Mis bellas lectoras les comparto este nuevo capítulo, que me llenó de ternura (en parte) ¡Las veo abajito!

CAP 7

EPOV

Saber lo que se tiene que hacer no siempre era igual de fácil a hacerlo. Pasé toda la noche dando vueltas en la cama, pensando en lo que haría, y también, debo reconocer, que buscaba excusas para no hacerlo. Sin embargo, no había mucho que pudiera hacer y a esas alturas lo principal era buscar el salvar lo poco que quedaba de mi corazón si es que tenía la mínima esperanza de volver a amar algún día. Nunca como a ella, pero por lo menos lo intentaría.

Salí de entre las cobijas y tomé mi teléfono. Eran las ocho de la mañana, esperaba que no fuera tan temprano. Si todo salía bien, o por lo menos mis planes, esto terminaría pronto. Busqué su número y esperé que respondiera porque dudaba que encontrara el mismo valor para intentarlo de nuevo. Un timbrazo. Dos timbrazos. Tres timbrazos. Alguien respondió.

—¿Sí? Bueno.

—Kate, soy Edward. Sé que es un poco temprano, pero me gustaría hablar con Irina ¿está por ahí?

—Oh, Edward. Claro que sí, está preparando a Carmen para la guardería. Ya mismo te la paso ¿Todo bien?

—Sí, sólo quiero comentar unas cosas con ella respecto al divorcio.

—Oh, oh. Eso no suena muy bien.

—A veces cuando las cosas se acaban, se acaban, Kate.

—Edward, no sabes cómo lamento escuchar eso. Esperaba que en estos días arreglaran todo.

—Por lo menos ahora tenemos las cosas claras. Eso ayudó a cerrar este ciclo. Ambos podemos continuar con nuestros planes.

— ¿Estás seguro de ello, Ed?

—Sí, Kate.

—No te escucho que realmente lo estés.

—Kate…

—Ahí viene, Irina. Piénsalo ¿sí?

Escuché murmullos al otro lado de la línea. Supuse que Kate le estaba contando el porqué de mi llamada. Mejor, entre menos tuviera que explicar.

—Dime que lo que Kate me acaba de decir no es verdad —respondió Irina.

—Hola a ti también, Irina.

—Cullen, no estamos para eso ¡Explícame qué sucede!

—Necesito firmar el divorcio cuanto antes. Quiero regresar a Londres.

—No, no quieres.

—Sí, sí quiero.

—No, no lo haces.

—Sí, sí lo hago.

—¡Edward! Cabrón, te la di en bandeja de plata ¿Qué ha sucedido?

— ¡Ella está comprometida, Irina! He entendido que nuestros caminos se separaron hace mucho.

—Pero la sigues amando —me aseguró. Ella me conocía bien y no tenía por qué negarlo.

Me quedé callado con la esperanza de que entendiera que para mi bienestar emocional lo mejor era partir ahora. Una semana más y con la posibilidad de volver a verla terminaría por dejarme destrozado y sabía cómo se sentía. No estaba dispuesto a pasar por ello una vez más.

—Por favor, Irina.

—Está bien, puedes pasar mañana a medio día. Tendré todo listo para que firmes el acta de divorcio. Sólo si estás seguro de ello.

—Lo estoy —aseguré.

—Supongo que entonces te veo mañana.

Creí que después de hablar con Irina me sentiría mejor, pero no fue así. El dolor y la sensación de ahogo no se esfumaron. Esperaba que lo hicieran una vez que partiera de vuelta a Londres, o por lo menos en algún momento de mi vida.

—O—O—O—

—O—O—O—

Me levanté temprano. Me vestí y desayuné, todo en un estado pusilánime. Había hablado con Heidi, mi asistente en Londres, recién me desperté, con la finalidad de que tuviera todo listo para mi regreso. Mi vuelo salía por la noche, había logrado encontrarme un espacio en el último vuelo del día. Emmett sabía al respecto y aunque no se mostró muy de acuerdo con mi manera de proceder, comprendió porqué lo hacía. No sería capaz de continuar y mucho menos de dejarla ir; si me quedaba hasta el día establecido en los juzgados terminaría rogándole por comenzar de nuevo, le pediría que dejara a un lado a Jacob y se fuera conmigo. Sabía la respuesta que me daría y no podría soportar aquel dolor.

Llegué acompañado de Tanya, pues Emmett había programado una reunión de manera previa a mi llamada y ya no pudo cancelarla, pero confiaba en ella; además, sólo se trataba de firmar el maldito documento. De manera previa se había acordado que ninguno de los dos queríamos o estábamos interesados en los bienes del otro. El fin había sido claro desde el principio: la anulación del matrimonio.

Sé que quizá debí llamarle para avisarle sobre la decisión que había tomado, pero creí que de esta forma también le facilitaría las cosas a Bella. No tendría que mirarme a los ojos al encontrarnos y después firmar. No tendría que darme explicaciones y decirme cuánto lamentaba, una vez más, el haber desconfiado de mí y de nuestro amor. No tendría que detenerse de tomar la mano de Jacob por temor a lastimarme. No tendría que decirme adiós.

Tanya se encontraba revisando una vez más el expediente, pero ambos sabíamos que no había nada que revisar, lo único que debía hacer era entrar ahí y firmar. Ambos levantamos la vista al escuchar unos pasos acercarse. Era Irina.

—Eres puntual, Cullen —me dijo con una sonrisa, pero vi que no llegó a los ojos. Ella realmente esperaba que al final Bella y yo pudiéramos arreglar el malentendido y retomar nuestra historia.

—A mal paso darle prisa —le respondí.

—En otros tiempos hubieras seguido insistiendo.

—Irina…

—Lo sé, lo sé. No puedes volver a poner tu corazón en el ruedo y salir lastimado. Lo comprendo —se encogió de hombros como señal de rendición.

Nos hizo pasar a su oficina y pidió que tomáramos asiento mientras dejaba sus cosas. Mi corazón comenzó a latir más rápido, mis manos comenzaron a sudar y sentía mis oídos zumbar; no debía buscar una explicación para ello. Ya la sabía.

Miré a mi alrededor tratando de distraerme y dejar de pensar en lo que estaba por hacer. El escritorio y todos los muebles eran de madera, parecía caoba a primer vistazo. Una computadora, varios expedientes y un identificador de cristal con su nombre y cargo se encontraban en su escritorio. Había montones de libros de pasta gruesa y rústicos en todo el lugar.

—Aquí está el acta de divorcio —dijo mientras se sentaba frente a nosotros— Debes firmas aquí, aquí y aquí —me señaló en varias hojas—. Claro, siempre y cuando estés seguro.

Dejé de mirarla y tomé el bolígrafo que llevaba en el bolsillo interno de mi chaqueta. Deslicé la punta por el papel tratando de dejar mi firma plasmada, pero me fue difícil. Sentí como si estuviera grabando con una barra de hierro caliente sobre mi pecho. El dolor era insoportable, mucho más que aquella primera vez que vi aquellos documentos.

Le entregué los papeles. Ella con una mueca torcida en el rostro los aceptó. Ahí estaba. Mi matrimonio con Bella había terminado.

—O—O—

—O—O—

— ¿Entonces es oficial que te regresas? —me preguntó Emmett, después de darle un sorbo a su café.

—No me queda más por hacer acá y en Londres me esperan varios asuntos. Vine aquí con el fin de arreglar mi divorcio con Bella y lo he hecho.

Emmett se encogió de hombros. Al parecer tampoco estaba convencido de que ese fuera el final para nosotros, pero tanto él como Irina debían aceptar que no había futuro para nosotros, así como yo terminé por aceptarlo. Bebí de mi taza de café tratando de que con ese trago se me pasara el sabor amargo que llevaba toda la tarde padeciendo.

—Está bien. Sabes que cuentas con nosotros para cualquier cosa ¿no es así?

—Por supuesto que sí. Hablando de eso necesito que me hagas un favor.

—Lo que quieras —se puso erguido esperando las indicaciones. Siempre atento.

Le pido que me dé un papel y un lapicero para anotarle algunos datos. Él se levantó para buscarlos y regresó poco después. Rosalie venía detrás de él. Le ayudé a sentarse, al lado de Emmett. Cada vez le costaba más moverse con la tremenda barriga, pronto daría a luz a un pequeño. Su estómago abultado me hipnotizo y me pregunté qué sentía mi amigo al despertarse cada mañana y ver que su amada llevaba en su vientre a su hijo, al producto de su amor, qué se sentiría acariciarlo y sentirlo moverse cuando escuchaba su voz.

— ¿Quieres tocarlo? —me preguntó Rosalie—. Cada vez es más inquieto, será igualito a Emmett. No sé qué será de mí.

—Luces muy bella ¿Puedo acariciarlo? —pregunté.

—Hey, hey. Esta mujer ya está tomada —dijo Emmett mientras pasaba un brazo sobre los hombros de Rosalie.

—Idiota —respondió ella mientras le daba un codazo.

Me acerqué a ella y posé mi mano en su vientre. Al principio no sentí nada, pero a los pocos segundos sentí algo chocar con la palma de mi mano.

—Te está saludando —me dijo Rosalie.

Continué acariciando su vientre y me sentí embobado por el movimiento. Sentía una sensación de paz.

—Es realmente una experiencia increíble —susurré torpemente creyendo que podría asustarlo y dejaría de moverse.

—Sentir cómo se mueve tu hijo es una experiencia extraordinaria, pero ella se lleva lo mejor y lo peor —comentó Emmett.

—Hubo un tiempo en que tuve una ilusión de poder vivirlo.

Rosalie y Emmett me miraron sorprendidos por lo que acababa de deciles.

Flashback

Esperé la llamada de Bella pacientemente. Me dijo que tenía algo importante que decirme. Hacía poco más de un mes que no la veía y mentiría si dijera que no me encontraba nervioso por lo que fuera que tuviera que decirme.

Encendí mi computadora portátil e inicié sesión. Todavía no se encontraba conectada, así que aproveché el tiempo para continuar con algunas lecturas que tenía pendientes. Ya habían pasado aproximadamente veinte minutos. Bella nunca llegaba tarde a nuestras citas telefónicas, así que comencé a preocuparme. Decidí darle cinco minutos más, en caso de que no llamara me contactaría con Ángela.

No fue necesario, justo cuando estaban por acabarse los cinco minutos, ella me llamó.

—Hey, ya me habías asustado —le dije nada más al responder.

Un enorme alivio recorrió todo mi cuerpo cuando la vi ahí, a través de la pantalla.

—Lo siento, estuve haciendo algunas cosas y se me pasó el tiempo —dijo con una voz quebrada.

Me detuve a observarla. Se veía un poco decaída y bastante preocupada. Quizá estuviera teniendo días realmente difíciles en la escuela, pero algo en mí me decía que no se trataba de eso. Quizá había sucedido algo con Charlie.

—Amor, ¿qué sucede? Te noto preocupada.

—Edward, debo de decirte algo —se mordió su labio. Sus ojos ni siquiera enfocaban la pantalla. Eso me preocupó.

—¿Qué sucede —repetí.

Ella inhaló profundamente y soltó el aire de golpe. Fue hasta ese momento que me miró.

—Yo creo… no estoy segura… creo que estoy embarazada.

Silencio.

Estaba pasmado. Era como si todo mi cuerpo, todas mis emociones y sensaciones se hubieran anestesiado ¿Un hijo? ¿Un hijo de Bella y mío?

— ¿Edward? —murmuró preocupada— ¡Mierda, lo sabía, lo sabía!

Lo siguiente que escuché fue un sollozo. Me enfoqué de nuevo en mi esposa. Ella estaba ahí con las lágrimas derramándose, cayendo por sus preciosas mejillas, limpiaba su nariz con su mano.

—Lo siento, Edward. Yo realmente no sé qué pasó. Te juro que no he dejado de tomar mis pastillas. Yo…

—Para, para, Bella ¿Por qué pides perdón?

—Sé que nuestras condiciones no son óptimas, con trabajo y podemos vernos y ahora he metido la pata con esto. Soy una completa idiota.

—¡Hey! No vuelvas a decir ese tipo de cosas nunca más ¿me has escuchado? No lo repitas nunca.

—Pero yo…

—Silencio —tomé un gran respiro y me concentré en hacerla sentir bien, mis sensaciones y emociones podían esperar. Mi esposa me necesitaba—. Es cierto que nuestras circunstancias no son las mejores para traer a un bebé, pero te puedo jurar que haré todo lo posible para darte a ti y a nuestro pequeño o pequeña todo lo que necesiten. Arreglaré esto.

—No, Edward ¡Dios! Es que me he sentido tan culpable estos días porque te conozco y sé que harás cualquier cosa, incluso renunciar a tu sueño por nosotros y no puedo con ello —su llanto se acentuó.

Me sentí tan mal por no poder estar con ella, por no poder abrazarla y consolarla.

—¿No quieres tenerlo? —dije con temor. Aceptaría cualquier cosa que ella quisiera, pero aceptaba que me dolería el que no tuviéramos al pequeño; al final él o ella era producto de nuestro amor.

—¿Cómo no podría quererlo? Digo, es una mezcla de ambos y lo hemos hecho con mucho amor —sonrió por fin—. Pero sé lo que eso conlleva, sobre todo para ti. Ya haces demasiado.

—Tranquila, cariño. Primero, lo primero. Debes ir con un médico a que te revise ¿crees que Ángela pueda ir contigo? No me gustaría que fueras sola. Cuando sepamos que ambos se encuentren bien nos preocupamos por lo demás ¿te parece?

—Sí, yo le pediré que me acompañe —sorbió su nariz y me miró con timidez —¿En serio no estás molesto?

— ¿Podría alguna vez enojarme contigo? —le sonreí para calmarla. —Todo estará bien. Sólo confía.

—Siempre —me sonrió.

Al día siguiente mientras caminaba hacia la oficina donde trabajaba de mensajero, pasé por una tienda de bebés. Jamás me había detenido a observarla, es como cuando sabes que las cosas están ahí, pero realmente no le prestas atención, sólo las tomas en cuenta cuando desaparecen o toman importancia en el momento.

Todavía tenía tiempo para llegar, así que decidí entrar. Me vi rodeado por carriolas, cunas, mamelucos, todo tipo de ropita para bebé. Las paredes en tonos pastel y en perfecta armonía. Caminé hacia las diminutas prendas, no sabía qué buscar o comprar, pero quería ser el primero en comprarle algo a mi hijo o hija ¡Diablos! ¿Qué color de ropa debía usar? ¿Serían vestiditos o pantaloncitos? Compraría uno de cada uno.

— ¿Papá primerizo?

Me giré para encontrarme con la persona que me hablaba. Se trataba de una señora que andaba por los treinta. Se veía bastante amable.

—Sí, mi esposa acaba de decirme que está embarazada.

—Bueno, deberíamos empezar entonces por la ropa de neonatales. Aunque es cierto que crecen bastante rápido, así que también sería bueno que compraran ropita para bebés más grandes.

Caminamos hacia unos estantes que se encontraban al fondo de la tienda. Me mostró un par de mamelucos y conjuntos, los tonos pastel seguían dominando. Todo era tan diminuto, la ropa extendida podía ser fácilmente mi mano abierta ¿Sería así de pequeño? Después de varios minutos opté por unos pequeños guantes blancos para evitar que se rasguñara. Pedí que los envolviera para regalo, se lo enviaría a Bella pronto.

Durante todo la tarde estuve contando los minutos para llegar a casa y poder hablar con Bella ¿Le habrían dado una de esas imágenes de la ecografía?, podría pedirle que me enviara una ¿Cómo le habría ido? Esperaba que todo estuviera bien con ella y el bebé. De acuerdo con las cuentas el bebé podría estar naciendo a finales de junio y julio.

Necesitaba comenzar a moverme pronto, tendría que pedir mi traslado a alguna universidad en Seattle y buscar un trabajo. Tendría que rentar un apartamento para los tres; el bebé necesitaba tener su propio espacio. Me esforzaría por darle lo mejor.

-O-O-O-

-O-O-O-

Esperé pacientemente a que ella se conectara. No demoré ni un segundo en cuanto la vi conectarse. Aceptó la videollamada.

Me congelé en cuanto la vi. Su rostro se encontraba rojo, sus ojos hinchados y húmedos. Mi corazón se aceleró. Sentí mi rostro caliento. Comencé a tener un ataque de pánico.

—Bella, cariño ¿por qué has llorado? ¿Anda algo mal con el bebé? Iré en cuanto pueda.

—No, Edward. Es que… yo lo lamento —empezó a llorar.

—¿Qué sucede, cariño?

—No estoy embarazada —sollozó—. Yo lamento haberte asustado con eso.

Continuó llorando, así que esperé a que se tranquilizara. Tiempo que aproveché para analizar cómo me sentía. Me di cuenta entonces que me había hecho ilusiones de tener un pequeño fruto de nuestro amor y ahora todo se había esfumado. Sentí decepción de ver desaparecer todo el futuro que había comenzado a imaginar, pero traté de autoconsolarme pensando que todavía éramos jóvenes y teníamos tiempo por delante para construir nuestra familia.

Cuando Bella estuvo lista para hablar le pedí que me explicara qué había sucedido.

—Hoy me desperté con los cólicos normales de la regla, fui al baño y efectivamente, era mi periodo.

—Bella, pudo ser un aborto o algo así ¿has ido al médico?

Ella asintió.

—Me confirmó que no estaba o estuve embarazada, el estrés al parecer descontroló mi periodo.

—Cariño, lamento no haber estado ahí para ti.

—Está bien —se encogió de hombros—. Tenemos más tiempo para ello, es sólo que… Dirás que soy una tonta, pero ya me había hecho ilusión y realmente lo deseaba.

Sonreí por su comentario y fue que le conté sobre mi visita a una tienda para bebés. En ese momento nos hicimos la promesa de luchar por tener nuestra propia familia.

Fin del flashback

—Nunca me habías contado esa parte de la historia —me dijo Emmett.

—Supongo que al quedar mi vida con Bella atrás esa promesa lo hizo también —me encogí de hombros.

—Edward ¿estás seguro de irte? No le dirás o darás la oportunidad —me dijo Rosalie.

—¿Oportunidad de qué? Ella está comprometida, encontró a alguien más. Sólo puedo esperar que sea feliz y lo mejor para ella.

Rosalie me rodeó con sus abrazos y sentí vibrar su cuerpo por los sollozos que la embargaron. Supuse que era efecto del embarazo. Me aparté de ella y me despedí, Emmett me llevaría al aeropuerto, así que ésta era la última vez que la vería en un buen tiempo. Por lo menos hasta que ellos regresaran a Londres.

—Deben mandarme fotos del bebé en cuanto nazca —le pedí a Rose—. Los espero allá con ansias.

—Andando hermano, se hace tarde para tu vuelo —me dijo Emmett.

Me ayudó con mi equipaje, le di otro abrazo a Rosalie y partimos directo al aeropuerto. Mi último destino en Seattle. Conforme el auto avanzaba sentía que en medio de mi pecho comenzaba a formarse una enorme herida, que aunque buscara no encontraría ninguna llaga física. El dolor me era familiar.

Mi teléfono vibró en mi bolsillo y cuando apareció el nombre de Bella lo ignoré. No podría despedirme de ella, era cobarde, pero prefería que se enterara de mi partida por Irina, cuando ella llegara a firmar los documentos.

Emmett estacionó y estuvo conmigo hasta que anunciaron la salida de mi vuelo. Me miró con lástima, pero traté de ignorarlo. Tenía suficiente con mi propia miseria para agregar la lástima de otros. Cada paso que di me destruyó más. Temí no poder soportarlo así que me concentré en tratar de apagar mis sentimientos mientras abordaba el avión.

Un último vistazo a mis espaldas fue mi último adiós para mi Bella.

BPOV

Ese mismo día en la mañana.

—¿Estás segura que esto es lo que quieres? —me preguntó mi mamá.

—Sí, he perdido mucho tiempo y no quiero perder más.

—Está bien, cualquier cosa yo te apoyaré, pero si me permites opinar creo que haces lo correcto —me sonrió mientras me envolvía entre sus brazos.

—Oh, mamá, sólo espero que no sea demasiado tarde —murmuré.

Después de que ella se marchó de la galería me quedé sola y aproveché ese momento para marcarle a Jacob. Miré el teléfono una y otra vez, no porque dudara de lo que iba a hacer, sino porque sabía que lo lastimaría y en cierta forma me dolería a mí herirlo; Jacob había sido parte importante en mi vida, era el único que me había regresado parte de la esperanza que perdí esa noche y en cierta forma pasé buenos momentos a su lado. Nunca llegué a amarlo de la misma manera en que amé a Edward y a pesar de que en su momento creí que nuestro matrimonio había terminado siempre estuvo presente en mis pensamientos.

Marqué y esperé, golpeteé con mis dedos el pequeño escritorio mientras escuchaba los pitidos de la llamada. Cuando estaba a punto de terminar él respondió.

—Cariño, lamento la tardanza, estaba terminando una junta.

Lo escuche del otro lado de la línea dando órdenes y sonreí, tenía la esperanza que esa característica de Jacob haría todo más fácil; para él siempre estaba primero el trabajo y para mí nunca fue un problema, ahora entendía que se debía a que para mí él tampoco fue mi prioridad número uno.

—Jacob ¿crees que podamos vernos a la hora de comer?

—Por supuesto, cariño. Justo estaba por llamarte para vernos, antier te veías indispuesta y me quedé preocupado.

—Oh, no… no es nada —mordí mi labio porque no era del todo cierto.

—¿Segura? —escuché su preocupación y eso sólo me hizo sentir más culpable.

—Sí, estoy bien ¿Te parece bien si nos encontramos en la cafetería que está en la esquina de la calle de la galería?

—Bien, estaré ahí a las dos ¿te parece bien? Sólo te advierto que tengo a penas y media hora.

—Con eso es suficiente. Gracias.

—Nos vemos, cariño.

No pude concentrarme en toda la mañana. Por un lado estaba el tener que hablar con Jacob, después de eso hablaría con Edward y eso estaba comenzando a revolverme el estómago. Él ya había dejado claro sus sentimientos, pero no sabía cómo reaccionaría cuando le dijera la decisión que había tomado y mucho menos sabía qué esperar respecto a nosotros.

Básicamente me pasé todo el tiempo sentada en mi escritorio viendo el cambio de luz en la galería conforme avanzaban las horas y la inclinación del sol cambiaba. Se sentía bastante solo, yo y mi gran bocota al decirle a Ángela que no era necesario que viniera, por lo menos ella hubiera buscado la manera de hacerme reír y olvidarme del hecho de que estaba a punto de terminar mi compromiso con Jacob.

Llegué puntual, pero como siempre Jake se atrasó debido a asuntos de trabajo. Al mirarlo y ver que no había ningún tipo de reacción en mí mas que la culpa supe que la decisión que tomé era definitivamente la adecuada. Yo amaba a Edward y aunque el afecto que le tenía a Jacob era diferente, sabía que tampoco se merecía que continuara con esto sólo por sentirme con la obligación de cumplir con mi promesa.

Respiré profundo y comencé a hablar.

—Jacob, la razón por la que te he pedido vernos es porque creo que debemos de hablar sobre nuestro compromiso —le dije.

—Lo sé, lo sé. Ahora que termine todo este proceso del divorcio con Edward tenemos que recuperar el tiempo perdido en los preparativos de la boda —tomó mi mano izquierda y la llevó a sus labios, pero antes de besarla se dio cuenta de que no llevaba su anillo— ¿Y el anillo?

—Oh, Jake —sentí un nudo en mi garganta—. Desde que todo esto comenzó sé que me has notado extraña y el ver a Edward me dio las respuestas que necesitaba.

Se sentó rígido en su silla. Sentí temor de que se lo tomara mal. Pero vaya estupidez esa ¿Cómo alguien podía tomarse bien el que su prometida le dijera que se ha dado cuenta que sigue amando a su no exesposo?

—Te escucho.

—Este tiempo que he conversado con Edward me ha hecho ver que cometí un enorme error al haberme separado de él.

—¿Qué estás tratando de decirme, Bella?

—No he dejado de amar a Edward y no quiero divorciarme. Lo lamento, Jake, en verdad no sabes cuánto lo hago. Me siento tan culpable, pero creo que tampoco es justo para ti el que yo continúe con estos planes amando a otra persona.

Saqué el anillo de mi bolsa y se lo entregué. Su cara era inescrutable. No sabía qué estaba pensando o qué pasaba con sus emociones, pero eso me impedía tener una pista de cómo iba a reaccionar.

Al ver que no hablaba decidí seguir hablando.

—Eres alguien muy importante para mí y no quiero lastimarte, pero actuar en contra de lo que siento sería cometer un error y ya he cometido muchos. Jake, espero que algún día puedas perdonarme.

—¿Estás segura de esto? —. Como respuesta asentí con mi cabeza—. No puedo obligarte y agradezco que hayas sido honesta conmigo y no nos hayas llevado a ambos a una vida llena de infelicidad.

—Te deseo lo mejor, Jacob.

Tomé mi bolsa y salí de la cafetería. Me sentía mal por él, pero era mayor el alivio que me embargó. Ahora sólo debía llamar a Edward y hablar con él. Sonreí al pensar en nuestro futuro juntos.

Esa misma noche le marqué al hotel y a su número, pero no respondió.

Días después.

—Bella, tranquila —mi mamá colocó una mano sobre mi rodilla que subía y bajaba sin parar.

—Mamá, ¿cómo puedo tranquilizarme? No he podido hablar con él, no ha respondido mi teléfono ¿y si cree que me he decidido por continuar con mis planes con Jacob?

Después de hablar con Jacob traté de contactarme con Edward, pero no lo logré, por alguna u otra razón me fue imposible hablar con él. Había llegado antes de la audiencia para poder hacerlo. No quería entrar a esa sala y firmar esos papeles. No quería. No lo haría.

—¿Bella? Adelante

Irina salió de su oficina y me hizo pasar. Cerró la puerta de inmediato y me pidió sentarme.

—Bueno, Bella. El plazo que puse para la firma de los documentos ha terminado. Después de obtener tus firmas podrás considerarte oficialmente divorciada.

—Espera ¿no esperaremos a Edward? —señalé la puerta.

Silencio. Irina bajó la mirada.

—¿Irina?

—Bella, Edward me llamó hace unos días y me pidió firmar los papeles antes.

—¡¿Qué?! —me levanté rápidamente.

—Edward se ha ido a Londres, Bella.


Y bueno, Bella ha reaccionado un poquitín tarde. La pelota se encuentra de su lado en la cancha, ¿creen que haga algo para recuperar a Edward? ¿Qué hará ahora? Por otro lado, no sé ustedes, pero yo morí de ternura con Edward comprando los guantes para el bebé y también morí por la decepción que pasaron.

MUCHÍSIMAS GRACIAS POR TODO EL CARIÑO Y APOYO QUE ME DAN Y LE DAN A LA HISTORIA: Liduvina, Kaja0507, jupy, Adriu, Esal, Pancardo, Marianacs, Car Cullen Stewart Pattinson, Lizdayana, Smedina, Lu40, Adriana Molina, torrespera172, Elizabeth Marie Cullen, Pameva, Andre-22twi, Liz Maratzza, LOCIN, rjnavajas, Chiki Garcia, Ferny, Liz Vidal, LadyRedScarlet, cavendano13 y todos aquellos anónimos.

Ya estamos a casi nada el final de esta historia. Pronto habrá nuevo capítulo de La Fortezza.

¡Las quiero!

Dai.