Bueno, siguiendo la historia…
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Abrió los ojos finalmente, su corazón a un ritmo más aceptable, sus sentidos más centrados y…
Dolor.
Su cuerpo abandonó el refugio de su mente distraída, su cuerpo comenzó a tener temperatura gracias al leve refugio que dicha caverna le proporcionada y el dolor llegó a ella como un tren descarriado… la fuerza con la que estaba presionando su mandíbula le haría doler el rostro en una situación normal pero con todo lo que estaba experimentando su cuerpo ahora, era inconmensurable e incomparable realmente.
Definitivamente se había roto varias costillas, su piel le ardía en varias ubicaciones en brazos, vientre y piernas, seguros cortes y magulladuras de su caída libre, pero su pierna…
Oh, su pierna era lo peor.
Sentía como la pierna le latía y quemaba, era un dolor que no podía poner nombre, algo que estresaba su cuerpo de una forma intolerable, algo que haría llorar hasta a Elfman seguramente. Por lo menos eso quería creer.
Sin embargo, su respiración era lo más acompasada posible. Pensando únicamente en que el peligro la acechaba, que estaba indefensa y en campo abierto, totalmente visible para el albino mago de tierra, quién probablemente ahora estuviera esperando que ella hiciera algún movimiento que confirme que no estaba inconsciente o muerta, decidió aplicar sus meses de entrenamiento con Capricornio en práctica, recordando cómo para expandir su magia ella debía de tolerar cierto nivel de dolor constante.
Las palabras de su viejo amigo resonando en su mente "Resiste, el dolor es un mensaje de tu mente a tu cuerpo, si controlas tu mente, controlas el dolor"
Como un mantra, repitió sus palabras varios minutos más antes de finalmente poder dejar el dolor en un segundo plano. Claro que eso no lo eliminaba, el dolor estaba allí, en su cabeza dibujado en letras grandes y rojas neón pero era solo eso, un letrero en su muy ocupada mente.
Trató de observar su alrededor con el poco rango que su posición le permitía, llevaba ¿Cuánto? ¿15? ¿20 minutos en la misma posición? Se había dejado arrastrar por sus recuerdos, en un intento placebo de calmar sus nervios y aceptar el dolor que vendría en cuanto despertase de esa fantasía. Como escritora, era experta en desaparecer de la realidad para volar en un mundo aparte en su mente, olvidando el hambre, el sueño, el dolor…
Había grandes chances de que su enemigo estuviera inconsciente. Se mordió el labio con fuerza. A pesar de que fue capaz de alguna manera salvarlos de tan mortífero impacto, no había razones para dudar que él estuviera igual o más de herido que ella, probablemente agotado por el uso exponencial de su magia y con suerte, exhausto por el largo descenso tierra abajo.
Sí, es lo más lógico, total, no podía ser que solo ella estuviera en condiciones paupérrimas ¿Verdad?
Media hora se cumplieron desde que había tocado tierra firme, o eso calculaba. Incapaz de poder hacer otra cosa, decidió levantar su cuerpo y apoyarse sobre sus antebrazos. Tarea para nada sencilla después de todo; llena de tormento por las miles de punzadas que sus diferentes cortes le brindaban además que sentía cada músculo tensarse y contraerse por el movimiento, volviendo una tarea sencilla en una lenta y agobiante tortura.
Cuando finalmente pudo estar en una posición de 45°, sus costillas fueron su cereza en el pastel, reclamando el movimiento y cambio de posición, compactando los huesos probablemente fisurados o rotos unos contra otros y cortándole de golpe cualquier mantra mental o preparación previa.
Respirar se volvió una tarea difícil, sentía que le silbaban los pulmones al hacerlo, la cabeza comenzó a darle vueltas y su mundo tomó un color verdusco desorientador, pero halló la forma de forzarse a sí misma a observar su pierna herida, siendo racional tomar cuidado de la herida más grave.
El calor se le fue del rostro y sintió el frío volver a abrazarle hasta el alma.
Se había olvidado que estaba mordiendo el labio, únicamente lo supo cuando abrió la boca sorprendida, automáticamente sintiendo un hilo cálido correr por su mentón; Su pierna en efecto, se había roto pero por alguna razón, el hueso roto no había perforado la piel por tanto su pie derecho giraba hacía afuera en una forma de 'L' inversa.
Las lágrimas comenzaron a brotar desbordadas y no pudo contenerse más.
Gritó.
Gritó por lo que parecieron horas, llorando y gritando, quejándose y volviendo a gritar. Tirando la cabeza para atrás y maldiciendo a todo lo que pudiera; a su desgraciada vida, a la mierda de montaña, al insufrible gremio BlackHeart, a su maldecido Maestro… a ella misma por ser tan estúpidamente inservible. Por qué claro, la señorita 'Soy más fuerte de lo que piensan' tenía que ir a hacer lo más idiota que se le pudiera haber ocurrido y encima haberlo hecho para el culo.
Finalmente, se dejó caer sin cuidado alguno, sabiendo que sería el menor de los dolores en estos momentos "Sal maldito cobarde ¿O te han asustado mis palabras?" gritó con veneno en la voz aunque algo afónica gracias a su pequeño desfogue. No se sorprendió en lo más mínimo cuando lo escuchó reírse.
Tampoco se tomó la molestia de captar de dónde venía el sonido, siguió mirando el hueco del que cayó, con asco y recelo "En realidad me has despertado con tus gritos, señorita"
"¿Me importa?" dijo infantil pasando su lengua por su labio inferior para limpiar en algo la sangre que de este seguía corriendo.
Se quedaron en silencio varios minutos, tal vez analizando si el otro tendría fuerza para atacar al otro, tal vez sólo no querían gastar energías…
"¿Por qué?" preguntó más calmada, suspirando.
"¿Por qué, que?" preguntó con tono de burla el albino.
"¿Por qué me has salvado?" respondió sin seguirle el juego.
Volvió a reírse, suavemente esta vez, cosa que le hizo voltear la cabeza en dirección a su voz y allí lo vio por primera vez desde que la empujó en el aire; sus ojos finalmente se habían acostumbrado a la iluminación de la caverna por tanto su silueta, desparramada en el suelo, era visible para ella "¿Por qué no?" respondió este simple.
Se quedó observando su cuerpo, intentando saber si estaba allí por puro humor o si realmente no se podía mover como ella. Finalmente, su abrigo anteriormente blanco, entró en su campo de vista, a algunos metros lejos de su dueño… teñido casi por completo de un tono oscuro que a estas alturas, sería estúpido pensar era otra cosa pero sangre.
"Que pragmático de tu parte" respondió volteando la mirada nuevamente al hueco.
"Bueno, las razones y consecuencias se dejan de lado en ese tipo de situaciones ¿no lo crees?" respondió con lo que ella creía, era una sonrisa en la voz.
Fue su turno de reírse. Irónico que estuviera atrapada en una cueva, gravemente lastimada, desarmada y encerrada con la razón de su predicamento a unos metros de ella, entablando una conversación ligeramente interesante.
"Touché" respondió con gracia "Vamos a morir de todas formas ¿Verdad?" preguntó carente de emociones y con total honestidad.
La idea estaba allí, ese tipo de idea que parece un susurro en el fondo de tu mente, ese que se sentía real con cada punzada de dolor en tu cuerpo, con cada respiración agonizante. Esa idea con sabor a verdad en su boca, junto a un conocido sabor metálico en la punta de la lengua.
"Probablemente seas la última en irse" respondió repentinamente cansado y sin burla.
Ante sus palabras, volteo la cabeza para observar su cuerpo estático, tenía que forzar bastante la mirada para poder captar el subir y bajar de su pecho con cada respiración, volvió la vista al abrigo por un segundo antes de enfocarse nuevamente en el hombre tirado en el suelo.
"¿Dónde?" preguntó casi desesperada.
"En la cabeza" respondió con una tranquilidad inquietante para ella "Únicamente mi magia lo detiene" continuó sin miedo.
El hombre sabía que ella no podría hacer nada en sus condiciones. Ella sabía de igual manera, que de no ser verdad lo de su herida, no iba a lograr vencerlo, por tanto solo quedaba esperar… esperar…
"¿Cuánto tiempo antes de que te quedes sin magia?" sintió las palabras subirle la garganta como si fueran pastillas de metal. Pesadas, frías y dolorosas.
"No mucho" respondió luego de varios segundos de suspenso.
El silencio volvió a rodearlos, esta vez un silencio indeseado. Sí, era su enemigo, sí ella había terminado como estaba por su culpa, sí él había lastimado a su amiga y por ello fue que ella se sacrificó en primer lugar pero…
La había salvado.
Con todo el miedo que estaba sintiendo, su compañía era una distracción culposamente placentera… No estaba sola, no estaba sufriendo sola… eso era lo que se había estado repitiendo en cuanto entendió que con su pierna así, no habría forma de escapar, por tanto solo quedaba enfrentarlo para evitar que todas sus emociones la volvieran loca. Ahora resultaba que pronto el silencio reinaría realmente, a su lado estaría el cadáver de su verdugo y salvador, ella estaría sola, sola en su momento final...
Confusión. Dolor. Miedo. Muerte. Soledad.
Miles de emociones comenzaron a rondar en su corazón y ninguna parecía querer dejar ganar a la otra.
Sintió angustia y no entendía demasiado por qué si él era su enemigo, si ese era el resultado que ella buscó al lanzarlos a los dos al vacío, si a las finales ella sería que viviría más que él… ¿Por qué le daba pánico saber que el albino iba a morir?
"¿Cómo te llamas?" preguntó suavemente, con arrepentimiento en la mente, con dolor en el corazón y peso en la consciencia.
"Morgan, Morgan Birdwhistle" respondió suavemente también.
Una cosa era estar en batalla, defendiendo a alguien o algo, sabiendo que habría bajas en ambos lados, aceptar que la muerte era algo inevitable era norma en un campo de guerra.
Muchas veces sus golpes eran certeros, lo sabía bien pero una vez en el suelo su enemigo, ella avanzaba sin voltear ni una sola vez atrás, no en ese momento, no cuando había gente, su gente en peligro próximo.
No, esa palabra trepaba su mente únicamente cuando todo había terminado y sus amigos estaban a salvo… esa palabra susurraba sus miedos en la oscuridad de la noche, en la vulnerabilidad de sus sueños y se repetía sin tregua.
Asesina.
Era ignorante de a quienes había llevado a ese lugar, no sabía la cantidad y sería demasiado optimista hasta llegar a pecado de omisión, pensar que era cero dichas cuentas, porque la realidad de su vida era esa; en situaciones especiales, era todo o nada. Eran ellos o ella.
Las pocas veces que esos pensamientos habían cobrado suficiente fuerza en su mente, Natsu había estado allí para abrirle los ojos o simplemente consolarla. Natsu siempre supo que no estaba en su naturaleza llegar a ello, que su ética y moral se lo impedían pero también sabía que eventos de fuerza mayor la forzaban y seguirían forzando hacerlo, a llegar tal vez a ese punto de no retorno… por tanto la abrazaba, la escuchaba y le acobijaba el alma rota.
Pero eran sospechas más que realidades, porque nunca tomo el valor de confirmar sus sospechas, por tanto eran rostros vacíos, personas que podrían o no haber perecido bajo sus manos…
Se refugiaba en la incertidumbre de sus acciones, buscaba salvar su consciencia para poder seguir adelante, esforzándose siempre por quienes ama y ayudando a quién lo necesite, pensando que de esa forma podría limpiar en algo sus pecados; incluso llegando a salvar a quién no lo merecía con tal de encontrar paz mental…
Nuevas lágrimas cayeron por su rostro. Confesando en silencio que a cada enemigo que ella había perdonado, era su intento de quitar un número de su lista desconocida de vidas que tomó. En una situación como esta, despojada y prácticamente desnuda de cualquier método de defensa, se dejó carcomer por la culpa.
A varios metros de distancia yacía un nombre, un nombre real, un nombre con rostro que caería en su lista anónima de costos de guerra. Esta vez, sus acciones la perseguirían hasta el final de sus días porque deberá vivir con la consecuencia de estos, ya no había forma de esconderse de ello, no ahora, nunca más podrá hacerlo.
Nuevamente, una risa se escapó de sus labios porque la ironía de la vida la ponía a solo minutos o tal vez horas de ventaja de su víctima, por tanto había más que añadir a su de por sí deplorable destino.
"No sabía que tenía ese tipo de humor, señorita" lo escuchó decir.
"Lo siento" se disculpó avergonzada pero aun riendo "Esto me sobrepasa"
"Ah, ya veo" comenzó a reírse con ella por lo bajo "Sabes, justo ahora ha pasado por mi mente todo lo que he vivido, todo lo que he hecho y todo lo que he arrebatado" su repentina seriedad le hubiera sorprendido si no fuera que todo seguía pareciéndole una ironía de la vida.
"¿Y te arrepientes?" preguntó curiosa.
"No, no de todas ellas" dijo lentamente su voz comenzando a ser más débil con el transcurrir de los minutos "Me merezco esto, lo sé, pero también sé que de tener la oportunidad de salir de aquí con vida, volvería a hacer lo mismo… personas como yo no cambian, señorita"
"Lucy, llámame Lucy"
"Lucy" testeó su nombre con cierto tono grave que le supo a gusto prohibido "¿No estás molesta, Lucy?" preguntó atrayente, interesante, seductor…
"¿Por qué?" preguntó de regreso, su corazón latiendo con gusto desconocido "¿Por qué voy a morir o por atacar a mi amiga?" a pesar de sus palabras, su mente era una carrera llena de vueltas y cruces.
"Ambas"
"Supongo que debería estarlo pero me es difícil pensar en morir estando enojada"
"Ah, ¿Entonces aceptas que es tu fin?" preguntó nuevamente cansado, casi como si se fuera a dormir… ella sabía que sería para nunca despertar… se sintió ahogar, se sintió estúpida por emocionarse…
"No se trata mucho de aceptarlo o no, se trata de que no puedo evitarlo" confesó decidiendo que si Morgan iba a ser la última persona en verla y escucharla con vida, al menos debía disfrutar el momento "Si no puedo detenerlo, no sirve de nada pelear, si no habrá un después, mejor estar con el corazón tranquilo… puede que por distintas razones pero sé que también me merezco esto"
"¿En serio?"
"No soy inocente, tampoco puedo decir que sea víctima, en su debido momento he tenido que ser verdugo" ya no sabía ni lo que decía pero siguió hablando "No soy como tú pero he obrado de la misma forma, con razones o sin razones he hecho lo mismo que tú…" frunció el ceño pensativa "pensé que al menos, de llegar el momento, estaría rodeada de mis amigos y seres queridos… "
Nuevamente el rostro de Natsu apareció en su mente, esta vez no por calma sino por tormento "Solo puedo arrepentirme de no poder despedirme como se lo merecen ellos…"
"Ya… ya veo" su voz fue un susurro, a estas alturas bien podría haber sido su imaginación pero ¿Qué más daba?
"Soy culpable de muchas cosas, no importa que mis buenas acciones hayan sido mayores, no soy inocente de nada y me merezco un mismo destino que ellos, no me pienso esconder más de mis consecuencias, las enfrento… las acepto… yo… Sí, sí tienes razón, acepto que voy a morir…"
"Sí… sí lo es…"
No era estúpida, era su mecanismo de defensa intentando ayudarla a sobrellevar todo. No estaba mal que ella llorara por Morgan, no era debilidad que estuviera comenzando a extrañarlo… no estaba prohibido que le diera pena…
"S-Sí…" susurró "M-morir con la mente t-tranquila es mejo-or"
Silencio.
Cerró los ojos y comenzó a rezar en silencio. A pedir al universo que cualquier pecado que haya cometido Morgan en vida, puedan estar libres ahora, porque la había salvado a ella cuando no debía, porqué al final no había resultado ser mala persona… porque al final, no la dejó sentirse sola…
Lloró, gritó, golpeo el suelo con sus puños y volvió a mirar a ese condenado hueco en lo alto. Culpa la embriagó, rencor le llenó las venas de fuerza y con ello, comenzó a arrastrar su maltratado cuerpo hacia el de Morgan, a pesar del dolor, a pesar de estar empeorando su propia condición, su mente se había cerrado en la idea de estar a su lado para morir.
No eran diferentes al final y al cabo, tomando vidas como si fueran dioses, tomando vidas que no importa si fueran inocentes o no, no estaban en su decisión acabarlas. No, Lucy Heartfilia no era tan diferente a Morgan Birdwhistle.
Estiró su mano hasta su pierna y de esta, tiró con fuerza para tomar propulsión hacia él, finalmente, trepando por su cuerpo, llegó hasta su rostro. Un líquido caliente le empapó el pecho pero eso no le importó en lo más mínimo, no, lo que le importó fue que sus ojos estaban abiertos, su boca ligeramente abierta, media sonrisa plasmada de una forma fantasmagórica.
"Oh, Morgan" sollozó tapándose la boca con una mano. Estiró la mano y comenzó a arreglarle el rostro "Lo siento, lo siento mucho" continuó llorando "Lo siento…"
Finalmente, sus ojos estaban cerrados, su boca cerrada, su rostro lo limpió lo mejor posible y revisó su herida… un enorme hueco en la parte trasera de su cráneo, sangre mesclada con tierra era lo que podía palpar, probablemente la herida fuera demasiado grande para cerrarla o su magia poca para poder contener la evidente hemorragia.
Al menos, esa media sonrisa se mantuvo en su rostro, ahora pareciendo reírse hasta de la muerte. Se recostó en su pecho, dejando correr las lágrimas por su rostro, intentando en algo, reconfortar a Morgan en su paso al más allá…
"Morgan…" susurró acongojada "Oh, Morgan"
El silencio la envolvió por completo, haciéndole silbar los oídos, sintiendo el peso de todas sus penas, remordimientos y tristezas. A las finales, morir con la mente tranquila no sería una opción para ella…
"Ahhhhhh" un gritó a lo lejos la sobresaltó.
Ilusionada, se apoyó en su pecho levantando su cuerpo para ver si había despertado, esperanzada que tal vez solo se haya quedado dormido, queriendo aferrarse a la idea de no estar sola en su muerte.
"¿Morgan?" lo sacudió un poco pero estaba igual, media sonrisa con sorna impresa en su bello rostro.
"Ahhhh" volvió a escuchar.
Asustada, volteó la mirada a todas direcciones, cubriendo como podía el cuerpo del albino con el suyo mismo, inconsciente o conscientemente de que no había nada de que cuidarlo si él ya estaba….
"¡Ohhhh rayos!" escucho una voz masculina maldecir.
Finalmente, logró captar que el gritó provenía del hueco. De aquel maldito hueco que había sellado su destino, aquel que ahora parecía atraer a otra pobre víctima a su trampa mortal; estaba agotada, en un dolor extremo y solo con un cadáver a su costado, aunque quisiera, no podría ayudarlo, no podría salvarlo.
Vería morir a otra persona.
Un escalofrío le recorrió el cuerpo, la idea de estar rodeada de muerte antes de su propio momento… le parecía una burla de la vida "¡Vamos!" gritó afónica "¡Tan mala persona no he sido!" no sabía a quién pero igual gritaba con furia.
Finalmente, lo vio. Caía de espalda, lo vio agitar las piernas y brazos obviamente sorprendido del enorme vacío repentino, tal cual como ella en su momento, sin embargo la persona giró en el aire, estirando las manos frente a él, una rampa de hielo logró controlar su caída libre, y siguió haciéndolo crecer hasta que finalmente, chocó con una pared al otro extremo de donde estaba ella, deteniendo por fin lo que ella sabía parecía un camino sin fin.
Su corazón le golpeaba el pecho, sus palmas comenzaron a sudar, su adormecido cuerpo comenzó a cobrar vida. Sus esperanzas batallando con sus peores teorías. ¿Enemigo? ¿Amigo? ¿Alguno de los subordinados de Morgan? ¿Gray?
Se sobresaltó y comenzó a arrastrarse hacia la dirección del nuevo cuerpo. Sabía que estaba demasiado lejos, sabía que no lo iba a alcanzar pero igual, sintió un golpe de adrenalina embriagarla y continuó su camino gruñendo con cada centímetro avanzado.
"¿Gray?" susurró "¡¿Gray?!" gritó con desesperación.
Las lágrimas siguieron cayendo por su rostro. Ilusión, esperanza. No iba a estar sola, un amigo estaría con ella, un amigo la ayudaría a irse tal cuál cómo ella hizo con Morgan…
Morgan…
Se detuvo por un momento y apoyó su frente en el suelo, estiró sus brazos y agarrándose de la tierra misma, comenzó a tirar con lentitud.
"¿Gray?" susurró agotada. Quebrada por completo.
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Por el momento es todo.
