Episodio 14: Revenge
- ¿Kasa Belnades?
- Correcto
La figura del sillón mantenía su siniestra sonrisa mientras miraba a Luis atentamente con su ojo izquierdo; su apariencia era la de un hombre de negocios: Trajeado, de porte elegante y sofisticado, todo planchado y hecho a medida, de cabello pajizo elegantemente peinado de modo que caía sobre la mitad derecha de su rostro. Por algún motivo, este hombre le resultaba a Luis extrañamente familiar.
- Sé bienvenido a mi local – dijo Kasa extendiendo los brazos - ¿Te lo has pasado bien ahí abajo?
- Déjate de formalidades y dime donde está Esther – contestó secamente Luis.
- No te gusta perder el tiempo ¿eh? – replicó Kasa, con sorna – está bien, ya que quieres verla te la mostraré.
Sin ninguna prisa y sin perder su sonrisa sardónica, el joven sacó del interior de la chaqueta de su traje un pequeño control remoto de sólo 3 botones, accionando el superior, con lo que la columna metálica que se alzaba detrás suya se abría como un armario, dejando a la vista a la joven.
Esther, que estaba de pie con las manos atadas a dos pequeñas barras metálicas que ascendían hasta poco más arriba de su cintura, tenía un aspecto bastante desmejorado, aún vestía la ropa que llevaba la última vez que la vio, y miraba al vacío con ojos vidriosos; al ver aquello Luis se alarmó y se enfureció aún más si cabe.
- ¿QUÉ LE HAS HECHO, BASTARDO? – gritó mientras hacía el ademán de correr hacia su interlocutor.
- ¿Yo? – preguntó el Belnades – oh, nada, simplemente le he inducido un trance; lleva así cerca de cuatro días, desde que me cansé de oírla lloriquear.
Tras oír esto, Luis, incapaz de contener su ira, se abalanzó contra Kasa.
- ¡TE VOY A DESTROZAR!
Pero éste alzó una mano, y el cazador chocó contra una especie de muro invisible que lo hizo rebotar.
- ¡Ah! ¡Qué poca consideración! – Protestó el hechicero con desdén mientras se incorporaba – De todas formas, no me extraña de alguien que porta en sus venas sangre pecadora.
Luis se levantó y se despojó de la gabardina. El golpe lo había despejado.
- Es irónico que te atrevas a insultarme cuando tú te alías con vampiros para conseguir tus fines – contestó mientras se crujía los huesos de la mano.
- Bueno, obviando ese detalle… dime Luis ¿Sabes por qué te he hecho venir aquí? – preguntó Kasa mientras avanzaba hacia él.
- ¿Por qué quieres que te rompa los huesos uno por uno? – contestó Luis con sorna.
- Te he hecho venir – prosiguió haciendo como que no lo escuchaba – porque quiero que experimentes lo mismo que tú me hiciste sentir hace tres años: ¡El dolor de perder algo que te pertenece, y la humillación de la derrota!
- ¿De qué mierda estás hablando? – preguntó el joven Fernández - ¡Si yo a ti no te he visto en la vida!
- ¿No? Permíteme refrescarte la memoria entonces.
Kasa apartó con su mano derecha el cabello que le tapaba la cara, revelando así su verdadero rostro a Luis, que tuvo que hacer todo lo posible para reprimir su sorpresa.
Era su vivo reflejo.
Con una salvedad: donde debía estar el ojo derecho había una horrible cicatriz hasta la mejilla.
- Tú eras… - articuló Luis – aquel ladrón…
La mente de Luis retrocedió tres años atrás cuando, en una noche de patrulla, interceptó a un ratero en la biblioteca municipal, se enfrentó a él y le hirió con un machete que llevaba siempre para enfrentamientos cuerpo a cuerpo.
- A causa de esta herida – continuó – no sólo perdí mi ojo derecho ¡Si no que además se me identificó como el ladrón! ¡Caí en desgracia dentro de la hermandad y sufrí la humillación de reconocer ante el patriarca del clan que había sido derrotado por un Fernández! – A estas alturas, estaba ya tan furioso que gritaba - ¡Y LO PEOR DE TODO ES QUE A CAUSA DE ELLO EL CLAN BELNADES HA PERDIDO PRESTIGIO! ¡POR TU CULPA, LUIS FERNÁNDEZ!
Luis apretó los puños.
- ¿Mi culpa? – preguntó, con una sonrisa de incredulidad – ¡No fui yo quien quiso robar en los archivos privados de la biblioteca! Si no hubieras opuesto resistencia aún seguirías entero.
- Bueno… - Kasa soltó su flequillo, dejando que éste cubriera de nuevo la mitad derecha de su rostro – eso importa poco porque hoy, a fin de cuentas, voy a vengarme – su sonrisa hizo que Luis se pusiera en guardia - ¡A por él! – ordenó a los cuatro guardaespaldas.
Los cuatro se lanzaron a la vez a por Luis que, decidiendo reservar energías, adoptó la estrategia de eliminarlos a base de descargas eléctricas, cuando terminó, el Belnades le dedicó un lento y poco entusiasta aplauso.
- ¡Ah, la electricidad! ¡Motor de nuestra sociedad actual y una de las magias elementales más poderosas!
- ¿A dónde quieres ir a parar?
- La electricidad tiene un efecto curioso en todo tipo de seres – continuó sin escucharle – para un vampiro es tan mortal como la luz solar o el fuego, y a nosotros los cazadores nos hace poco más que cosquillas, pero ¿Cómo reacciona un humano?
- Espera – intervino Luis, anticipando las intenciones de su enemigo - ¿Qué vas a hacer?
- ¿Quieres comprobarlo? – le preguntó Kasa, con expresión de lunático.
- ¡NO!
Demasiado tarde, el Belnades volvió a sacar de su chaqueta el remoto y presionó el segundo botón, en ese momento Esther, que hasta entonces había permanecido catatónica, empezó a gritar dolor; sus gritos y el zumbido de la electricidad taladraban los oídos de Luis que, con lágrimas en los ojos, le suplicaba a Kasa que parara.
Y, milagrosamente, Kasa obedeció.
- Sólo quería hacerte una pequeña demostración... de lo que le pasará si no haces lo que te digo.
- ¿Cómo? – preguntó Luis, esperándose lo peor.
- Pues… que si no quieres ver una ejecución a la americana en directo harás mejor en obedecerme sin rechistar ¿Has comprendido? – dejó pasar unos segundos, después apuntó el mando a donde se encontraba Esther – No te oiiiiiigooooooo – canturreó.
- Si… - contestó Luis de mala gana, odiándolo con cada fibra de su ser.
- ¡Bieeeeeeen! – se congratuló Kasa con expresión de victoria – Empecemos… ¿Qué tal si me das tu espada?
El cazador dudó, acto seguido se la lanzó, cogiéndola su enemigo al vuelo y desenvainándola.
- Interesante… - opinó Kasa, fascinado por el filo de la katana – así que ésta es la famosa espada japonesa que te ha dado tantísima fama… Dicen que eres invencible con ella, lo que significa… - la blandió torpemente en el aire, lo que para Luis evidenciaba que, desde luego, no era un experto en el asunto – que sin ella… ¡No eres nada!
Tras estas palabras, en un rápido y caótico movimiento colocó la punta de la espada a la altura del ojo izquierdo de Luis, y fue bajando lentamente para finalmente, darle un tajo a la altura del bícep y arrojarla, como si fuera cualquier trasto, lejos de sí.
- Ahora quiero ver el guante de tu mano izquierda, quítatelo – le ordenó - ¡VAMOS!
Obedeciendo, Luis se quitó dicho guante y se lo lanzó, Kasa lo recogió y miró con curiosidad, centrándose en la piedra azul engarzada en la placa metálica del dorso.
- ¡Una Agnéa! – exclamó sin ocultar su sorpresa – La piedra alquímica que contiene la ira de dios, dicen… A esto debes sin duda el que te hayan llamado como el gran pájaro relampagueante… ¡Vergonzoso! – suspiró con desprecio antes de lanzar tras de sí el guante – ¡Ahora, fuera el chaleco antibalas! No necesito que me lo des
Reticence, obedeció, desabrochándose y despojándose de su chaleco antibalas modificado, revelando así su curtido torso cubierto de cicatrices.
- A fin de cuentas, sólo eres un hombre – espetó el hechicero con desdén – Un guerrero artificial sin ningún talento real, indigno de pertenecer al clan Belnades e incluso al gremio de los cazadores… Voy a hacerte un favor y demostrarte lo patético que eres, aquí y ahora…
Kasa Belnades apuntó con sus cinco dedos a las piernas, brazos y cuello de Luis, haciendo aparecer cinco aros de una luminosidad purpúrea que parecían tirar de su presa hacia el suelo, como grilletes etéreos.
- ¿Aros de contención? – preguntó el Fernández mientras intentaba mover uno de sus brazos.
Como respuesta, obtuvo una maquiavélica risotada.
- ¡En efecto!, así no podrás salir corriendo patéticamente mientras te muestro cómo es la auténtica magia – Luis apretó los dientes, dirigiendo a su adversario la peor de sus miradas – y, por cierto, te dije que la chica está en trance, pero olvidé avisarte… de que puede ver y oír todo lo que está pasando, aunque su cuerpo no le obedezca.
Esta revelación lo dejó atónito, eso significaba que ella ya había descubierto lo que él era en realidad.
- ¡Hijo de puta! – murmuró entre dientes - ¿¡Por qué has hecho eso!?
Kasa le cogió de la barbilla con fuerza, una sádica sonrisa afloraba en su rostro.
- Para que vea cómo te humillo.
Dicho esto, comenzó a golpearle indiscriminadamente a lo largo todo su cuerpo mientras reía, por su parte, Luis no variaba su expresión ni un ápice y lo miraba desafiante, dispuesto a no darle la satisfacción de mostrar dolor alguno. Después de un rato, su enemigo pareció cansarse y dio una pequeña vuelta por la sala, para volver a encararlo cuando terminó.
- Ahora – le dijo con una sonrisa de triunfo en el rostro – voy a mostrarte lo que tú jamás podrás alcanzar – alzó la mano derecha, que se iluminó con un resplandor blanquecino y emanaba aire frío – ¡Vas a ver cómo es la verdadera magia! ¡Siéntete honrado, Luis Fernández!
Tras estas palabras sacudió la mano, Luis sintió mucho frío y, acto seguido, pequeños cristales se clavaron en su cuerpo, dejándolo parcialmente insensible, sin embargo, se resistió incluso a tiritar.
- Qué ¿has aprendido? – preguntó Kasa mientras su mano izquierda adoptaba un color rojo vivo.
- Métete una escopeta por el culo y aprieta el gatillo – se limitó a responder Luis.
De nuevo, el Belnades atacó, esta vez envolviéndolo en una gran llamarada, el chico apretó los dientes y resistió, pero cayó al suelo cuando el fuego se apagó, jadeando, aparentemente agotado.
- Y por supuesto – prosiguió – no podía despedirme sin mostrarte ese elemento que tú finges dominar – esta vez le puso las manos sobre los hombros, Luis alzó la cabeza débilmente y le escupió en la cara.
Kasa, enfadado por esta provocación, apretó sus dedos y propinó a Luis una tremenda descarga eléctrica que lo hizo gritar. Se mantuvo así cerca de un minuto y acto seguido se retiró triunfante, con el objetivo de decapitarle con su propia espada. La estaba recogiendo del suelo cuando una voz se rió de él a su espalda.
- ¡Pues vaya mierda de hechicero!
Kasa se dio la vuelta, encontrando a Luis de pie, y con una expresión confiada que no tenía antes, mirándolo fijamente.
- ¿Y tú eres un miembro del clan Belnades? – continuó – ¡Eres ridículo! ¡Estas anillas de contención no retendrían ni a un niño de cinco años!
Dicho esto, tensó primero un brazo, luego el otro, e hizo lo propio con las piernas y el cuello, y los grilletes mágicos estallaban en centenares de etéreas esquirlas, disolviéndose en el aire.
- ¿¡C-COMO!? – exclamó Kasa, asustado – ¡Pero si ya casi te había matado!
Luis se rió.
- ¿A que soy buen actor? – preguntó, preparándose para atacar - ¡Ahora vamos a poner los puntos sobre las íes!
