Aldebarán.
Salí corriendo tan rápido de la Casa de Virgo que ni siquiera cerré la puerta. Más tarde debía ir con Shaka a disculparme por haberme ido de esa forma. Ahora, lo más importante era encontrar a Mu, y decirle que lo amaba. Estaba emocionado, y me sentía aliviado, feliz, y un poco nervioso, pero las ganas de saber que sería lo que sucediera opacaban ese sentimiento. Corrí escaleras abajo. En ningún momento me encontré a Milo o a Aioria, así que supuse que estaban ocupados en algún otro lugar. Por lo menos me sentiría más cómodo y seguro de que nadie me vería confesar mis sentimientos. Sería muy vergonzoso. Al llegar a Aries, suspiré. Gracias a Shaka, estaba convencido de que todo saldría bien; es más, excelente. Toqué la puerta con mi mano derecha tres veces seguidas, y hablé.
- Mu, ¿estás ahí dentro?
Escuché algunos pasos que se dirigían a la puerta, y supuse que era mi amigo. Sin embargo, quien me abrió fue el pequeño pupilo de Mu: Kiki.
- Hola -dijo sonriendo tímidamente.
- Hola Kiki. ¿Tú maestro Mu está dentro? - pregunté sonriendo.
- No. Salió a buscar algo hace poco.
- Está bien. Muchas gracias.
Ambos sonreímos, y después Kiki cerró la puerta de la Casa de Aries. Empecé a subir las escaleras de nuevo, solo que esta vez hacia Tauro. No me sentía triste, o deprimido. Al contrario, había tomado ese momento como una oportunidad más para poder planear como hablaría con Mu. Pensé en invitarlo a cenar. Mientras seguía cumpliendo mi trabajo, permanecí ideando cual sería la mejor opción, y decidí que definitivamente lo invitaría a cenar, y esa misma noche.
- Después culparé a Shaka. Nunca había estado tan motivado a hacer algo- dije para después reír. Eso era lo que hacían los amigos, ¿no? Y definitivamente, solo por lograr convencerme de demostrarle mis sentimientos a Mu, Shaka era buen amigo. Salí de mi Casa. Noté que dentro de algunas horas anochecería, así que me apresuré a cocinar ignorando el riesgo de que Mu estuviera ocupado y no pudiera venir a platicar conmigo. Al terminar, suspiré, asentí lentamente, y empecé a bajar las escaleras de nuevo, dispuesto a pedirle a Mu que me acompañara. Toqué la puerta, y el salió segundos después.
- ¡Hola Aldebarán! Kiki me dijo que viniste a buscarme, y de hecho estaba a punto de ir a verte- dijo sonriendo.
- Ah, bueno, solo quería ver si te interesaba venir a Tauro. Necesito decirte algo.
- ¡Por supuesto que me gustaría ir a tu Casa! - exclamó divertido.
Suspiré. Todo iba excelente, y parecía que la suerte estaba de mi lado.
- Hola- dijo alguien detrás de Mu. Él se giró, y resultó ser que quien hablaba era Kiki. Me di cuenta de que no me había detenido a platicar un poco con él durante los últimos días que lo había estado viendo. En algún momento lo haría, pero lo importante era hablar con Mu.
- Deberías de estar recostado en tu cama, Kiki- dijo mi amigo.
- Es que los escuché platicar, y además no tengo sueño- contestó divertido el pequeño. Se parecía demasiado a Mu. A él tampoco le agradaba tener que dormir temprano.
- Bueno, pero ya es hora de dormir. Vamos, te acompaño.
Yo permanecí ahí parado, y Mu empezó a caminar junto a Kiki hacia la Casa de Aries. ¿Eso significaba que ya no vendría conmigo? Iba a preguntárselo, pero cuando volteé hacia su puerta, el ya no estaba. Apreció repentinamente junto a mí.
- Solo deja arropo a Kiki. Cuando termine, voy hacia allá- dijo para volver a desaparecer.
Sonreí triunfante, y me dirigí hacia las escaleras para preparar todo en Tauro. Por alguna extraña razón, sentí frío. Era imposible, pues no era invierno, y tampoco era temporada de lluvias. Sentí escalofríos, y presentí que sucedería algo malo. Volteé a ver hacia atrás y para ambos lados, pero no vi a nadie. Supuse que era porque estaba nervioso por lo que sucedería con Mu. Seguí subiendo los escalones hasta llegar a Tauro, y ya ahí serví la comida, esperando a que Mu llegara. Al poco rato, alguien tocó la puerta. Me dirigí rápidamente hacia el lugar. Si era Mu. Sonreí. En verdad esperaba que todo saliera bien, como lo había planeado. ¿Qué sucedería si Mu respondiera mal? ¿Cómo lo enfrentaría? Estaba consciente de que ya no podía posponer la plática, y también que era mejor dejar que las cosas sucediesen a su tiempo, pero, aun así, me moría de nervios. Empezaba a arrepentirme un poco por haberle hecho caso a Shaka.
- ¿Es muy tarde para corresponder a tu invitación? - preguntó.
- Claro que no. ¡Pasa! - dije copiando exactamente los mismos movimientos de Shaka cada vez que nos invitaba a Virgo, aunque lo hice involuntariamente. Solo tiempo después me daría cuenta de aquello. Mu se sentó en la mesa. Su expresión era de sorpresa, tal vez por la comida. Primero platicaría un poco con él, y después le confesaría lo que sentía. ¿Sería lo correcto?
- ¿Qué es lo que me querías decir, Aldebarán? - preguntó Mu sentándose en la mesa. No, definitivamente no podía soltarlo así porque sí.
- Bueno, lo importante prefiero dejarlo al último. Primero comamos algo - dije sonriendo a la vez que me sentaba.
- Está bien- dijo Mu correspondiendo mi gesto.
Empezamos por servirnos la comida que había preparado antes. Platicamos sobre trivialidades, como que era lo que habíamos estado haciendo durante esos días, o que era lo que opinábamos sobre lo que sucedía en el Santuario. Hubo un breve momento de silencio por parte de ambos, y me di cuenta de que era el momento perfecto para hablar de lo importante. Baje mi rostro. Inhale y exhale antes de hablar.
- Mu...Esto es un poco complicado de explicar. Lo único que te pido es que escuches lo que digo, y si decides irte, o hacer alguna otra cosa, yo lo voy a respetar.
El me miró con el ceño levemente fruncido, mostrando confusión, pero consideré necesario mencionarle eso antes de poder confesar lo que sentía. Después de todo, quizá no estaba tan listo para hacerlo como creía.
- No entiendo a qué te refieres, Aldebarán -dijo obligándome a mirarlo fijamente-. Además, somos amigos. ¿Por qué habría de molestarme contigo?
Asentí temeroso, y a pesar de que me había hecho surtir mejor su comentario, seguía preocupado. Debía hacerlo rápido y directo, porque si prefería dar explicaciones, me tardaría demasiado, y además podía arrepentirme y todo se arruinaría. Volví a inhalar. Oré por que todo se mantuviera tranquilo.
- Es que tú me gustas, Mu, y desde hace demasiado tiempo.
El permaneció callado y con los ojos demasiado abiertos, incluso estaba sonrojado. Ambos nos mirábamos sin decir absolutamente nada. El parecía sorprendido, y yo estaba nervioso. ¿Y si Shaka estaba equivocado? ¿Qué sucedería si no le gustaba a Mu? ¿Perdería su amistad? Empezaba a perder las esperanzas.
- Yo...Debo regresar a la Casa de Aries. Puede que Kiki se haya despertado, y se va a asustar si no estoy ahí. Gracias por la comida y todo esto, Aldebarán. Buenas noches- dijo como si yo no hubiera dicho nada, y después se fue.
- Quizá lo tomé por sorpresa -dije para mí- Voy a esperar.
Debo admitir que quizá me deprimí un poco. Quería convencerme de que era cierto, y de que no se había ido porque no sentía nada por mí. Recogí todo lo de la mesa, y me alisté para dormir. Antes de recostarme, volteé a ver a la Luna por mi ventana. Lo único que podía hacer ahora era esperara a que Mu dijera o hiciera algo. Y esperaba que eso sucediera.
