PAREJAS: Harry x Draco, Severus x Sirius, Lucius x Remus y Bill x Regulus.

DISCLAIMER: El mundo de Harry Potter le pertenece a J.K. Rowling! Yo solo estoy utilizando los personajes por mero entretenimiento sin fines de lucro :3

ADVERTENCIAS: Es un What if,...? (que tal si...?) Hay relación chico-chico, sexo explícito (Si no te gusta el delicioso, ¿que haces aquí? x9), m-preg (embarazo masculino), personajes algo OoC y probablemente palabras altisonantes. Están advertidos!

Como nota extra, les advierto que este fic esta ambientado en lo que sería el 6to libro, tomo casi todo lo establecido del 1-5 como canon (a excepción de la muerte innecesaria de Sirius :'V) y Regulus tampoco esta muerto, ya después explicaré como sobrevivió (y espero que no sea algo tan ambiguo como "un hechicero lo hizo" XD). Si me equivoco en continuidad o las cosas canónicas, me disculpo de antemano!

A leer se ha dicho!


Capítulo 34

"Mierda… olvidé cerrar la cortina" se dijo con tremendo ceño fruncido conforme se estiraba cuan largo era; faltaba poco para que dieran las ocho y volviera a ser una chica. "Oh mi cadera…" chilló haciendo una mueca, tanteando con su mano donde guardaba sus pociones analgésicas.

Aún estaba adormilado por la corta noche de sueño, pero no había tiempo que perder. Con sumo cuidado se puso de pie a dejarle en la ventana la carta a su madre que Diky que encargaría de llevarle.

No dudaba que la esperaba con ansias y usando su varita, probó suerte para levantar con un Wingardium Leviosa una de las flores de cristal. La flor levitó tambaleante pero segura hasta su mano y sonrió dándole un beso. Estaba seguro que a su madre también le gustaría y entendería la referencia cuando la viera.

Las fiestas en su casa siempre fueron opulentas y formales, con cientos de invitados, tan distinguidas con tantas apariencias, frialdad y egos pululando de la crema y nata de la sociedad mágica, sin embargo era cuando más cerca estaba de sus padres. Sus queridos padres.

Aunque lo de la noche anterior distaba tanto de ese brillo y elegancia, esa pequeña reunión con Harry fue tan especial, mágica e indeleble, que casi consigue olvidar todos sus problemas.

Sin muchas ganas de hacer otra cosa, regresó a la cama donde estaba Harry recostado sobre su costado, durmiendo plácidamente mientras susurraba algo inteligible entre dientes como solía hacer todas las noches y se recargó sobre su codo para observarlo solo un momento más.

Era atractivo tenía que admitirlo, con su esbelta figura semidesnuda, su piel salpicada de un ligero brillo bronceado y su indómito cabello negro regado sobre la almohada. Su diestra tanteaba su lado como buscando algo y le pareció tan dulce que de seguir así le saldrían caries.

"Realmente pasó y no fue un sueño" se dijo sintiendo como llegó el rubor de golpe y las escenas se repitieron en su mente a todo color. Su ardor y su frenética desesperación que se desbordó hasta arrasar su cordura, despertando una criatura en su interior que hasta ese momento supo que había estado restringiendo.

Su cuerpo comenzó a calentarse. Se habían entregado el uno al otro y sin medida, sin precaución y sin decoro. "Soy un gran tonto" su frío temple lo había abandonado y si bien, disfrutaba besar a Harry, jamás pensó que cruzarían de esa forma la línea. Tenía que reprenderse por dejarse llevar de esa manera.

"O sea, una cosa es estar enamorado del jodido niño que vivió y otra muy distinta dejarle hacer lo que quiera…" se sobresaltó poniendo sus ojos de plato.

-¿Quién está enamorado?- se cruzó de brazos y notó como el moreno se removía en su lugar a punto de despertar –ya no se ni lo que digo…- dejó caer nuevamente la cabeza sobre la almohada, abatido por sus propios pensamientos y sentimientos.

Se admitía que lo quería más de lo que diría alguna vez en voz alta o lo que alguna vez quiso a otra persona ajena a su familia, sin embargo era peligroso pensar que pudiera aspirar a más porque de estar realmente enamorado, estaba jodido. Su padre cuando se enterara, jamás le permitiría algo así.

"Solo somos adolescentes… es normal que estas cosas pasen entre… ¿amigos?" gruñó ocultando su rostro en la mullida almohada. "Ni siquiera sé lo que somos…"

Con pesar acarició el anillo en el anular de su diestra. El emblema de los Malfoy brillaba en su plata bruñida y las serpientes siseantes le daban la bienvenida. El día que su padre se lo obsequió fue el día que más orgullo sintió al pertenecer a su familia de gran linaje y larga tradición. Sin embargo ahí estaba, incumpliendo su parte, albergando sentimientos por Harry Potter, que por más mago excepcional que era, seguía siendo un mestizo...

"Pero no puedo evitarlo…" acarició su mejilla apenas rosándolo con las yemas de sus dedos. Y sintió como se estremeció bajo su toque.

Cuando era niño cuanto albergó en su interior la idea de ser su mejor amigo. De imaginar todo lo que vivirían y las aventuras que tendrían, no podía esperar para conocerlo. Todos esos años pensando en él, que ni siquiera cuando este lo rechazó brutalmente frente a la muchedumbre concurrida, dejó de hacerlo.

-¿Por qué tienes que ser tú?- preguntó tan trémulamente esperando con toda su alma no equivocarse. No sería tan fuerte si solo era algo pasajero o porque estaba hechizado. Se acurrucó más cerca y pudo ver como con lentitud abría los ojos -¿Me seguirás amando mañana y el día después de ese?-

-Siempre…- sonrió tomando su mano como siempre, una mano que por más que el instinto de supervivencia le ordenaba que lo soltara, no podía -Hola…-

-Hola…-

-¿Ya es muy tarde?- entrecerró sus ojos a la claridad, tanteando con su mano libre la mesita de noche en busca de sus gafa –maldición, tengo que levantarme a regar el invernadero…-

-No- pidió deteniéndolo –quédate…- los ojos verdes parecieron sonreír con calidez.

-¿Cómo puedo decirte que no cuando me ruegas así?- bufó sintiendo como Harry lo abrazaba tan cerca de su pecho y aunque trató de huir, el moreno se aferraba a su cuerpo y reía divertido.

-¡¿Quién te está rogando, cara rajada?!-


La segunda vez que despertó, notó que había dormido más profundamente que la primera vez que lo intentó en la noche. De todos modos ¿Cómo hacerlo si su corazón era un torbellino de sensaciones; activo e inquieto?

Había perdido su virginidad con el chico que amaba, no era para tomarlo a la ligera. Le había dicho que lo quería y podía decir que lo sintió, sintió su amor y cariño por la manera en que se aferraba a él, como decía su nombre con aquella sensual voz.

Aquella había sido la mejor navidad de su vida. Jamás pensó que superaría su primer año en Hogwarts pero había sido lo más maravilloso y estupendo que alguna vez sintió. La sensación de hormigueo no abandonaba aun sus terminales nerviosas.

Alargando su mano, sintió algo muy grande y suave como pudin que en cuanto lo apretó, escuchó a Draco gemir.

-¿Te estas divirtiendo?- cuestionó con una mueca para bochorno de Harry. Ya no era el chico que había amado durante la noche, sino la hermosa rubia que lo miraba con las mejillas encendidas.

-Lo siento…-musitó alzando ambas manos queriendo borrar de su obituario ese último minuto de su vida.

-Descuida, no es como si fuera peor de lo que hicimos anoche…- aclaró su garganta sin apartar sus ojos de los suyos. Era la misma persona, pero algo se sentía diferente y más vergonzoso de lo que debería ser, como si lo hubiera pescado haciendo algo indebido.

-¿Te arrepientes?- preguntó con cautela temiendo su respuesta. Había sido increíble para él, inolvidable y tan maravilloso, pero había sido su primera vez y si besaba tan mal como Draco insistía, no tenía muchas esperanzas.

"Aunque si no le hubiera gustado, no lo habríamos hecho dos veces más…" se dijo dándose ánimos.

-Claro que no… puede que no lo planeé en un inicio pero estuvo bien… o más que bien…- dijo eso aún más bajo que Harry pudo respirar más tranquilo - ¿Por qué preguntas? ¿Te arrepientes?- entrecerró sus ojos y aquello era una advertencia.

-Jamás…- su expresión se suavizó ante la respuesta correcta y besó su mejilla.

-Bien. Entonces vamos a desayunar. Muero de hambre- Harry asintió. Había sido realmente una noche para recordar.

La elfina de Draco les trajo el desayudo y procedieron a saciar el hambre que no sabía que sentía hasta ese momento. Los panecillos de mantequilla con jalea de chabacano y chocolate fueron los primeros en desaparecer y el huevo con tocineta le pareció delicioso.

La mejor mañana que hubiera tenido sin lugar a duda. Era la misma escena de días anteriores acompañada de la usual familiaridad acogedora, sin embargo, ahora estaban más unidos que nunca.

Con curiosidad vio que el pequeño árbol de navidad tenía varios obsequios de coloridos patrones bajo las ramas, eran bastantes y Lynci ya estaba sentada al pie con una caja en sus manos.

-Siempre me sorprenderá como nunca se les escapa nada- dijo en voz alta sentándose a su lado al ver que había varios a su nombre -¿De quién es ese?-

-De Vince y Greg- al abrir la caja, un fuerte aroma a manzanas acarameladas impregnó sus fosas nasales –siempre hacemos intercambio de dulces; este año les tocó bombones de amareto con frambuesa y ellos me regalan lo mismo de siempre. Manzarelos; El mejor dulce del mundo- con inocencia se echó uno a la boca disfrutando su sabor –hasta la fecha no me han dicho donde venden esta maravilla…-

Harry trató de esconder ese pinchazo de celos y abrió su primer obsequio para distraer su mente, era de Hermione y se trataba de unos nuevos guantes de piel de dragón junto con un libro sobre artilugios prohibidos "Parece ser que sigue trabajando en su investigación de horrocruxes" se dijo desanimado.

De Ron recibió dulces envinados, de Molly Weasley un nuevo suéter con una gran "H" tejida en dorado, de los gemelos una nueva dotación de sus recientes productos de sortilegios Weasley, de Ginny una foto enmarcada de su record en quiditch junto con un set de limpieza y cuidado de escobas.

El último obsequio que quedaba a su nombre tenía una tarjeta que consiguió que se ruborizara hasta la punta de su cabello. "Harry; espero que te sirva para cuando revientes tu cereza" y en su interior había muchos condones de colores, lo que parecían unas esposas con peluche rosa, gel sabor mango y un extraño mazo que comenzó a vibrar.

-¡Maldición, Seamus…!- chilló cerrando el obsequio de golpe.

-¿Qué fue ese ruido?-

-Nada importante…- estaba seguro que si Draco lo veía, no dudaría en tacharlo de pervertido y estuvo determinado en deshacerse de esa caja bajo su cama; fuera de su vista y fuera de su pensamiento "O eso quisiera…" ya que estaba seguro no podría olvidar algo así de escandaloso.

-Es para ti- musitó Draco alargándole una caja plateada sin moño, que tenía solo una etiqueta con un hombre de nieve que decía "Para San Potter"; así que era obvio de quien era.

–Que detalle…- rodó los ojos por el apelativo, pero con su corazón golpeteando como loco su pecho al ser el primer obsequio que recibía de Draco "bueno, el segundo" se dijo aun sonrojado.

Era un abrigo de agradable textura y que aunque no pesaba en lo absoluto, se veía abrigador.

-Estaba harto de verte con esa horrible casa de campaña de segunda mano que siempre traes puesta. Es fea, raída y enorme; no me sorprendería que en ella cupieran dos tú con facilidad- alzó su nariz –además esta es de buena calidad, con fibras naturales y hecho en Francia por duendes. Es muy especial para climas extremosos-

Como si hubiera sido poco, en el fondo de la caja había un set completo de 48 colores de acuarela con pinceles y un bloc de hojas gruesas que le hicieron sonreír.

-No debiste…-

-Patrañas. Es un obsequio que quise darte. Además no es como si tuviera que salir a comprarlo. Solo tuve que pedirlo por catálogo y ya está- dijo como si no fuera la gran cosa –además tú me diste un mejor obsequio….- jugueteó con una de sus cajas de obsequio que no dudaba era de su madre.

-¿Tan bueno estuve anoche?- preguntó aligerando el ambiente y recibiendo un golpe en el hombro –me alagas-

-No me refería a eso tonto… a la cena y las flores…- carraspeó disimulando su rubor.

Harry sonrió de oreja a oreja mirando su trabajo como brillaba en trémulas chiscas de color al refractar la luz solar. Nunca había sido un experto en transformaciones, pero el esfuerza valió la pena.

-Falta una ¿se rompió acaso?- había una nota de pánico en su voz que no pudo disfrazar.

-No. Se la mandé a mi mamá- se recargó sobre su hombro -Ella me leía casi todas las noches el vuela pluma de Lyra, así que, se podría decir que es nuestro cuento…- Harry besó su coronilla y se le ocurrió una idea.

Se puso de pie apresurándose a ajustar su abrigo nuevo que estaba impregnado del aroma de Draco.

-Ven, vamos a salir- le lanzó el gorro que reposaba en su perchero y se ajustó las botas.

-¿Una nueva excursión? ¿Con este clima?- arrugó la nariz molesto. A fuera una gruesa capa de nieve cubría todo con su manto y no había tormenta alguna que temer, así que Harry estaba dispuesto a sacarle jugo a ese día.

-Seguro. Tengo un obsequio que estrenar-


De regreso en la cabaña a las orillas del bosque Slieve Bloom, a cada adorno navideño que Severus quitaba de la escarcha que cubría las cuatro paredes de la estancia principal, Sirius con una divertida sonrisa lo regresaba a su lugar.

-¿Crees que no estoy viendo lo que estás haciendo, Black?- inquirió con su voz ronca característica de las mañanas -¡Deja en paz los malditos adornos y regrésalos a su caja!-

-No sé de qué hablas, querido zucchini acaramelado- su sonrisa pícara le hizo entrecerrar los ojos –eres todo un grinch de la navidad, ¿a qué si?-

-No es mi culpa que tengas un gusto tan cursi en adornos-

-Oye viejo me ofendes. Además quien compró esa caja fue la elfina de doña Cisa, así que si tienes bronca con alguien, reclámale a ella- el pocionista agrió el gesto -¿ves? A que no puedes decirle-

-Deja de burlarte y guarda eso, ya pasó navidad…-

-Pero si apenas fue ayer ¡Que aburrido eres!- exclamó Sirius dejándose caer en el suelo para hacer berrinche cual niño chiquito.

-Así soy ¿tienes algún problema?-

Narcisa sin estarle prestando atención a los hombres que seguían discutiendo, admiró su correspondencia y sonrió con regocijo haciéndole lucir más relajada y joven que antes.

-Mi niño la está pasando bien y eso me pone feliz. Así que tengo ganas de celebrar- se puso de pie con un elegante gesto.

-¿Celebrar una post-navidad? Que cosas dices, chica - rió divertido el animago gustándole poco a poco la idea.

La noche anterior, Narcisa la había pasado en el bosque, buscando regaliz para hacerlo polvo, acónito y escaramujos, mientras Severus trabajaba en la poción de su hermano Regulus.

Había sido un golpe fuerte para su mente, pero ya estaba repuesto pues no dudaba de las habilidades de Severus, lo había visto trabajar, su pasión y su dedicación era impresionante, que estaba seguro que de proponérsele, él hubiera encontrado el elixir de la vida eterna.

-Estoy de muy buen humor, Siri. Ya sé que Lucius sigue respirando, Draco está feliz y yo quiero un momento de alegría. Las cosas van bien con la poción ¿no? —

—Claro... - Severus carraspeó violentamente, que Sirius se aproximó para darle unas palmadas.

"¿Cómo puedes trabajar de doble agente si no puedes mantenerte en una pieza frente a Narcisa?" se preguntó curioso. Tal vez era una mala comparación a sabiendas la larga y estrecha relación con la rubia, pero contaba con que no se delatara antes de tiempo.

-¿Con quién cree que tratas, Cisa? Estas ante el mejor. Tú tranquila. Pídele a tu linda elfina que traiga una lista de ingredientes para pavo, pastel de riñón, crumble de manzana y yo lo cocino, ¿te parece?-

-¡Me parece perfecto! Aunque si sigo comiendo tu deliciosa comida, seguro aumentaré tres tallas- sonrió divertida.

-¿Qué dices? Engordarás de amor, porque yo solo le pongo cosas saludables a los platillos- le guiñó el ojo apresurándose a ponerse el delantal.

-Bien, yo le digo a Diky. Regreso en un rato, iré a ponerme más presentable- se apresuró a subir las escaleras.

Severus lo fulminó con la mirada, pero no agrego nada. Era lógico que tuviera atorado en la garganta una sarta de cosas que quería decirle, pero la prudencia se lo impedía.

-Uhh que cara tan fea- rió de buena gana -Confía en mí, Sev. Todo saldrá bien- besó la punta de su nariz, encantado por su reacción ofuscada.

-Claro, confiar en el tío que fue encerrado por un crimen que no cometió…-

-Auch. Tu amor me lastima y me confunde. Un poco más y me harás sentir mariposas- era algo crudo e hiriente, pero no se lo tomó a mal.

Con seguridad si antes de ese encierro voluntario se lo hubiera dicho, ya estaría sobre el dispuesto a molerlo a golpes, pero tras conocerlo, sabía que no hablaba con intensión en él. Su mecanismo de defensa siempre se activaba cuando se sentía nervioso y lo comprendía.

-Lo siento…-

-Descuida, pimpollo. Ve tú también a asearte y a respirar el aire del exterior, que la comida tardará en estar lista- le dio una nalgada antes de darse la media vuelta y poner manos en acción.

-¡Black!- chilló con las mejillas encendidas –iré a revistar los hechizos protectores…-

Tardó cerca de una hora tener todo listo, notando que se había vuelto un maestro en la cocina con la familiaridad y la desenvoltura de un profesional. Los concejos de las revistas para amas de casa, investigación en libros y esa sección de radio entre las dos y las cuatro, habían catapultado de su interior algo que no sabía que tenía dentro.

Con una floritura de su varita, volvió a acomodar los adornos en su lugar e iluminó la habitación con el fuego de la chimenea. "No se ve mal" se dijo con un asentimiento.

Casi todo estaba listo para ser una agradable noche y corrió a darse una rápida ducha.

La plática amena, un buen vino de elfo y una deliciosa comida, siempre era la triada que hacía de una reunión social común y corriente, en algo más personal y agradable; o al menos eso le parecía a Sirius que apuraba su copa conforme Narcisa reía de uno de sus chistes.

Snape incluso por su postura y sus hombros relajados, podía decir que el propósito de esa cena se había cumplido.

"Seguro que un poco más de estrés y estalla el pobre" se dijo percibiendo aquella disimulada sonrisa que estaba seguro, era pequeña pero ahí estaba. Un suceso raro en el pocionista que no dudaba que era el presagio de algo bueno; una sonrisa genuina que daba años de vida.

-Así que ¿qué harás cuando todo esto termine, chica? Porque supongo que ya lo has pensado estos últimos días-agitó la copa del vino y disfrutó su agradable sensación.

-Claro que sí. No quiero ser tan optimista, pero no puedo evitarlo- se sirvió una tercera rebanada del crumble de manzana, sonriendo con esperanza –siento que vamos a logarlo, lo siento en mis entrañas. Y cuando sea así, lo primero que haré será encargarme de un asunto con Lucius y de ahí haré lo que siempre deseé hacer; viajar por el mundo un par de años, no sé, disfrutar otros aires, explorar- hizo una pausa viendo como el tenedor partía la suave moldura del crumble.

-¿Asunto con Lucius?- preguntó con cautela Severus -¿acaso…?-

-Sí, querido amigo. Me divorciaré y estoy segura que es la mejor decisión-

-¡Wow Cisa, bien por ti! Eso no me lo esperaba ¡Estoy tan orgulloso! Brindo a tu salud ya que seguro será una fuerte impresión a la tía. No falta que se vuelve a morir al escucharte-

-Lo sé, lo se…- lucia algo apenada, pero decidida –sin embargo yo ya cumplí con lo que me correspondía. Me casé con el hombre que escogieron para mí, lo seguí por 17 años en todos sus proyectos, tuve un hermoso hijo… así que parecer ser que ya va haciendo tiempo de comenzar a pensar en mi misma, por mí misma-

-¿Estas segura? Es un gran paso…-

-Claro que lo es, Sev, ¡Es grandísimo! Pero ¿Qué más da? ¡Es su vida por todos los cielos!- Sirius que era un gran partidario de la libertad de expresión y pensamiento, no podía estar mas de acuerdo-

Siempre consideró a Narcisa, de sus tres primas, la más pasiva y sumisa de las tres, dispuesta al igual que su hermano Regulus, a complacer a sus padres hasta con la última gota de sangre en su cuerpo, por un sentido de honor o una extraña complacencia; como si el haber nacido en ese ancestral linaje te otorgara la cualidad de una marioneta eternamente agradecida con aquel que mueve los hilos. Cuanto le alegraba descubrir lo equivocado que estaba.

-Estoy más que segura. Y con lo que sucedió con los ingredientes, le veo mucho futuro como para dedicarme de lleno a ello. Conocí buenos proveedores, comparé precios en el mercado y me gustó esa sensación de control, compra y venta. ¿Quién sabe? Tal vez podría ser una mujer de negocios después de eso. Mejor que un bonito adorno como mi madre siempre insinuó- Se veía tan esperanzada que Severus se empequeñecía.

Por debajo del mantel, Sirius tomó su mano. No quería que se sintiera mal. No cuando debían de estar con el mejor de los ánimos.

-Todo estuvo exquisito, querido Sirius. Hacía años que no comía algo tan delicioso que tuviera que repetir ¿No has pensado en sacarle provecho a tus cualidades culinarias?-

Ni él mismo en un millón de años se hubiera imaginado que tendría tales cualidades. Siempre se consideró una especie de vago rocanrolero que vivía al día sin oficio ni beneficio y que sería así por el resto de sus días, pero ver para creer que era más que una cara bonita con una habilidad decente en combate.

-La verdad sí. Creo abriré mi propio servicio de limpieza y preparación de banquetes "Padfoot y sus elfos" seré todo un éxito en la comunidad mágica- le guiñó el ojo haciendo que la dama riera.

-No tienes remedio- le dio un apretó en el hombro –todo estuvo espectacular. Pero creo que iré a descansar un rato. Me siento bastante cansada y llena. Comí demás- se llevó la mano al estómago -No se desvelen mucho y procuren poner un mufliato por si se ponen a jugar a las manos calientes-

-Nada va a pasar Narcisa, por Morgana…- Snape y sus orejas rojas era un deleite que le pareció una lástima no ser el causante de ese sonrojo.

Al ver que la dama subía por última vez en el día las escaleras, decidió abrir la puerta para descansar en la resquillo. Severus sin muchas ganas, se dejó caer a su lado con copa en mano.

-Así que ¿una empresa de elfos? Casi siento lástima por esas insignificantes criaturas a tu cuidado…-

-¿Pero a que suena guay? No entiendo porque a nadie se le ha ocurrido antes- rió de buena gana –pero no. No quiero algo tan ostentoso como eso, demasiado trabajo para un alma ociosa-

-¿Prefieres estar de perezoso el resto de tu vida?-

-Algo así. Estoy cansado de las complicaciones o no saber si voy a vivir un día más… siempre quise tener un lugar para mi mismo, tal vez una cabaña en el campo con Harry a mi lado… ese era mi sueño y lo que me mantenía cuerdo en Azkaban, lo que me motivaba a seguir respirando y no ahorcarme con una de esas mugrosas sabanas como muchos otros lo hacían… pobres bastardos…-

Sintió escalofríos al recordar los gritos enloquecidos o los sollozos interminables de todas esas almas desgraciadas que no aguantaban la soledad y la podredumbre de la prisión mágica.

-Suena… bien-

-¿Lo de ahorcarse? Nunca te consideré un fatalista… bueno, un poco oscuro- le dio un golpecito con el hombro.

-Claro que no pulgoso, me refería a lo del campo… una vida tranquila sin ataduras-

-Obviamente… aunque si Harry se compromete con el rubiales, como estoy seguro que hará, la casa se sentirá muy vacía sin el…- apartó de su cara los mechones lacios que cubrían los ojos acerina. Cuantas veces en el pasado se mofó de el por verse aceitoso, siendo que al tacto era mucho mejor de lo que se veía -¿Y tú, mi conejito? ¿Cuáles son tus planes cuando la guerra termine?-

-¿Ya se te acabaron los nombres de alimentos?- arqueó su ceja.

-A ti no te gusta ninguno, no es mi culpa. Uno aquí esforzándose y tú le sacas la vuelta. No es nada divertido…-

-No estoy acostumbrado a ti siendo… afectivo-

-Pues entonces tendrás que irte acostumbrando porque no desistiré. Mientras más te resistas, con más fuerza me aferraré- bailoteó sus cejas coqueto. La forma en la que el rubor se intensificaba y extendía por sus mejillas cetrinas era algo siempre divertido por ver.

-Eres incorregible…-

-¿Acaso estas evadiendo la pregunta, bomboncito?-

-No. Es solo que jamás me arriesgué a imaginar un mundo sin guerra o lejos de las órdenes de Dumbledore… nunca quise abrigar esperanza alguna… ¿para qué ilusionarte con algo que podría no suceder?-

Cuando era joven, Sverus siempre deseó ser un escritor, ya que al contemplar los libros sobre pociones, cada uno de ellos tenía algún error en cuanto a ingredientes, medición, metodología, tiempos y un sinfín de cosas que sabía podía arreglar y hacer más accesible el conocimiento para las mentes duras. Empero con el paso del tiempo así de viejo como se sentía, lo único que le importaba era salir con vida de todo eso.

-Que pesimista… ¡Merlín creo que ya se fue la emoción del vino!- hizo una mueca dejando la botella de lado.

-Es lo que es. Nada garantiza que un doble espía sobreviva al fuego cruzado… además en mi mente lo había perdido todo… a Lily y a ti…- hizo una pausa que hizo estremecer al animago, quien sin previo aviso, tomó su mano.

-Pero aquí me tienes, calabacín. Algo maltrecho, podrido y más velludo que antes, pero sigo siendo el galán de Hogwarts- quiso sonreír -¿te interesaría ser mi compañero de piso? Ni te cobraría alquiler. Se cocinar manjares como puedes ver, limpiar, zurcir y sin curso por correspondencia ¡que ganga! ¿A que soy el paquete competo?-

-No lo sé… roncas y pelechas mucho… dejas migajas en el sofá y tapas el drenaje cada vez que te bañas…-

-Oh vamos Sev. ¿Qué son esas pequeñas nimiedades cuando las comparas con tener a este papacito que hacía que te mojaras cada vez que cruzábamos palabras- Severus le dio un manazo avergonzado -Además tendrías acceso ilimitado a besitos y arrumacos y ya ni hablar de una vista a mis bellos ojos de tormenta-

-¿Nunca vas a dejar ir eso, verdad?-

-No mientras viva-


Notas Finales: Es todo por el momento pequeños! espero que haya sido de su agrado :D

Les mando un beso enorme y gracias por seguir por aquí~ Con animo optimista y esperando que nada más pase, nos leemos el próximo viernes n.n Cuídense mucho!