Mu.

El Santuario había estado mucho más activo últimamente. Había llegado el mensaje de que los Caballeros de Bronce, es decir, Shun, Ikki, Hyoga, Shiryu y Seiya, luchaban en Hasgard. El entrenamiento de los aspirantes a Caballeros era más arduo, al igual que el de los de más bajo rango. Aunque, a decir verdad, el verdadero peso y problema recaía en nosotros cinco. Los últimos Caballeros Dorados del Santuario entero. Nos habíamos preparado para esto durante años, y ya no había vuelta atrás. Debíamos cumplir con nuestra labor. Y eso era lo que estábamos haciendo. Muy frecuentemente bajábamos al coliseo a revisar como iba todo abajo. Inclusive visitábamos el pueblo de Rodorio. Quizá siendo los adultos de mayor rango mostrábamos confianza y seguridad, y las personas que nos veían actuaban de la misma forma. Pero ahora, que eran más frecuentes nuestras apariciones fomentábamos el miedo. Además, el peligro se percibía en el ambiente. Aldebarán había comentado que en una de sus visitas había sentido una fuerte corriente de aire. El día que nos había tocado ir al pueblo juntos no la pasé muy bien. Nos levantamos muy temprano, como de costumbre. Desayunamos y dejamos a Kiki en Casa. El había insistido en acompañarnos, y Aldebarán tuvo que intervenir diciendo que el nos apoyaría de mejor forma quedándose a entrenar. Y era cierto. Los demás nos esperaban fuera de Aries, así que tuvimos que apresurar el paso. Al frente iban Milo y Aioria. Luego Shaka, y al final nosotros dos. No habría muestras de afecto por lo menos durante las próximas ocho horas del día. Eso era demasiado.

- Me parece buena idea dividirnos. Un grupo puede explorar la zona este y otro el lado contrario. Aioria, Aldebarán, ¿me acompañan? - preguntó Milo.

- Por supuesto - contestaron ambos al unísono.

Los tres empezaron a caminar hacia mi izquierda. Aldebarán no pronunció palabra alguna, pero volteó a verme. Shaka y yo dimos media vuelta y fuimos por el lado contrario. Todo estaba normal. No había señales de batalla, cosmos que necesitaran de nuestra presencia o algo por el estilo. Las personas caminaban como si de un día normal se tratara, a excepción de que estábamos con ellos. Vendían flores, los niños corrían, personas comerciaban sus productos. ¿Qué de malo o sospechoso había en eso? Por supuesto que nada. Todo nuestro recorrido había estado invadido por un incómodo silencio. Decidimos regresar al punto en que nos habíamos dividido, y al parecer los demás habían tenido la misma idea. El problema es que actuaban diferente a nosotros. Ellos reían. Aldebarán reía. Nos reunimos con ellos.

- Creo que deberíamos ir aún más profundo entre las calles. No hubo señal alguna de maldad, pero es mejor prevenir algo que ninguno de nosotros desea - propuso Aioria.

Así fue como Shaka y yo volvimos a caminar por donde habíamos vuelto. Empecé a ver caras nuevas, caminos diferentes y casas mucho más solitarias conforme avanzábamos. El problema es que no prestaba mucha atención a eso. No era importante para mi. Aldebarán reía. Fruncí mi ceño. ¿Qué era lo que sucedía? En cuestión de segundos estaba frustrado, enojado, triste, decepcionado. Quizá furioso. ¿Pero por qué? ¿Me molestaba que mi novio estuviera feliz? ¿No se suponía que mis sentimientos debían ser los contrarios? ¿Qué era esta horrenda sensación en mi pecho? ¿Cómo se quitaba? O la verdadera pregunta: ¿podría quitarla?

- Mu. ¿Estás bien? - expresó Shaka. Se distinguía claramente la preocupación en su tono de voz.

- ¿Qué? ¿Por qué? - contesté con brusquedad.

¿Por qué sucedía eso? ¿Es qué acaso esta nueva sensación o sentimiento era capaz de domarme? ¿Algo inmaterial tenía tal poder sobre las personas? ¿Me estaba dejado llevar por algo que ni siquiera conocía o distinguía? ¿Por qué?

- Tu... cerraste tu puño. Ya lleva un buen rato así, y tu mano se está poniendo demasiado blanca.

Volteé a ver hacía abajo. A penas lo hice sentí el fuerte dolor en mi palma causada por la presión en esta por parte de mis dedos. ¿Cómo no me había dado cuenta de aquello? ¡Era mi propio cuerpo! ¿Esa sensación era tan poderosa? ¿Yo tenía la culpa de aquello?

- Estoy bien. No te preocupes.

Intenté relajarme. Inhalé y exhalé repetitivamente durante varios segundos. Finalmente logré recobrar la cordura, pero eso seguía.

- Shaka - dije con curiosidad - . Tu... ¿te has enojado por la felicidad de alguien?

- ¿Hablas de estar celoso? - respondió.

Ni siquiera me atreví a contestar. ¿Esto que sentía eran los llamados celos? ¿Por qué en ese preciso momento? El pareció entender que no me apetecía continuar con la conversación, y comprendió lo que me sucedía. Inclusive yo llegué hacerlo gracias a su indirecta ayuda. Estaba celoso de que Aldebarán se la estuviera pasando tan bien sin mi.

- Por supuesto que si. Es natural, Mu.

Sus palabras resonaron sin cesar por mi cabeza. ¿Era natural esto? ¿Por qué tan de repente habían aparecido los celos? ¿Cuál era la razón de aquello? ¿Acaso un extraño y sin sentido deseo de poder, control o posesión? ¿Tenía desconfianza? ¿Creía que Aldebarán podría hacer algo? ¿Cómo era capaz de tan solo pensarlo? Sabía que eso nunca sucedería, y aún así aparecía en mi mente. ¿Por que no lograba controlarme? ¿Existía un peligro del que no me estaba dando cuenta? ¿Qué era? ¿Podría resolverlo si en realidad existía? ¿Había desatención? Por supuesto que no. Aldebarán tan solo había pedido que fuéramos lento... ¿Esa era la causa de mi conflicto? No. Era mi descontrol de emociones. ¿Cómo esperaba resolverlo si no expresaba lo que sentía o pensaba? Pero, ¿Qué sentía y pensaba, además de inútiles y vergonzosos celos? ¿Qué era lo que sucedía? ¿Por qué no podía controlarme? ¿Era acaso...

- ¿Temor? - susurré para mi, o al menos eso intenté, pues Shaka había logrado escucharme.

- ¿Qué dices? - preguntó.

Negué lentamente con mi cabeza. "Tengo que resolver esto - dije para mi - . Y pronto".