Hola!
Les traigo un nuevo One Shot. Meses en el baúl y salió con todo para participar en el 6to Aniversario Korrasami.
De verdad, espero que les agrade tanto leerlo como a mí escribirlo para ustedes, y para esta gran pareja.
Disclaimer: La Leyenda de Korra y todos sus personajes pertenecen a Brian Konietzko y Michael Dante DiMartino.
EL BROCHE DORADO
Ese broche era mi favorito, aunque el azul también me agradaba. Los compramos en nuestras últimas vacaciones a la Nación del Fuego. Sabía que el dorado le daba un toque más elegante a mi vestuario... Y por eso lo reservaba para eventos importantes.
Recuerdo las veces que lo use... Y ahí estaba ella en varias ocasiones… Incluso la primer vez que la vi. A mí me pareció preciosa en su ropa tradicional de Tribu Agua del Sur, pero de gala. Y aunque no estaba maquillada ni nada de eso... Se veía realmente linda en ese vestido, cuando Mako nos presentó, no me dí cuenta que ella estaba de hecho, celosa ya de mí. No sé si en ese momento ya había pasado algo más entre ellos, pero no lo creo porque Mako actuaba muy relajado. Estaba impresionada de conocer al Avatar. Es decir, es una leyenda viva, y aunque camine entre nosotros, pocas son las personas por época que realmente pueden conocer al Avatar. Además, desde que se supo que era jugadora de Pro control, tenía más ganas de conocerla. En su momento fue un plus que Mako la conociera... O quizás... Desde esos momentos... Quizás. Eso explicaría porque estaba tan insistente en que viniera con nosotros y pasar tiempo con ella... Pero con todo lo que nos pasó después, no pude pensar en eso, sólo en cuántas ganas tenía de tener una amiga. Y que dejara en paz a mi novio. Qué vueltas da la vida. En retrospectiva es gracioso.
Mucho después, cuando vi como Zaheer estaba a punto de matar a Korra... Fue terrible. No pude más que quedarme ahí, viendo junto con todos los demás como Korra intentaba sobrevivir y pelear al mismo tiempo... Verla así había sido lo más difícil que yo había tenido que soportar en mucho tiempo. Era horrible y puro poder. Tenía miedo, pero nunca de ella. Sólo por ella. Por lo menos Jinora pensó rápido. Ver a Korra tan... Rota, fue duro. Ni siquiera lo pensé cuando le puse el broche, mi broche. El broche que mi madre me había obsequiado tan solo unos meses antes de… aquel suceso. Y me pareció tan natural ofrecerme a acompañarla al Polo Sur, hubiera ido con ella, y así se hubiera tardado los mismos tres años, habría estado cada día con ella. Mas ahora, ya no es tiempo de pensar en todo lo que pudo ser y no es.
No dejo de pensar en todo lo que ha pasado. Asami se ve realmente hermosa. De algún modo más madura, incluso cuando ella siempre fue la más estable y juiciosa de los cuatro. Mako también era maduro, mejor dicho: responsable. Pero Asami siempre sabía qué decir, cómo actuar, cuándo esperar y cuándo golpear. Durante estos tres años separados, he tenido mucho tiempo libre para pensar. Después de dejar de sumergirme en mi propia depresión y autocompasión, quedo tiempo para añorar y extrañar todo lo que ya no tenía. La ira, la envidia, la frustración y la tristeza me consumían a ratos y a veces por días enteros.
Las cartas de mis amigos no hacían más que variar e incrementar estas emociones. Mako poco a poco escalaba en la policía. Asami tenía impresionantes proyectos en pie. Bolin parecía saltar de una cosa a otra, pero se leía tan divertido y apasionado. Y yo, el Avatar, confinada a una silla de ruedas. De verdad sigo sin comprender la paciencia de mi mamá y de Katara. Me doy cuenta que mi ego, además del miedo, fue mi peor enemigo.
Cuando por fin empecé a ver a través de mi egoísmo, sentí nostalgia de mis amigos y del mundo. Extrañaba a Tenzin como jamás lo pensé, a él, a los niños y a Pema. Mi segunda familia. Y extrañaba a Asami, por sobre todo.
Cuando mi madre me trajo mis cosas a mi habitación y me dejo sola, estuve un buen rato solamente mirando a la nada. Al final, hice avanzar la estúpida silla hasta las dos bolsas donde estaban guardadas y rebusqué hasta que lo encontré. El mejor de los recuerdos que podía tener conmigo. El broche de Asami. Me lo había puesto para sujetar mi peinado en la ceremonia de Jinora y en el momento no pude apreciarlo. Era una pieza de joyería preciosa, de oro y algo más, la verdad es que no sé de esos asuntos. Hermosa en su sencillez… Igual que ella.
Ese broche se convirtió en mi talismán. En mi fuerza y en mi ánimo. Conforme los celos y la envidia se iban acabando, la añoranza los sustituía. Aunque no me atreví a contestar las cartas al principio, solo pude responderle con los meses a la chica que me había dado un pedacito suyo para guardar. Ese broche desentonaba con todo lo que había en mi habitación, y no tenía un lugar fijo, pues a veces me servía de pisapapeles al re leer las cartas de mis amigos, de amuleto cuando tenía que ir a terapia con Katara y como un extraño remedo de oso de peluche al dormir, pues siempre lo tenía pegado al pecho o bien apretado en mi mano, a modo de que cuando despertaba, tenía que desentumir los dedos.
El punto de inflexión fue cuando Katara me hizo ponerme en el lugar de Aang cuando despertó después de 100 años y encontrarse completamente solo. Me imaginé lo que sentí cuando vi a mi padre caer por el acantilado, replicado por mil, por diez mil. A mi madre, mis raros primos, Katara, toda mi tribu, perdida, y yo, sola. Mis amigos también, Tenzin y su familia, todo lo que yo conocía. Ahí fue cuando empecé a cambiar mi modo de pensar y a recuperarme, un poco.
Ahora estamos aquí de nuevo. En medio de una nueva crisis. Sólo he podido estar unos pocos días en Ciudad República, y no parece haber ningún momento bueno para hablar con Asami. Todos estamos estresados y medio locos, y los pocos minutos que le puedo robar al día junto a ella, no quiero arruinarlos con disculpas inconexas, porque de todas maneras no creo que nunca basten. Así que prefiero verla sonreír y concentrarse mientras idea junto a Varrick algo que nos pueda defender, algo que nos dé una ventaja. Además, aparte de toda la situación que ha provocado Kuvira, tiene el asunto de su padre. Se siente temerosa de cómo proseguir su relación con él y yo no sé qué aconsejarle. Solamente la escucho cuando quiere contarme. Me encanta sentarme con ella un rato mientras está trabajando, y me habla mientras no deja de estar atenta a la magia que hace con sus manos.
Estos días junto a Korra han sido maravillosos. Totalmente mágicos. Casi no lo creo. Es como si los tres años jamás hubieran pasado. Casi. El dolor de extrañarla todavía no se va. He esperado a que ella sacara el tema. Debe de estar preocupada por Kuvira. Jinora y Opal me contaron que de verdad estaba alicaída por la pelea que perdió contra ella. Yo sé que solamente necesitaba recuperarse al cien. Kuvira no sabe que perdió la apuesta desde que se opuso a Korra. Si ella la hubiera visto luchar contra Zaheer y el veneno, esto no estaría pasando.
La pelea final nos ha alcanzado. Kuvira se salió de control. Un mecatraje gigante nada más ni menos. Aparte del cañón espiritual. Todos están haciendo lo mejor que pueden. Nosotros debemos abrir la oportunidad. Somos la punta de lanza. Korra es el escudo. Nos está dando todo el tiempo que puede. Ya casi. Es increíble la habilidad y el poder que tiene. Kuvira no podría contra ella ni en su mejor día con Korra totalmente recuperada. Ya casi.
─ ¡Papá! ¡Vamonos, no se puede! ─
─ ¡Ya casi, ya casi! ─ Lo escuché susurrar en la bocina.
─ ¡Papá! ─
─ Lo siento, Asami… Te amo ─
¡NO!
¡No! ¡No!
Empecé a llorar sin que me diera cuenta. La información que mis ojos le transmitían a mi cerebro no era procesada. El amasijo de metal… y la sangre. Todo perdió sentido. Al menos por unos segundos. Grité y grité. Pero nadie me escuchaba. El viento se llevaba mis gritos, no había nada que pudiera hacer.
No había nadie.
Estaba sola.
Sola.
El paracaídas se abrió solo y mis manos reaccionaron a la tirantes de las cuerdas. Mi cuerpo me traiciona. Ya no veo ninguna razón por la que yo deba de salvarme. Levanto la mirada y el meca gigante se tambalea. La rabia me llena y decido que todavía hay por lo menos un motivo que haga valer la pena respirar. Venganza.
Maniobré como pude para aterrizar lo más pronto posible. Tenía que alcanzar a los demás y hacer todo lo que estuviera en mi mano para detener, de una vez y para siempre, a Kuvira.
Corrí hasta que mis pulmones estuvieran al límite. Lo único que pude hacer al final fue esconderme para que esa extraña implosión no me alcanzara. El corazón me saltó en el pecho y no se debía a la luz purpura, ni a mi recién carrera, sino a que en los últimos segundos, en lo único que pude pensar fue "Ella no". Ella no. No sabía cómo ni por qué pero estaba segura de que Korra tenía todo que ver con lo que estaba pasando. Tan pronto sentí que era seguro salir de mi refugio, volví a correr lo más rápido que pude al lugar en donde parecía ser el epicentro del desastre.
La explosión del meca traje no fue nada comparada con esta nueva oleada de destrucción. Mako gritaba desesperado llamando a Korra. Todos los Maestros aire que estaban en condiciones estaban ayudando a buscarla. Era un área de casi 1km2. Me uní a la búsqueda con toda mi sed de sangre aplacada por unos momentos. Si ella se había ido… de verdad estaría sola. Y sin decirle jamás, lo que de verdad significaba para mí. No podía perderla. No quería ni empezar a imaginar la posibilidad. Es Korra, por todos los espíritus, es el Avatar. Tiene que estar bien. Mako seguía gritando su nombre, cada vez más angustiado. Su sentir es solo una milésima parte del mío, pero yo no soy capaz de alzar la voz. Tengo un nudo doloroso que cada vez me desgarra más la garganta.
Cuando siento que no puedo más, al fin, en medio de la luz en espiral que une la tierra y el cielo, aparecen Korra y Kuvira. Juntas. Mi alivio es tal que lo único que puedo sentir de momento es gratitud. Más lágrimas bajan por mis mejillas. Está bien. Está de pie. Kuvira se ha rendido. Todo está bien.
Todos la abrazamos. Quisiera poder compartirla pero ya no aguanto. No con todo lo que acaba de pasar, todo lo que acabo de sufrir y pensar. No tengo que desperdiciar ni un segundo más, aunque ningún peligro nos aceche, de momento. Por que ya no perderé ni un momento más jamás. Tengo que decirle.
Parece que me ha escuchado, pues pienso con tal intensidad en ella, que no puedo más. Voltea a mirarme y se aparta de los demás para llegar conmigo. Ahora me sonríe, tan dulce como siempre y sé que puedo tener esperanza. A nadie le sonríe así. ¿Está mal que quiera ser un poco presumida?
─ Asami… Estás bien ─ Suspira con alivio.
─ ¿No creías que una No maestra pudiera con esto? ─ Le digo en broma.
─ ¡No! En lo absoluto. Sé que eres ruda ─ Me sonríe con camaradería. Pero no es lo que busco. Me acerco más a ella para acomodarle el cabello, pues unos mechones se han salido de su lugar habitual. Ella me devuelve una sonrisa tímida cuando ve lo que estoy haciendo. Algo duro me detiene de acomodar su cabello, así que retiró todo el mechón, temiendo que algo la esté lastimando.
─ Korra ¿Qué…? ─ Su timidez es casi palpable. Y se sonroja.
─ Es mi amuleto ─ Me dice casi en un susurro.
─ Es mi broche... ¿Lo has tenido contigo todo el tiempo? ─ Escondido debajo de su cabello, sosteniendo el mechón frontal para que no le cubra la cara, está mi broche dorado, que no he visto en tres largos años.
─ Nunca se ha separado de mí… Ni un día ─ Ahora su mano sostiene la mía y un sentimiento cálido me embarga desde donde nuestra piel se une. Me mira con ojos profundos e insondables, con una sola intención y una sola pregunta.
─ ¿En verdad? ─
─ Asami, lo siento mucho… Por todo, por favor, ya no puedo más ─ Me toma de las dos manos y ya no hay nada que nos pueda separar en este momento. No alcanzo a percibir el mundo que nos rodea.
─ Yo tampoco, no puedo más. Creí que te perdía. Estaba a punto de volverme loca, o peor ─ La agarré con más fuerza, mientras más me acercaba a ella. Soltó su mano derecha, pero solo para poder abrazarme.
─ No me atrevería a dejarte sola de nuevo ─ Escuché y sentí su sollozo ─ Lo siento tanto ─
─ Nada fue tu culpa. Ahora, por favor, quédate… conmigo ─ Me sentía tan egoísta, pero no podía dejarla irse sin luchar ni un poco por ella, empezar por pedírselo ─ Quédate conmigo ─ Imploré sobre su hombro.
─ Siempre ─ Me estrechó más fuerte y después me miró directamente a los ojos, hasta el alma ─ Siempre ─
No pude más. En medio de una sonrisa desecha y lágrimas, la besé. No había más que decir. Su mano rodeó mi cuello y la otra mi cintura. Mis manos subieron a su cabeza y se enredaron en su cabello. Sentí de nuevo mi broche, y lo apreté. Nos había unido. Mi madre me había obsequiado algo de nuevo en mi momento de mayor necesidad.
Nadie nos prestaba atención mientras los soldados de Kuvira se rendían y los demás buscaban heridos. Me separé de ella para unir nuestras frentes. Y las dos sonreímos.
─ Siempre ─ Susurramos al mismo tiempo.
Notas finales:
Había tenido la idea de participar, pero la hoja en blanco me devolvía la mirada, y nada más. La inspiración no llegaba. 200 míseras palabras era todo cuanto tenía, y justo dos días antes de la fecha límite pude escribir el resto (y cambiar todo el principio de paso).
Dejen sus reviews que siempren me alegra el día leerlos :3
Namaste.
