Mis bellas lectoras, muchas gracias por la paciencia y lamento tanto la demora. Ya saben los personajes son obra de nuestra hermosa Meyer, lo único mío es la loca idea de la historia ;)

EPOV

Su dulce aliento se mezclaba con el mío. Podía sentir un palpitar salvaje agitando mi pecho, pidiéndome que actuara y la besara. Estaba sediento de sus besos, moría por volver a probar sus labios, fue en ese momento que me di cuenta cuánto tiempo llevaba deseándola, anhelando el volver a sentirla entre mis brazos.

Ella temblaba, podía sentirlo; sus mejillas sonrojadas, sus ojos brillosos.

—Edward —susurró de manera anhelante— ¿Es cierto lo que acabas de decirme?

El hechizo se rompió, me di cuenta de que acababa de confesar mi amor no muerto a la chica que había roto mi corazón, quien había dudado de mí y sin embargo no era eso lo que me dolía, sino el hecho de que estaba comprometida con otro.

Me preparé para decirle que había entendido mal, pero me vi incapaz de hacerlo. Miré a mi alrededor, entre los grandes edificios que rodeaban el parque buscando ayuda, algo que decir.

—¿Edward?

—Lo dicho, dicho está —fue todo lo que dije.

Ella mordió su labio, se veía confundida.

—Creo que tienes derecho a saber esto, veo cuán importante es para ti la opinión que tenía mi padre sobre ti.

Sacó un sobre desgastado de su bolso negro y me lo tendió. Lo tomé con dudas, no sabía qué se encontraba ahí. Cuando lo abrí me encontré con una carta de puño y letra de Charlie. Comencé a leer y conforme avanzaba entre las líneas comenzó a aparecer la ira y la recriminación. Si él hubiera hablado en su momento, Bella hubiera accedido a hablar conmigo cada una de esas veces que la busqué.

—Mi madre me lo dio hace un par de días, mi padre se la entregó antes de morir.

Sólo asentí con mi cabeza, me giré dándole la espalda y mirando entre los árboles. Miré cómo el viento agitaba las ramas, me concentré en el ruido de las hojas al ser agitadas, algunas caían de las ramas, como es esperado en pleno otoño, otras tantas se aferraban a sus ramas, esperando resistir las violentas ráfagas. El viento me daba de lleno en la cara, cerré los ojos e inhalé profundamente, sentí como mis pulmones se expandían, solté el aire de manera lenta y entonces la miré de nuevo.

—Lo siento, Bella. Me imagino cuán difícil debió de ser leer la carta después de todo esto.

—No justificaré a mi padre, hizo mal al no hablarme de sus dudas, pero eso no me exime de mi culpa, yo era tu pareja, era yo quien debí de dudar de lo que vi.

Me senté a su lado y tomé su pequeña y delicada mano, la acaricié en círculos hasta que sentí su anillo de compromiso y la solté. En ese momento sentí como mi corazón volvía a romperse a causa de Isabella Swan. Recordé aquellos días posteriores donde me convertí en zombi, esperando que respondiera mis llamadas, o que apareciera pidiendo una explicación. Nunca sucedió.

—¿Ahora qué haremos? —preguntó.

Miré el destello del diamante en su dedo.

—Lo que haremos es lo siguiente: dentro de una semana iremos al juzgado y firmaremos los papeles; entonces tú podrás seguir con tus planes de casamiento y yo regresaré a Londres.

Sus ojos titilaron asustados, me pregunté a qué se debía.

—¿Eso es lo que quieres? —preguntó con voz contenida.

—Es lo que debemos hacer.

Nos miramos por varios segundos. Si ella todavía fuera la Bella con la que me casé diría que estaba decepcionada de mi respuesta, pero eso sería buscar un pretexto para tomarla e irme con ella. Lo cierto es que ambos teníamos hechas nuestras vidas y que si no hubiera sido por estas eventualidades ambos continuaríamos en nuestros caminos.

—Bien, entonces nos veremos dentro de una semana en el juzgado.

Tomó su bolso y se levantó.

—Una vez más, lo siento. Realmente siento no haber demostrado que confiaba en ti.

Al ver que se marchaba mi corazón se oprimió. Me sentí desesperado. Quería alargar el momento lo más que pudiera, después ella regresaría a Jacob.

—¿Adónde vas?

—A casa.

—Todavía tenemos que hablar.

Me miró extrañada. Busqué a mi alrededor tratando de encontrar una razón para hacer que se quedara aunque fuera unos minutos más.

—Tú has obtenido tus respuestas, pero yo no.

De repente la vi avergonzada.

—Bella, sólo te he escuchado decirme que lo sientes, que lamentas no haber confiado en mí, pero quiero saber por qué lo hiciste, qué sucedió para que fuera tan fácil creer que te había engañado.

Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas y se desplomó a mi lado. Su llanto fue en aumento.

—Oh, Edward, quisiera poder tener una respuesta para ello —se tapó su rostro con sus manos—. Yo no sé qué decirte, si por algo es por lo que me siento tan culpable es porque no tenía razones. Quizá fue la historia de mis padres, quizá fue la distancia y el cansancio de sólo verte de vez en cuando. Lo único que sé es que me arrepentiré toda la vida.

—Lo entiendo, yo también te extrañaba tanto. No sabes cuánto anhelaba cada noche por tenerte entre mis brazos. Esa era una de las razones por las cuales rentaba el cuarto con Irina, de esa manera podía ahorrar para ir a verte.

—Si tan sólo me hubieras dicho, yo también podía ir a visitarte. Sabes que también trabajaba, también podía ahorrar. Edward, a veces se te olvidaba que esta relación de pareja era de los dos y ambos debíamos hacer sacrificios, no sólo tú.

Ella tenía razón. Sabía que todo lo que me había dicho sobre mi orgullo y el querer demostrarle a Charlie que era suficiente para ella me había hecho perder de vista lo que realmente importaba, ella.

—Admito que tienes razón. En determinado momento presté más atención de la necesaria a las opiniones de Charlie. Pero eso no termina de explicar por qué creíste que te engañaba ¿Jamás te dio curiosidad el escucharme? ¿Leíste alguna de mis cartas, de mis emails?

—No, no lo hice. Le pedí ayuda a Ángela para catalogar tus correos como spam y de esa manera no tener la tentación de leerlos, tus cartas mi papá jamás me las dio, me dijo que llegaban y tomé la decisión de mudarme porque sabía que irías a buscarme.

—Vaya, te fue muy fácil sacarme de tu vida y hacerme a un lado. Y tienes razón, sí vine a buscarte en más de una ocasión. La última de ellas el día antes de partir a Londres.

Ella abrió sus ojos hasta casi salirse de sus órbitas.

— ¿Lo hiciste?

—Por supuesto que sí ¿Acaso no logras entender aún cuánto te amaba? Si no hice más por recuperarte fue porque no lograba dar contigo.

Agachó su mirada. Me di cuenta de que no estaba ayudando, sólo estaba logrando hacerla sentir peor. En ese momento me prometí no hacer más comentarios al respecto. Debíamos cerrar con esto y dejarlo en el pasado.

En el mismo instante en que me di cuenta de que en cuanto diera por terminado todo este asunto ella partiría, iría al lado de su prometido y yo sólo podría verla el día en que firmáramos nuestro divorcio. No podía dejarla ir tan pronto. Mi corazón no me dejaba y había ganado la batalla entre la razón y la emoción.

Miré a la gente que pasaba frente a nosotros, ajenos al atormentado momento que vivíamos, sin percatarse que estaba por perder al amor de mi vida una vez más ¿Qué podía hacer para detenerla por lo menos lo que quedaba del día?

—Se hace tarde —comentó ante mi silencio—. Debería marcharme, mamá estará esperándome. Quedé en llegar a la hora de la comida.

—Puedo llevarte, claro si no traes carro.

Una pequeña sonrisa se adueñó de su hermoso rostro. Era tan bonita.

—En el camino puedes contarme un poco de lo que ha sido de ti en estos años, además de haber encontrado a Jacob claro.

Su ceño se frunció, sus labios se crisparon y sus ojos se volvieron vacíos. Había marcado un distanciamiento y debía de eliminarlo si quería conseguir más tiempo con ella. No podía dejarla ir. No tan pronto. No estaba listo. Nunca lo estaría.

—Lindo auto —comentó cuando llegamos al Mercedes negro.

—Lo renté, ya que me quedan unos cuantos días más decidí solucionar unos asuntos del trabajo y ahorrar tiempo.

—Ahora eres un hombre importante —me dijo y pude percibir el orgullo en ella.

—No sé si importante, pero si muy ocupado —respondí mientras le abría la puerta del coche.

Ella me sonrió, pero su rostro se crispo en un gesto que evidenciaba su indecisión. Mordisqueó su labio repetidas veces.

—Estoy orgullosa de ti, Edward. Quizá es tarde para decirlo o no es el momento, pero quiero que lo sepas.

No pude resistirlo, durante mucho tiempo e incluso sin ser verdaderamente consciente de ello, estuve esperando por mostrarle hasta donde había llegado y decirle que todo esto había sido por ella, así que antes de que entrara al auto jalé de ella y la envolví con mis brazos, la estreché lo más que pude. Me permití por esos escasos segundos dejarme envolver por su dulce aroma a manzana verde. Sus brazos pasaron por mi espalda respondiendo a mi abrazo, incluso la imaginé respirando profundo, inhalando mi olor como yo estaba haciendo con el de ella.

Todo se detuvo a nuestro alrededor. Sólo éramos nosotros dos, como si el tiempo no hubiera pasado. Me separé despacio, contrariado por el deseo y anhelo de ella, quería que se marchara conmigo, no al lado de Jacob.

Debía parar esos sentimientos antes de que echaran más raíces y terminara destrozado.

En una semana me marcharía y ella continuaría con su vida. Quisiera o no, su camino ya se encontraba al lado de Jacob. Al final los motivos que le habían llevado a tramitar el divorcio era su boda y no podía espera que terminara con aquellos planes. Yo debía volver a Londres y seguir con mi trabajo. Quizá con el tiempo podría encontrar a alguien. Pero nunca sería ella.

—Lo siento —le dije mirándola a los ojos.

—Está bien. Quiero mostrarte algo antes de que me lleves a casa.

— ¿Qué es?

Al subir al carro ingresamos la dirección en el GPS, se trataba de una galería de arte.

— ¿Entonces esta galería es tuya?

—Así es, me dedico a vender obras de artistas locales. No es muy grande, pero me encanta. Además me da tiempo de pintar mis propios cuadros. Tengo un pequeño estudio atrás ¿Quieres verlo?

—Por supuesto —dije entusiasmado.

—Bien —su sonrisa no ha desaparecido. Es como si estuviera con la vieja Isabella.

Comenzó a mostrarme algunos cuadros, sus favoritos, aquellos artistas por quienes ella apostaba que pronto trascenderían. La veía tan feliz caminando por los salones y pasillos. Me alegraba tanto por ella, me sentía tan dichoso de ver que ella también había cumplido su sueño. Estaba orgulloso de Bella Swan.

—Esto es grandioso, Bella. Siempre he dicho que tienes buen ojo para el arte.

Seguimos caminando y de pronto noté que se había puesto nerviosa, sus pasos eran más pequeños y había comenzado a jugar con sus manos. Giramos hacia la izquierda, la galería era bastante amplia, dividida en varias alas, cada una dedicada a la distintas exposiciones, algunas mezcladas por tema, naturaleza, arquitectura, retratos, abstractos, entre otros. Pero cuando llegamos a la ala más alejada de todas comenzó a bajar su tono de voz.

—Esta es la última ala —dijo tímida mientras quita un cintillo que prohibía el paso.

Creí que esa sala estaba vacía debido a que no se permitía el paso, pero había varios cuadros colgados, la mayoría de ellas son pinturas en acuarelas, paisajes de Forks, alguno que otro de Seattle, siluetas de personas, retratos, una variedad. Hubo uno que llamó particularmente mi atención, era un ave que iba emprendiendo vuelo, pero conforme avanza la silueta comienza a tomar forma de una mujer. Su rostro reflejaba tal sensación de libertad que se invita a disfrutar de ella. Paz. Esa pintura me hacía sentir paz y dicha. Era realmente hermosa. Avancé junto con la pintura y vi que al final las alas del ave se convierten en el cobijo de la chica.

—Esto es realmente hermoso —susurré.

— ¿De verdad lo crees? —preguntó a mi lado.

No me había dado cuenta de que hubiera avanzado junto conmigo.

—Sí, deberías abrirla. Estoy seguro de que se venderían rápidamente. Muchas de estas obras tienen vida, cuentan un historia y te contagian de ella ¿Quién es el artista? Si me preguntas es el mejor que me has mostrado.

Mientras me giraba hacia ella un retrato a lápiz llamó mi atención. Podría reconocer ese dibujo en cualquier parte y sabía quién era la artista creadora. Frente a mí estaba uno de los tantos dibujos que Bella me hizo durante nuestro noviazgo, recordaba a la perfección el día en que lo hizo.

Flashback

Me siento tan cómodo. Es sábado y puedo darme cinco minutos más antes de ir con Charlie a la comisaría, además debo aprovechar y pasar a ver a Bella. Mejor me levanto de una vez, entre más rápido llegue a su casa más tiempo tendré para pasar con ella. Escucho su risita. Creo que todavía sigo un poco dormido, pero pronto siento algo en mi nariz, lo que me causa un cosquilleo. Me muevo un poco tratando de quitar aquello que me molesta. De nuevo su risita. Entonces siento un cuerpo calientito a mi lado. Es ella. Su aroma se encuentra a mi alrededor.

Finjo seguir dormido y en el momento en que vuelve a acercarse para hacerme cosquillas la tomo de su cintura y la giro para acostarla, me quedo encima de ella. La miro. Es un ángel. Es realmente hermosa. Sus mejillas sonrojadas, sus grandes ojos penetran hasta mi alma. Acaricio su rostro y levanto mi mano hasta sus hebras oscuras que se encuentran esparcidas por mi almohada. Esa será mi nueva almohada favorita.

— ¿Qué haces aquí? —susurro contra sus labios.

—Charlie tuvo que salir a Port Angeles con Harry. Así que vine a despertarte, no tendrás que ir hoy a la comisaría.

— ¿Cómo entraste? —le dije dándole un beso en su mejilla—. Hueles tan bien —enterré mi rostro en su cuello.

Seguía sin poder creer que fuera mi novia. Dos meses juntos.

—Como toda la gente, toqué la puerta, Esme estaba por irse con una amiga y me dejó a cargo. Tienes que seguir mis órdenes.

— ¿Ah sí?

—Todo lo que yo diga —dice enredando sus brazos alrededor de mi cuello y jalando de mi cabello—La primer orden del día es que debes besarme. Mucho. Muchísimo.

Bajo mis labios hasta los suyos. Son suaves y apetecibles. Su aliento me llena por completo y trato de empaparme de ella. Sus delicadas curvas se acoplan a mi cuerpo, lo que provoca una mezcla de deseo y satisfacción. Comienzo a sentir como cierta parte de mi anatomía comienza a despertar y Bella no ayuda demasiado con sus movimientos pélvicos. Si no la detengo pronto no podremos parar esto.

—Bella —murmuro entre besos—. Bella esto…

—Shhh, Edward —toma mi cara entre sus manos y me mira fijamente—. Quiero que me hagas el amor, por favor.

Gruño y jadeo al mismo tiempo, si es que eso es posible. Estoy igual de deseoso que ella, quiero hacerla mía, pero no creo que este sea el momento correcto.

—No lo pienses, por favor —me dice después de colocar un beso detrás de mi oído.

Ella sigue restregándose contra mi erección. Me está poniendo las cosas realmente difíciles.

Pierdo totalmente la batalla cuando mete una mano dentro de mi bóxer tomando mi polla entre sus dedos. Nos hemos toqueteado con anterioridad y sé que no es virgen, cosa que no me molesta en lo absoluto, incluso me hace sentir menos nervioso de lastimarla y con más seguridad de poder hacer que se sienta bien con esto. Así que tomo la decisión porque ambos lo deseamos.

Vuelvo a besar sus labios y trazo un camino de besos desde su mandíbula hasta el valle de sus pechos. Tiernos y suaves, lo suficientemente grandes para poder tomarlos con mis manos y acariciarlos. No lleva brasier, lo que me excita incluso más. Puedo sentir sus pezones tensarse mientras los rodeo, tentándolos con mis dedos. La escucho gemir mientras que sus manos comienzan a tocar mi espalda creando figuras abstractas sobre ella.

Me levanto sobre mis codos para verla. Sus ojos tienen un brillo lujurioso, reflejo de los míos. Somos bastante jóvenes, pero seguro estoy que nunca habrá alguien que pueda despertar mi deseo de la misma manera en que Bella lo hace. Sólo una mirada, sólo una caricia basta para despertar este apetito carnal. Nunca podré tener suficiente de ella, siempre habrá algo que me hará amarla más, anhelarla más.

—Te amo —suelto entre besos.

—También te amo —dice antes de besar mi pectoral izquierdo.

Me hinco entre sus piernas y jalo su short -ropa inusual para el clima de Forks-, sus bragas de algodón se muestran ante mí. Ella me ayuda jalando la playera de su banda favorita para quedar completamente desnuda en la parte superior de su cuerpo. Me maravillo con su cuerpo. No es la primera vez que la veo en ropa interior, pero no importa cuántas veces suceda seguirá maravillándome en cada ocasión.

Me hace una seña para que me acerque de nuevo a ella y no se lo niego. Sus pezones me llaman a probarlos, rozados y pequeños. Tomo uno en mi boca y con mi mano acaricio el otro. Ella se arquea buscando más fricción entre nuestros cuerpos. La escucho gemir mi nombre una y otra vez; eso hace calentar mi alma. No habrá nada en el mundo que pueda hacerme sentir tan dichoso como el escucharla pronunciar mi nombre mientras nos entregamos de esta manera íntima. Acabo de descubrir mi sonido favorito en el mundo. Mi vista favorita es la de Bella sonrojada mientras hacemos el amor.

Dejo sus pechos y me dirijo al sur de su cuerpo. Beso los huesos de sus caderas, ella da un respingo por la sensación. Bajo un poco más y me encuentro con su sexo, húmedo y listo para mí. La miro antes de hacer lo que estoy pensando. Nunca lo he hecho con otra chica, pero QUIERO hacerlo con ella, siempre y cuando se sienta segura. Pido permiso con la mirada. Ella se sonroja aún más, pero me da su autorización.

—Bella, nunca he hecho esto con alguien más. Quiero que me digas si te sientes incómoda ¿de acuerdo?

—Tranquilo, confío en ti —me dedica una sonrisa para darme confianza.

Vuelvo a inclinarme sobre ella, con un dedo recorro todo su sexo y verifico que está bastante mojada. Sin pensarlo más me dejo llevar por mis deseos primitivos y comienzo a besar sus muslos, subo a su vientre y después me abro paso entre sus piernas para devorar el punto más caliente de su cuerpo. Paso mi lengua con suavidad y lentitud, trato de ser consciente de sus reacciones para saber qué le gusta y que no, cuando toco el punto de nervios ella se retuerce y gime.

—Dios, Edward —jala mi cabello para mantenerme pegado a ella.

Decido unir mis dedos a mi boca. Toco su entrada y la rodeo un par de veces, quiero prepararla lo suficiente para que sea agradable para ella. Adentro un dedo y bombeo mientras succiono su clítoris. Ella está ardiendo al igual que yo. Puedo sentir como poco a poco todo mi deseo se acumula en mi polla. Lo que me pone más ansioso por adentrarme en su cuerpo, por poseerla de esa manera y unir mi cuerpo al de ella. Siento como comienza a tensarse y apretar mi dedo.

—No, no, para —me dice sentándose.

— ¿Te he hecho daño? —pregunto preocupado.

—No, tonto. Es que quiero terminar contigo dentro.

—De acuerdo.

—¿Tienes condones?

Me río porque antes de comenzar todo esto debimos de verificar eso primero. Afortunadamente tengo un par en mi mesilla.

—En el cajón de mi mesilla.

Ella asiente y se extiende sobre la cama hasta alcanzarlos.

—Veo que estás preparado. Bien, podré asaltarte una vez más —me dice con una mueca traviesa.

Destapa el condón y me lo coloca. Juro que hice uso de todo mi autocontrol para no correrme en ese preciso momento. Sentirla desenrollando el látex sobre mi falo fue lo más jodidamente excitante y erótico que he visto.

Ella me empuja para quedar recargado en la cabecera y sin perder contacto se coloca sobre mí a horcajadas. Toma mi pene y mientras nos besamos ella comienza a descender, llevándome a lo más profundo de su cuerpo.

—Joder, Bella.

—Edward.

Jadeamos al mismo tiempo. Espero a que ella se sienta cómoda y cuando veo que ha pasado el malestar inicial, comienzo a moverme, empujo mis caderas, adentro y afuera. Una y otra vez.

—Dios, Edward.

Esto se siente realmente bien.

—Mierda, Bella.

Ella está por culminar, es ella quien comienza a mover sus caderas, sus paredes comienzan a aprisionarme. Echa su cabeza hacia atrás. Esta es una nueva imagen de Bella que tatuaré en mis recuerdos para siempre. Una Bella dominada por el placer y la pasión.

—Edward, Dios, Edward —se mueve más rápido. Necesito que su nirvana llegue ya porque yo estoy a punto de tocar el mío.

Me inclino para tomar sus pechos con mi boca, paso mis brazos por su cintura para pegarla más. El nuevo ángulo me da mayor profundidad.

—Bella, córrete conmigo —le pido.

Ella jalonea de mi cabello, dos estocadas más y ambos llegamos a la plenitud. Siento los espasmos de sus paredes. Ambos estamos agotados. Me acuesto y la dejo encima de mí mientras nuestras respiraciones se regulan.

—Eso fue perfecto —murmura en mi cuello—. Gracias.

—Cuando quieras —respondo y ambos reímos.

Me paro para quitarme el condón y lo tiro en el bote. Debo asegurarme de ser yo quien saque la basura la próxima vez.

Nos quedamos dormidos después de eso. Ella desnuda a mi lado, solo cobijados por mi sábana. Fue la siesta más complaciente.

No sé cuánto tiempo pasó. Cuando desperté la encontré en el otro extremo de mi cama con su cuaderno de dibujo y lápiz en mano. Levanta la vista y me sonríe. La sábana le cubre sus pechos, pero gran parte de sus piernas está al desnudo.

— ¿Qué haces?

—Promete no molestarte —me dice con una carita de súplica.

—Lo prometo —no podía enojarme con ella nunca.

Levanta su cuaderno y me lo enseña. Soy yo dormido, con una sábana cubriendo mi cadera, se nota que estoy desnudo y que si no fuera por ese trozo de tela mi virilidad estaría expuesta. Me sonrojo ante ello.

—Quiero un recuerdo de esto y cada vez que lo vea pensaré en lo que acaba de pasar —sonríe—. Prometiste no molestarme ¿Qué te parece?

¿Qué puedo decirle? Ella es realmente buena dibujando y pintando, es por eso por lo que ella debe cumplir su sueño de estudiar artes.

—Sólo puedo decir que me ves con ojos llenos de amor. Ven acá —tiro de ella y la coloco encima de mí.

Pasamos el resto del día disfrutando de nuestro tiempo juntos. Siempre recordaría la primera vez con el amor de mi vida.


Bien, ¿qué les ha parecido este capítulo? Lamento si las ilusioné con el beso, pero creo que todavía no era tiempo. Quizás en el siguiente, todo puede pasar ;). Cada vez falta menos para el desenlace de esta historia, quizá un capítulo más y el epílogo, realmente no lo sé. Últimamente mi inspiración se encuentra bloqueada y voy de poco en poco.

De nuevo, lo siento tanto por la demora y lo siento doblemente porque todavía tardaré un poco en actualizar La Fortezza. Las cosas se me han complicado, es el último mes de la maestría y no he terminado mi investigación y debo prepararme para mi evaluación final del semestre, lo cual está jodido porque debido a la pandemia todo se complicó, pero en fin, no quiero soltarles más rollo. Lo siento también por eso.

MIL GRACIAS, MIS BELLAS LECTORAS: JossBel Masen, terewee, Mar91, Adriana Molina, Cinti77, joabruno, Jade HSos, miop, kaja0507, Leahdrcall, Andre22-twi, Jocelyn, ELIZABETH, Smedina, Adriu, Santa, cary, Lizdayana, Elizabeth Marie Cullen, torrespera172, Liz Vidal, Pameva, saraipineda44, Lu40, Car Cullen Stewart Pattinson, cavendano13, andryc, rjnavalas y aquellos anónimos ;)

No olviden dejarme sus reviews, alimenten mi alma en pena (lo digo en serio).

¡Nos leemos pronto... espero!