todoroki lo miraba fijamente. Katsuki notó que se había quedado de pie en el mismo lugar, observando a la familia feliz. Continuó caminando y Todoroki lo siguió.
Había recordado las dos razones por las que quería ser un héroe. Tenía que superar al hombre que siempre había sido su héroe, y también, le había prometido a su mamá que iba a conseguir cumplir su objetivo.
—Quiero... ser un héroe —le confesó a Todoroki—. Realmente quiero lograrlo.
—Lo único que tienes que hacer es continuar con tus estudios, porque tú ya avanzaste mucho camino para ser un héroe, y ahora solo tienes que terminar el recorrido —respondió el otro chico.
Katsuki no se atrevió a mirarlo, pero decidió que tenía razón. Se había esforzado mucho para llegar hasta allí; había sobrevivido a muchas cosas. Su papá lo había estado animando siempre, y sabía que su mamá esperaba que lograra su objetivo, aunque no se lo dijera. No podía rendirse, tenía que hacerlo por ellos. Iba a continuar sus estudios, y después, iba a convertirse en el mejor héroe.
Ese día, Katsuki estaba comiendo con la familia. Se había esforzado por dejar su exilio y salir a comer con ellos. Esas personas se habían preocupado por prestarle su casa, darle una habitación propia y verificar que estuviera bien. Si su madre estuviera viva, ya estaría golpeando su cabeza mientras le gritaba:
"¡Mocoso malcriado! Esta familia te ha prestado su casa y tú solo puedes pagarles ocultando la cara e ignorando su presencia. ¡Sal a comer con ellos y agradéceles correctamente!"
Pero Katsuki se sentía avergonzado de decirlo en voz alta, así que se esforzaba por comer con ellos para que vieran que intentaba ser agradecido.
De pronto, el timbre de la casa sonó. La hermana mayor de los Todoroki se paró a atender. Unos minutos después, regresó completamente emocionada.
—¡Papá, Natsuo vino a visitarnos! —informó con más mejillas rojas de felicidad.
Katsuki vio a un chico, de cabello blanco, entrar por la puerta del comedor. Era muy parecido a Endeavor. El chico miró hacia todos y luego lo miró a él con curiosidad, Katsuki regresó la vista a su comida y continuó con lo suyo.
—Hijo —dijo Endeavor.
El chico lo ignoró y se dirigió hacia Todoroki. En realidad, todos allí eran Todoroki.
—Shoto, me alegra verte —dijo con una calmada alegría.
—A mí también me alegra verte. ¿Tuviste un día libre en tu trabajo? —respondió este.
—Si —el chico se sentó al otro lado de su hermano—. He tenido que trabajar extra para reponer los permisos que me dan cuando tengo que estudiar para los exámenes. Pero, en cuanto termine la universidad, podré obtener un trabajo de tiempo completo donde me paguen más y abandonar los dormitorios. Voy a comprarme un departamento al que puedas visitarme.
—Sabes que no tienes que trabajar —intervino Endeavor—, yo podría darte el dinero que necesites para...
—No quiero tu dinero —interrumpió el chico.
Katsuki no se sorprendió. Había escuchado, en secreto, la historia que Todoroki le había contado a Deku, así que se imaginaba la situación. Ya había visto a su compañero ser frio con el héroe y no le sorprendía que el otro hijo también lo odiara. Sin embargo, la hija mayor era diferente.
En ese momento ella intervino —Natsuo, quiero presentarte al joven Katsuki Bakugo; él va a quedarse con nosotros a partir de ahora. Es compañero de salón de Shoto, ¿no es así?
Todoroki asintió y volteó a verlo. Katsuki se preguntó qué quería.
—Es desafortunado que tengas que vivir en esta casa, pero Shoto y Fuyumi van a tratarte bien.
—Natsuo, no digas eso —regañó la chica.
—No te preocupes, hija. Es mi culpa. Está bien que exprese su enojo.
El chico apretó la boca y se puso de pie, luego salió del comedor. Todoroki volteó a ver a su hermano. Y lo siguió.
—¡Natsuo! ¡Shoto! —llamó la hermana mayor.
Endeavor bajó la cabeza, pero se quedó en si lugar.
Katsuki se sintió incómodo, así que se paró a limpiar sus platos y salió hacia su habitación. En el camino, observó a Todoroki hablando con su hermano al otro lado del pasillo. Katsuki dobló por el pasillo que lo llevaba hacia su habitación y se encerró en ella. Una vez que estuvo allí, se dio cuenta de lo pequeña que era.
Era un ambiente opresivo, como si estuviera atrapado en ese lugar. Sin embargo, no tenía otro lugar a donde ir.
Por la noche, Shoto se dirigió hacia la habitación de Bakugo para llevarle el té, pero antes de entrar al pasillo, observó a su padre de pie frente a la habitación de su compañero. Shoto se ocultó y esperó a que se fuera. Escuchó como la puerta de la habitación se abrió.
—Eh... Hola, chico Bakugo —saludó torpemente el mayor.
Shoto se asomó y observó como Bakugo miraba a su padre en silencio.
—Lamento lo que sucedió durante la comida —continuó Endeavor—. Mis hijos... tienen resentimiento contra mí porque no fui un buen padre para ellos y los hice sufrir. Pero ahora, intento cambiar. Quiero ser un buen ejemplo para ellos y... para ti, ahora que estás aquí. Por eso, espero que me dejes ser alguien de confianza para ti.
El pasillo se quedó en silencio y Shoto se escondió. Las dos personas frente a la puerta parecían indecisas sobre que más decir.
—Yo también fui un mal hijo —dijo de pronto Bakugo. Shoto se sorprendió de escucharlo—. La diferencia es que tú si tienes la oportunidad de enmendarlo, por eso tienes que esforzarte más. Yo sé que necesitaría mucho tiempo para pagar la forma en que me comporté con mis papás. Ellos no merecían tener un mal hijo como yo.
—Las personas como nosotros cometemos un montón de errores sin darnos cuenta —suspiró Endeavor.
Shoto miró la taza que tenía entre sus manos.
—Estoy seguro que tus padres no necesitaban perdonarte nada —continuó su padre—. Seguramente ellos solo estaban preocupados por ti y querían que fueras un buen chico. Yo estaré apoyándote en su nombre. Ellos querrían que no estuvieras solo —luego se quedó en silencio por un par de segundos—. Me alegra que esté saliendo más. Si en algún momento te sientes incómodo con alguna cosa, si necesitas algo o quieres ir a algún lado, no dudes en decírmelo. Bueno... me voy.
El silencio se extendió más y el sonido de una puerta se escuchó, luego unos pasos resonaron en el pasillo.
—Yo no te odio —dijo Shoto cuando su padre llegó hasta él.
Endeavor volteó a verlo sorprendido.
—Shoto... ¿en qué momento llegaste?
—No te odio. Ya no me importa lo que pasó en el pasado —continuó Shoto—. La muerte de Toya no podrá remediarse. No sé si él te odiaría por lo que le hiciste, pero yo... no puedo odiarte. Solo quiero que arreglemos esto y podamos hablar tranquilamente, sin que ninguno de los dos se sienta mal cerca del otro.
—Shoto —dijo su padre con la voz algo apretada.
Él no se atrevió a voltear a verlo.
—Natsuo... hablé con él —contó el menor—. No creo que pueda perdonarte pronto, tendrás que esforzarte más para demostrarle que realmente cambiaste. Yo estaré de tu lado.
Shoto miró el té, que ahora estaba frío, y se dio la vuelta para regresar a la cocina.
—Perdóname por ser un mal padre —escuchó de pronto.
Shoto se detuvo, pero no volteó a verlo. Apretó la boca y miró hacia la taza nuevamente.
—Ya dije que te perdoné —contestó, luego continuó su camino hacia la cocina para tomar otra taza de té caliente.
Katsuki se despertó ese día con una decisión tomada. No podía continuar de esa manera. Incluso Endeavor se estaba esforzando por superar el problema que tenía con sus hijos; él también debía esforzarse.
Sabía que jamás podría olvidarse de sus padres, pero tenía que vivir para ellos. Esa vida le había sido otorgada para convertirse en un héroe, no para morirse encerrado en una casa que ni siquiera era suya. Tenía que salir de esa habitación que se había convertido en su guarida de tristeza.
Cuando todos terminaron de desayunar, Katsuki esperó a quedarse solo con Todoroki y entonces se atrevió a hablar.
—Quiero... ir a mi casa. Quiero despedirme de ese lugar —dijo con seriedad.
Todoroki volteó a verlo con sorpresa, pero luego asintió y se puso de pie.
—No sé dónde queda, tendrás que decirme la dirección para poder buscarla en el mapa —respondió este con tranquilidad.
Katsuki asintió y, pronto, ambos salieron de la casa Todoroki para poder tomar el tren. Se preguntó si era correcto llevar a ese tipo a su casa, pero luego recordó todo lo que había hecho por él y comprendió que hacía lo correcto.
Subieron al expreso que los llevaría hasta el lugar donde Katsuki había crecido y ambos se sentaron en un asiento, uno al lado del otro. De pronto, un anciano subió al tren y se paró frente a ellos. Había más asientos vacíos a una corta distancia, pero el anciano pareció no ponerles atención. Todoroki se puso de pie.
—¿Qué crees que haces mocoso? —preguntó el mayor de pronto.
—Le dejo el asiento —respondió Todoroki.
—¡¿Acaso estás diciendo que estoy tan moribundo que no puedo estar de pie?! —se ofendió el abuelo.
—No estoy diciendo eso, solo es una muestra de amabilidad.
—¡No necesito amabilidad! ¡Yo puedo estar de pie si se me pega la gana!
Katsuki observó como el anciano seguía gritando a Todoroki mientras este trataba con torpeza de hacerle entender que no era una falta de respeto. La gente alrededor los miraba de mala manera por el escándalo que estaban armando. Katsuki frunció el ceño.
—¡Ya cierra la boca, maldito viejo! ¡Si no quieres sentarte no te sientes, pero deja de molestar! —gritó completamente harto de ese anciano. Tomó el brazo de Todoroki y lo tiró hacia el asiento, luego se cruzó de brazos.
—¿Cómo te atreves? Yo he vivido más años que tú y...
Katsuki miró al anciano, de esa manera que hacía que los demás huyeran de él, y funcionó. El anciano se fue hacia el otro lado del vagón.
—Lo siento —dijo Todoroki—, yo solo quería ser amable.
—Lo sé —respondió Katsuki.
No se dio cuenta que estaba hablando más.
Llegaron a su destino y bajaron en la estación. Cuando salieron a la calle, Katsuki sintió una ola de nostalgia. Había recorrido esas calles un montón de veces, con sus padres y en solitario.
Caminó con Todoroki por la calle principal. Pasó por el que, alguna vez, fue su kínder; allí se había divertido con sus amigos... y había molestado a Deku. Sus papás lo habían llevado tantas veces a ese lugar, habían tomado su mano mientras él saltaba feliz.
Suspiró profundamente para tranquilizar los sentimientos que se estaban acumulando en su pecho.
—¿Estás bien? —preguntó Todoroki.
—Si, vamos a mi casa —respondió Katsuki. Ya estaba decidido, no iba a retractarse.
Siguieron caminando y llegaron a la casa por fin. Se veía tan sola y sucia; el pasto estaba descuidado y las ventanas estaban llenas de polvo. Suspiró nuevamente y avanzó por el pasillo. Sacó las llaves de su bolsillo —las cuales le habían sido entregadas por los policías después del accidente— y abrió la puerta. En un instante fue invadido por miles de recuerdos que, antes, para él no eran importantes pero que, ahora, representaban esa vida feliz que nunca iba a recuperar. Entró al recibidor y observó la fotografía familiar, donde sus padres sonreían y él demostraba su molestia al tener que posar. Acarició la pared y siguió hacia la sala, en donde su padre había resuelto muchos de los crucigramas que tanto le encantaban. Donde su madre miraba las telenovelas que luego le contaba aunque él no quisiera. Donde se encontraba ese sofá en el que se había tirado todos los días, después de llegar de la escuela.
Sus padres jamás iban a regresar a ese lugar. Nunca iban a recibirlo nuevamente. Nunca iba a volver a verlos.
Volteó hacia Todoroki, quien lo miraba fijamente. No estaba solo, había gente que se preocupaba por él, aunque fueran las personas más inesperadas. Se sintió tonto al pensar en eso, pero no podía evitarlo, al parecer estaba más hundido de lo que pensaba.
—Voy a mi habitación —informó Katsuki—, regreso en un momento.
—No te preocupes, yo voy a estar aquí —respondió el otro chico.
Katsuki asintió y caminó por el pasillo hasta llegar al lugar donde escondía todos sus secretos. Ya no iba a poder servir para eso, así que tenía que llevarse lo más valioso. Tomó la mochila que estaba colgada en la pared y comenzó a guardar las cosas que quería llevarse a su nueva casa. No sabía que iba a hacer, pero no quería que le quitaran el hogar donde había crecido. Necesitaba quedarse con su casa. Tal vez, Endeavor pudiera ayudarlo con eso.
Salió al pasillo y se dirigió a la habitación de sus padres. No quería ver en sus cosas privadas, pero necesitaba los álbumes de fotos y su mamá los tenía guardados en el mueble. Tomó lo que buscaba y salió de ese lugar, donde aún podía oler el perfume de su mamá.
Regresó con Todoroki y se quedó junto a él en silencio.
—¿Encontraste lo que buscabas? —preguntó este.
Katsuki asintió.
Todoroki miró alrededor, mientras parecía pensar algo. De pronto, comenzó a hablar por fin —Gracias a ti, descubrí que no es bueno guardar rencores y que debo decir lo que siento a las personas que quiero. A partir de ahora, tú también debes hacerlo. Debes decirles a las personas que quieres cómo te sientes hacia ellas. ¿Por qué no empiezas ahora?
Katsuki lo miró con sorpresa —¿A qué te refieres? —preguntó.
—¿Por qué no le dices a tus padres lo que sientes por ellos? Ya no están aquí, pero nunca es tarde para decir lo que sientes.
Katsuki miró también a su alrededor. Estaba en ese lugar que había formado parte de su vida. ¿Cómo se sentía? Miró hacia Todoroki, luego miró hacia el suelo, antes de hablar.
—Realmente los amo. Lamento haber desperdiciado mi tiempo con ustedes. Definitivamente voy a honrar su memoria y voy a hacer que se sientan orgullosos de mí, si es que están en algún lugar. No voy a estar solo, hay gente que me está cuidando y que va a estar a mi lado. Y tengo amigos, aunque yo me porté mal con ellos. Eso... es todo. Ahora voy a irme, pero voy a hacer lo posible por quedarme con nuestro hogar. No voy a permitir que nos quiten esta casa.
Cuando terminó de hablar, Katsuki volteó a ver a Todoroki, y este le sonrió.
—¿Estás listo para irte? —preguntó el otro.
Katsuki miró una última vez la que fue su casa y luego caminó hacia la salida. Se alegraba de notar como la situación estaba siendo menos difícil de lo que creía. Tal vez era gracias a que Todoroki estaba allí, aunque no quisiera admitirlo.
Salieron de la casa y caminaron nuevamente por esas calles que Katsuki tanto conocía. Pasaron por el callejón donde había sido atrapado por ese villano. En ese lugar, había iniciado su camino para ser un héroe, y esperaba poder continuarlo. Ausentemente, pensó que debía agradecerle a Todoroki por todo lo que hacía por él, pero dejó el pensamiento en el fondo y siguió caminando al lado de él.
.
.
.
Nota: Esto si sucede en Japón. A los ancianos no les gusta que les den el asiento. Me basé en la anécdota de Ernesto, de los Nekojitablog. A él le sucedió algo parecido. Así que ya saben, si van a Japón, nunca le den el asiento a nadie porque eso no les gusta a los japoneses y menos a los ancianos.
