Mis bellas lectoras, acá el nuevo capítulo. Recuerden que los personajes no me perteneces, lo único mío son las locas ideas de las historias ;)

Cap. 6

EPOV

Caminé hacia el lugar donde estaba colgado, básicamente una pared sola para ese cuadro. Se encontraba prácticamente intacto. Me pregunté cómo es que había parado ahí, aunque era obvio que la dueña del cuadro había decidido colocarlo, pero me preguntaba por qué lo había hecho. Los recuerdos de aquel día me bloquearon, me sentí como si hubiera sido golpeado por una enorme bola demoledora.

—Nunca he dejado que nadie entre aquí, es algo que no he querido compartir hasta ahora —dijo detrás de mí.

—Veo que todavía lo conservas.

—Entre todos los dibujos que tengo de ti ese es el que más me gusta.

— ¿Tienes los otros? —pregunté incrédulo.

—Jamás podría deshacerme de ellos.

Me giré para encararla. Era como si ella fuera un imán para mí, me sentí empujado a acercarme más a ella. Su aroma se hizo más intenso con cada paso que di y me embriagaba, justo como en los viejos tiempos. Isabella Swan no había perdido el poder que tenía sobre mí y eso me asustaba, porque en una semana ambos daríamos media vuelta y cada uno avanzaría en su vida, dejando al otro atrás. Pero era incapaz de hacer caso a la razón, estaba siendo dominado por mis emociones y mi corazón me llevaba a ella.

Pasé mis brazos por su pequeña cintura y la acerqué poco a poco a mí. Se sentía mucho mejor de lo que recordaba, podía sentir cada una de sus curvas amoldándose en los huecos de mi cuerpo. Nunca podría encontrar a alguien que encajara tan perfecto. Su sonrojo apareció. Ella era encantadora y me gustaría que hubiera sido mía en ese momento, pero no lo era. Sin embargo, eso no me detuvo porque había pasado tanto tiempo y había pasado tanto más anhelando sin saberlo. Me incliné, evalué su reacción, pero ella no se movió, así que lo hice. Tomé sus labios, los probé y que me vaya al infierno si no era el mejor sabor del mundo. Eran suaves, dulces y cálidos. Me moví hasta hacer impactar su espalda con la pared. Sus manos subieron hasta mi cuello, me pegó más a ella; era como si llevara el mismo deseo contenido. Sus labios se entreabrieron para tomar aire y aproveché para colar mi lengua a su deliciosa boca. Se volvió una batalla campal. Tomé sus manos que seguían en mi nuca para alzarlas sobre su cabeza, pero al hacerlo sentí el aro de oro que llevaba en su dedo. Eso resultó como un balde de agua fría, así que me separé.

—Yo lo siento.

Ella se mordisqueó su labio inferior que se encontraba más rosa de lo normal e hinchado, todo debido a la actividad reciente.

—No, no debes —trató de decir.

—Estás comprometida y te he colocado en una situación penosa.

Ella bajó la mirada apenada. Pasaron varios segundos antes de que volviera a mirarme a la cara.

—Se hace tarde, Renée debe de estar esperándote. —coloqué mi mano en su espalda baja empujándola fuera del aula.

—Espera, antes de irnos quiero mostrarte mi lugar especial —dijo con una tímida sonrisa—. Siempre hablamos de ello y quiero enseñártelo.

Tomó mi mano y tiró de mí hasta llevarme a un pequeño pasillo oscuro detrás de las salas de exhibición. Llegamos a una puerta blanca de madera que se encontraba cerrada con llave. Ella la tomó de su bolso y abrió. Pasó a encender las luces y después de algunos segundos salió a decirme que podía pasar.

Al entrar me encontré con un taller de pintura, era un caos completo, pero de alguna manera tenía sentido y daba la sensación de que ese era el orden correcto. Ella estaba ahí, toda tímida como hacía unos momentos, sus mejillas ligeramente sonrosadas, sus manos a la altura de sus caderas cruzadas, jugueteaba con sus dedos. Me recordó tanto a la Bella adolescente de la que me enamoré. Me pregunté si acaso todavía había alguna oportunidad para un nosotros ¿acaso ella todavía me amaba tanto como yo a ella? Recordé el beso que nos dimos en su ala, la entrega que sentí de su parte. Todavía estaba ahí esa chispa, ese aleteo en el estómago cuando la tocaba y ella me tocaba, cuando me miraba y me sonreía.

—La mayoría de las veces hago reparaciones, pero otras tantas suelo perderme por días pintando.

Caminó hasta un cuadro grande que se encontraba en el piso, recargado en la pared. Estaba cubierto por una gran manta. Ella la apartó en un movimiento grácil.

—Este es mi último trabajo. La verdad es que no estaba tan convencida de los colores, ya sabes, siempre me dijiste que optaba por tonos cálidos, así que he estado incursionando en algo nuevo —se encogió de hombros—. Además que me he vuelto buena con la acuarela, pero sigue sin gustarme mucho —hace un mohín.

Recordé todas aquellas veces cuando vine a visitarla y algún profesor le había dejado algún trabajo sobre acuarelas. Siempre buscaba un pretexto para no terminarlos, incluso el sexo le servía para ello y no es que me quejara al respecto.

—Es maravillo, en serio —lo dije con total honestidad.

Caminé por cada rincón de esa pequeña habitación. Estaba bien iluminada, con todo el material necesario. Incluso había una cafetera con cajas de galletas, lo que evidenciaba el gran lapso que pasaba en este lugar. Siempre imaginé algo como esto en nuestro futuro.

La imagen de Bella con un delantal manchado de pintura, cubriendo su vientre abultado y ocupado por nuestro hijo mientras entraba a hurtadillas espiándola se hizo presente. Durante mucho tiempo escenas como esa se hicieron presentes en mi mente, me torturaban, pero al mismo tiempo me consolaban.

—Sigues bebiendo litros y litros de café —le dije señalando la cafetera.

Ella sonrió culpable y se volvió a encoger de hombros.

— ¿Qué puedo decir? He hecho de todo por dejarlo, pero después de tanto fracaso he decidido rendirme.

Me reí porque conociéndola sabía que esos intentos por dejar de tomar el café habían sido a penas intentos por disminuir la cantidad café. Así había sido ella, sobre todo el primer semestre de su carrera. Adonde fuera llevaba su gran termo, lleno de café. Una pequeña adicción le llamaba ella.

Flashback

Tomé mi maleta después de esperar más de una hora a que solucionaran el problema de equipaje de una familia que al parecer estaba haciendo un poco de contrabando. Pfff, como si tuviera tanto tiempo, apenas he podido conseguir un par de días para visitarla. Cada minuto era valioso, cada minuto quería pasarlo a su lado. Cada vez me era más difícil conseguir tiempo para viajar y sé que ella ha propuesto en varias ocasiones ser ella quien me visite, pero no quería que se diera cuenta que rentaba un cuarto en lo de Irina, ella se había hecho a la idea de que contaba con un pequeño departamento propio, no quería desilusionarla o que sintiera pena por mí. Esa no era la manera en cómo una esposa debía de mirar a su marido.

Caminé por el aeropuerto apresurado, ella ya debía estar esperándome en el departamento que compartía con su amiga Ángela. Esquivaba a las personas conforme avanzaba, pero me detuve de pronto. Ahí estaba ella, toda bella, toda sexy con su nariz sonrojada por el frío, quería llenarla de besos para que se calentara, en el buen sentido de la palabra. Tenía entre sus manos un letrero con las palabras "MI MARIDO" y a su lado un termo, café, lo supe al instante. Sonreí cuando ella comenzó a agitar su mano para que la mirara, como si fuera posible no hacerlo.

—Veo que espera a su esposo ¿no es usted muy joven para estar casada? —le pregunté tratando de jugar con ella.

—¡Te extrañé tanto! —se echó a mis brazos y los míos la recibieron gustosos.

Había echado tanto de menos el calor de su cuerpo, lo suave que era, su delicioso aroma a manzanas verdes. Necesitaba decirle que me diera una prenda con su olor, de esa manera quizá, sólo quizá la extrañaría menos.

—No más que yo a ti, mi Bella.

Enterré mi rostro en su cuello y después pasé a la búsqueda de sus labios. Estaba sediento, era como si llevara semanas enteras en el desierto y de pronto ante mi colocaran un galón lleno de agua. Me recibió gustosa, no se quejó de mi brusquedad, correspondió a cada movimiento. Mi boca codiciosa quería tomar cuanto pudiera en ese momento. Habían sido dos meses completos sin mirarla.

Me separé cuando nuestras respiraciones ya se encontraban agitadas, pero por último decidí besar la punta de su nariz; como lo sospeché, estaba helada.

—Anda, tienes frío. Te prepararé chocolate y si Ángela es buena le daremos un poco —tomé su mano y comencé a caminar, pero me jalo hasta dejar su boca cerca de mi oído.

—Ángela no está. Somos sólo nosotros.

—¿Acaso estás tratando de seducirme? Porque déjeme decirle señorita que soy casado —levanté mi mano y le señalé el anillo en mi dedo.

—Uff no sabes lo sexy que te ves con tu anillo de casado, sólo te hace lucir más tentador —de repente frunció su ceño—. Más te vale que no lo uses para atraer chicas, Cullen.

—Sabes perfectamente que no, sólo tengo ojos para una chica, que se está congelando y si seguimos aquí se le caerá la nariz —tomé su pequeña nariz entre mis dedos y tiré suavemente de ella.

Acomodé su gorro rosa y subí bien el cierre de su chaqueta, me pregunté por qué tenía tanto frío, al parecer iba bien abrigada. Quizás estaba por enfermarse, no debió haber salido con este clima. Llegaría a arroparla y prepararle un chocolate.

Caminamos por el aeropuerto y buscamos un taxi al salir, la mantuve pegada a mi cuerpo para hacerla entrar en calor. La sentí acurrucarse y de vez en cuando su abrazo se hacía más firme. La había extrañado tanto y cada vez era más doloroso dejarla. Había pensado seriamente en hacer mi cambio a Seattle, pero sabía que ella no me dejaría y se sentiría culpable, pero cada vez que venía a verla sentía miedo de que algo hubiera cambiado entre nosotros, que no reconociera lo que tenía frente a mí y eso me llevara a perderla. Suspiré y la pegué más a mi cuerpo.

Al llegar a su apartamento fui directamente a dejar mi equipaje a su habitación. Tenía en una pequeña mesa un montón de oleos tirados, lápices y un par de cuadernos abiertos. Me acerqué a husmear un poco para ver en qué estaba trabajando. Eran puros bocetos, todos prometedores, y no es que lo dijera porque se tratara de mi esposa, sino porque era verdad. Levanté las hojas arrugadas que se encontraban regadas por el piso, al verlas me di cuenta de que se trataban de pinturas en acuarelas, sonreí al ver que seguía siendo su pesadilla.

—Bella, prepararé chocolate —le dije mientras salía de su habitación con intención de dirigirme a la cocina, pero no pude dar más de dos pasos.

Mi esposa se encontraba frente a mí, se había quitado sus pantalones. Su chaqueta le cubría hasta la mitad de sus muslos ¿Qué hacía? Estaba congelándose.

—Estaba esperando que regresaras para que me dijeras qué te parecía —dijo con sensualidad mientras bajaba el cierre de su chamarra.

Mientras lo hacía y la tela iba apartándose de su cuerpo el encaje que se encontraba cubierto hasta ese momento comenzó a aparecer. Joder, me empalmé en un segundo ante la imagen de Bella quedando en nada más y nada menos que un baby doll azul, lleno de encaje y transparencias a juego con una tanga del mismo color. Prácticamente tenía todo su cuerpo revelado ante mí.

—Joder ¿por eso estabas muriendo de frío?

— ¿No te gusta? —giró en su propio eje y volví a maldecir al ver el trozo de tela perdiéndose entre sus exquisitas nalgas.

—Tú quieres quedarte viuda —le dije al acercarme a ella.

Bella me dedicó una sonrisa picarona y en una gran zancada estuve frente a ella. La empujé con delicadeza contra la pared a su lado. Tomé sus manos y las mantuve agarradas arriba de su cabeza. Bajé a su cuello e inhalé profundamente. Traté de empaparme de su aroma para llevarlo conmigo al día siguiente cuando me marchara.

Bajé con delicadeza uno de los tirantes de la prenda, aunque por dentro quería arrancárselo, liberando su pecho derecho. Besé su hombro y subí por su cuello hasta llegar al punto detrás de su oído que la hacía estremecer. Continué con mi camino hasta llegar a sus labios, los cuales degusté a mi antojo. Tomé sus piernas desde la parte trasera de sus muslos y las envolví en mis caderas. Sus pechos estaban a mi alcance y tomé todo lo que pude de su seno en mi boca. Ella tomó mi cabello entre sus manos y tiró de él, pegándome más a su cuerpo. Después se movió de manera rápida y se deshizo de toda mi ropa.

Quería tomarla desde atrás, así que la bajé de mi cuerpo. Me incliné para besarla nuevamente y después tomé el otro tirante de su prenda para terminarla de quitar. La tela cayó hasta quedar como un charco en sus pies.

—Me estás matando, Bella. Me quemo —gruñí contra su cuello.

—Arde conmigo —gimió al sentir mi dedo acariciando su sexo por encima de la tela de su tanga.

La miré, prácticamente devoré. Ella lucía más que caliente con ese pequeño trozo de tela. No podía resistirme. Así que me hinqué frente a ella y bajé su tanga que le hizo compañía al baby doll. Tomé su pierna izquierda y la coloqué sobre mi hombro. Desde ese ángulo tenía la vista completa de su sexo húmedo y rosado. Me incliné un poco más y ahí estaba: mi lengua en contacto con su cálido y mojado centro. Ella sabía a gloria. Lamí y chupé. Golpeteé con mi lengua su clítoris, lo que hizo que ella pegara mi rostro a su feminidad. Sabía realmente bien.

—Edward, por favor —gimió—. Te necesito.

Me levanté del piso y la giré. Su bonito y sensual trasero estaba en todo su resplandor frente a mí. Tomé mi miembro al mismo tiempo que jalaba sus caderas y las dejaba en pompa. Me acerqué y tanteé su entrada. Me enterré en ella poco a poco, disfrutando de la sensación de ser devorado por esa pequeña y húmeda cavidad.

—Tan bueno —le dije—. Siempre lista para mí.

—Hazlo más fuerte y rápido, por favor.

Movió sus caderas, siendo ella quien se follaba. Así que le di lo que me pedía. Tomé sus caderas con fuerza, pero tratando de no lastimarla, y comencé a arremeter contra su cuerpo. Una y otra vez. Su interior se apretaba cada vez más a mi alrededor hasta el punto de ser difícil el moverme. Llevé mi mano a su clítoris y lo masajeé.

—Edward —gimió mientras llegaba a su nirvana.

La desventaja de aquella posición fue el no poder mirar su rostro mientras acababa. Pareció que había leído mi mente ya que miró sobre su hombro dándome una pequeña visión de su rostro distorsionado por el placer.

Me encargué de asegurar que se mantuviera en pie pues sus piernas se habían puesto flojas. Tomé mi playera que estaba en el piso, al lado de esa bendita prenda sexy y se la puse. Había recuperado su calor, pero no me arriesgaría que enfermara.

—Anda, ve a vestirte mientras preparo chocolate caliente.

Media hora después estábamos ambos cobijados con una de sus mantas mientras veíamos una película y bebíamos el chocolate.

—No se me ha pasado por alto que llevabas un termo con café esta tarde. Creí que lo ibas a dejar —le piqué sus costillas.

Ella gimió y se escondió en el hueco de mi cuello.

—Juro que lo he intentado. Lo juro, pero es imposible. Cuando dejó de tomarlo se vuelve peor. No puedo funcionar si no tomó por lo menos una taza al día. Aunque ya he reducido la cantidad.

—¿Pero has podido dormir bien?

—Sí, todo bien, no te preocupes. Ya sabes, mi pequeña adicción. Me ayuda también cuando tengo que hacer esos horribles trabajos a acuarela. Es un fastidio.

—Sólo es el primer semestre. Mejorarás.

Ella me sonrió, de esa manera tan radiante que me enternecía, y me besó mi mejilla.

—Siempre tienes fe en mí.

—Pues claro, eres mi esposa y te amo muchísimo —acaricié su mejilla—. Siempre estaré ahí para impulsarte y recordarte lo buena que eres.

Fin del flashback.

—Creo que se ha hecho tarde y recuerdo que dijiste que Renée te estaba esperando —le dije mientras caminaba hacia la puerta—. Gracias por compartir esto conmigo.

—Hubiera querido que esto lo empezáramos juntos —me dijo.

Sabía que no era su intención el lastimarme, pero ante el hecho de que había sido ella quien nos había arrancado esa posibilidad me rompió el corazón.

—Los hubiera no existen, Bella —pasé por su lado hacia la salida.

La escuché cerrar la puerta y avanzar rápidamente hacia mí. Caminó a mi lado en silencio y de esa manera salimos de su galería y emprendimos el camino hacia su casa.

—Es esa de ahí, la que está justo en la curva —me señaló la casa de dos pisos estilo mediterráneo.

—Bien, te dejo en la entrada.

— ¿No quieres entrar? Estoy segura de que a mi mamá le dará mucho gusto verte —me sonrió con la esperanza llenando su gesto y sus ojos.

No estaba seguro sobre ello, Renée siempre había apoyado nuestra relación y me llevaba bien con ella, pero sentí que al acceder a verla sólo terminaría abriendo más la herida que me dejaría esta noche.

—Realmente no sé si sea lo mejor —me animé a decirle.

Me estacioné frente a su casa y la sentí moverse a mi lado mientras se desabrochaba el cinturón de seguridad.

—Edward —me llamó.

Me negué a mirarla, pero ella insistió, así que no tuve más remedio que mirarla. Se había sentado de frente a mí en su asiento. Sus ojos titilaban y brillaban. Tenía miedo.

—Edward, ¿es cierto lo que dijiste acerca de tus sentimientos?

— ¿Por qué quieres hablar de ello ahora, Bella?

—Por favor, necesito saberlo —susurró.

Miré sus mejillas sonrojadas, esos hermosos ojos tratando de mirar dentro de mí, sus labios entreabiertos y rosados invitándome a besarlos. Sólo un poco, sólo un poco, me dije a mí mismo. Necesitaba volver a sentirlos, volver a saborearla. Mi cuerpo se movió de manera autómata acercándome a ella.

—Nada ha cambiado. Te sigo amando, incluso más que el primer día —susurré cerca de ella.

Sus ojos se cerraros y también se movió, quedamos a sólo milímetros. Un solo movimiento de alguno de los dos y estaríamos besándonos.

— ¡Bella, ahí estás! —escuchamos la voz de Jacob y nos separamos de un jalón.

Miré fuera del carro y me encontré con Jacob cerrando la puerta de la casa y bajando los dos escalones del pórtico. Una enorme sonrisa estaba en su rostro y cómo no sonreír si ella bajaría del coche y regresaría a su lado ¿En qué demonios estaba pensando?

—Creo que lo mejor es que bajes, al parecer lleva tiempo esperando —dije con acritud mirando el parabrisas.

—Edward —ella susurró de nuevo—. Edward yo…

—Tu prometido viene a buscarte —le corté porque era incapaz de escucharla decirme lo que yo ya sabía. Nuestros caminos desde hace mucho se habían separado, con o sin divorcio.

La puerta del copiloto se abrió y Jacob le extendió una mano a Bella para ayudarla a salir. Ella se mostró reticente, sólo me miraba, pero cuando se dio cuenta que no diría nada más decidió acompañarlo.

—Gracias, Edward, por traerla. Me imagino que esto de arreglar todo lo del divorcio es agotador, afortunadamente todo terminará en una semana —comentó muy amablemente.

—Sí, en una semana todo habrá terminado.

No esperé a que terminara de cerrar la puerta cuando arranqué y avancé quemando llantas. Miré por el espejo y lo miré abrazarla. Apreté mis puños sobre el volante. Era un estúpido, un reverendo y grandísimo estúpido. Y mientras me alejaba entendí qué es lo que debía hacer.

¿Qué tal les ha parecido? ¿Qué creen que sea lo que Edward ha decidido? Me parece que Bella también ha comenzado a tomar sus decisiones, pero debe apresurarse si quiere recuperar a su esposo y creo que les falla un poco la comunicación a estos dos, en caso contrario ya estaría todo claro.

Por otro lado, he leído sus comentarios y me fascinan. Me han pedido que alargue un poco la historia y les tengo buenas noticias ¡LO HARE! No mucho, quizá un par de capítulos más, ya que originalmente tenía planeado que este fuera el último. No lo alargo más porque temo echar a perder la idea central y comenzar a meter paja sólo para rellenar y aumentar el volumen, pero prometo darles un par de capítulos extra ;)

MIL GRACIAS POR LOS REVIEWS: LadyRedScarlet, Mar91, JossBel Masen, Adriana Molina, jupy, Elizabeth Marie Cullen, cary, Lu40, Esal, kaja0507, Damaris14, miop, Smedina, rjnavajas, KRISS95, joabruno, Adriu, Car Cullen Stewart Pattinson, ariyasy, Lizdayana, Jade HSos, Pameva, torrespera172, Liz Vidal, Liz Maratzza, angryc, fernyyuki, Andre22-twi, cavendano13, saraipinea44 y todas las chicas anónimas que me dejan sus comentarios.

No olviden dejarme su comentario, sobre lo que les parece y qué creen que vaya a suceder (quizá lleguemos a los 200 reviews ¡Qué emoción!). He quedado parcialmente libre, todavía debo corregir y terminar la tesis, pero espero poder actualizar pronto.

Las quiero.

Dai.