Esta historia va con especial cariño para una persona que ha estado apoyándome con sus dulces palabras, lectura fiel y comentarios acertados. Es una luz que me ha impulsado a terminar historias, que me anima y consuela.
Para una invaluable amiga y excelente persona.
Dedicada a Hana- Kitzu.
My lady, espero sea de su completo agrado.
Atentamente, su escritor incondicional y amigo, Ciel Phantomm.
.
.
.
Cuando se ama.
RESUMEN
Uno aprende a amar, no cuando encuentra a la persona perfecta, sino cuando aprenda a creer en la perfección de una persona imperfecta.
PRELUDIO
Taichi azoto la puerta de su cuarto con toda la fuerza que un hombre de diecisiete años podría tener.
Sus manos temblaban al igual que todo su cuerpo, por eso dejo que este descansara sobre la madera mientras se deslizaba hasta quedar sentado en el suelo. Sus rodillas se apretaron contra su pecho por instinto, como buscando sentir un mínimo de protección.
Todo el valor se le había acabado, más bien lo desgastó haciéndole frente a sus padres.
—Dios, pero que he hecho —se lamentó dejando que sus manos jalaran sus cabellos cobrizos mientras sentía como las lágrimas que corrían por sus mejillas aumentaban, ya no era una o dos, sino todo un caudal que poco a poco fue acompañado por sus lamentos. —¿Qué voy a hacer ahora? —se preguntó abrazándose a sí mismo.
Estaba asustado, más que eso, aterrado de lo que le deparaba el futuro y dudoso de a quién recurrir.
Quizás se había equivocado.
Quizás debía regresar a la sala, mirar a sus padres y disculparse, pedir perdón de rodillas con tal de…
Pero incluso antes de terminar de hilar la idea se reprendió por tan siquiera considerarlo. Con frustración y coraje se mordió la lengua hasta casi hacerla sangrar.
—No voy a bajar la cabeza.
Y a pesar de su dolor y tristeza se levantó de donde estaba, tomó lo que le quedaba de dignidad, además de unas pocas pertenencias que a las carreras metió en dos mochilas, y salió de aquella casa que lo vio crecer.
Nadie intentó detenerlo, nadie se preocupó porque saliera a esa hora tan de madrugada. Sólo el silencio fue testigo de la partida de un adolescente completamente destrozado.
No miró ni una sola vez atrás. Simplemente abrió y cerró la puerta del departamento, bajo las escaleras y se perdió en las oscuras calles de Odaiba.
Lo hecho, hecho estaba.
