Capítulo 6


Agradezco especialmente a Daris Teufell y a Perla Lae por sus primeras lecturas y opiniones.

Todo 35 y solito está dedicado a Luna de Acero.


El jueves, Levi llegó a la oficina con más ojeras de lo normal.

El día anterior, tras su tradicional baño, se había dedicado a limpiar minuciosamente su casa y, cerca de las 22.30hs, cayó rendido en su cama.

Pero a la hora lo despertó su estómago, reclamándole por haberse salteado la cena, y de ahí en más no pudo conciliar el sueño. Tenía un nivel de ansiedad terrible sobre el cual se negaba a meditar. No obstante, despierto y recostado en su cama no era sencillo esquivar las reflexiones, por lo que acabó por levantarse y ponerse a cocinar.

Al final, no solo cenó, sino que dejó preparados dos platos distintos para comer en otro momento. Consiguió dormirse pocas horas antes de que sonara el despertador.

Así que ahí estaba, hecho un zombie, cuando Hange pasó detrás de su cubículo y le dio un codazo. Aún no podía reconocerse si estaba efectivamente vivo, por lo que Hange decidió repetir el golpe. Podría haber revisado si respiraba metiéndole un dedo en la nariz, pero la intuición le decía que no era la mejor opción. En cuanto lo vio sacudir un poco la cabeza, soltó el discurso que venía guardándose.

—¡Hola, Levi! ¿Qué tal todo? ¿Qué onda con esa cara de muerto? —antes de que él pudiera contestar a algo de todo eso, ella prosiguió con el tema que evidentemente la había llevado hasta allí. —¿Me trajiste el diccionario de alemán que te pedí?

Él se restregó los ojos y parpadeó, intentando unir en su mente unas palabras con otras.

—¿De qué hablás? No recuerdo que me hayas pedido nada.

Hange bufó, decepcionada.

—Te llamé y te mandé un mensaje… aunque me daba el contestador, ¿te funciona mal el teléfono?

—Ah… —desvió la mirada. —Lo tengo apagado.

—¿Apagado? ¿Por?

Hizo una mueca, quitándole importancia.

—¿Y vos para qué querés mi diccionario de alemán?

—Encontré un artículo genial sobre nuevas líneas de aplicación de la física cuántica, ya sabés que amo esas cosas. Pero bueno, está en alemán, y no confío en el traductor de Google, esa mierda te pasa las palabras al inglés y de ahí al alemán, cero fidelidad.

—Han, por más que hayas ido a un colegio alemán de chica, no creo que te alcance un diccionario para leer un artículo académico de esas características.

—No tenés idea de lo que soy capaz de lograr cuando encuentro algo que me interesa.

—Pfff… tengo más idea de la que quisiera. Bueno, mañana te traigo el diccionario, ¿ok? Pero me lo devolvés rápido, me gusta llevarlo a clase y el lunes ya curso.

—¿Solo me lo prestás por un maldito fin de semana? Tu solidaridad es infinita.

—Podría ser peor, no te quejes.

Hange negó con la cabeza, resignada a que su amigo tuviera la sensibilidad de un tronco, y se despidió para ir hacia su computadora.

Levi, por otro lado, decidió que si quería sobrevivir al día necesitaba un café, por lo que minimizó los archivos en su computadora y se encaminó a la pequeña cocina ubicada al final del pasillo. Casi le da un infarto cuando vio que la cafetera tenía un papel pegado con cinta adhesiva aclarando que estaba descompuesta.

—Ah… fantástico.

Agarró la cafetera de todos modos y la examinó, como si con su simple mirada pudiera arreglarla. Petra, una colega que estaba junto a él preparándose un té, lo observó con compasión.

—En la heladera está el número de teléfono de la cafetería de la esquina, ¿por qué no pedís un café ahí? Da la impresión de que… bueno, de que lo necesitás de verdad.

Sus ojos pasaron de Petra a la heladera un par de veces, hasta que se dirigió a esta última sin pronunciar palabra. Memorizó el número y luego sacó su celular. La pantalla negra, sin la habitual luz verde titilante, le recordó por qué estaba en ese estado en primer lugar.

—Mmm… —reunió fuerzas para comunicarse con alguien que no fuera Hange. —Gracias por el consejo… y… mmm… ¿me prestarías tu celular para hacer la llamada?

Petra apoyó su taza en la mesada y le sonrió con amabilidad.

—Sí, seguro, ¿qué le pasó al tuyo?

—Nada… —murmuró Levi mientras tomaba el aparato que le extendían. —Quiero decir, sí, le pasa algo… o sea…

Ella se cubrió delicadamente la boca con las manos para que no se notara que se estaba riendo.

—Está bien, Levi… ya entendí. Te espero mientras llamás.

—Sí… eso… gracias.

Mientras volvía a su cubículo a aguardar por el café que había encargado, se pasó la mano por el cabello como si eso fuera a disminuir su exasperación. ¿Por qué estaba tan nervioso? ¿Por qué le molestaba hablar con gente? Es decir, por qué le molestaba más de lo habitual. ¿Cada vez que le preguntaran por su teléfono actuaría como un estúpido? Parecía que sí. ¿Y cuánto tempo duraría esto? ¿Hasta que Eren olvidara su número? Ah, no… Eren no tenía su número, le escribía por Facebook. Tenía que dar de baja su maldito usuario. Sí… mañana… o pasado… sí, uno de esos días, le pediría a Hange que lo ayude con eso y podría volver a encender su teléfono.

Después de tomar el café, las cosas mejoraron un poco. Aunque seguía alterado, la concentración le duraba lo bastante como para contestar los correos del día y finalizar los informes. Incluso armó una presentación de Power Point para una reunión en la que participaría el viernes.

En el medio de todo eso, aprovechó la comida demás que había cocinado el miércoles y, en lugar de bajar al comedor, agarró el tupper que se había traído y se fue a comer solo a la plaza del Vaticano, que estaba enfrente. Se sentó de cara a la pantalla gigante que pasaba publicidades de las obras que se realizaban en el teatro Colón, ubicado en la misma manzana. Estuvo absorto en los mismos videos, una y otra vez, durante la media hora que tardó en acabar de almorzar.

Su cara de muerto debía de ser relativamente impactante, porque a las 18hs Hange le propuso tomarse juntos el subte*.

—¿Vos no te tomás un colectivo* normalmente?

—Sí, pero hoy voy a otro lado.

Levi sospechó, pero no estaba de ánimos para resistirse. Alcanzó que pisaran la estación para que Hange sacara el tema de la discordia.

—¿Y cómo va todo con Eren?

Levi apretó los dientes. Luego respiró hondo y concluyó que evadir la pregunta no era la mejor opción.

—Decidí dejar de hablarle.

—¿¡Qué!? ¿Por qué?

Uff, ya se venía venir este nivel de entusiasmo por parte de su amiga. Intentó aplacarla con su parquedad.

—Perdí el interés.

—Oh, vamos, Levi, nunca te había visto tan pendiente de alguien como estos tres días, ¿así nada más perdiste el interés? ¿No me estarás ocultando algo?

—Yo nunca miento, es como soy, cuatroojos.

—Qué no vas a mentir vos, enano bífido... Apuesto a que tu cara demacrada se debe a esto. ¡Lo tengo! Es por la conversación que tuvimos ayer, ¿cierto?

—No sé de qué hablás.

—¡Claro! Te estás imaginando a Eren conversando con otros posibles contactos y te morís tanto de celos que preferís dejar de hablarle. ¿Es eso o no?

—Por supuesto que no.

La llegada del subte interrumpió su discusión. Ya en el vagón, apretujados entre la muchedumbre, Hange insistió.

—Levi… es imposible mantenerme lejos de la verdad por mucho tiempo y lo sabés.

—Está bien, está bien… —murmuró Levi en voz baja, intentando no llamar la atención de los demás pasajeros y preocupado por que Hange pudiera gritar si seguía negándose. —es solo que… me da asco.

—¿Asco? ¿Qué mierda te da asco de que tenga otros contactos además de vos en su perfil?

Con esfuerzo, juntó energías para sincerarse.

—No, no sus contactos, sino que tal vez… tal vez esté con otros hombres, ¿entendés?

—¿…y?

—Bueno, pienso en su cuerpo… con fluidos y cosas de otros hombres… ugh, es asqueroso. No me gustan esas cosas, ¿ok?

—¿Qué cosas, los cuerpos humanos? ¿El sexo? ¿La felicidad?

Levi hizo una mueca.

—Bajá el volumen, querés. Es… es sucio, vos que estás sucia siempre no lo podés entender, pero a mí me gustan las cosas limpias.

—Querrás decir, las cosas tuyas. Lo que querés simplemente es tener el monopolio sobre Eren.

—¿Y qué con eso? ¿Es un deseo tan raro?

—Más que raro es patológico, sobre todo en una persona que no está dispuesta a ceder en nada nunca. Mirá, enano, pensá esto: ¿por qué mierda Eren reservaría su cuerpo de Adonis para un tipo que es capaz de descartarlo solo porque tiene la misma cantidad de contactos de Facebook que él? ¡O sea, quizás sí se lo esté reservando, pobre diablo! Se va a quedar sin el pan y sin la torta. No podés especular con la fidelidad de una persona x de las redes sociales tres días después de conocerlo, ¡TRES-DÍAS-DESPUÉS, Levi!

—Por favor, no grites, todos nos están mirando —se revolvió como pudo en su lugar, incómodo. —¿Querés decir… que estoy siendo drástico?

—POR SUPUESTO que estás siendo drástico, Levi. De hecho, Eren podría estar en una orgía con veinte tipos en este momento que DE TODOS MODOS sería drástico que dejes de hablarle por eso. Recién se están descubriendo. En unos años, cuando te animes a darle tu número de teléfono, quizás puedan considerar pasar a la etapa de la monogamia, pero por ahora, por dios dejá de pensar en eso y ocupate en conocerlo un poco más, ¿dale?

Levi suspiró, invadido por sentimientos encontrados.

—Está bien… lo voy a pensar.

—No sé qué tenés que pensar. Si tuviste que apagar el celular porque sino no podías evitar leer sus mensajes, se me hace bastante evidente que lo que más querés en la vida es hablarle de nuevo. Y no me vayas a negar que esa es la única razón por la que tenés el teléfono apagado desde ayer.

Se encogió de hombros.

—Puede… puede ser.

Ella le palmeó la espalda, para lo cual tuvo que hacer un movimiento retorcido entre medio del resto de los viajantes de la hora pico.

—Bien, buen muchacho, así se habla. En esta estación me bajo, ¡pero mañana me contás sin falta cómo fue retomar la conversación con Eren!

Y le guiñó un ojo, mientras caía en el andén y era arrastrada por la multitud que se bajaba allí. Levi se quedó mirándola, pensando en que viajar en subte también era bastante asqueroso. Consideraría dejar de hacerlo.


Notas de Autora: este capítulo no me salió muy gracioso, perdón u.u Prometo que el siguiente compensará. Les agradezco muchísimo por sus reviews, favs y follows. Lo mejor de estar publicando esto es la devolución que me hacen ustedes, así que aunque más no sea un escueto "me gustó", no dejen de escribírmelo, por favor. Les mando un abrazo gigante y ¡hasta el próximo sábado!

Glosario

*subte: forma abreviada de "subterráneo", expresión que utilizamos para referirnos a los trenes que viajan bajo tierra. En otros sitios le llaman "metro", por ser transportes principalmente metropolitanos. En Buenos Aires hay seis líneas de subte, identificadas por un color y una letra: A (celeste), B (rojo), C (azul), D (verde), E (violeta) y H (amarillo). Durante la hora pico, viaja tanta gente que apenas se puede entrar. De todos modos, las personas los siguen eligiendo porque son mucho más veloces que los colectivos.

*colectivo: a menudo llamado "bus" en otros países, es el transporte público más habitual en Argentina y consiste en una especie de camioneta alargada en la que entran aproximadamente 20 pasajeros sentados más otros tantos de pie. La expresión vulgar para llamarlo es "bondi". La mayoría de las veces se identifica su recorrido por su número.