Sólo queda seguir.
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"No me mientas, Lucy…"
Iba enserio. Natsu iba enserio con ella. No le cabía en la cabeza cómo era que su siempre despreocupado mejor amigo ahora se encontraba frente suyo forzándola a decir la verdad, evitando darle la ventaja de un espacio personal o escapatoria.
Cerró los ojos y colocó ambas manos sobre las de él aún en sus mejillas "Lo siento" respondió suavemente, abrió los ojos con más convicción de la que hubiera creído posible. Sí, Natsu era su mejor amigo pero hay límites que no debería cruzar "No es algo de lo que quiera hablar ahora"
"¿Cuándo?" preguntó aún sin despegarse de su rostro, prácticamente su aliento acariciándole los labios.
"No lo sé" retrocedió incapaz de mantener esa convicción al sentirlo demasiado cerca, al sentir prácticamente sus labios sobre ella con cada nueva palabra.
Estúpidamente inútil y débil que soy…
Se quedaron en silencio, en la misma posición por varios segundos más, ella esperando que Natsu se diera cuenta que no era ni el momento ni la forma, él probablemente esperando que ella pueda confiar en él como en muchas otras ocasiones lo hizo. Derrotado, el peli rosado cerró los ojos y pegó su frente al de ella, lentamente comenzó a pasar sus bronceados brazos por encima de sus hombros para abrazarla con ligera fuerza. El rostro de Natsu había ido a parar a su cuello y podía sentir por completo cada respiración que daba, podía sentir el roce de sus labios sobre su sensible piel.
Si bien miles de veces antes, ellos habían tenido proximidades para nada normales, esto lo sentía completamente diferente.
Era como si a pesar de sus constantes roces de no tan amigos, se vieran opacados a comparación de la situación en la que estaban ahora. Sí, Natsu la había visto desnuda en más de una ocasión, sí ellos habían dormido juntos más veces de las que quisiera confesar pero… siempre habían sido acciones inconscientes llevados meramente por las situaciones en las que se encontraban o tal vez la manía de este por meterse a su casa y su cama mientras ella dormía.
Natsu no era del tipo demasiado demostrativo o cariñoso, tenía esta rara manía de 'Hago lo que siento y sin pensarlo' por tanto nunca podías realmente culparlo o enojarte con él. Simplemente no entendía lo que era espacio personal.
Y estaba bien, ella estaba bien con ello.
Sin embargo, este abrazo, esta posición, su rostro pegado a su cuello logrando poner sus nervios a flor de piel… No, esta no era una de sus características situaciones de 'Parecen más que amigos'
No, esto era un rotundo: '¿Son sólo amigos?'
"¿N-Natsu?" preguntó con incertidumbre, intentando pensar en razones por las que él pudiera tener tal cercanía con ella.
"Pensé que morirías…" susurró, su aliento rozándole justo en un punto sensible de ella.
Inconsciente, suspiró y se aferró a su camiseta con fuerza, comenzando a temblar sin entender bien que hacer o que responder, siendo consciente por primera vez desde que se despertó del hielo, que Natsu tenía sentimientos al respecto.
"Pensé que estabas muerta… que no habría forma de traerte de regreso… esta vez…" continuo comenzando a poner más presión en su abrazo, asustándola por el tono de voz grave, por su agarre cargado de emociones, la atrajo más y más a él, perdiendo cuidado alguno de su condición "Fue tan… tan… frustrante…"
La última parte fue solo un ligero gruñido. Ella comenzó a hiperventilar, el cuerpo caliente de Natsu la sofocaba pero no de la misma forma que Gray, no, esto es otro nivel, otra sensación, algo que sería estúpido negar le gustaba más de lo que la asustaba.
Su mente iba a mil por hora, procesando y desmantelando cada palabra que salía de la boca del Dragon Slayer de Fuego. Intentando en vano, hallar la forma de reconfortarlo o distraerlo de algo que sabía era inevitable. Solo ahora, envuelta en sus brazos y comenzando a embriagarse por su calor, Lucy había entendido cuánto esto le dolía al mago.
La apretó con más fuerza. Ella sí había muerto. En lo que concierne a Natsu por lo menos.
En ese momento, lo único que podía pensar era que sería él quien lidiaría con el problema, no ella, claro que no. Porqué para él, ella había muerto al caer desde aquella montaña, para su mente y corazón, Lucy había perecido en ese momento y a pesar de querer creer lo contrario, junto a sus nakamas, solo había podido observar el vacío.
El eco del pasado retumbando en su mente siempre llena de peleas y bromas a sus amigos comenzando a desquebrajar su clásico optimismo, ese eco tortuoso que todos habían intentado dejar atrás, que él había querido olvidar...
Ella misma habiendo presenciado su muerte anteriormente debió verlo venir, debió haber pensado que esto pasaría mucho antes de que él se quebrara en sus brazos. Ella más que nadie, había visto lo devastado que estuvo los días siguientes a lo sucedido con el Rogue de Futuro y Eclipse. Escondido en su cuello, recordaba cómo se había pegado a ella incapaz de borrar esa imagen de su mente y como juntos habían llorado por el tema, confiando plenamente que Lucy nunca se burlaría de él ni le contaría nada a nadie.
Había llegado tarde, teniendo que haber lidiado con los que crearon la avalancha no pudo ir antes. Corrió a toda velocidad topándose con Erza en el camino, Happy intentaba seguir volando a su costado, cansado obviamente por el excesivo uso de su magia.
Cuando finalmente había llegado a dónde podía detectar estaban el cubo de hielo y Wendy, en sus rostros lo vio todo y más. Quiso llamar a la rubia, gritar por su nombre pero al momento de dar un paso, su pie chocó con algo. Erza había continuado su recorrido hasta llegar a la peli azul que lloraba y gritaba al vacío, pidiendo a gritos disculpas que no entendía.
Se agachó para saber que era lo que había entre la nieve cuando lo vio. El estuche de Lucy. Sus llaves opacas y obsoletas... abrió los ojos comenzando a entender todo, volvió la vista a dónde la menor estaba llorando, dónde Gray tenía en brazos a la exceed blanca que parecía tener un terrible golpe en la cabeza.
Distraídamente, metió el estuche entre sus ropas, sabiendo que eran algo importante de Lucy... algo que Lucy nunca dejaría caer fácilmente, no por voluntad. Su mirada se clavo en la nieve, sus brazos laxos a su costado, sus sentidos comenzando a perderse y un extraño ruido invadir su cabeza.
"¿Natsu..?" preguntó Happy a su costado, dejando sus alas desaparecer para quedar a sus pies. Un momento estaba Happy allí, observándolo desde abajo con lágrimas en los ojos y al otro todo se volvió oscuro, desapareciendo de su memoria fragmentos de lo sucedido.
Tembló recordando cómo por primera vez en su vida... sintió frío...
Erza le había contado caminado lentamente hacia dónde estaba, cómo únicamente había atinado a arrodillarse sobre la nieve, en el borde donde Lucy había ido a caer; le contó cómo había sacado de entre su chaleco el estuche de llaves de la rubia y había comenzado a llorar en silencio. Wendy había estado llorando en brazos de la pelirroja, desconsolada, pidiendo perdón a diestra y siniestra como si fuera realmente su culpa todo ello.
La maga de Requipamiento no había perdido detalle de cómo Natsu se quedó en silencio, observando el estuche, acariciándolo con lentitud y una delicadeza impropia de él, hasta que finalmente asintió con la cabeza un par de veces, aceptando la realidad.
"No puedo olerla…" había susurrado "No puedo escucharla…"
Fue Gray quién tuvo que despertar a todos de su estado shock para hacerlos correr cuesta abajo, gritándoles que no podían ser tan pesimistas, que debían confiar en ella… Gray…
Luego de haberlo visto anoche, tratando de apoyar a su hermano, lo único que podía pensar era que en ese momento, él había actuado como el mejor hombre. La situación la manejo con una calma que le ponía los pelos de punta pero que agradecía silenciosamente, incapaz de vociferar los sentimientos contradictorios que le generaba que su amigo/enemigo haya podido solucionar las cosas cuando él solo había podido quedarse llorando.
Esta vez, Luce había sido salvada por él.
A pesar de todo, Erza le contó cómo no corría exactamente por encontrarla, cómo cada pisada suya era cada vez más lenta, más pesada, cómo en vez de usar su magia para abrirse paso, había dejado que sus pies se enterrasen en la nieva para que se retrasara más el descenso. Si bien eso le había extrañado cuando le dijo, ahora solo podía entender que probablemente en ese momento, su mente estaba procesando lo que creía imposible.
Clavó sus dedos en el hombro de la rubia sintiendo nuevamente ese retorcer de sus entrañas que le dejaba la boca con sabor a arena.
Cuando finalmente llegaron al pie de la montaña, Natsu había vuelto a quedarse quieto, observando el estuche aún en sus manos. Notando lo frías que las llaves estaban, viendo la falta de brillo en estás. Mucho antes de detenerse, él ya sabía la verdad, ya había notado la carencia de algo en el ambiente.
"N-No…" había sollozado la menor "N-No… p-por favor…" se dejó caer al suelo, la sangre de sus manos comenzando a teñir la blanquecina nieve.
"¿Qué?" preguntó Gray antes de que a zancadas llegará a dónde estaba, sujetarla de sus delgados brazos y sacudirla "¡¿QUÉ?!" gritó desesperado.
"No hay rastros de Lucy" había vuelto a decir sin despegar sus ojos del estuche "No hay nada…" una pequeña patita azul se posó sobre su mano y aun así, no pudo mirar nada más que a las frías llaves.
En silencio, todos habían llorado por ella. Mientras lo relataba la pelirroja, él solo podía permanecer en silencio, incapaz de dejarse sentir algo, no en ese momento, no con ella frente suyo sin embargo, Erza le había sujetado las manos con una delicadeza que no esperaba, le había hecho levantar la mirada de su regazo para poder enfrentar sus ojos castaños cargados de emociones "Todos simplemente… perdimos la fe…" le había dicho antes de dejarlo solo nuevamente.
Natsu subió una mano por la espalda de Lucy, elevándola hasta su cuello para terminar enterrando una mano entre sus cabellos dorados, dejando que todo fluyera ahora. Dejando que ella fuera la única que pudiera presenciar cuán aterrado realmente había estado y seguía estando. En silencio, comenzó a llorar, cada latido de ella logrando romperlo un poco más.
Él había aceptado todo en silencio, sin haber hecho un desastre como usualmente haría. De forma madura, había cerrado toda posibilidad en su mente de que ella estuviera viva, que pudiera hacer algo por traerla de regreso, queriendo únicamente que todo termine…
Cuando al fin había logrado concluir que viviría con un hueco en el pecho por el resto de su vida, su mundo había dado una vuelta 180°. El uso exponencial de magia a lo lejos les alertó de que tal vez lo imposible, era posible; todos voltearan la cabeza en dirección de aquella presión atmosférica y todos en sincronía saltaran en busca de la locación exacta.
Todos olvidaron el cansancio, las heridas, la tristeza, todos dejaron atrás cualquier cosa que pudiera hacerlos demorar. Natsu había tenido esperanza en ese momento, el cambio súbito de emociones amenazando con darle un paro cardiaco.
Está viva, está viva…
Con una explosión digna de su nombre de Salamander, había hecho espacio suficiente entre toda la nieve para poder encontrar un hueco en la tierra.
Tiene que estar viva… tiene que estarlo…
Con ayuda de Happy había descendido a toda velocidad para toparse con otro giro de eventos que su corazón no estaba preparado para soportar. Aún desde arriba se podía observar y hasta sentir, un enorme bloque de hielo que llegaba de punta a punta de la caverna, irradiando un poder extrañamente… familiar…
No… no, no, no… por favor…
El olor era nauseabundo, sus ojos le picaban y necesitaban algo más de iluminación para poder no perder detalle de nada, para poder ubicar a su mejor amiga con rapidez. Con una mano encendida y la otra tapando su nariz, caminó en dirección al terriblemente enorme bloque de hielo que había en medio de la caverna subterránea.
"¡Lucy!" gritó comenzando a buscarla, el aroma del ambiente evitando que su olfato funcionara propiamente "¡Lucy!"
"¡Natsu, mira!" había chillado Happy llevándolo directamente frente al bloque de hielo.
Al notar lo que contenía, Happy lo dejó caer sin cuidado pero a pesar de su asombro, él había logrado caer de pie y lentamente dio los últimos pasos hasta poder tocar con la mano que cubría su nariz, el frío del hielo, el mal olor del lugar pasando a segundo plano.
"¡Natsu!" gritó Gray detrás suyo "¡No te adelantes pedazo de…!"
Mudo como él, se detuvo a su costado. Solo eso era capaz de notar, sus ojos puestos únicamente en aquella imagen sacada de sus pesadillas, su mente incapaz de entender lo que estaba viendo pero aun así comenzando a perder las esperanzas.
"Por Mavis…" susurraron detrás suyo.
Frente a los magos, se encontraba un hielo de tonos celestes, completamente tallado en los más delicados trazos geométricos que había podido ver, tales que en alguna otra ocasión, resultarían incluso confusos e intricados para él pero ahora, justamente ahora, daban la ilusión de ser una hermosa caja de vidrio.
Una que en el centro mismo, tenía como muñecos decorativos, el cuerpo de su rubia favorita, pegado al pecho de un albino conocido quién entre todo ello tenía uno de los brazos pegado a la espalda de Lucy, elevando el cuerpo de la maga del suelo que en el proceso aparentemente, sus delgados brazos cayeron sin ganas al suelo. La otra mano del mago puesta fijamente en la cabeza de ella para poder pegarla a su pecho, sus ojos cerrados en total concentración pero no, eso no era lo que los había dejado perplejos.
Parte del cuerpo del mago parecía estar incorporado y entrelazado con el hielo. Como si su piel, carne y huesos hubieran sido usados para poder crear tal belleza. Era aterrador y asombroso al mismo tiempo, hipnotizándolo por completo, aterrándolo de pies a cabeza, comenzando a recordar de dónde recordaba la sensación que este hielo le daba.
Gray cayó al suelo a su costado, logrando brevemente llamar su atención y que su mirada bajara hacia el pelinegro "Lyon… qué… ¿Qué has hecho…?" susurró desencajado.
El resto, era demasiado confuso y borroso para recordar. Había sido incapaz de interactuar demasiado luego de ello, únicamente moviéndose acorde a sus instintos y para cuando Wendy le había susurrado sus instrucciones para poder transportar a ambos magos. Él se había movido como un títere.
La peli azul, solía tener estos cambios de aroma de vez en cuando durante una batalla, cambios brevemente perceptibles que de alguna u otra forma, le hacían recordar mucho a Erza. En esos momentos, siendo un cascarón de sí mismo, Wendy olía extremadamente a ello.
No sabía de dónde ni cómo pero la peli azul había comenzado a recitar una especie de conjuro, su magia elevándose de forma exorbitante por breves segundos antes de que grietas se generaran alrededor de ambos magos congelados, rompiendo tal intrincada caja.
Ahora, con Lucy entre sus brazos, caía en la cuenta que lo que había pasado en esa caverna era un verdadero milagro. Recordó cómo el propio Lyon fue quién paso años de su vida intentando descongelar a cierto monstruo en cierta isla, cómo aquello era una tarea ardua y difícil pero no, Wendy los había sacado de aquel trozo de hielo con demasiada facilidad, con demasiada rapidez…
Restregó su nariz en su cuello, necesitan que el aroma de Lucy le invadiera el cerebro y lo ayude a calmarse.
El trabajo designado para él era utilizar su fuego para ayudarla a marcar de mejor manera las grietas, idiota por no haberse dado cuenta antes que no se suponía que debiera derretirse con su fuego. No ese hielo al menos.
Gray por su parte, tenía que crear la rampa perfecta para que pueda el cubo que ella había creado, correr fuera del bloque de hielo y poder transportarlo con mayor facilidad. Por otro lado, Erza se encargaba de agrandar el hueco en lo alto, con ayuda de Charle, para que puedan llevarse a sus amigos, aún congelados y atrapados.
Wendy había sabido comandar a todos, ponerlos en movimiento y realizar la tarea de salvar a la persona que había arriesgado su vida por ella. Y que más que salvar al hombre que había ayudado a su salvadora.
Tembló por los recuerdos, por el dolor que causaban estos.
Los brazos de Lucy reaccionaron rodeando su cuerpo lentamente antes de sacar fuerza de sabrá Mavis de dónde y sujetarlo con fuerza contra ella. Se mantuvieron así varios minutos. Él era incapaz de soltarla, temía que al hacerlo, nunca más pueda sujetarla, que fuera a desaparecer frente a sus ojos…
"Natsu…" dijo suavemente, notaba que ella estaba llorando pero en ese momento, necesitaba más que nunca, que fuera ella quién lo ayudará a sentirse mejor "Mírame…" susurró moviendo su cabeza para restregar su mejilla contra la de él.
Sin verdaderas ganas, se separó de ella lo suficiente para poder verla a los ojos, esos ojos cafés que eran una ventana abierta al alma de la rubia, que le decían todo lo que pudiera pensar o sentir, solo bastaba una mirada y ya sabía qué hacer para ponerla feliz. Efectivamente ella estaba llorando, su corazón latía rápido, las palmas de ella sudaban y en general ella estaba demasiado caliente. Tal vez se ha enfermado por el hielo.
Para su sorpresa, Lucy hizo algo que nunca pensó que fuera hacer. Lo besó.
Al principio no pudo moverse. Estaba demasiado cansado, demasiado sorprendido y francamente, algo asustado de que las cosas hayan terminado así pero… su corazón comenzó a latir rápidamente, sus manos saltaron ansiosas de algo que desconocido. Lucy tenía los ojos cerrados, las lágrimas aun corriendo por su rostro, sujetaba su rostro para pegarlo a ella y esperaba paciente.
Algo hizo click en su interior y en segundos, sus brazos la volvieron a sujetar para pegarla a él y la besó con un ansia irracional para él. Patéticamente, así como ella, seguía llorando conmocionado.
Lucy era lo que más le importaba en la vida a parte de Happy y el gremio. Tenía una personalidad brillante y a veces hasta tonta, logrando tanto emocionarlo como irritarlo, con sus costumbres raras y actitudes descabelladas, siendo polos opuestos en todo momento. Como si la única persona capaz de competir con Lucy, fuera ella misma.
A él siempre le había generado este calor hogareño que no sabía existía. Total, es un puto Dragon Slayer de Fuego, el calor realmente no le importa ni lo siente pero ¿Con ella? Siempre sentía sus venas hervir a mil por hora, ya sea por las miles de muecas que ella hace por todo y por nada, ya sea por sus palabras sabias y tranquilizantes o por el aroma tranquilizador natural de ella.
En estos momentos, lo único que necesitaba era esto.
Lucy viva, radiante y llena de energía entre sus brazos. Viva… esa era la clave para recomponer su alma. Lucy estaba viva. Besándolo, sujetándolo con fuerza y calmando sus demonios.
Cuando se separaron, se quedaron mirando uno al otro. Cada uno perdido en sus propios pensamientos y razones para lo que acababa de pasar. Mientras Natsu lloraba pegado a ella, había logrado captar toda la tristeza, desesperación y resentimiento que tenía su pobre mejor amigo, todo lo que había estado lidiando silenciosamente hasta no poder más. No entendía por qué estaba tan enojado pero solo bastó con recordar que era Natsu de quién se trataba y probablemente, se esté culpando únicamente a sí mismo por como ella había terminado.
En eso, ellos eran iguales.
Al momento en que la había abrazado, sujetado con tal fervor, su corazón había comenzado la carrera con su mente. Natsu de entre todas las personas, era la más cercana para ella y aunque siempre invada su espacio privado, es la única persona a la que ella puede recurrir ciegamente cuando está realmente devastada, no por no confiar en sus otros amigos pero porque Natsu es especial para ella. Sin embargo, ahora era él quién estaba junta a ella, necesitando evidentemente de ella.
Por su mente pasaron las imágenes de todas las veces que Natsu había ido a salvarla, las veces que había hecho cosas absurdas con tal de verla reír o simplemente complacerla. Fue tonta en no darse cuenta que Natsu es una persona cariñosa y atenta. Tiene su forma de serlo pero vamos, ella de entre todas las mujeres del gremio, debió notarlo con anterioridad. Debió notar que a pesar de que sí, Natsu es un lento y muchas veces hasta asexual en los detalles importantes, es porque él no es el tipo de persona de hacer algo aleatoriamente, no en realidad.
A pesar de todo, Natsu era una hombre muy inteligente y perspicaz. A su manera, claro, con sus limitaciones obvio. Ella lo había negado siempre, cada que alguien insinuaba que hubiera algo más allí salvo dos mejores amigos siendo ellos mismos en toda la extensión de la palabra, ella negaba las cosas reafirmando que a pesar de las apariencias, solo eran amigos. Es más, en los últimos tiempos, ella había aceptado y hasta seguido el hilo de esas actitudes poco normales por parte del peli rosado, creyéndose en todo momento saber más que los demás. Ahora lo veía, ahora que prácticamente le golpeaba en la cara la realidad entendió que frente suyo estaba simplemente… un chico, que quiere demasiado a una chica.
Y ella lo quería a él. Más que a nada.
Lyon…
El eco de sus brazos, de su voz y labios quiso hacerla dudar de todo lo acababa de comprender, buscando arruinar algo que llevaba años cultivándose. Sí, Lyon la salvó pero Natsu es Natsu, el que siempre estuvo a su lado, conociendo cada detalle de ella y nunca retrocediendo, nunca haciéndole pensar que él la juzgaría…
Atesoraría siempre los recuerdos de Lyon, a pesar de ser de los momentos más aterradores de su existencia y algo de lo que nunca podrá hablar con total libertad… Lyon había sido ese detalle, ese pequeño momento de calma y paz que en su estado, necesitaba.
Nuevamente el eco de sus brazos retumbó en su cuerpo al sentir a Natsu sujetarla de la cabeza para poder pegarla más a él. Temblaba como si estuviera asustado, dejando que ella viera cuán vulnerable era realmente.
Lágrimas cayeron por su rostro. Natsu la necesitaba, le estaba pidiendo a voces silenciosas que lo ayudará, que… que hiciera algo con su dolor que únicamente ella fue responsable de ocasionarle. Esto no era algo que él pudiera sacudirse de encima y volver a sonreír. No.
Comenzó a rodearlo con sus propios brazos buscando poder absorber todas sus penas, buscando poder… hacerle olvidar. Olvidar que ella pareció morir para que luego la encontraran en un bloque de hielo, prácticamente sin vida. Olvidar la angustia de que a pesar de tenerla al alcance de una mano, no poder salvarla de un hechizo que ellos conocieran irrompible.
Enterró sus dedos en sus cabellos rosados, dejando al mismo tiempo, que sus emociones fluyeran y se fueran junto a las de él. Natsu era su refugio y ahora ella sería el de él. En silencio, ambos se mantuvieron así, solos, abrazados, descargando las cosas de las que no podían expresar con palabras.
Ella le debía más de lo que quisiera reconocer. Natsu… Natsu era su familia, su casa, su todo…
Unos ojos oscuros aparecieron en su mente, observándola con la angustia más tormentosa que había visto en su vida. Queriendo sacudir esos ecos, esas comparaciones que su mente y cuerpo le daban, queriendo poner fin a tal falsa ilusión, se decidió por primera vez desde que lo conocía, a aclarar lo que eran.
"Natsu" llamó suavemente, dejando atrás cualquier autocontrol y poniendo su mente en blanco. En su mente seguían esos tristes ojos observándola "Mírame…" pidió susurrando ligeramente sacada de foco. Restregó su mejilla en la de él deleitándose con la corta barba que tenía, probablemente de un par de días sin afeitar.
Cuando Natsu decidió apartarse lo suficiente para poder verle el rostro, sintió que el calor trepaba por su cuerpo, junto a un pequeño vacío que no entendía por qué seguía con ella estando él entre sus brazos.
Los ojos jades de Natsu la observaban con muchas emociones mezcladas. Brillaban por las lágrimas pero al mismo tiempo, los matices de estos danzaban en lo que parecía un espectáculo mágico para ella. Aquellos ojos oscuros finalmente comenzaron a desaparecer pero necesitaba más. Necesitaba sacarlo de cada nervio de su cuerpo.
Se acercó lentamente, corriendo sus manos a sus mejillas y atrayendo el resto de centímetros de distancia, hacia ella para poder finalmente besarlo. Sus años de amistad habían tenido su final…
Sus labios eran suaves y al mismo tiempo firmes. Cálidos como su dueño. Natsu no se movía y sinceramente, no tenía intenciones de abrir los ojos y comprobar que era lo que pasaba, confiaba en él, confiaba en que todo lo que habían pasado juntos y la conclusión a la que había llegado, no fueran solo conjeturas sino una realidad.
Finalmente, Natsu la envolvió nuevamente, tratando de suprimir cualquier espacio que pudiera haber entre los dos, moviendo sus labios con unas ansias que ella no esperaba pero recibía y devolvía de la misma forma.
Sí… Natsu es mi familia, es mi hogar…
En unos segundos, las manos calientes de Natsu se convirtieron en unas frías, sus labios suaves pero firmes se volvieron unos refrescantes y delgados.. en su mente, a pesar de tener los ojos cerrados y no pensar en nada, la persona que estaba frente a ella no era su mejor amigo… Su cuerpo traicionero, había traído a la vida el recuerdo del albino, en esa caverna, en esa noche bajo la lluvia mientras se abrazaban los dos desesperados y las había mezclado para darle vida en estos momentos, en estos putos momentos.
Cada nervio de su cuerpo, cada pedazo de su piel, había convertido a Natsu en Lyon y a pesar de sentirlo incorrecto y querer darse una pata física… continuo besándolo. Besando a su mejor amigo mientras pensaba en quien la había salvado… Natsu no se lo merecía pero tampoco era culpa de ella…
Muy tarde… esto sucedió muy tarde… si hubiera sido antes… si hubiera sido antes… Comenzó a llorar sabiendo que de haber pasado antes... ella amaría a Natsu incondicionalmente para el resto de su vida si era necesario…serían los brazos de él quien la encendiera y llenara de vida pero… Tarde… tan tarde… que lo que era evidente, perdió sentido.
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Wow, una vida para terminar esto.
