Episodio 12: Elemental Tactician

Desde la azotea del edificio, los hermanos contemplaban la puesta de sol mientras vigilaban la zona, Luis llegaría en un rato, y debían informarle de cualquier cambio que se produjera, aunque no había ocurrido nada en toda la tarde.

- ¿Cómo se supone que vamos a entrar? – preguntó Simon a su hermano mientras contemplaba la puerta de la discoteca, fuertemente vigilada por dos robustos hombres altos y trajeados.

- Por la puerta, por supuesto – contestó Erik, despreocupadamente – no creas que hemos venido a infiltrarnos ¡Esto no es Metal Gear, hermanito!

- Ya, pero aún así…

- ¿Qué?

- Esto es un antro vampírico ¿No? ¿Cómo se supone que nos las vamos a arreglar con toda la jauría que hay ahí dentro?

- La pregunta es – articuló una voz a su espalda - ¿Cómo se las van a arreglar ellos?

Los hermanos se dieron la vuelta, era Luis, ataviado con una gabardina negra que cubría la ropa de combate que había llevado noches atrás.

- ¿Se puede saber por qué no lleváis nada por encima? – inquirió, molesto – de noche todos los gatos son pardos, pero aún está atardeciendo y no pasaríais precisamente desapercibidos entre la gente.

Razón no le faltaba, Erik no vestía su elegante ropa habitual, si no una camiseta ceñida negra sobre la que descansaban dos hombreras metálicas, su espada Salamander con doble cinturón y unos pantalones vaqueros, también negros, rematados con unas perneras de armadura de color plúmbeo; Simon por su lado portaba un chaleco vaquero de mangas deshilachadas sobre una camiseta blanca, de cuyas mangas sobresalía la cota de anillas, los mitones, unos pantalones vaqueros azules con un cinturón negro del que colgaba el látigo que le había entregado Erik y una espada corta; también, y siguiendo la recomendación de su hermano, vestía unas botas de estilo militar de media caña reforzadas con placas metálicas externas.

- ¡Bah! – Erik miró su reloj – no le des importancia, de todas formas, dentro de poco vamos a entrar ahí y nuestras pintas serán lo último que deban importarnos ¿No te parece?

- Pues también es verdad.

Luis se unió a su compañero contemplando la puesta de sol mientras Simon continuaba observando el lugar, aquel era literalmente su bautismo de fuego y estaba nervioso, pero también excitado por el odio que sentía hacia los vampiros y por la proximidad de la batalla; sentía su sangre bullir en las venas. Permaneció un rato más observando cuando de repente Luis se situó a su lado, con su katana desenvainada.

- Vamos allá – se limitó a indicar.

Después dio un salto limpio y cayendo a la espalda de uno de los porteros y atravesándolo limpiamente con la espada, lo que lo mató al instante, convirtiéndose en un montón de cenizas; su compañero reaccionó, pero era demasiado tarde, y antes de poder acercarse a Luis cayó víctima de un puñal que se hundió en su cabeza, teniendo el mismo efecto en él que el ataque del joven Fernández sobre su compañero.

Todo esto había sucedido tan rápido que a Simon no le dio tiempo a darse cuenta de que el segundo atacante había sido su hermano, y no fue hasta que éste le puso la mano en el hombro cuando se dio cuenta de que estaba a su lado.

- ¿Nervioso? – le preguntó sonriente.

- Un poco – contestó Simon, que sentía cómo sus deseos de luchar se anteponían a la tensión que le provocaba el miedo.

Dicho esto, los dos hermanos descendieron hasta donde se encontraba Luis, esperándolos con una mano apoyada en la puerta, listo para abrir.

- ¿Preparados? – les preguntó él cuando se reunieron.

- Siempre – contestó Erik agarrando la empuñadura de su arma.

- Simon, es tu última oportunidad ¿Estás seguro de que quieres hacer esto? Las batallas multitudinarias son demasiado peligrosas para un novato.

Halagado por la preocupación de Luis y al mismo tiempo ofendido por su desconfianza, el muchacho dio un paso al frente.

- ¡No he venido hasta aquí para largarme ahora!

- Bien – repuso Luis – pero no me responsabilizo…

- Lo sé.

- Será tu primera lucha real – le explicó Erik – bueno, er… misión – puntualizó, recordando la batalla de la playa del Zapillo - recuerda que debemos apoyarnos mutuamente, mantén tus cinco sentidos alerta ¿Entendido?

Simon asintió.

- Pues vamos allá.

Luis abrió violentamente la puerta y entró el primero, con paso decidido se colocó en primer lugar y volteó una última vez para darles indicaciones.

- Antes que nada, no sabemos nada de la estructura de este lugar, así que manteneos alerta; es importante que me dejéis ir solo en vanguardia, Simon deberá cubrir la retaguardia, será la mejor posición para usar el látigo.

Los dos hermanos asintieron y ocuparon posiciones, delante de ellos se extendía un pasillo particularmente estrecho que giraba a la derecha, tras doblar la esquina se encontraron con otros dos vampiros, similares a los que guardaban la puerta de entrada.

- ¡Eh! – Exclamó uno de ellos - ¿A dónde vais? ¡Esto es sólo para socios!

- Tenemos pase preferente, imbécil – respondió Luis mientras metía la mano en el interior de la gabardina.

- ¡Ah! ¿Sí? – preguntó el otro con sorna – Nunca os he visto por aquí ¡Mostrádmelo!

En un gesto rápido, Luis extrajo de la gabardina un bulto metálico negro y se produjeron dos detonaciones, cayendo los guardianes al suelo, hechos cenizas.

- No sé por qué, pero imaginaba que llevabas la gabardina por eso – comentó Erik.

- He venido aquí a por Esther y no pienso andarme con sutilezas – respondió el Fernández mientras guardaba el bulto, una pistola semiautomática modificada – Venga, andando.

Sin más dilación se encaminaron a la puerta, la música del local les llegaba con levedad, por lo cual dedujeron que aún quedaba algún pasillo o sala de por medio. Con precaución, Luis abrió lentamente la puerta para comprobar que, en efecto, no se equivocaban, el siguiente obstáculo era una sala de monitorización, donde un hombre de color, más o menos delgado y rapado al cero controlaba las pantallas con atención. Simon pensó que sería mejor pasar desapercibidos, pero lejos de ayudar a su intención, Erik salió al paso pisando con fuerza, armando un gran estruendo y alertando al vigilante, que se alarmó y abandonó su puesto, encarándolos y encañonándolos con una pistola.

- ¡¿Qué coño estáis haciendo aq…!?

Antes de que terminara, Erik, que había avanzado hacia él sin que el arma de su adversario llegara a intimidarle, le sacudió un tremendo puñetazo en la cara y otro en el estómago, estampándolo contra la consola de monitorización por la fuerza del golpe, para finalmente cogerlo de la cabeza y propinarle un terrible rodillazo con el que lo eliminó, dejándolo en el mismo estado que los otros vampiros.

- ¿Vamos? – preguntó a Simon y a Luis como quien no quiere la cosa.

Ambos asintieron y avanzaron hasta la siguiente puerta, el volumen de la música era atronador tras ella, y así lo comprobaron al abrirla.

La pista de baile, llena hasta los topes de vampiros desbocados, bailando sincopáticamente, se abría ante ellos; Luis se volvió a colocar delante y buscó el atril del DJ, para acto seguido indicar con un brusco gesto de cabeza a sus compañeros que le siguieran y abrirse paso hasta allí como buenamente podían.

Cuando llegaron a su objetivo, Luis, sin mediar palabra, desenvainó su espada y cercenó la cabeza del pincha, acto seguido cogió su micrófono y tomó aire.

- ESCUCHADME TODOS – los vampiros le ignoraban mientras la atronadora música seguía sonando; Luis, furioso, dio un tremendo golpe a la mesa de mezclas, destrozándola y silenciando así el local, toda la jauría de chupasangres se dio así la vuelta, centrando su atención en los tres tipos que habían interrumpido la juerga - ¡HE VENIDO AQUÍ CONDUCIDO POR UN HUMANO LLAMADO KASA BELNADES! SI NO QUEREIS ACABAR COMO EL INÚTIL QUE ESTABA SENTADO EN ESTA SILLA, SERÁ MEJOR QUE ME DIGAIS COMO LLEGAR HASTA ÉL

Se produjo un breve silencio y acto seguido el aire se llenó de gritos e improperios, algunos vampiros mostraban amenazantes sus colmillos intentando intimidarlos – Simon comenzaba a ponerse nervioso – y, en un determinado momento, uno de los que se encontraban más próximos a ellos se abalanzó contra ellos con la intención de atacarles, pero el Fernández, fugaz, desenfundó la pistola que guardaba en su gabardina y lo eliminó de un solo disparo, haciéndose el silencio de nuevo.

- ¡EL QUE AVISA NO ES TRAIDOR! – volvió a gritar con fiereza – ¡ESTOY DISPUESTO A ACABAR HASTA CON EL ÚLTIMO DE VOSOTROS!

Y de nuevo el silencio, pero esta vez la situación era diferente, el rostro humano de los vampiros había cambiado para pasar a ser algo más inhumano y demoníaco; asustado, Simon empuñó su látigo, enrollado y enganchado en su cinturón, con el objetivo de prepararse, pero Erik le sujetó el brazo.

- Aún no – le indicó – el primer golpe ha de darse desenvainando.

El muchacho tragó saliva, debía haber ahí más de cien vampiros, y ellos eran sólo tres.

- No te preocupes, sólo limítate a vigilar todos los flancos, y sobretodo no dejes que te cojan o será tu fin.

¡SOLO! – pensó Simon - ¡Como si fuera tan fácil!

Apenas habían pasado dos segundos desde las últimas palabras de Erik cuando la jauría se abalanzó sobre ellos, un oportuno "¡Ahora!" de su hermano le sirvió de señal para desenrollar su látigo de un tirón y comenzar a luchar, en vistazos rápidos durante la batalla pudo ver cómo el pelirrojo manejaba la espada con la mano derecha y usaba la izquierda, envuelta en fuego, para defenderse de sus adversarios, Luis por su parte manejaba su brillante katana a dos manos, y todo vampiro que le tocase se volatilizaba instantáneamente, víctima de una brutal descarga eléctrica.

Según avanzaba la lucha se sorprendió a sí mismo atacando con una violencia desaforada, sin saber cómo había desenvainado su espada pequeña y la blandía casi simultáneamente con su látigo que, inconscientemente, había reforzado con su propia energía, imbuyéndolo un poder del que, por sí sólo, no disponía. La batalla iba bien y la masificación empezaba a disiparse, pero de la nada sintió un dolor terrible, como si su torso se abriera en dos por la herida que lo cruzaba.

Vencido por este tormento, se arrodilló y, por su boca abierta escapó un chorro de sangre.

Erik se apercibió de esto y corrió a socorrerle justo cuando algunos de los vampiros lo rodeaban, lo irguió y llamó por su nombre, pero Simon, con la mente nublada por el dolor, era incapaz de responder.

- Por dios Simon ¡Dime algo! – le suplicaba su hermano que, con una sóla mano, se defendía como podía de sus atacantes.

- ¡Erik! ¡¿Qué pasa?! – gritó Luis desde la otra punta de la estancia.

Erik fue a contestar cuando Simon, que había recuperado la movilidad, se apartó violentamente de su hombro y prosiguió la batalla.

- Puedo… seguir… - decía mientras continuaba luchado – estoy… bien…

Poco a poco las cenizas se iban amontonando en el suelo hasta que un solitario vampiro, peinado al estilo búho, quedó en una esquina arrinconado entre la pared y la afilada espada de Luis.

- ¿Nos lo dices, o tenemos que acabar también contigo? – le preguntó el cazador como quien no quiere la cosa, apretando la punta de su katana contra la garganta del superviviente.

Mientras, en el centro de la sala, Erik comprobaba horrorizado que la venda que cubría el torso de Simon se hallaba ahora empapada de sangre.