Capítulo 4
La luz de mi vida
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Desde la conversación con su padre había transcurrido apenas dos días. Los exámenes finales se estaban llevando a cabo con relativa tranquilidad. Hasta había tenido tiempo para ensayar con su banda por las tardes. Lo que es conveniente, porque el garaje en donde practicaban estaba apenas a un par de cuadras de la pastelería en donde Taichi consiguió empleo.
Yamato ha notado más cómodo a Taichi, pero no lo suficiente. Sabe que es lo que falta, y realmente le extraña que Hikari no haya buscado la forma de ver a su hermano. Quizás debería de indagar sobre las actividades de la chica.
Ya a unos pasos de su destino, puede ver la hermosa fachada de paredes blancas, canceles color vino y detalles en oro de la pastelería gourmet Antique Bakery. El diseño del edificio fue pensado para asemejar un salón estilo colonial, los muebles de caoba, además de la chimenea y el piano que lo adornan no hacen sino resaltar en demasía los delicados y exquisitos pasteles que se sirven.
Aun no puede creer que Taichi consiguiera el puesto de mesero en semejante local, es decir, no parece de su estilo, sin embargo, ha estado descubriendo muchos detalles de su personalidad ahora que viven juntos. Le es agradable compartir su vida con él, saber que hay alguien en casa esperando su regreso, que cuando su padre se queda toda la noche trabajando no está solo en casa. Y le asombra lo rápido que se ha acostumbrado a compartirlo todo con Taichi.
Hasta se le hace natural pasar por él a la hora de cierre de la pastelería, o en días como hoy que el ensayo ha terminado más temprano, tomarse tiempo para entrar y disfrutar un café, mirar como quien no quiere, como Taichi atiende a los clientes de manera amable y eficiente.
Apresura el paso, ya quiere llegar. Espera que el local no este muy lleno y Taichi tenga tiempo de preparar su late, porque es divertido intentar adivinar que dibujará esta vez en la espuma de su café.
La puerta del local se abre y los ojos de Yamato la imitan, porque no puede creer lo que ve. La que acaba de salir es Hikari, de eso no le cabe duda. De hecho esta tan seguro que corre tras ella. No le importa como se ve, quiere darle alcance. Grita su nombre y ella al fin nota a Matt.
Hay tantas cosas que quiere preguntarle, saber de ella, de Tai...
—¿Por qué Tai no puede volver a tu casa? —pregunta de manera directa apenas tenerla cerca y ella parpadea sin saber muy bien si debe o no responder.
Hikari se muerde el labio, baja la mirada mientras su corazón palpita dolorosamente. No quiere llorar frente a Matt, no en la calle, pero cuando la mano de Yamato se posa sobre su hombro Kari no puede más que dejar salir la desbordante tristeza y miseria que siente. Se abraza a Yamato como si fuera el mismo Taichi, demostrando la confianza y necesidad que siente.
Matt comprende y con cuidado rodea los hombros de ella para guiarla hasta un parque cercano en donde podrán tener una conversación más o menos privada.
—No sé si debería decírtelo —dice Kari limpiándose las lágrimas porque ella comprende que es un aspecto de Taichi que seguramente Yamato debía conocer por boca de Tai, pero...
—Necesito saberlo para poder ayudar a Taichi —presiona Matt mirándola directamente a los ojos.
Matt debía admitir que Hikari es una chica hermosa, sus cabellos castaños claros mecidos por el viento la hacen lucir como una delicada hada, su piel blanca y suave ahora levemente enrojecida por su llanto es una tentación al tacto. Se nota tan frágil, como una bella rosa que expone su belleza al mundo.
—Mis padres encontraron a Taichi besando una foto —murmuro Hikari con una voz tan débil que apenas fue capaz de llegar a los oídos de Matt.
—Bueno, eso no es malo. Tus papás no pueden esperar que busque pareja hasta que cumpla 30 —defendió Yamato algo molesto porque Kari se desviara del tema principal. Ese no podía ser el motivo del pleito.
—El problema es que… —titubeo ella. —La foto era de un chico…
Un silencio se formó entre ambos, Yamato tratando de procesar la última palabra; ella había dicho un CHICO, por lo tanto eso significaba que…
—Mi hermano siempre ha sido honesto, valiente… —se apresuró a defender ella. —Así que a pesar del miedo no dudo en confesarle a nuestros padres su preferencia. Mi padre le planto un puñetazo en el pecho —gimió Kari tapándose la boca de solo recordarlo, como si volviera a ver la escena y el golpe le doliera también a ella. —Tai se dobló de dolor y papá aprovecho para patearlo. Comenzó a gritarle que era… ¡Dios! no quiero ni repetirlo, lo insulto de la manera más ruin —lloriqueo Kari sin poder ocultar cuanto la afectaba. —Intenté intervenir, y me alejó de una bofetada. Taichi se abalanzo contra nuestro padre mientras le advertía que no volviera a ponerme la mano encima o se iba a arrepentir. Yo… yo… —y su llanto aumento de volumen, ya no pensaba en el lugar o las personas que la miraban, solo quería dejar salir el miedo y la angustia que inundaba su ser desde aquel día. —Nunca había visto a Tai tan enojado, por un momento pensé que podría matarlo y…
—Es lógico, se atrevió a lastimarte —comento Yamato tomando el mentón de ella para elevarle el rosto, y hasta entonces noto la mancha morada que ya comenzaba a desaparecer y que ella había intentado disimular con un poco de maquillaje.
Ella le sonrió tristemente y Matt la soltó, la dejo ir como si fuera una pluma al viento.
—Mi padre le ordeno que se marchara, no le importo la hora, ni el día. Lo amenazó diciéndole que si para cuando saliera el sol él aún seguía ahí, entonces nos echaría a ambos. Yo estaba dispuesta a irme, pensaba seguirlo, pero Tai me hizo ver que aun somos unos niños en muchos sentidos, que no tenemos a donde llegar, ni dinero. Acepte quedarme solo para no darle más problemas.
Yamato observo los movimientos de Hikari, grácil como una mariposa que aterriza sobre una flor. Suave como la nube que se arrastra en el cielo. Tai seguramente estaba sufriendo mucho al no tenerla cerca, pero prefería extrañarla a arrastrarla a un destino incierto.
—No sabes lo aliviada que me sentí cuando me dijo que se quedaba en tu casa —ella sujeto las manos del músico. —Y una pequeña alegría inundo mi corazón al saber que tu papá estaba de acuerdo, porque tengo la fe de que tu no rechazaras a mi hermano; la esperanza de que ahora que sabes la verdad seguirás siendo su amigo.
—Lo he sido, lo soy y lo seré. Taichi jamás estará solo porque yo he decidido caminar a su lado —declaro Yamato con firmeza. —Ese tonto. Como puede dudar de mí. Debió decirme todo desde el principio.
—Gracias Matt, de verdad muchas gracias —dijo ella abrazándolo con verdadera gratitud.
—No tienes nada que agradecer Kari—consoló Yamato acariciándole la cabeza. —El que le gusten las verg... ehjmm... —se aclaró la garganta, había estado a punto de decir una palabra indecente frente a la chica. —… las verduras, el pollo o el pescado, no me afecta, ni cambia quien es Taichi, sus gustos son solo suyos y a nadie más debe importarle.
Hikari rio suavecito, una risita un tanto aliviada. Respiro profundo y una vez que se sintió calmada se puso de pie. Con una reverencia agradeció una vez más antes de volver a casa.
Yamato se quedó contemplando la figura de Hikari hasta que se perdió de vista. De verdad Taichi tenía mucha razón al llamarla la luz de su vida.
Continuara…
