Queridas y bellas lectoras ¿Cómo les va en esta cuarentena? Les dejo el capi ;)
Cap. 3
—Es… espera, no…¿qué…? ¿has dicho su esposa?
—Sí —sonrió Kate de manera orgullosa—. No me dirás que eres homofóbica ¿o sí?
—No… yo n… yo no estoy entendiendo nada —dijo Bella hablando entre trompicones.
— ¿Qué está pasando aquí? —preguntó Kate a la defensiva.
—Deja te presento a Bella Cullen —intervino Irina—. La actual esposa de Edward —dijo remarcando el actual.
—Oh, ahora lo entiendo todo —Kate miró a Bella con pena y lástima, sus enormes ojos grises tan expresivos como siempre lo decían todo—. Yo realmente lo siento mucho.
—Pero ¿por qué? —preguntó Irina con su típico toque de sarcasmo—. Fue ella quien lo jodió todo por no confiar en él.
—Vamos Irina, no seas insensible. Ella estaba confundida —Kate trató de defender a Bella, pero Irina ya había tomado una postura.
— ¡Bah!, ella debió darle la oportunidad, pero tienes razón, vamos a aclararle todo a nuestra dulce chica con cara de ángel —dijo Irina de manera soberbia.
— ¿Qué te hice yo para que me hables así?
—Chicas, creo que es mejor dejar las cosas como están. Bella me dio gusto saludarte. Nos veremos dentro de dos semanas —le dije tratando de jalar a Irina.
Kate por su parte caminaba con Carmen en sus brazos.
— ¡No! —gritó Bella deteniéndonos—. Quiero saber ahora mismo qué es lo que está pasando.
—Déjame hacerlo, por favor —me suplicó Irina.
—Irina, deja que ellos lo resuelvan. Vamos a casa, mañana podremos venir a ver a Edward.
—Pero yo quiero decirle, quiero explicarle cómo nuestro Edward sufrió día y noche tratando de contactarla y cómo iba muriendo cada día por no tenerla.
Me pellizqué el puente de mi nariz ante las palabras de mi vieja amiga, estaban reabriendo viejas heridas y que sí, seguían doliendo. Escuché un sollozo que me hizo levantar la vista, era ella. Su nariz se encontraba roja como mezcla del disgusto y de tratar de controlar el llanto; sus ojos vidriosos me miraban suplicantes.
—Antes de que Kate me arrastre de nuevo a casa y con la seguridad de que Edward se enojará conmigo lo diré —dijo con firmeza Irina—. Sí, hay algo que Edward te ocultó durante todo el tiempo que estuvo aquí en Seattle y es que compartía el departamento conmigo, bueno más bien, yo le rentaba una habitación en mi departamento. Le salía más barato y su propósito era ahorrar, acaso no te cuestionas el porqué.
—Nos vamos —gruñó Kate mientras la jalaba hacia un taxi.
— ¡Y por si no te has dado cuenta soy lesbiana! —gritó mientras entraba en el taxi. Su declaración provocó que quienes pasaran se nos quedaran viendo.
—No, esto no… ¿Edward?
Bella se encontraba llorando, sus manos temblaban y me miraba consternada y atormentada.
—Necesito que me expliques todo —dijo después de unos momentos donde recuperó la compostura.
—No tiene caso, han pasado muchos años.
— ¡No, necesito saberlo!
La miré profundamente, mi corazón se comprimió, una presión se instaló en mi pecho, me partía el alma verla de esa manera. Su cara era como la de una pequeña niña confundida y perdida, sus ojos llorosos titilaban buscando un lugar del cual pudiera anclarse y de esa manera evitar hundirse.
—De acuerdo, vamos.
Entramos al restaurante del hotel, ambos pedimos una taza de café. Nos sentamos uno frente al otro sin decir una sola palabra, sólo mirándonos. Sentí un impulso de tomarla y sentarla en mi regazo mientras la consolaba, parecía una niña que acababa de descubrir que Santa Claus eran los papás.
—Quiero que me expliques qué es todo lo que acaba de decir Irina —pidió con voz compungida—. Dime, por favor. Quiero saber toda la verdad.
No sé si debía contarle todo, ella lucía realmente mal y el decirle la verdad podría empeorar su estado emocional.
—Bella, ya te dije que no tiene caso…
— ¡Por favor!
—Está bien —miré alrededor tratando de encontrar la manera de cómo y por dónde empezar—. Yo vivía con Irina en su departamento, ella me rentó el cuarto vacío que le quedaba. Ella y Kate se volvieron mis mayores soportes en Nueva York. Ambas ya estudiaban en Columbia cuando llegué
— ¿Tú y ella?
—No, jamás. Desde que las conozco ha estado con Kate. Así que es cierto lo que Irina te ha dicho.
—Pero ese día yo los vi.
—Viste lo que quisiste ver, Bella. En ese entonces no entendía, pero creo que al final era cierto que cediste ante la presión de Charlie y al encontrarme ante aquella situación te dio la excusa perfecta para acabar con lo nuestro.
—No, eso es mentira.
La miré detenidamente, vi la convicción en su rostro, ella realmente lo creía así, pero después de tanto tiempo no podía evitar el pensar que ella buscaba una escapada porque no podía encontrar otra respuesta para su silencio, pero decidí no entrar en debate y caer en una discusión en la que podía terminar por abrir la vieja herida.
—Ese día se fue la luz, cuando llegué sólo estaba Irina, me sorprendió porque Kate prácticamente vivía ahí. Irina solía llamarme cariño, pero con ninguna connotación sexual. Irina y Kate han sido pareja desde que las conozco; durante los años que estuve en Nueva York tuve que soportar su vena exhibicionista…
Me detuve al ver su rostro. Ella estaba destrozada, sus ojos cristalinos contenían el llanto, sus manos en puños temblaban al igual que su barbilla.
—No es cierto, no puede ser —susurró.
Dos segundos después rompió en llanto, llevó sus manos hacia su rostro tratando de ocultarlo. El impulso me dominó y me levanté de un salto para colocarme a su lado y abrazarla.
— ¡Oh, nena!
La acurruqué a mi costado, la sentía temblar mientras continuaba sollozando. Me partía el alma verla de esa manera, me dolía mi pecho porque ella sufría. Haría cualquier cosa por detener su dolor.
Y es en ese momento que me di cuenta de que sigo amando a esa mujer. El amor que creí haber superado sólo estaba oculto tratando de mantenerme protegido de la herida de haberla perdido y no tenerla a mi lado, pero la amaba, la amaba, la amaba… y la herida se había abierto. Sangraba. Dolía. Desgarraba.
¿Qué demonios iba a hacer?
Habían pasado varios minutos y Bella había comenzado a tranquilizarse, se separó y no me miró, le di mi pañuelo y ella susurró de manera apenas audible un gracias.
—Creo… Yo… Sé… —tartamudeó y eso me dejó ver que realmente no sabía cómo expresar lo que estaba sintiendo en esos momentos—. Sé que debemos hablar de todo esto, pero… —se interrumpió a sí misma al ver que su voz comenzaba a quebrarse.
—Lo entiendo, no te sientes preparada aún. Es comprensible.
En ese momento su teléfono sonó, ella lo tomó de la mesa e hizo un mohín.
—Es Jacob, quedé en verlo junto con nuestras madres.
—Planes de la boda, supongo —no pude evitar que mi tono de voz se escuchara ácido—. Salúdame a Renée.
—Sí, por supuesto. Se sorprendió tanto cuando se enteró de todo esto.
—Bueno, Renée fue de las pocas que apoyaron nuestras decisiones.
Su barbilla comenzó a temblar de nuevo y sus orbes se llenan de lágrimas de nuevo.
—Shhh, nena. Está bien.
—Ella me dijo que te buscara, que te pidiera una explicación. Si tan sólo lo hubiera hecho.
—Bella, los hubiera no existen, así que olvídate de ello. Es mejor dejar el pasado en el pasado. Lastima menos.
— ¿Eso crees?
Sólo moví mi cabeza de manera afirmativa porque temía que de lo contrario podría evidenciar mis viejos sentimientos descubiertos.
—Supongo que tengo que irme —miró hacia la calle y después me miró de nuevo— ¿Crees que pueda llamarte después para seguir hablando?
—Sí, por supuesto.
Saqué una tarjeta con todos mis datos de mi bolsillo y se la entregué.
—Gracias.
Se levantó de su silla y la vi partir. Definitivamente se había vuelto mucho más hermosa.
El resto del día me encontré ocupado, para mi fortuna; visité a Emmett y Rosalie. Me llevaron a recorrer la ciudad y hacer un poco de turismo. Recorrí viejos caminos que en su momento disfruté con Bella cuando venía a visitarla. Emmett me contó anécdotas junto a Rosalie así como futuros planes.
Sin embargo, al regresar al hotel me fue imposible el no pensar en ella. Pasé otra noche en vela y sospechaba que mientras siguiera en Seattle no consiliaria ni una sola noche el sueño. Dos semanas serían toda una tortura.
BPOV
Tomé la tarjetita entre mis dedos, llevaba más de media hora tomándola y dejándola. Mordí mi labio un millón de veces, seguramente estaría hinchado, pero era un tic que siempre se presentaba cada vez que estaba ansiosa o nerviosa, aunque la ansiedad era lo de menos para la forma en cómo me sentía en ese momento. Era tan confuso el poder hallar palabras para describir el cómo me sentía. Una mezcla completa de toda la gama de emociones. Ira. Tristeza. Nostalgia. Desesperación. Desolación. Temor. Y en alguna parte dentro de mí se asomaba algo semejante a la alegría. Era tanto y no sabía cómo manejarlo, lo único seguro que sí tenía claro es que quería saber exactamente todo lo que había pasado, aunque la verdad es que lo único que buscaba era sólo una excusa que me dijera que no había estado equivocada, que no había dejado ir al amor de mi vida por un maldito momento de desconfianza. Sólo había una persona que podía ayudarme a aclarar todo esto, pero no quería llamarle, la parte de mí que había vivido resentida todo ese tiempo no me lo permitía y la verdad es que mi orgullo tampoco cooperaba. Durante años viví detestando a Irina, preguntándome qué había visto Edward en ella y él reconocer que estuve en un error todo ese tiempo me era difícil. Ahora entendía a lo que se refería mi madre cuando decía lo complicado que somos los humanos en reconocer nuestros errores y lo fácil que nos es hallar una salida culpando al otro, a las circunstancias, pero nunca a nosotros.
—Bella, cariño ¿qué sucede? —me preguntó mi madre—. Desde el desayuno con Jacob te noto extraña.
De sólo recordar el desayuno con Jake se me retorcía el estómago. Había estado tan insistente sobre ir avanzando a los planes de la boda y no tomar en cuenta este "pequeño inconveniente" -palabras suyas-, que sólo era un arreglo más que terminaría en dos semanas, después "Edward regresaría al pasado, donde debía estar". Pero en ese momento yo ya no estaba segura de que pudiera quedarse en el pasado y mucho menos que quisiera dejarlo ahí.
—Nada, sólo es cansancio —le sonreí, pero conocía lo suficiente a mi madre y ella a mí para saber de qué se trataba todo esto.
—¿Qué pasa con Edward?
La miré sólo un par de segundos y me lancé a sus brazos. Me sentía como cuando era niña y tras una pesadilla que me despertaba a mitad de la noche corría a la habitación de mis padres buscando el consuelo de los brazos de mi madre, la diferencia es que ésta no era una pesadilla y debía hacerme cargo de las consecuencias.
—Cometí un terrible error—sollocé—. Tuviste razón en decirme que debía darle una oportunidad para que me explicara todo, debí dejar mi orgullo herido, mi dolor a un lado y pensar con claridad.
—¿De qué hablas, Bella?
—Al parecer Edward nunca me engañó, todo fue un malentendido.
—Oh, cielo santo ¿qué sucedió? —mi madre me abrazó más fuerte en ese momento.
—La chica con la que creí que me había engañado era su casera. Edward rentaba una habitación en su departamento.
—¿Qué hacía Edward rentando un cuarto en un departamento? Se supone que él rentaba su propio departamento.
—No lo sé, mamá. Al parecer Irina es una muy buena amiga, incluso fue su padrino de bodas.
—Y nunca sucedió nada entre ellos, por lo que imagino, de caso contrario no estarías así.
—Ella es lesbiana, hoy conocí a su esposa y a la que creo que es hija de ambas ¿Te das cuenta de cómo jodí todo?
—Oh, cariño. Tú no podías saberlo, Edward te había dicho que vivía sólo y que el departamento lo estaba pagando con el dinero que ganaba en sus trabajos.
—Pero debí darle la oportunidad de que se explicara. Quizá nosotros… quizá… seguiríamos juntos en estos momentos.
—Bella eso que me dices puede malinterpretarse o ¿acaso me estás diciendo que deseas estar con Edward?
La miré por un par de segundos, me aparté de su abrazo y respondí con aquello que vino a mi mente en ese momento.
—No, por supuesto que no, sólo es confuso el pensar en lo que habría pasado de haberle dado la oportunidad de explicarle porque es un hecho que no puedo culparle de no haberlo intentado.
—Bella, a veces es bueno no darle tantas vueltas al pasado y al cómo hubiera sido de haber cambiado las cosas.
Suelto una risita.
—Te escuchas como él —le sonreí.
—Bueno, siempre fue de mi agradó.
—Tengo tantas dudas, pero sé que él no me dirá todo por el temor de lastimarme, o por lo menos si sigue siendo el Edward que conozco —sollozo.
El Edward que conozco, si tan sólo hubiera confiado en el Edward que conozco ¿adónde habríamos acabado los dos? Edward no habría ido a Inglaterra y quizá no hubiera tenido el mismo éxito quedándose aquí en Estados Unidos.
—Pero al final era necesario para él que sucediera todo esto. Sabemos que Edward iba a hacer todo lo posible para estar conmigo y que hubiera rechazado cualquier oportunidad para quedarse a mi lado.
—Eso no lo sabes, Bella.
—Sabes que sí.
—Bueno, al final él hubiera encontrado una manera de estar contigo y salir adelante porque estoy segura que para él era importante demostrarle a tu padre que era suficiente para ti.
—Papá habría quedado sorprendido sin duda si lo viera ahora. Con trajes caros, con un porte masculino e imponente, hospedado en los mejores hoteles, con un Rolex en la mano. Sin duda para él fue mejor que sucediera todo esto.
—Es eso lo que te tiene sorprendida, los lujos que le rodean.
—No, mamá, por supuesto que no, pero…
—¿Qué, Bella?
—No puedo evitar el anhelo, las fantasías en mi cabeza, el deseo de haber estado a su lado viendo cómo lo ha logrado, acompañándolo.
—Cariño, has lo que tengas que hacer para traer paz de nuevo a tu vida —mi madre besó mis cabellos, se levantó y me dejó sola.
Así es, debía buscar aquello que me devolviera paz. Tomé la tarjeta y decidí marcar.
—Wow, nunca pensé que me marcarías. Me sorprendiste, pero debo admitir que me da gusto que lo hiciera —me dijo Irina, sentada frente a mí—. Debo disculparme por el último encuentro. Soy muy desesperada, y bueno, a Edward lo apreciamos de verdad, quería que te enteraras de todo de una buena vez. Kate suele decir que no pienso mucho sobre cómo pueden afectar a los otros mis palabras sin importar si es una causa justa o no.
—No, ammm, de alguna manera me alegro de que lo hayas hecho porque Edward no me habría dicho nada en absoluto.
—Para no lastimarte ¿cierto?
Me sentí avergonzada frente a Irina, debía parecer ante ella como una chiquilla voluble e insegura, o por lo menos la Bella que conoció hace años.
—Veo que estás sufriendo.
Fui incapaz de responder ante ello, lo que se veía no se juzgaba, analicé por un segundo esa frase y en el enorme error al que me llevó. No juzgué lo que vi hace años, no me detuve a analizar la situación, me dejé llevar por lo que estaba ante mí y eso me llevó al que consideraré por años el peor error de mi vida, me habían llevado a perder al amor de mi vida.
—Está bien, te contaré todo lo que quieras, pero que quede constancia de que te pido que hables con Edward, puesto que nadie mejor que él. Sólo tengo una condición.
—¿Cuál?
—Debes de contarme por qué te casaste con él. Siempre me ha dado mucha curiosidad su historia, pero por obvias razones no me sentía bien preguntarle a Edward.
No pude evitar sonreír como boba, ensoñadora, pérdida en los mejores recuerdos de mi vida.
—Conocí a Edward en el instituto, ya lo había visto un par de veces en la estación de policía.
—Tu papá era el jefe de policía ¿cierto?
—Así es, papá sabía la situación difícil en la que estaban viviendo Edward y su madre, Esme; su padre los abandonó años antes, dejándoles endeudados y con la casa hipotecada. Un auténtico hijo de puta. Esme trabajaba tanto, era una súper mujer, lo único importante para ella era poder darle a Edward una oportunidad de salir adelante. Él realmente lo merecía, tanto ella como yo conocíamos su potencial, su inteligencia y dedicación, sólo necesitaba que le dieran la oportunidad —hice una pausa recordando a la dulce Esme—. Él año en que le conocí su madre cayó enferma de cáncer, así que Edward tuvo que asumir todos los gastos, así que mi papá le dio un empleo de medio tiempo con la condición de que no abandonara la escuela, ayudó para que le congelaran la hipoteca y a mover algunos contactos para conseguir un seguro médico para Esme, aun así era demasiado para Edward y eso fue lo que me enamoró; a pesar de todo lo que tenía en contra siempre encontraba las fuerzas y motivación para salir adelante.
—Cualquiera se hubiera dado por vencido, o por lo menos se hubiera puesto en un rincón sintiéndose miserable y culpando a su padre.
—Pero no Edward —sonreí con orgullo.
—Vale, pero lo que no comprendo es si tu padre le ayudó tanto por qué se mostró en desacuerdo con su matrimonio.
—Me encantaría poder tenerte una buena respuesta, pero la única explicación que tengo es absurda y todo se resumía al pasado de Edward, sus problemas económicos y lo que eso implicaba.
Irina alzó sus cejas sorprendida, seguramente juzgando a mi padre por sus prejuicios clasistas, no podía recriminarle, ese era el único defecto de Charlie, pero sin justificarle, sabía que todo se resumía a su historia con sus padres y mi madre. Charlie había crecido en una buena familia, misma que le dio la espalda al casarse con una joven humilde. Él había escarmentado en carne propia el sacrificio por un amor que no prosperó. Mamá siempre pensó que Charlie de alguna forma le culpaba por ello y eso fue lo que terminó por destruir su matrimonio.
—Sé que la mamá de Edward murió antes de que él se marchara a Nueva York.
—Así es, ese fue el último impulso que tuvo para irse y buscar esa oportunidad.
—¿Cómo fue que decidieron casarse?
Me perdí en esos viejos y agradables recuerdos. Los más felices de mi vida.
—Edward había recibido un par de semanas antes su carta de aceptación, así que era inevitable, tendríamos que separarnos.
—Así que él te propuso casarte con él.
Negué con la cabeza, todos siempre pensaron eso.
—No, fui yo quien le pedí que huyéramos a Las Vegas y nos casáramos, así que al fin de semana siguiente volamos hacia allá y nos casamos. Al principio se opuso, él continuaba con la idea de primero demostrarle a mi papá que él podía ser suficiente para mí, me costó mucho persuadirlo, pero al final accedió. Al final buscábamos lo mismo y no podíamos esperar más, queríamos unir nuestras vidas, demostrarles a los demás que no dudábamos de nuestro amor, ellos podían juzgar, pero lo que nosotros sentíamos era real, intenso y apasionado.
Flashback
Edward me dejó en la entrada de nuestra habitación, me dejaría arreglarme a solas, lo vería hasta el momento final de nuestra unión. Mentiría si dijera que no estaba nerviosa, pero con sólo mirarlo y saber que después de un par de horas sería su esposa era motivo suficiente para hacerlos a un lado. Había gastado parte de sus ahorros en este viaje, había insistido tanto en pagarlo él, siempre queriendo demostrar que era capaz y suficiente, mi pobre tonto, él no debía demostrar absolutamente nada.
Fui hacia mi maleta y tomé el vestido blanco que había elegido para la ocasión, era un vestido blanco, corto, bastante sencillo, en corte imperio, en el cinturón había adornos hechos de organza con pedrería, la caída era delicada. Me cambié y peiné mi cabello en un moño sencillo, pinté mis ojos y labios en todos rosa y nude. Me eché un último vistazo en el espejo, los nervios comenzaron a aparecer, dentro de unos momentos sería Bella Cullen. Sonreí al pensar en él, debía reconocer que me daba mucha tristeza el pensar que sólo tendríamos unos meses juntos antes de que él se fuera a Nueva York, yo le ayudaría a cuidar a Esme mientras él estaba lejos, él regresaría para Navidad y podríamos viajar para encontrarnos de vez en cuando si lográbamos ahorrar como lo teníamos planeado. No temía por el futuro de nuestra relación, ni mucho menos por los sacrificios próximos, estaba preparada para ello porque Edward me inspiraba, quería ser digna de él.
Subí al taxi que me llevaría a la capilla donde él aguardaba por mí. Al entrar lo vi nervioso, estaba realmente guapo con sus pantalones sastre y su camisa negros, una corbata negra y delgada colgaba de su cuello, había tratado de controlar su cabello cobrizo y rebelde, pero había sido imposible.
Me uní a él en el altar, su sonrisa era reflejo de la mía. A lo largo de la ceremonia nos mantuvimos tomados de la mano, su pulgar marcaba pequeños círculos en mi muñeca.
Cuando Elvia nos declaró marido y mujer mis pies se despegaron del piso, Edward me había tomado entre sus brazos haciéndonos girar.
—Mía, completamente mía —besó con delicadeza mi cuello antes de bajarme.
Mis ojos ya se encontraban bañados en lágrimas. Jamás me había sentido tan dichosa, ahora podía reclamar a Edward como mío, podía gritar por todo lo alto que nuestros destinos estaban unidos en todas las formas posibles.
—Juro que haré todo lo que esté en mis manos y más para hacerte feliz, para hacerte sentir orgullosa de mí. Sólo te pido paciencia.
—Shhh —lo callé—. Estaré a tu lado en cada paso. No sé qué hice para merecer a un hombre como tú. Tengo mucho que agradecerle a Esme.
Esa noche hicimos el amor, nos entregamos de manera distinta, con la convicción de estar unidos para siempre, con la fuerza de poder enfrentarnos a todos, incluso a mi padre.
Fin del flashback.
—Eso fue condenadamente romántico —me dijo Irina frente a mí.
—Con él siempre me sentí protegida. Iba por mí a la salida del instituto, me llevaba a caminatas por los bosques de Forks, pero mis favoritas eran las caminatas al amanecer en La Push. Me hacía sentir única, cómoda conmigo misma.
—¿Y entonces qué pasó? ¿Por qué dudaste tan fácil de él?
Bueno mis divinuras, espero que este capítulo les haya hecho pasar un rato amable en estos días. Paciencia, sé que en algunos países se ha alargado la cuarentena, como aquí en México, que ahora será hasta el 30 de abril, pero recordemos que cuidándon, cuidamos a quienes queremos; continúen en la medida de lo posible practicando la sana distancia, lavarse manos, no tocarse la cara, en fin, sigamos haciendo caso de todas las instrucciones sanitarias.
Mil gracias por leer, por darme unos minutitos para esta historia: angryc, saraipineda44, cavendano13, calia19, maidely34, Santa, rjnavajas, patymdn, FlorVillu, morenita88, Marxtin, Cary, Elizabeth Marie Cullen, Pancardo, Andre22-twi, Adriu, Mar91, Liz Vidal, OnlyRobPatt, Car Cullen Stewart Pattinson, .585, Esal, joabruno, liduvina, Keniie Masen, miop, Jade HSos, Chiki García, nicomartin, Smedina, Adriana Molina, Cinti77, ELIZABETH , Moni y todas aquellas lectoras anónimas.
Espero poder leerlas la siguiente semana en La Fortezza (si todo sale bien).
Les mando buena vibra. ;)
