Episodio 4: Orlox
Según la sombra se aproximaba, Simon pudo observarla con más facilidad: Era un hombre de casi dos metros de alto, completamente calvo, de boca ancha y nariz aguileña sobre la que descansaban unas gruesas gafas oscuras que ocultaban sus ojos; vestía una gabardina púrpura de cuello alto con rebordes dorados, con pantalones del mismo color y botas negras, su paso era rápido y seguro, y emitía una terrible aura amenazadora.
- Digamos que me estaba cansando de esperar, viejo amigo – contestó la segunda figura – parece que has tenido problemas…
Al verlo hablar, Simon se fijó en su boca: Era un vampiro, pero no tenía colmillos afilados, por el contrario, sus incisivos superiores eran largos y agudos.
- Ya casi he acabado con él – repuso el joven chupasangres con fastidio.
El Belmont se puso en guardia, pero antes de poder reaccionar más allá Orlox se acercó a él e hizo un movimiento rápido con el brazo derecho. Cuando quiso darse cuenta, estaba paralizado de pies a cabeza.
- Bueno, no tenemos que preocuparnos más por el chaval, coge a la chica y vámonos.
- Espera – interrumpió el primer vampiro – voy a desahogarme un poco.
Con saña, empezó a golpear a Simon con saña en el estómago, el pecho y la cara, en un momento dado abrió la mano y clavó sus largas uñas negras en el abdomen del muchacho, retorciéndolas, para finalmente volver a lanzarlo por los aires, quedando más allá del cuerpo de Alicia.
Aun tras recibir aquella paliza, el muchacho se volvió a levantar, tambaleándose y temblando de rabia.
- No la… tocareis…
Pero antes de llegar a dar un solo paso, Orlox se había teletransportado súbitamente delante suya, obstaculizándole.
- Llévate tú a la chica – le indicó – yo voy a divertirme un poco con el chaval.
Siguiendo sus órdenes, el primer vampiro se echó a Alicia a hombros y, tras dirigirle una mirada de triunfo al joven cazador, desapareció en una columna de luz.
- ¡NO! – Gritó Simon desesperado mientras el vampiro desaparecía con Alicia - ¡NO, MALDITO HIJO DE PUTA! ¿ADONDE TE CREES QUE VAS?
Pero finalmente desapareció, los ojos del chico se llenaron de lágrimas mientras caía de rodillas a la arena.
- No eres un joven común – observó Orlox como si tal cosa.
Simon no respondió.
- Has sido capaz de enfadar a alguien como él, y con todo lo que has recibido aún eres capaz de moverte.
Apretó los dientes, si Orlox no se hubiera puesto en medio, quizá podría haberlo evitado.
- Ni siquiera un cazador mayor que tú habría conseguido tal cosa.
Se levantó, furioso y rechinando los dientes, cogió a Orlox del cuello de la gabardina y empezó a gritar fuera de sí.
- ¡CIERRA LA PUTA BOCA, MALDITO CABRON! ¿POR QUÉ TE HAS PUESTO EN MEDIO? ¿¡POR QUÉ OS LA HABEIS LLEVADO!?
Pero el vampiro le cogió la mano con la que le estaba agarrando y apretó con fuerza, hasta que Simon liberó su presa.
- Tranquilízate
- ¿CÓMO COJONES QUIERES QUE ME CALME?
- ¡QUE TE CALLES! – Gritó Orlox lanzándolo hacia atrás.
Simon dio una vuelta en el aire y cayó de pie, tras lo que se puso en guardia de nuevo.
- Tienes energías – observó Orlox – supongo que estás ofuscado por lo que ha sucedido, así que, si quieres atacar, adelante, te voy a sacar la necedad a golpes.
Ni corto ni perezoso, el joven embistió contra el vampiro, estaba tan furioso que no sentía el dolor de sus heridas, lo único que quería era eliminar a Orlox y recuperar a Alicia.
No tendría ninguna piedad.
Repitiendo lo que ya había hecho contra su anterior adversario, puso su mano derecha sobre el pecho de Orlox, invocando el sello sagrado, acto seguido retrocedió dos pasos de un salto y usó el holy punch, cuya virulencia levantaba incluso la arena, desatando una gran polvareda, y para rematar lanzó la lighting ball a bocajarro.
Mientras duraba el ataque su adversario ni se inmutaba, finalmente, cuando Simon calculó que la lighting ball se había disuelto, un pequeño rayo de color carmesí salió de la nube de polvo, atravesándole el hombro izquierdo.
- ¿Se te ha pasado ya?
Jadeando, Simon vio como Orlox emergía de la nube de polvo sin un solo rasguño o daño en su vestimenta; se había calmado, y volvía a ser consciente del dolor que recorría su cuerpo.
También se fijó en que ahora su adversario llevaba ahora en la mano una espada de hoja fina con diversas joyas engarzadas en el acero.
- ¿Te gusta? – Preguntó el vampiro alzando el arma delante suya – Es mi espada favorita, la Crissaegrim.
- ¿Qué clase de chorradas estás diciendo? – Preguntó Simon sujetándose el hombro herido - ¿¡Te parece que es el momento de hablar de armas!?
Orlox sonrió.
- Bueno, si vas a morir, al menos que sea por un hermoso filo.
Y, antes de que se pudiera mover, el vampiro le asestó varios tajos rápidos, provocándole heridas superficiales y derribándolo. En ese momento, Simon fue consciente del abismo que lo separaba de su adversario.
"Mierda…" pensó "¡Me va a matar!"
Orlox lanzó una estocada al corazón del muchacho, que se vio muerto; cuando la punta de la espada estaba a punto de atravesarle, dos visiones vinieron a su mente.
La primera, el rostro sonriente de Alicia.
La segunda, la mirada desafiante del vampiro que se la había llevado.
Aquello le hizo reaccionar, agarrando con la mano derecha la hoja del arma, a milímetros de su pecho.
Su mano sangraba, y su sentido del tacto había quedado ofuscado por el lacerando dolor del acero hendiendo en su carne.
Pero seguía vivo.
- Puedo ser débil – se dirigió a Orlox – pero no pienso morir a manos de alguien tan ridículo como tú.
Tras decir aquellas palabras, desvió la espada a un lado, abriendo la guardia de Orlox y pegándose a él.
- DEFFENSIVE CROSS!
Una cruz enorme, del mismo tamaño que Simon, se interpuso entre los dos, repeliendo al vampiro, que salió despedido volando un par de metros.
La cruz se desvaneció enseguida, Orlox se levantó y se ajustó las gafas, sacudió la arena del traje y recogió la Crissaegrim del suelo.
- Fascinante – se limitó a decir – sencillamente fascinante, es increíble que aún seas capaz de moverte así, pero se acabó.
De repente, Simon se cayó en la cuenta de algo, sabía que había oído el nombre de Orlox en alguna parte.
- Nos… ¿Nosferatum? – preguntó súbitamente.
- ¡Vaya! – Exclamó el vampiro – hacía cinco siglos que nadie me llamaba así ¿Cómo conoces ese nombre?
- Sabía que me sonabas – repuso Simon – Eres el que es conocido como el padre de los vampiros, el señor de la noche… en la edad media te diste a conocer como Orlox, convirtiéndote en conde.
Orlox se rió a carcajadas.
- ¡Es increíble encontrar a alguien que conozca ese tipo de datos! Debes pertenecer a un antiguo clan de cazadores.
- Más importante que eso – contestó el muchacho - ¿Qué haces vivo en esta era? ¿Quién te ha devuelto a este mundo?
- Eso… no es asunto tuyo chico, digamos que alguien me necesita por aquí – apuntó con la espada a Simon – Y ya basta de cháchara, vas a morir aquí y ahora.
Sin más, Orlox comenzó su contraataque, hiriendo al muchacho una y otra vez en todo su cuerpo, su velocidad aumentaba constantemente, hasta un punto en que su brazo ni siquiera se veía.
Simon, agotado y dolorido, sin posibilidad de defenderse, sólo podía intentar alejarse de los golpes sin éxito hasta que, finalmente, cayó rendido a la arena.
Cuando se fue a levantar, se encontró con la punta de la Crissaegrim en el cuello, amenazando con darle fin.
- Dime, chico – preguntó el vampiro - ¿Cómo te llamas?
- Simon Belmont – respondió él.
Orlox arqueó una ceja
- ¿Belmont? – el vampiro bajó la cabeza, pensativo – Pensé que habían sido aniquilados… Bueno, eso explica algunas cosas – levantó la cabeza y volvió a mirar a Simon - ¿Y tu edad? ¿Cuántos años tienes?
- Dieciséis – contestó.
Orlox sonrió y retiró la espada.
- Escucha, Simon – la Crissaegrim se desvaneció en el aire – me has caído bien, así que voy a perdonarte la vida.
- ¿…Qué? – preguntó el chaval atónito.
- El sorprendido soy yo – contestó Orlox – No esperaba que fueras capaz de plantar cara de esa forma. Se nota que esa jovencita te importa.
Simon estaba cada vez más atónito ¿Qué estaba pasando? Hace nada estaba a punto de ensartarlo como a una anchoa ¿Por qué le dejaba con vida?
- Reconozco que tengo curiosidad – continuó el vampiro – Te voy a dar la oportunidad de que nos busques y rescates a tu chica – sonrió – por supuesto, si llegamos a vérnoslas de nuevo te despedazaré sin contemplaciones, así que reponte y afila tus garras.
El muchacho intentó levantarse, pero no podía.
- ¿Ves la luna? – preguntó Orlox – Dicen que la luna roja es un fenómeno natural, provocado por las partículas flotantes en el aire que nos engañan, coloreándola a nuestros ojos, sin embargo, la verdadera luna roja, la que emite este brillo carmesí… es un fenómeno cíclico que se da cada cierto tiempo – volvió la vista al Belmont – Tienes hasta la próxima luna carmesí para encontrarnos, si es que quieres volver a verla con vida, claro…
- ¿Para qué… la queréis? – preguntó Simon en un intento por obtener algo más de información.
- Eso – contestó el vampiro – es algo que ya no te pienso revelar ¿Qué gracia tendría si te explico nuestros propósitos?
Tras aquellas palabras, Orlox se dio la vuelta y, mirando a Simon, se desvaneció lentamente en el aire.
Cuando el vampiro hubo desaparecido por completo, Simon pudo volver a sentir la brisa marina y el dulce sonido de las olas.
La luna había recuperado su brillo blanquecino
Las estrellas titilaban, ajenas a la tragedia que había sucedido en la playa.
Estaba agotado, literalmente.
Cerró los ojos, escuchó el mar en la oscuridad.
Y después, nada.
