Capítulo 7
El jueves tampoco pudo dormir. Se puso a ver por milésima vez Good bye, Lenin!* para practicar su alemán. Quizás porque él también había sido abandonado por su padre, siempre le emocionaba ver esa maldita película. La diferencia con los protagonistas era que él ni siquiera había llegado a conocerlo. Daba igual, al menos no estaba pensando en Eren.
Si Kuchel, su madre, se enterara de estas discusiones internas que estaba teniendo se burlaría de él por meses. Eso, después de pasar por la euforia y la decepción de saber que estaba conociendo a alguien al fin y que luego había decidido cortar por lo sano. No iba a ser divertido pero ya quería que fuera sábado, el día que habitualmente ambos se reservaban para una llamada por Skype.
Ya hacía dos años que ella había conseguido ese trabajo en un hotel de Berlín especializado en turistas latinoamericanos de clase alta. Desde entonces, Kuchel lo había visitado en dos ocasiones. Ella hubiera preferido que fuera él, pero Levi sentía terror de viajar y más aún a un país cuyo idioma solo chapuceaba. Por eso estudiaba alemán fervorosamente: la idea era sentirse listo para ir a verla el próximo año.
Kuchel ya le había explicado que ningún turista necesitaba el alemán para recorrer el país, y menos para quedarse en una ciudad tan cosmopolita como Berlín, pero no había modo de convencerlo. Si le costaba comunicarse en Buenos Aires, donde vivía desde los 23 años, no se imaginaba lo difícil que sería lidiar con un montón de gigantones rubios y atractivos que no supieran que Argentina existía.
Lamentablemente, toda su reflexión sobre el alemán acabó por recordarle que el apellido de Eren parecía alemán y comenzó a preguntarse si sabría algo al respecto, si habría estado en el país, si…
No, no… nada de eso le importaba… en lo absoluto.
Tras muchos esfuerzos, logró dormirse cerca de las cuatro de la mañana, mientras intentaba ver Keiner liebt mich*, de la genial directora Doris Dörrie, sin subtítulos. Debía implementar eso de ver películas sin subtítulos más seguido, definitivamente no era mala solución para este insomnio que amenazaba con instalarse en su vida.
El viernes fue más astuto y se compró el café antes de entrar a la oficina. De todos modos, descubrió que tan astuto no había sido porque varios colegas lo miraron raro cuando entró. Fue al baño a mirarse al espejo y encontró lo esperado: se había volcado café caliente en gran parte de su camisa blanca y estaba tan dormido que no había sentido una mierda. Era el colmo. Necesitaba matar a Jäger. ¿Qué? ¿Eso qué tenía que ver?
—Algo seguro tiene que ver —murmuró para sí mismo, mientras se pasaba inútilmente las toallas de papel por la tela manchada.
Tras soportar las burlas de Hange toda la mañana, usó la hora de almuerzo para regresar a su casa a cambiarse. Miró la cama con un deseo mortal y luego procedió a regresar al subte B. A Dios gracias vivía a media hora de distancia de la empresa, porque si aún viviera en el Conurbano* como en sus primeros años allí, bonito espectáculo hubiera dado con la ropa empapada el maldito día entero.
En el camino se tomó otro café, teniendo más cuidado esta vez, y en su desorientación olvidó alimentarse.
Hacia las dos, durante la reunión programada, le bajó la presión, por lo que Petra lo obligó a comer unas donas que había comprado para la merienda. Preocupada, acabó por correr el rumor de que Levi estaba deprimido (¿¡cómo mierda llegó a esa conclusión!?), así que a lo largo de la tarde varios colegas con los que hubiera preferido no hablar le trajeron chocolates y se interesaron por su salud.
Levi los miró con odio a todos. En particular, pasó lista mental a los objetos filosos que tenía a mano cuando reconoció que Petra se acercaba al cubículo de Hange. Apostaría su sueldo entero a que le estaba pidiendo a la cuatro ojos, única persona con relativo acceso a Levi, que lo arrastrara a alguna estúpida fiesta.
Dicho y hecho: recién eran las cinco y media cuando Hange lo buscó para comentarle que todo el piso había acordado irse de after office a la salida para probar un bar que habían abierto a tres cuadras un mes atrás.
—Hange, sabés perfectamente que odio esos lugares. No sé qué boludez* te habrá dicho Petra, pero si creés que tenés que levantarme el ánimo, lo mejor que podés hacer es dejarme irme a mi casa a dormir, solo, en silencio.
—Ohhh, vamos, enano gruñón, te va a hacer bien… si realmente vas a seguir sin hablar con Eren, lo menos que podés hacer es intentar comunicarte con otros seres humanos. Volver a tu solipsismo de siempre no te va a traer nada nuevo.
—No me estaba yendo tan mal encerrado en mi caparazón.
—¿Hablás en serio? ¿Querés que te pegue o qué?
Levi suspiró. Odiaba los after office en los que hubiera más de un par de personas involucradas, así que les escapaba como a la peste. Pero era cierto que llevaba dos días sin dormir y que tenía que probar algo, lo que fuera, para cambiar su estado de ánimo. Tal vez emborracharse como un idiota le hiciera bien. No tenía por qué intercambiar palabras con nadie, más allá de señalarle al barman el 2x1 que quería y asentir cuando le preguntaran si quería más. Bueno, no perdería nada intentando.
—Vos ganás, Han… pero si alguien viene a joderme pretendiendo una conversación conmigo, tu responsabilidad como autora intelectual de esta situación es rescatarme, ¿queda claro?
—Clarísimo como tu segunda camisa del día, Levi.
Se sacaron la lengua mutuamente. Levi se sintió infantil pero estaba de tan mal humor que nada podía empeorarlo.
Poco después, el diccionario de alemán pasaba de la mochila de uno a la de la otra y se subían juntos al ascensor, donde los esperaban Moblit y Oluo, otro colega que Levi despreciaba. Para su sorpresa, Hange elevó el celular y tomó una selfie de todos allí apretujados.
—¿Qué carajo hacés, cuatro ojos de mierda?
—Comparto con el mundo mi victoria sobre vos, Levi.
Y le mostró la publicación que estaba haciendo en Facebook:
"Arrastrando al enano a un after office… dénme mi premio! —con Levi Heichou, Moblit Berner y Oluo Bozado en Sina Bar."
—Estoy seguro de que en el fondo de tu alma perversa me hiciste un usuario en esa red del mal nada más que para hacer algo como esto.
—¡Bingo! —exclamó ella, guiñándole un ojo.
—¿Hange te hizo un Facebook, Levi? ¿Cómo permitiste que te pasaran al lado oscuro? —intervino Oluo, con su característico tono petulante.
—No te hagas, vos, que vivís pendiente de las redes sociales. Subís selfies todas iguales cada cinco minutos, no podés quejarte de nada.
—No son selfies, querida, son obras de arte de la fotografía contemporánea…
—Uff, tremendas obras de arte…
Ya en el portal del edificio, aguardaron a los demás confirmados y comenzaron a caminar hacia el bar. El hecho de que fueran casi quince personas moviéndose al unísono alteraba bastante a Levi, que acabó por quedarse al fondo con Moblit, quien por suerte era bastante respetuoso de su misantropía y no trataba de hablarle si no era necesario.
Cuando llegaron al bar reclamaron una mesa para todos, lo que no había, por lo que durante un rato estuvieron moviendo muebles y haciendo acrobacias hasta que lograron repartirse en dos mesas próximas una de la otra, apropiándose de medio local. Levi se dedicó a consumir alcohol en silencio, dejándose arrullar por el griterío, la música pop que era cada vez más monótona y la luz violácea que definitivamente invitaba al sueño.
Sin embargo, los ocasionales empujones de sus colegas, las risas que buscaban su complicidad y otros gestos amistosos que no quería recibir, lo mantenían despierto y ansioso. Repartía su mirada entre los compañeros que más conocía y el resto de los clientes del local. Trató de imaginarse una historia para ellos, como si fueran un personaje de Hesse o si estuvieran en una película como las de Doris Dörrie. Esa parejita heterosexual de la punta se coqueteaban con una desvergüenza que solo podía querer decir que estaban de trampa*. Bueno, quizás estuvieran enamorados, pero probablemente estuvieran de trampa. Y esos cuatro de allá, ¿eran amigos? ¿Tantas personas amigas a la vez? ¿No serían más bien un grupo de terroristas planeando la mejor manera de poner una bomba debajo de su mesa para acabar sus absurdos sufrimientos?
Ninguno de esos argumentos sonaba a Herman Hesse, a decir vedad.
¿Y qué historia habría detrás de aquel chico de remera* rayada que acababa de entrar, mirando para todos lados como si viniera escapándose o estuviera buscando a alguien? Era alto y delgado, sus brazos se veían bastante musculosos, ¿sería deportista? Tenía unos ojos muy llamativos, sí, de un color verde que… UN MOMENTO…
—…yo conozco esos ojos… —murmuró para sí mismo, entrecerrando los propios para fijar la vista.
Y de pronto, a pesar del alcohol y el sueño y la vida, todas las fichas cayeron. Se paró de un salto y corrió hacia la barra, donde Hange pedía el cuarto 2x1 para compartir con él. Sin mucho disimulo, se colocó detrás de su espalda, asomando apenas el rostro sobre su hombro, como quien otea la distancia.
—Ey, ey, ¿qué te pasa? Te dije que yo invitaba esta tanda de tragos, ahí te los llevo, no seas impaciente…
—No, no… no es eso… necesito que me escondas durante un rato.
—¿Qué te esconda? Sos pequeñito pero tampoco para que no te puedan ver, Levi, ¿de quién te querés esconder?
Le señaló hacia delante con una inclinación de cabeza.
—¿De Oluo?
—No, no en nuestra mesa… más atrás, ese chico que está sentado solo, el que está hablando con la moza.
—¿Y quién es ese? ¿De dónde lo conocés?
—Hange, actúa como mi amiga y tapame hasta que se vaya del bar sin preguntarme nada, por favor.
—Ser tu amiga no me hace cómplice de cualquier delirio en el que te metas, enano, decime qué carajo pasa…
—Bueno… es que…
—¿Qué? Ya me estoy cansando de hablarte mirando para otro lado y escuchar tus cuchicheos en mi oreja, quiero que lo sepas.
—¡Está bien, perdón! Pero… c—creo que es… creo que ese es Eren.
Notas de la Autora: los párrafos iniciales me quedaron muy largos y aunque lo intenté no logré acortarlos, lo siento. Bueno, ahora que más o menos está planteada la historia, trataré de ir metiéndome con algunos temas colaterales, como el resto de la vida de Levi más allá de Eren, y la vida de otros personajes que andan dando vueltas por ahí, como Petra por ejemplo. Esta vez sí tenemos un largo glosario, espero no les resulte incómodo. Les agradezco los reviews que me dejaron hasta ahora y les pido que porfi porfi porfi sigan dejándolos, son mi alimento durante toda la semana. En el último capítulo no recibí ni un review y me rompieron el corazón ;_; (es broma, lo entiendo, pero bueno... si me dejan unito por lo menos ya me harán más feliz jeje). Por cierto, por si alguien aún no lo sabe, tengo una página de Facebook donde subo dibujos de mis lectores, concursos, traducciones y otras cosas, síganme si quieren estar al tanto de las novedades :) Les dejo un gran abrazo!
Glosario y aclaraciones
*Good bye, Lenin!: película alemana muy famosa, dirigida por Wolfgang Becker. Relata la vida familiar de un muchacho que resulta atravesada por la caída del muro de Berlín y el pasaje de la Alemania Oriental del comunismo al capitalismo. Su madre tiene una salud delicada y, para no asustarla, decide ocultarle el cambio, lo cual implica disfraces, noticieros falsos y otras locuras. En el medio de esa farsa, empieza a sospechar que su padre no los abandonó por los motivos que él creía.
*Keiner liebt mich: puede traducirse como "Nadie me quiere" y es una película bastante bizarra que retrata una situación similar a la de Levi: una chica con una vida aburrida llega a los 30 años y comienza a sufrir que los demás esperen de ella una pareja. Lo interesante es que no cae en ningún cliché, los personajes son realmente curiosos y todo el desarrollo de la trama es inesperado. A Levi le gusta mucho esta película, aunque detesta la mugre en que viven varios de los personajes.
*Conurbano: como en otros países, le llamamos así al conjunto de ciudades que está alrededor de una capital y que en general viven de ella. En Argentina, el Conurbano de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA para los amigos) es la parte más poblada del país. Millones de personas viajan todos los días desde el Conurbano a CABA para trabajar o estudiar allí. Es bastante habitual que una persona que nació en el Conurbano aspire a vivir en CABA alguna vez para poder dejar de pasar tantas horas viajando. Mi papá, por ejemplo, durante 35 años viajó entre dos y tres horas de ida y otras dos o tres de vuelta todos los días hábiles para ir al trabajo.
*boludez: idiotez, estupidez.
*ir de trampa, estar de trampa: engañar a la pareja con otro u otra.
*remera: no me acuerdo si ya expliqué esto, pero es la prenda de vestir superior que habitualmente usamos todos… en otros países se llama playera, camiseta, franela, polera y polo. Tiene mangas cortas, el cuello puede ser redondo o en v (en este caso, redondo), no tiene bolsillos ni botones y… ya, ustedes me entienden.
