Capítulo 15
Esa semana transcurrió demasiado rápido.
Levi aprendió que si entraba a la página de inicio de Facebook, en lugar de a su perfil, podía leer las publicaciones de todos sus grupos (a los que no había prestado atención hasta entonces). Rescató entre ellas dos recetas interesantes y algunos consejos para evitar las manchas de aceite. Hacia el miércoles, el inicio se le llenó de comentarios sobre el Torneo de Basilea, en el que participaba Juan Martín del Potro, conocido como Delpo, el jugador sobre el cual él y Eren habían platicado. Alentado por Hange, se esforzó por interactuar en algunas de esas publicaciones y llegó a sostener un intercambio de cinco mensajes con un señor que decía haber participado en el Torneo cuando era joven.
Cada una de estas pavadas que le pasaban terminaban apareciendo de alguna manera en sus conversaciones con Eren, las cuales a pesar de todo todavía tenían un tono bastante inocente, básicamente porque Levi no cazaba ni uno de los palos* que el chico le tiraba con insistencia, o en su defecto, si los cazaba, disimulando su estado de shock los ignoraba con su mejor cara de póker. Sin embargo, en la medida en que se diversificaban las herramientas para contactarse, sus charlas no podían evitar cambiar al menos un poco: ahora podían ocurrir en el chat, con audios o con videollamadas.
De estas últimas hicieron otras dos, en las cuales las camisas cada vez más coloridas del chico humillaban terriblemente los diseños planos y aburridos del guardarropa de Levi. Cosas como estas —y las largas descripciones de partidas de videojuegos— lo hacían sentir siglos más viejo; pero luego Hange se burlaba de sus inseguridades y le permitía ver que la mayor parte del tiempo, al menos en temas amorosos, seguía comportándose como un adolescente. Sumándose la edad que le daba su formalidad y restándose la que le quitaban sus nervios infantiles, quedaba bastante próximo a la edad de su nuevo "cyberamigo".
Si bien Hange le advirtió que esa palabra estaba considerablemente pasada de moda, fue la que eligió para presentar a Eren cuando Oluo y otros colegas empezaron a hostigarlo el lunes. Sus esperanzas de que las elecciones y las discusiones políticas alcanzaran para hacerles olvidar el penoso espectáculo que había dado el viernes pronto se esfumaron y Levi acabó por inventar una historia un tanto inverosímil sobre un amigo de su prima con el que había empezado a chatear de casualidad.
Por suerte para él, Moblit, que rápidamente ató los cabos "nueva cuenta de Facebook" y "súbito cyberamigo atractivo", no comentó sus conclusiones con nadie y tan solo le guiñó un ojo desde detrás de la multitud que lo acosaba, en un gesto de complicidad que él no buscaba pero que tampoco estaba en condiciones de rechazar.
Para el jueves, solo Petra continuaba tirándole preguntas que ella consideraba disimuladas cuando se lo cruzaba en la cocina. Los demás, aburridos de sus reacciones siempre más lacónicas y agresivas de lo necesario, fueron dejando el tema, tal vez con intención de retomarlo cuando necesitaran concretar alguna venganza contra él, ya que el cuento del amigo de la prima no se lo creyó nadie.
El lado introvertido de Levi le sugería, una y otra vez, olvidarse de Eren y así ahorrarse este tipo de situaciones incómodas que no le servían para nada. Por momentos, se quedaba viendo un punto fijo mientras la voz en su cerebro enumeraba las ventajas de la soltería eterna. Pero por mucho que se dijera a sí mismo, también tenía un lado afectivo que ya había sufrido demasiado y precisaba poder expresarse. Finalizaba esos monólogos asfixiantes apretando las mandíbulas y prometiendo darse aunque sea una oportunidad. Si esto salía mal, entonces sí, permitiría al Levi misántropo apoderarse hasta de su último resquicio.
Una vez más o menos decidida esa cuestión, se entregó cada vez más a la fantasía virtual en la que se había metido.
El sábado, mientras comentaban con Eren las semifinales de Basilea, entusiasmados porque el domingo Delpo se enfrentaría a Roger Federer, uno de los mejores del mundo (y, además, una suerte de oponente legendario para el argentino), presintió que estaba listo para dar un paso más, aunque no sabía bien cuál.
Llevado por esa intuición, o tal vez por la punzada que le atravesó la boca del estómago cuando Eren se despidió porque "había quedado con un amigo", apenas cerró la ventana del chat, agarró el teléfono y llamó a Hange. Tras una mínima presentación de la situación, ella ya veía todo lo que él no y enseguida trató de orientarlo hacia alguna reflexión que lo llevara a la acción.
—¿Te acordás cuando en las Olimpíadas de 2016 te moriste de embole viendo conmigo la final de tenis? Durante un mes por lo menos me estuviste reprochando el haberme dormido durante el tanto que había dado vuelta el partido para Del Potro.
—Obvio que me acuerdo, nunca más en mi puta vida pienso invitarte a ver conmigo un partido importante. Ya aprendí que esas cosas se disfrutan en soledad.
—No, no, Levi, esa no es la lección que tenías que aprender... es solo que yo puedo ser una buena amiga pero no puedo satisfacer todas tus necesidades. Tal vez ahora sí hayas encontrado con quién ver un partido importante, ¿no te parece?
—Ah, eso... bueno, sí, los de ayer y hoy los vimos juntos, con Eren.
—Ay, dale, no me refiero a que cada uno lo vea en su casa y mientras chateen...
—¿Y a qué te referís? Sabés que no me gusta que uses enigmas conmigo.
Casi podía escucharse a través del tubo la palmada de resignación que se daba ella, que nunca acababa de sorprenderse de los límites deductivos de su amigo.
—Me refiero a que lo invites a ver la final de este torneo con vos.
—¿¡En mi casa!? ¿Vos estás en pedo*? Nunca en mi vida traje a nadie a mi casa. Además no tengo cable, no puedo invitarlo a ver el partido en la computadora, con todas las interrupciones y retrasos que tiene la mierda del streaming...
—Bueno, bueno, puede ser en un lugar neutral, ¿qué tal en un bar?
—En los bares solo pasan fútbol —hizo una mueca de odio que expresaba toda su opinión al respecto.
—Vamos, alguno especializado en tenis habrá... ¿por qué no lo preguntás en los grupos de Facebook esos a los que te agregué? En alguno seguro te podrán tirar buena data.
—No sé... es que... supongamos que exista ese bar. Y que lo invito a Eren. ¿Después qué?
—¿Cómo después qué? Él acepta, se ven, fingen ver el partido un rato y después... ¡te lanzás sobre él y se matan a besos! ¡Y te lo llevás a un telo*! (Pagalo vos, porfi, no seas tacaño) ¡Y después...! No sé, ya si te lo llevás a un telo lograste lo principal.
—Hange, dale, vos me conocés, no llevaría a un telo a alguien que recién conozco... de hecho, nunca iría a un telo, ¿nunca pensaste en que tal vez haya semen y flujo en lugares donde no limpiaron bien? Es más, ¿qué tal si ni siquiera limpiaron?
—La verdad no suelo estar pensando en eso mientras COJO EN UN TELO... Levi, no podés estar pensando todo el tiempo...
—¡Bueno, yo soy así, ¿está bien?! Solo vamos a ver el partido y hablar... pero... ¿y si lo aburre cómo hablo en persona? Ya sabés que me trabo y me pongo agresivo...
—Vaya si lo sé.
—Bien, a eso me refiero, a que tal vez lo espante. Encima últimamente estuve teniendo unos sueños que me desconcentran. Me preocupa hacer algo desubicado, qué sé yo...
—¿Algo como salir corriendo si intenta besarte?
—No, bueno, pero ¿y si intenta besarme después de que tomamos algo y tengo mal aliento?
—Digamos... ¿como los seres humanos normales cuando se besan? Levi, no sos un robot, lo más probable es que se den besos con mal aliento alguna vez. ¿Y qué es eso de los sueños que dijiste hace un rato? ¡No me digas que estás teniendo sueños húmedos con Eren!
—Noooo... ehm... no estoy teniendo sueños húmedos con Eren, para nada...
Las carcajadas de Hange no se hicieron esperar del otro lado de la línea. Levi podría haber entrado en combustión espontánea de tanto que le subió la temperatura.
—¡Yo sabía que solo necesitabas un poco de estimulación visual! ¡No sos un bloque de hielo después de todo!
—¡Cla-claro que no soy un bloque de hielo!
—Eso es una buena noticia, Levi. Ya está, lo más preocupante de todo lo tenés resuelto.
—No resolví nada, ¿cómo hago para asegurarme de no aburrirlo? ¿Y para elegir ropa que le guste? ¿Y si se me mete una lechuga entre los dientes y no me doy cuenta?
—No seas boludo, por favor. Mirá, vos no te vestís mal, podrías mejorar pero tenés tu onda, no te enrolles con eso. Lo de la lechuga, no sé, andá a veces al baño a revisarte si te deja más tranquilo. Y lo de la seguridad: ¡no se puede! Justamente la gracia de estas cosas está en la incertidumbre.
—A mí la incertidumbre no me parece graciosa.
—Ya sé, por eso estás solo como un hongo. Pero esa etapa de tu vida se terminó, ¡ahora sos un nuevo Levi!
—¿Desde cuándo corno se supone que soy un nuevo Levi?
—Mirá, el nuevo Levi no preguntaría eso, tan solo iría a invitar a Eren y me mandaría un mensajito cuando lo haya hecho. Así que espero tu sms. ¡Chau!
—No, ¡aguantá-!
Pero Hange ya había cortado. Caminó en círculos por la habitación durante un rato. Después se sentó frente a la computadora. Se levantó y volvió a dar unas vueltas. Retornó a su asiento. "Vamos, puto nuevo Levi, demostrá tus superpoderes para relacionarte...", masculló, mientras escribía la pregunta en uno de los grupos de tenis en el que Eren no estaba.
Para las dos de la mañana ya había conseguido los nombres de tres bares. Los googleó y eligió el más bonito y menos incómodo para llegar desde su casa.
"Eren, estaba pensando en ir mañana al bar Rose a ver la final de Basilea. ¿Querés venir conmigo?"
Contempló el botón "enviar" durante el suficiente tiempo para descubrir que eran casi las tres de la mañana. Comprendió que si Eren veía su mensaje ahora, podía significar que aún estaba despierto por andar con su amiguito, lo cual lo pondría de mal humor. Y si no veía su mensaje, podía significar que estaba demasiado entretenido con dicho amiguito como para agarrar el celular, lo cual lo pondría de todavía peor humor.
Lo mejor sería escribirle en la mañana. No a las 8... pero en la mañana.
Se fue a acostar y pasó el siguiente par de horas imaginándose los posibles escenarios en el bar, mientras renegaba contra el maldito sueño que no quería venir.
Notas de Autora: ¡Oh dios, he vuelto! Millones de disculpas por no llegar a publicar este capítulo en diciembre… parece que mi cerebro estaba más frito de lo que pensaba. De hecho… este cuatrimestre que se viene podría fácilmente ser catalogado como "cuatri de la muerte", voy a estar acogotada de responsabilidades hermosas e insoportables (entre otras mil cosas, estaré a cargo de mi primera materia en la carrera de Letras, y en tercer año, OMG OMG OMG) y no tengo muy en claro si la periodicidad de una actualización por semana me seguirá funcionando. En tal caso, avisaré por acá cualquier cambio que haga. De todos modos por ahora amo mortalmente este fic así que no lo dejaré por nada del mundo. Oh y recuerden seguirme en Facebook, donde suelo hacer anuncios sobre mis escritos (además de organizar concursos y otras cositas lindas). Como sea, mil gracias por todos sus reviews, ¡no puedo creer que estamos pasando los 54! Es sorprendente. Se los agradezco muchísimo. Y me disculpo por no estar contestándolos, pero aunque no lo crean guardo todos para eventualmente hacerlos, no dejaré nada sin responder. Esos reviews dan vida, son importantes para mí, no lo duden.
En fin, ya estamos cerca de un posible segundo encuentro entre nuestros salames favoritos, ¿qué expectativas tienen? ¿Cómo se lo imaginan? ¡Estaré leyendo vorazmente todos sus comentarios!
Glosario
* tirar palos: es como "tirar los galgos" (¿conocen esa?), es decir, tirar indirectas con dobles intenciones, coquetear, seducir, esas cosas. "Cazar" en este caso es entender, reconocer.
* en pedo: "estar en pedo" quiere decir "estar borracho" y la expresión a menudo se usa como sinónimo de los "¿estás loco?" o "no lo haría ni loco" del español neutro.
* telo: es "hotel" al revés y se usa específicamente para los hoteles adonde se va a tener sexo. También les dicen "hotel alojamiento" pero nunca escuché una conversación donde se refieran a ellos sin usar la palabra "telo". Se pagan por hora y si tenés mucha plata podés quedarte toda la noche y hasta pedir champagne o cosas así. Creo que en algunos países no existen pero acá es muy normal.
