Ahora se viene lo interesante. Gracias por el aguante de que los dos primero capítulos no mostraran aún signos de ser un Lylu, se tiene que esperar para lo bueno… esto es para vos, KILLER RKO, gracias por el apoyo.
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Se detuvo por completo.
Sentía la tierra bajo sus manos, dentro de sus uñas, pegado a su piel, inclusive dentro de sus pulmones y su boca pero ya no le importaba eso, no cuando su mundo se había derrumbado y no podía dar un esfuerzo más. Con su frente pegada al suelo aprovechó la privacidad que está le daba para descansar, se había olvidado que lo necesitaba tanto.
Aun estando sola con un cadáver y una persona extraña inconsciente, su personalidad reservada le pedía a gritos más espacio personal, su cuerpo le pedía un merecido descanso luego de llevarlo por encima del límite por tanto tiempo.
"Gray…" susurró para sus propios oídos únicamente, su quebrada voz retumbando en su pequeño refugio entre sus brazos.
Su golpe de adrenalina acabó, con ello sus esperanzas y ganas de vivir.
Así fuera realmente su amigo quién yacía lejos de ella, no importaba. Su terquedad había llegado a su límite y la muerte la esperaba paciente, inamovible ante su previa desesperación. Ella lo sabía, lo sentía con cada respirar tortuoso, con cada latido de su pierna herida, con cada gruñido de su estómago vacío… con cada fibra de su ser que le gritaba sin parar: vas a morir, vas a morir sola….
Finalmente, se dejó caer, restregando su rostro en el suelo hasta que su mejilla reposaba hacia la izquierda, en el ángulo perfecto para observar el cuerpo de Morgan frío, inmóvil… Morirás sola… volvió a llorar por él. Por él, por ella, por su decisión, por todo lo que la llevó a ser tan radical en ese momento, por tomar la vida de otros y la suya misma, tan a la ligera.
Sí, Morgan había hecho cosas terribles y jamás las justificaría pero no debía estar en sus manos su muerte, no debió tomar esa decisión cómo si ella estuviera libre de culpa.
Su piel comenzó a quemarle, la cabeza le dolía y sus ojos parecían estar cosechándose, sentía como si el mundo diera vueltas debajo de ella, a pesar de tener el estómago vacío, las ganas de vomitar eran terribles. Probablemente era fiebre, probablemente fuera lo último que sentiría antes de morir… cerró los ojos para evitar que la imagen de Morgan siguiera atormentándola, siguiera susurrándole desde la ultratumba que todo esto era culpa suya…
Cómo quiero que ya todo acabe…
"Hey…" algo parecido a una voz llegó a sus oídos pero parecía ser lejana y desconocida. Un eco de la caverna oscura y maldita que estaba destinada a ser su tumba.
No se movió. Ya no tenía sentido hacerlo, era su imaginación, era un delirio de su alta temperatura, era cualquier cosa menos la realidad, no había razones para creer que los milagros podían pasar, no había forma de que sus amigos pudieran llegar y salvarla de lo inevitable…
"Hey…" nuevamente esa voz misteriosa, buscando torturar un poco más su mente rasgada.
Cerró los ojos y esperó que fuera su padre llamándola desde el más allá, esperando que ahora pudiera reunirse con sus seres queridos, abrazarlos como hace mucho tiempo no hacía, esperando hallar alivio en dónde sea que ellos estuvieran… pero al mismo tiempo, temiendo no ser merecedora de estar junto a ellos; reconociendo sus errores, sus pecados y miles de tropiezos… Lo siento, lo siento tanto… mamá… papá… no soy la hija que ustedes criaron… no soy la persona que quería ser…
Sintió una corriente fría envolverla, el alivio que viene a final. Se imaginó recibiéndolo como aún viejo amigo, su cuerpo le pareció moverse con tanta delicadeza que quiso sonreír del gusto. Seguramente es su alma liberándose de tan maltrecho caparazón, soltando por fin sus pesares mortales para ser cargada a un espacio desconocido…
OH, dulce piedad, dulce misericordia el acabar con tanta agonía…
"¡Hey!"
La sacudieron violentamente despertándola del letargo en el que estaba. Abrió los ojos lentamente, incapaz de enfocar algo realmente, su mundo pareciendo una ventana empañada en medio de la noche. Parecía haber algo en concreto que debía enfocar pero le costaba, le costaba mucho concentrarse, coordinar sus pensamientos con su cuerpo. Cuando logró darle la orden a sus ojos de quedarse en ese punto frente suyo… un rostro, unos labios moviéndose con palabras que no comprendía… unos cabellos albinos… "¿M-Morgan?" susurró confundida.
Si Morgan estaba allí, definitivamente ya había muerto… ¿Verdad?
La única manera de que Morgan pudiera ser quién la recibía, era que ella había ido a parar… No, no podía ser cierto, se sabía a sí misma mala persona pero no pensó que sería así. No pensó que sería junto a él y no la oportunidad de estar con sus padres…
"¡Señorita Lucy!" exclamó con mayor fuerza.
Finalmente pudo enfocar mejor, el mundo retomó sentido, algo opaca por tan poca luz pero cobrando claridad al final y al cabo. El cabello blanco totalmente desarreglado, un profundo corte justo en lo alto de la frente, una mancha roja corriendo por su rostro bajando por su cuello, el tabique evidentemente roto… subió la mirada hasta unos ojos oscuros completamente confundidos…
"¿Lyon?" susurró incrédula.
"Sí, sí Señorita Lucy, soy yo" respondió atónito "¿Q-qué le ha sucedido?" preguntó, sus ojos paseando por su rostro escaneando heridas "¿Puedo revisarla?" preguntó distraído pero al mismo tiempo apremiante. Ambas manos en sus mejillas, sus ojos clavados en los de ella, su entera atención centrada en su respuesta.
Quiso reírse por tan extraña pregunta pero asintió con la cabeza su aprobación. Finalmente sintió sus manos bajar y recorrer sus costillas por los costados, causándole un hormigueo en la piel. El albino seguía con la mirada el mover de sus manos haciendo muecas de evidente disconformidad por los daños que iba encontrando. Pasó sus gélidas manos por sus brazos, tomó sus manos y las alzó observando sus palmas, todo esto mientras ella seguía enfocada únicamente en él, en sus ojos tristes, en sus gestos de preocupación, en tan extraño giro de eventos.
Tan delicado con su tacto, tan fuera de la persona que ella creía conocer que era Lyon y todo dentro de una situación para nada normal demostraba tener una gran concentración hacia una persona obviamente moribunda. A pesar de todas sus experiencias a lado del albino, era alguien que casi nada conocía y por tanto era mucho más sorprendente todo esto…
Finalmente, sus ojos oscuros viajaron a su pierna lastimada. Desde el ángulo en el que estaba ella, solo podía ver el perfil de su rostro, el tensar de su mandíbula al notar su pie quebrado, su atuendo lucía rasguñado en varias partes. Si se concentraba los suficiente, podía ver que de algún de esos cortes salía sangre manchando la chaquetea azul que llevaba puesto, chaqueta que se contraía con cada movimiento, marcando brazos bien trabajados.
Que hermoso es Lyon…
No pudo evitar gritar internamente por la crueldad de la vida de ponerle a alguien con características similares a Morgan justo cuando ella había decidido morir, justo cuando había aceptado que era su hora… encima de todo ello, alguien que la trataba tan amablemente, tan delicadamente… aprovechando la distracción del albino, dirigió su mirada al hueco nuevamente.
Que cruel eres conmigo… que cruel broma del destino es ésta…
"Lo siento señorita, voy a tener que hacerlo" dijo volviendo la mirada a ella. Pasó su mano izquierda por su mejilla magullada con tal delicadeza que pudo haberse muerto en ese mismo momento y habría sido feliz, inmensamente feliz… "Sólo será un momento, lo prometo…" susurró cerca de su rostro, la sangre de su rostro angelical goteando en su otra mejilla maltratada.
No entendía a qué se refería pero no le importaba con tal de que siguiera mirándola de esa forma, con tal de que siguiera apaciguando su corazón con tanta ternura y paciencia ella sería capaz de cualquier cosa. Sin embargo, lo sintió… el cambio de posición, su mano derecha viajar de su rodilla hasta la parte dónde solo podía sentir un latido doloroso… el momento exacto en que le colocó el pie en su posición original.
Gritó a todo pulmón, teniendo que levantar el pecho del suelo a causa de tan repentino dolor luego de haber estado a raya durante tanto tiempo. Contrayendo los brazos, los dedos, cada músculo de su cuerpo, dejó que el dolor fluyera por ella y lo dejara escapar por la boca, quebrando más sus cuerdas vocales. Pero ahí estuvo él, sujetándole con una mano la cabeza para evitar que se golpee más, pegando su rostro a su frente, susurrándole palabras de aliento una y otra vez sin soltarla en ningún momento.
Repentinamente, un frío envolvió su antes hirviente pierna. A pesar de todo el dolor y el estrés que había recibido, dicha frescura calmó sus nervios y poco a poco menguaba el dolor, poco a poco sintió su corazón volver a su ritmo normal, sus sentidos volver a serenarse.
"Lo siento mucho señorita… ya pasó… ya pasó…" susurraba suavemente, sus labios pegados a su frente sudorosa sin el menor de las molestias.
Su mundo dejó de girar, volvió a pegar la espalda al suelo asistida por Lyon para evitar más daños innecesarios. Con su respiración menos elaborada, aún silbante pero al menos ya no sentía que sus pulmones iban a entrar en convulsión espontánea, se enfocó únicamente en él y sus bellísimos ojos.
"Gracias…" dijo en mímica incapaz de hablar todavía.
Lyon negó con la cabeza "No hay nada que agradecer señorita" respondió nuevamente a lo alto de ella, retirando mechones de cabello pegados a su mejilla y frente.
No sabía que tenía más lágrimas hasta que las sintió correr hasta sus orejas. Sus palabras habían revivido la voz de Morgan en su mente, logrando sentirlo cerca de ella, como un fantasma que no la dejaba en paz, cómo un recordatorio de que ella no merecía tanta amabilidad y cuidado.
La culpa la carcomía. Aquí se encontraba Lyon cuidándola, mientras a unos metros yacía el cadáver de su víctima, de aquel que ella misma mató.
"No llore, de verdad lo siento, era necesario" comenzó disculpándose nuevamente, desesperación en su mirada y voz "¿Qué fue lo que sucedió? ¿Se cayó?" observó el hueco en lo alto pero inmediatamente volvió a ella "¿Dónde está mi hermano? ¿Natsu-san?"
Comenzó a negar con la cabeza frustrada.
Ella siguió llorando a pesar de que quería contestarle todo, a pesar de que quería agradecerle, abrazarlo, aferrarse a él como salvavidas en medio del océano, hacer lo que sea para que pudiera saber que ella estaba enormemente feliz de que él estuviera con ella… que sepa que había estado sola, que estaba rota, que no podía más… pero también estaban esos susurros en su cabeza recordándole la culpa, la melancolía y el luto…
Lyon jamás hubiera estado allí si no fuera por el hueco que creó Morgan, hueco que creó por qué ella los lanzó al vacío… impotente, observaba su rostro ensangrentado y magullado, carcomiéndole la consciencia con cada nuevo susurro dulce de este. Continuo llorando amargamente por lo que parecía una eternidad.
En algún punto, Lyon decidió apoyarla en sus piernas y abrazarla mientras la mecía con cuidado, susurrando palabras de calma en su oído para ella sola, para que fuera un secreto compartido solo por los dos. Ella no encontraba las fuerzas para si quiera mover los brazos y devolverle el agarré. Se quedó lánguida en sus brazos, llorando por todo y por nada, por ella y por él, Por Morgan…
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Logró calmarse luego de mucho tiempo. No tenía idea de cuánto exactamente había estado llorando y sinceramente no le interesaba en lo más mínimo. Lyon cuidaba de ella, la abrazaba y consolaba sin preguntas, sin información que manejar, sólo por la bondad y voluntad de hacerlo. Había caído del cielo para ella.
Era su ángel misericordioso. Su caballero de brillante armadura.
Cuando Lyon la sintió más calmada la recostó nuevamente sobre sus piernas, pasando su mano libre "Lo lamento, mis manos no están limpias pero algo es algo ¿Verdad?" dijo burlón, intentando animarla.
Una risa bastante desagradable se escapó de su garganta pero Lyon no parecía estar molesto en lo más mínimo, sonriendo con ella.
Sonriendo devuelta y alzó una mano a su bello rostro, sintiendo como cada músculo del cuerpo le reclamaba el esfuerzo que le costaba realizar dicha acción pero ignorándolo con tal de llegar a su objetivo.
Cuando al fin logró alcanzar su mejilla derecha, con la misma lentitud de antes, comenzó a limpiar lo mejor posible la sangre en su ojo izquierdo "Mis manos no están limpias" respondió afónica necesitando pasar su lengua por sus labios quebrados por la falta de agua, redirigió su trabajo a su mejilla y labios "Pero algo, es algo…" repitió sus palabras, enfatizándolas para tratar de resumir en pocas palabras lo que significaba para ella el que estuviera allí.
Lyon se quedó estático ante su repentina caricia y palabras, cuando habló, sus ojos se abrieron cómo los de un gato "C-Creí que ya n-no podía hablar señorita…" susurró, la vibración de su voz debajo de su palma aún en su mejilla siendo de lo más placentera.
Nuevamente hizo algo que no esperaba de él. Creó un pequeño cubo de hielo con su mano libre y lo apoyó sobre sus labios dejando que se derritiera lentamente, aliviando su dolor y brindándole el agua que ella necesitaba para poder hablar sin tantos problemas.
"Lyon…" se perdió en sus ojos cálidos, en su piel fría pero tranquilizadora que contrarrestaba a la suya caliente por la fiebre, sus acciones de gran asombro para ella, la ternura con la que la trataba la lastimaba de otra manera siendo un dolor placentero. Hipnotizada por completo por Lyon no pudo evitar pensar que: "Es bueno ver un r-rostro tan bello antes de morir…" susurró más para sí que para el albino.
El pánico invadió su rostro, logrando quitar un poco de belleza a su rostro "¡N-No diga eso!" la reprochó asustado. Lamentablemente su brazo perdió fuerza pero antes de que pudiera caerse por completo, Lyon sujetó su mano y la pegó nuevamente en su mejilla "Vamos, t-todo estará bien…"
Se tomó el gusto de reírse de su reacción. Disfrutaba de este oasis en el desierto de la muerte que la esperaba, este oasis que solo él podía crear, todo lo que creyó entendía de la vida, de las personas, todo eso había sido un completo error, Lyon lo demostraba. Pero a pesar de sus reacciones y atenciones, algo en sus ojos le decía que Lyon sabía tan bien como ella que su final estaba cerca, que la muerte la iba a llevar en pocos minutos.
"Hubiera sido lindo darme cuenta antes…" continuó a pesar de sus protestas, a pesar del apremio en sus gestos porque ella descansara "D-Darme cuenta de lo maravilloso q-que eres…" sonrió con lo que esperaba fuera ternura y no una mueca desagradable "Lo amable y a-atento… las sorpresas que puedes tener…" susurró.
"Se-eñorita… es suficiente" reclamó suavemente, ella cerró sus ojos por unos segundos y Lyon la sacudió para que los vuelva a abrir "¡Además! H-Hay tiempo" tartamudeó sujetando con mayor fuerza su mano "Habrá mucho tiempo para que me digas eso…" sus mejillas tomaron un poco de calor, Lyon boqueo cual pez pestañeando varias veces "B-bueno no eso, pero para que hablemos… y… " Estaba tan nervioso que daba ternura. Trataba de mirar a otro lado pero su mano seguía manteniendo la suya en su mejilla cálida por su vergüenza.
"Tan lindo…" dijo desganada, sintiendo el sueño eterno comenzar a ganarle… decidió que si era su hora, entonces este era el mejor momento para desaparecer, desaparecer con el único recuerdo de tan expresiva mirada, tan dulce rostro…
"No… no…" su voz comenzó a desvanecerse, su rostro se volvió nuevamente borroso…
Sus ojos estaban por cerrarse nuevamente, sintiéndose en paz a pesar de creerlo imposible, llegando a aceptar que después de todo la muerte no era tan mala estando en los brazos de alguien como Lyon… pero lo que sucedió después de dicha realización personal, la sorprendió tanto que fue arrastrada a la vida. Sus ojos se abrieron como platos y contuvo la respiración de forma sonora. Unos labios fríos contra los suyos aún calientes, sus ojos cerrados fuertemente mostrando unas largas pestañas blancas. Una mano firme sujetando su nuca y la otra debajo de ella aferrándose a su hombro izquierdo para mantenerla contra su pecho.
Así de inesperado que fue el beso, así de inesperado cortó el contacto, suspirando al abrir los ojos, pegó su frente a la de ella, su mirada cargada de voluntad que ella carecía, cargada de valentía que ella ya no tenía "No." Repitió firme, seguro.
Por breves segundos, en sus brazos, se sintió más viva que nunca antes. Todos sus problemas, sus pensamientos negativos, sus temores y traumas desaparecieron como llevados por el viento; tan ligero y falto de sentido e importancia que por primera vez, comprendió lo simple pero vital del contacto humano, de las vueltas que la vida te hace para poder llegar a cierto punto, a cierto momento desencadenante de lo verdaderamente trascendental. Es el destino conectándote a algo superior e inevitable.
Cuando esos segundos de plenitud acabaron, comenzó la verdadera caída libre a la oscuridad y su único pensamiento fue poder haber tenido más tiempo. Más tiempo para disfrutar de ese destino que la había estado esperando, que estaba escrito desde hace mucho tiempo y que ella adelantó por necia, que dejó pasar por su propia mano.
Las penumbras la llevaron al final del camino, su cuerpo se envolvió en un frío congelador que detuvo por completo su corazón, los recuerdos de su vida entera, desde niña hasta estar en los brazos de Lyon, pasaron volando y finalmente se perdieron para siempre en la nebulosa de la vida…
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Intenté hacerlo más largo, créanme. Pero todo lo que tenía que agregar me parecía exagerarlo y tampoco quería adelantar mucho para el siguiente capítulo, espero de todas formas que haya sido de su agrado.
Pdta.: Para los que leen mí otra historia, sé que estoy recontra atrasada pero mi mente trabaja de formas misteriosas. Para nuevas ideas tengo el flujo corrido, donde puedo escribir paginas tras páginas de contenido pero para aquellas a las que ya di vida… es como si ya no hubiera ni una gota de agua. Lo siento.
