Capítulo 8

BPOV

Mi respiración era entrecortada. Mi pulso se aceleró, pero al mismo tiempo lo sentí detenerse. Una sensación ensordecedora me impidió entender lo que Irina decía a mi lado. Todo se volvió borroso, mi mirada se había desenfocado, sólo capté movimiento a mi alrededor, pero ya nada tenía sentido. Él se había marchado. Era demasiado tarde.

No sé cuánto tiempo pasó, reaccioné hasta que Irina me sacudió. Parpadeé y cayeron lágrimas de mis ojos y no dejaron de caer. Mi corazón dolía tanto o más que aquella noche. Sentía que me estaban desgarrando en el centro de mi pecho. Él se había rendido y no podía culparlo.

Me levanté de la silla, podía sentir las miradas de mi madre e Irina fijadas en mí. No dije nada, tan sólo caminé hacia la puerta. No escuché nada de lo que me decían, ya nada me interesaba. Caminé por los pasillos, bajé las escaleras, salí a la calle y caminé sin rumbo. La gente que dejaba atrás me miraban preocupados, era como si vieran a un enfermo andar entre ellos y temieran que les contagiara. Poco me importaba.

Llegué hasta un pequeño parque, sólo había un par de personas sentadas en una banca. Me senté en una de ellas y fue hasta ese momento que desperté de mi letargo. Dejé que las lágrimas llenaran mis ojos y empaparan mis mejillas. El dolor se abrió paso en mi corazón, me quemaba todo mi pecho. Cada vez me costaba más el respirar, la presión en el pecho se hizo insoportable. Subí mis rodillas a la banca y metí mi cabeza entre ellas.

—Dios, Dios. Debes controlarte, debes controlarte —repetí y comencé a contar. Inhalé y exhalé profundamente.

—Tranquila, tranquila. Ya pasará —escuché a Irina al mismo tiempo que me palmeaba suavemente la espalda.

Levanté la mirada y ahí estaba ella. Mirando hacia enfrente y de vez en cuando me miraba de reojo.

— ¿Qué haces aquí?

—Tú mamá se quedó preocupada. Vaya que caminas rápido —dijo con la respiración agitada.

—Quiero estar sola —murmuré.

—Nadie quiere estar solo —contestó. Hace una pausa antes de continuar—. La verdad es que no te entiendo, Bella ¿Por qué estás así?

—Él se fue, ¿no lo entiendes? Se fue

—Bella tuviste en tus manos la oportunidad de detenerlo.

—Pero ¿por qué no me dijo nada? ¿Por qué no respondió mis llamadas?

—Bella, me gustaría poder darte esas respuestas, pero lo único que sé es que él te sigue amando. Cuando tomó esta decisión sólo protegía su corazón.

—Lo he lastimado más que nadie en este mundo —sollocé—. Si tan sólo me hubiera respondido mis llamadas hubiera entendido que lo amo también, tanto o más de lo que lo hacía.

—Entonces la decisión es tuya. Edward firmó los documentos porque sabía que no soportaría el hacerlo frente a ti —hizo una pequeña pausa—. No quería hacerte pasar un mal momento al verlo derrotado, sabe que a pesar de todo te dolería verlo de esa manera.

Guardé silencio ante las palabras de Irina porque estaba totalmente en lo cierto. La única causante de la infelicidad de Edward era yo. La única causante de nuestra separación era yo. Nunca debí de haber dudado de él, debí de haberme quedado esa noche a escucharlo, a pedirle una explicación. Sabía que le habría creído. Si tan sólo lo hubiera hecho.

Las lágrimas volvieron a caer sobre mis mejillas. No sabía qué era lo que más me dolía; el saber que todo se había acabado entre nosotros, lo estúpida que había sido o el ser la causante del dolor de Edward ¡Oh, Edward, amor mío!

—Un trago te caerá bien, andando.

Irina me arrastró a un bar que estaba en la esquina. Pidió nuestros tragos mientras yo continuaba perdida en mis emociones y pensamientos ¿Qué haría ahora sin Edward? Me pregunté cómo es que pude sobrevivir todos esos años sin él. Y como si la vida quisiera castigarme una serie de recuerdos me bombardeó. Todos llenos de amor y afecto, alegrías y risas.

—¿Cómo es que dejé ir todo ello? —solté sin pensar.

—¿Cómo dices? —preguntó Irina.

Suspiré resignada.

—Sólo pensaba en lo estúpida que he sido al dejar ir a Edward. Quiero decir lo tenía todo con él ¿sabes? —tomé el pequeño vaso e ingerí todo su contenido en un solo trago. Estaba bastante fuerte; sentí el picor en mi lengua y garganta pasar, dejando un calor dulzón—. Edward siempre creyó que me estaba dando una mala vida, yo lo único que quería era tenerlo a mi lado, aún con la relación a distancia cada vez que lo veía el me daba todo.

—Necesitarás un poco más de esto —. Tomó los dos vasos y los levantó; pronto estuvieron llenos de nuevo.

Varios tragos después continué descargando todos lo que llevaba dentro. El alcohol había ayudado a aliviar el dolor en mi pecho y sólo quería sacar todo aquello que me torturaba y que me lastimaba.

—Cada día me levantaba y me decía una y otra vez que el dolor desaparecería, el amor se acabaría y creí que lo había hecho —tomé un gran respiro y recordé el día que volvimos a vernos después de tanto tiempo—. Pero vi esos ojos verdes aquel día en el juzgado y me di cuenta que sólo había estado mintiéndome a mí misma. Nunca lo olvidé y nunca lo haré, porque Edward es de esas personas, de esos amores, que se tatúan en tu piel, en tu alma, en tu corazón y en cada célula.

—Lo sé, quiero decir, cuando lo escuchaba hablar de ti eso era exactamente lo que me hacía sentir. Ojalá esto hubiera acabado de otra manera, Bella.

—Si no hubiera demorado tanto en reconocer que lo sigo amando —me encogí de hombros.

—La vida está llena de hubieras. Vamos, comienzas a quedarte dormida y no pienso cargar tu culo —me dio un codazo.

—Pero tú estás borracha y yo estoy borracha —comencé a reír—. ¡Oh, hay dos tú! ¿A cuál debo hablarle?

—Sí, esa es la señal de que debemos irnos —me tomó del codo y comenzó a llevarme hacia la salida.

—Espere, espera, mi bolso lo he dejado ¡Rayos, hay dos bolsos también! —traté de tomar mi bolso, pero no sucedió—. Ups, ese no es.

—Dios, ahora recuerdo que Edward dijo que no bebías —jaló de mí y afuera se encontraba Kate.

— ¿La emborrachaste? —dijo Kate de manera indignada.

—Las dos tú son muy bonitas —le dije riendo. Kate me miró con los ojos de par en par—. Tu cara es muy graciosa.

— ¡Irina! —le recriminó a su esposa.

— ¿Qué? Ella necesitaba desahogarse y sobria no lo haría. Anda, anda, llevémosla a su casa. Le prometí a su madre que la llevaría.

—Espero que incluyeras en tu mensaje que llegaría borracha —dijo mientras me ayudaba a sentarme en el asiento trasero.

Un objeto colorido y brillante llamó mi atención.

—No está tan borracha —dijo Irina frente a mí.

—¡Brilla! Brilla bonito —dije.

—Está bien, quizá un poco borracha.

—O—O—O—

—O—O—O—

Mi cabeza dolía horrores. Con el mínimo esfuerzo que hacía por moverme sentía que me pulsaba hasta casi explotar. Jodido infierno ¿Cómo es que terminé tomando tanto? ¿Por qué Irina me dejó hacerlo?

Me hundí entre las cobijas y almohadas de mi cama. Afortunadamente todo estaba en silencio y esperaba que se mantuviera de esa manera por las próximas horas. Giré un poco la cabeza para mirar el despertador que se encontraba por encima de mi buró y vi que pasaban de las diez de la mañana. Se me había hecho tarde para ir a abrir la galería. Tenía que levantarme y avisarle a Ángela o la pobre estaría esperando; pero mi teléfono estaba tirado en algún rincón de mi habitación y el sólo pensar en levantarme y tener que buscarlo provocaba que la jaqueca fuera aún más insoportable. Gemí por las terribles pulsaciones en mis sienes. Sólo hubo una ocasión en la que bebí tanto alcohol y fue después de mi primera y última visita a Nueva York, justo cuando arruiné lo más bello que tenía.

El dolor en mi pecho se hizo presente y multiplicado, era como si cada hora que pasara lejos de él mi corazón se destruía cada vez más. Había demorado demasiado en aceptar que todavía lo amaba, yo misma había ocasionado que se marchara. Me sentía desgarrada desde lo más profundo de mi ser ¿Cómo había podido sobrevivir todos estos años? Él era mi vida entera, mi alma y se la había llevado con él.

Escuché un par de golpes en la puerta, quise ignorarlos, pero probablemente se trataba de mi madre preocupada ¿Quién sabe en qué estado me había traído Irina en la madrugada? Lo menos que podía hacer era tranquilizarla, después podría seguir sumiéndome en mi miseria.

—Adelante, mamá —mi voz estaba ronca.

—Cariño, Ángela está al teléfono, pregunta si debe abrir la galería.

—No creo poder ir, me siento realmente mal —murmuré.

— ¿Quieres hablar con ella? —me pasó.

Tomé la llamada de Ángela para ofrecerle un disculpa por no haberle avisado.

—Angie, no creo poder ir los próximos días a la galería ¿podrías encargarte? —mi voz denotaba el enorme nudo que tenía en la garganta.

—Por supuesto, Bella. Sé que es una pregunta estúpida, pero ¿te encuentras bien?

Cerré los ojos tratando de tomar un poco de fuerza para poder hablar de ello.

—No, Angie. Él se ha ido, todo ha terminado. Yo… —se me quebró la voz y no pude continuar.

El llanto comenzó de nuevo y cuando mi mamá me abrazó solté todo el dolor que llevaba por dentro. Llore hasta desgarrarme la garganta. Sentía que moría, que no podía continuar sin él. Mi cuerpo se sacudía y mi madre aguantaba de manera estoica.

—Llora, bebé, llora lo que necesites.

No sé cuánto tiempo paso, pero poco a poco me quedé dormida entre los brazos de mi mamá. Soñé con Edward y con el futuro que yo misma nos había arrebatado.

Una parte de mí creía que merecía ese dolor. Era lo mínimo después de todo lo que le había hecho pasar, del daño que le hice. Yo era la culpable del sufrimiento de ambos.

—O—O—

—O—O—

Había pasado una semana desde el día en que debía de firmar los papeles del divorcio. Trataba de posponer el hecho de hablarle a Irina; aquel día salí de su oficina sin firmarlos y parte de mí se resistía a contactarme con ella, porque mientras no firmara el proceso de separación éste no concluiría; sentía que de esa manera podía continuar unida a Edward por un poco más de tiempo; sin embargo, también era consciente que tarde o temprano ese momento llegaría, en el que tendría que separarme de manera definitiva.

Tomé mi bolsa y mi abrigo. Regresaría a la galería después de varios días, Ángela había hecho lo suyo y se había hecho cargo de todo, sabía que podía tomarme unos días más, pero no quería seguir postergándolo. Tenía que continuar con mi vida y aprender a cargar con el dolor.

Al llegar hice un recorrido. Había un cuadro con un pequeño letrero que anunciaba su venta y un par de trabajos de restauración agendados. Mientras caminaba por cada sala me di cuenta que el cordón de la sala donde se encontraban mis pinturas y dibujos se encontraba corrido. Me asusté por un momento, pero aun así decidí entrar en ella. Todo estaba tal cual lo había dejado… a excepción de un cuadro. Aquel donde el ave con sus alas abiertas se transformaba en una mujer y las alas en su cobijo.

Caminé por todos lados, fui hacia mi taller y no lo encontré. Estaba por desesperarme, quería llevarme ese cuadro porque era especial para mí; a Edward le había gustado tanto que sentía que era otra manera de mantenerme unida a él.

Escuché que Ángela llegó y corrí hacia ella.

—Ángela ¿qué sucedió con el cuadro que estaba en mi sala?

—Lo he vendido. Dieron buen dinero por él —me sonrió.

—¿Lo vendiste? Pero si nadie ha entrado en esa sala ¿Quién lo compró?

Me acerqué al escritorio con la finalidad de buscar entre las transacciones y recibos de venta.

—La venta se hizo a nombre de una corporación de aquí en Seattle.

Busqué en la base de datos y efectivamente vi que la venta fue hecha a una empresa con dirección en Seattle. Me preguntaba si accederían a regresar el cuadro si lo solicitaba, así que tomé nota del número de contacto para hacerlo más tarde.

—Lo siento, no sabía que no estaba a la venta.

—Está bien, Angie. Trataré de recuperarlo.

Fue inútil el intento. La chica que me atendió fue firme y clara al señalar que su jefe no tenía intención alguna de regresar el cuadro, aun cuando dije que regresaría el dinero e incluso una clase de indemnización por las molestias. Al parecer no había sido mi día. Y estaba por empeorar.

—Hola, Bella —levanté la vista y me encontré con Irina.

Mi corazón comenzó a latir más lento. El que estuviera en mi galería sólo significaba una cosa y no me sentía preparada para ello.

—¿Cómo sigues? —preguntó.

—Lo mejor que puedo —traté de sonreír.

—Me siento como una mierda, pero tengo que hacer. Supongo que sabes a lo que he venido.

Sólo fui capaz de asentir.

—La fecha límite ha llegado y debo entregar los documentos para hacerles llegar a ambos el acta de divorcio —dijo con pesar. Era evidente que ella también quería postergar esto.

—Sí, está bien. De todos modos no es como que se pueda hacer algo al respecto —extendí la mano pidiendo la carpeta con los documentos.

Plasmé con una inmensa tristeza mi firma en aquellos papeles que daban por finiquitado mi matrimonio con Edward. Sentí cómo se abría un enorme agujero en mi pecho, dejando un vacío en él. En ese instante parte de mí voló hacia donde sea que se encontrara Edward.

—Aquí está —extendí la carpeta y traté de sonreír.

—Te haré llegar el acta de divorcio y haré lo correspondiente con Edward.

—¿Has hablado con él? —pregunté con esperanza de escuchar una sola noticia de él. Ella negó.

—Hablaré con Emmett y él se encargará. Podemos ir a celebrar con unos tragos después de que esto terminé.

No respondí ante aquello.

—Mal chiste, perdón.

—Descuida —me encogí de hombros—. En algún momento aprenderé a seguir con este dolor y vacío.

—Kate me diría algo como que debo de dejarlos a ustedes aprender, pero no puedo quedarme callada cuando veo a dos amigos cagándola como ustedes lo están haciendo.

—Y claramente no es tu estilo.

—¡Exacto! Díselo a Kate. Es como si tratara de domar a un toro —exclamó—. Regresando al punto, creo que la pelota está en tu lado de la cancha. El divorcio no quiere decir que el amor se haya acabado.

La miré con el ceño fruncido sin terminar de comprender a qué se refería. Es decir entendía el punto central de la oración; efectivamente el amor no se terminaba por haber plasmado mi maldita firma en un papel burocrático, sin embargo no entendía adónde quería llegar.

—Bien, mi labor aquí ha concluido.

Dos semanas después Irina apareció en la puerta de mi casa con el acta de divorcio. Podría decir que sentí dolor al tenerla entre mis manos, pero cada día el pesar y sufrimiento estaban ahí, la diferencia es que incrementó al ver que mi lazo con Edward había terminado. En ese documento se encontraba el final de nuestra historia.

—Gracias por traerla hasta acá —le dije mientras se levantaba del sillón donde se encontraba.

—Es lo menos que podía hacer. Ahora me siento como una mierda por haber hecho esto —torció su gesto.

—Sólo haces tu trabajo —traté de tranquilizarla.

—Avísame cuando estés lista para salir, prometo no dejar que te emborraches de nuevo.

La acompañé hasta la puerta y me despedí de ella. Algo bueno me había quedado de todo esto, y esa era Irina. Era una buena amiga y también lamentaba haber dudado de ella.

—Todo ha terminado —fui y me senté en el sofá con mi mamá. El nudo en mi garganta comenzó a acentuarse.

— ¿Estás segura de eso hija? —me cuestionó mi mamá.

Miré a Renée confundida y pidiendo que se explicara mejor.

—Cariño, tú y Edward tienen una conexión que va más allá de un documento que diga que están casados, mientras su corazón les diga que siguen unidos lo demás son simples y banales requisitos terrenales —me abraza y besa mis cabellos—. Sólo piénsalo. Ha llegado tu turno —es lo último que dice ante de levantarse e irse.

Me quedé pensando un buen rato en lo dicho por mi madre. No era la primera persona que me hacía insinuaciones similares ¿Acaso no estaba todo perdido ya? ¿Acaso no había terminado todo entre Edward y yo? Lo cierto es que un divorcio no borrada los sentimientos y emociones y claramente estaba segura que nunca podría hacerlo; me preguntaba si él podría eliminarlos. Pronto recibiría el anuncio de que nuestro matrimonio había concluido y seguiría la vida tan exitosa que había conseguido ¿Qué podía hacer yo al respecto?

Me imaginé tomando un avión hacia Londres y entonces lo entendí. Tomé de manera apresurada mi teléfono y me contacté con Irina para que me diera la dirección de Emmett. Escuché su alegría desde el otro lado de la línea telefónica. Tenía que apresurarme antes de que le enviara el sobre con los documentos.

—Ya era hora de que recapacitaras —fue lo último que me dijo Irina antes de colgar.

Las luces de la casa estaban encendidas. Las ventanas de la planta superior se encontraban entreabiertas. Podía ver sombras a través de las cortinas de lo que suponía era la sala. Me paré con firmeza, tomé una gran bocanada de aire y caminé hacía la puerta.

—¡Ya sé, Rosie! Patearás mi enorme culo si vuelvo a dejar la tapa del baño arriba —escuché gritar a Emmett mientras abría la puerta. Cuando me halló frente a su puerta abrió los ojos hasta casi salirse de sus cuencas —¿Bella?

—Hola, ¿Emmett? —dije más tímida de lo que pretendía.

— ¿Qué haces aquí? Quiero decir hola, Bella.

—¿Quién es, cariño?

Una mujer rubia se asomó detrás del enorme cuerpo de Emmett. Ella era realmente hermosa con rasgos finos, cabellos rubios y rizados hasta la altura de los hombros y sus ojos azules y brillosos, bajé la vista y me topé con un vientre que evidenciaba un avanzado embarazado. Supuse que debía de ser su pareja. Me miraba con el ceño fruncido, pero parecía reconocerme.

—Hola, soy Bella —saludé.

—Sé quién eres —respondió con frialdad— ¿Qué buscas aquí? Edward no está como bien sabrás.

—Rosie, tranquila.

—Yo… yo sólo venía… —no pude continuar porque el llanto cortó mis palabras y pequeñas sacudidas recorrieron todo mi cuerpo.

—Anda, pasa —el tono de la mujer rubia pasó a ser maternal y protector.

Ambos se apartaron de la puerta y me acompañaron a la sala, donde esperaron a que me tranquilizara. Una vez me calmé, recordé el motivo de mi visita. Esa era mi prioridad.

—Emmett, sé que la notificación de mi divorcio con Edward te ha llegado el día de hoy. Irina se encargó de llevarme personalmente el mío, pero quiero saber si ya se lo has enviado.

Su rostro comenzaba a tornarse en confusión por no saber a qué se debía mi visita y por qué preguntaba por los papeles del divorcio.

—No, quedé en enviárselos el día de mañana ¿por qué?

—Necesito un favor, bueno dos tal vez —comencé a morder mi labio—. Quiero que me entregues los papeles a mí, quiero ser yo quien se los lleve.

Ambos estaban perplejos ante mi petición.

—Bella, no dudo de que tus intensiones sean buenas y que quieras tener un cierre claro de todo esto, pero ¿no crees que ya es demasiado dolor para Edward? —me dijo Rosalie—. Le ha costado tanto el dejarte ir de nuevo que no sé cómo podría resultar para él el verte de nuevo y después verte marchar.

—Ese es el punto, Rosalie. No quiero marcharme, no quiero estar en ningún lado sin él —los miré a ambos pidiendo que me entendieran—. Es cierto que lo he comprendido demasiado tarde, pero ahora lo sé. Sé que he cometido muchos errores, pero quiero remediarlos. Quiero otra oportunidad.

—Todavía lo amas ¿no es así? —preguntó Emmett.

—Con toda mi alma. Traté de comunicarme con él, pero nunca respondió; esperaba encontrarlo el día de la audiencia, pero Irina me dijo que había ido días antes y se había marchado a Londres.

—Temía el no poder firmar los papeles ese día viéndote a la cara. Tampoco quería hacerte pasar por un mal rato.

—Por favor, Emmett. Sé que no me conoces, pero te lo suplico. Quizá es mi única oportunidad de recuperarlo y demostrarle que lo amo.

Emmett y Rosalie me miraron con una mezcla de desconfianza y alivio, pero media hora después salía de su casa con el sobre y la dirección de Edward. Lo único que hacía falta era tomar el avión que me llevaría a él.

—O—O—

—O—O—

Mi corazón palpitaba con fuerza en mi pecho, martilleaba de manera furiosa. Estaba tan acelerado, pero no era para menos. Faltaba poco para que el avión aterrizara. Pronto estaría en Londres. Recordé la primera y última vez que había ido a visitarlo por sorpresa. Aquel viaje que terminó con nuestro matrimonio, sólo esperaba que éste fuera todo lo contrario. Cruzaba los dedos para que no terminara de la misma manera.

Flashback

—Entonces ¿estás decidida? —preguntó Ángela.

—Sí, no le diré nada. He ahorrado lo suficiente para pagar el boleto de ida y de regreso.

— ¿No crees que se moleste?

—No, hace poco más de dos meses que sólo nos vemos por videollamadas. No puedo soportar más tiempo sin abrazarlo y besarlo.

Estaba realmente emocionada porque aquel fin de semana viajaría a Nueva York para darle una sorpresa a Edward. Aunque él no me decía nada sabía que la razón por la cual no había podido visitarme en las semanas anteriores había sido por complicaciones financieras y quería demostrarle que estaba yo para apoyarle en lo que pudiera y que no sólo él debía de esforzarse en la relación. Así que había decidido ahorrar exclusivamente para el viaje.

Sabía que al principio podría enfadarse, pero después lo entendería porque estaba segura que al igual que a mí, él tampoco podía soportar más la distancia entre nosotros.

La noche anterior empaqué sólo un par de mudas de ropa. Aunque quisiera quedarme más tiempo no podía hacerlo. Se acercaban los finales y eso implicaba que debía entregar trabajos pendientes y prepararme para las pruebas. Especialmente con las malditas acuarelas.

Escuché de fondo Every Breath You Take de The Police, su tono de llamada. Escarbé entre mi ropa hasta encontrarlo y me tumbé en la cama.

—¿Cómo está el hombre más sexy de este planeta? —dije tratando de sonar sexy.

—Extrañándote más cada día —me dijo—. Quisiera tanto estar a tu lado, Bella —dijo triste. Mi pobre esposo.

—Quizá no tengas que esperar tanto —yo y mi bocota.

— ¿Cómo?

—Nada, esperemos que pronto podamos vernos. También te he extrañado demasiado. Extraño poder abrazarte, besarte, que nos acurruquemos.

—Yo extraño tus hermosos ojos, tu delicioso aroma. Quiero estar contigo, quizá…

—No, no abandonarás tu sueño —le dije de manera tajante—. Sólo debemos soportar un poco más para volver a vernos —traté de contener mi emoción—. Mejor concentrémonos en lo que haremos cuando nos veamos de nuevo —dije con sensualidad para cambiar el rumbo de nuestra conversación.

— ¿Y qué es eso? —siguió rápidamente mi juego.

—Tú, recorriendo mi cuerpo con tu boca, con tus manos; con esas caricias tan tuyas que despiertan cada parte de mi cuerpo.

—Bella —gruñó.

—Quiero que me tomes con fuerza, que me demuestres cuánto me has extrañado —comencé a jugar con los pequeños shorts que utilizaba de pijama—. Dime Edward, cómo me demostrarás que me amas.

—Primero comenzaría por quitarte esa pequeña pijama tuya que usas para dormir. Me detendría especialmente en tocar ese hermoso trasero tuyo —jadeé ante la lujuria que se imprimía en su voz—. Joder, muy pronto me encuentro con tus sexo inflamado y húmedo. Puedo olerte, se me hace agua la boca por probarte.

—Estoy tan mojada por ti —jadeé mientras metía mi mano en mi short y bragas. Sí, realmente estaba mojada. Solté un gemido en el momento en que toque mi manojo de nervios.

— ¿Te estás tocando, bebé?

—Sí, Edward, sí.

—De acuerdo —escuché el frufrú de la tela. Se estaba quitando la ropa—. Termino de quitarte tu ropa y me detengo a admirarte ahí tendida y desnuda. Tus pezones están erguidos, llaman mi atención y me inclino a chuparlos.

Dejé a un lado mi teléfono y me quité de inmediato toda mi ropa. Quería estar completamente desnuda para acariciarme tal como me lo pedía y lo imaginaba haciéndolo.

—Pellizca tus pezones por mí, nena. Extraño saborearlos.

Hice lo que me pidió y continué escuchándolo; sus jadeos acompañaban los míos. Estaba tan al borde. Me encantaba cuando teníamos sexo telefónico, pero por supuesto que no podía comparársele a tenerle ahí a mi lado.

—Nena, tu sexo sabe tan bien.

—Mierda, Edward —gruñí—. Estoy a punto. Yo también quiero probarte.

—Estoy tan duro para ti.

—Imagina que te toco. Tomo tu pene entre mis manos y comienzo a masturbarte mientras tu me bombeas con tus dedos.

—Estás tan apretada, quiero hundirme profundamente en ti.

—Bombeo tu pene más rápido, tan rápido como se mueven tus dedos dentro de mí. Me acaricias tan bien —comencé a mover mis dedos más rápido y pellizqué con mayor presión mi pezón izquierdo—. Por favor, Edward, por favor.

—Dime qué quieres nena —su voz entrecortada me decía que estaba tan cerca.

—Dámelo, por favor, sólo córrete.

— ¡Bella! —medio gruñó y medio gritó, pero pocos segundos después mi orgasmo también llegó.

— ¡Edward!

Estuvimos jadeando, nos escuchábamos y el imaginarnos el uno al otro desnudos al otro lado de la línea hacía todo más sublime.

—Espero esto te ayude a extrañarme menos, guapo —le dije cuando mi respiración se calmó.

—Jamás, hasta que te tenga en mis brazos de nuevo podré respirar de nuevo.

—Pronto, amor, pronto podremos vernos de nuevo y seguir con esto —dije con una enorme sonrisa en mi cara. Al día siguiente lo vería por fin.

Fin del flashback

Aquella noche no dormí, la felicidad y plenitud de que reuniría de nuevo con él me mantuvieron despierta. Jamás se me cruzó por la cabeza que aquel viaje terminaría con mi divorcio y con nuestras vidas arruinadas. Mis pensamientos se vieron interrumpidos cuando la azafata me pidió abrocharme mi cinturón porque el avión estaba por aterrizar. Mi corazón martilleó con más fuerza; ya estaba en Londres y estaba ahí para recuperar al hombre de mi vida. Al amor que dejé ir hace tantos años.


Mis bellas lectoras, a casi nada de concluir esta pequeña historia. Sólo nos queda un capítulo más y el epílogo. No esperaba que esta historia fuera a agradarles tanto, pero soy inmensamente feliz de ver los resultados... y bueno, regresando al capítulo ¿Qué tal les ha parecido? Bella ha tomado su decisión y ha ido a salvar su relación, ahora a esperar ¿Cómo creen que reaccione Edward?

Como dije, me da mucho gusto que la historia les haya agradado. Mil GRACIAS por sus reviews que alimentan mi alma de escritora novata: Pameva, Jade HSos, JossBel Masen, joabruno, LizMaratzza, Esal, jupy, Smedina, Adriana Molina, kaja0507, Torrespera172, Lizdayana, Elizabeth Marie Cullen, miop, Lu40, Adriu, saraipineda44, Chiki García, Liz Vidal, ariyasy, Car Cullen Stewart Pattinson, rjnavajas y cavendano.

¡Nos leemos en el siguiente capítulo o en La Fortezza(que cada vez se pone más bueno)!... No olviden dejarme sus comentarios ;)

Las quiero.

Dai.