Capítulo 14
El domingo había sido un día de emociones intensas.
Por un lado, estaban los primeros resultados de las elecciones, que, aunque no estaban lejos de lo que esperaba, no le habían gustado un carajo. Además, tuvo que soportar por casi una hora completa a Hange despotricando en el teléfono contra sus compatriotas votantes, nada muy divertido.
Por otro, estaban las enigmáticas solicitudes de todos esos tipos sedientos por conocerlo. Había decidido recopilar un poco más de información antes de irle con el cuento a su amiga, así que durante la llamada se lo había guardado. Como fuera, no dejaba de tenerlo en mente y preocuparse por ello. Su ícono de perfil vacío no podía ser tan atractivo como para imantar a todos esos desconocidos, evidentemente.
Y luego… luego, estaba Eren. Podría decirse, exagerando un poco, que entre el miércoles y el domingo habían tenido su primera pelea y reconciliación. Tal vez, solo tal vez, se estaban salteando etapas… como tener una cita normal y darse un beso, digamos.
El reclamo de verse por Skype había tenido múltiples efectos en Levi. Lo más importante era que le había hecho comprender que no podía tomarse a la ligera al muchacho. Por más que fuera cierto el inexplicable interés que Eren sentía por él, eso no significaba que se fuera a tragar cualquier mentira que inventara sobre la marcha. Tenía que ser más cuidadoso o lo echaría todo a perder. Y si bien había una parte de él, muy escondida, que pensaba que echar las cosas a perder siempre era más fácil que tener que sobrellevarlas hasta el final, la otra parte quería darse una chance de probar algo con el chico. Realmente lo quería.
El otro efecto había sido, por supuesto, que le dio un ataque de nervios brutal. La costumbre de usar Skype para hablar con su madre no menguaba en nada el espanto que le generaba la posibilidad de mostrarse por cámara a una persona que le gustaba. La idea de Eren sonriéndole desde la pantalla, quizás a medio vestir (¿por qué no tendría toda su ropa? ¿Alguien podría explicar por qué?), era tentadora en exceso, pero el precio que tenía que pagar por ella, la de ofrecer su propia estampa de viejo cascarrabias encerrado en casa un domingo, le quitaba las ganas hasta de imaginarse la escena.
Dio varias vueltas por el departamento antes de contestar el mensaje y aceptar. Tuvo que apagar el lavarropas porque el ruido que hacía lo alteraba. De pronto, lo había acometido el temor de que Eren lo llamara de improviso y lo escuchara, como si el hecho de que descubriera que lavaba su ropa pudiera traerle alguna consecuencia. Finalmente, acordaron comunicarse una hora más tarde, ya que, se suponía, ambos estaban ocupados en ese momento.
Levi se lavó la cara y los dientes en detalle como si fueran a comerse la boca a través de la computadora. Se peinó, se revisó las uñas (que estaban impecables, obvio) y luego se dedicó a elegir vestuario. No fue muy original, pero tampoco su guardarropas le permitía serlo: tenía camisas negras, blancas y azules, remeras de colores tranquilos con dibujos abstractos, pantalones de vestir y jeans. Fin. Se dejó el jean que ya tenía puesto y se cambió la remera negra lisa por una camisa azul. En su mente, las camisas siempre garpaban* más que las remeras, aunque ambas fueran un poco sosas.
A último momento, se dio cuenta de que no había pensado en la casa. La cámara no solo lo mostraría a él, sino que además deschavaría algo de su modo de vida a través de lo que llegara a verse del departamento. El lugar en que eligiera hablar podría, además, dar alguna señal sobre el tipo de relación que tenían, o algo así. Bueno, no iba a mover la PC de un lado a otro, pero sí podía girar un poco la cámara para que enfocara el lugar más limpio de la sala. O su lugar favorito. La acomodó de manera que el fondo fuera su biblioteca y se alegró de haberla ordenado el día anterior.
Aunque hacía un rato que estaba en silencio y quieto mirando la pantalla cuando Skype empezó a sonar, igualmente apenas lo oyó se sacudió como si hubiera metido los dedos en el enchufe. Se demoró unos segundos en contestar: no podía dejar traslucir que no había pensado en otra cosa desde que tomaron la decisión.
—Hooolaaaa… —cantó Eren, saludándolo con la mano y sonriendo.
—Hola —respondió escuetamente, ya falto de aire.
El chico parecía completamente vestido (una lástima) pero de todos modos no podía dejar de contemplarlo. Llevaba una camisa blanca con florcitas celestes muy pequeñitas (bastante gay) y, lo más relevante, había tantos botones desabrochados que podía ver la línea hundida del pecho entre medio de sus clavículas. No era particularmente musculoso, ni relleno, más bien era un poco delgado, aunque tampoco tanto, porque no se le notaban las costillas (como solían notársele a él antes de que decidiera incluir el gimnasio en su rutina). No podía reconocer, por la calidad de la imagen, si tenía vello o no. Apostaba que no.
Se sentía un pervertido pero le resultaba bastante arduo apartar los ojos.
Su rostro, por otra parte, confirmaba la imagen positiva que se había hecho el viernes y que ahora, sin alcohol de por medio, podía precisar un poco más. Sus ojos verdes eran muy expresivos, aunque el pixelado de la mala conexión le impedía distinguir las estrellitas que sabía que poseían. El cabello castaño era un revuelo pero le quedaba bien así, le daba un toque de espontaneidad, así como los tres o cuatro vellos sueltos que tenía en el borde de las mejillas y que seguramente había olvidado afeitar. Durante un instante, ese pelitos le hicieron pensar en un gatito relamiéndose los bigotes.
Vaya imaginación, Levi.
—Con esa cara de muerto no me va a convencer de que está todo bien, ¿sabe?
Eso lo tomó por sorpresa otra vez. Suspiró.
—Lamento decirte que esta es mi cara normal, Eren.
Eren se echó a reír y, cuando lo hizo, sus pómulos resaltaron, un poco enrojecidos.
—Usted es muy gracioso, aunque no lo sepa. En mi opinión, tiene esa cara porque está aburrido muy seguido. Debería hacer cosas para divertirse.
—¿Ah, sí, cómo qué, sabelotodo?
Él rio de nuevo. ¿Iba a reírse de todo lo que dijera? ¿Desde cuándo Levi Ackerman era un genio de la comicidad?
—Bueno, no sé, hablar conmigo, por ejemplo.
—Percibo cierto interés personal influyendo en tus consejos, no sé por qué.
—El interés personal puede hacer más divertidas las cosas, a veces —y le guiñó un ojo.
—Bueno, bueno… ya estoy hablando con vos ahora, así que no tenés de qué quejarte. Y como ya te dije, no se me da mucho la tecnología, así que no sé muy bien qué se hace en una videollamada como esta…
—Si no sabe qué hacer, eso se resuelve fácil: desarrolle una forma nueva y propia de usted de hacer las cosas, y ya. Yo puedo adaptarme.
Nada de lo que le decía era lo que esperaba. No estaba nada acostumbrado a manejar conversaciones con este nivel de incertidumbre. ¿Qué pretendía este chico de él? ¿Solo quería charlar sobre sus vidas? ¿O creía que haría algo atrevido? Si fuera esto último, claramente la pelota estaba de su lado, tenía que dar el primer paso. Pero tal vez solo se tratara de un juego, solo le estaba sugiriendo hacer algo entretenido que superara de algún modo la cita tipo "entrevista". Como… el "ni sí ni no ni blanco ni negro"* que solía jugar en la primaria, aunque sin ningún tipo de duda no iba a proponer eso ahora.
—¿Te adaptarías a lo que sea? ¿No te preocupa que te pida algo inadecuado?
La sonrisa de Eren se amplió ostensiblemente.
—Me encantaría que me pida algo inadecuado.
Levi experimentó la urgencia de echarse al suelo y rodar. ¡Esto era demasiado! ¡No podía seguirle el ritmo a este muchacho! ¡Parecía la escena de su sueño! Eso es, debía de estar soñando de vuelta… ¿Y si se dejaba llevar y ya? Su hilo de pensamiento fue interrumpido por la carcajada que salió de sus parlantes.
—¡Debería ver la cara de terror absoluto que puso! Solo estoy jodiendo… quiero que se relaje, ¿ok? Ya entendí que lo ponen nervioso las cámaras, no es necesario que haga nada especial, con que haya aceptado conversar me conformo… por ahora, al menos.
Y volvió a guiñarle un ojo.
La personita que corría en derredor del cerebro de Levi gritando de forma escandalosa no parecía dispuesta a callarse, ni un poco. Sin embargo, por suerte, Eren era muy bueno creando conversaciones de la nada y solo necesitaba una cooperación mínima por su parte.
Al final, tuvieron una charla común y corriente sobre sus intereses y algunas experiencias de su vida, muy parecida a las que solían tener por mensaje, aunque hacerlo escuchando su voz y viendo sus expresiones definitivamente no era lo mismo. Pudo observar un montón de detalles desconocidos para él, como la manía que tenía de enrollar y desenrollarse las mangas de la camisa a cada rato, la tendencia a reírse de casi todo con una alegría inusitada y cierta costumbre de morderse el labio cuando estaba callado.
Se preguntó qué aspectos de sí mismo habría revelado también. Lo que era seguro era que había elegido un buen lugar para la cámara, porque le sirvió de excusa para hablar un poco de libros. Como el aparato era inalámbrico, recorrió con él toda la biblioteca y parte de la sala, para mostrárselas. Se fue dando cuenta de que Eren no tenía sus mismos gustos en literatura (aunque se esforzaba por disimularlo); sin embargo, sí tenía pinta de lector y eso lo tranquilizaba.
Luego el chico le mostró dónde estaba, que resultó ser su habitación, una bastante grande, por cierto, pero sin muchos muebles fuera de un ropero empotrado y el escritorio, donde además de la laptop que ahora usaba tenía una consola de videojuegos y un televisor bastante grande. Aunque Levi no entendía un pito de esas cosas, se esforzó por prestarle atención a sus precisas descripciones técnicas e incluso hizo una o dos preguntas sobre el último juego con el que estaba enganchado. Eren parecía radiante por poder contarle sobre eso.
Si el entusiasmo mermaba, el muchacho acudía a los temas que, según Facebook, tenían en común: el tenis y la cocina. Le contó que había empezado a entrenar ese año y había descubierto que le encantaba. Además, seguía con pasión la carrera del tenista argentino más famoso del momento, Juan Martín del Potro, sobre el que intercambiaron impresiones. Levi se encontró en dificultades para admitir que, aunque le encantaba este deporte, lo consideraba muy caro y que, encima, el motivo por el que le llamaba la atención no era la intensidad física ni las prácticas al sol que Eren mencionó tan feliz, sino porque era solitario y silencioso, con públicos más bien tranquilos y sin ningún tipo de situación caótica, más allá de que se cancelara un partido por una lluvia. Por lo tanto, prefirió concentrarse en el desempeño de Eren y lo interrogó minuciosamente por sus clases, sus puntos fuertes y débiles y su cronograma de ejercicio.
Un poco excedido por las preguntas de Levi, que parecían dirigidas a un profesional, el chico desvió la cosa hacia la cocina. Cada uno comentó el origen de su interés —en el caso de Eren, porque era un modo de compartir con su madre; en el de Levi, porque desde niño estaba solo en casa y se volvió una necesidad— y, si bien Levi esquivó con habilidad el bulto de contar más sobre su pasado, Eren en cambio acabó narrando gran parte de su historia familiar.
Hacia las seis y media, a pesar de la relativa fluidez con que se había dado todo, Levi sintió la necesidad de cortar la llamada. Algo en él creía que las cosas se arruinarían si las prolongaban demasiado. O que adoptarían un significado excesivo, que no sabía si se animaba a asumir, aún. Eren aceptó su excusa barata para despedirse con una condición: que le tirara un beso a la pantalla.
—No sé si sos consciente de que soy un hombre adulto…
—Ahhh, dale, hombre adulto, salúdeme como corresponde, por lo menos.
Accedió y realizó un gesto irreproducible en palabras, que estaba totalmente convencido de que debía de verse ridículo, pero que le arrancó a Eren una expresión de ternura preciosa. Él a su vez también le envió un beso que, aunque probablemente tuviera la intención de ser gracioso, le removió hasta la médula dorsal.
Y ahora era lunes y mientras viajaba en subte al trabajo el ochenta por ciento de su cerebro estaba ocupado por los labios de Eren abriéndose para él. Bueno, al menos tenía una linda fantasía en la cual sumergirse mientras sus colegas en la oficina se mataran discutiendo sobre las elecciones. No estaba tan mal, esto de gustar de alguien, después de todo.
Notas de Autora: ¡Se acerca fin de año! Como se imaginarán, igual que al resto de los mortales, estas fechas suelen sugerirme tomarme un descansito. Y así lo haré, entre el 29 de diciembre y el 20 de enero, aproximadamente. Estaré sin computadora, por lo que no podré publicar durante ese periodo. Cuando regrese, seguiré actualizando como siempre. Voy a ver si puedo subir el capítulo 15 el jueves próximo, o en su defecto a ver si lo puedo dejar en borrador y luego subirlo desde el celular el sábado 30. Voy a estar viendo, no les prometo nada. De todos modos sí intentaré conectarme ocasionalmente desde el celular para contestar los mensajes lindos que quieran dejarme :D (digo esto a pesar de que les debo respuesta a mil reviews… pero haré lo posible por resolverlo antes de irme u.u). Si puedo, también seguiré actualizando mi página de Facebook. De paso les cuento que allí abrí un post para que me hagan preguntas, que luego contestaré en una publicación de Wattpad (me han etiquetado, fue contra mi voluntad, ¡lo juro!), así que si lo desean, pregunten nomás. Y por cierto, hoy de nuevo tenemos una linda ilustración acompañando el capítulo. Es de Andrea Cano y lo subiré al álbum de fanarts de mi página en cuanto pueda.
Mientras no estoy, para que no me extrañen, les recomiendo encarecidamente leer mis otros fics viejos a los que nadie presta atención u.u
Les deseo feliz noche buena, feliz navidad, feliz fin de año, feliz año nuevo, y sobre todo, ¡sean felices porque sí, que les importe un pito la fecha! ¡Hasta prontito!
Glosario
* garpaban: el verbo "garpar" se supone que es simplemente "pagar" al revés, pero hoy en día se usa mucho en el sentido de convenir o quedar bien. Una camisa que garpa es una camisa que atrae, que le puede traer algún beneficio a Levi, en este caso con Eren.
* "ni sí ni no ni blanco ni negro": no sé qué tan popular es este juego pero para mí era ese tipo de cosas que todos conocíamos cuando era chica. Se trata básicamente de que una persona se compromete a responder todo lo que le pregunten, pero siempre evitando decir las palabras "sí", "no", "blanco" y "negro". La gracia estaba en preguntarle algo que solo se pudiera responder con eso y la persona tenía que tener el ingenio de encontrarle la vuelta para contestar sin mentir pero sin usar las palabras prohibidas. En este caso Levi se pregunta si deberían poner alguna regla en la conversación que los obligue a pensar bien sus respuestas… por suerte lo descartó xD
