Episodio 15: Slash

Kasa soltó la espada recién cogida y retrocedió dos pasos, atónito al ver a Luis prácticamente intacto.

- Tu… tu…

- Ahora te voy a mostrar lo que un "guerrero artificial" puede hacer – le dijo mientras avanzaba hacia él – ¡Voy a hacer que te arrepientas de haberme menospreciado!

Instantes después, en un rápido movimiento, Luis se colocó cara a cara con Kasa y, sin darle tiempo a reaccionar, le propinó un fuerte puñetazo en el estómago, seguido de un codazo en el plexo solar y, por último, un gancho con el que lo hizo caer.

Cuando dio con su espalda en el duro y frío suelo metálico, su adversario, frotándose la barbilla, retrocedió un poco arrastrándose mientras lanzaba a Luis una mirada cargada de rencor y odio.

- ¡Levántate! – le ordenó el Fernández - ¡Levanta de una vez y lucha!

Kasa apretó los puños y se irguió rápidamente, cuando al fin estuvo totalmente de pie Luis lo agarró del cuello de la camisa y le dio un cabezazo que lo desequilibró sin llegar a tumbarlo.

- ¡Y ahora, escucha! – Continuó – ¡Soy el hijo mayor de Adela y Juan José Fernández! ¡Cazadores que, en su tiempo, eran la luchadora y el mago más poderosos del clan Belnades! ¡Durante más de veinte años he sido entrenado por ellos en el arte del combate cuerpo a cuerpo, así como la defensa y el ataque mágicos! – se detuvo un momento para volver a coger por el cuello a su Kasa que, por la sorpresa y el desconcierto, aún no había logrado reaccionar - ¡EL APELLIDO NO IMPORTA UNA MIERDA! – Gritó - ¡LO ÚNICO REALMENTE IMPORTANTE ES EL TALENTO Y EL ESFUERZO! ¡LOS IDIOTAS COMO TÚ QUE SÓLO SE PREOCUPAN POR EL NOMBRE SON UNA VERGÜENZA PARA EL GREMIO! – Lo soltó con un empujón para, acto seguido, avanzar lentamente hacia él - ¡Un imbécil como tú no pinta nada en un clan de hechiceros tan prestigioso! ¡NADA!

Kasa por fin reaccionó y reafirmó su posición, adoptando así mismo una posición de guardia y su anterior confiada sonrisa.

- Ah ¿no? – Preguntó sonriendo – Estás loco si crees que los conjuros que he usado contra ti son los únicos que tengo en mi arsenal – de repente señaló a Luis, acentuándose su sonrisa mientras su cuerpo se rodeaba de una tímida aura – ¡Prepárate, porque vas a ver a un verdadero Belnades en acción!

Luis retrocedió de un salto y adoptó una posición estándar de combate con las manos ligeramente abiertas; lo que esperaba estaba a punto de suceder: Tendría que luchar en serio contra Kasa Belnades.

De repente y sin previo aviso, Kasa hizo con la mano un movimiento similar a cuando le lanzó la ráfaga de aire frío, pero ésta vez mucho más exagerado, y a su alrededor surgieron de la nada cinco o seis lanzas de hielo que se abalanzaron a toda velocidad contra él; Luis destruyó tres con sus propias manos y esquivó las otras, que se estrellaron contra la pared, haciéndose añicos y derritiéndose; quiso contraatacar, pero antes de que pudiera hacerlo una ráfaga de viento le golpeó, derribándole, y una vez en el suelo tuvo una corazonada y giró a la izquierda, sintiendo un tremendo golpe a su lado que abolló el suelo.

Se levantó y miró a Kasa, que sonreía confiadamente y tenía los brazos cruzados; de nuevo quiso contraatacar, pero, al igual que antes, fue derribado por otro golpe de viento.

- Magia de viento… – se dijo – ¡Juega duro, el cabrón!

Se levantó y mantuvo arrodillado, cerrando los ojos para no concentrarse en Kasa, entonces oyó el soplido del aire moviéndose, lo dejó acercarse y saltó en la dirección en la que se encontraba su enemigo.

No le alcanzó, había acertado.

Abrió los ojos y estiró su pierna derecha mientras encogía la izquierda, cayendo con una potente patada hacha sobre el hombro del Belnades, que no le pudo esquivar, pero le colocó la mano en el abdomen y lo rechazó con una llamarada que lo quemó superficialmente, lo que hizo le hizo agradecer infinitamente todos los años dedicados a endurecer y curtir su cuerpo y al mismo tiempo maldecidse por haber abierto la guardia de una forma tan estúpida.

Debía reconocer que había subestimado a Kasa Belnades.

Cuando cayó al suelo rodó instintivamente, una bola de fuego cayó a su lado y otra, casi simultáneamente, lo alcanzó, estallando al contacto con su piel y lanzándole un poco más lejos.

- ¡Que! ¿Hace calor? – Se burló Kasa - ¿Demasiado incluso para un andaluz?

- ¡Que te jodan! – contestó mientras se levantaba.

No tenía tiempo de analizar la situación, Luis se veía obligado a esquivar frenéticamente las bolas de fuego que el hechicero le azuzaba a gran velocidad; tras ser golpeado un par de veces más tomó una decisión: o todo o nada.

Decidió dejar de esquivar y echó a correr hacia su enemigo, desviando sus proyectiles a golpes hasta que finalmente consiguió acercarse lo suficiente como para golpearle, pero Kasa volvió a levantar una barrera, y Luis volvió a rebotar, solo que, ésta vez, en lugar de ser lanzado lejos y caer al suelo, se mantuvo firme y no retrocedió más que unos centímetros, volviendo a la carga enseguida y viéndose obligado a esquivar de un salto unas afiladas estalagmitas que emergieron repentinamente del suelo.

De nuevo lejos. Cada vez tenía más claro que Kasa sólo podía atacar decentemente desde la distancia, siendo sus hechizos cercanos simples defensas.

Pero no podía seguir así, el combate se estaba alargando innecesariamente y debía sacar a Esther, que según aumentaba la virulencia del combate estaba a merced de un peligro cada vez mayor, de aquel sitio, de modo que decidió intentarlo una vez más, y se lanzó directamente al ataque. Kasa intentó detenerle con unos orbes de luz combinados con electricidad, pero la determinación de Luis era demasiado fuerte y, aún recibiendo el impacto de todos los proyectiles, no se detuvo hasta volver a colocarse frente a frente con su adversario, que de inmediato levantó su barrera protectora otra vez.

De nada le sirvió en esta ocasión, pues Luis lanzó un golpe arrollador que rompió el muro invisible e impactó directamente en el rostro del Belnades; ahora era su turno, iniciando una intensa lluvia golpes de la que era imposible escapar y, como colofón final, pinzando el abdomen de Kasa con los cinco dedos de su mano izquierda y atrayéndolo hacia sí.

- Ahora Kasa – le dijo entre dientes – voy a terminar de demostrarte que estabas en un gran error.

- ¿¡De qué hablas!? – preguntó éste, que había agarrado el brazo de Luis intentando liberarse inútilmente de su presa.

- Mi dominio de la electricidad no depende de la Agnea – contestó – es una habilidad natural que poseo desde mi niñez.

- ¿¡QUE!?

Luis apretó los dedos, hundiéndolos en la carne del Belnades como pequeñas dagas, mientras su cuerpo empezaba a despedir chispazos eléctricos.

- Vas a experimentar el dolor que le has provocado a Esther… ¡Multiplicado por mil! ¡MAXIMUM DISCHARGE!

La electricidad expelida por la mano de Luis directamente a las heridas sangrantes provocadas por sus dedos recorrió todo el cuerpo de Kasa, cuyos gritos inundaban la sala. Tras cinco segundos el Fernández soltó su presa y lo dejó caer al suelo, inerte.

- Sé que me oyes – dijo mientras se alejaba en dirección a donde se hallaba encadenada Esther – así que escúchame – volteó, mirando a su adversario caído - te he dejado con vida sólo porque ella está viva también, siendo como eres un hechicero sabrás magia curativa y podrás sanarte a ti mismo, así que será mejor que lo hagas. Por mi parte, voy a desatarla y sacarla de aquí.

Dicho esto, se dio la vuelta y volvió a encaminarse a donde se encontraba su ex novia, pero un extraño mal presentimiento se apoderó de él y, sin saber por qué, miró al suelo a su espalda.

Una extraña sombra, emisora de una energía sobrenatural, se abalanzó sobre él, instintivamente la golpeó con su puño pero ésta, en lugar de dispersarse, se adhirió a su brazo y comenzó a introducirse en él; sintiendo Luis su extremidad a punto de reventar, concentró una gran cantidad de energía eléctrica en el antebrazo y la hizo estallar, obligando a la oscuridad a salir; alarmado y deduciendo que intentar combatir aquel fenómeno con sus puños no era buena idea, se abalanzó sobre su espada, que se encontraba a su lado, y corrió a coger su Agnea, pero se detuvo ante un hecho que le puso los pelos de punta.

Aquella sombra antinatural, emisora de aquella extraña y arcaica energía, provenía de un único punto situado cerca de la esquina de la habitación, donde se encontraba un debilitado Kasa Belnades.

Era de él, de su espalda, de donde brotaba aquella blasfema oscuridad.