Capítulo 8
Gracias a Daris Teufell por su primera lectura y por su paciencia.
—Levi, no seas ridículo, ¿no me habías dicho que no le enviaste fotos de tu cara? ¿Cómo te va a reconocer solo por saber tu nombre? Ni siquiera creo que vaya a tener oportunidad de escucharlo...
—¡Eh, Levi! —gritó Oluo en ese momento, desde la otra punta del bar, señalándolos con claridad—. ¡Vení acá, que Petra dice que no puedo tomar tanto como vos! ¡Hagamos una competencia!
No le contestaron y, cuando empezó a repetir su nombre, creyendo que no lo oían, ambos pudieron observar claramente cómo el chico-que-podría-ser-Eren miraba en dirección a Oluo y luego recorría el salón con los ojos.
—¡Me está buscando, Han, ya sabe que estoy acá y me está buscando! —exclamó desesperado, enterrando el rostro en su espalda y casi temblando.
Hange se volteó, harta.
—¡Bueno, ok, sí puede reconocerte! Pero, ¿sabés qué? ¿Qué hay de malo en ello? ¿Qué puede ser tan terrible de que se encuentren y hablen un momento? A ver si te animás a decirle en la cara que te estuviste imaginando su culo lleno de semen de otros tipos y que esa es la razón por la que dejaste de hablarle.
—Y—yo no me imaginé su culo…
—Ah, no, andá con ese cuento a Magoya*. Dale, no podés estar atrás mío durante toda la puta noche.
—Claro que puedo…
—Uff… un día me vas a matar del estrés.
Volvió a girarse y empezó a caminar hacia su mesa, mientras Levi hacía malabares imposibles para mantenerse tras ella. Cuando comprendió que debía sentarse, no supo qué hacer. Decidió correr un poco su silla, de modo de quedar de costado y que su mirada no pudiera cruzarse con la del chico-que-casi-seguro-seguro-que-era-Eren y de quien también estaba bastante convencido que estaba más bueno que el pan.
Durante un rato creyó que su absurda estrategia lo salvaría, hasta que vio en las cejas levantadas de su amiga un gesto difícil de interpretar pero que probablemente significara que se estaba riendo de él porque su plan estaba a punto de fracasar.
En efecto, dos minutos después sintió un dedo picándole el hombro. Se giró lentamente, intentando preparar su cerebro para la lluvia de emociones insoportables que adivinaba se le vendrían encima.
Y entonces, lo vio: el par de ojos más hermoso que pudiera existir nunca. A fin de cuentas, la foto no tenía ni un maldito filtro. Sus iris brillaban como si tuvieran estrellitas. Por momentos, la tenue luz del local hacía alguna magia que le agregaba un haz dorado a cada uno. Y el rostro… ¡vaya! ¿Cómo podía alguien ser tan bello? ¿Eso era legal?
—Ehm… disculpe… sé que esto le va a sonar raro, pero… mmm… ¿puede ser que usted sea Levi Heichou?
Y su voz… ahh… su voz era la de los audios… esa voz tan… tan…
—¿Disculpe…? Bueno, si no es usted, de verdad le pido perdón, es solo que me lo recordó, lo siento…
¿Cómo…? Esas palabras parecían señalar que había tardado tanto en contestar que Eren asumía que no iba a hacerlo. Tenía que hacer algo. Que decir algo.
—Eh…
—¿Levi Heichou no es tu usuario en Facebook? —preguntó Moblit, que estaba sentado junto a él y lo había oído.
—Ehm… sí… o sea… s—í, es mi usuario…
Aunque desvió la vista, aun podía darse cuenta de cómo se iluminaba el rostro del muchacho.
—¡Dios, sí sos vos! ¡Lo sabía! Perdón que venga a interrumpirte así… soy Eren… no sé si me reconocés, creo que nunca te mandé una foto de mi cara, ¿no?
—Ah… sí… ehm… Eren… sí, claro…
Levi no sabía dónde meterse. Su mayor miedo era que Hange, Moblit, o incluso Oluo y Petra y los demás imbéciles que probablemente estaban escuchando todo intervinieran de alguna manera estúpida. Tenía que encontrar una excusa para alejarse de ahí y hablar con Eren a solas. ¿Qué iban a decir todos ahora que sabían que hacía amiguitos por internet? Que era gay debían de saberlo a esta altura de la vida, pero ya esto era otra cosa…
—Ey, Levi, devolveme el vaso de Moblit —dijo de pronto Hange, sacándole el trago casi vacío de las manos y extendiéndoselo a su colega a lo largo de la mesa—. ¿Por qué no te vas a comprar tu propia bebida, borrachín?
Durante unos segundos no entendió nada, hasta que finalmente sí entendió. Hange le guiñaba un ojo y, con su paciencia infinita, le brindaba una excusa para alejarse de esa pandilla de monos y conversar con Eren. Aunque más no fuera para decirle que lo odiaba y odiaba su maldito harem y el semen desparramado por su cuerpo y todo eso.
—Ah, cierto… mmm… Eren… ¿me acompañás a la barra?
—Sí, sí, claro…
Apenas se distanciaron, Eren comenzó a disculparse, retomando el trato de usted que habían instalado en sus conversaciones virtuales.
—Lamento mucho haberlo interrumpido, tal vez no quería que sus amigos me vieran, y lo entiendo, en serio, no me ofende, es que, de verdad, me emocioné tanto cuando escuché que decían su nombre, y luego, bien, realmente una corazonada me decía que era usted, y ¿sabe? Me emocioné tanto, no sé, no cabía en mí, tenía que hablarle, pero le pido disculpas si-
—Bueno, ya está, si seguís disculpándote me vas a poner nervioso.
Ja. Como si no estuviera al máximo de su posibilidad de nervios ahora mismo.
—Sí, sí, tiene razón, perdón… lo que pasa es que yo…
Oh por dios, en persona era tan hablador como por chat. Levi se daba cuenta de que no estaba siendo amable, pero Eren parecía no reconocerlo y seguía su propio tren de pensamientos entusiastas. Lo cortó para preguntarle qué tomaría.
—Un daikiri está bien.
—¿Un daikiri? ¿De esos con frutas?
—Sí, sí, si hay de durazno mejor, sino de frutilla.
—Pero hay dos por uno. ¿No hay algo menos dulce que te guste? Así puedo tomar yo también sin matarme de sobredosis de azúcar.
Eren se rió como si fuera el mejor chiste de la historia. Levi todavía sentía que si la tierra lo tragaba en ese mismo momento y del otro lado del suelo estaba el infierno, estaría mucho más cómodo allí.
—Mmm… ¿mojitos? Puede pedir que al suyo no le pongan azúcar y que al mío sí.
Eso no sonaba tan mal, aunque Levi no podía creer que hubiera gente que agregara azúcar a sus tragos. Se sentaron en la barra mientras esperaban que se los prepararan. Las banquetas estaban más juntas de lo que Levi hubiera deseado, pero estaban fijadas al suelo y no podían moverse. Al colocarse ambos en sus respectivos apoyapiés, chocaron una rodilla con la otra. Eren se disculpó y se apartó, pero al poco rato la gravedad había unido sus piernas de nuevo. Levi notó que Eren traía un jean con roturas (aunque relativamente prolijas*), por lo que lo que entraba en contacto con su pantalón de gabardina era en verdad la piel del muchacho. Trató de apartar los ojos de allí.
—Qué gran casualidad encontrarnos acá, ¿no?
—Sí.
—Y la verdad es una suerte. Porque desde el miércoles al mediodía que intento comunicarme con usted. ¿Se le rompió el celular o algo así?
Levi se quedó de piedra. Toda la situación de estar frente a frente al fin le resultaba tan estresante que casi se había olvidado de que todavía tenía apagado el celular y que evidentemente este mocoso lo habría notado. ¿Qué hacía ahora? ¿Qué le decía? ¿Le describía sus imaginerías con orgías que lo tenían por protagonista?
—Ah… sí… se me cayó al inodoro el otro día.
¿¡QUÉ!? ¿Eso era todo lo que iba a decir? ¿Así nomás abandonaba toda su decisión de cerrarle la puerta en la cara a este muchacho? ¿Qué mierda estaba pensando?
—Uh… qué mal, lo siento mucho, ¿lo llevó a arreglar?
¿Y si esta conversación derivaba en que le pidiera el número otra vez? ¿Solo por verlo en persona iba a renunciar a todas sus convicciones? No, no, de eso sí se escaparía, no pensaba darle su número.
—Creo que no tiene futuro… voy a ver si puedo comprarme uno estos días, al menos en cuotas —y enseguida aclaró: —Tendré que cambiar el número.
—Ah, comprendo, qué lástima… y… ¿no tiene computadora?
¿Eso qué tenía que ver?
—¿Por qué no iba a tener computadora?
—No sé, digo… porque mis mensajes los puede ver desde cualquier dispositivo, son de Facebook. Y como me contestaba todos los días y de pronto hizo silencio… no sé, ¿no entró más en Facebook?
Así que no iba a ser tan fácil como largar una mentira y ya. Bien, Levi Ackerman, a ver qué se te ocurría ahora. Ya estaba hasta el cuello de fango, solo debía enterrarse un poco más.
—Tenés razón, se me pasó…
"Pensá rápido, pensá rápido, maldita sea", se dijo a sí mismo, revoleando los ojos en todas direcciones en busca de inspiración. De pronto, recordó lo que había dicho Oluo en el ascensor y concluyó que puesto que no podría ocultarle por mucho tiempo a Eren lo pésimo que era con las redes sociales, tal vez admitirlo desde ya le diera alguna ventaja.
—…es que… bueno, soy nuevo en esa red, no me gusta mucho la tecnología… y como me acostumbré a usarlo desde el celular… no se me ocurrió.
Para su sorpresa, Eren suspiró.
—Qué alivio… por un momento creí que lo había hecho enojar y que ya no quería hablar conmigo. Me deja muy tranquilo saber que todo está bien entre nosotros. Podemos seguir conversando de ahora en más, ¿verdad?
Le ofreció la sonrisa más bella que hubiera visto en su vida.
Mierda.
—Sí… claro… si recién empezamos a conocernos…
Eren Jäger: 1; Levi Ackerman alias "Heichou": 0.
Notas de Autora: ¡muchas gracias por sus lindos reviews! Como saben, me alegran el alma contándome sus impresiones y teorías. Quería darles dos avisos, el primero es que en mi página estoy haciendo un concurso de dibujo cuyo premio sería un fic a pedido, les sugiero participar, será divertido :D El segundo es que el sábado que viene estaré presentando una ponencia sobre yaoi y si bien es temprano no sé a qué hora llegaré a mi casa. Así que si ven que a las 6 (hora argentina) aún no subí el capítulo, no desesperen, tal vez llegue más tarde y lo suba en la noche, pero sin falta tendrán su actualización el sábado. Y finalmente, este capítulo viene con una preciosa ilustración realizada por Andrea Cano, que subiré a mi página en estos días para que puedan verla. Por cierto, quiero aclarar que no sé un pito de ropa ni de tragos, así como de muchas otras cosas de las que con descaro me animaré a hablar en este fic, así que si necesitan corregirme, adelante, háganlo (pero con dulzura, plis). Un abracito y ¡hasta el próximo sábado!
* andá con ese cuento a Magoya/andá a contárselo a Magoya: es una expresión que significa que no le creemos un pito de lo que nos está diciendo. Es como responder: "esa mentira decísela a otro, yo no me la trago".
* prolijo/a: ordenado, bien hecho… en este caso se refiere a que no se trata de los jeans rotosos llenos de hilachas.
