Epílogo


[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]


Wasabi se sentó con las piernas cruzadas en el suelo de casa de Hinata y Naruto, en Lincoln Park, y observó a Himawari Namikaze y a su hermano gemelo, Boruto, de once meses, bamboleándose de un mueble al otro como si estuvieran borrachos.

Acababan de pasar por el baño y estaban jugando con un ajado cerdito rosa mientras balbuceaban entre sí en un lenguaje que solo entendían ellos, lo que los hacía todavía más adorables. Los quería con todo su corazón.

Recordó cuando Hinata se había enterado de que iba a tener gemelos. Wasabi estaba con ellos porque su madre había ido a Lansing a conocer a los padres de Kiba. Estaba ya en el penúltimo curso del instituto y tenía edad suficiente para quedarse sola, pero le encantaba pasar tiempo con Naruto y Hinata, y no había protestado.

Hinata se había puesto muy nerviosa cuando supo que estaba embarazada, pero eso no fue nada comparado con lo que ocurrió cuando le hicieron la primera ecografía. Como Wasabi había elegido Biología —y porque les había suplicado que le permitieran acompañarlos— estaba presente en esa cita con el médico.

Cuando Hinata descubrió que estaba esperando gemelos, se había puesto como una fiera. Saltó de la mesa, con la pegajosa sustancia de la ecografía todavía sobre su vientre.

—¡Uno! —acusó a Naruto—. ¡Me dijiste que solo tendríamos un hijo! —gritó—. ¡Y accediste a cuidar de él! Jamás se mencionó que pudieran ser dos. ¿Por qué siempre tienes que ganar en todo?

Naruto la había apretado contra su pecho, provocando que la sustancia pegajosa le manchara toda la ropa y le dijo que sería la mejor madre de gemelos del mundo debido a su naturaleza competitiva.

Luego, ella le gritó que era él quien tenía un carácter competitivo y que ella era demasiado emocional para tener gemelos. Naruto reconoció que era cierto antes de preguntarle si tenía ganas de llorar. Cuando ella dijo que sí, él la animó a desahogarse.

Hinata lo hizo, pero no por demasiado tiempo. Al final, ella le devolvió el abrazo. Y durante todo el tiempo, el técnico sanitario permaneció allí, con el instrumental en la mano, mirándolos como si estuvieran locos.

Naruto había tenido razón; Hinata era una gran madre, pero Naruto también era un padre magnífico. Los dos habían realizado un montón de cambios en sus vidas a lo largo de los tres años transcurridos desde que se casaron.

Naruto había vendido Rasengan y puesto en marcha un programa de huertos urbanos. Ya había siete huertos en terrenos abandonados que solían estar llenos de neumáticos viejos y botellas rotas.

Naruto había captado a antiguos miembros de bandas para sembrar y cosechar junto con ancianos y madres solteras, y todos trabajaban en armonía para alimentar a sus comunidades. En septiembre, Naruto había abierto un centro de entrenamiento para ayudar a los jóvenes a encontrar trabajo en la industria alimentaria.

Hinata le había dicho que transformar los barrios era la ocupación perfecta para un hombre como él, que adoraba los grandes retos.

Pero, para Wasabi, el trabajo de Hinata era todavía más interesante. Investigaciones Hyūga estaba ahora especializada en verificar antecedentes e investigar fraudes para empresas. El negocio había crecido tanto que Hinata había tenido que contratar a dos ayudantes.

Aunque no era eso lo que le parecía más fascinante. Cuanto más le había hablado a Hinata sobre el tráfico sexual infantil, más la había motivado, hasta que, al final, se había apasionado con el tema más que ella misma.

Así que había comenzado a utilizar sus conocimientos informáticos para atrapar proxenetas y degenerados que se excitaban con niños. Entre otras cosas se había hecho pasar por una chica de catorce años en algunos chats.

También había creado páginas web falsas para que la policía identificara a los culpables.

Kiba, que ahora era teniente, había tomado las riendas a partir de ese momento. Hinata había dicho que era trabajo sucio, del que revolvía el estómago, pero que jamás se había sentido más limpia.

Wasabi escuchó que los del catering hacían tintinear los platos en la cocina. Aquella noche era el aniversario de Naruto y Hinata, e iban a ofrecer una gran fiesta para compensar lo que Naruto llamaba su boda de tapadillo.

Aunque Hinata y Wasabi no pensaban que hubiera sido así. Hinata decía que había sido la boda más bonita del mundo, y a Wasabi le encantó porque fue la ocasión en la que su madre conoció a Kiba, y se lo robó a Kurenai, la amiga de Hinata. Sin embargo, todo había salido bien porque Kurenai también había conocido a un buen hombre y además había conseguido un premio como meteoróloga.

En cuanto a Kiba...

Era el padrastro más guay del universo; podía hablar con él sobre cualquier cosa, y adoraba a su madre. Casi nunca pensaba ya en lo que había ocurrido con Zabuza. Quizá fuera un poco sanguinaria, pero se alegraba de que lo hubieran matado en una pelea en la cárcel.

Mientras los empleados del catering disponían una pequeña mesa en el pasillo, Naruto se detuvo en la puerta de la sala. Wasabi había estado cuidando a Himawari y Boruto para que Hinata y él tuvieran tiempo de vestirse para la fiesta de esa noche. Incluso habían podido echar uno rapidito, todo un lujo desde que nacieron los gemelos.

Miró al otro lado de la sala. Hinata se había arrodillado con el elegante vestido de fiesta rojo que, sin duda, había adquirido en algún saldo. Los gemelos tiraban de ella, cada uno por un lado.

—Venga, niños —les arrulló Hinata contra el cuello—. Es hora de dormir.

Se acercó para reunirse con su familia.

—Ya los acuesto yo —dijo él—. Relájate antes de que lleguen los invitados.

—Estoy muy relajada. —Él esperó que Wasabi no hubiera percibido el malicioso brillo en los ojos de Hinata—. Ya me ocupo yo.

—No pasa nada. Lo hago yo.

—En serio, no es necesario. Ve a hablar con Wasabi.

—Ya he hablado con Wasabi —repuso él con firmeza.

Wasabi se rio.

—Son ridículos. Saben de sobra que acabaran llevándolos los dos.

Él la miró.

—Eres mi testigo. Estabas presente cuando Hinata lo dijo. Una vez que estuvieran fuera, se suponía que yo debía ocuparme de ellos. Teníamos un acuerdo.

—El cual he cumplido —replicó Hinata con un gesto cursi.

—Sí, a las tres de la madrugada.

Hinata esbozó una sonrisa que le derritió hasta los huesos. Una sonrisa que los funcionarios municipales y estatales nunca llegaban a ver cuando ella luchaba para proteger a las niñas de la calle que se habían ganado tanto su corazón como su voluntad. Era la mujer más dura que conocía... hasta el momento en que entraba en casa.

—Venga, niños. Es hora de dormir. —Tomó a Himawari en brazos mientras Hinata hacía lo mismo con Boruto.

No mucho después, permanecía de pie entre las dos cunitas mientras Hinata besaba a sus hijos antes de dormir.

Era un hombre con suerte. Tenía buenos amigos, un trabajo en el que creía, unos hijos adorables y una mujer a la que apreciaba por encima de todo. Oyó el timbre de la puerta.

Agarró la mano de Hinata y juntos bajaron la escalera para recibir a sus amigos.

Era una buena noche para ser Naruto Namikaze.

Pero todas las noches lo eran.


Fin


¡Hola! ¡Hola! Gracias por leer esta adaptación, espero les haya gustado. Les dejo la Información.

Titulo: La primera estrella de la noche

Autora: Susan Elizabeth Phillips

Serie: SERIE CHICAGO STARS # 8

Personajes:

Piper Dove = Hinata Hyuga

Cooper Graham = Naruto Namikaze