Capítulo 5


Si bien la mayor parte del tiempo desde que se levantó hasta que llegó al trabajo estuvo repitiendo la voz de Eren en su cabeza, Levi tenía otras cosas de las qué preocuparse, por lo que entró a la oficina bastante decidido a interrogar a Hange. La mirada que cruzó con el jefe apenas atravesó la puerta, sin embargo, le dio ánimos para abstenerse hasta el almuerzo.

Abrió la computadora y revisó la aplicación en que anotaba sus tareas hechas y por hacer. Nunca había acumulado tantas tareas en dos días y aún le faltaba agregar las que le asignaran hoy. No entendía qué le estaba pasando. Alcanzaba que Hange se metiera en su vida un momento para arruinarlo todo, eso es lo que pasaba.

Le molestaba el celular en el bolsillo y decidió sacarlo de allí y apoyarlo en el escritorio. Pero claro, ¿qué ocurrió cuando lo puso boca arriba? De inmediato vio la lucecita verde que él sabía muy bien lo que significaba. Empezó a ponerse nervioso. Era incómodo tomar consciencia de lo pendiente que estaba de un tipo al que conocía hacía menos de tres días. No, ni siquiera: de hecho, no lo conocía en absoluto, chatear no era conocerse. Ni lo era mandarse audios. Definitivamente mandarse audios no era conocerse. Sin importar lo muy sexy que esos audios fueran.

¿¡En qué estaba pensando!?

Concentrarse, Levi, concentrarse… Además, esa voz podía ser muy sexy, pero, ¿habían hablado de algo que valiera la pena? Eren le había contado su día (¿cómo podía dedicar tanto tiempo a describir acciones que podían resumirse en "trabajar" y "jugar videojuegos"?), le había explicado el problema que surgiera en su trabajo (Levi no entendió nada excepto que hacía algo con computadoras) y después… después, nada. Los mensajes casi no tenían sentido. Le pedía fotos, jugaba a murmurar palabras graciosas, tarareaba canciones y le pedía que las adivinara y otras cosas por el estilo que Levi escuchaba varias veces pero que en general no contestaba.

Había algo de absurdo en esa dinámica. ¿Por qué Eren le seguía hablando, en realidad? ¿Había hecho algún mérito? Bueno, Levi creía firmemente de sí mismo que era una persona inteligente, responsable y muy pulcra, esos eran sus mayores dones. Sin embargo, difícilmente los hubiera demostrado en sus respuestas monosilábicas y ocasionales. Al menos no lo había insultado ninguna vez, y eso que simular amabilidad sí que no era su punto fuerte. Aunque tampoco sabría reconocer si simulaba… Bien, bien, ¿qué eran estas reflexiones inútiles? ¡A trabajar! Dio vuelta el celular, en la esperanza de borrar a Eren de su cabeza por un momento, y trató de enfocarse en sus tareas.

Aunque teniendo que masajearse los lados de la cabeza de vez en cuando para no perder el foco, logró resolver durante la mañana las deudas más importantes del día anterior. Las menos importantes las puso en otra carpeta, para planificar cómo eludirlas más tarde.

Había estado todo ese tiempo sin mirar el celular y sin abrir Facebook en la PC. Sin lugar a dudas esa era la mejor manera de trabajar. Decidió que revisaría los mensajes de Eren antes de bajar al comedor, le contestaría alguna cosa y luego dejaría el aparato dado vuelta otra vez hasta las seis. Sí, eso sería lo más sano.

Cuando a las 13.30 abrió el Messenger, se encontró con tres audios, una foto de una mano revolviendo una olla y cuatro mensajes, dos de ellos conteniendo algún tipo de receta. No le pareció viable escuchar los audios en la oficina y la receta no era la gran cosa, así que solo se quedó mirando la imagen. Ahí estaba de nuevo el huequito debajo del índice. Y eso, ¿no era un lunar? Sí, en el comienzo del brazo tenía un pequeño lunar muy bonito.

"Se ve rico".

No era muy claro a qué se refería, pero al menos le había contestado. Pronto le llegó una respuesta.

"¿Le gustaría probarlo?".

Lo que visualizó Levi en su boca en ese momento no fue exactamente comida y estuvo a punto de cerrar la conversación solo por vergüenza. Luego cayó en la cuenta de que la pregunta, incluso sin doble sentido, era bastante atrevida. ¿Lo estaba invitando a su casa o qué? Tal vez solo era una broma. O estaba hablando de que reprodujera la receta. Bien, daría una respuesta ambigua también y ya.

"En mi trabajo tenemos comedor. Quizás en otra ocasión".

Y enseguida:

"Le tomo la palabra, eh!", acompañado de un smiley guiñando un ojo que Levi supo interpretar como un plus de picardía.

¿A qué cuernos se estaba comprometiendo? Tenía que ser más cuidadoso en la elección de sus palabras. Finalmente, optó por cortar por lo sano y señaló que no podía hablar mucho durante el horario laboral. Por la noche lo leería, si quería escribirle a lo largo de la tarde. Al ver que Eren empezaba a protestar, cesó la aplicación, se puso el celular en el bolsillo y enfiló para el ascensor, donde lo esperaba Hange.

Verla le recordó que tenía asuntos importantes que discutir con ella.

—Han... ¿Quiénes son los 52 contactos que hay en mi perfil? Solo te reconozco a vos y a mi prima Mikasa. Y creo que estaba el imbécil de Moblit.

—Buenos días primero, ¿no? Hoy ni pasaste por mi cubículo.

—Venía concentrado.

—Ya me imagino en qué.

Las puertas estaban cerrándose cuando Hange vio a Moblit acercándose, por lo que apretó el botón para abrirlas.

—Ey, gracias —murmuró su colega al entrar, con el tono dubitativo de siempre, como si esperara que lo dejaran afuera a propósito. —¿Todo bien, chicos?

—Todo perfecto, acá le estoy enseñando a Levi a usar las redes sociales, ¿no, enano?

Levi le dio un codazo seguido de una mirada de furia.

—¿Ah, sí?

—Es solo una broma interna, no la escuches —aclaró Levi.

—Pero es verdad que me agregaste a Facebook hace unos días y que ni siquiera tenés foto de perfil, ¿no hablaban de eso?

El más bajo entrecerró los ojos.

—No, no hablábamos de eso.

Hange, aguantándose la risa, alzó las cejas en dirección a Moblit para indicarle que luego le explicaría. Él sonrió comprensivo y al llegar al comedor alegó que había quedado en almorzar con otro compañero para despedirse rápidamente de ellos.

Una vez sentados en su tradicional mesita apartada, Hange retomó la conversación.

—Bueno, ¿qué era lo que me preguntabas antes?

—Que quiénes son todos esos contactos, de dónde salieron. Tengo cincuenta y pico.

—Ni que fueran tantos.

—Lo son si solo conozco a tres o cuatro. Bueno, ¿y quiénes son?

—Ah... son las personas que le daban me gusta a algún comentario tuyo o algo así... los agregué cuando te hice el usuario y te metí en los grupos. Aunque Eren ya me dejaba comentarios en cuanta página estaba, pero no iba a apostarlo todo a un solo número, claro. ¿Por qué? ¿Te gusta alguno?

—¡No! ¡Ni sé quiénes son!

—Claro que no sabes quiénes son, así funcionan las redes sociales, lo sabrás chusmeando sus perfiles y chateando con ellos.

—No pienso iniciar una conversación con esos tipos desconocidos.

Hange suspiró.

—Suerte que apareció este Eren, sino... ninguna red social iba a salvarte de tu eterna soledad.

Levi se quedó en silencio durante un rato.

—¿Crees que... crees que Eren también haya agregado a otros tipos, ese día que me agregó a mí?

Hange se bajó los anteojos para mirarlo con atención.

—Sería perfectamente razonable que lo hubiera hecho. Es evidente que anda de levante, sino nada haría que soportara de tan buen humor tus continuos desplantes, sabés.

Él volvió a sumirse en silencio. ¿Con cuántos hombres estaría hablando Eren en ese momento? Los otros probablemente le estarían contestando, en lugar de tener mil prioridades antes. ¿Le mandarían fotos más interesantes que las de él? Seguro eran fotos atrevidas, fotos sexys. Él no podría mandar eso, nunca. No era competencia. Eren solo le hablaría mientras esperaba que los otros picaran. Cuando tuviera una presa segura, se olvidaría de él. Solo estaba entreteniéndolo. Eso era todo. Bueno, él tampoco era un gran entretenimiento, así que quizás ni siquiera esperaría a encontrar a alguien mejor antes de considerar abandonar sus conversaciones. Se dio cuenta de que estaba frunciendo demasiado el ceño cuando Hange le dio un golpe en la frente.

—¿Qué pasa, enano, estás celoso? No llevan ni tres días hablándose. No seas tan pretencioso. Si las cosas salen bien, ya hablarán de exclusividad más adelante.

Él solo se encogió de hombros. De pronto Eren le daba asco. No quería volver a hablar con él. Se lo imaginó copiando y pegando sus eternos monólogos en diferentes chats, a ver quién le contestaba. Luego vio las fotos sucias que le enviaban esos otros hombres sin pudor. No quería hablar con alguien que lo considerase uno entre muchos. Eren no era uno más, se estaba dedicando solo a él. Aunque eso era porque no había otras personas que le pudieran interesar. Bien, quizás sí estaba siendo pretencioso, pero… Quería revolverse el pelo y gritar. Apretó los dientes.

Tal vez no era demasiado tarde para olvidarse de toda esta tontería de las redes sociales.


Notas de Autora: ay… este Levi nos traerá complicaciones, sépanlo. En fin, ¡espero que les haya gustado el capítulo! Si le tienen fe a esta historia, porfi recomiéndenla, vivo de sus comentarios hermosos. Les cuento que en mi página de Facebook estamos por llegar a los 500 me gusta y para celebrarlo haré un concurso, así que si quieren ganarse un fic mío sobre el tema que quieran, presten atención a la página :). Les dejo un abrazo enorme, ¡nos vemos el próximo sábado!

PD. Otra vez no se me ocurrió ningún glosario, avísenme si quieren que clarifique alguna palabra.