Episodio 3: A vision of Dark Secrets
Alicia abrió tímidamente los ojos tras el resplandor, seguía aferrada a la espalda de Simon, nerviosa. Todo había sucedido muy deprisa.
Entonces sintió al muchacho respirar.
- ¿Qué ha sido eso? – le preguntó.
Sin contestar, Simon cayó de rodillas, jadeando y con el rostro constreñido de dolor, asustándola.
- El Holy… Cross… – respondió él entre jadeos – una técnica… de mis antepasados… muy pocos saben… usarlo – dio un puñetazo a la arena – ¡Hostia puta, es agotador!
- ¿Eres capaz de usar algo como eso siendo sólo un novato? – Preguntó ella visiblemente sorprendida - ¡Dios, cuando se entere tu hermano!
Azorado, decidió esperar a normalizar su respiración para responder.
- No, hasta que no sea capaz de usarlo sin acabar así él no debe saberlo – de repente su expresión cambió, parecía haberse acordado de algo – ¡Ah! Se me olvidaba… – se echó la mano al bolsillo trasero del pantalón, sacando una cajita de madera lustrosamente decorada – esto es para ti.
Aquello la cogió de sorpresa.
- ¿Para mí?
- Iba a dártelo cuando acabáramos el paseo, pero con tanto jaleo se me había olvidado – miró la cajita minuciosamente y sonrió aliviado – ¡Joder, no ha sufrido ningún daño! ¡Tiene más suerte que yo! – rio.
La muchacha cogió la caja intrigada, un clásico cofrecito joyero de forma alargada, tras agradecer tímidamente el detalle a Simon, la abrió.
Dentro había un precioso colgante de plata con forma de cruz, con diamantes incrustados y un brillante rubí en el centro, la chica lo levantó en el aire y lo miró detenidamente, extasiada por la hermosura de la cruz.
- ¡Dios santo, es preciosa! ¡Ha debido costarte un riñón!
Simon rió entre dientes.
- Digamos que me ha costado conseguirla – volvió a meter la mano en el bolsillo trasero y sacó otra igual, ya fuera de su caja, con un zafiro engarzado en lugar de un rubí – es una antigua reliquia templaria, las cruces gemelas – se dio la vuelta e intentó ponerse de pie, pero las piernas le fallaron, dando de bruces con la arena – se dice que si dos personas que se aman las llevan, estarán siempre uno al lado del otro, aunque les separe un mundo entero.
De nuevo, la chica lo miró asombrada.
- ¿Una reliquia? Pero… ¿es de verdad? Es decir… ¿Es autentica?
Simon rió entre dientes.
- Digamos que aquel viaje de entrenamiento familiar que hicimos el año pasado fue bastante provechoso.
Alicia se colgó la cruz, que reaccionó con la de su amado, que también se había puesto la suya, con un leve fulgor; cuando ella se levantó, él tuvo la sensación de ver a un ángel, con su larga melena negra suelta, aquel vestido blanco y la cruz plateada, brillando a la luz de la luna; súbitamente la chica se inclinó y le ofreció su mano para ayudarlo a erguirse, cosa que Simon agradeció y, tras un pequeño tirón, estaba de nuevo de pie.
En aquella posición, pegados el uno al otro, se miraron y, sonriendo, se volvieron a besar.
Pero la tranquilidad no duró mucho; la luna se ocultó por un momento tras una inoportuna nube y, al volver a estar visible, se había teñido de un intenso color rojo sangre.
Y de nuevo la oyeron, aquella burlona voz que parecía provenir del mismísimo infierno.
- ¡Muy interesante! – exclamó desde la oscuridad – Así que ni más ni menos que el mismísimo Holy Cross…
- ¡Tú otra vez! – le increpó Simon – ¡Ya estoy hasta los huevos de todo esto!
Unos sosegados pasos se oyeron a su espalda, hundiéndose en la arena, el muchacho volteó, encarando la dirección de la que provenía el sonido, viendo aparecer a los pocos segundos una figura ataviada con una capa y una capucha cuya negrura se fundía con la de la noche.
El recién llegado sonrió, mostrando una blanca dentadura adornada por unos largos y puntiagudos colmillos.
Simon apretó los puños al verlo y se deshizo de los restos de su maltrecha camisa, su sangre de Belmont hervía.
Un hijo de la noche acababa de aparecer ante él.
- Muy bien, muchacho – aplaudió la silueta – has superado las tres pruebas demostrando ingenio y poder, aunque en tu lugar yo no habría usado ese Holy Cross.
- ¡Yo combato como me da la gana! ¡Que haya usado esa técnica no va a impedir que seas un simple montón de cenizas dentro de poco!
La sonrisa de la figura se acentuó
- ¿Seguro? Tus piernas tiemblan, y has necesitado la ayuda de esa chiquilla para levantarte.
Simon apretó los dientes, negar lo evidente era estúpido.
- Dime, chaval ¿Cuál es tu nombre?
- Me llamo Simon Belmont, soy el miembro más joven de la familia de cazavampiros Belmont.
La figura se echó a reír a carcajadas.
- ¡Polluelo! Los Belmont ya no existen… ¡Han sido exterminados! ¡No puedes hacerte pasar por el miembro más joven de un clan extinto! - Simon se enfureció, sus puños brillaban – Bueno, me has caído bien, así que te propongo un trato.
El muchacho afianzó su posición en la arena, fuera cual fuera la proposición, su respuesta estaba clara.
- ¡No!
- ¿No me vas a dejar terminar?
- Me da igual lo que sea, ni en sueños haría tratos con un vampiro
- ¿No salvarías tu vida a cambio de esa muchacha?
Aquello fue demasiado. Simon estalló.
- He luchado hasta el agotamiento por ella… Como demonios puedes… qué mierda te crees que soy… ¿CREES QUE RENUNCIARÍA A ELLA POR SALVAR MI VIDA?
La sonrisa de la silueta de deshizo.
- Bien… - sacó la mano derecha bajo la capa y empezó a crispar los dedos, haciéndolos crujir – así que va a tener que ser por las malas…
Simon se colocó justo delante de Alicia y cruzó los brazos delante suya a modo de defensa, la figura extendió la mano hacia ellos y, un segundo después, fueron arrollados por una fuerza terrible que los hizo volar varios metros hacia atrás.
Tras aterrizar, Simon se incorporó dolorido y fue a comprobar como estaba la joven, que seguía consciente pero incapaz de moverse; desesperado, la incorporó.
- ¿¡Te encuentras bien!?
- Me duele… todo…
Oyó pasos detrás suya. Podía sentir a la amenazadora figura aproximándose a ellos, lentamente.
- Acabaré con él, no te muevas – le indicó – pronto habrá terminado todo.
Ella asintió y consiguió permanecer sentada, temiendo por Simon.
- ¿Vas a acabar conmigo, dices? – preguntó burlonamente la silueta.
- ¡Exacto!
Ignorando su dolor, hizo acopio de fuerzas y se puso en guardia. Aquello tenía que acabar ya. Concentró su poder en sus brazos, que emitieron un intenso fulgor.
- HOLY PUUUUUUUUUUUUUNCH!
Más rápido y violento que el último que usó, Simon lanzó el ataque mientras corría hacia la figura, que pareció recibir el ataque de lleno y cayó al suelo, sin embargo, cuando se acercó a donde había caído para rematarlo, se había volatilizado.
- A tu derecha…
Simon volteó sobresaltado hacia la derecha para encontrar a su lado alvampiro, y pudo apreciar con facilidad sus rasgos: Era joven, de rostro bello y facciones suaves, su cabello, negro y desordenado, caía por sus hombros hasta el pecho por encima de la capa y sus ojos, rojos como la sangrienta luna que los alumbraba, brillaban de un modo siniestro.
- ¿Cómo coño…?
Sin articular palabra, el vampiro lo agarró del cuello y lo levantó.
- Joven… con potencial… y muy estúpido – murmuró con una sonrisa – los que son como tú mueren jóvenes.
Empezó a apretar el cuello de Simon con una fuerza asombrosa, éste empezó a sentir como le faltaba el aire y todo a su alrededor se oscurecía, sentía la cadena de la cruz clavarse en su carne…
De repente agarró con fuerza el brazo del vampiro con la mano izquierda y su cuerpo entero empezó a brillar, lo que sorprendió a su agresor.
- ¿Te niegas a morir?
Simon se balanceó adelante y atrás, alcanzando la altura suficiente como para propinarle un rodillazo en el brazo y liberarse de la presa, acto seguido, aún en el aire, le propinó una patada en el pecho que aprovechó para tomar impulso y saltar hacia atrás, cuando aterrizó se volvió a poner en guardia, y unos cuantos luceros empezaron a flotar a su alrededor, como luciérnagas.
- ¡Es evidente que SÍ!
Su puño derecho refulgía aún más. Abrió la mano para mostrar una acumulación de energía luminosa que se estaba produciendo en su palma, en forma de esfera.
- No puedo volver a usar el Holy Cross ¡Pero igualmente vas a acabar hecho cenizas!
La bola de luz crecía, el vampiro, sorprendido, retrocedió un par de pasos, aunque sin perder su burlona sonrisa.
- Créeme chico, da igual lo que hagas, no vas a poder conmigo – le espetó desde su posición - habrías hecho mejor entregándomela y salvando la vida.
No había terminado de hablar cuando Simon ya corría hacia él, con los dos brazos atrasados, al alcanzarlo adelantó la extremidad izquierda y plantó su mano abierta sobre el pecho de su adversario.
- HOLY SEAL!
Un doble círculo brillante con una cruz azul en el centro se apareció a los pies del vampiro, que intentó escapar de la trampa sin conseguirlo; cuando alzó la vista vio a Simon conteniendo en su mano derecha la bola de luz, que había crecido hasta alcanzar un tamaño similar al de un balón de balonmano.
- ¡A ver cómo te libras de esto! LIGHTING BALL!
Le azuzó el proyectil a bocajarro, impactando en el torso del siniestro ser, que gritó de dolor, la luminaria se había adherido a su pecho y se consumía lentamente mientras lo dañaba; Simon observaba el espectáculo apoyado sobre sus rodillas y jadeando, sintiendo que había consumido sus últimas fuerzas.
La pequeña esfera de luz finalmente se consumió con un gran resplandor, el joven cerró los ojos para protegerlos de este y, cuando los abrió, vio con horror que el vampiro seguía ahí.
- No… No puede ser…
De nuevo, el vampiro elevó el brazo, en sus ojos se reflejaban el odio, la locura, la furia asesina.
Daba auténtico miedo, Simon se dio por muerto, ni siquiera se intentó defender.
Pero, instantes antes de salir despedido por los aires, una sombra blanca se colocó fugazmente entre ambos, recibiendo todo el envite del furioso ataque del chupasangres, cuando aterrizaron y miró a su alrededor, vio qué era lo que lo había protegido.
Unos metros más allá yacía Alicia, caída de cualquier manera, aterrorizado se acercó como pudo al cuerpo inerte de la chica y comprobó que seguía con vida, pero había perdido el sentido, estaba comprobando si su estado revestía alguna gravedad cuando volvió a sentir cómo su enemigo se acercaba.
Miró hacia atrás, y vio que se había deshecho de la capa y empuñaba una espada larga, negra como la noche, en la mano. Su indumentaria consistía de una camisa y un pantalón igualmente negros.
Se levantó, si ambos habían sobrevivido entonces debían salir como fuera de allí, pero antes de que se diera cuenta su enemigo estaba frente a él, blandiendo aquella terrible hoja.
Lanzó dos estocadas, que Simon esquivó como pudo, después un tajo horizontal que pudo esquivar echándose hacia atrás y un mandoble que detuvo con sus propias manos.
Pero finalmente el vampiro lanzó un tajo en diagonal que el muchacho no pudo evitar en condiciones, recibiendo una herida que iba desde el pectoral izquierdo hasta la zona derecha abdominal, cruzándose con la herida provocada por la armadura hacha. Simon se sorprendió de que fuera tan terriblemente doloroso, tanto que se encogió sujetando la laceración, que sentía arder, y cuando su enemigo alzó el arma para acabar con él, una nueva voz habló.
- ¿Usando la Gurgtang para eliminar a un pobre chiquillo? Pierdes la paciencia demasiado pronto…
El vampiro se dio la vuelta y Simon alzó la vista, una segunda silueta aparecía a lo lejos, de la cual pudo distinguir el brillo del cristal de unas gafas.
- Orlox… – articuló el vampiro, bajando la espada y recuperando la serenidad - ¿Qué haces aquí?
